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About Aníbal!

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    Conseguí una antena parabólica!!!
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  1. Jajajaajaj qué pavo, no me había dado cuenta Ya está corregido, gracias Gasparín
  2. Aníbal!

    CAPÍTULO 8 | Tratos Ocultos

    INT. CASA MONTES – PASILLO – MEDIODÍA. Cristina niega con la cabeza. - A ver, ¿escuché bien? ¿El padre de mi hijo? – dice Cristina, desconcertada. - Sí. Y tú lo sabes mejor que nadie – dice Adrián. - A ver, mi hijo solo tiene un padre y ese es Juan Ignacio. Tú no tienes ningún derecho sobre él, ni mucho menos con los anónimos y llamadas amenazantes. - Tengo derechos porque él lleva mi sangre. - ¡No! ¡No los tienes! ¿O acaso se te olvida que fuiste tú el que me violó en primer lugar? Adrián se queda callado. - Por tu culpa, mi vida se arruino, si no fuera porque me tuve que casar con Juan Ignacio para cuidar mi imagen – dice Cristina. - Pues eso es lo único que te importa, ¿no? – dice Adrián. – No te importa lo que le pase a tu hijo. - La vida de mi hijo también me importa, porque independiente de cómo concebí, yo lo amo. Y yo sé lo que es mejor para él. Y lo mejor es que él no sepa de dónde proviene. Él sabe quién es su padre y ese es Juan Ignacio porque él lo crio. Y un padre no es el que engendra, sino el que educa. Cristina empuja a Adrián para que se vaya. - Ándate de aquí si no quiere que llame a Carabineros – dice Cristina. - Esto no se va a quedar así, Cristina Osorio. ¡Ese niño va a saber que su padre soy yo, te guste o no! – dice Adrián, amenazante. Cristina cierra la puerta tras ella y exhala un suspiro. Se siente un poco nerviosa ante esta situación, pero confía en que Adrián no puede hacer nada al respecto. INT. EMPRESA “ARAUCALAT” – PASILLO – MEDIODÍA. Lourdes (Maite Perroni) se encuentra saliendo de su oficina, ya que quiere prepararse para salir a almorzar con su madre. De pronto, se topa con Bernardo (Bastián Bodenhöfer). - Disculpe, don Bernardo – dice Lourdes, disculpándose. - No, no te preocupes – dice Bernardo. – En realidad yo andaba paveando. ¿Para donde ibas? - Es que mamá y yo íbamos a salir a almorzar. - ¿Por qué no vienes a almorzar conmigo? - Gracias, don Bernardo, pero de verdad debo ir con mi mamá. - Tengo una idea, ¿por qué no te llevo con tu mamá y almorzamos los tres? ¿Te parece? - No sé, don Bernardo. Cada que mamá y usted se encuentran, se pone nerviosa. ¿Usted sabe por qué? - No sé. Quizás tengo fama de intimidante. - Perdone, pero no me parece así. Usted se ve como un hombre hecho y derecho. - ¿En serio? Gracias. Entonces, ¿qué dices? - Bueno. Está bien. Pero déjeme avisarle, ¿eh? – dice Lourdes. Bernardo la mira, sonriéndose. - Ay, que bruta. Se me quedó el teléfono en la oficina. Espéreme tantito, ahorita vengo, ¿eh? – dice Lourdes. - Ah, sí, hablando de eso, yo también voy por mi teléfono – dice Bernardo. Lourdes se va a su oficina, pero se topa con Pablo (Nicolás Oyarzún). - Perdón – dice Lourdes, sin fijarse. – Ay, Pablo, qué bueno que te encuentro. Pablo la ignora y sigue caminando, pero ella lo agarra del brazo. - Oye, oye, no te me vayas – dice Lourdes. – Quería hablar contigo. - Perdona, Lourdes, pero me tengo que ir – dice Pablo, intentando irse. - ¡No, espera! – Lourdes lo vuelve a retener del brazo – ¿Qué te ocurre? Esta mañana ni me saludaste ni me has escrito ni llamado después de… - Lourdes, no hablemos de eso… - ¿Qué te pasa? Estás muy raro. Pablo se aparta de ella y Lourdes lo mira, desconcertada, sin entender qué le pasa. INT. CONSULTORIO – SALA ENFERMERÍA – MEDIODÍA. Daniel (Jorge Arecheta) entra a la sala de enfermería tras haber atendido a un paciente. Otras enfermeras entran junto con él. - ¿Qué le pasó, enfermero Osorio? – pregunta una de las enfermeras. – Usted casi le atraviesa el brazo con la jeringa ese niñito al que estaba vacunando. - Lo siento, es que… fue un error, un error lo comete cualquiera – dice Daniel. - Osorio, eso no es normal en usted. Usted es un buen enfermero – dice otra de las enfermeras. – Además, casi le administra el medicamento equivocado al bebé al que le iba a pinchar con la vacuna BCG. ¿Qué le pasa? Daniel no dice nada. Ignora a las enfermeras, pero de pronto estalla en llanto. Las enfermeras corren a él para contenerlo. Daniel está absolutamente desconsolado, producto de lo que vivió el fin de semana recién pasado. INT. RESTAURANTE – TARDE. Ya es la 1 de la tarde. Milagros, Lourdes y Bernardo están almorzando. - Espero que tu mujer no sepa que estás aquí, porque se puede poner celosa – dice Milagros. - No, le dije que tenía que almorzar con unos colegas – dice Bernardo. – Y técnicamente, estoy almorzando con una, que es muy linda por lo demás. Lourdes se sonríe con el cumplido. - Me imagino que van a todas partes juntas, ¿no? – dice Bernardo, curioso. - Sí, mamá y yo vamos siempre juntas a todo – dice Lourdes. – La verdad es que allá en México era igual. - Yo no podría hacer nada sin mi niña presente – dice Milagros. – Incluso me he perdido en esta ciudad, pero si no es por el sentido de orientación de Lourdes, me perdería. Milagros ríe. Bernardo solo sonríe ante esto. - Bueno, voy al baño, no me tardo, ¿eh? – dice Lourdes. - ¿Estás bien, hija? – dice Milagros. - Sí, estoy bien. Solo quiero retocarme un poco. - Bueno, pero no te tardes, que ya nos traen el postre. Lourdes se retira. Milagros ve que Lourdes se alejó lo suficiente para hablarle a Bernardo. - ¿Qué pretendes, Bernardo? – pregunta Milagros, seria. – ¿Por qué querías venir? - ¿Cómo que qué pretendo? Obviamente, quería pasar tiempo con mi hija. Es lo que me corresponde, ¿o no? – dice Bernardo. - Pero no así, Bernardo. ¿No ves que tu mujer puede sospechar? - Que sospeche no más. Yo ya me cansé de que ella haga lo que quiera conmigo. - Yo solo te dije que tal vez seas el padre de Lourdes, no dije que lo fueras. - Pues por eso mismo, Milagros, necesito estar seguro de eso. Quiero hacerme el examen de ADN con Lourdes. Milagros se queda sorprendida con esto. - ¿Qué? – pregunta Milagros. - Lo que escuchaste – dice Bernardo. – Necesito que con Lourdes nos hagamos lo más pronto posible el examen de ADN. INT. RESTAURANTE – BAÑO DAMAS – TARDE. Lourdes termina de pintarse los labios cuando de pronto le llega un mensaje por WhatsApp. Es de Pablo. - “Disculpa mi actitud de hoy. ¿Te tinca si hablamos después de la pega?” – pregunta Pablo en su mensaje. Lourdes niega con la cabeza y le responde. - “¿Qué te pasa? Andas muy raro” – dice Lourdes, respondiéndole enojada con ese mensaje. - “Por eso necesitamos hablar, pero preferiría que fuera en persona. ¿puedes después de la pega?” – responde Pablo. - “Está bien. Hablaremos” – responde Lourdes. INT. RESTAURANTE – TARDE. - ¿Examen de ADN? ¿Por qué? – dice Milagros. – ¿No te basta con mi palabra? - Es que me dices que no es seguro, pero que es muy probable. Entonces hay que confirmarlo – dice Bernardo. - No, me niego a someter a Lourdes a ese examen. - ¿Por qué no? Si es un procedimiento simple. - Yo sé que es simple, pero no quiero darle más motivos a tu mujer para que me siga odiando. Lourdes se sienta junto a su madre y a Bernardo - ¿Y? ¿De qué hablaban? – pregunta Lourdes. - No, nada, con tu mamá nos acordábamos de cosas – dice Bernardo, mintiendo. - Sí, eso… - dice Milagros, seria. - Mamá, ¿qué pasa? – pregunta Lourdes, preocupada al ver a su madre seria. - Nada, hija – dice Milagros, mintiendo. – Es que… bueno, me puse nostálgica al recordar a tu padre y… bueno, trato de hablar de él lo más serena posible. Lourdes asiente con la cabeza. El mozo llega con los postres. Milagros y Bernardo intercambian miradas serias. EXT. COLEGIO – ENTRADA – TARDE. Anselmo (Julio Jung) sale junto a Cristina, Norma (Catalina Guerra) y Eliana (Gloria Münchmeyer) tras haber hablado del asunto de Gabriel. - Les agradezco mucho sus palabras – dice Anselmo. – Con la directora vamos a hablar bien del asunto sobre qué hacer con el señor Riveros. - Perdone que mi hijo se haya negado a decir que fue él quien lo humilló en los camarines – dice Cristina. - No se preocupen, yo entiendo que a veces estos niños se nieguen a hablar por miedo – dice Anselmo. – Pero hay que hacer algo al respecto siempre, ¿ah? - Bueno, cualquier cosa le avisamos don Anselmo – dice Norma. - Vayan tranquilas – dice Anselmo. – Ah, doña Eliana, ¿puedo hablar una palabrita con usted? Él aparta a Eliana de Cristina y Norma. - Oiga, doña Eliana. En serio que a mí me suena su nombre, pero no me acuerdo de dónde – dice Anselmo. – Estos viejos que nos olvidamos de las cosas. Pero lo que quería decirle es si le gustaría acaso que nos tomáramos un cafecito o un tecito. Yo invito. - Muchas gracias, don Anselmo, usted es todo un caballero, pero permítame rechazar su invitación – dice Eliana. - ¿Por qué, doña Eliana? - Porque yo no estoy interesada en tener alguna relación con un hombre, para respetar la memoria de mi marido, que en paz descanse. - Pero si solo es una invitación de amigos. - ¿Amigos? Pero si a usted apenas lo conozco. - Bueno, no sé… como conocidos, yo como el rector del colegio de su bisnieto la invito a usted para conocerla mejor. ¿Le parece? - Mmmmh. Déjeme pensarlo – dice Eliana, como fingiendo pensar. – Igual se ve tentadora la oferta… ¡bueno, ya! Pero solo como conocidos. Nada de segundas intenciones, ¿ah? - ¿Cómo se le ocurre? Si a una dama como usted hay que respetarla. Eliana se sonríe y Anselmo se despide. - Uy, que viejo más cargante, oye – dice Eliana. - Más que cargante parece estar interesada en usted, suegrita – dice Norma, pícara. - ¿Él, interesado en mí? Estás loca, mujer – dice Eliana. – ¿Quién se va a fijar en esta vieja? - Pero tampoco hay que negar que es un caballero, Nana – dice Cristina, también pícara. - Bien caballero será, pero es cargante. No me interesa ese viejo, les diré – dice Eliana. Norma y Cristina la molestan un poco, pero Eliana las ignora. Mientras Eliana sube al auto, Norma se acerca a Cristina, - ¿Pensaste en lo que te dije, hija? – pregunta Norma. - ¿En qué, mamá? – pregunta Cristina. - En eso de tomar represalias contra esa mexicana. - No se me ocurre nada, mamá, pero esa mujer se tiene que alejar de Juan Ignacio. - Bueno, a mí ya se me ocurrió algo. - ¿Qué cosa, mamá? Norma y Cristina se suben al auto. INT. CASA RODRÍGUEZ – PASILLO PRIMER PISO – TARDE. Gerardo (Alfonso Herrera) terminó de almorzar y lleva su plato a la cocina cuando de pronto tocan el timbre. Él abre la puerta. Se trata de Yadira (Angelique Boyer). - Yadira, ¿qué haces aquí? – pregunta Gerardo. - Hola, Gerardo. ¿Estás muy ocupado? – pregunta Yadira. - No, había terminado de almorzar. Pasa. Yadira pasa. - Y, ¿cómo has estado? Supe que rompiste con Adrián – dice Gerado. - Gracias por preguntar. Sí… he estado triste, pero… me di cuenta de que Adrián y yo no somos el uno para el otro – dice Yadira. - Bueno, yo también en tu lugar estaría enojado con él porque robó de mi bar restaurant. - Es que me despreció, me trató muy mal. - ¿Por qué? ¿Qué pasó? - No, nada. Típicas peleas de pareja. Yadira no le quiso decir que ella sabía lo del robo. - Pero… ahora que yo estoy solita – Yadira se pone coqueta – y tú también estás solito… ¿te parece si… un día tú y yo…? - No, Yadira, imposible – dice Gerardo. - ¿Por qué? - Ya hablamos de esto. - ¿Por qué no te gusto? ¿Por qué? Y no me vengas con que porque soy tu empleada y tú el jefe. Sé que todavía estás enamorado de la Lourdes esa, y no te atrevas a negarlo. ¡Reconócelo! – dice Yadira, enojada. - Está bien, Yadira. Sí. Me gusta Lourdes. No, es más, la amo. Yadira se enoja ante la confesión de Gerardo. - No entiendo que le ves a la escuálida esa – dice Yadira, enojada. - Y yo no entiendo qué es lo que tú no le ves – dice Gerardo. Yadira se retira molesta. Gerardo la mira, negando con su cabeza. Cierra la puerta detrás de él y de pronto le suena el celular. - ¿Diga? – responde Gerardo. – Hola, hermanito. ¿Cómo estás? Oye, te noto un poco agitado. ¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso? No. No puedes venir a Chile. No. No, está esta ley de migración que… Necesitas tus documentos al día y una buena cantidad de dinero. Mira, hermanito, estaría padre que vinieras, pero es muy difícil. Hablaré con papá de esto, pero no te prometo nada. OK, estaremos en contacto. Adiós. Gerardo cuelga el teléfono. Se queda un poco preocupado tras hablar con su hermano, quien sigue residiendo en México. INT. DEPTO DANIEL – DORMITORIO – TARDE. Daniel está en su dormitorio. Está vestido con un short, una polera sin mangas y totalmente descalzo. Le dieron el resto del día libre debido a la depresión que le estalló. De pronto, le suenan notificaciones de mensajes por WhatsApp. Él lee en la pantalla de bloqueo, pero son mensajes de Ricardo (Matías Assler) que él ignora. Al ser insistentes, Daniel los abre: - “Daniel, ¿tai ahí?” - “Daniel, responde” - “Daniel, por fa. Necesito hablar contigo” - “Daniel, perdóname. No debí haberte dicho eso” - “No eres para mí el vecino del frente no más, me equivoqué. - “Erís super importante para mí. Espero me podai perdonar” Daniel lee los mensajes, pero no responde. Piensa en qué hacer, hasta que toma una importante decisión. INT. CONSULTA ODONTOLÓGICA – BOX – TARDE. Ricardo está al centro de la plaza, sentado en un banco. Tratando de comunicarse. Ve que Daniel leyó los mensajes, al ver las dos palomitas en azul. Ricardo intenta mandarle un mensaje, pero de pronto la foto de perfil de Daniel desaparece, así como también su estado de “en línea”. Ricardo tiene un mal presentimiento, pero pronto le envía el último mensaje: - “Daniel, ¿estás ahí? Responde, por fa” Sin embargo. Los temores de Ricardo se hacen realidad. El mensaje solo muestra una palomita. Al no ver nada de él, ha confirmado su gran temor: Daniel lo ha bloqueado de WhatsApp. Ricardo se da un golpe en el muslo tras la frustración. INT. CASA OSORIO – ESCRITORIO – TARDE. Ya son las 3 de la tarde. Norma se encuentra sentada tras el escritorio para llevar algunas cuentas. De pronto, alguien toca la puerta. Se trata de la empleada. - Señora Norma, una joven quiere hablar con usted – dice la empleada. - Dile que estoy ocupada, Gladys – dice Norma. La empleada sale, pero pronto vuelve a entrar. - Disculpe, señora, le dije que estaba ocupada y no hay caso. Insiste en hablar con usted – dice Gladys la empleada. - Esta bien, hazla pasar – dice Norma, luego de exhalar un suspiro. La empleada pronto abre la puerta y hace pasar a la joven, que resulta ser Amanda (Josefina Fiebelkorn). - Si necesitas mis servicios de contabilidad, te digo altiro que me encuentro ocupada – dice Norma, sin mirarla y concentrada en su trabajo. – Búscame otro día donde esté menos ocupada. - No, si no necesito nada de eso, señora Norma – dice Amanda. Norma pronto levanta la cabeza y analiza a Amanda. - Disculpa, ¿te conozco? – pregunta Norma. - No, no me conoce – dice Amanda. – Mi nombre es Amanda. Amanda Cabrera. Amanda se acerca e intenta estrechar la mano de Norma para saludarla educadamente, pero Norma solo la mira, sin corresponder. - Bueno, da lo mismo. Usted es Norma Palacios, ¿cierto? - dice Amanda. – Mire, necesito pedirle un favor urgente. - Mira, mijita – dice Norma. – Yo no le hago favores a cualquiera. Disculpa que te lo diga así, pero yo estoy muy ocupada y no tengo tiempo que perder. - Bueno, no se preocupe. En realidad, ¿pa’ qué la voy a hacer perder tiempo con algo que tien que ver con su hijo? Amanda comienza a irse, pero lo último llamó la atención de Norma, quien se levanta de su asiento. - Perdón, perdón, niña – dice Norma, deteniéndola. – ¿Mi hijo? - Sí, su hijo Daniel Osorio – dice Amanda. - ¿Y cómo sabes que Daniel es mi hijo? - Ya sabe. Uno averigua cosas sobre gente malintencionada - ¿Y por qué mi hijo sería malintencionado? - Siéntese y afírmese bien porque esto la puede dejar anonadada. Norma se sienta y Amanda se acerca. - Su hijo se está metiendo en mi relación – dice Amanda. - ¿Qué? ¿Cómo es eso? – dice Norma. - ¡Su hijo convirtió a mi pololo en uno de los suyos! Norma no puede creer lo que Amanda le acaba de decir. EXT. COLEGIO – ENTRADA – TARDE. Gabriel (Oliver Borner) y Felipe (Francisco Godoy) salen de clases y se dirigen a la salida. - ¿Qué vai a hacer ahora? – pregunta Felipe. – Podríamos ir al Portal a ver videojuegos. - No, es que igual quiero hacer la tarea de Biología – dice Gabriel. – Como le prometí a mi mamá que iba a esforzarme mucho. - ¿Por qué? ¿Erís de malas notas? - No, si me saco buenas notas. Lo que pasa es que es una de las condiciones para no cambiarme de colegio. - Oye, pero si igual la estai pasando mal en este colegio por culpa del Riveros. - Sí sé, pero hay cosas por las que vale la pena quedarse aquí. - ¿Cómo qué? - Tú, por ejemplo. Felipe se sorprende. - Es que… me gustó conocerte. Erís el primer y hasta ahora único amigo que he hecho en este colegio. Además, me defendís del Joaquín y… te quería decir eso – dice Gabriel. - Si no es nada. Se nota que no buscai pelea con nadie… igual te he tomado aprecio y… bueno, por eso encuentro na’ que ver que el Riveros la agarre contigo – dice Felipe. Gabriel se sonríe y por impulso le da un abrazo a Felipe, quien corresponde, pero pronto se queda serio cuando ve a Joaquín, quien le recuerda el trato que tienen. CORTE DIRECTO A… INT. DEPTO DANIEL – ENTRADA – TARDE. Cristina llega con Gabriel al departamento de Daniel. - ¿Cómo estai, tío? – dice Gabriel, abrazando, a su tío. - Bien, mi niñito – dice Daniel. – Y tú, ¿cómo estai? Supe lo que te hicieron. - Si estoy bien – dice Gabriel, apartándose de su tío. - Yo le dije que les dijera a los directivos del colegio quiénes le hicieron esa broma, pero no quiere – dice Cristina. - ¿Por qué no lo hiciste? – pregunta Daniel. - Es que no sabís como es el Joaquín – dice Gabriel. - A mí me dice lo mismo, pero encuentro que no es excusa – dice Cristina. – Bueno, yo me tengo que ir. Él tiene una tarea de biología. Ahí lo ayudai. Cristina se despide de su hermano con un abrazo y se va. Daniel abraza por encima del hombro a su sobrino. - Oye, y… ¿qué onda con este niño que te gusta? – pregunta curioso Gabriel. - No, nada es que… ya sabes, a veces el amor no es para uno. Te terminai decepcionando de quien creías que era el amor de tu vida – dice Daniel, serio. - Pero a lo mejor hay esperanza – dice Gabriel. – Es lo último que se pierde. - No, yo ya la perdí – dice Daniel, poniéndose un poco triste, pero pronto cambia su ánimo. – Pero ya no hablemos de eso. Me encantó que me vinierai a ver. Gabriel abraza a su tío. INT. CASA OSORIO – ESCRITORIO – TARDE - A ver, ¿escuché bien? ¿Mi hijo convirtió a tu pololo? – dice Norma, parándose del escritorio. - Sí, lo convirtió – dice Amanda. – Él y yo estábamos de lo más bien hasta que Daniel se metió en el medio. - ¿Y cómo permitiste que eso pasara? - Yo no lo permití. Lo que pasa es que hace dos meses Ricardo se fue a vivir a estos departamentos, justo al frente de Daniel. Norma aparta la mirada, como tratando de digerir el asunto. - ¿Y en qué te puedo ayudar yo? – dice Norma. – Sí, yo no estoy de acuerdo con el tipo de vida que lleva mi hijo, pero decidí ya no meterme, así que acudiste a la persona equivocada. - Es que pensé que usted, como mujer, me podría entender y asesorar sobre qué podría hacer yo para alejar a su hijo de mi pololo – dice Amanda. – El viernes por la noche, ellos bebieron más de la cuenta y tuvieron relaciones sexuales. Norma no puede creer lo que le dice Amanda. - ¿Se da cuenta de la gravedad del asunto? – dice Amanda. – Por eso, mi pololo terminó conmigo y quiero recuperarlo. Mire, no le pido mucho, pero por favor necesito que me ayude a idear algo para hacerle ver a mi Ricky que está confundido y soy yo con quien tiene que estar. ¿Me puede ayudar? Norma exhala un suspiro y se vuelve a sentar en su escritorio. - No puedo – dice Norma. – No se me ocurre nada. Claro, serviría para darle una lección a mi hijo porque yo sé lo que se siente cuando un tercero se mete en el medio de tu relación o matrimonio. Pero no se me ocurre nada, perdona. - Bueno – dice Amanda. – Gracias de todas maneras por entenderme. Amanda se dispone a irse, decepcionada, pero de pronto, Norma se para. - ¡Espera! – dice Norma, deteniéndola. – Sí hay algo que puedo hacer por ti. - ¿Qué cosa? – dice Amanda, esperanzada. Norma y Amanda intercambian miradas de malicia. INT. “ARAUCALAT” – RECEPCIÓN – TARDE. Una figura masculina se acerca al mesón de recepción. Esa figura delata ser una persona de avanzada edad. - Buenas tardes, señorita – dice el anciano hombre. – ¿Aquí ubico al señor Bernardo Osorio? - En este momento está en una reunión – dice la secretaria. – Pero si gusta lo puede esperar ahí en los asientos. Ya debe estar por terminar. - Muchas gracias – dice el anciano, se sienta. Justo Bernardo sale de su reunión con un cliente y lo acompaña hasta la salida. Bernardo se dispone a irse a su oficina, pero la secretaria lo detiene. - Disculpe, don Bernardo, pero un caballero lo espera ahí – dice la recepcionista, señalando al anciano. Bernardo se percata de la presencia del anciano hombre. - Buenos días – dice el anciano. – Usted es don Bernardo Osorio, ¿cierto? - Sí, soy yo – dice Bernardo, estrechando la mano. – ¿Necesita algo, caballero? Es que me encuentro en horas de trabajo. Bernardo analiza al anciano de pies a cabeza, revelándose así su figura. - Mi nombre es Jacobo Belmar – dice al fin el anciano (Jaime Vadell). – Un gusto conocerlo. INT. CASA OSORIO – ESCRITORIO – TARDE. Norma al fin se queda sola, trabajando en lo suyo, cuando nuevamente Gladys, la empleada, la interrumpe. - Señora, disculpe, yo le dije a este joven que no la molestara, pero… - empieza a decir la empleada cuando de golpe entra Adrián. Norma se sorprende al ver a Adrián. - ¿Qué hago? ¿Llamo a los Carabineros? – dice Gladys. - No, Gladys, anda tranquila a hacer tus cosas. Norma ve en Adrián una mirada muy intimidante. - Primero dime quién eres y qué quieres – dice Norma. - ¿Acaso se le olvidó quién soy? – dice Adrián. – Usted lo sabe mejor que nadie. - No, fíjate. Y te pediría por favor que te fueras y me dejes trabajar. Norma se levanta para intentar llevárselo afuera, pero Adrián la retiene de un brazo. - Usted me debe mucho, señora – dice Adrián. – Usted me prometió seguir pagándome el favor que le hice hace mucho tiempo. - ¿Y de qué favor me estás hablando? – pregunta Norma. - No se haga la tarada, señora. ¿O acaso usted olvidó que fue usted quien me pidió que abusara de su hija? Norma queda atónita ante las palabras de Adrián INT. ARAUCALAT – OFICINA BERNARDO – TARDE Bernardo hace sentar al anciano hombre, quien se sienta con dificultad, dada su avanzada edad. - Dígame, don Jacobo – dice Bernardo. – ¿A qué debo el honor de su visita? ¿Necesita hacer algún negocio? - No, no, no, muchacho, yo no estoy para negocios a mi edad – dice Jacobo. - Nada es imposible, don Jacobo. Tengo clientes de hasta 80 años, imagínese como es la cosa. - No, yo estoy jubilado e imagínate cómo estoy yo con la pensión pobre que recibo. Esas AFP oye. ¿Cuándo se terminarán? - Bueno, pero no me ha dicho a qué vino, don Jacobo. - Ah sí. Es que… leí en el diario que usted logró grandes negocios con transnacionales de otros países y… quería verlo por mí mismo y me dije… “así que el Bernardito está todo un magnate de los lácteos”. Quién lo viera y quién lo vio. - ¿Perdón? ¿Me conoce usted a mí? - Sí, muchacho, yo soy amigo de tu mamá. Y yo te conocí desde que eras una guagüita. - Perdóneme, don Jacobo, pero yo a usted no lo conozco. - Ah, seguramente eras tan chiquitito que ya no te debes acordar de mí. Además que yo viví un buen tiempo en Santiago. - Seguramente. Ah, pero… - dice Bernardo, mirando fijamente al anciano. Bernardo analiza bien a Jacobo, como si hubiese visto su rostro en alguna parte. - No sé por qué, pero tengo la sensación de que su cara la he visto en alguna parte – dice Bernardo. - Seguramente ya te debes haber acordado, pues hombre – dice Jacobo. - No, no, no, pero tengo la sensación de que no es por eso – dice Bernardo. – Ah, pero no debe ser nada. Seguramente debe ser lo que usted me dice. Jacobo le sonríe a Bernardo, pero pronto su sonrisa se borra, como si estuviera ocultando algo. INT. CASA OSORIO – ESCRITORIO – TARDE. - ¿Cómo se te ocurre decirme eso? – dice Norma. - ¿Acaso miento, señora? ¿Acaso no es verdad que usted fue quien me pagó para abusar de su hija? – dice Adrián. Norma le chita a Adrián para que se calle y cierra la puerta del escritorio. - ¿Qué te pasa, desubicado? – dice Norma. – ¿Quieres que me descubran? - No se venga a hacer la víctima – dice Adrián. – Aquí la única víctima es su hija, y de paso yo, ya que usted fue la que me dijo que… - ¡Cállate! ¡Cállate, roto de mierda! O, como dicen ustedes los mexicanos, naco… o algo así. - ¡No me venga a ofender, señora! Si no estuviera en la posición que estoy ahora, no habría venido hasta aquí. - A ver, ¿y en qué posición estás, niñito? ¿Qué? ¿Te echaron de la pega, te pateó tu pololita, o…? Adrián exhala un suspiro. - ¡No! – exclama Norma, burlesca. – ¿Te echaron de la pega o te pateó la pololita? ¿Qué te pasó? - Bueno, a decir verdad, las dos cosas, señora, y todo porque… – Adrián deja de hablar. – Mire, yo no tengo que andarle platicando de mi vida privada. - Ay, y viniste aquí a pedirme trabajo o plata – dice Norma, irónica. – Pobrecito. - Yo no necesito su lástima, señora. ¿Y sabe qué? Vine a perder mi tiempo aquí, así que voy a contar toda la verdad porque usted rompió su promesa. Adrián se dispone a irse, pero Norma lo detiene. - Está bien – dice Norma. – Dime cuánto necesitas y te hago un cheque. - En realidad, preferiría en efectivo, pero… está bien – dice Adrián. Norma se sienta en su escritorio y se dispone a hacerle un cheque a Adrián. Cuando termina, se dispone a pasárselo a Adrián, pero pronto desiste. - No, ¿sabes qué? – dice Norma. – No solo te voy a terminar de pagar ese trabajo. También considera esto como un pequeño adelanto por un trabajito que te voy a encargar, ya que andas tan necesitado de plata. - ¿En serio? ¿Qué clase de trabajo? – pregunta Adrián. - ¿Te acuerdas de Mónica Rodríguez? - ¿La muchacha que trabajaba de sirvienta para usted? - Así es. Necesito que me hagas un trabajo por mí, si tanto te interesa mi nieto… o, mejor dicho, tu hijo. Adrián no sabe qué se trae Norma al decirle esto. Ella en tanto le sonríe.
  3. Yo la vi. No me acuerdo si le pusieron nombre, pero era una enfermedad que causaba melanomas en el cuerpo, hacía que los personajes que la padecían tomaran actitudes psicopáticas y hacía que vieran muertos. Sobre eso, se ha revivido y hecho viral el capítulo en que en Sucupira el pueblo queda en cuarentena por una epidemia de una enfermedad a la piel.
  4. INT. CASA MONTES – DORMITORIO GABRIEL/PASILLO – NOCHE. Gabriel se encuentra jugando en su Nintendo Switch con Felipe (Francisco Godoy), a quien, como acordó con sus padres, invitó a pasar la noche en su casa. - Weón, no sabía que teníai la Nintendo Switch y mucho menos el Super Smash Bros Ultimate – dice Felipe, mientras juega. – Es la raja. - Mi papá me la regalo en Navidad – dice Gabriel. – Fue un regalo por mantener mis notas altas. - Ojalá mis papás me hicieran un regalo así. Pero bueno, no se puede tener todo en la vida. Juan Ignacio pasa por el pasillo y mira cómo juega su hijo con su amigo. Luego, entra a la habitación. - Chicos, ya son las 10 de la noche – dice Juan Ignacio. – Hay que acostarse, miren que sus mamás que están abajo compartiendo me retan si no los mando a acostarse. - Por fa, papá – dice Gabriel. – Una partida más y nos vamos a acostar. Bueno, que sean dos partidas. - Bueno, pero terminen ésta y se ponen el pijama. Ahí siguen jugando, pero que sean dos partidas, ¿ya? Y se acuestan. Ah, y hazle la cama nido a tu amigo. - Sí, si ahora estamos terminando y nos ponemos el pijama – Gabriel juega un poco y termina la partida. Juan Ignacio deja el dormitorio y junta la puerta, mientras Gabriel y Felipe empiezan a desvestirse para ponerse el pijama. Juan Ignacio pronto recuerda algo que le debe decir a su hijo, pero al abrir la puerta, se fija en un detalle. Ambos adolescentes se quitaron las poleras y se quitan los pantalones, quedando en ropa interior. Sin embargo, Juan Ignacio se fija en que Felipe tiene una mancha de nacimiento en la espalda, en la zona de su hombro derecho. Juan Ignacio se toca su hombro derecho por la parte de la espalda, recordando que tiene una mancha similar en esa zona. A Juan Ignacio se le ocurre una teoría, pero pronto se pregunta si acaso esa teoría es cierta. Gabriel, quien se puso ya el pantalón de pijama, se da cuenta de la presencia de su padre. - Papá, ¿qué pasa? – dice Gabriel, mientras Felipe se da vuelta para verlo. - No, nada – dice Juan Ignacio, improvisando, cuando de pronto recuerda lo que iba a decirles. – Ah, sí, les iba a decir algo. Recuerden tirar bien la cadena de la taza del baño si acaso se les ocurre ir. No he arreglado ese problema, pero ya lo voy a hacer. Me tengo que acordar. Gabriel y Felipe asienten. Se terminan de poner los pijamas, mientras Juan Ignacio cierra la puerta detrás de él. INT. CASA FERNÁNDEZ – DORMITORIO MÓNICA – NOCHE Mónica se encuentra acostada en su cama, leyendo un libro. De pronto, le suena su celular y ella lo responde. - ¿Aló? – dice Mónica. – ¿Juan Ignacio? INT. CASA MONTES – DORMITORIO PRINCIPAL – AL MISMO TIEMPO. Juan Ignacio habla por su celular con Mónica. Ocurre un INTERCORTE. - Sí, Mónica, soy yo – dice Juan Ignacio. – Necesitaba hablar contigo. - Pero, Juan Ignacio – dice Mónica. – No podemos hablar. Tu esposa se puede enterar y… no quiero más problemas como los de ayer. - Tranquila – dice Juan Ignacio, confiado. – Cristina está en el living compartiendo un rato con la mamá de Felipe, el amigo de Gabriel. Escucha, tengo que hablar de algo contigo. - ¿Y de qué sería? - Este amigo de mi hijo se quedó a dormir acá. Y me di cuenta de algo: cuando se desvistieron para ponerse el pijama, me fijé en la espalda de Felipe. Tiene una mancha en la zona del hombro derecho. Es una mancha de nacimiento, similar a la que tengo en esa zona. Mónica se sorprende al oír eso. - Mónica, ¿te acuerdas si tu hijo tenía una mancha de nacimiento? – pregunta Juan Ignacio. - Tú sabes que no recuerdo nada, Juan Ignacio. De todas maneras, eso no ayuda. No todas las marcas de nacimiento son hereditarias. Y para confirmarlo, necesitaría recordarlo, pero… ya sabes, no recuerdo nada – dice Mónica. Juan Ignacio se pone un poco triste. - Bueno, no te preocupes – dice Juan Ignacio. – En todo caso, necesitaba que lo supieras. - Hiciste bien en decirme, pero no vuelvas a llamarme – dice Mónica. – No quiero tener problemas con tu celosa mujer. - Bueno, Mónica – dice Juan Ignacio. – Que tengas buenas noches. - Gracias, igualmente, Juan Ignacio – dice Mónica, sonriendo. FIN INTERCORTE. Juan Ignacio cuelga el teléfono. Queda pensando en la situación. EXT. DEPTO RICARDO – PASILLO – NOCHE. Tras haber pasado la tarde en casa de su hermano, Ricardo se va a su departamento. Ve a Daniel abrir la puerta y pronto corre hacia él. - Daniel – dice Ricardo, corriendo hacia él. Daniel lo intenta ignorar, cerrando la puerta, pero Ricardo lo detiene. - Daniel, necesito que hablemos – dice Ricardo, reteniendo la puerta. - Disculpe, vecino, pero me voy a acostar – dice Daniel. - No, por fa, Daniel. Daniel, hastiado, accede a no cerrar la puerta. - Escucha, Daniel, te quiero pedir perdón por la forma en que te traté en la mañana – dice Ricardo. – No estuvo bien, pero ahora lo pensé bien. Tenías razón en lo que dijiste. Yo soy gay, igual que tú. Lo soy desde que éramos compañeros. - Ah, qué bueno, vecino – dice Daniel. – Pero ¿sabe? No me interesa – Daniel quiere cerrar la puerta. - Ya po, Daniel, no seai orgulloso – Ricardo lo detiene de cerrar la puerta. – Mira, si te dije eso, fue por miedo. Puro miedo a hacerte daño. - Pues ya lo hiciste – dice Daniel. – ¿Cómo creís que me sentí yo cuando me dijiste que todo lo que pasó entre nosotros fue un pendejo error? Y yo como un tonto te dije que me gustabas en serio. - ¿Y te digo la verdad? Creo que tú me gustai también, pero… todavía no sé. Pero ¿en serio te gustaba… o sea, te gusto? - Tú lo dijiste: me GUSTABAS, en pasado. Ahora ya no. Ahora, ¿te podís ir? Me quiero ir a dormir. Daniel cierra la puerta de su departamento. Ricardo se pasa la mano en la cara y exhala un suspiro. INT. DEPTO RICARDO – LIVING/COMEDOR – NOCHE Ricardo entra a su departamento. Cierra la puerta detrás de él y se apoya en su cara. Ricardo comienza a llorar. Pronto, se seca las lágrimas cuando de repente la luz se enciende. Es Amanda. - ¡Amanda! – se asusta Ricardo. – ¿Cómo cresta entraste? Amanda le muestra unas llaves. - Erís tan pavo que se te olvidó que me pasaste unas copias de tu llave, “ante cualquier emergencia” – dice Amanda, enojada. - Sí, verdad. Pásamelas porfa – dice Ricardo. Amanda se acerca a él y se las quiere pasar, pero pronto desiste. - Primero dime que es mentira – dice Amanda, apartándole las llaves. – Dime que es mentira que querís terminar conmigo. Dime que no es cierto que lo nuestro era una mentira. - Amanda… tú sabes perfectamente que es así – dice Ricardo. – Sabes perfectamente que soy gay y que tú eres mi mejor amiga de la universidad. - Tú estás confundido, Ricardo. No eres gay. Si lo fueras, no hubieses estado conmigo por más de nueve años. ¡9 años, Ricardo! INICIO FLASHBACK – SEPTIEMBRE 2009 (10 AÑOS ATRÁS) INT. CASA CIFUENTES – COMEDOR – TARDE. La casa es pura celebración, por el 18 de septiembre. La casa está adornada y el comedor está con empanadas y anticuchos. Los padres de Ricardo y Pablo están celebrando además que el primero tenga una supuesta novia, quien es una Amanda más joven. - ¿Quién diría que mi hijo por fin tiene una polola mujer? – dice Patricio. – Nunca le conocí una polola y ya empezaba a pensar mal. - Papá, por fa – dice Ricardo. - Bueno, lo importante es que mi hijo por fin sentó cabeza y le pidió pololeo a su amiga. Tiene mi aprobación – dice Patricio, quien luego se acerca a su hijo y le susurra al oído. – Y puedes venir cuando quieras. Ricardo se sonríe. Amanda se acerca a él para hablar en secreto. - ¿Y? ¿Se convenció tu papá? – pregunta Amanda. - Sí – dice Ricardo. – Pero igual me da lata esto de llevar una doble vida. - No po, si no vai a llevar una doble vida. Si es durante tus visitas que voy a estar aquí contigo para que se convenza. Ya cuando te vayai, podís hacer lo que querai con tu pololo. - Igual me siento mal por usarte de pantalla. - ¿Qué pantalla? Si estoy complacida de ayudarte. Es un favor a mi mejor amigo gay. Ricardo se vuelve a acercar a sus padres, mientras Pablo lo mira desconcertado. EXT. PLAZA DE ARMAS – FUENTE – TARDE. DÍA SIGUIENTE Al día siguiente, Ricardo se encuentra con Andrés. - ¿Cómo mierda me hacis esto, weón? – dice Andrés, entre lágrimas y desconcertado. – ¿Ya no me amai? - Amor, yo te amo, pero es necesario – dice Ricardo. – Esto lo hice pa’ tener a donde ir cuando venga de visita. - ¿Y mi casa, weón? Si no era la tuya, sería la mía – dice Andrés, llorando. – Mis papás ya saben de lo nuestro y te querían conocer. Ellos lo aceptaron mejor que tus viejos. - Andy, mi amor – dice Ricardo. – Yo no soportaría que mi papá me mire con odio. Entiéndeme. - ¡No! ¡No te entiendo! ¿Y sabís que más? Me aburriste, weón. ¡Lo nuestro se acabó! - Andy, mi amor, no te vayai, te amo – dice Ricardo, afligido, tratando de besarlo. Ricardo lo besa, pero Andrés lo empuja y le da una cachetada y se aleja, dejando a Ricardo entre lágrimas. NOVIEMBRE 2014 (5 AÑOS DESPUÉS) EXT. CEMENTERIO PARQUE DEL RECUERDO – ENTRADA – TARDE. Ricardo y Pablo se van abrazados tras haber enterrado a sus padres, quienes murieron en un accidente. Amanda se acerca a él y lo abraza. De pronto, ven a Andrés salir con un hombre de una de las casas al frente del cementerio. Andrés besa en los labios a ese hombre. Ricardo queda desconcertado al ver que su expareja ahora tiene a otro hombre en su vida. INT. CASA CIFUENTES – DORMITORIO RICARDO – TARDE. Ricardo se encuentra con Amanda. Ricardo está llorando tras ver a Andrés con una nueva pareja. - ¿Por qué me hizo esto? – dice Ricardo, desconsolado. – Me dijo que no iba a amar a otro hombre que no fuera yo, pero me entero que tiene otra pareja. Ricardo llora y Amanda lo consuela. - No llorís – dice Amanda. – Mira, a lo mejor era hora de que él diera vuelta la hoja y tú también. - Pero no voy a amar a otro hombre como lo amé a él – dice Ricardo, con muchas lágrimas en su rostro. - ¿Y si pruebas con alguien que no sea un hombre? – dice Amanda. Amanda mira a Ricardo a sus ojos azules, que están rojos de tanto llorar. - Siempre te encontré tan mino y me lamentaba que fuerai gay – dice Amanda. Amanda besa a Ricardo en los labios, pero él la aparta. - ¡Amanda! ¿Qué te pasa? Tú sabís que soy gay – dice Ricardo. – No me gustan las mujeres. - Pero… pucha, estai solito, destrozado – dice Amanda. – Mírate. Perdiste a tus papás, al amor de tu vida. ¿Qué más vai a perder? Algún día te vai a ir a vivir solo, tu hermano se va a casar y no vai a tener a nadie. ¿Por qué no a mí? Ricardo abraza a Amanda, destrozado entre lágrimas. - Tranquilito – dice Amanda. – Eso, llora. Bota todo. Amanda lo abraza y sonríe con malicia. FIN FLASHBACK - No fueron nueve años, Amanda, fueron cuatro – dice Ricardo, enojado. – De esos 9 años que dices, cinco eran donde fuiste mi pantalla y los otros cuatro eran después de que me dejara convencer por ti. - Pero harto disfrutaste esos años – dice Amanda, también enojada. – Me besabas en la boca, me tomabas de la mano, me hacías regalos. - Si quieres que te sea sincero, sentí rechazo. Todo eso era una mentira, Amanda. Estai completamente loca. Yo lo único que quería era tratar de olvidarme de que era gay porque después de terminar con el Andy, pensaba que me traería puros problemas. Traté de enamorarme de ti y no pude. Me daba asco pensar en llevarte la cama, nunca se me paró contigo. Yo no te amaba, Amanda. Entiéndelo. Nunca te amé. - Pero yo a ti sí, Ricardo. Te contaba mis cosas también, y tú las mías. Ningún hombre me miraba, eras el único amigo hombre que tenía a mi alrededor. - ¿Y porque me tenías confianza o ningún hombre te miraba, o yo era el único amigo hombre, significa que me amabas? Amanda, esto es serio. Lo tuyo es dependencia emocional. Es una enfermedad. Amanda queda desconcertada con lo que le dice Ricardo. - Amanda, anoche yo andaba enfermo de curado y le dije cosas a Daniel que hace tiempo no le decía a alguien – dice Ricardo. – Él y yo… hicimos el amor… o tuvimos sexo, no sé, pero… lo disfruté. No me dio asco ni nada. Sé que no me acuerdo mucho, pero… me excité. Amé ese momento. Amanda se impacta ante esto. - ¿Viste? ¡Yo sabía! ¡Yo sabía que ese weón te iba a convertir! – dice Amanda, golpeándolo en el pecho como niña chica. - Amanda – dice Ricardo, reteniéndola. – Daniel no me convirtió. Yo soy gay. Lo sabís perfectamente. Entiéndelo. Convéncete de que esto es una farsa. Además, acuérdate que yo no quería usarte de pantalla ni a ti ni a nadie, pero fuiste tú a la que se le ocurrió hacerlo. Amanda lanza una risotada - Amanda – dice Ricardo. – Por fa. Olvídate de mí. No es sano que quieras que sigamos como pareja porque no lo somos. Esto es una mentira. Acéptalo. Ya vai a encontrar a un hombre que te ame de verdad, no a alguien que te use de pantalla. Amanda aparta la mirada y se queda callada, como pensando algo. - No, Ricardo – dice Amanda, por fin. – Yo no lo acepto. No es una farsa porque yo te amo. Te amo, Ricardo. Y no quiero encontrar a otro hombre que no seai tú. Amanda intenta besarlo, pero Ricardo la aparta. Amanda tira al suelo las llaves de la casa de Ricardo y se dispone a irse. - ¡Ah! Y si crees que ese weón del Daniel es mejor que yo, te equivocas – dice Amanda. – ¡Yo te voy a demostrar que ese weón no te ama como yo! Amanda se va enojada y azota la puerta. Ricardo la mira desconcertado. INT. CASA MONTES – PASILLO – MEDIODÍA. DOS DÍAS DESPUÉS… Ya es lunes. Cristina se dispone a irse al colegio de Gabriel para hablar con los directivos, cuando abre la puerta. Alguien se encuentra frente a la puerta y Cristina lo mira con odio. - ¿Qué estás haciendo acá? – dice Cristina, enojada. – Te dije que no te quería volver a ver nunca más. ¡Ándate de mi casa! La persona que está ahí es Adrián. - Ya no puedes seguir huyendo de mí, Cristina – dice Adrián. – No puedes huir de tu pasado. - No tengo tiempo para weás, sal de aquí – dice Cristina. - ¿Hasta cuándo vas a negarte a la realidad? ¿Hasta cuándo? - ¿De qué realidad me estás hablando, Adrián? ¡Por favor! - Tu hijo lleva el apellido de alguien que no lo merece. - Es mi hijo. Yo lo crié. - Pero ¿qué va a pensar cuando sepa toda la verdad? - ¿De qué verdad me estás hablando? - Sabes perfectamente de qué verdad estoy hablando. Cristina se impacta. - ¡Sabes perfectamente que el padre de tu hijo soy yo! – dice Adrián. Cristina queda atónita ante esto
  5. Para cuando nació el Partido Republicano ideé un proyecto que se basaba en los miedos que surgieron si acaso ellos llegaban a la Presidencia. Igual el proyecto no tenía mucho, pero me inspiré un poco más cuando ocurrió el estallido social. Vamos a ver si surge la inspiración a futuro.
  6. INT. DEPTO RICARDO – DORMITORIO RICARDO/BAÑO – DÍA. Son las 7 de la mañana. Ricardo (Matías Assler) despierta, con un fuerte dolor de cabeza. Se da cuenta de que está durmiendo “cucharita” con Daniel (Jorge Arecheta). Se da cuenta además que ambos están desnudos. Se levanta de la cama. Encuentra sus bóxers y se los pone. Va directo al baño. Se ve al espejo del lavamanos y trata de recordar lo que pasó anoche. Pero pronto se siente mal, con muchas náuseas. Pronto corre al WC y vomita, producto del alcohol que bebió la noche anterior. Luego, tira la cadena del WC. Se limpia la boca, se levanta y va al lavamanos. Se enjuaga la boca y se moja un poco la cara y, con esto, pronto recuerda lo que pasó la noche anterior, cuando tuvo sexo con Daniel. El recuerdo le cayó como un balde de agua fría a Ricardo. Se ve en su rostro un sentimiento invasivo de arrepentimiento. Pronto, vuelve a la cama. Daniel sigue durmiendo, pero Ricardo no puede conciliar el sueño para seguir durmiendo. Sigue arrepentido de lo que sucedió la noche anterior. INT. CASA PABLO – DORMITORIO – DÍA. Al mismo tiempo, Lourdes (Maite Perroni) despierta. Se da cuenta de que está desnuda entre las sábanas de la cama, al igual que Pablo (Nicolás Oyarzún), quien sigue durmiendo. También recuerda que anoche intimó con él, por lo que se levanta rápidamente, cubriéndose con las sábanas al encontrar en el suelo su ropa interior y se la pone. Toma sus cosas y deja la estancia de Pablo. CORTE DIRECTO A… INT. CASA FERNÁNDEZ – PASILLO PRIMER PISO – DÍA. Lourdes entra en puntillas a su casa para no hacer ruido. Sin embargo, pronto baja del segundo piso Milagros (Victoria Ruffo). - Hija, ¿qué haces llegando a estas horas? – pregunta Milagros, preocupada. Lourdes no sabe qué responderle a su madre. - Espero una respuesta, Lourdes – dice Milagros. – ¿Por qué vienes llegando a estas horas? - Mamá, ¿qué haces despierta a estas horas? – pregunta Lourdes, evadiendo la pregunta de su madre. - Hija, te hice una pregunta y quiero que me la respondas – dice Milagros, firme. - Ay, má… perdona, es que… se me pasó la hora y fuimos donde Pablo y me quedé a dormir allá porque no quería despertarte. - Hija, esta casa es grande y allá arriba no puedo sentir nada. Dime la verdad, Lourdes, ¿por qué vienes llegando a estas horas? - Eso, mamá, me quedé donde Pablo… mira, ¿sabes qué? Estoy muy cansada y me quiero ir a dormir. Adiós. Lourdes sube al segundo piso y Milagros la mira, desconcertada, negando con la cabeza. INT. DEPTO RICARDO – LIVING/COMEDOR – DÍA. Ya son las 8 de la mañana. Ricardo ya está completamente vestido, usando una polera y unos shorts. Está sentado en el sofá. Pronto, Daniel sale del dormitorio, usando sus bóxers únicamente, pero tomando toda su ropa. Ricardo se levanta y se dirige a él. - Daniel, qué bueno que te levantaste – dice Ricardo. – Necesito hablar contigo. - ¿Qué pasa? – dice Daniel. Daniel se acerca a Ricardo y lo besa en los labios, pero Ricardo pronto lo empuja para apartarlo. - ¿Qué pasa, Ricardo? Creí que todo había quedado claro – dice Daniel. - Escucha, Daniel, creo que estás confundido – dice Ricardo. - ¿Yo, confundido? A mí me parece que el confundido eres tú. Para pololear con una mujer, sabís bien como tirar con un hombre. Sacaste todo el gay que llevai adentro. - No, weón, no soy gay. ¡Entiéndelo! – dice Ricardo, alzando la voz y pronto se calma. – Escucha, Daniel, lo que pasó anoche fue un error, yo estaba enfermo de curao, no sabía lo que hacía. - Que no sabías lo que hacías. Anoche me pareció que lo sabíai perfectamente – dice Daniel, incrédulo, mientras comienza a vestirse. – Escucha, yo he cachado esto. Algunos se hacen los heteros, pero apenas toman, terminan en la cama con otro hombre, revelándose así su orientación sexual. Ricardo piensa en cómo explicarle todo a Daniel, quien mientras tanto se abrocha los pantalones. - Escucha, Ricardo – dice Daniel, acercándose a él y tomándole ambos hombros. – No era mentira lo que te dije. Tú me gustas mucho. A pesar de que me dijeras que eres hetero, yo no me equivoco al enamorarme de un hombre. Te quiero mucho y con lo de anoche demostraste que tú también a mí y también demostraste lo que eres. Acéptalo. - No, escúchame tú a mí, Daniel. Lo nuestro no puede ser. Fue un error, un error, un completo y pendejo error. – dice Ricardo, firme, apartándose de Daniel. – Lo mejor es que te vayai y que no nos veamos más. Olvídate de mí, weón. Te enamoraste del hombre equivocado. Daniel siente que su corazón se rompe en miles de pedazos, pero pronto accede a irse. Ya habiéndose puesto sus zapatos y la camisa que llevaba puesta la noche anterior, deja la estancia de Ricardo, quien queda solo en su departamento. A pesar de estar seguro de su sexualidad… o creer estarlo, siente culpa de haberle dicho todo eso a Daniel. INT. DEPTO DANIEL – LIVING/COMEDOR – DÍA. Daniel entra a su departamento. Azota la puerta de su departamento. Siente tanta rabia que se da vueltas por todo su departamento. Pronto, vuelve a la puerta y la golpea con sus dos manos un par de veces. Pronto, estalla en llanto. Pone su espalda contra la puerta y se desliza poco a poco, encogiéndose hasta el suelo. Su rostro está lleno de lágrimas y su corazón con una mezcla de sentimientos: rabia, impotencia y pena ante el desamor de Ricardo. INT. CASA MONTES – COMEDOR – DÍA Ya son las 10 de la mañana. Gabriel (Oliver Borner) se encuentra tomando desayuno solo, ya que sus padres ya habían tomado y no querían despertarlo. Se acerca su padre Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen) y lo saluda de beso. - ¿Cómo amaneciste, campeón? – dice Juan Ignacio. - Bien, papá – dice Gabriel, con mejor ánimo que la noche anterior. - Así veo, estás de buen ánimo. - Pucha, quería tomar desayuno con ustedes, ¿por qué no me despertaron? - No te queríamos despertar. Supusimos que no habías podido dormir anoche por la pelea que tuvimos con tu mamá. - ¿Y dónde está ella? – pregunta Gabriel. - Fue a ver a tus tatas por un asunto. Juan Ignacio se sienta a un lado de Gabriel, quien sorbe de su taza de leche con chocolate caliente. - Mi amor, ¿por qué no nos contó de lo que le hacía ese compañero pesado que tienen? – pregunta Juan Ignacio. – Lo habríamos resuelto. - No quiero hablar del tema, papá, me carga – dice Gabriel, molesto. - Es que hay que hablar del tema. Soy tu papá, yo te puedo ayudar. - Papá, yo sé que llevo una semana de clases en el colegio, pero ya caché como es el Riveros: si lo sorprenden o lo acusan te hace algo peor. - Como eso del Instagram, donde tú y tu amigo Felipe fueron humillados en las duchas. - No me lo recordís, por fa – dice Gabriel, afligido. Juan Ignacio consuela a su hijo, abrazándolo. - ¡Ya, hijo! – dice Juan Ignacio, consolándolo. – Mira, no es que te queramos hacer que revivas eso. Nos preocupamos por ti porque te queremos mucho. Ambos se apartan y Gabriel se seca las lágrimas. - Y tienes suerte de tener a un amigo como Felipe – dice Juan Ignacio. – Alguien que te defiende cuando no puedes hacerlo por ti mismo. - Sí, si sé, si por él no me quiero cambiar de colegio – dice Gabriel. – Es el único que hace que valga la pena seguir ahí. - Hagamos eso de invitarlo a dormir acá, porque igual queremos conocerlo con tu mamá. ¿Ya? Gabriel asiente con la cabeza y abraza a su papá. EXT. CASA OSORIO – ENTRADA – DÍA. Cristina (Antonia Santa María) sale de la casa de sus padres. A lo lejos, una persona la espía escondida tras unos árboles. Cristina se percata, pero pronto lo ignora. Se dispone a entrar a su auto, pero ve un sobre debajo del limpiaparabrisas. - ¿De nuevo? – dice Cristina, hastiada, leyendo que el sobre no tiene remitente. Lo abre y nuevamente encuentra un anónimo escrito con letras recortadas de revistas. “SE ACABÓ TU TIEMPO. YA NO LO PUEDES OCULTAR MÁS.” Cristina rompe en mil pedazos el papel y entra a su auto. Pronto, su celular suena y ve que es número desconocido y se teme que es el tipo de los anónimos. - ¿Qué mierda quieres? – pregunta Cristina. – ¿Hasta cuando me vas a seguir acosando? - No puedes ocultar más el secreto – dice la voz distorsionada al teléfono. – ¿Qué va a decir tu hijo cuando lo sepa? Ya no te va a querer porque eres una mentirosa y descarada, Cristina Osorio. - No metas a mi hijo en esto, enfermo. Y si te acercas un solo metro a mi casa o a mi hijo, te juro que te voy a… La persona desconocida cortó el teléfono. Cristina se apresura a buscar el número entre sus llamadas entrantes para llamarlo de nuevo. Sin embargo, escucha una grabación que dice que el número no se encuentra disponible. Cristina cuelga con rabia su celular y lo deja sobre el asiento del copiloto. EXT. DEPTO RICARDO – PASILLO – DÍA. Ricardo sale del departamento, con su intención de hablar con Amanda debido a lo que vivió la noche anterior con Daniel, a quien justamente ve salir de su departamento. Daniel ve a Ricardo, pero lo mira con odio. Daniel lo ignora y se dirige al ascensor. - Daniel – dice Ricardo, tratando de detenerlo. Daniel lo ignora y se va. Ricardo lo sigue hasta los ascensores. Daniel llama el ascensor, pero al ver que se demora y que Ricardo se acerca a él, decide bajar por las escaleras. - ¡Daniel! – dice Ricardo. – ¡Espera! Daniel lo ignora y cruza la puerta de las escaleras de emergencia. Ricardo lo sigue. Daniel es muy rápido, al igual que Ricardo. EXT. EDIFICIOS DEPARTAMENTALES – ENTRADA – DÍA. Daniel corre hacia su auto en los estacionamientos y Ricardo lo intenta seguir. Daniel entra al auto. Ricardo toca la ventana de su auto. - ¡Daniel! Espera, tengo que hablar contigo de… - dice Ricardo. Pero ya es muy tarde. Daniel se fue. Ricardo mira con culpa cómo Daniel se va. De pronto, Amanda (Josefina Fiebelkorn) se aparece por detrás asustándolo. - ¡Pucha, Amanda, que me asustaste! – dice Ricardo. - Ay, que andai asustadizo – dice Amanda. Amanda abraza a Ricardo, quien no corresponde. - Perdóname, amor, por dejarlo solito y haberme comportado como una cabra chica. ¿Me peldona? – dice Amanda, con un tono un poco infantil, para tratar de hacerlo reír al verlo tan serio. – ¿Chí? ¡Chí, cheñol! ¡Es el día del plátano! - Amanda… - dice Ricardo, intentando decirle algo. - Ay, si yo sé que anoche me enojé, pero te juro que ya no voy a armar más atados. Podís salir si querís con el Daniel, pero no me dejís fuera, ¿ya? Ricardo no dice nada y Amanda lo abraza. Ricardo no sabe cómo decirle lo que tenía planeado desde un principio. Amanda luego lo hace caminar. - Mira, tengo tu auto – dice Amanda, mostrándole las llaves. – Yo sé que no te gusta como conduzco, pero me imagino que andai todavía con la caña, así que dime a dónde quieres ir y yo manejo, ¿ya? - Amanda, por fa… - dice Ricardo. - No, ya sé. Mejor yo te digo dónde quiero ir y yo conduzco. ¿Ya? Ricardo está hastiado porque Amanda no deja de hablar. - Mira, yo pensaba ir a esa galería cerca de donde estaba el Mercado – dice Amanda. – Era tan lindo. Yo fui a almorzar ahí con mi ex, pero lástima se quemó. Ojalá lo repongan luego para ir a almorzar con el mino más rico de Temuco, de la Araucanía, de todo Chile y del… - Amanda, ¡ya cállate, porfa! – dice Ricardo, al fin. - Ay, ¡que erís pesado! ¿qué te pasa? Ah, ya sé, todavía te duele la cabeza. ¿Quién te manda a tomar también po? Si me imagino que después de que me fui anoche seguiste tomando, ¿o no? - Amanda, de verdad necesitaba hablar contigo de algo serio. - Ya, ¿y por qué tan serio? - Amanda… sorry que te diga esto, pero… lo nuestro ya no puede seguir. Amanda no puede creer lo que Ricardo le acaba de decir. INT. CASA FERNÁNDEZ – LIVING – DÍA. Mónica (Marlene Favela) está sentada en el sofá, hojeando una revista. Pronto, Milagros se aparece y se sienta al lado de ella. - Parece que Lourdes no se ha despertado aún – dice Milagros. – Se quedó dormida después de que la sorprendí entrando a hurtadillas a la casa como a las 7. - Tal parece que ella lo pasó muy bien anoche – dice Mónica. – Bueno, es una muchacha joven. - Lo sé, pero me preocupé porque llegó como a las 7 u 8 de la mañana. No llegó a dormir. No sé por qué tengo un mal presentimiento. - Milagros, hace tanto que Lourdes no sale con un chico como el que me contaste. Hay que dejar que todo fluya y que nada influya, como dicen los chilenos. Ya no es una niña. Lourdes llega con su ropa casual y con el cabello mojado, señal que se acaba de bañar. - Buenos días – dice Lourdes. – ¿Ya desayunaron? - Yo diría buenas tardes – dice Milagros, seria. - ¿Por qué? Aún no son las 12. - ¿Dónde estabas, jovencita? ¿Y por qué no llegaste a dormir? - Mamá, ya te dije que se me pasó la hora y para no preocuparte me quedé a dormir donde Pablo. - No le creo, señorita. Más le vale que me dé una explicación convincente. - Mamá, ya basta, no me trates como a una niñata. Tengo 31 años. - Pues no parece, señorita – dice Milagros, autoritaria. - Milagros, por favor – dice Mónica, tratando de calmarla. Milagros se va hastiada. Lourdes se dispone a irse a la cocina a prepararse un café, pero Mónica la detiene. - Ahora, entre nosotras, ¿dónde estabas y qué hiciste anoche? – pregunta Mónica. - ¿También te vas a poner a interrogarme? Ya basta – dice Lourdes, hastiada. - Tranquila, va a quedar entre nosotras. Milagros no se va a enterar. Lourdes, viendo la puerta del living confiada en que Milagros no está ahí, decide contarle a Mónica. - Anoche fuimos a este restaurante italiano que él me dijo – comienza a relatar Lourdes. – Y nos fuimos al bar restaurant. Tomamos muchas chelas y… me llevó a su casa y… Mónica espera el resto del relato de Lourdes, pero pronto ella le pone expresiones con su rostro y manos y Mónica entiende el mensaje. - ¿Cómo? Solo llevan dos meses de conocerse, ¿y tú y él ya están…? – dice Mónica. - No, no estamos saliendo ni nada. Al menos, no todavía. Tendríamos que hablarlo – dice Lourdes. – Pero… hoy desperté desnuda en su cama y eso delata que él y yo intimamos. Aunque, no quiero ilusionarme, Mónica. Tengo miedo de que Pablo solo vea lo nuestro como solo sexo. - Tranquila. Si lo hablan, vayan con cuidado. Pero me parece a mí que él te correspondió muy bien. - Sí. Estoy tan contenta. Él me gusta mucho. Mientras Lourdes y Mónica hablan, Milagros estaba oyendo todo detrás de la puerta a una distancia en que no fuera vista. Milagros niega con la cabeza, preocupada por la ilusión de su hija. EXT. PENSIÓN – DÍA. Yadira (Angelique Boyer) sale de la pensión en donde se hospeda. Se dispone a comprar algo para preparar de almuerzo cuando de pronto Adrián (Aarón Díaz) llega, asustándola. - ¡Adrián! No me asustes así – dice Yadira. - Lo siento, es que quería platicar contigo, mi chamaquita – dice Adrián. - No tengo nada de que platicar contigo, ni mucho menos con un culero como tú. - ¡Yadira! ¿Por qué me tratas así tan grosera? - ¿Te parece poco la forma en que me trataste anoche y la forma en que rompiste conmigo? - De eso te quería platicar. Perdóname, mi chamaquita. Estaba enojado. En verdad no es tu culpa que Gerardo me haya mandado a la Chingada. - No, es solo culpa tuya, culpa tuya y culpa tuya. Si no hubieras robado la lana de Gerardo nada de esto habría pasado. - Lo sé, perdóname. Mira, hagamos como que lo que pasó anoche no pasó. Comencemos desde el principio. Volvamos a ser novios. Quiero que vuelvas a ser mi chamaquita y yo tu changuito. ¿Qué dices? Adrián le da un beso en los labios a Yadira, pero ella lo empuja y le da una cachetada. - Lo siento, Adrián, pero va a ser muy difícil que me recuperes – dice Yadira, enojada. - Chamaquita – dice Adrián, triste. - ¡Ya no soy tu chamaquita! Y tienes razón, lo nuestro se acabó. Y lo mejor de que te hayan despedido es que no nos vamos a ver las caras nunca más. ¡Pendejo! Yadira se va furiosa. Adrián la mira triste, tratando de convencerse de que ya no hay vuelta atrás en su relación. EXT. EDIFICIOS DEPARTAMENTALES – ENTRADA – DÍA. - ¿Qué? – pregunta Amanda, sin poder creer todavía las palabras de Ricardo. - Lo que escuchaste, Amanda. Lo nuestro no puede seguir – dice Ricardo. - Ricardo. ¡Pucha! Si es por lo de anoche, perdona. Es que la Yadi me necesitaba, el pastel del Adrián la pateó súper cuático. Y además a mí me carga que te pongai a tomar e igual me piqué porque me dejaste botada por el Daniel, pero ya se me pasó. Él puede seguir saliendo con nosotros y… - Amanda, entiende. Lo nuestro nunca funcionó en verdad. No es más que una farsa. - ¿Farsa? O sea, todo lo que me dijiste de que me queriai era mentira. - No. No tanto así. O sea, yo te quiero mucho, pero sabes perfectamente que una relación entre nosotros no es posible. - ¿Cómo no va a ser posible? ¡Ya po! ¡Dime que es una broma! Ricardo se hastía con lo insistente que es Amanda. - Ya po, te juro que nunca más te dejo botado por la Yadira – dice Amanda. - ¡Amanda, no se trata de eso! ¿Qué parte de que lo nuestro no es posible no entiendes? – dice Ricardo, alterado. – ¿Por qué te cuesta tanto entender mi situación? - Es por el Daniel, ¿cierto? – dice Amanda. – Es por él que estai terminando conmigo, ¿o no? ¡Ricardo Alejandro Cifuentes Torres, contéstame! ¿Te convirtió en gay? Amanda golpea alternadamente el pecho de Ricardo, quien no responde. - ¿Sabís que más? Toma. Toma tus weás de llave del auto – dice Amanda, enojada, y le pasa violentamente las llaves del auto. – Ya vas a ver. Vas a ver lo equivocado que estás al terminar conmigo. - Amanda, espera – Ricardo dice. – Espera, te puedo ir a dejar. - ¿Por qué no vai a buscar al maraco ese, mejor? Amanda se aleja, enojada. Ricardo la mira con tristeza, pero exhala un suspiro, sintiendo que se sacó un peso de encima. En tanto, un poco más lejos del edificio, Amanda estalla en llanto ante las hirientes palabras de Ricardo. INT. CASA MONTES – ENTRADA – MEDIODÍA. Llegan Eliana (Gloria Münchmeyer), Norma (Catalina Guerra) y Bernardo (Bastián Bodenhöfer). Gabriel los recibe y los saluda a todos. - ¿Cómo está mi niñito precioso? – dice Norma, pellizcándole las mejillas cariñosamente a Gabriel. - Bien, abuela – dice Gabriel. – Ya mejor de ánimo. Bernardo y Eliana saludan de beso al adolescente. Cristina se acerca a su madre y abuela para saludarla, pero mira muy seria a su padre. Norma se lleva a un lado a Cristina. - Hija, no seas así con tu padre – dice Norma. - ¿Y cómo quieres que sea con él, mamá? Si me entero que tengo una hermana mexicana – dice Cristina. - Bueno, ayer conversamos y quedó todo arreglado. Supongo que también lo hablaste con Juan Ignacio. - No, mamá, no lo hemos hablado. Pero como te dije, no lo quiero hablar. Creo que lo nuestro solo va a volver a ser como antes si esa mujer se decide ir de aquí. - Hija, no te des por vencida. Recuerda: una Palacios nunca tira la toalla. - Yo sé, mamá. Pero ¿qué más puedo hacer? Juan Ignacio se ve a escondidas con esa tipa. - Hija, haz lo que tengas que hacer para alejarla de tu marido. Y si no resulta, puedes acudir a mí y ya sabes que yo puedo hacer cosas mucho más drásticas que tú. Cristina oye a su mamá, sin decir nada. De pronto, alguien toca el timbre. Eliana se ofrece a abrir. Se trata de Anselmo (Julio Jung), el rector del colegio de Gabriel. - Disculpe, esta es la casa de Gabriel Montes, ¿cierto? – dice Anselmo. - Sí, sí. ¿Con quién tengo el gusto? – dice Eliana. - Don Anselmo Maturana para servirle, dama – dice Anselmo, presentándose cortésmente. – Soy el rector del colegio de su nieto. - Ay, el favor que me hace – dice Eliana, un poco halagada. – En verdad es mi bisnieto, pero con lo de que es mi nieto, me quitó varios años de encima. - Mejor no me diga nada, mire que con la palabra “abuelo” ya me siento viejo. Pero a usted no la veo tan vieja como yo y ya es bisabuela. No lo puedo creer, si usted es estupenda. Eliana se ríe un poco ante los halagos y lo hace pasar. - Don Anselmo, ¿qué hace acá? – dice Gabriel, preocupado. - ¿Quién es él, Gabriel? – pregunta Cristina. - Dice que es el rector del colegio – dice Eliana. - ¿Pasó algo malo? – pregunta Norma. - Venía a hablar de la situación en que está el señor Montes acá presente – dice Anselmo, serio. Gabriel se pone un poco pálido ante esto, ya que teme lo que quiere decir el rector de su colegio. Cristina, en tanto, lo toma de sus hombros para intentar calmarlo. INT. CASA PABLO – PASILLO – MEDIODÍA. Pablo ya se ha levantado. Se seca su cabello tras haberse bañado. Está con ropa cómoda, como es unos shorts y una polera. Pronto, tocan al timbre y él abre. Se trata de su hermano, Ricardo. - Ricky, ¿qué hacís por acá? – dice Pablo. Ricardo pronto estalla en llanto y abraza a su hermano. Pablo no entiende qué le pasa a su hermano, pero corresponde a su abrazo y lo consuela. - Hermanito, ¿qué te pasa? – pregunta Pablo. Ricardo se aparta de su hermano. - Ya no me puedo engañar más, Pablo – dice Ricardo, secándose las lágrimas. – Necesitaba hablar con alguien, weón. Alguien que no esté enojado conmigo. - ¿Enojado contigo? – pregunta Pablo, extrañado. – ¿Y por qué estaría yo enojado contigo? - Tú sabís, po. - A ver, Ricardo, no estoy entendiendo nada. ¿Qué hiciste ahora? Ricardo se pasa la mano por su rostro, tratando de pensar cómo decirle todo. INT. CASA OSORIO – PASILLO – MEDIODÍA. - ¿De qué situación habla, señor? – pregunta Bernardo. – ¿Pasa algo malo con mi nieto? - No, no pasa nada malo – dice Anselmo. – Lo que pasa es que me hicieron llegar una publicación del… pentagram, algo así. - Instagram – corrige Cristina. - Eso, ese mismo – dice Anselmo, sacando su teléfono. – Yo me quedé muy preocupado porque en esta publicación sale el señor Montes con el señor Cabrera en las duchas del gimnasio del colegio, en una foto y un video, donde salen ambos como Dios los echó al mundo y esto que dice que fueron pillados in fraganti en pleno acto… ya saben. Gabriel se preocupa mucho. - Mijito, lo que dicen acá de usted supongo que no es cierto, ¿o sí? – dice Anselmo. - No, para nada – dice Gabriel. – Lo que pasa es que… - Sí, sí, sí. Ya sé – dice Anselmo. – Son estas típicas bromas que les hacen a los estudiantes. Desde mis tiempos que lo hacen, solo que, sin la tecnología de ahora, con los celulares, las redes sociales y todas esas payasadas de ahora. - ¿Y por qué vino hasta acá, se puede saber? – pregunta Norma. - No, nada en especial, que se relaje el señor Montes, porque solo vine a ver cómo estaba con esta situación – dice Anselmo. – Me preocupo mucho por los estudiantes. Gabriel exhala un suspiro. - Señor Montes, ¿me puede dar los nombres de quienes hicieron esta publicación? – pregunta Anselmo. - No, no sé nada – dice Gabriel. - ¿Está seguro? ¿Y quiénes le hicieron esta broma de tan mal gusto? – dice Anselmo. - Fue solo una broma – dice Gabriel. - ¿No habrá sido este niño Riveros, ese que los estaba molestando el otro día a usted y el señor Cabrera? – pregunta Anselmo. - No, no – dice Gabriel. – Es que… los vengo recién conociendo y… no sé. Era un grupo, pero no me acuerdo quiénes. Cristina se sorprende con la actitud de su hijo, al igual que sus familiares. - Bueno, espero que no ande encubriendo a las personas, pero si acaso sabe algo, sabe donde encontrarme el lunes, en mi oficina – dice Anselmo. – Bueno, yo me retiro porque dejé hirviendo unas papitas porque tengo visitas y no quiero que se me quemen. Anselmo procede a irse y Eliana se ofrece a guiarlo. - Gracias, dama – dice Anselmo. – Oiga, no me ha dicho su nombre. ¿Cuál es? - Eliana Gumucio – responde Eliana. - Gumucio… Gumucio… me suena ese nombre… bueno, ya me acordaré. Por cierto, me gustaría conocer más de usted. ¿Vive aquí? - No, yo vivo con mi hijo y su señora, para el lado del Barrio Inglés. - Bueno, fue un gusto conocerlos. Chao, señor Montes, nos vemos en el colegio. Anselmo se va. - ¿Por qué no le dijiste nada? – pregunta Cristina. – ¿Por qué no le confirmaste que fue este niño Joaquín Riveros? - Porque… mamá, imagínate el Riveros y sus amigos saben que yo los acusé. Me pueden hacer algo peor – dice Gabriel. - Pero, mi amor, hay que hacer algo con esos niños, no se pueden quedar impunes – dice Bernardo. - Perdón, mamá, tata, pero no lo conocen – dice Gabriel. - Gabriel, esto es bullying – dice Norma. – Es un delito. Hay que hacer algo al respecto. - Déjenlo que haga lo que quiera – dice Eliana. – Yo no entiendo a estos niñitos que encubren a sus acosadores. Gabriel se siente incómodo por las miradas que irradia su familia en su contra. Sabe que su actitud no estuvo bien, pero por miedo no acusó a Joaquín. INT. CASA PABLO – LIVING – MEDIODÍA. Pablo tiene dos vasos con agua mineral y le pasa uno a Ricardo. - Entonces… me dices que anoche estuviste con este cabro que era amigo tuyo en la Media y que ahora vive al frente tuyo – dice Pablo. – Y que tú y él… - Sí, eso… igual tengo imágenes borrosas, pero yo fui el que… tu sabís - dice Ricardo. - Fuiste el activo. Y ahora me dices que pateaste a esta chica, la Amanda. Me parece bien, porque no puedes seguir en una mentira. - Pablo, tu sabís que era necesario que estuviera con ella. - Pero no entiendo por qué seguiste en una relación con ella si eres gay. Ricardo no puede evitar los recuerdos de hace años. FLASHBACK – DICIEMBRE 2007 (12 AÑOS ATRÁS) EXT. CASA CIFUENTES – PATIO TRASERO – TARDE. Un Ricardo más joven celebra su cumpleaños Nº 17 en el patio de la casa de sus padres (que ahora es de Pablo). Sus padres no se encuentran. Esta rodeado de amigos en torno a la piscina donde están celebrando, aprovechando el calor que hace. Ricardo usa únicamente un traje de baño, y ninguna polera, mostrando un cuerpo extremadamente delgado, no tan tonificado como actualmente. Y, obviamente, no usa barba, mostrando una cara más juvenil. De pronto, se le acerca un Daniel más joven que viene recién llegando. - ¿Cómo estai, weón? Feliz cumpleaños – dice Daniel, abrazando a su amigo. - Gracias, amigo – dice Ricardo, correspondiendo. – Oye, te queda bacán ese traje de baño y esa camisa. - Gracias, y… mírate, como estai de flaco – dice Daniel. - ¿Y bosnia? No tenís ni poto – dice Ricardo, burlándose, con Daniel un tanto molesto, pero riéndose. – Ya, ahí hay unas chelas o bebida, jugo, lo que querai. Mientras Daniel se aleja, se acerca Andrés Zavala (Eusebio Arenas) a Ricardo. - Ricardo – dice Andrés, desanimado. – ¿Podemos hablar? En privado, eso sí. - Sí, claro – dice Ricardo. – Vamos. Ricardo entra con él a la casa. INT. CASA CIFUENTES – DORMITORIO RICARDO – TARDE. Ricardo cierra la puerta de su dormitorio luego de hacer pasar a Andrés. - ¿Qué pasa, weón? Te veo como desanimado – dice Ricardo. - Es que estoy desanimado, weón – dice Andrés. – Mis papás dicen que no me pueden seguir pagando el colegio y me van a cambiar. - ¿Qué? Pero ¿por qué te quieren cambiar? - O sea, me dijeron que no era seguro, pero hasta que mi viejo no resuelva el asunto de sus cuentas y los impuestos, existe esa posibilidad. Andrés comienza a llorar. - Ya, pero no llorís – dice Ricardo. - Es que ustedes han sido el mejor curso en el que he estado – dice Andrés, secándose las lágrimas. – Es que… tú y el Daniel han sido buenos amigos conmigo y… además, tengo que confesarte algo, Ricardo. - ¿Qué cosa? – pregunta Ricardo. Andrés no aguanta y se lanza a Ricardo con un beso en los labios. Ricardo lo empuja. - ¿Qué te pasa, weón? – dice Ricardo. - Ricardo, tú me gustai – dice Andrés. – Yo sé que te parece raro que uno de tus mejores amigos sea gay, pero… Ricardo lo interrumpe con otro beso en la boca. Andrés pronto se quita la polera y ambos se quitan sus trajes de baños, quedando completamente desnudos y dejándose caer en la cama. Se siguen besando con sus cuerpos pegados el uno al otro, rozándose sus pieles desnudas. FIN FLASHBACK - El Daniel era mi mejor amigo. Pero él nunca me dijo que era gay. Y yo nunca había tenido una relación con un hombre, lo que necesitaba para confirmar que soy gay. Hasta que se me acercó el Andrés Zavala, otro de mis mejores amigos, y… bueno, intimamos ese día de mi cumple– relata Ricardo. - Entonces, ¿por qué empezaste una relación con la Amanda si se supone que ella era solo tu pantalla? – pregunta Pablo. FLASHBACK – MAYO 2009 (10 AÑOS ATRÁS) INT. CASA CIFUENTES – DORMITORIO RICARDO – NOCHE Ricardo está de visita desde Santiago donde está estudiando Odontología. Se ha quedado solo en casa, ya que Pablo se fue a estudiar a casa de un compañero y sus padres fueron a un viaje de negocios al norte. Ricardo está acostado bajo las sábanas con Andrés. Ambos, al ya tener un poco más de 18 años, se dejaron crecer sus barbas. - Por fin estamos solos, mi amor – dice Ricardo, besando a su entonces pololo. – Y tenemos tiempo antes de que me vaya de nuevo a Santiago. - Sí, por fin, te echaba tanto de menos, mi amor. – dice Andrés, besándolo en los labios. – Pero ¿cuándo le vas a decir a tus viejos que erís gay y que llevamos pololeando 2 años? - Es que… es complicado po. El Pablo es el único que sabe. Mi viejo es súper conservador pa’ sus cosas y mi vieja es más liberal, pero si le digo, ella va a llegar y le va a contar a mi viejo y… va a quedar la cagá. - Pero ¿no tenís miedo a que ellos lleguen y nos encuentren? – pregunta Andrés. - No po, si ellos no llegan hasta el domingo. Mira, si querís le cuento el domingo cuando lleguen, pero mejor quedémonos tranquilos, porque oportunidades pa’ estar solo no hay muchas. Además, el Pablo fue muy buena onda en irse a estudiar y dejarnos solos. Ricardo y Andrés se besan, acostados en la cama y comienzan a desvestirse. Ya estando completamente desnudos bajo las sábanas, comienzan a hacer el amor. Se besan apasionadamente, llegando a morderse los labios. En un momento, Andrés se pone debajo de las sábanas y Ricardo comienza a hacer unos gemidos, señal de que Andrés le está haciendo sexo oral. Sin embargo, ellos no cuentan con que se abre la puerta y son sorprendidos por los padres de Ricardo: Patricio Cifuentes (Osvaldo Silva) y Mariana Torres (Cecilia Cucurella), quienes llegaron antes por un problema que surgió. - Ricardo Alejandro, ¿qué significa esto? – dice impactado Patricio, muy enojado. Ricardo y Andrés están impactados ante esto. JULIO 2009 – 2 MESES DESPUÉS INT. CASA CIFUENTES – ESCRITORIO – NOCHE Dos meses después de ese momento, Patricio y Ricardo estaban distanciados porque Patricio no le habló durante ese tiempo. Sin embargo, él cita a su hijo menor, quien está de vacaciones tras haber terminado el primer semestre. Ricardo tiene miedo a lo que su padre le pueda decir. - Hijo, yo sé que estás confundido, pero tengo que hablar contigo – dice Patricio. - Papá, no estoy confundido, yo soy gay – dice Ricardo. – Siempre lo he sido y nada de lo que me digas lo cambiará. - Ricardo, este tipo de vida no es para ti. Tu estás confundido. Entiéndelo. - Pero, papá… - “Pero papá” nada. Escucha, yo se que anoche te eche de la casa y te quería fuera de aquí, pero estoy dispuesto a desistir de eso y dejar que sigas viniendo aquí, pero con una condición. - ¿Cuál, papá? - Que, para tu próxima visita, me traigas a una pareja MUJER y termines tu relación con el niño este, Andrés. - Pero, papá, yo… - Si no, no vuelves a poner un pie en esta casa nunca más. Ricardo no sabe qué hacer ante la situación en que lo pone su conservador padre. FIN DEL FLASHBACK - Y por eso hice pasar a la Amanda como mi polola y terminé mi relación con Andrés – dice Ricardo. – Pero el peor error que cometí fue haber comenzado una relación con la Amanda porque pensaba que ser gay solo me traía problemas. E intenté enamorarme de la Amanda, pero no, no había caso. Y de ahí supe que el Andrés tenía otra pareja y por el Facebook supe que contrajeron la unión civil. Estoy tan arrepentido de todo. Sobre todo, de lo que le dije al Daniel esta mañana. - Chuta, parece que te gusta. - No, si no es que me guste. O sea, todavía no sé. Es que… yo sé que estaba curado anoche, pero igual disfruté lo que hice anoche con Daniel. Pero… lo desprecié esta mañana, sí, pero es que… tengo miedo. Tengo miedo de hacerle el mismo daño que le hice al Andrés. - Ricardo, hiciste bien en terminar con Amanda. No te hacía bien estar en una relación así, pero no busques a Daniel todavía. Necesitas estar solo un tiempo, para pensar con la cabeza fría qué quieres, darte cuenta de con quién quieres estar. Obviamente no con la Amanda, pero… quizás conozcas a otro hombre y se enamoren, quién sabe. - No sé, Pablo, pero no quiero conocer a otro hombre. Y… ya, tenís razón, me gusta el Daniel. ¡Por la puta! No sé qué chucha hacer. Ricardo se cubre el rostro y comienza a llorar. Pablo abraza a su hermano para contenerlo. SEGUNDA PARTE A PUBLICARSE EL LUNES
  7. Aníbal!

    CAPÍTULO 6 | "Una noche especial"

    Gracias Gasparín. Qué bueno que te guste. La verdad es que el año pasado había estrenado, pero recién me estoy poniendo este año al día con todo esto, debido a compromisos que me mantuvieron ocupado el año pasado, pero recién este año estoy retomando todo. Saludos
  8. INT. CASA MONTES – DORMITORIO GABRIEL – NOCHE. Gabriel (Oliver Borner) está recostado en la cama, llorando. Cristina (Antonia Santa María) toca a su puerta. - Gabriel, mi amor, ábreme – dice Cristina. - Quiero estar solo, mamá – dice Gabriel, afligido. - Angelito, ábreme – Cristina golpea la puerta, insistiendo. - ¿Qué te cuesta entender, mamá? Quiero estar solo. - Mi niñito, ábreme, si no te voy a juzgar. Gabriel se levanta de la cama, secándose las lágrimas y le abre la puerta a su mamá. - Mi amor, si no es por retarte, pero debiste decirnos lo que te pasaba – dice Cristina. - ¿Para qué? ¿Para que me vuelvan a cambiar de colegio? – dice Gabriel. – No me quiero ir mamá, si recién empecé el colegio esta semana. - Pero ¿no crees que sería lo mejor, angelito? Mira el video que hicieron de ti y la foto. Te humillaron. - Sí eso es lo malo, mamá. Pero lo que más me da lata es que también están humillando al Felipe y todo por mi culpa. Gabriel se sienta en su cama y comienza a llorar. Cristina se acerca a él, sentándose al lado de él. - Si no es tu culpa que también le pasen estas cosas – dice Cristina, acariciándole el pelo a su hijo. – Él te defiende porque te quiere. - Pero no debería ser así – dice Gabriel. – Lo vengo recién conociendo. ¿Por qué me querría defender a mí? Si soy tan tímido y retraído. - Eso es porque eres especial, mi amor. Felipe te quiere porque te considera su amigo, por eso te defiende. Gabriel apoya su cabeza sobre el hombro de su madre, quien le acaricia su cabeza. - Mi amor, ¿por qué no te cambiamos de colegio? – dice Cristina. – Hay hartos colegios buenos en Temuco. La plata no es problema para esta familia. - No, mamá, ya te dije que no me quiero cambiar de colegio – dice Gabriel, levantándose. – No me quiero ir. - Pero ¿por qué no, hijo? Si te están haciendo pasar malos ratos. - Es que, mamá. Todavía no conozco bien a las compañeras ni al resto del curso. Sé que todos se rieron porque quedamos en pelota frente a todo el curso y le siguen el juego al Joaquín… pero hasta ahora el único que me ha hecho sentir cómodo y que puedo seguir adelante con el curso es el Felipe. Cristina ve como Gabriel habla bien de su amigo. - El Felipe es el único amigo que he tenido que no me ha traicionado y eso que llevo una semana de conocerlo – dice Gabriel. – Es el primero que se acercó a mí para ayudarme. Mamá, por fa, si me cambiai de colegio, no sé qué voy a hacer sin un amigo con él. Tendré que hacer otros amigos y tú sabís que a mí me cuesta. - Sí sé, mi amor – dice Cristina. – Bueno, no te voy a cambiar de colegio, pero con una condición. Bueno, dos condiciones. - ¿Cuáles, mamá? – pregunta Gabriel, curioso. - Una es que te vas a esforzar y estudiar a pesar de todo y me tengas buenas notas, porque eres muy buen alumno e inteligente. Y la otra es que el lunes te llevemos al colegio y hable con el director. ¿Te parece? - Me da miedo, mamá. ¿Y si me hacen algo por acusarlos? - Júrame eso y no te cambio de colegio. - Ya, mamá, lo juro – dice Gabriel, secándose las lágrimas. – Oye, pero también te pido una condición para eso. - Sí, mi amor. - Quiero invitar al Pipe a que se quede a alojar acá mañana. Es que quiero que lo conozcai más. Nunca invito a un amigo, además te cayó bien cuando se quedó a almorzar el otro día. - Sí, mi amor, lo que usted quiera – dice Cristina, hablándole bien infantil a su hijo. Gabriel abraza a su mamá, quien le soba la espalda. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – BAÑO MUJERES – NOCHE. Yadira (Angelique Boyer) está abrazada de su amiga Amanda (Josefina Fiebelkorn), quien la consuela tras su rompimiento. - Ya, amiga, no te pongai así. Si tarde o temprano tenía que pasar – dice Amanda. - Es que ¿cómo se le ocurre botarme así? – dice Yadira. – Encima victimizándose el muy… ¡culero! No se merece otra palabra. ¡Culero! - Eso, amiga. Si yo siempre te dije que Adrián era guapo, pero algo me olía mal. - Es que… estaba con él porque la pasábamos bien. Pero acordamos que nuestra relación sería abierta hasta que yo viera si me gustaba él de verdad. Pero él nunca lo quiso aceptar, siempre se ponía celoso si miraba a Gerardo. - Es que ya cachai como son los hombres – dice Amanda. – Se ponen muy posesivos o si no, salen a veces muy pasteles. - Ese no es tu caso, amiga. Tienes a tu galán de barba y ojos azules. - En este momento está con su amigo el gay. Lo está pescando más a él que a mí últimamente. - Hombres – Yadira se seca los ojos. – ¿Te parece si vamos a mi casa? Es que no quiero estar aquí. Le diré a Gerardo que me siento mal y quiero irme temprano. - Vamos, amiga. Espera, le voy a avisar al Ricardo. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – MESAS – AL MISMO TIEMPO. Ricardo (Matías Assler) y Daniel (Jorge Arecheta) siguen conversando entre ellos, pero están bastante ebrios. De pronto, a Ricardo le suena el celular y lo contesta. Con esto, ocurre un intercorte. - ¿Aló? – dice Ricardo. – ¿Amanda? - Pucha, mi amor – dice Amanda. – ¿Te parece si nos vamos con la Yadira? No se siente bien. - ¿Qué le pasó? – pregunta Ricardo. - ¡Estai curado! Sabís que me carga que te curís – dice Amanda, molesta. – Bueno, ya, filo. Es que a la Yadira la patearon y… me voy con ella a su casa, ella no está muy bien. - Bueno, mi amor, que le vaya bien – dice Ricardo. – Pásenla bien. - ¿Es todo lo que me vai a decir? ¿Ni siquiera te vai a venir a despedir de mí? - Es que estai muy lejos y hay mucho ruido aquí y mucha gente. Y no quiero dejar solo al Dani. - ¿Sabís que más? Haz lo que querai. Chao no más. - No po, Amanda, no me cortís – dice Ricardo, pero ya es tarde. Amanda le colgó. - ¿Qué pasó, amigo? ¿La minita le dio el filo? – pregunta Daniel. - Tú sabís po. Las minas y sus cambios de humor cuando andan con la regla. Ricardo ve a Amanda junto a Yadira. Ricardo le hace señas, pero Amanda acelera el paso junto a Yadira, ignorándolo. Ricardo se queda triste. Daniel mientras miraba el celular y se queda un poco triste con lo que vio. - Pucha – dice Daniel, bien triste. Pues el alcohol lo hace un poco más sensible. - ¿Qué pasó, perrito? – pregunta Ricardo. - Mi sobrinito, el Gabo. Lo está pasando mal en el colegio. Mira lo que le hicieron. Efectivamente, Daniel le muestra a Ricardo el video y la foto de Gabriel y Felipe al finalizar la clase de educación física. - Mi pobre Gabito – dice Daniel, llorando. – ¿Por qué a él, tan bueno, tan inocente? - Ya pos, perrín, no te pongai a llorar – dice Ricardo, abrazándolo. EXT. CASA MONTES – ENTRADA – NOCHE. Norma (Catalina Guerra), Bernardo (Bastián Bodenhöfer) y Eliana (Gloria Münchmeyer) salen de la casa, con Juan Ignacio y Cristina saliendo también para despedirlos. - ¿Segura que no necesitan nada con Gabrielito? – pregunta Norma. - No, mamá. Se quedó tranquilito. Yo cacho que ahí se va a quedar dormido – dice Cristina. - Yo te dije que no era buena idea que pasara tanto rato con Daniel – dice Norma. – Él me está desviando al niño. - Mamá, no empieces – dice Cristina. - Sí, pues Norma – dice Bernardo. – No mezclemos las cosas. Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen) pronto se acerca a Bernardo y ambos entran a la casa. Juan Ignacio les dice a las mujeres que van a ir a hablar de algo que pasó en la empresa. EXT. CASA MONTES – ENTRADA – NOCHE. Norma y Cristina siguen conversando, pero de pronto se percatan de la larga ausencia de sus respectivos esposos y de Eliana. - ¿Y a estos hombres qué les pasa? No creo que sea tan grave lo de la empresa para andarse demorando tanto – dice Norma. - ¿Y la Nana? – dice Cristina. – Si se le quedó la cartera en el living no más. Eliana sale de la casa, con la vitalidad que tiene a pesar de su avanzada edad y sus zapatos de taco. - Chiquillas, no me van a creer lo que están conversando estos maridos que tienen – dice Eliana. - ¿Los estaba espiando, Nana? – dice Cristina. - Suegra, es muy feo andarlos espiando – dice Norma, haciéndose la autoritaria con ella, pero no evita su curiosidad. – Díganos. Eliana les relata todo a su nieta y su nuera, quienes no pueden creerlo. INT. DEPTO RICARDO – LIVING/COMEDOR – NOCHE. Ricardo y Daniel entran al departamento. Ricardo ve el reloj que marca las 10:30 de la noche. Ambos se sientan, un poco tambaleándose por el mareo que les provocó el beber de más. - Es temprano – dice Ricardo. – Yo pensaba que era más tarde. - Sí po – dice Daniel. – ¿Qué hacemos ahora? - ¿Y si tomamos más chelas? Tengo unas en el refri. - No, no tomemos más. Me tomé cuatro allá y un vodka. - Yo también. Pero bueno. Gracias por venir a dejarme. - ¿Me estai echando? – pregunta Daniel, exageradamente molesto. – Weón, pasémoslo la raja aquí. - Es que puede llegar la Amanda. - Si no va a venir, si las minas son super orgullosas. Menos mal que soy gay, no somos tan orgullosos. Al menos yo no. - Sí po. Tú sí erís un amigo. Te quiero caleta, weón. - Yo también. ¿Y si vemos algo en el Netflix y hago unas papas fritas? Nos puede venir ese bajón post mareo. Daniel se para, un poco tambaleándose. Ricardo también se para, pero para detenerlo. - Hablo en serio weón, te quiero harto – dice Ricardo y se acerca al oído de Ricardo. – Te quiero en mi cama. - ¿Qué estai diciendo? Si estai con la Amanda – dice Daniel. - ¿Te digo algo, weón? Un secreto. Yo no la amo. - ¿Qué? – Daniel se impacta. - La mina es super posesiva y… además a mí me gusta otra persona… y ese erís tú. - ¿Qué? Daniel no puede creer lo que oye. - Sí… es que… te encuentro tan rico, weón – dice Ricardo. – Y además, erís tan lindo conmigo. Me tratai super bien y… lo mejor es que no abandonai a nadie ni en el peor momento. Daniel, a pesar de estar ebrio, no puede creer la confesión de Ricardo, quien no aguanta y lo besa en los labios. Daniel se impacta con el beso, pero en realidad le gusta. Se deja llevar por el momento. Ricardo y Daniel se besan apasionadamente. Pronto, Ricardo se quita la polera que llevaba puesta y le desabrocha la camisa que llevaba puesta Daniel y se la quita. Ambos quedan a torso descubierto y se siguen besando. Daniel toca el marcado pecho de Ricardo, quien le toca el rostro. EXT. CASA MONTES – ENTRADA – NOCHE. Norma y Cristina no pueden creer lo que Eliana les dijo. - ¿Qué? – se impacta Cristina. – ¿Juan Ignacio tuvo un hijo con esa mujer? - ¿Bernardo es el papá de esa chica Lourdes? – pregunta también impactada Norma. - Parece ser que sus mariditos no salieron tan perfectos – dice Eliana. - Esa mujer me va a escuchar – dice Cristina, furiosa. Norma intenta detenerla, pero al mismo tiempo ve que Mónica (Marlene Favela) y Milagros (Victoria Ruffo) salen de la casa para salir a caminar como ellas acordaron. Eliana corre hacia Cristina y Norma, quienes van a enfrentar a las mexicanas. Eliana intenta evitar que ambas armen un espectáculo, pero ya es tarde. Mónica y Milagros cierran la puerta tras ellas cuando se percatan de que Norma y Cristina se acercan a ellas. - ¡Así las queríamos ver, rompehogares! – dice Norma, enojada. - ¿De qué habla usted, señora? – pregunta Mónica. - No te hagas la víctima, empleaducha – dice Cristina, furiosa, dirigiéndose a Mónica. – ¿Tú crees que no sé lo que pretendes con mi marido? - Y tú, abogaducha – dice Norma, dirigiéndose furiosa a Milagros. – ¿Acaso crees que te vas a salir con la tuya? - ¿De qué estás hablando, Norma? – dice Milagros. - Déjense de hacerse las víctimas – dice Cristina, furiosa. – ¿O acaso me van a negar las mentiras que les dijeron a mi marido y a mi papá? - ¿De qué mentiras hablas, Cristina? – pregunta Mónica, sin entender nada. - ¿Que ese guacho que esperabas de tu supuesto pololito es de Juan Ignacio? – pregunta Cristina. Mónica no puede creer que Cristina ya se enteró. - ¿Y que esa hija que tienes es de mi marido? – pregunta Norma. Milagros también se impacta con esto. Eliana las mira preocupadas, pero pronto Bernardo y Juan Ignacio ven este espectáculo. - ¿Qué está pasando acá? – pregunta Bernardo. Cristina y Norma miran furiosas a sus respectivos maridos. Mónica y Milagros también los miran, solo que complicadas. Eliana se da cuenta de lo que provocó tras abrir la boca. Cristina, furiosa, se acerca a Juan Ignacio y le empieza a dar golpes contra el pecho. - ¡Desgraciado! ¡Mentiroso! – dice Cristina, furiosa, quien pronto deja de golpear. - ¿Qué te pasa, Cristina? – dice Juan Ignacio. - ¿Por qué nunca me dijiste que te metiste con esta mina? Juan Ignacio mira a Mónica, quien lo mira intentando hacerle entender que no tiene idea de cómo se enteró. - ¿Y tú, Bernardo? – dice Norma, furiosa. – ¿Cuándo me ibas a contar que la guacha con la que estás trabajando en la empresa es tu hija? Bernardo también hace lo mismo con Milagros, quien también le responde con la misma expresión que Mónica le respondió a Juan Ignacio. - ¿Estás contenta, ahora? – Cristina se dirige furiosa a Mónica – ¿Eso era lo que tanto querías que supiera mi marido? Bueno, ¡grítalo! ¡Grítalo a los cuatro vientos que tuviste un hijo de MI MARIDO! ¡Y tú, papá, dile a todo el mundo que tengo una hermana mexicana! ¡Lo que me faltaba! Bernardo intenta calmar a Cristina. - Espero que estén felices el par de sueltas – dice Norma, dirigiéndose furiosa a Mónica y Milagros – pero esto no se va a quedar así. Ustedes se van a quedar con nuestros maridos sobre nuestros cadáveres, pero esperen sentaditas porque eso no va a pasar. ¿Me escucharon? Norma se dirige furiosa al auto y Bernardo la sigue. Cristina también se dirige furiosa a su casa. Mónica intenta detenerla. - Cristina, escúchame, yo no quería que esto pasara – dice Mónica, reteniendo a Cristina. - ¡Suéltame, mosca muerta! – dice Cristina, intentando zafarse. - Yo no quiero a tu marido – dice Mónica. - ¡Suéltame! – dice Cristina, dándole una bofetada a Mónica. Mónica finalmente suelta a Cristina. - Yo no voy a descansar hasta que tú te vayas de este país – dice Cristina, furiosa. – Y si tengo que defender con mi vida mi matrimonio y mi hijo de una suelta como tú, lo voy a hacer. ¿Te queda claro? Cristina se va a su casa furiosa. Juan Ignacio la sigue, pero se detiene e intercambia algunas miradas con Mónica. Cuando se va, Mónica y Milagros se miran complicadas. Eliana en tanto mira la situación con algo de culpa, pero pronto entra al auto. INT. PENSIÓN – DORMITORIO YADIRA – NOCHE. Yadira y Amanda se encuentran ahí, tomándose unas pocas cervezas, acompañadas con unas pizzas. - ¿La dura que el Adrián resultó ser el lanza del restobar? – pregunta Amanda. – ¡Weona, me muero! - Sí, y el muy culero se victimizó porque lo presioné a decirle la verdad – dice Yadira, aún afligida. – Por eso me botó. - Si un hombre promedio resulta ser pastel, el Adrián resultó ser pastel y medio. - Lo peor de todo, amiga, es que me de dijo que por lo menos no me verá la cara. Amanda abraza a su amiga. - Oye, por lo menos vai a estar más disponible para Gerardo – dice Amanda, molestosa. – ¿O no? - Amanda, no es el momento – dice Yadira. – Además, tengo que decirte que el que un hombre prefiera estar con su amigo gay no es peor que lo que me pasó a mí. - Es que me sentí dejada de lado por el Ricardo. Pero ¿sabís que? Tenís razón. Es que es una tontera lo que te voy a decir, amiga, pero me da un poco de julepe que… - ¿Qué? – pregunta Yadira, al no entender la palabra “julepe”. – ¿Te da qué? - Perdón, amiga. “Julepe es miedo” – Amanda le aclara a Yadira, quien entiende. – Bueno, pa que me entendai, me da miedo que el Daniel quiera convertir al Ricky o se aproveche de él curado. - Amiga, eso no pasa. Recuerda que un gay no se hace, nace así. - No estoy tan segura, amiga. Pero tenís razón, ¿pa’ qué preocuparme por weás? Yadira le niega con la cabeza y ambas toman sus latas de cerveza y las chocan como haciendo un brindis. De pronto, a Amanda le llega un WhatsApp de Felipe, su hermano: “Hermana, mira lo que me pusieron en Instagram” Amanda lo ignora. - ¿Quién es? – dice Yadira. - El Felipe – dice Amanda. – Este cabro chico quiere puro llamar la atención. Pronto, le llega otro WhatsApp con la misma publicación que él le envió a Gabriel. Amanda, hastiada, la ve, pero pronto se sorprende al ver la humillante foto y video que subieron de Felipe y Gabriel. Amanda se ríe un poco y le muestra a Yadira, quien también al principio se sorprende, pero también se ríe. INT. DEPTO RICARDO – DORMITORIO – NOCHE. Ricardo y Daniel entran al dormitorio de golpe. Ambos se están quitando el resto de la ropa, quedando únicamente en bóxers. Ambos se siguen besando y se dejan caer en la cama. Ahí, se quitan sus bóxers, quedando completamente desnudos. Ambos se dejan caer sobre la cama. Con sus cuerpos pegados el uno al otro, se besan llegando a morderse los labios. Daniel besa a Ricardo en los labios y luego baja por todo su cuerpo, besándole el pecho, el abdomen y pronto llega hasta su zona íntima. Ricardo exhala un gemido, ante la evidente felación que le hace Daniel. - Qué rico – dice Ricardo. - ¿Te gusta? – dice Daniel. Ricardo asiente con la cabeza y Ricardo disfruta que Daniel le haga una felación. Luego, Ricardo queda sobre Daniel y baja por su cuerpo hasta hacerle una felación, con Daniel disfrutándolo entre gemidos. Pronto, Ricardo pone a Daniel boca abajo. Ricardo saca algo de su velador, resultando ser un preservativo. Luego de colocárselo, se acerca a Daniel por atrás, rozando sus cuerpos desnudos. Ricardo le besa el cuello y le muerde las orejas, mientras comienza a hacer unos movimientos pélvicos. Daniel, al sentir a Ricardo dentro de él, exhala un gemido. - ¿Te duele? – pregunta Ricardo, deteniéndose. - No… o sea, un poco, pero dale – dice Daniel. – Tu sabís que me encanta. Ricardo hace unos movimientos pélvicos haciendo que Daniel disfrute el momento. Daniel lanza unos gemidos, mientras Ricardo se sigue moviendo. - Eso. Gime, perra – dice Ricardo, excitado. – ¡Gime! Ricardo y Daniel disfrutan teniendo sexo el uno con el otro. En un momento, Ricardo deja de penetrar a Daniel y queda encima de él. Daniel se da vuelta. Ricardo toma el miembro de Daniel y lo empieza a masturbar. Daniel hace lo mismo y ambos comienzan a gemir, mientras se besan. Pronto, cuando ambos sienten que acaban, lanzan un gran gemido. Ricardo queda encima de Daniel, apoyando su cabeza sobre su pecho. Daniel y Ricardo intercambian miradas y solo se besan. INT. RESTOBAR – BARRAS – NOCHE. Pablo (Nicolás Oyarzún) se encuentra con Lourdes (Maite Perroni), tomando algunos tragos. Pronto, Gerardo (Alfonso Herrera) pasa cerca de ellos y se percata de la presencia de Lourdes. - Lourdes – dice Gerardo. – Hola. - Hola, Gerardo – lo saluda Lourdes. –¿Qué pasó? ¿Cómo estás con lo del robo? - No me hables de eso – dice Gerardo, evidentemente molesto. – Nunca pensé que alguien en quien confiaba tanto y conocía de chamaco me fuera a hacer eso. - ¿O sea que fue alguien de aquí? – dice Pablo. – Qué increíble. - ¿Y éste quién es? – dice Gerardo, curioso. - Ah. Gerardo, él es Pablo – dice Lourdes, presentándolo. – Él es uno de los jefes que tengo en la empresa. Gerardo y Pablo se saludan. - Y, Pablo, él es Gerardo, es mi mejor amigo desde que éramos chiquitos – dice Lourdes, presentándolo también. - Un gusto conocerte, Gerardo – dice Pablo. - El gusto es mío – dice Gerardo, evidentemente molesto y algo celoso, pero tratando de disimularlo. – Oye, Lourdes, ¿podemos hablar un momento? - Sí – dice Lourdes. – Pablo, ¿me esperas tantito? Pablo accede, mientras Gerardo se lleva a Lourdes cerca de los baños, un poco alejados del ruido. - ¿Qué pasa, Gerardo? – dice Lourdes. - ¿Qué onda tienes con ese güey? – pregunta Gerardo. - Nada, solo somos amigos. - Sabes que no me gusta que andes con el primero que veas. - Gerardo, ¿qué te pasa? Sabes perfectamente lo que siento por ti. - Es que, Lourdes, ¿cuándo vas a entender lo que yo siento por ti? Deja de pensar en ti misma. - A ver, Gerardo, he tenido muy mala suerte en el amor, pero Pablo me está demostrando lo equivocada que estaba, que no todos los hombres son iguales, pero no me sirve que me hagas esta escenita de celos. - ¿Celos? ¿Yo? ¡Qué va! – dice Gerardo, fingiendo. – Solo te estoy protegiendo. - No, solo estás protegiendo lo que sientes por mí, nada más – Lourdes se dispone a irse. – Y ahora, si me disculpas, mi cita me espera. Lourdes se va y Gerardo queda ahí solo con sus celos. INT. CASA MONTES – DORMITORIO PRINCIPAL – NOCHE. Cristina está sentada en su cama, mientras Juan Ignacio intenta explicarle todo. Cristina no lo mira, al estar molesta. - Mi amor, te juro que yo no sabía que Mónica esperaba un hijo mío – dice Juan Ignacio, intentando explicarle. - No quiero tus explicaciones – dice Cristina, enojada. – No me importa que el guacho de ella sea de Pedro, Juan o Diego. ¿Cómo no tuviste cara para decirme que te metiste con ella a mis espaldas? - Es que, Cristina… - “Es que Cristina” nada. ¿O me ibas a decir que no te veías a escondidas con esa mina y decir que no se juntaron en el Marriet para que ella te contara su secreto? Juan Ignacio queda sin palabras. - Ahora entiendo todo – dice Cristina. – Ahora entiendo lo raro que estabas al almuerzo el otro día. Esa mina te dijo eso, ¿verdad? - Cristina, era importante que lo supiera – dice Juan Ignacio. – Mónica no se podía quedar callada con esto. - ¡Mónica! ¡Mónica! ¡Mónica! ¿Y yo qué? ¡Soy tu esposa! ¡Hablas de esa mina como si fuera tu esposa! ¡Como si yo no te importara! Cristina dice esto último gritando, cuando de golpe Gabriel (Oliver Borner) abre la puerta, quien se encuentra vestido con un pijama corto. - ¡Ya paren de pelear! – dice Gabriel, gritando y sorprendiendo a sus padres. – ¡Tengo suficientes problemas en el colegio para que más encima mis papás se pongan a pelear! Gabriel se quiebra en llanto. - ¿Cómo quieren que siga adelante con este año de mierda si las dos personas a las que más quiero en el mundo se ponen a pelear? ¿Acaso se quieren divorciar? ¿Ya no me quieren? – pregunta Gabriel, afligido. Gabriel corre llorando hasta su dormitorio. - ¡Gabriel! ¡Mi amor! – dice Cristina, intentando seguirlo. - Yo voy a hablar con él – dice Juan Ignacio, deteniéndola. - ¡No! ¡Todo es por tu culpa! – dice Cristina, furiosa. – Si no estuvieras con tus arrebatos de marido infiel, nada de esto habría pasado. Cristina se dispone a seguir a Gabriel, pero pronto se vuelve a dirigir. - Ah, y no vas a dormir aquí. Tú vas a dormir en el sofá del living o el sofá cama de la oficina, donde sea – dice Cristina, furiosa. – Pero tú, esta noche, no duermes acá, ¿te queda claro? Cristina deja el dormitorio para seguir a su hijo. Juan Ignacio se sienta en la cama, exhalando un suspiro de culpa. INT. CASA OSORIO – DORMITORIO PRINCIPAL – NOCHE - Es que no puedo creer que no me hayas dicho nada – dice Norma, furiosa, dándose vueltas por el dormitorio. - Yo no sabía nada, Norma. Recién me enteré – dice Bernardo, sentado a los pies de la cama. - “Recién me enteré”. Yo no nací ayer, Bernardo. Sé perfectamente que fue hace dos meses cuando lo supiste. - ¿Y cómo te enteraste, a ver? ¿Me estabas espiando? - Da lo mismo cómo me enteré. Lo que no puedo creer es que le escondas estos secretos a tu mujer y a tu hija. ¿Te das cuenta? ¡Una hija mexicana! ¿Qué va a pensar la gente? - ¿Y desde cuándo te importa lo que piense la gente? Mientras, afuera del dormitorio, Eliana escucha toda esta discusión. - Me importa porque hay un honor que defender – dice Norma. – ¿Qué pensaría la gente si se entera que uno de los altos ejecutivos de la empresa lechera más importante de la región contrató a su hija ilegítima? Van a pensar que lo hiciste por lástima. - Cuando la contraté, yo no sabía nada – dice Bernardo, insistiendo. – Entiéndelo de una vez. - No, ¡claro! – dice Norma, incrédula. – Sigues creyendo que nací ayer. Eliana pronto se aleja, al no aguantar esta discusión por la culpa. - Bernardo, sé que está eso de hacerse responsable, pero no lo hagas a mis espaldas y mucho menos con esa gente – dice Norma. – Sabes lo que pienso de los inmigrantes. - Sí. Sé lo que piensas de los inmigrantes, de las feministas, de los homosexuales… de tu propio hijo homosexual, al que odias – dice Bernardo. - ¡No odio a Daniel! No estoy de acuerdo con su forma de vida, que es distinto. ¡Y no mezcles las cosas! Bernardo, resignado, no sabe qué más responderle a Norma. - Y ahora, en castigo, no vas a dormir acá. Vas a dormir solo en la pieza de alojados. Y agradece que no tomo medidas más drásticas – dice Norma. INT. CASA OSORIO – PASILLO SEGUNDO PISO – NOCHE. Bernardo sale de su dormitorio y se dirige a paso veloz hacia la pieza de alojados. Eliana que estaba ahí parada y preocupada, divisa a su hijo. - Hijo, necesito que sepas algo – dice Eliana, con culpa. - ¡Ahora no, mamá! – dice Bernardo, ignorándola. - Pero, hijo… Eliana se siente culpable, ya que piensa que en la misma noche destruyó a dos matrimonios. - Dios mío, ¿por qué tengo la boca tan grande? – dice Eliana, rezando. INT. DEPTO RICARDO – DORMITORIO – NOCHE. Daniel continúa en la cama de Ricardo. Ambos siguen desnudos, pero cubiertos con algunas frazadas. Ricardo quedó completamente dormido, ya que evidentemente él estaba algo más ebrio que Daniel, quien está más sobrio que él. Ricardo está a - Ay, Daniel, ¿en qué te metiste? – dice Daniel, con un poco de culpa, pero a la vez con un poco de satisfacción. Daniel se voltea a ver a Ricardo, quien duerme profundamente. - Ricardo – dice Daniel, acariciando sus ondulados cabellos. – Dime que esto que pasó no fue un sueño. Daniel pronto se voltea boca arriba. - ¿Pero qué estoy haciendo? – dice Daniel, con culpa. – Él es hetero, tiene polola. Daniel pronto, sigue pensando. - Pero es raro – dice Daniel. – ¿Por qué me dijo esto? ¿Por qué me dijo que yo le gustaba? ¿Y por qué le correspondí? ¿Por qué, si es tan hetero? Daniel mira a Ricardo. - Pero no lo voy a negar, eris tan rico, tan sensible, tan bondadoso – dice Daniel. – Me gustai ene. No entiendo cómo un hombre como tú está con una mujer como esa, que te deja solo. ¡Ay, es tan complicado! Daniel se acuesta boca arriba, pero pronto Ricardo se mueve y apoya su cabeza sobre el pecho de Daniel y lo rodea con su brazo. Daniel aún no puede creer lo que está pasando. Daniel pronto corresponde el abrazo. INT. CASA MONTES – DORMITORIO GABRIEL – NOCHE. Gabriel está tirado sobre su cama, llorando por la discusión de sus padres. Cristina intenta consolarlo. - Angelito, ¿qué escuchaste de la conversación? – dice Cristina, preocupada, acariciando la cabeza de su hijo. - No escuché nada, mamá, pero ustedes se estaban gritando. Se escuchaba hasta acá – dice Gabriel, quien luego se levanta. – Mamá, ¿estaban discutiendo por mi culpa? ¿Se van a separar? - No, mi amor – dice Cristina, abrazando a su hijo. – Son temas de grandes que surgen, pero no nos vamos a separar. - Mamá, dime la verdad. ¿Ya no amai al papá o él ya no te ama? - Angelito, no diga esas cosas. Si su papá y yo nos queremos. Si son discusiones que se resuelven cuando existe amor. - Ojalá que sea así, porque no quiero que se divorcien, no en este momento – dice Gabriel. Cristina abraza a su hijo, quien está muy afligido. En tanto, Juan Ignacio entra a la pieza. - ¿Cómo está? – pregunta Juan Ignacio. - ¿Cómo crees que está? – dice Cristina, seria. Gabriel se da cuenta de la presencia de su padre. Se aparta de su madre y va a abrazar a Juan Ignacio. - Papá, no quiero que se separen – dice Gabriel, abrazando a su padre y quebrándose en llanto. Juan Ignacio consuela a su hijo e intercambia miradas con Cristina, quien lo mira furiosa. INT. CASA PABLO – LIVING – NOCHE Pablo y Lourdes entran a la casa de éste. Pablo está evidentemente ebrio, mientras que Lourdes, aunque también ebria, está un poco más sobria que Pablo. - ¿A Gerardo no le importa que yo haya dejado el auto en el estacionamiento del restobar? – pregunta Pablo. - No, no le importa – dice Lourdes. – Ojalá mi mamá esté durmiendo porque no quiero que me encuentre así cuando llegue. - Adivina qué. No vas a dormir allá. Puedes dormir en el dormitorio que era mío. - ¿Esta era la casa de tus papás antes de que murieran? - Sí – dice Pablo, poniéndose a llorar, muy sensible evidentemente por causa del alcohol. – ¿Por qué se tenían que morir? - Tranquilo, Pablo. El destino a veces nos hace malas jugadas. Pablo abraza a Lourdes, pero pronto se aparta y se seca las lágrimas. - Lourdes, te tengo que consefar… foncesar – dice Pablo, tratando de decir la palabra “confesar”, pero la lengua se le enreda por efectos del alcohol. - “Confesar” – dice Lourdes, riéndose. - Ya, pero no te riai – dice Pablo. – Te tengo que confesar algo. Tú me gustas… y muuuuuuucho. Lourdes se sonroja. - Eres la mujer más linda que he conocido – dice Pablo. Pablo la besa en los labios. Lourdes se aparta de él y le da una bofetada. Pablo la mira desconcertado. Lourdes solo lo mira, pero pronto es ella quien le da el beso. - Lo siento, Pablo – dice Lourdes, apartándose. – Es que… también me gustas, pero no sabía cómo decírtelo. Y no quería apresurar las cosas. - Está bien, pero no me vuelvas a pegar así – dice Pablo. Pablo y Lourdes se van al dormitorio de éste y se dejan caer sobre la cama. INT. CASA FERNÁNDEZ – DORMITORIO MÓNICA – NOCHE Mónica está sola en su dormitorio. Intenta digerir el asunto que acaba de suceder con Cristina y Norma. De pronto se le vienen recuerdos de aquel día hace más de 17 años cuando se anunció su embarazo. FLASHBACK – 17 AÑOS ATRÁS INT. CONSULTA MÉDICA – OFICINA GINECÓLOGO – DÍA. Una Mónica más joven está sentada frente a frente con el doctor. - Doctor, ¿qué tal salieron mis exámenes? ¿Es lo que pensaba? ¿Confirma lo que la prueba de embarazo reveló? – pregunta Mónica, inquieta. - Tranquila, Mónica – dice el doctor. – Yo sé lo nerviosa que estás, déjame revisar bien. El doctor revisa los exámenes. - Efectivamente, Mónica – dice el doctor. – Los niveles de hormona GCH en tu sangre lo confirman. Felicitaciones, mujer, estás embarazada. Mónica se impacta ante la noticia. INT. CASA OSORIO – PASILLO – DÍA Mónica comienza a trabajar en el aseo de la casa, barriendo el piso, cuando de pronto se le acerca un Bernardo más joven y con más cabello. - ¿Todo bien, Mónica? – dice Bernardo. - Sí, todo bien, señor – dice Mónica. - Recuerda que no puedes hacer tanto esfuerzo, mujer. Debes cuidar la nueva vida que está creciendo dentro de ti. De pronto, se aparece por la puerta de entrada Juan Ignacio, también más joven, impactado ante la noticia. Mónica se voltea y lo ve, un tanto impactada por la forma en que Juan Ignacio se enteró. FIN FLASHBACKS A Mónica se le deslizan lágrimas en los ojos. Mira por la ventana y ve la casa de Juan Ignacio. Toca el colgante de su cuello y suspira. Sus sentimientos son más fuertes que su orgullo, dándose cuenta cada vez más lo enamorada que sigue de Juan Ignacio. Se le viene a la mente el recuerdo de cuando le reveló a Juan Ignacio que él es el padre del hijo que ella tanto busca.
  9. Aníbal!

    CAPÍTULO 5 | "Humillado"

    INT. COLEGIO – CAMARINES/DUCHAS – TARDE. Los que quedan en las duchas son Gabriel (Oliver Borner) y Felipe (Francisco Godoy). Mientras tanto, Joaquín (Nahuel Cantillano) y sus compañeros, quienes ya se bañaron y se encuentran ya vestidos, se acercan a tomar las cosas de sus compañeros. Uno sale del sector de las duchas y toma dos toallas, que son aquellas con las que Gabriel y Felipe se secarían sus cuerpos. Una de las duchas deja de correr. Ocurre un silencio y Gabriel asoma su cabeza para hablarle a Felipe. - Oye, Pipe – dice Gabriel. – ¿No tomaste tú mi toalla? Felipe justo corta el agua de su ducha. - ¿Qué pasó, Gabo? ¿Qué dijiste? – pregunta Felipe. - Que si acaso tú tomaste mi toalla – dice Gabriel. - No, si yo tengo la mía justo a… Felipe se da cuenta de que tampoco tiene su toalla. - ¿Dónde está mi toalla? – dice Felipe. - No sé, la mía tampoco está. Felipe y Gabriel salen de la ducha, completamente desnudos y mojados. De pronto, se dan cuenta de que ahí están Joaquín y sus amigos, con sus cosas. - Oye, Riveros, no es nada chistoso – dice Felipe, tapándose sus zonas íntimas con ambas manos. - Devuélvannos nuestras cosas – protesta Gabriel, también tapándose sus zonas íntimas. - Vengan por ellas – dice Joaquín. Los amigos de Joaquín tienen sus celulares enfocándolos. Uno toma una foto y el otro graba y todos huyen. Gabriel y Felipe se disponen a ir por ellos, pero dan hasta la entrada de los camarines, donde Joaquín y sus amigos tienen abiertas las puertas, con todos los compañeros viendo, incluyendo las compañeras mujeres, de las cuales algunas están horrorizadas, pero otras disfrutan la vista, riéndose. - Andaban haciendo cochinadas el parcito – dice Joaquín. - ¡Son pololos! O mejor dicho, “pololes” – dice uno de los amigos. – ¿No es que les gusta a ustedes el lenguaje inclusivo? Gabriel y Felipe, completamente desnudos y mojados se sienten avergonzados. De pronto, llega el profesor de educación física. - A ver, ¿qué está pasando acá? – dice el profesor de educación física. Todos se quedan en silencio. - Montes, Cabrera, ¿qué es este espectáculo? ¿Por qué no se han vestido? – pregunta el profesor. – ¿Y por qué están así aquí afuera y frente a todo el curso? - El Montes y el Cabrera son pololos, profe, y estaban haciendo cochinadas en las duchas – dice Joaquín, tratando de sonar convincente. – Si hasta se oían gemidos. - Mentira, profe. El Riveros nos escondió la ropa – dice Felipe. - Es cierto, profe – dice Gabriel, quien sin querer expone sus zonas íntimas al mismo tiempo que Felipe y se las tapan rápidamente ante la exclamación de las compañeras mujeres. - Suficiente. Riveros, devuélvales la ropa a sus compañeros – dice el profesor. - Ya, ya. Si era una bromita. - Una bromita harto del siglo pasado – dice el profesor. Joaquín y sus compañeros le devuelven sus cosas a Gabriel y Felipe. - Ahora todos váyanse a sus casas, que ya sonó el timbre – dice el profesor. – No hay nada que ver. - En todo caso, vimos bastante – dice Joaquín, riéndose y haciendo un gesto con la mano, indicando el tamaño de los genitales de los afectados. Gabriel y Joaquín toman sus toallas y se cubren sus cinturas con ellas, mientras sus compañeros se van. INT. “ARAUCALAT” – PASILLO – TARDE. Ya son las 6 de la tarde, hora en que todos se disponen a irse a sus casas. Lourdes (Maite Perroni) sale de su oficina y se dispone a irse. De pronto, se topa con Pablo (Nicolás Oyarzún). - Hola, Lourdes – dice Pablo. - Hola – dice Lourdes. - Tiene que haber una mejor forma de encontrarnos, porque andarnos topando no es bueno. ¿O será que me acosas a propósito? - No, no… ¿cómo crees? Yo… - dice Lourdes, un poco nerviosa. - Tranquila, tontita, si es broma – dice Pablo, riéndose. Lourdes se molesta un poco, pero se sonríe pronto. - Oye, ¿te acordai que te dije que habíamos quedado de salir hoy a comer a alguna parte? – pregunta Pablo. - Sí, me acuerdo – dice Lourdes. - Era en el restobar de “Amor a la marinera”, ¿cierto? - “A la Mexicana” – corrige Lourdes. - ¡Esa misma! Oye, ¿no te parece mejor si hago una reserva en este lugar super exclusivo que conozco? Yo pago eso sí, no te preocupes. - No, no hay problema, pero ¿podemos pasar después al restobar? Es que también quería pasar a ver a mi amigo, que es el gerente del lugar. Supe que hoy le robaron quiero saber cómo está. - ¡Qué lata! No, si no hay problema. Te paso a buscar a las 9, ¿cierto? - Sí, buena idea. - Nos vemos. Lourdes y Pablo se sonríen y se apartan. Bernardo (Bastián Bodenhöfer) se acerca al joven. - Acuérdate lo que te dije, Pablo – dice Bernardo. – No te aproveches de la niña, ¿ah? - ¿Qué cosas dice, don Bernardo? – dice Pablo. – ¿Por qué le importa tanto? - Mira que a las mujeres hay que tratarlas con respeto, sobre todo a esa niña que es mi… - dice Bernardo, llamando la atención de Eduardo (Fernando Colunga), quien pasaba por ahí. – la mejor empleada que he tenido en marketing y no me gustaría saber que alguien le rompió el corazón, sobre todo tú, que eres tan galán. No creas que no conozco a los de tu tipo, ¿ah? - ¿Cómo se le ocurre, don Bernardo? Solo la voy a sacar a comer no más. Usted anda un poco raro. - No, perdona, cabro, es que… ya sabes, te lo digo por experiencia. Pero pásenla bien, ¿ah? - Sí, no se preocupe. Pablo se dispone a irse a su casa. Posteriormente, Eduardo se acerca a Bernardo. - Bernardo, dime una cosa – dice Eduardo. – ¿Me parece a mí o estás sobreprotegiendo mucho a Lourdes? - ¿Sobreprotegiéndola? ¿Estás loco, hombre? Solo cuido a mi mejor empleada de marketing – dice Bernardo. - Pero hablas como si tuvieses una conexión con ella. - ¿Yo? ¿Conexión? ¿De qué estás hablando? Te volviste loco. - Mira, Bernardo, yo conozco a Lourdes desde que era pequeñita y no me gustaría que nadie le hiciera daño, pero tampoco la trates como si fuera de tu propiedad. - ¿De mi propiedad? – dice Bernardo, un poco alterado. – Mira, me aburrí de esta conversación. Yo no tengo por qué decirte nada a ti. - ¿Por qué te comportas así, Bernardo? Yo solo te estaba dando un consejo. - Ya, perdona. Es que… tuve un día muy ajetreado y… quiero puro irme a la cama. - Bueno, todos tuvimos una semana pesada. Necesitamos descansar, es cierto. - Ya, me voy. Nos vemos el lunes. Eduardo corresponde a la despedida, pero pronto mira con sospecha a Bernardo, tanto por protegerla de esa manera como por su actitud evasiva. EXT. DEPTO RICARDO – PASILLO – NOCHE Unas horas después, Ricardo (Matías Assler) viene llegando del gimnasio, cuando de sorpresa llega su novia Amanda (Josefina Fiebelkorn). - ¡Hola! – dice Amanda, saltando atrás de Ricardo, quien se sobresalta. - Ay, mi amor, que me asustaste – dice Ricardo, saludando con un beso a Amanda. - Ay, no te pongai sensible. Oye, ¿y de donde venías? - Del gimnasio, iba a poner mi ropa a lavar y de ahí alimentarme. - ¿Y si vamos mejor al restobar mexicano para pasarlo bomba? Y ahí aprovechai de comer algo. - Es que no sé, la verdad. Igual estoy cansado y… - Siempre que quiero salir contigo, andai con la excusa de que estai cansado. Ya poh, ¿hace cuánto que no salimos? Puro que vai a mi casa o yo vengo a la tuya. Ya poh, porfis. Ricardo mira con pocas ganas de salir a Amanda, quien le hace un puchero. - Bueno, ya – dice Ricardo, rendido – pero yo pago eso sí. - Obvio po, tontito – dice Amanda. De pronto, sale de su departamento Daniel (Jorge Arecheta). - Ahí viene el Dani – dice Ricardo. – ¡Dani! Daniel atiende al llamado de Ricardo. - Ricardo, ¡hola! – dice Daniel, saludando - Mira, esta es la manda – dice Ricardo. - Hola – dice Amanda, saludando a Daniel. - Hola – dice Daniel, correspondiendo cortésmente al saludo. – Así que tu erís la famosa Amanda. Por fin te conozco. - Si, perdona que no haya venido el otro día, pero ya sabís, la pega y todo eso. - No, tranquila – dice Daniel. - ¿Y en qué andabai? – pregunta Ricardo - Nada, que había llegado del gimnasio y quería salir a comprar algo para comer – dice Daniel. - ¿Y si venís con nosotros? También vamos a comer algo – dice Ricardo. - Oye, pero pensé que íbamos a salir solo los dos. - Pero si el Dani también puede venir, si es re piola. - Ricky, íbamos a ir los dos solos. No me podís hacer esto. Quería un panorama para los dos solitos – dice Amanda. - Amanda, igual me lo debís. No tenía ganas de salir y me obligaste – dice Ricardo. - Bueno, ya. Pucha que erís pesao – dice Amanda. - Ya, yo voy a buscar algunas cosas y vamos – dice Daniel, entrando. Daniel entra a su departamento, mientras Amanda, un poco infantil, se amurra por esta situación. INT. CASA FERNÁNDEZ – COMEDOR/PASILLO PRIMER PISO – NOCHE. Milagros (Victoria Ruffo) se encuentra poniendo la mesa para cenar. Pone solo dos lugares, puesto que Lourdes pronto saldrá a cenar con Pablo. - ¿De verdad no te importa que no me quede a cenar contigo, má? – pregunta Lourdes. - No, no. Sale tranquila, hija. Solo no llegues muy tarde – dice Milagros. - Má, ya no soy una niña. Pero si te preocupa tanto, solo iremos a comer y le dije que quería ver a Gerardo en el restobar, porque le robaron de nuevo. - Sí, sí supe. Hoy hablé con Eduardo. Pobre Gerardo, todo su esfuerzo. De pronto, tocan el timbre. - Debe ser él, mamá – dice Lourdes, un poco nerviosa. – ¿Cómo me veo? - Te ves muy elegante, hija – dice Milagros. – Aunque demasiado diría yo. - Es que vamos a salir a un lugar elegante. Lourdes se acerca a la puerta, toma un respiro y la abre. - Hola – dice Lourdes, sonriendo. – Llegaste. - Hola – dice Pablo, quien está vestido de manera semi formal. - Pero ¿por qué no estás vestido elegante? - Es que este lugar no es tan elegante. - Ay, de haberlo sabido no me hubiese arreglado tanto. - No, tranquila. Te ves muy hermosa. - Gracias – dice Lourdes sonrojándose. Milagros se acerca y cortésmente se acerca para saludar a Pablo. - ¡Hola! Tú debes ser Pablo – dice Milagros, estrechando su mano. - Hola. Y usted debe ser la mamá de Lourdes – dice Pablo, saludándola. - Sí. Milagros para servirle – dice Milagros. – Mi hija me habla maravillas de usted. Si hasta le brillan los ojos cada vez que… Lourdes le pone una cara a Milagros, como diciéndome “ay, mamá, no me avergüences”. Milagros pronto entiende el mensaje, sonriendo. - Bueno, yo debo aún esperar a Mónica, que se fue de compras – dice Milagros. – Estaremos las dos solas cenando. - Bueno. Provecho – dice Pablo, educadamente. – ¿Vamos, Lourdes? - Vamos – dice Lourdes. - Adiós. Pásenla lindo – dice Milagros. Ambos se van y Milagros se dispone a irse a la cocina. De pronto, tocan el timbre. - Ay, ¿qué se le olvidó a esta niña? – dice Milagros. – Apuesto a que olvidó sus llaves, si estaba muy nerviosa. Milagros abre la puerta. - Lourdes, te he dicho que… - dice Milagros, quien pronto se interrumpe cuando ve que quien tocó el timbre es Eduardo. - Hola, Milagros. ¿Podemos hablar? – dice Eduardo. - Sí. Pasa, Eduardo. Eduardo pasa. - ¿Quieres quedarte a cenar? Es que estoy esperando a tu hermana que… - dice Milagros. - No, gracias, Milagros. Yo ya comí con Gerardo – dice Eduardo. – Yo venía a preguntarte algo. - ¿Qué cosa? – pregunta Milagros, curiosa. - Quiero saber qué le dijiste a Bernardo. - ¿Yo? ¿Por qué? - Hoy al salir del trabajo, se comportó un poco sobreprotector con Lourdes, cuando Pablo la invitó a salir. Y eso también pasó hace algunos días. Además, en los últimos dos meses lo he visto queriendo acercarse a ella más de lo normal, como una relación que va más allá de lo laboral. - ¿Y por qué se comportó así? - Eso es lo que quisiera saber, pero tengo mis sospechas. ¿Acaso… le dijiste a Bernardo que… Lourdes es hija suya? - Eduardo – dice Milagros. – ¿Por qué te importa tanto? - Respóndeme, Milagros. ¿Se lo dijiste o no? - Sí, Eduardo. Eduardo se pasa las manos por la cara, como impactado por esto. - Milagros, ¿cómo se te ocurre haberle dicho? – dice Eduardo, un poco molesto. – Si ni siquiera sabes si es de verdad el padre. - Estoy segura, Bernardo. Además, ya es un poco tarde, se lo dije hace dos meses – dice Milagros. - ¿Y por qué lo hiciste? - A ver, Eduardo, ¿por qué te molesta tanto? - Porque no quiero que él les haga daño a ustedes. - ¿Daño? ¿Y por qué habría de hacernos daño? - Porque ya sabes como es su esposa. - No le tengo miedo, Eduardo. - Deberías. Además… me importa mucho lo que les pase a ti y a ella. Sobre todo a ti, Milagros. Y lo sabes perfectamente - Eduardo… Eduardo mira fijamente a Milagros. De pronto, ella se queda paralizada con su mirada. Eduardo pronto siente el impulso de besarla en los labios. Milagros se queda impactada con esto, pero pronto se deja llevar por el momento. - ¡Eduardo! – dice Milagros, apartándolo. – Sabes que… yo no puedo. - ¿Y por qué no? – dice Eduardo. – Milagros, sabes que yo te amo. Nunca dejé de amarte. - Eduardo, sabes que no es así. Tú y Elisandro eran muy amigos y eso sería traicionar su memoria. - Elisandro está muerto, Milagros. Yo sé que él habría querido que tú y yo fuéramos felices juntos. ¿Hasta cuándo vas a estar con ese pensamiento tan anticuado? - Eduardo, por favor. - ¿O será que todavía sientes cosas por Bernardo? - Eduardo, eso no es así. Esto es un error. - Tienes razón, esto es un error – dice Eduardo. – No debí haber venido. - Eduardo… Eduardo se dispone a irse, pero pronto se abre la puerta, resultando ser Mónica (Marlene Favela) con algunas bolsas ecológicas de supermercado. - ¡Hermano! – dice Mónica, intentando saludarlo. – ¿Vienes a quedarte a cenar? Porque… - No, lo siento, no me puedo quedar – dice Eduardo, evadiéndola. Eduardo se va rápidamente de la casa. - ¿Y a él qué le pasa? – pregunta Mónica. Milagros no dice nada, solo irradia tristeza en su mirada. INT. CASA MONTES – COMEDOR – NOCHE La familia Montes Osorio se encuentra cenando junto a Bernardo, Norma y Bernardo. Conversan entre ellos cuando se dan cuenta de que Gabriel está muy callado y ha comido solo la mitad de su plato, mientras que todos han terminado y además apoya su cabeza contra su mano empuñada, como si estuviera bajoneado. - ¿Qué le pasa, mi amor? – pregunta Norma. – No ha tocado la mitad de su plato. - No tengo hambre, abuela – dice Gabriel, un poco triste. - Usted tiene que comer, mijito, mire que está harto flaco – dice Eliana. - ¿Por qué, mi amor? – dice Cristina. – ¿Te pasó algo en el colegio? - No, nada – dice Gabriel. - Gabito, díganos lo que pasa – dice Bernardo. – Somos su familia. - Si ya les dije que nada, tata – dice Gabriel, un poco atosigado por las preguntas de su familia. - ¿Te pasó algo en el colegio? – pregunta Cristina, insistente. – No me digas que te están haciendo bullying de nuevo, porque sería lo último que faltara. - No, mamá, yo… - dice Gabriel. Sin embargo, se interrumpe porque le suena el teléfono. Es una notificación de un mensaje de WhatsApp. Gabriel saca su teléfono. - Gabriel, no se usa teléfono en la mesa – dice Juan Ignacio, autoritario. - Espérate, papá, que parece que es importante – dice Gabriel. - Gabriel Ignacio, escucha a tu papá – dice Cristina. – Está prohibido usar el teléfono durante la cena. Nada es más importante que compartir con la familia. Apágalo por favor. Gabriel ignora a sus padres porque los mensajes de WhatsApp que le llegan son de su amigo Felipe y parecen de urgencia. - “Amigo, mira esto, es importante” – dice el mensaje de Felipe, añadiendo el Emoji de la cara asustada. El siguiente mensaje es un enlace a una cuenta de Instagram dedicada a copuchas del colegio. Gabriel lo abre y se da cuenta de que subieron una foto de él y Felipe completamente desnudos y mojados, uno al lado del otro en las duchas del gimnasio del colegio, cubriéndose sus partes íntimas. La leyenda de la foto de Instagram se lee diciendo: “Pillados In Fraganti. Gabriel Montes y Felipe Cabrera del Tercero A pillados en pleno acto sexual durante la clase de Educación Física.” Gabriel empalidece más cuando revisa la siguiente imagen de una galería dentro de la misma publicación. Es un video de cuando llegaron a las afueras de los camarines, pero el video no tiene sonido porque está hecho con “boomerang”. En ese momento, Gabriel y Felipe descubrieron sus partes íntimas sin querer, las que están censuradas con dos Emojis: un mono cubriéndose la boca y una cara asustada. - Gabriel, ¿qué pasa? – dice Juan Ignacio. – Te ves muy pálido. - ¿Qué estás viendo? – pregunta Cristina. - No, nada – dice Gabriel, intentando esconder el teléfono. - A ver, déjame ver – dice Norma, que está sentada al lado de él. - No, abuela, no – dice Gabriel, intentando evitarlo, pero pronto Eliana se lo logra quitar. - A ver, niñito, no estarás viendo cochinadas – dice Eliana, viendo el teléfono, pero pronto se asombra. - ¿Qué pasa, Nana? – dice Cristina. Cristina toma el teléfono y se sorprende al verlo. - Gabriel Ignacio, ¿qué significa esto? – dice Cristina. Gabriel no sabe qué decir. Está muy nervioso y pálido y solo traga saliva. EXT. PLAZA DE ARMAS – NOCHE Joaquín se encuentra esperando a alguien, muy misterioso. De pronto, una figura se le acerca y él se sonríe. - ¿Y? ¿Hiciste lo que te pedí? – dice Joaquín. La persona le pasa un celular y revisa la cuenta de Instagram. - Wena – dice Joaquín, sonriéndose. – Vamos a ver si al Montes le van a dar ganas de irse del colegio. Joaquín le pasa a la persona el celular. - Escucha – dice Joaquín. – Tú tenís que seguir haciendo lo tuyo, pero tenís que hacerla piola eso sí. El Montes no se tiene que enterar que le estamos haciendo esto. Todo se enfoca hacia la persona, quien resulta ser Felipe Cabrera. - ¿Entendiste, Cabrera? – dice Joaquin. - Tranquilo – dice Felipe. – El Gabriel no se va a enterar que fui yo el que subió el video. INT. RESTAURANTE “MADONNA” – ZONA NO FUMADORES – NOCHE Pablo (Nicolás Oyarzún) y Lourdes (Maite Perroni) llegan al restaurante que él le decía, un “Madonna”, especializado en comida italiana. Pablo se pone detrás de la silla para sentar a Lourdes, quien agradece su caballerosidad. Pablo se sienta y pronto el mozo se acerca para tomar los pedidos, dándoles la carta. Luego, ambos hacen sus pedidos y el mozo los toma, luego de lo cual toma las cartas y se va, - No sabía que te gustaba la comida italiana – dice Pablo. - Me encanta, es mi favorita – dice Lourdes. - A mí también – dice Pablo. – Por eso me encanta venir aquí. - ¿Y vienes solo? - Sí. Bueno, la última vez que vine acompañado fue con mi expareja. Y bueno, no salió como esperaba. - ¿Por qué? ¿Salió todo mal? - No todo. Es que… bueno, ella terminó conmigo. - ¿Y por qué? - Descubrí que ella solo estaba conmigo por puro interés. - ¡Changos! Qué mala pata. Odio a las personas interesadas. - ¿Y tú? ¿Cómo te ha ido en tus relaciones? - Bueno, la verdad es que… no he tenido suerte en el amor. En mi última relación, un chavo resultó ser gay y solo me usó para aparentar ser hetero. - ¿Te usó como pantalla? Yo no tengo nada contra los gays, pero me carga cuando hacen eso. Tienen que ser libres y no usar a una mujer para esconder lo que son. - Yo también pienso lo mismo. No me gusta que nos utilicen para esconderse. Pablo mira a Lourdes con interés. - ¿Y no le has dado una última oportunidad al amor? – pregunta Pablo. – ¿Algún amigo en el que estés interesada? - No – dice Lourdes. – Bueno, está mi amigo el del restobar. Está enamorado de mí, pero yo solo quiero que seamos amigos. Es que… ahora mismo, solo me interesa un hombre. - Ah, ¿sí? ¿Y quién? – dice Pablo, muy interesado y algo coqueto. - Ay, ¿por qué preguntas? – dice Lourdes, avergonzada. - Me interesa saber si no hay alguien más, si acaso tengo una competencia – dice Pablo, coqueto. Lourdes se avergüenza. - Hablando en serio, Lourdes – dice Pablo. – Me pareces muy guapa. Y me alegra que hayas aceptado mi invitación a comer. - Y a mí también me pareces muy guapo, Pablo – dice Lourdes. – No entiendo cómo una persona como tú está tan sola. Pablo y Lourdes se sonríen el uno al otro, cuando pronto el mozo llega con los jugos y les avisa que sus platos estarán listos en breve. Lourdes mira bien sonriente a Pablo, quien le corresponde sus miradas. INT. CASA MONTES – COMEDOR – NOCHE - Ya pues, contéstame, Gabriel – dice Cristina (Antonia Santa María). – ¿Qué significa esto? - Me siento mal, me duele la guata. Permiso – dice Gabriel (Oliver Borner), con el fin de levantarse para evadir la conversación. - No, caballerito, usted no se mueve de aquí hasta que nos diga qué significa esto – dice Norma (Catalina Guerraa, autoritaria, sentando de nuevo a su nieto. - O sea, ¿es verdad, hijo? – dice Juan Ignacio (Juan Ignacio). - Gabrielito, ¿eres gay? – pregunta Bernardo (Bastián Bodenhöfer). - O sea, ¿es verdad que tú y este niñito estuvieron…? ¿Cómo dicen hoy en día? ¿Estaban…? – pregunta Eliana (Gloria Münchmeyer), haciendo gestos con las manos. - Mamá, pues, no diga esas cosas – dice Bernardo, llamándole la atención a su madre. - Gabriel, ¿eres gay o no? – dice Cristina. - No… bueno, no sé – dice Gabriel. - No. Te prohíbo terminantemente que lo seas. No quiero otro desviado en esta familia – dice Norma, autoritaria. - Norma, ya basta – dice Bernardo. - Angelito, si eres gay, no nos vamos a enojar. Pero eres muy niño para andar en esas cosas – dice Cristina. - No, mamá, no es cierto eso – dice Gabriel, complicado. – Además, ya no soy un niño. - Entonces, ¿por qué ese niño y tú estaban piluchos? – pregunta Bernardo. Gabriel no quiere hablar del tema, ya que le complica hablar del bullying que recibe en el colegio, pero pronto se digna. - ¡Ya, está bien! Se los digo – dice Gabriel, alzando un poco la voz, pero pronto se tranquiliza. – Lo que pasa es que… está este niño, Joaquín Riveros. Y… bueno, nos hizo una broma con el Pipe. Nos estábamos bañando después de Educación Física y… nos escondió la ropa y nos grabaron en pelota. Pero les juro que no es verdad lo que dice ahí – dice Gabriel. - ¿Cómo? Entonces, ¿no es verdad? – pregunta Eliana. - No poh, Nana – dice Gabriel. – Es que como el Pipe me defiende del Joaquín y sus amigos, nos andan molestando con que somos pololos. - Gabriel, ¿por qué no nos contaste nada? – pregunta Juan Ignacio. - Es que, papá… yo… - comienza a decir Gabriel. - Esto es serio, Gabriel. No te quedes callado con esto – dice Cristina, molesta. - Pucha, ¿por qué nadie me entiende? – dice Gabriel, quebrándose en llanto. Gabriel se levanta de la mesa y se va rápidamente a su habitación. Cristina se lleva ambas manos a la frente y lanza un fuerte suspiro. - Increíble – dice Cristina. – No entiendo qué tiene ese niñito. - Hija, no tiene la culpa – dice Bernardo. – A lo mejor no habló por miedo. - Me refiero al que le hace bullying, papá – dice Cristina. – Pobrecito mi angelito. Cristina se levanta de la mesa para seguir a su hijo, mientras deja a su familia discutiendo el asunto. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – MESAS – NOCHE. Daniel (Jorge Arecheta) se encuentra junto a Ricardo (Matías Assler) y Amanda (Josefina Fiebelkorn), se encuentran tomando unos tragos mientras hablan de recuerdos. Amanda se nota un poco aburrida porque Ricardo y Daniel hablan entre ellos. - ¿Y te acordai ese día en la gira de estudios cuando al Andrés Zavala lo pillaron vomitado? – dice Ricardo. – Puta que me dio asco la wea, weón. - Es que quien lo manda a tomar tanto, po – dice Daniel. – Y más encima cerveza con Vodka. Al pobre se lo tuvieron que llevar en ambulancia porque no paró de vomitar. - ¡Ay, qué asco! – dice Amanda. – ¿Por qué hablan de estas cosas si recién comimos? - Relájate, Amanda, si la estamos pasando bien – dice Ricardo. - Yo me acuerdo ese día antes de la licenciatura del cuarto medio, cuando el mismo Zavala se puso a llorar cuando la Margarita Núñez dio el discurso – dice Daniel. – Ese weón resultó ser gay. Siempre lo supe. - Sí, igual caché eso. Parece que te tenía ganas – dice Ricardo. - Es que entre perras nos olemos – dice Daniel, bromeando con un tono algo amanerado. - Oigan, si van a hablar de cosas así entre ustedes, yo mejor me voy – dice Amanda. - No po, Amanda, no te pongai así – dice Ricardo. - Es que se la han pasado hablando entre ustedes y tú a mí no me hai pescado po, Ricky – dice Amanda. - No, mi amor, no te pongai así – dice Ricardo, besando a su polola. Los tres siguen ahí sentados, cuando están saliendo de la gerencia Gerardo (Alfonso Herrera) y Adrián (Aarón Díaz). - Es que, Gerardo, déjame que te explique, güey – dice Adrián. - ¡No puedo creer que hayas traicionado mi confianza! – dice Gerardo, alzando la voz y enojado. - Te juro que te devuelvo todo el lunes, cuando venga a trabajar. - ¿Trabajar? No vendrás el lunes a trabajar porque estás despedido. - ¿Qué? ¿Y de qué voy a vivir? ¿Cómo te lo voy a devolver todito? - Eso lo debiste pensar antes de robarme. Así que haz lo que sea, no me importa, pero no pones ni un pie en este restobar. ¡Y ya no te quiero ver más! Gerardo se va furioso a su oficina. Adrián lo mira con tristeza, mientras Yadira (Angelique Boyer) se acerca a él. - Mi amor, ¿qué pasó? – dice Yadira. - Tú no me hables, todo es por tu culpa – dice Adrián, enojado. - Pero ¿por qué, mi changuito? - ¿Y me preguntas por qué? Le dije todo a Gerardo y me despidió. Si no me hubieras obligado a hablar, nada de esto habría pasado. Le hubiese devuelto el dinero, pero no. Tenías que amenazarme para que hablara, ¿no? - Changuito, lo hice por tu bien. No andabas en buenos pasos. Por favor, no te descargues conmigo. - Hasta aquí terminó todo – dice Adrián, furioso. – Y qué bueno que me despidió, para no verte la cara. Y por mí le puedes echar los perros al Gerardo este, pero ya no me importa. ¡Adiós! - ¡Changuito, no! – dice Yadira, quebrándose. Adrián se va del restobar y Yadira tira al suelo la bandeja y corre al baño a llorar. INT. CASA FERNÁNDEZ – COMEDOR – NOCHE. Milagros y Mónica terminaron de comer. Ahora están bebiendo un pequeño café. - ¿Y qué tal se lo tomó? – pregunta Milagros, refiriéndose al tema de Mónica. - Se alteró al principio porque le mentí – dice Mónica. – Pero luego se calmó y… bueno, se puso muy meloso después. - Se nota que ese hombre no ha dejado de sentir cosas por ti, mi niña. ¿Y qué más le dijiste? - La verdad, Milagros. Que yo no recuerdo cómo tuve a mi hijo y no sé cómo lo perdí. Pero se ofreció a ayudarme también. - Debes tener cuidado con él. Aunque se ve que es un buen hombre, no te recomiendo involucrarte de nuevo con él. Te lo digo por experiencia. Detrás de un hombre casado, siempre está su celosa mujer. - Lo sé, pero estoy preparada para eso. No le tengo miedo a Cristina. A quien le temo más es a su mamá. - Norma. Esa mujer es tan posesiva. - Y no me has dicho qué pasó con Eduardo. ¿Qué te hizo mi hermano? - Me besó. Mónica se sorprende. - Y no sé la verdad – dice Milagros. – No sé qué siento por él. Por una parte, Bernardo es casado y no he dejado de pensar en él desde que nos reencontramos en el restobar. Pero por otra, Eduardo es muy gentil, se preocupa mucho por mí y Lourdes, pero… no quiero arruinar nuestra amistad. - Mi hermano te quiere de verdad, Milagros. No debes desaprovechar eso – dice Mónica. - Sí, es solo que… él y yo… no sé, no me veo junto a él. No nos imagino juntos. No porque no me guste, sino porque… bueno, tiene sus propios problemas. Ya sabes. Minerva, su exesposa y su otro hijo que se quedó con ella. - Es verdad. ¿Cómo estará Luis Fernandito? La última vez que lo vi fue antes de venirme. Milagros y Mónica se quedan en silencio. - ¿Te parece si salimos a caminar un poco? – dice Milagros. – Ambas hemos tenido momentos difíciles y nos haría bien. - Sí. Yo retiro todo esto y lavo los trastos – dice Mónica. Mónica y Milagros se levantan de la mesa. Milagros ayuda a Mónica a retirar todo. INT. CASA MONTES – ESCRITORIO – NOCHE. Juan Ignacio entra al escritorio con Bernardo. - ¿Qué pasa, yerno? – pregunta Bernardo. – ¿Alguna mala cara en la empresa? ¿O les metiste la chiva para hablar del Gabo? Si ya vamos a solucionar ese asunto. - No, si no es por el Gabo – dice Juan Ignacio. – Es que hay algo que me tiene achacado y usted como hombre me puede asesorar. - Dime, hombre – dice Bernardo. – Con confianza. Juan Ignacio se percata de que las mujeres no están oyendo la conversación y están afuera. Confiado en que no están oyendo, sigue conversando con su suegro. - Es que… ¿se acuerda que con Mónica tuvimos algo? – dice Juan Ignacio. - Cuidado con lo que me vas a decir, mira que la Cristina se puede enojar – dice Bernardo. - Es que eso no es todo, Bernardo – dice Juan Ignacio. – ¿Se acuerda que Mónica quedó embarazada de este supuesto pololo que tenía? - Sí, me acuerdo, cabro – dice Bernardo, atento. Eliana había entrado a la casa para buscar su cartera. Al encontrarla en el living, la va a buscar, pero se percata de que Juan Ignacio y Bernardo están conversando algo delicado. Sin poder evitar su curiosidad, se acerca a la puerta del escritorio que quedó mal cerrada y se pone a oír. - Resulta que Mónica me citó el otro día al “Marriet” del centro – relata Juan Ignacio. – Me dijo que era mentira que estaba embarazada del chico este. - ¿Y por qué te mentiría, cabro? – pregunta curioso Bernardo. - Por mi compromiso con la Cristi. Y eso no es todo. También era mentira lo del pololo. Ella se lo inventó, quizás para ocultar lo mío con ella. Eliana oye atentamente lo que Juan Ignacio le revela a su suegro. - Pero la cosa es que me dijo que… el hijo que estaba esperando en ese entonces… es mío – dice Juan Ignacio. Bernardo se impacta con esto, al mismo tiempo que Eliana. - Cabro, te mandaste una embarradita con domingo siete – dice Bernardo. - Lo sé, suegro. Si la Cristina se entera no me va a perdonar nunca – dice Juan Ignacio. - Bien hiciste en acudir a mí, el que tiene una experiencia similar. - ¿Por qué? ¿Qué pasó? – pregunta Juan Ignacio, curioso. Eliana se iba a ir, pero al oír lo de Bernardo, se queda oyendo. - Es que – comienza a relatar Bernardo – me pasó algo similar en la empresa. Hace dos meses, Milagros me fue a ver. - ¿Milagros? ¿Esa mujer con la que usted estuvo hace tiempo, de la que me habló? – pregunta Juan Ignacio. - No me lo recuerdes, cabro. Si te lo conté fue porque te pillé con la Mónica hace tiempo, pero me quedé callado para no hacerle daño a la Cristi. Pero bueno. Eliana sigue oyendo, negando con la cabeza. - La cosa es que – sigue relatando Bernardo – Milagros se acercó a la empresa y me dijo que su hija Lourdes, esta niña mexicana que trabaja en marketing, podría ser mi hija. Eliana impactada se lleva ambas manos a la boca.
  10. Aníbal!

    CAPÍTULO 4 | "Te confieso"

    DOS MESES DESPUÉS… INT. CASA MONTES – COMEDOR – DÍA. Ya es marzo. Es el primer día de clases para Gabriel (Oliver Borner) en su nuevo colegio. Lo mismo para Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen) en el trabajo, quien estuvo con licencia durante una semana después de su accidente y luego se fue de vacaciones con su familia. La familia Montes Osorio se encuentra tomando desayuno. - ¿Cómo estás para tu primer día, Gabo? – dice Juan Ignacio. – ¿Nervioso? - Sí, un poco – dice Gabriel. – No sé cómo va a ser todo. Nuevos compañeros, nuevos profes. - Nuevos amigos – dice Cristina (Antonia Santa María), continuando lo dicho por su hijo. – Acuérdate que siempre va a haber nuevos amigos que hacer. - Sí, pero no sé si sea tan así – dice Gabriel, un poco triste. – Acuérdate de lo que pasó en el otro colegio. - Pero eso pasó porque los profesores y el director no hicieron nada para evitarlo – dice Cristina. – Ya, termina tu desayuno y te vas al colegio, que queda cerca. Pero lávate los dientes antes. Gabriel termina su desayuno y se levanta de la mesa y deja el comedor. - ¿Y tú? ¿Cómo estás para volver al trabajo? – pregunta Cristina. - Bien. Siento que fue como una eternidad sin trabajar – dice Juan Ignacio. - Mi amor, no deberías trabajar tanto. También tienes familia. - Sí, pero ya sabes como soy. No me conformo con hacer poco. Me gusta darles lo mejor para ti y el Gabo. - Pero pareciera que el trabajo para ti fuera más importante que tu familia. Cristina se acerca bien coqueta a Juan Ignacio y juega un poco con su corbata. - ¿Y hace cuánto no me tocas? – pregunta Cristina, coqueta y dándole un beso. - ¡Cuidado, que puede llegar el Gabo! – dice Juan Ignacio. Cristina se aparta, un poco hastiada por la actitud fría de su marido. Juan Ignacio sorbe de su café mientras la mira. INT. CASA FERNÁNDEZ – PASILLO PRIMER PISO – DÍA. Mónica se acerca a Milagros y Lourdes, dispuestas a irse a su trabajo. - ¿Estás lista para tu primer día, Mónica? – pregunta Milagros. - Sí – responde Mónica. – Gracias por ayudarme a obtener este trabajo, Milagros. - No fue nada, querida – dice Milagros. – Además, fue también porque te esmeraste en aprenderte las leyes aquí en Chile. - Sí, además de haber tenido que hacer lo necesario para revalidar mi título de abogada – Mónica luego se dirige a Lourdes – ¿Y tú, Lourdes? ¿Nerviosa por la presentación de tu plan de marketing para la empresa? - Sí, un poco – dice Lourdes. – ¡Dios! No sé si les vaya a gustar. - Les va a encantar, hija – dice Milagros. – Incluso vas a impresionar a… ya sabes quién. - ¡Ay, má! – protesta Lourdes, ante la molestia que causa su madre. – Bueno, pondré en marcha el auto, miren que no quiero llegar tarde. Las espero. Lourdes deja la casa, dejando a Milagros y Mónica solas. - ¿Y? ¿Ya hablaste con Juan Ignacio? – pregunta Milagros. Mónica se queda en silencio. - No, Milagros – dice Mónica. – La última vez que lo intenté, su esposa me sorprendió y me corrió de la clínica. Además, cuando estaba dispuesta a hablar con él después, apareció su suegra a amenazarme. - No le tengas miedo a Norma. Ella no puede hacer nada al respecto – dice Milagros. – Mi niña, no es bueno guardarse las cosas. Yo me atreví a decirle a Bernardo que Lourdes podría ser su hija y… créeme que logré quitarme un peso de encima. - Somos muy distintas, Milagros. Para ti será más fácil, pero para mí no. Además, cada vez que lo intento, me meto en algún problema. Es mejor dejar de intentarlo, por ahora. - Está bien, Mónica – dice Milagros, resignándose. – Bueno, debemos irnos, Lourdes nos espera. Mónica y Milagros dejan el hogar. INT. COLEGIO BAUTISTA – ENTRADA – DÍA Gabriel entra al colegio y mira un poco inseguro a los alrededores de su nuevo colegio. Él no tiene idea de a dónde ir. El colegio es muy grande, casi como el campus de una universidad. Busca la sala del tercero medio, pero en medio de eso, choca con algunos alumnos. - ¡Ten cuidado, weón! – dice uno de los adolescentes. - Pe… perdón – dice Gabriel, un poco tímido. – Es que… estoy buscando la sala… del tercero medio A. - Cachen, compañero nuevo – dice uno de los alumnos. - Mira, compadre – dice otro de los alumnos, con una expresión matonesca. – Aquí en el curso hacemos un buen ritual con los nuevos como tú. ¿Erís capaz de hacerlo? - ¿Ri… ritual? – pregunta Gabriel, inseguro y un poco nervioso. - Sí, po. Y el que no lo hace, la pasa mal el resto del año. ¿Cómo la llevai? - Di… disculpen – dice Gabriel, tratando de irse. - ¿Pa’ donde vai? Si no hemos terminado de hablar – dice el líder del grupo, Joaquín Riveros (Nahuel Cantillano), deteniéndolo. - De… de verdad que me tengo que ir – dice Gabriel, tímido y nervioso, tratando de irse. - Oye, weón, cuando yo digo que hay que hablar, es porque hay que hablar – dice Joaquín, empujándolo. – Y el que me desobedece a mí, Joaquín Riveros, el más bacán del tercero A, la pasa mal. - ¿Qué… qué me van a hacer? – dice Gabriel, rodeado por el grupo de matones del colegio. Joaquín y su grupo agarran a Gabriel y lo llevan directo al baño. INT. COLEGIO BAUTISTA – BAÑO VARONES – DÍA. Gabriel es agarrado por el grupo de matones por ambos brazos y lo empujan contra el lavamanos. - A ver si causai buena impresión llegando tarde a clases – dice Joaquín. Joaquín y sus compañeros corren entre risas y dejan a Gabriel encerrado en el baño. - ¡Ábranme la puerta, por fa! – grita Gabriel, golpeando la puerta. - ¡Ya po, ábranme! Gabriel se desespera y grita más fuerte. - ¡Ábranme! – grita Gabriel, desesperado. El timbre del colegio toca, avisando que ya todos los alumnos deben estar en sus respectivas salas de clase. Gabriel, resignado a su situación, se desliza contra la puerta y llora desesperado al saber que llegará tarde a clases. De pronto, siente que alguien abre la puerta. Gabriel se levanta y se seca las lágrimas. - ¿Estai bien? – pregunta el compañero que abre la puerta. Se trata de un muchacho de la misma edad de Gabriel, de cabellos castaños claros y piel canela, Felipe Cabrera (Francisco Godoy). - Caché que algo pasaba en el baño y… – comienza a decir Felipe, pero se interrumpe cuando Gabriel le da un abrazo. - Gracias, amigo – dice Gabriel, entre lágrimas y agradecido, abrazando a su compañero. - Ya, tranquilito – dice Felipe, correspondiendo al abrazo de Gabriel. Ambos se apartan. - ¿En qué curso vai? – dice Felipe. - Tercero medio A – dice Gabriel, secándose las lágrimas. - Yo también – responde Felipe, sonriendo. – Yo te llevo a la sala. Felipe y Gabriel se van a la sala de clases que les corresponde. INT. COLEGIO BAUTISTA – SALA TERCERO MEDIO A – DÍA. Los alumnos ya están sentados y la profesora ya llegó a su escritorio. Estaba dispuesta a cerrar la puerta cuando en eso entran Felipe y Gabriel. - Buenas tardes – les dice la profesora, firme. – Cuando la profesora entra, ya no se puede entrar. - Disculpe, es que… - dice Felipe. - Ya, no se preocupen – dice pronto, relajada. – Es el primer día. Ya, siéntense. Felipe se va a sentar a su puesto, pero pronto le hace una señal a Gabriel para que se siente al lado de él. Gabriel se sonríe. - Veo que aquí hay caras nuevas – dice la profesora. – Bueno, para los que no me conocen, mi nombre es Francisca Lincoñir, y voy a ser su profesora jefe y les impartiré la asignatura de Lenguaje. - ¿Serán de lenguaje español o mapudungún? – dice Joaquín, sentado al fondo. Su comentario hace que varios en el curso se rían. - ¡Silencio! Señor Riveros, se ganó una anotación negativa en su primer día – dice la profesora Francisca y hace como si lo fuera a anotar. - ¡No, profe! Si era broma – dice Joaquín. - Bueno – dice la profesora Francisca. – No voy a anotar a nadie, pero no acepto burlas de su parte, señor Riveros, ni mucho menos con respecto a mi apellido. Joaquín exhala un suspiro de alivio. - Bueno, como es el primer día de clases, vamos a hacer una dinámica – dice Francisca. – Vamos a hacer que los alumnos nuevos se presenten. ¡Usted! La profesora dice esto último, señalando a Gabriel, quien pronto se siente nervioso. En el curso todos vociferan un “Uuuh”, en torno de burla. - Póngase de pie y preséntese con el curso – dice la profesora. - Ya poh, car’e poto, preséntate – dice Joaquín, molestoso. Todos en el curso se ríen, mientras la profesora los hace callar. Gabriel se siente nervioso, pero Felipe lo alienta a levantarse. Gabriel pronto accede. - Díganos su nombre, de donde viene y por qué se cambió de colegio – dice la profesora. - Bueno… - comienza Gabriel, tímido. – Yo soy Gabriel Montes, soy de acá de Temuco y… yo venía del colegio Alemán, pero me cambié porque… bueno… sufrí bullying – Gabriel dice esto último tímidamente. - ¿Perdón, qué dijo? – dice Joaquín, molestoso. La profesora se impacta ante esto. - Gracias, señor Montes, tome asiento – dice Francisca. – Oigan alumnos, el señor Montes no lo pasó bien en el colegio anterior, así que será mejor que lo hagamos sentir lo más cómodo posible, entendido. - Obvio po, si lo vamos a tratar como rey – dice Joaquín. Gabriel mira a su acosador, quien le intercambia una mirada maliciosa de “ya vas a ver”. Gabriel se queda asustado, pero Felipe lo calma. INT. “ARAUCALAT” – I/E SALA DE CONFERENCIAS – DÍA. Lourdes termina su presentación de su plan de marketing. A todos les gustó y al irse todos, se acerca a ella Pablo (Nicolás Oyarzún). - Hola – dice Pablo, saludándola. - Hola – dice Lourdes, correspondiendo con una sonrisa. - Oye, muy buena tu presentación. Está muy bueno tu plan de marketing. Con esto nos va a ir muy bien con la promoción. - Gracias – dice Lourdes. Se genera un incómodo silencio. - Oye – dice Pablo, aclarándose la garganta. – Estaba pensando si… - ¿Qué cosa? – pregunta Lourdes con curiosidad. - Pensaba si… a lo mejor… este viernes podríamos salir a comer a… alguna parte. - ¿A dónde? - No sé, a algún lugar que tú conozcas. - ¿Conoces este lugar? ¿“Amor a la Mexicana”? Este restobar mexicano-chileno. - Ah, sí. Nunca he ido, pero me han dicho que es super bueno. - Ahí hay comida muy rica y también tragos muy buenos. Aunque si no bebes hay también jugos muy ricos. - Ah sí. Bueno, la verdad es que… pensaba algo más… como un restaurante, pero… ya que lo mencionas. La verdad, no me gustan mucho los restobares, pero… sería buena idea… cambiar ambiente. - ¿Te parece? - Si… Dime donde vives y a qué hora puedo pasar por ti el viernes. - ¿Te parece a las 9 de la noche? - Sí, me parece – dice Pablo. Ambos aceptan. - Bueno, me tengo que ir porque… hay que trabajar – dice Pablo. - Sí, trabajar – dice Lourdes. Ambos se despiden. Pablo deja la sala de conferencias y hace un gesto de “bien hecho”. En eso lo ve Bernardo y se acerca hacia él. - Pablo, no sabía que te gustaban las mexicanas – dice Bernardo. - ¿Gustarme a mí, Lourdes? – dice Pablo. – No. ¿De dónde sacó eso? - Se te nota en la cara, muchacho. Te advierto que tengas mucho cuidado porque esa niñita vale oro. - ¿Por qué le habría de hacer daño yo? - No sé, pero te lo digo por experiencia. Uno nunca sabe con muchachitas como esa. - ¿Y por qué me lo dice, don Bernardo? - Solo te estoy diciendo. Ten cuidado. Pablo se extraña ante la actitud de Bernardo, quien lo mira como vigilándolo. Lourdes sale de la sala de conferencias y Bernardo se acerca a ella. - Hola, Lourdes – saluda Bernardo. - Hola, don Bernardo – corresponde Lourdes. - Me dijeron que estuvo buena tu conferencia – dice Bernardo. – Disculpa por no haberte ido a escuchar, pero tenía mis obligaciones. - No se preocupe, don Bernardo. - Pero no me equivoqué al contratarte. Tienes harto potencial. Con eso vamos a llegar muy lejos y nuestros productos se van a vender muy bien. - Gracias, don Bernardo. - Oye, ¿te gustaría que te invite a almorzar esta tarde? Digo, por si acaso no tienes planes. - Es que me iba a reunir con mamá… pero si quiere lo dejamos para otro día. ¿Por qué? ¿Tiene algo que decirme? - No, no, nada. Es que… me interesa conocer más a mis mejores empleados. Ya sabes, como son fuera de la empresa y todo eso. - Ah… bien – dice Lourdes. - Pero ¿te parece bien mañana? ¿Podría ser? - Sí, mañana. Ambos siguen conversando un poco cuando se asoma Eduardo, mirándolos con sospecha. EXT. COLEGIO PUMAHUE – PASILLO DE ENTRADA – TARDE. Ya es la hora de almuerzo y, como es costumbre, los alumnos salen el primer día a las 13:00. Gabriel se dispone a irse a su casa para almorzar con sus padres cuando de pronto Joaquín Riveros y su grupo de amigos se acercan a él. - ¿Así que te hicieron bullying en el otro colegio? – dice Joaquín. – ¿Y por qué te cambiaste, Montes? Gabriel intenta ignorarlos. - ¿Pensaste que aquí te iría mejor? – pregunta Joaquín. – Pero háblame, ¿o te comieron la lengua los ratones? Gabriel sigue intentando ignorar a su agresor e intenta caminar, pero se interpone en su camino. - Oye, déjame pasar, por fa – dice Gabriel. - Contéstame cuando te hablo – dice Joaquín desafiante. – Mira, Montes. Bien de buena familia podís ser, pero a mí me cargan los que se hacen los santitos que nunca pelean y todo. ¿Sabiai que los tímidos resultan ser psicópatas? - No sé de que estai hablando. - Tú sabís po. A veces los más callados salen super psicópatas. Pero acuérdate de lo que digo. No vai a salir entero este año, ¿me escuchaste? Gabriel lo empuja e intenta irse, pero Joaquín lo retiene del brazo. - ¿A ver? Encima de todo, chorito – dice Joaquín. – Mira, santito. Aquí los choritos me los como con limón, ¿escuchaste? Joaquín agarra del cuello de la camisa a Gabriel con la intención de pegarle. Gabriel no responde más que con miedo, pero pronto aparece Felipe para defenderlo. - ¡Oye, Riveros, ya para! – dice Felipe. – Déjalo. Él no te hizo nada. - Pero si yo no le hice nada, si solo quería conversar con él, ¿o no, Montes? – pregunta Gabriel. - Yo sé perfectamente que no es así – dice Felipe. – No entiendo por qué le agarraste el gusto de molestarlo. - ¡Uyyy! – dice Joaquín. – El Cabrera y el Montes son pololos. Sus amigos también vociferan para molestarlos, incluso cantando la canción “Son pololos” de 31 Minutos. Gabriel está avergonzado, pero Felipe ya no aguanta más a los agresores. - Me aburriste, Joaquín – dice Felipe, con la intención de pegarle. - A ver, ¿qué? ¿Me vai a pegar? – dice Joaquín. - Sí po, ¿no te acordai que te saqué sangre de narices? - Porque me pillaste desprevenido, pero ahora voy a tener mi revancha. De pronto, interviene un anciano. Se trata del rector del colegio, don Anselmo Maturana (Julio Jung). - ¡A ver! ¿Qué está pasando acá? – dice don Anselmo. - ¡Nada, don Anselmo! Este que me quiere pegar y nosotros no le hicimos nada – dice Joaquín, haciéndose la víctima. - Yo sé perfectamente que no es así, señor Riveros – dice el rector. – Agradezca que su padre abogó por usted para que no lo echaran, pero no ande molestando a los alumnos, ¿le queda claro? Joaquín mira con rabia a Gabriel y Felipe, pero pronto cede a retirarse con sus amigos. - Y usted, señor Cabrera – dice el rector, firme, pero luego calmado. – No responda a la violencia con más violencia, pues. Yo sé perfectamente que usted es un alumno bien portado. - Disculpe, don Anselmo, no volverá a pasar – dice Felipe. - Pero bien que usted defienda a su compañero, mijito. Mírenlo, si se ve tan tierno, tan calladito que es – dice el rector, tomando a Gabriel de la cabeza y dándole unos coscorrones de cariño. – Ya, váyanse a sus casas no más. Los libero. Don Anselmo dice esto alzando los brazos y se va. Felipe y Gabriel se van juntos, sonriéndose. INT. “ARAUCALAT” – OFICINA JUAN IGNACIO – TARDE. Juan Ignacio guarda algunas cosas y se alista para irse a almorzar a su casa con su familia. De pronto, recibe una llamada en su celular de un número desconocido. - ¿Aló? – responde Juan Ignacio. – ¿Mónica? INT. “MÉNDEZ/COLLAO ASOCIADOS” – OFICINA MÓNICA – AL MISMO TIEMPO Efectivamente es Mónica quien lo llama. Durante esta escena ocurre un INTERCORTE. - Sí, Juan Ignacio, soy yo – dice Mónica. Juan Ignacio se sonríe. - ¿Y cómo conseguiste mi número? – pregunta Juan Ignacio, curioso, mientras mira por la ventana de su oficina. - Tengo mis métodos para saberlo – dice Mónica, un poco maliciosa. – Pero te estaba llamando para preguntarte si estabas disponible para ahora. - Es que me iba a mi casa para almorzar con mi familia, pero… bueno, estoy disponible. ¿Qué pasó? - Necesito hablar algo urgente contigo – dice Mónica. - ¿Nos podemos ver? - Sí. ¿Te parece si nos vemos en la cafetería “Marriet”? Te digo donde es. - Sí – dice Mónica, luego se pone atenta al teléfono. – Sí, ya sé dónde. Voy para allá. Mónica cuelga el teléfono y sale de la oficina. CORTE DIRECTO A… INT. CAFETERÍA “MARRIET” – TARDE. Mónica se encuentra sentada, esperando a que Juan Ignacio se presente. Juan Ignacio llega y se sienta. - Mónica – dice Juan Ignacio. Juan Ignacio se acerca a saludarla, pero pronto desiste. - Dime, Mónica – dice Juan Ignacio, sentándose. – ¿De qué querías hablarme? - Mira, no te quiero quitar mucho tiempo – dice Mónica. – Pero… la verdad es que ya no quiero callar más esto. - ¿Qué cosa? ¿De qué me estás hablando? – pregunta Juan Ignacio, curioso. - Esa noche en que te atropellaron… me dijiste algo que me dolió mucho, pero… eso no importa. Lo que ocurre es que… yo te mentí. - ¿Sobre qué? ¿De qué me mentiste? Mónica está dispuesta a decirle. Duda un poco, pero se arma de valor. - Esa vez cuando supiste que estaba embarazada – comienza a relatar. Pronto Mónica se queda callada. - ¿Qué pasa? – dice Juan Ignacio. – Dime. - Yo… te mentí en todo. Te mentí cuando te dije que tenía novio. Juan Ignacio empieza a impactarse ante la noticia, empezando a entenderlo todo. - Y que ese novio era el padre de mi hijo – continúa Mónica. – Juan Ignacio… el hijo que yo estaba esperando… era tuyo. Juan Ignacio finalmente obtiene esa noticia, totalmente impactado. - ¿Qué? ¿El hijo que estabas esperando… era mío? – pregunta Juan Ignacio. - Así es, Juan Ignacio – dice Mónica. Juan Ignacio intenta digerir el asunto pero es demasiado para él. De pronto, él se pone serio. - ¿Por qué me mentiste entonces? – dice Juan Ignacio, molesto. – ¿Por qué me dijiste que tenías pareja cuando no era así? - Porque estaba dolida – dice Mónica. – Estaba dolida porque te ibas a casar con Cristina. Lo más irónico es que me enteré de que estaba embarazada justo cuando diste esa noticia. - En realidad – dice Juan Ignacio, ya más calmado – fue Norma quien decidió que nos casáramos. Y mis papás que estaban vivos en ese entonces también lo acordaron. - Entonces, ¿tu matrimonio estuvo arreglado? – dice Mónica. – Eso es a lo que te referías con que no eras feliz en ese hogar. - Bueno, no tanto así. Cristina y yo nos llevamos muy bien y tengo un hijo maravilloso que es Gabriel. Pero, Mónica, dime una cosa. Juan Ignacio mira fijamente a Mónica a los ojos. - ¿Por qué dijiste que el hijo “era” mío y no que “es”? – pregunta Juan Ignacio. – Acaso… ¿lo perdiste? ¿Lo diste en adopción? ¿Te hiciste un aborto? - ¡No! ¡No! – dice Mónica. – Yo este hijo lo quería criar, aunque fuera yo sola. Quería tenerlo, lo atesoraba mucho, pero… no recuerdo qué pasó. A Mónica se le empiezan a llenar los ojos de lágrimas. - No recuerdo qué pasó con él - continúa Mónica, afligida. – No recuerdo si logró nacer o no sobrevivió al parto, pero recuerdo que… desperté en el hospital y me di cuenta de que ya no estaba embarazada. Recuerdo que antes de que pasara eso, tenía 7 meses de embarazo, pero ya no portaba al niño. Mónica se seca los ojos. - Por eso regresé a Chile – dice Mónica. – Quiero saber exactamente qué pasó con nuestro hijo. No recuerdo cómo lo tuve, pero al parecer nació prematuro y… algo me dice que está vivo. - Mónica – dice Juan Ignacio, tomándole ambas manos a Mónica, quien solo cede. – A pesar de que me mentiste, no sabes cuánta alegría me da que me hayas dado esta noticia. Mónica le sonríe a Juan Ignacio. - Y quiero que sepas que… aunque ya no sientas nada por mí, puedes contar conmigo para lo que sea – continúa Juan Ignacio. – Trataré de averiguar también algo por mi parte. - Gracias, Juan Ignacio – dice Mónica. – No sabes cuánto significa esto para mí. Mónica y Juan Ignacio se miran a los ojos perdidamente. De pronto, Juan Ignacio siente el impulso de acercarse a besarla, pero Mónica se aparta. - No, esto no está bien, Juan Ignacio – dice Mónica. – No deberíamos hacer esto. Creo que no debí haberte citado. - Pero Mónica – dice Juan Ignacio, tratando de detenerla. Pero ya es tarde, Mónica ya se fue del lugar, dejando a Juan Ignacio solo. INT. CASA OSORIO – PASILLO PRIMER PISO – TARDE Cristina (Antonia Santa María) entra a su casa. Nota que hay un sobre encima de la mesa del teléfono. Igual que hace unos meses, solo lleva su nombre como destinatario, pero no tiene remitente. Cristina, aunque teme lo que contenga el sobre, lo abre igual. Y pronto lee el papel, que nuevamente contiene unas letras recortadas de revistas: “¿HASTA CUÁNDO VAS A OCULTARLE LA VERDAD A TU HIJO?” Cristina, enojada toma el papel y lo rompe en miles de pedazos. Pronto, recibe una llamada en su teléfono celular: - ¿Aló? – dice Cristina, sin obtener respuesta. – ¡Aló! - ¿Todavía no piensas decirle nada a tu hijo? – dice una voz distorsionada al otro lado del teléfono. – Sabes que no puedes seguir ocultándole la verdad. - ¿Quién habla? – pregunta Cristina, asustada. - Sabes perfectamente quién soy yo. Y si piensas que tu hijo no se va a enterar de la verdad y que vas a seguir con la farsa de tu matrimonio, no pienses que la felicidad te vaya a durar tanto. - Escucha, enfermo desgraciado. Si me vuelves a llamar o mandar anónimos para amenazarme, te juro que… Cristina dice esto muy enojada, pero pronto la persona cuelga. Cristina queda muy asustada como si algo la perturbara. De pronto, tocan el timbre y ella sobresalta. Pero pronto se relaja y abre la puerta. Es Gabriel, quien viene acompañado por Felipe. - Hola, mi amor – dice Cristina, saludando de beso a su hijo. – ¿Cómo estás? ¿Cómo te fue hoy? - Bien – dice Gabriel. – Oye, traje a un amigo, Felipe. Nos conocimos hoy en el colegio. - Hola, tía – saluda Felipe con cortesía. - Hola, ¿te vas a quedar a almorzar con nosotros? - Sí, es que mi mamá me llamó y me dijo que no podía llegar para el almuerzo, así que el Gabriel me invitó. - Ya, pasen al living que la Ayelén ya tiene casi listo el almuerzo. Felipe se adelanta a Gabriel, quien nota a su madre un poco nerviosa. - Mamá, ¿tai bien? Te noto un poco nerviosa – dice Gabriel, preocupado. - No, nada, hijo. Es algo que me pasó en el trabajo, pero que ya lo solucioné – dice Cristina. Gabriel se va al living con su amigo. Cristina lo mira, aún preocupada y nerviosa por la llamada y los anónimos. 4 DÍAS DESPUÉS… INT. “ARAUCALAT” – OFICINA JUAN IGNACIO – TARDE Juan Ignacio está en la oficina, trabajando. De pronto, se acuerda de lo que Mónica le reveló hace algunos días. - “Juan Ignacio… el hijo que yo estaba esperando… era tuyo.” – son las palabras de Mónica que le resuenan en su cabeza. Juan Ignacio aún no puede creer las palabras de Mónica. Pronto, recuerda lo que le dijo además: - “No recuerdo qué pasó con él. No recuerdo si logró nacer o no sobrevivió al parto, pero recuerdo que… desperté en el hospital y me di cuenta de que ya no estaba embarazada.” Juan Ignacio se repite las palabras que dijo Mónica: “desperté en el hospital”. De pronto, se le ocurre hacer una llamada. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – BARRA – TARDE. Gerardo (Alfonso Herrera) revisa la caja registradora, debido a que nuevamente robaron dinero. Se encuentra con algunos de los garzones, incluidos Yadira (Angelique Boyer) y el jefe de garzones, Adrián (Aarón Díaz). - ¿Cómo es posible que hayan entrado a robar otra vez? – pregunta Gerardo, enojado. - ¿Cómo es que nadie se dio cuenta? - Nadie escuchó nada – dice Fernanda. – Según los vecinos, no se oyeron vidrios romperse. - Entonces es seguro – dice Gerardo. – Uno de los que trabajan aquí está choreando. - ¿Cómo? – pregunta Fernanda. - Robando quiero decir – dice Gerardo. – O… ¿cómo es que dicen ustedes los chilenos? - Cogoteando – dice otro de los garzones. - Pero, ¿tú de verdad crees que uno de nosotros está robando? – pregunta Yadira, preocupada. - No me gusta desconfiar de ustedes porque trabajan muy bien, pero no tengo otra teoría – dice Gerardo. – Así que por favor quien esté robando, que se acerque y devuelva el dinero. Nadie se acerca. - Ah, ¿no quieren acercarse? – pregunta Gerardo. No hay respuesta. - Bien, entonces rebajaré su salario a la mitad durante una semana – dice Gerardo. - ¡No, pero, Gerardo! – dice Alexis. - Lo siento, pero no voy a cambiar de parecer – dice Gerardo, firme. Yadira se acerca a él. - Gerardo, yo sé que eres un hombre bueno y muy guapo por lo demás – dice Yadira, bien coqueta – pero no seas malito. No sería justo que nos rebajaras el salario a todos por el capricho de uno solo. No lo hagas, ¿sí? - Lo siento, Yadira, pero no va a funcionar – dice Gerardo. – Y si sigues insistiendo, serán dos semanas para todos. Sin excepción. Los garzones protestan, mientras Adrián se aleja del grupo porque su teléfono le suena. Se va a un rincón cerca de los baños, perfecto para hablar en privado. - ¿Diga? – contesta Adrián. – No, no sospechan nada, pero me da lástima por los compañeros. A todos nos rebajaron el sueldo a la mitad, pero no importa porque ya me adelanté solito el sueldo. Yadira se aleja del grupo y va al baño, pero pronto se percata de Adrián. - Escucha, sé que no estuvo bien, pero a mí me gustan las deudas saldadas – dice Adrián. – El negocio no ha andado muy bien que digamos, pero en cuanto tenga el dinero, lo devolveré y de paso te lo pasaré a ti. Perfecto. Estaremos en contacto. Adrián cuelga, pero al darse vuelta, se sobresalta al ver a Yadira. - Adrián… entonces, ¿fuiste tú? – dice Yadira. – ¿Tú has estado robándole a Gerardo? Adrián no sabe qué responder. - Contéstame, Adrián – dice Yadira. – ¿Fuiste tú quien le ha estado robando a Gerardo? Adrián no responde y se dispone a irse. - No te me escapes – dice Yadira. – ¿Te das realmente cuenta de que por tu culpa nos recortaron la lana? - ¡Cállate, Yadira! – dice Adrián, tratando de hacerle bajar la voz a Yadira y pronto la aparta para que nadie más oiga. – De acuerdo, sí fui yo. - Pero, ¿te has vuelto loco? ¿Por qué le robas a Gerardo? - Es complicado. - ¿Complicado? Por tu culpa nos recortaron la lana, tarado. ¿Qué? ¿Me vas a decir que no te pareció suficiente el salario, que ahora te dio por ser naco? Adrián intenta decirle algo, pero no puede. - Adrián, te exijo que vayas y le digas a Gerardo que tú le has estado robando – dice Yadira. - Yadira, no es fácil – dice Adrián. – Gerardo ha sido muy bueno conmigo dándome esta chamba. - Pues por eso mismo – dice Yadira, exigente. – O se lo dices tú, o se lo digo yo. Adrián no sabe qué decir. - Pos, perfecto. Entonces voy a decirle ahora mismo – dice Yadira, quien se dispone a ir a donde Gerardo. - ¡Yadira, no! – dice Adrián, deteniéndola. – ¡Tú ganas! Le diré a Gerardo, pero no ahora mismo, no te me vayas a chivar antes de tiempo. - Tienes hasta mañana para decirle – dice Yadira, exigente. – Si no le dices tú, se lo digo yo y hasta aquí quedó lo nuestro. - Ah, claro, porque resulta que tú le tratas de tirar los perros al jefecito, ¿no? Porque no creas que me he dado cuenta. - No me cambies el tema, Adrián. Ya sabes. Si no le dices para mañana lo que has estado haciendo, seré yo quien se lo diga. ¿Está claro? Adrián solo asiente con la cabeza y Yadira se va. Adrián queda muy complicado por el tema. INT. HOSPITAL – SECRETARÍA MATERNIDAD – TARDE. Mónica se acerca a la secretaría del área de maternidad del hospital, ya que Juan Ignacio se comunicó con ella. - Buenas tardes – dice Mónica. – Discúlpeme, quisiera hacerle una pregunta. - Dígame, señora – dice la enfermera. - Señorita, por favor. Disculpe, ¿aquí tienen información de pacientes que han ingresado aquí a maternidad? - Sí, pero lamentablemente es confidencial – dice la enfermera. – A menos que usted haya sido paciente, no le puedo entregar más información. - Sí he sido paciente – dice Mónica. – Es que fue hace mucho tiempo. Y la verdad hay cosas que no recuerdo, por lo que quise venir a ver. - Bueno, señorita, no se preocupe. ¿Cuál es su nombre? - Mónica Virginia Rodríguez Castañeda. La enfermera busca en los registros. - Lo siento, señorita, pero no aparece nada – dice la enfermera. Mónica no puede creer lo que está oyendo. - ¿Qué? – dice Mónica, incrédula. – Pero… en lo que recuerdo, desperté en un hospital. Aunque me dieron que mi hijo no nació aquí, pero… es muy extraño. - Es que, si no la atendieron aquí, puede ser que la hayan atendido en otra parte, como urgencias – dice la enfermera. – Pero aquí no aparece usted, al menos no en maternidad. - En lo que recuerdo, yo estaba embarazada de 7 meses antes de que me atendieran, pero al despertar ya no tenía a mi hijo. - No sé, señorita, pero esto es lo que me aparece aquí. - Gracias, señorita – dice Mónica, educada. Mónica se aleja, muy dudosa, preguntándose cómo pudo haber despertado en el hospital sin haber sido atendida en maternidad. CONTINUARÁ...
  11. Según leí por ahí, desde hace tiempo lo aquejaba un cáncer de próstata. Enviado desde mi SM-G9600 mediante Tapatalk
  12. 1. INT. CASA RODRÍGUEZ – RECIBIDOR – ATARDECER Gerardo (Alfonso Herrera), habiendo oído el timbre, baja rápidamente. Se encuentra con el cabello mojado y sin nada de ropa puesta. Solamente una toalla atada a la cintura. Gerardo abre y se sorprende al ver a Yadira (Angelique Boyer). - Yadira, ¿qué haces aquí? – pregunta extrañado Gerardo. – Deberías estar ya en el resto-bar. - Sé que debería estar allá, pero… me preocupé porque supe que habían entrado a robar y… no pude esperar para verte – dice Yadira, contenta de ver a Gerardo. - Bueno, solamente robaron unos cuantos pesos, pero nada de qué preocuparse. Pero, por favor, ¿podrías irte? ¿No ves que estoy encuerado? - Pero a mí me gusta verte así, encueradito – Yadira pronto hace un movimiento que hace que a Gerardo se le caiga su toalla, quedando completamente desnudo. - Pero, ¿qué haces, Yadira, te volviste loca? – Gerardo reacciona, recogiendo la toalla y tapándose sus zonas íntimas. - Sí, me volví loca – Yadira sólo se pierde en la mirada de Gerardo. – Loca de amor. Yadira pronto pone ambas manos en el rostro de Gerardo para besarlo. Gerardo, sin saber qué hacer, sólo se deja llevar por el momento, se cae la toalla y empieza a besar a Yadira. EXT. PENSIÓN – INT/EXT AUTOMÓVIL – ATARDECER. Todo lo anterior fue sólo producto de la imaginación de Yadira, quien pronto despabila ante los llamados de Amanda (Josefina Fiebelkorn). - Yadira, ¡hey! – Amanda trata de llamar la atención de Yadira desde hace rato. Yadira pronto reacciona ante los llamados de Amanda. - ¡Ay! ¡Qué mensa! Perdona, Amanda, no sabía en qué estaba pensando – responde pronto Yadira. - ¡Frescolina! Qué te apuesto a que estabas pensando en el guachón de tu pololo o en Gerardo – Amanda pronto adivina por qué Yadira estaba tan perdida en sus pensamientos. - No, no. ¿Cómo crees? Por supuesto que estaba pensando en Adrián – miente Yadira. - ¡Sóplame este ojo, amiga! – Amanda hace el gesto típico de aquel dicho. – ¿Y la conversación que tuvimos esta tarde? - ¡Ay, ya! No seas tan metiche – protesta Yadira. – No tengo por qué darte explicaciones. Y ya mejor nos apuramos para no llegar tarde al resto-bar, mira que estoy bastante retrasada. Yadira pronto sale del auto, al igual que Amanda. - ¡Uy! Amiga, verdad que tengo que ir a comprar algo. Espérame y te voy a dejar altiro – Amanda pronto va a un negocio cerca de ahí. - Bueno, pero apresúrate, ¿eh? – grita Yadira. Yadira está por abrir el portón de la pensión, cuando de pronto unas manos masculinas tapan sus ojos. - ¿Sabes quién es? – dice el hombre, fingiendo una voz muy grave. Yadira, asustada, pronto quita las manos y ve que se trata de Adrián (Aarón Díaz), su novio. - ¡Adrián! ¡Pero qué tarugo! ¡Me asustaste! – protesta Yadira, pero pronto besa a Adrián en los labios para saludarlo. - No podía esperar para verte – Adrián corresponde al saludo de su novia. - Bueno, pero ya me estoy por ir al restobar. Amanda me va a dejar. Y tú deberías haber llegado allá. - De hecho, ya estaba allá, pero pensé en venir a buscarte, como Gerardo estaba muy preocupado por ti porque no llegabas. - Para que veas que no me pasó nada. ¡Listo, me viste! ¡Ahora vete! - ¡Oye, no seas ingrata! Después te la pasas diciendo que no soy atento contigo. - Ya, perdona, amor. Tú ve tranquilo al restobar y yo luego te alcanzo, ¿te parece? Adrián se va. Yadira lo mira yéndose, pensando en la fantasía que tuvo con Gerardo. 2. INT. CASA CIFUENTES – DORMITORIO JAVIERA – NOCHE. Ya es bastante de noche y Mónica se encuentra echada sobre su cama y leyendo un libro, con la lámpara de su velador encendida. Pronto, Mónica voltea la página y de su libro cae algo que ella había usado como marca libros para cesar pronto su lectura. Mónica lo recoge del suelo y ve que la foto es de Juan Ignacio. Pronto, a Mónica se le vienen a la mente recuerdos de hace 17 años años. INICIA SERIE FLASHBACKS – AÑO 2002 - 17 AÑOS ATRÁS INT. CASA OSORIO – PASILLO – DÍA. Mónica, de unos 25 años, se encuentra en la casa de Bernardo, barriendo el piso. Por la puerta principal entran con llave Bernardo, Cristina y Juan Ignacio. - Hola, Mónica – saluda Bernardo. – ¿Cómo va todo? - Todo en orden, patrón – dice Mónica. - Ah, te quería presentar al pololo de mi hija – Bernardo presenta a Juan Ignacio. – Él es Juan Ignacio. Trabaja en mi empresa. Juan Ignacio mira a Mónica con una sonrisa. Mónica, en tanto, lo mira con una expresión perdida. - Dime que no lo encuentras guapo, porque él es todo un sueño – dice Cristina, abrazando a su novio y luego besándolo. Mónica no niega para sus adentros que Juan Ignacio es guapo. Se siente algo atraída a él. Sin embargo, finge ignorar la situación, ya que sabe que él no es para ella al estar ya con su novia. EXT. CERRO ÑIELOL – MIRADOR – DÍA. Días después, Mónica se encuentra caminando junto a Juan Ignacio, deteniéndose en el mirador del Cerro Ñielol, donde ven la vista de la ciudad. - Se ve hermosísimo – dice Mónica. - ¿Viste? Yo te dije que valía la pena venir hasta acá – dice Juan Ignacio. - Espero que Cristina no sepa que usted está conmigo y vaya a pensar mal. - A ver, ¿en qué quedamos? En que ahora me ibas a tutear. Y además ya me encargué de eso. Acuérdate que ellos fueron a Caburgua a pasear con la señora Eliana, que la operaron de su rodilla. Y yo les dije que me tenía que quedar por asuntos familiares. - Sí, pero es que me da pena… - Nada de pena, mujer. Además, yo mismo te hice la invitación para que conocieras las maravillas de este lugar. Mónica solo se queda callada, admirando el paisaje. - Dime que no es hermoso – dice Juan Ignacio. - Es bellísimo – dice Mónica. Ambos están uno al lado del otro, admirando la belleza del panorama. De pronto, Juan Ignacio acerca su mano a la de Mónica y la toma. Mónica no niega que siente que su corazón se acelera con esto. Sin embargo, ella pronto aparta su mano. INT. DEPTO. JUAN IGNACIO – DORMITORIO JUAN IGNACIO – NOCHE. Algunos meses más tarde, Juan Ignacio y Mónica están de pie, a un lado de la cama, teniendo una noche de pasión. Juan Ignacio solo lleva pantalones y Mónica lleva un vestido. - No sabía que podía amar de esta manera – dice Mónica. - Y yo no sabía que la mujer de mi vida podría ser mexicana – dice Juan Ignacio. Ambos se besan apasionadamente. Juan Ignacio está detrás de Mónica besándole el cuello y pronto le desabrocha el vestido a Mónica. El vestido cae lentamente, dejando a Mónica totalmente descubierta de torso. Juan Ignacio la toma, la besa apasionadamente en los labios y se la lleva a la cama. EXT. DEPTO. JUAN IGNACIO – CALLE – TARDE. Meses después, Juan Ignacio y Mónica están discutiendo por cosas sucedidas en su relación. - ¿Cómo está eso de que te vas a casar con Cristina? – pregunta Mónica. - Eso… que me voy a casar con ella – dice Juan Ignacio. - Pero… creí que me amabas y que lo dejarías todo por mí. Juan Ignacio no dice nada. - Y yo que creí que todo lo que vivimos era de verdad – dice Mónica, decepcionada. – Eres un mentiroso. - ¿Y qué me dices de ti? Estás embarazada de ese hombre al que acababas de conocer hace poco. ¿Por qué estabas conmigo si después ibas a estar con él? - Pues… - Mónica titubea – Por la misma razón por la que estás con Cristina y te quieres casar con ella habiendo estado conmigo. - Bueno… quizás no era suficiente para mí – dice Juan Ignacio. – Quizás necesito a alguien que esté a mi altura y no a una simple empleada. Mónica se impacta al oír estas palabras. - Bueno… pues ya no quiero nada contigo, ¿oíste? – dice Mónica. – No quiero volver a verte en toda mi vida. - Perfecto – dice Juan Ignacio. – Entonces para mí eres simplemente la empleada de mi prometida. Juan Ignacio entra de nuevo al edificio. Mónica en tanto comienza a llorar y acaricia su vientre. FIN SERIE DE FLASHBACKS Mónica sigue mirando la foto que tiene con Juan Ignacio. Se le desliza una lágrima por la mejilla y lanza un suspiro, recordando lo que vivió con el hombre que ella alguna vez amó y que ella se propuso olvidar, cosa que no es del todo cierta. INT. GIMNASIO – CAMARINES/DUCHAS HOMBRES – NOCHE Daniel (Jorge Arecheta) se ata la toalla a la cintura tras haberse bañado luego de su rutina de ejercicios en el gimnasio. Al salir de las duchas entra a los camarines y se topa con Ricardo (Matías Assler), quien tampoco lleva nada más que una toalla atada a la cintura y unas sandalias, dispuesto a ducharse. - ¡Ricardo! ¿Qué estai haciendo acá? – pregunta Daniel, sonriéndose, de pronto se queda admirando los marcados pectorales de Ricardo. - ¿Cómo que qué hago aquí, weón? Lo que todo el mundo viene a hacer al gimnasio – dice Ricardo, entre risas. – ¿No me viste? - No, es que… o sea, sí, me pareció verte, pero no cachaba si erai tú o no. Es que no sabía que ibas al mismo gimnasio que yo – dice Daniel - No, es que… lo que pasa es que me inscribí recién como vengo llegando de Santiago. Me inscribí acá porque me dijeron que este gym es la raja. - Sí po, los profes super buenos, el ambiente es súper bueno. - ¿Y no le hai echado el ojo a algún profe? Igual tienen buena pinta – dice Ricardo, molestando a su amigo. - No, ¿tai loco? Son todos heteros. - ¿Y cómo sabís? ¿No que ustedes tenían el famoso “gaydar”? - Sí, por eso. El gaydar nunca me falla. Aquí no ese me activó. Ricardo y Daniel se ríen y quedan unos segundos en silencio. Luego, Ricardo reacciona. - Bueno, compadre, me voy a duchar. ¿Te viniste caminando? Porque nos podemos ir juntos – dice Ricardo. - Ya po, piola – dice Daniel, sonriendo. – Me visto y te espero afuera. Ricardo se encamina a las duchas. Daniel no deja de mirar la contorneada espalda de Ricardo hasta que él se va. Daniel pronto siente curiosidad y entra por la puerta de las duchas, aprovechando que no hay nadie más que ellos. Asoma su cabeza por la puerta. Ricardo queda justo a espaldas de Daniel y se quita la toalla. A Daniel se le dibuja una cara de satisfacción al mirar el cuerpo de Ricardo completamente desnudo por atrás. Ricardo sin percatarse entra a las duchas y echa a correr el agua. Daniel contempla su escultural cuerpo por detrás mientras el agua de la ducha recorre todo su cuerpo desnudo. A Daniel se le dibuja de nuevo una cara de satisfacción y desliza su mano por la toalla en la parte de su entrepierna. Ricardo pronto se da vuelta y se da cuenta de que Daniel estaba mirando ahí. Daniel se hace el tonto y mira hacia otro lado. - ¿Qué pasó, Daniel? ¿Se te perdió algo? – pregunta Ricardo, extrañado. - Ah… es que… parece que se me quedó un champú por ahí… ¿no viste nada? – responde Daniel, nervioso. - No, nada – dice Ricardo, dándose vuelta para mirar. Daniel intenta no verlo desnudo por delante, por miedo a incomodarlo. - Ah, entonces lo tomé. No he dicho nada – dice Daniel, tratando de no mirar desnudo a Ricardo. - Ya, pero ¿cómo? ¿Te incomoda verme en pelota? – dice Ricardo. - No, es que… – pregunta Daniel. - Oye, mira no más. Somos hombres. Si no me acompleja. Daniel asiente con la cabeza. Mira un poco, pero pronto reacciona. - Oye, ya me voy a vestir. ¿Te espero afuera? – dice Daniel. - Dale, nos vemos – responde Ricardo. Ricardo se voltea para seguir duchándose. Daniel se va, sonriéndose tras disfrutar lo que vio. INT. CASA OSORIO – DORMITORIO NORMA – NOCHE. Norma (Catalina Guerra) está vestida con su pijama. Se coloca crema antiarrugas en la cara como si le faltara. Eliana (Gloria Münchmeyer) la acompaña mientras lo hace. - Qué manera de colocarte crema, niña. No te vaya a salir una arruga por no echarte – dice Eliana. - Hay que cuidarse bien el cutis, suegrita – dice Norma, quien sigue colocándose crema. – Si no me echo, van a pensar que de verdad soy la abuela de Gabriel. - Pero si eres la abuela, niña. - Perdóneme, pero lo fui a buscar varias veces el año pasado y pensaron que era la mamá – dice Norma, con un tono bien satisfactorio. - Ella, la joven – dice Eliana, burlesca. – Si todos sabemos que las cremas no sirven tanto. Mira, si hasta tienes una arruga en la frente. Norma se toca la frente y se mira al espejo, muy acomplejada. Eliana se ríe. - ¡Ay, suegra! No me asuste – dice Norma, muy enojada. - Es que vieras tú la cara que pusiste, si hasta te arrugas – dice Eliana. - ¡Ay, ya no me diga esa palabra! – dice Norma, muy infantil tapándose los oídos. Eliana se ríe con las actitudes vanidosas e infantiles de Norma. De pronto se pone seria. - Oye, niña – dice Eliana. – Poniéndonos más serias… Eliana se acerca al oído de su nuera. - Harto patuda esa mexicana oye – dice Eliana, al oído de Norma. Norma se para rápidamente del mueble de maquillaje y cierra la puerta del dormitorio. - ¿Cierto? – dice Norma. – La Cristi estaba súper enojada. - Es que es increíble – dice Eliana. – Mira que hacerse pasar por la señora de Juan Ignacio. - No sé qué pretende. Pensé que después de lo que pasó la última vez que vino no volvería más a Chile. - Nadie me quita de la cabeza que ella le quiere quitar a Juan Ignacio a la Cristi. - ¡No diga eso ni en broma, suegra! – dice Norma. – Yo sé que ella y Juan Ignacio tuvieron algo, pero él está casado con mi hija. Y si yo tengo que hacer algo para que ella vuelva al país de donde ella vino, así va a hacer. - ¿Qué piensas hacer? - Ya va a ver, suegrita. Todavía no se me ocurre nada, pero ya con la cabeza fría voy a pensar en algo y lo voy a ejecutar apenas se me ocurra. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – NOCHE Gerardo y Lourdes están celebrando con algunas bebidas el éxito de ésta en encontrar trabajo. - ¿Quién diría que ya tendrías otro trabajo? – dice Gerardo, contento - Sí, es que… en la otra chamba no les gustaba tanto mi trabajo. Parecía que encontraban que era demasiado buena para eso. Y no es que me victimice o me crea mucho, es solo que… a la jefa de recursos humanos parece que yo le generaba envidias. - Ya sabes que muchas veces las chambas son así, siempre habrá envidiosas. Hay una especie de silencio. - Oye, Lourdes – dice Gerardo. - Dime… - responde Lourdes. Lourdes se percata de que Gerardo la mira de manera especial. De pronto, Gerardo se acerca a ella como queriendo besarla, pero Lourdes lo detiene. - Gerardo, no. Ya hablamos de esto – dice Lourdes. - Es que tú sabes que me gustas – dice Gerardo. - Pero tú no a mí. O sea, claro que eres guapo, eres muy tierno, cariñoso, amistoso, pero… solo quiero que seamos amigos. No quiero que una relación manche esta linda amistad que tenemos. Gerardo se pone triste. - ¿Sabes qué? Mejor me voy. Mañana debo elaborar un plan de marketing para así entrar a la chamba el lunes – dice Lourdes, incómoda. – Hablamos luego, ¿eh? Gerardo se despide de Lourdes, quien se va. Gerardo la mira yéndose, exhalando un suspiro. INT. CASA FERNÁNDEZ – LIVING – NOCHE Milagros y Eduardo (Fernando Colunga) conversan en el living, mientras ambos se toman un café. - Me alegro mucho por Lourdes – dice Eduardo. – Es una muchachita muy inteligente. - Sí – dice Milagros, sonriendo. – Siempre admiré su habilidad para la mercadotecnia. Ella nació para esto. - ¿Y tú? ¿Cómo te ha ido en tu trabajo? ¿Ya sabes cómo comprobar que tu defendido es inocente o no? - No. Es que… ya sabes como es esto. Conseguir las pruebas, revisarlas y ver si el pobre no robó en la tienda en que trabajan. ¿Quieres que te diga la verdad? Yo creo que él no fue y que todo lo que le hacen es mera discriminación por ser colombiano. - Es una lástima que en este país muchos sigan viendo a los inmigrantes como si fueran delincuentes. O sea, debe haberlos, pero la gente generaliza. - Sí, pobrecitos – dice Milagros. - ¿Y Gerardito? ¿Cómo va con eso del robo? - Ahí está el pobre. Aún no se saca de la cabeza lo que pasó, pero… sigue adelante con el negocio. Un peso más, un peso menos. Ya sabes como piensa. - Sí. Ese niño nunca fue muy avaricioso. - ¿Y mi hermana? – dice Eduardo. – Ya quiero verla. ¿Está por aquí? - Sí, pero está arriba. Debe estar durmiendo. Pronto ocurre un momento de silencio hasta que Eduardo rompe el hielo. - Milagros – comienza a decir Eduardo. – El otro día cuando viste a Bernardo… te noté… pálida. - Eduardo, no quiero hablar de eso – dice Milagros, desde ya hastiada. - Es que… tengo la impresión de que… sigues sintiendo cosas por él, como si lo que pasó entre ustedes no lo pudiste olvidar. - Eduardo, por favor – dice Milagros. - ¿Quieres que te diga algo? También sentí… celos. ¿Sabes por qué? Porque yo nunca he dejado de sentir lo que siento por ti. Milagros se queda helada ante este comentario. - Milagros, sabes que yo te quiero… y más de lo que tú crees – dice Eduardo. – Yo te amo. Eduardo le toma las manos a Milagros, quien las quita. - Eduardo, por favor no empieces – dice Milagros, incómoda, levantándose del sofá. - Milagros… - dice Eduardo. - ¿Sabes qué? Estoy muy cansada y me quiero ir a dormir. ¿Hablamos en otro momento? Eduardo intenta decirle algo, pero accede a irse. Se levanta del sofá y de nuevo intenta decir algo, pero no puede. Él pronto deja el living para irse de la casa. Milagros queda sola, incómoda. AL DÍA SIGUIENTE… INT. CASA MONTES – PASILLO PRIMER PISO – DÍA. Cristina se prepara para irse a la clínica y ver a su marido. Gabriel (Oliver Borner) se acerca a ella, aún con pijama. - Mamá, ¿a dónde vai? – pregunta Gabriel. - Voy a la clínica, hijo – dice Cristina. - ¿Te acompaño? Me baño, me visto y vamos. - No, tú te demoras mucho. Además, te tienes que quedar acá por si llegan tus abuelos o llaman aquí. - Pucha, es que quiero ver al papá. Lo echo de menos. - Si yo sé, mi amor – Cristina le acaricia el rostro a su hijo – pero le mando los saludos apenas lo vea. - ¿Y tu creís que te escuche? - Yo sé que la gente en coma igual escucha, aunque no esté despierta. De pronto, suena el celular de Cristina y ella lo contesta. - ¿Aló, doctor? – responde Cristina. – ¿Qué pasó? De pronto ocurre un tiempo de silencio. Gabriel queda expectante para saber qué pasa. - ¿Qué? ¿Juan Ignacio qué? – dice Cristina, sorprendida. Gabriel está muy ansioso por saber qué pasa. - Voy altiro para allá – dice Cristina. – Gracias, doctor. Cristina cuelga su teléfono móvil. - Mamá, ¿qué pasó? – pregunta Gabriel ansioso. - ¿Qué le pasó al papá? - Gabriel, mi amor – responde Cristina, luego de lo cual se queda callada unos segundos, poniendo más ansioso a Gabriel. – Tu papá despertó. Gabriel se pone muy contento, incluso llega a llorar de la emoción y abraza a su madre. - Anda a bañarte y te vistes porque vamos a ir altiro – dice Cristina. Gabriel se va y sube al segundo piso para bañarse. Cristina se da cuenta de que algo se deslizó por debajo de la puerta. Lo toma y lee el destinatario que escribe “Cristina Osorio”, pero no tiene remitente. Abre el sobre y extiende un papel que estaba doblado. Lee el contenido que contiene letras recortadas de revistas: “NO PUEDES OCULTARLO MÁS.” Cristina queda un poco asustada, pero pronto se calma y rompe el papel. INT. “ARAUCALAT” – OFICINA BERNARDO – DÍA. Bernardo se encuentra en su oficina cuando de pronto suena el teléfono. Él responde, ya que quien llama es la secretaria - ¿Sí, Camila? – responde Bernardo. – ¿Quién me necesita? Bernardo guarda unos segundos de silencio, mostrando una expresión de sorpresa en el rostro. - Bueno, dile que pase no más a mi oficina – responde Bernardo. Bernardo cuelga el teléfono, aún sorprendido por la visita. Pronto, siente golpear la puerta y le dice a la persona que pase. Se trata de Milagros. - Bernardo, siento interrumpirte – dice Milagros. - ¡Milagros! No, no, si no estaba tan ocupado, pasa no más – dice Bernardo. – ¿Qué necesitas? - Necesitaba hablar contigo de algo. - ¿De qué sería? Es que me pillas justo en horas de trabajo. Toma asiento. Milagros se sienta. - ¿Qué pasa Milagros? Te noto un poco extraña – dice Bernardo. - Es que necesito decirte algo muy importante – dice Milagros. - Ya, ¿y qué sería eso tan importante que no podía esperar hasta después del trabajo o a la hora de almuerzo? - Es que… después de que te volví a ver ahí en el restobar y… ayer en el centro comercial… pensé en lo incómoda que me puse en esas dos ocasiones. Y… me di cuenta de que… no podía ocultarte más esto, que necesito sacármelo del pecho. - ¿Qué cosa? No entiendo. Milagros se acerca a Bernardo. - Bernardo… ¿recuerdas esa noche hace 31 años, donde… nos pasamos de copas y…? Bueno, ya sabes – dice Milagros. - Casi no me acuerdo de nada, de lo curado que estaba – dice Bernardo. – Pero sí, me acuerdo haber despertado contigo a la mañana siguiente. - Bueno… esa noche que tuvimos… tuvo sus consecuencias. Bernardo se asusta con esto. - Bernardo – dice Milagros. – No estoy del todo segura pero… existe la posibilidad de que… Lourdes sea tu hija. Bernardo queda atónito ante esta noticia. INT. CLÍNICA – UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS – DÍA Juan Ignacio está despierto. Entran Cristina y Gabriel vestidos de delantal clínico. Juan Ignacio sonríe. - ¿Cómo estás mi amor? – pregunta Cristina, acercándose a darle un beso a su marido. - Bien, un poco débil – dice Juan Ignacio. Gabriel se acerca a darle un abrazo a su padre, quien se queja con un poco de dolor. - Cuidado, hijo, ¿no ves que todavía no está tan bien? – dice Cristina. - Perdón, es que… estoy tan contento – dice Gabriel. - ¿Cómo has estado, hijo? – pregunta Juan Ignacio. - Más o menos no más, papá – responde Gabriel. – Te eché caleta de menos. Juan Ignacio le toma la mano a su hijo, quien le sonríe. - Mi amor, ¿te acuerdas de lo que pasó esa noche? – pregunta Cristina. - No, no me acuerdo – dice Juan Ignacio. – Es que esa noche… había tomado mucho. - Pero ¿cómo se te ocurre haber tomado tanto? – dice Cristina. – Bueno, no importa. ¿En serio no te acuerdas de quién te pudo haber atropellado o si alguien estuvo contigo? - No, yo estaba inconsciente – dice Juan Ignacio. Gabriel de pronto se acuerda de algo. - Yo me acuerdo de algo – dice Gabriel. - ¿Qué cosa, Gabriel? – pregunta Cristina. Cristina y Juan Ignacio quedan expectantes. - Es que… me acuerdo que se acercó una señora… o señorita, no sé… pero la cosa es que tocó el timbre y pidió ayuda porque al papá lo habían atropellado – relata Gabriel. Cristina tiene sus sospechas. - ¿Y no te acuerdas cómo era esa mujer? – pregunta Cristina. - No. O sea, sí me acuerdo algo, pero estaba tan nervioso por lo del papá que no me acuerdo de todo – continúa Gabriel. – Lo que sí me acuerdo es que… tenía tu edad y la del papá. Y… tenía un acento que no era chileno. Parece que era mexicana. Cristina queda sorprendida ante esto. Juan Ignacio también. INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – DÍA Minutos después, Norma se aparece por ahí, mientras Cristina sale, aún con delantal ya que tiene la intención de volver. - ¿Cómo está Juan Ignacio, hija? – dice Norma. – ¿Alguna novedad? - Pucha, se me había olvidado contarte apenas supe y te iba a llamar – dice Cristina. – Despertó, mamá. Norma se pone muy feliz por esta noticia y abraza a su hija. - ¡Gracias a Dios! – dice Norma, apartándose de su hija. – Y Gabriel, ¿cómo está? - Está contento – dice Cristina. – Sigue ahí adentro. Es que salí para llamarte, pero justo llegaste. - Qué bueno, mi amor. A Cristina pronto se le borra la sonrisa del rostro y ahoga un suspiro. - ¿Qué pasa, Cristi? – pregunta Norma. – ¿No estás feliz? - Sí, estoy contenta – dice Cristina. – Es que… Cristina aleja un poco a su mamá de la puerta de la U.C.I. - ¿Qué pasa, hija? – pregunta Norma. - Es que… - comienza a decir Cristina. – Cuando le pregunté a Juan Ignacio si se acordaba de lo que pasó esa noche… Gabriel nos dijo lo que pasó. - ¿Qué cosa? - Dijo que una mujer se acercó a la casa después de que atropellaran a Juan Ignacio. Él solo se acuerda que no era demasiado vieja, que tenía más o menos entre mi edad y la de Juan Ignacio. Y no sólo eso, me dijo que era mexicana Norma se queda sorprendida. - Mamá – dice Cristina. – Era Mónica. Ella estuvo con él la noche en que lo atropellaron. - ¿En serio? – dice Norma. - Yo creo que Juan Ignacio no la ha olvidado y por eso se embriagó esa noche. Y yo estoy segura de que ella tampoco a él. Mamá, tengo miedo. Esa mujer me lo quiere quitar, estoy segura. - Hija, no te preocupes. Yo estoy segura de que ella no te lo va a quitar. - ¿Cómo estás tan segura? - Porque yo no lo voy a permitir – dice Norma, con mucha seguridad. - ¿Y qué piensas hacer? – pregunta Cristina, curiosa. - Confía en mí, hija. Yo te aseguro que a esa mujer no le van a quedar ganas de meterse en tu matrimonio. Cristina se queda preocupada ante las palabras de su madre, quien habla con mucha seguridad. HORAS DESPUÉS… INT. CASA FERNÁNDEZ – PASILLO DE ENTRADA – TARDE. Mónica se decide a salir de la casa para ir a la clínica y decirle a Juan Ignacio la verdad sobre el hijo que ella está segura haber dado a luz en Chile. Se mira al espejo de la entrada cuando de pronto suena el timbre. Ella abre y se sorprende a ver a quién llamó a la puerta. - Norma – dice Mónica, sorprendida. - ¡Mónica! Tanto tiempo – dice Norma. – ¿Podemos hablar? Mónica queda helada al ver después de tanto tiempo a Norma, la madre de Cristina y quien fue su patrona en el pasado. - ¿qué haces aquí? – dice Mónica, sorprendida. - Ah, ¿cómo cambia la vida? Tuteándome – dice Norma. – Quien te viera y quien te ve, cabrita. Toda una profesional, adinerada, y hasta hace unos años limpiabas los baños de mi casa. ¿No me vas a hacer pasar? Norma entra a la casa. - ¿De quién es esta casa? Porque me imagino que no es tuya – dice Norma. – Siempre supe que eras una recogida. - Norma, por favor – dice Mónica. - “Por favor” ¿qué? ¿“Por favor no me eches”? Tranquila, si vives aquí supongo, ¿o no? Norma se ríe, pero pronto, la mira muy seria. - No creas que no sé lo que estás tratando de hacer, cabrita – dice Norma. – No creas que no sé que estás tratando de entrometerte en el matrimonio de mi hija. - ¿De qué estás hablando? – dice Mónica. – Yo no vine a… - ¡Cállate! Estoy hablando yo. ¿Cómo se te ocurre entrometerte en el matrimonio de mi hija? ¿Cómo se te ocurre ir a verlo a la clínica y hacerte pasar por su mujer? - Norma, la cosa no es así. - ¡Ah! ¡“La cosa no es así”! Mira, cabrita, no te vuelvas a meter con mi familia ni mucho menos en el matrimonio de mi hija, porque harto le ha costado construir la vida que lleva ahora. - Yo no quiero meterme en su matrimonio. - Ah, ¿no? ¿Entonces por qué te hiciste pasar por su mujer? ¿Por qué, Mónica? ¿Por qué volviste? - Eso es algo que no tengo que responderte. - Encima de cambiada, contestadora. Si crees que vas a hacerme creer que no quieres destruir el matrimonio de mi hija, te equivocas, mijita. Porque mientras yo siga con vida, nada ni nadie va a destruir lo que mi hija construyó en este momento. ¿Te queda claro? Mónica queda helada ante la amenaza, cuando de pronto por las escaleras baja Milagros (Victoria Ruffo). - ¿Qué sucede, Mónica? ¿Con quién estás? – pregunta Milagros. - ¿Tú? – dice Norma. Norma se impacta al ver a ambas mujeres. - ¡No! – dice Norma, como si hubiese perdido la cabeza. Norma se va de la casa. Mónica y Milagros intercambian miradas de sorpresa.
  13. 1. EXT. CASA MONTES – ENTRADA – NOCHE Mónica (Marlene Favela) toca a la puerta de la casa de Juan Ignacio, muy angustiada. Hasta que alguien por fin abre. - Hola ¿A quién busca? – pregunta Gabriel (Oliver Borner). - ¿Eres hijo de Juan Ignacio Montes? – pregunta Mónica, agitada. - Sí, ¿por qué? – pregunta Gabriel, extrañado. - Es que a tu padre lo atropellaron – dice Mónica. Mónica está por explicarle todo al muchacho cuando él se percata de que su padre está tirado en el suelo. - ¡Papá! – dice Gabriel, muy angustiado. Gabriel corre hacia donde está su padre. Intenta despertarlo de todas las maneras posibles. - ¡Papá, despierta! – grita Gabriel, con su voz empezando a quebrarse por la angustia. – ¿Qué pasó? - Tu padre estaba aquí, y de pronto llegó un auto que lo atropelló – dice Mónica. – No sé quién era. Se dio a la fuga. Pero la ambulancia ya viene en camino, pero necesitas avisarle a tu familia. Gabriel accede y toma su celular. Aunque angustiado, trata de estar lo más calmado posible y llama a su madre. De pronto, llega un auto y de él se bajan Milagros y Lourdes. Se percatan de lo sucedido y se dirigen a ayudar a Mónica. - ¿Qué pasó? – dice Milagros. – ¡Mónica! ¿Necesitan ayuda? Mónica solo intenta hacer que Juan Ignacio se despierte mientras esperan a la ambulancia. 2. INT. DEPTO. DANIEL – LIVING/COMEDOR – NOCHE. Daniel (Jorge Arecheta) se encuentra sentado en la mesa del comedor frente al notebook. Sin embargo, pronto revisa su Facebook y ve que Ricardo le ha enviado una invitación para agregarlo. Daniel no duda en aceptar la solicitud, lo cual hace rápidamente. Pronto se le ocurre ver el perfil de Ricardo y ve unas cuantas fotos que le llaman la atención. En una foto, ve a Ricardo en una playa, llevando sólo puesto un traje de baño y torso desnudo. A Daniel parece llamarle la atención aquella foto, mordiendo los labios en señal de excitación satisfacción. Pero al ver otras fotos, ve en una a Ricardo junto a Amanda, quien lo ha etiquetado en una foto, en cuya leyenda se lee: “Las mejores vacaciones de mi vida en Pucón, junto al pololo más lindo de todos. Te amo, mi vida <3” Daniel parece estar incómodo ante el comentario de la foto y lanza un suspiro. 3. INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – NOCHE. Cristina se encuentra abrazada de Gabriel, quien está llorando, angustiado por su padre. También se encuentra junto a Bernardo, Norma y Eliana. El médico pronto sale de la U.C.I. y se dirige a la familia. - Doctor, ¿cómo está mi marido? – pregunta Cristina, preocupada. - Mire, señora, el señor Montes se encuentra inconsciente – dice el doctor. – No sabemos cómo pueda sobrevivir al impacto, debido a que también encontramos alcohol en su sangre. - Pero, ¿va a estar bien? – pregunta Norma. - En este momento se encuentra estable, pero inconsciente – dice el doctor. – Pero todo depende de él. - ¿Y se puede pasar a ver? – pregunta Bernardo. - Como les dije, el paciente está en observación, por lo que no se admiten visitas en este momento. Yo les recomendaría que se vayan a descansar a sus casas y les avisaremos si ha habido algún cambio – dice el doctor. Todos le agradecen al doctor, quien se retira pronto a la U.C.I. - No quiero que se muera el papá – dice Gabriel, llorando y abrazando a Cristina. - No, mi amor, no se va a morir, ya escuchaste al doctor – dice Cristina, consolando a su hijo. Cristina sigue consolando a su hijo, pero pronto no aguanta las ganas de llorar. De pronto, se acerca un grupo de carabineros. - Disculpe, ¿es usted la Sra. Osorio de Montes? – pregunta uno de los carabineros, dirigiéndose a Cristina. - Sí, soy yo – contesta Cristina, apartándose de Gabriel. - Vinimos a tomar la declaración sobre cómo sucedió el accidente de su esposo, según el llamado que nos hizo – dice el carabinero. - Sí, sí – dice Cristina. – Bueno, la verdad es que no les puedo ayudar mucho, porque yo llegué aquí apenas lo ingresaron. Mi hijo sabe más de lo que pasó. - Joven, díganos qué sucedió – dice el carabinero, dirigiéndose al joven. Gabriel se siente un poco nervioso, pero Cristina lo alienta a declarar. - Mire, yo no vi nada de lo que pasó, pero igual escuché un ruido – comienza a relatar Gabriel. – Pero no le di importancia hasta que… llamaron a la puerta. - ¿Quién llamó a la puerta? – pregunta el carabinero. - Una señorita… o señora, no sé. Me dijo que habían atropellado a mi papá y que la persona que lo atropelló se dio a la fuga. - Dígame, ¿qué características tenía la mujer que le informó de lo sucedido? La palabra “mujer” llama la atención de Eliana y Norma. 4. INT. CASA FERNÁNDEZ – LIVING – NOCHE. Mónica se encuentra sentada, un poco espirituada y nerviosa por lo sucedido con Juan Ignacio. Milagros se acerca a ella con una taza de manzanilla y se la pasa. - Gracias – dice Mónica, aceptándole la taza. - De nada, mi niña – dice Milagros. – ¿Cómo te sientes? - Me siento muy nerviosa. Todo esto que acaba de pasar. ¿Y Lourdes? - Se fue a dormir, mañana tiene entrevista de trabajo. Mónica sorbe de su taza de manzanilla. - Ahora, ¿me puedes decir qué pasó con ese hombre? – pregunta Milagros. – ¿Tú le hiciste lo que pasó? - No, Milagros – dice Mónica. – Él vino a la casa, completamente borracho, gritando mi nombre y que no me cree lo que le dije que yo ya no lo amo, que no le importa su familia, que no es feliz. Además, me culpó de lo que sucedió. - Es obvio que ese hombre nunca dejó de amarte. ¿Y qué pasó después? - Intenté llevarlo a su casa, pero se negó. De pronto vino un coche y lo atropelló. - Y ahora su vida pende de un hilo – dice Milagros, suspirando. – ¿Quién lo diría? Justo cuando llegaste hoy. ¿Por qué no quisiste ir para allá a la clínica, siendo tú quien llamó a la ambulancia? - No quería arriesgarme a que su familia me viera. Está casado con la hija de quienes fueron mis patrones y… no me gustaría armar algún escándalo. Mónica se queda callada, sorbiendo del té de manzanilla. - Mónica, creo que lo mejor sería que fueras para allá – dice Milagros. – Quien sabe qué pueda pasar con él. Ni Dios ni la Virgen de Guadalupe quieran que se muera, pero él merece saber en este momento que el hijo que esperabas hace tiempo y que estás buscando es de él. - No lo sé, Milagros. Él no lo entendería. Me reprocharía por haberle mentido – dice Mónica. - Tal vez, pero al menos inténtalo. Independiente de si está inconsciente o no, inténtalo. - Está bien – dice Mónica, resignada. Milagros de pronto se pone seria y Mónica lo nota. - ¿Qué pasó, Milagros? – pregunta Mónica. - Nada… es que.. – comienza a decir Milagros. – Hoy me reencontré con Bernardo después de tanto tiempo. Lourdes y yo fuimos al restobar que administra Gerardo. Hablé con Eduardo y Lourdes se puso al día con Gerardo, pero de pronto apareció Bernardo y… bueno, hui del lugar junto a Lourdes. - Creo que las dos estamos condenadas en este país a reencontrarnos con los hombres que nos hicieron daño – dice Mónica. - Sí – Milagros comienza a levantarse del sillón donde está sentada. – Bueno, yo me acostaré. Tú también descansa. No has descansado desde que llegaste, así que deberías dormir un poco. Milagros se despide de Mónica, quien corresponde. Mónica queda sola, sorbiendo de su taza de té de manzanilla y meditando sobre todo lo hablado con Mónica. 1. INT. CASA FERNÁNDEZ – DORMITORIO MILAGROS – NOCHE. Milagros entra en su dormitorio y se sienta sobre su cama. De pronto, piensa en su reencuentro con Bernardo. Es el mismo hombre con quien tuvo una relación pasajera y a quien nunca pudo olvidar. Milagros pronto saca de su cartera un rosario y lo aprieta fuerte contra su pecho, ahogando un suspiro mientras comienza a rezar. 2. INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – NOCHE. En la clínica, Cristina se encuentra abrazada de su hijo, quien todavía sigue angustiado por su padre. Mientras Bernardo espera, dando unas vueltas. Norma y Eliana discuten en secreto de la declaración que dio Gabriel. - ¿Puedes creerlo, niña? – dice Eliana. – Esa mujer fue la que ayudó a Juan Ignacio. - No estoy muy segura de que lo ayudó – dice Norma. – Yo creo que ella lo empujó. - Pero que estás macabra, niña. ¿Cómo podría ser ella capaz? - Bueno, perfectamente podría estar enojada con él porque eligió a mi hija en vez de ella. - Pero qué tonteras dices. Aunque puede ser. Bernardo se acerca a ellas, junto a Cristina y Gabriel. - Oigan, yo creo que lo mejor es que se vayan con el Gabo a su casa – dice Cristina. – Lo mejor es que se vaya a descansar. Yo me quedo acá para saber de Juan Ignacio. - No, mamá, yo me quiero quedar contigo – dice Gabriel. - Míralo cómo está, ¿por qué no lo dejas que se quede? – dice Bernardo. - Es muy chico para estar aquí, papá – dice Cristina. - Sí. Tiene 16 años – dice Norma. – No es buena edad para que se quede despierto aquí. Sigue estando en crecimiento. Yo me quedo contigo, hija. - Sí, bueno, mejor que lo vaya a dejar a mi casa – dice Bernardo. - En ese caso, prefiero irme donde el tío Dani – dice Gabriel. Hay silencio en el pasillo. - Mi amor, no creo que sea buena idea que te vayas allá – dice Norma. - ¿Por qué, porque el tío Dani es gay? – pregunta Gabriel, molesto. – A mí no me importa, de hecho, lo encuentro bacán. - Si, mamá. Si el Dani no tiene problema, yo feliz con que se quede ahí – dice Cristina. - Pero si nunca se sabe qué cochinada estará haciendo ahora – dice Eliana. – Quizás se juntó con alguno de sus amigos para hacer… - ¡Ya, ya, mamá! ¡No sea desubicada! – dice Bernardo, interrumpiéndola. – Yo no tengo problema. Él puede decidir donde quedarse. Además, se lleva muy bien con su tío. Cristina se dispone a llamar a su hermano, mientras Norma mira a Bernardo, negando con su cabeza. AL DÍA SIGUIENTE… 3. EMPRESA “ARAUCALAT” – OFICINA BERNARDO – DÍA. Bernardo se encuentra revisando algunos papeles en su oficina, cuando tocan a la puerta de su oficina. Bernardo hace pasar a la persona. Se trata de Pablo Cifuentes (Nicolás Oyarzún), gerente de recursos humanos de la compañía. - Disculpe, don Bernardo – dice Pablo. – Es que me crucé con los empresarios australianos que vinieron por el negocio de importación. - ¿Llegaron ya? ¡Chuta! ¡Justo hoy! – dice Bernardo. – Con Juan Ignacio en la clínica. - ¡Verdad que me contaron! – dice Pablo. – ¿Les digo que no vengan? - No, no, está bien. Hazlos pasar. Pablo sale de la oficina. 4. EMPRESA “ARAUCALAT” – PASILLO – DÍA. Pablo hace pasar a los empresarios. Justo en ese momento, cuando se aleja, se topa con alguien que tenía una carpeta con papeles. La carpeta cae al suelo. - Disculpa – dice Pablo. – No te vi. De pronto, Pablo se fija en la persona. Se trata de Lourdes, quien llegó a su entrevista de trabajo. - No, discúlpame a mí. Qué taruga soy – dice Lourdes. Lourdes se fija muy bien en Pablo, un hombre atractivo de deslumbrantes ojos azules. - ¿Tú trabajas por acá? Porque nunca te había visto – dice Pablo. - No, no, vine por un empleo – dice Lourdes. – Supe que buscan a alguien en el área de marketing. - Ah, sí. Para eso debes hablar con don Bernardo, pero está ocupado en este momento. Pero habla conmigo por mientras. - ¿En serio? Qué amable de tu parte – dice Lourdes. Ambos se sonríen, mirándose fijamente a los ojos. Pablo pronto se aclara la garganta. - ¡Ah, verdad! No me presenté. Soy Pablo Cifuentes, gerente de recursos humanos – dice Pablo, presentándose. - Lourdes Santana – dice Lourdes, correspondiendo a la presentación. Lourdes y Pablo se estrechan la mano. - Oye, te escuché decir “taruga” – dice Pablo, curioso. – No eres de acá de Chile, ¿o sí? - No, no. O sea, llevo 5 años viviendo aquí, pero soy mexicana – dice Lourdes. - Ah, sí. Debí haberme fijado en eso. Verdad que allá usan mucho esa palabra. Lourdes suelta una leve sonrisa. - Si me quieres seguir, mi oficina está por allá – dice Pablo. Lourdes agradece la amabilidad de Pablo. INT. DEPTO DANIEL – LIVING/COMEDOR - DÍA. Daniel se encuentra en la mesa, tomando desayuno, vistiendo una musculosa y solo boxers. Gabriel sale del dormitorio de invitados, vistiendo su pijama corto, y se acerca a saludar a su tío. - ¿Cómo estás, campeón? ¿Cómo dormiste? – dice Daniel, levantándose de la mesa para darle un abrazo a su sobrino. - Bien, tío – dice Gabriel, correspondiendo al abrazo, luego del cual se separan. – Oye, ¿no hai sabido nada de mi papá? - No, recién me vengo levantando, como hoy tengo libre. No he hablado con tu mamá. Daniel y Gabriel se sientan en la mesa. - No te pongai así, si todo va a salir bien – dice Daniel. - Es que mi papá, justo venirle a pasar esto cuando ayer llegó de Australia – dice Gabriel, un poco triste. - No te preocupís. Y toma desayuno. Mira, hice huevos revueltos, pan tostado, exprimí jugo de naranja y tengo tecito, café y leche, por si te quieres servir. - Gracias, tío, pero no tengo hambre. Pienso en mi papá y se me aprieta la guata. Gabriel pronto comienza a llorar y Daniel se acerca para consolarlo. - Mira, si el tipo que venía manejando hubiese ido a más de 50 kilómetros por hora, ahora se sabría lo peor, pero hasta ahora no ha pasado nada – dice Daniel, abrazando a su sobrino. – Ya verás que todo va a salir bien. Daniel besa a su sobrino en la cabeza y se separa de él. - Ya, cómete los huevos que están super ricos – dice Daniel. A Daniel le llega un mensaje por WhatsApp y él se sienta a ver su celular. Se trata de Ricardo. - “Hola, ¿en que andai, perro? – dice Ricardo en su mensaje. Daniel se sonríe al leer el mensaje. - “Ahora estoy con mi sobrino. A su papá anoche lo atropellaron” – responde Daniel. - “¡Pucha, qué lata! Ojalá no le haya pasado nada” – responde Ricardo. - “¿Te tinca si nos juntamos a almorzar en mi depto más rato? Así aprovecho de presentarte al Gabo, mi sobrino. Es un cabro super piola. Te va a caer bien” – dice Daniel. - “Ya, bacán. Nos vemos después que termine de pasar mi currículum” – responde Ricardo. - “Ya, nos vemos, un abrazo” – dice Daniel. Daniel se sonríe por los mensaje que se acaba de enviar con Ricardo. INT. DEPTO DANIEL – LIVING/COMEDOR - DÍA. Yadira (Angelique Boyer) se encuentra en un banco de la plaza, hasta que se encuentra con Amanda (Josefina Fiebelkorn), quien camina por ahí frente a sus narices. Amanda se detiene, pero no ve a Yadira, ya que sólo se preocupa de su celular, enviándose mensajes por WhatsApp con Ricardo. Yadira se acerca a ella y llama su atención. - Amanda – dice Yadira, agitando su mano frente a la cara de su compañera de trabajo del restobar. - ¡Yadira, amiga! – saluda Amanda a su amiga. – Perdona, es que ando volada con el WhatsApp que me manda Ricardo por su oferta de trabajo. - ¿Y qué tal le ha ido? – pregunta curiosa Yadira. - Más o menos, no más – contesta Amanda. – Fue a un centro dental en la calle Prat, pero le dijeron que lo iban a llamar, pero él cree que no va a ser así. Tu cachai como son. - ¡Hijole! Pero qué bueno que te vaya informando. Lo que es yo… tengo el peor novio del mundo. - Ya, ¿pero no se supone que tú y Adrián sólo están con una relación abierta… o sea, como decimos acá, son “amigos con ventaja”? - Bueno, pero es que Adrián siempre quiere estar conmigo en horas de trabajo, pero fuera de él… nada. - Bueno, pero tú tampoco te has portado como buena novia con él… - le recrimina Amanda. – Si tanto que le haces ojitos al mino rico del Gerardo. - ¡No digas eso ni en broma! – Yadira se molesta ante el comentario de Amanda, quien ríe. – Bueno, es que… la neta es que me gusta que Gerardo tenga esa imagen de machote, fuerte, musculoso, grande y con barba. - Bueno, ¿qué mujer no se muere por un m’hijito así de rico? – Yadira mira de reojo a Amanda. – Bueno, yo no, como… estoy pololeando con el Ricardo, que como su nombre lo indica, es harto Ricardo. - Pero bueno – continúa Yadira. – Fíjate que anoche llegó esa amiga de la que tanto habla, creo que se llama Lourdes. Y cada vez que Gerardo habla de ella me pongo… - Yadira lanza una especie de gruñido. - Huelo celos de mina – Amanda dice esto con un tono burlesco, causando la molestia de Yadira. Luego de esto, recibe una notificación de un nuevo mensaje de WhatsApp. - ¡Pucha! – dice Amanda, no con mucho entusiasmo. - ¿Qué pasa? – pregunta Yadira, preocupada por su amiga. - Yo le pregunté a Ricardo si le tincaba que almorzáramos juntos, pero me dijo que un amigo que vive frente a su departamento ya lo invitó a almorzar. - ¡Hijole! Bueno, eso es lo malo de los hombres. Siempre aguándonos la fiesta a las mujeres cuando ellos hacen compromisos con amigos. - Pero las mujeres somos igual, ¿o no, amiga? – esto último Amanda lo dice con un tono algo burlesco. Yadira se ríe ante esto y ambas siguen caminando por la plaza mientras conversan. 1. INT. CASA RODRÍGUEZ – LIVING/COMEDOR – MEDIODÍA Gerardo (Alfonso Herrera) se encuentra sentado en su notebook haciendo algunas cosas, mientras Eduardo (Fernando Colunga) está sentado en el sofá terminando de hablar por teléfono, luego de lo cual cuelga. - Llegaron los inversionistas – dice Eduardo. – Y aun no se sabe qué pasó con Juan Ignacio, pero parece que todo va bien. ¿Y? ¿Cómo han ido las ventas en el restobar, hijo? - Todo bien – dice Gerardo, terminando de hacer lo suyo en su notebook – aunque todo ha estado con poco movimiento – Gerardo cierra su notebook. – Quizás deberíamos contratar músicos o algo, aunque es difícil. - ¿No has pensado poner música mexicana o cosas así? Aunque no son mexicanos, pero según he oído, en el sur tienden a escuchar rancheras. - No, no sé – Gerardo se queda pensando un momento. – Aunque sería buena idea. Consultaré a ver qué hay. Gerardo se levanta de la mesa del comedor y camina hacia donde está su padre. - ¿Y? ¿Has sabido de mi hermano o de mamá? – Gerardo se sienta al lado de su padre. - Sí, ayer hablé con tu madre y dice que todo está bien allá en México – Eduardo parece un poco desanimado al hablar de esto. – Pero bueno, ¿cómo te fue ayer con Lourdes? Supe que conversaron un rato. - Bien – Gerardo suelta un suspiro de alegría. – Está tan linda como siempre, aunque algo cambiada eso sí. ¿Y tú, qué tal con la señora Milagros? - También conversamos aunque sea un poco, pero de pronto se puso algo pálida. Creo que se sentía mal. - ¿Habrá comido algo que le hizo mal o qué? - No lo creo, se veía muy bien y animada, pero llegó Bernardo y de pronto ella se puso así, como si hubiese visto un fantasma. - Extraño, hay que reconocerlo. Por eso Lourdes se fue así como así – Gerardo ahoga un suspiro. - ¿Y tú? – Eduardo pone una mano sobre el hombro de su hijo. – ¿Todavía sientes eso por Lourdes? Gerardo se incomoda un poco por la pregunta de su padre y pronto se levanta del sofá. - Mira, papá, yo sé que a lo mejor estaba enamorado de ella, pero… - Gerardo pasa su mano por la cara – la verdad es que… no sé si sienta lo mismo por ella, porque últimamente nos hemos visto muy poco. - Hijo, eso puede ser normal – Eduardo aparta la mirada de su hijo, poniendo ahora una mirada totalmente perdida. – Lo que es yo, creo que aún no he podido olvidar lo que siento por Milagros. Creo que ya es cosa del pasado. Gerardo pronto recibe una llamada en su celular. - ¿Hola? – Gerardo contesta el celular. – ¿Qué sucede, Adrián? – Gerardo se queda callado por largo rato, escuchando lo que Adrián debe decirle. – ¿Qué? ¿Cuándo? – Eduardo se preocupa y se levanta con él. – Allá voy. Gracias. – Gerardo cuelga su celular. - ¿Qué pasa, hijo? – pregunta Eduardo, preocupado. - Creo que intentaron robar en el resto-bar – Gerardo muestra frustración en su rostro. – ¿Cómo es posible, si estaba todo bien cerrado? - ¿Quieres que te acompañe? Gerardo asiente y junto a su padre salen pronto. CORTE DIRECTO A… 2. INT. RESTOBAR – BARRA – MEDIODÍA. Eduardo y Gerardo ya están dentro del resto-bar, conversando con Adrián (Aarón Díaz). - ¿Pero cómo es posible que nadie haya visto nada? – pregunta enojado Gerardo. - Lo juro, Gerardo. Lo único que vi fue que el candado de los barrotes ya no estaba. Parece que lo forzaron. - Bueno, pero, ¿se llevaron algo? – pregunta preocupado Eduardo. - No lo sé – pregunta Adrián, nervioso. – Yo sólo los esperaba para que vinieran a ver. Eduardo, Gerardo y Adrián se dirigen a la caja en la barra para ver si hay dinero. Gerardo revisa y se lo ve agitado, viendo los billetes que hay. - ¡No puede ser! – Gerardo se agita aún más. – ¡Faltan como 100.000 pesos chilenos! Eso es más de 200 dólares. - Adrián, ¿seguro que tú no tomaste nada de ese dinero? – pregunta Eduardo, tratando de sonar lo menos desconfiado posible. - Pero… ¿cómo creen que fui yo? Si ustedes llevan años de conocerme – Adrián parece nervioso ante la desconfianza. – Con Gerardo nos conocemos de chamaquitos. ¿Cómo creen que sería capaz de robarme algo? - No es que estemos dudando de ti, Adrián – Eduardo suena aún sereno – pero es que necesitamos saber, hombre. - ¿Cuántas veces se los tengo que decir? Yo no me robé nada – Adrián dice todo esto casi gritando. - Yo confío en Adrián, papá – Gerardo defiende a Adrián – y sé que no sería capaz de robar. - Bueno, está bien. Perdona, Adrián, pero es que en estos casos siempre hay que saber qué pasó o qué hicieron los que trabajan acá – dice Eduardo. - Bueno, yo entiendo, pero por favor no me vean a mí como el principal sospechoso – dice Adrián. - Veré si alguna copia de la llave del candado está perdida – Gerardo corre hacia su oficina. - Yo veré las que están escondidas en la bodega – Eduardo corre hacia la bodega. - Y yo veré si hay algo raro por allá – Adrián corre hacia exteriores. Cuando Eduardo y Gerardo desaparecen, Adrián los mira y sale inmediatamente del recinto. 3. EXT. RESTOBAR – FACHADA – MEDIODÍA. Adrián se aleja un poco del recinto y pronto, en una orilla del recinto, se encuentra con una persona con imagen de delincuente. - ¿Sigues teniendo el dinero? – pregunta Adrián al delincuente. - Sí, lo tengo, hermano – dice el delincuente tratando de sacar su billetera. - Cuidado, que no te vea nadie – Adrián lo detiene. – Si Gerardo y Eduardo descubren que sí tuve que ver con el robo, me despiden. - Tranquilo, hermano, si tengo todo calculado – el delincuente se da unas cuantas palmadas en el bolsillo trasero. – Oye, gracias, te pasaste. Necesitaba que me pagarai el favor, si yo tengo que alimentar a mi polola que está esperando un cabro chico. - Conste que lo hago sólo porque te debía una, aunque no sé qué gano yo o qué gana el resto-bar en esto. Si se trata de una pérdida de casi 200 dólares. - Tranquilo, hermano – el delincuente saca su billetera e intenta pasarle 20 mil pesos a Adrián. – Toma esto, porque te rajaste. - No, ¿estás loco? – dice Adrián, rechazando el dinero. – Si me ven con lana, sospecharán más de mí. - Tranquilo, hermano – dice el delincuente. – Aquí tenís el candado. Lo rompí para que pareciera que entraron a robar. Adrián se lo recibe, pero cuando siente que Gerardo y Eduardo están por salir, el delincuente sale corriendo. Gerardo y Eduardo se acercan a Adrián cuando el delincuente ya no está a la vista - ¿Y? ¿Encontraste algo? – pregunta Gerardo. - Sí, cerca del estacionamiento encontré el candado – Adrián se lo pasa a Gerardo. - Pos que está roto – dice Gerardo. - Pos claro que está roto, si lo forzaron – dice Adrián. - Muy bien hecho – Eduardo felicita a Adrián. - Pero eso no compensará la pérdida del dinero – Gerardo aún se ve molesto. Gerardo y Eduardo siguen preocupados por la situación, mientras Adrián mira hacia donde se fue el delincuente. 4. INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – DÍA. Ya es la hora de almuerzo y Cristina sigue sentada esperando noticias sobre su marido. Bernardo, quien salió de la oficina, aprovechando la hora de almuerzo para darle apoyo moral a su hija, se acerca a ella. - No se ha sabido nada, ¿cierto? – pregunta Bernardo. - No, nada – dice Cristina. – Y ya me empieza a angustiar. - Oye, hija, ¿por qué no te vas a la casa, comes algo y descansas? – pregunta Bernardo. - No soy capaz, papá – Cristina se oye hastiada y angustiada. – No soy capaz de ir a la casa a almorzar. - Pero podemos ir a almorzar por ahí. No sé, a algún restaurante, al Portal o a la cafetería que hay en el primer piso de la clínica. - No creo ser capaz de comer nada – Cristina se oye muy angustiada. – De la pura angustia, me duele la guata. - Pero haz un esfuerzo, ¿cómo vas a estar sin comer? Cristina, finalmente convencida, se levanta con su padre y deja la sala. Ya habiéndose alejado lo suficiente, Mónica hace aparición en el lugar y se acerca al mesón. - Disculpe, ¿se puede entrar a ver al señor Juan Ignacio Montes? – pregunta Mónica a la enfermera. - No lo sé, habría que preguntarle al médico, pero está en su casa almorzando – responde la enfermera amablemente. – ¿Quién la busca? Mónica está decidida a responderle algo a la enfermera. Siente que, si dice quién es en verdad, no la dejarían entrar al no estar directamente relacionada con Juan Ignacio. CORTE DIRECTO A… 5. INT. CLÍNICA – UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS – TARDE. Habiendo obtenido el permiso, Mónica entra con una bata y un gorro adecuados para entrar a la Unidad de Cuidados Intensivos. Mónica se acerca lentamente hacia un inconsciente Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen). - Juan Ignacio – Mónica se sienta a un lado de Juan Ignacio. – Soy yo, Mónica. Quiero que sepas que te mentí cuando dije que te dejé de amar. Nada de lo que sentía por ti ha cambiado. Mónica sigue hablándole a Juan Ignacio, quien aún está inconsciente. - Mira, a lo mejor ahorita no me puedes oír – empieza a deslizarse una lágrima en el rostro de Mónica –, pero quiero que sepas que lamento todas las cosas que dije antes. Mónica lleva sus manos a la mano de Juan Ignacio. - Escucha, tengo que decirte algo – dice Mónica. – Algo que llevo guardado desde hace mucho tiempo porque no tenía el valor de decirte. INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – TARDE. Cristina se da cuenta de que olvidó su cartera y pronto la ve aún en el asiento. Sin embargo, cuando la toma de nuevo y se dispone a irse, siente que pasa algo en la U.C.I. al ver la puerta entreabierta y se acerca al mesón de la enfermera. - Disculpe, ¿pasa algo en la U.C.I, donde está mi marido? – pregunta Cristina a la enfermera. - ¿Su marido? – pregunta la enfermera, extrañada. – Pero si sólo hay una persona en la U.C.I. en estos momentos… y la señorita que está allá dijo que era su marido. - ¿Su marido? Pero si yo soy… - Cristina no entendiendo nada, pronto tiene un presentimiento y siente un impulso de entrar a la U.C.I. - Señora, no puede pasar – la enfermera trata de detener a Cristina, pero es inútil. – ¡Señora! 5.1.INT. CLÍNICA – UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS – TARDE Mónica continúa hablando con el inconsciente Juan Ignacio, quien aún sigue inconsciente. - Escúchame – dice Juan Ignacio – se trata de… Mónica está dispuesta a decirle la verdad sobre el hijo que esperaba hace tiempo, cuando es interrumpida por Cristina. - Quiero saber quién eres tú y qué mierda haces… - Cristina dice esto furiosa, pero pronto reconoce a quien está junto a Juan Ignacio. – ¿Mónica? Mónica se levanta y se impacta al ver a Cristina, quien está impactada al reencontrarse con la mujer que alguna vez fue la empleada doméstica en su casa. Mónica no dice nada ante esto. - Pero… ¿cómo? – sigue Cristina, estupefacta. – ¿Por qué volviste? - Cristina, yo… – Mónica comienza a decir. Cristina comienza analizar la situación. - Veo que no pierdes el tiempo – dice Cristina, muy molesta. – Te aprovechas de la situación para ver a MI MARIDO, aprovechas que yo no estoy para verlo y hacerte pasar por su mujer para lograrlo. Eres harto patuda. - Cristina, estás equivocada… - Mónica comienza a justificarse. - ¿Yo, equivocada? – Cristina sigue molesta, sin ocultar su rabia hacia Mónica. – ¿Me vas a decir que yo aluciné que la enfermera me dijo que a MI MARIDO lo vino a ver su mujer? ¿O que estoy alucinando con verte aquí, frente a frente? Cristina pronto vuelve a analizar la situación. - Ahora entiendo todo – dice Cristina. – Ahora entiendo por qué ayer Juan Ignacio después de que salió un rato lo vi como alma en pena. Él ya sabía que volviste. Mónica se queda muda. - ¿Por qué volviste, a ver? – dice Cristina. – ¿Por qué tenías que volver? ¿Para qué? ¿Para quitarme a mi marido? - Cristina, no es así – dice Mónica. - “No es así” – dice Cristina, imitando de forma burlesca el acento mexicano de Mónica. – ¿Entonces qué? ¡Dime! Mónica no dice nada. - Escúchame bien y métete esto bien en la cabeza – dice Cristina, molesta. – Juan Ignacio es MI MARIDO, no tenías ningún derecho a meterte por acá haciéndote pasar por su mujer. ¡Yo! ¡Yo lo soy! Esto último Cristina lo dice gritando. Bernardo llega pronto a la UCI al oír la voz de Cristina. - Hija, ¿qué pasa? ¿Qué son todos esos gritos? – Bernardo pronto se percata de la presencia de Mónica. – ¿Tu? ¿Qué estás haciendo acá? Mónica se queda atónita ante la aparición de Bernardo. Una enfermera que pasaba cerca, pronto entra a la U.C.I. - ¿Qué está pasando acá? – pregunta la enfermera, muy enojada. – Esto no es una feria para que anden gritando. No puede estar más de una persona sin autorización de un médico. O sale uno o salen todos. - Perfecto – dice Cristina, quien voltea a ver a Mónica. – Que salga ella y me quedo yo, que soy su mujer. - Hija – dice Bernardo. – Acuérdate que íbamos a almorzar. - Bueno, salgamos todos, pero ella no se queda. Mónica pronto se dispone a sacarse el delantal y el gorro y cuando se encamina hacia la puerta, Cristina pronto la retiene. - Esto no se queda así, ¿me escuchaste? – dice Cristina, amenazante. – Ya nos volveremos a ver las caras. Bernardo toma a Cristina con quien se aleja. Mónica queda ahí, en medio de la puerta de entrada a la U.C.I. con la enfermera - ¡Ya pues, señorita! – dice la enfermera, molesta. – O se queda o se va. Mónica pronto sale de la U.C.I. y la enfermera cierra la puerta por fuera y se aleja. Mónica mira alejándose a Cristina.
  14. En ese caso, Sabatini se tendría que ir de AGTV, porque él y García se llevan pésimo, sobre todo porque fue él quien lo echó de TVN cuando en el 2015 lo contrataron para hacerse cargo del area dramática.
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