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About Aníbal!

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    Conseguí una antena parabólica!!!
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    Temuco, Region de la Araucania

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  1. INT. CENTRO PENITENCIARIO FEMENINO – CELDA MÓNICA – TARDE. Continúa la situación del capítulo anterior, donde Mónica (Marlene Favela) intenta habituarse a este fatídico destino que le tocó. Sin embargo, su compañera de celda la mira fijamente, como intentando hablar con ella. - ¡Flaca! ¡Pst! – dice su compañera. Mónica lentamente voltea la mirada hacia la reclusa. - ¡Oye, flaca! ¡Cambia la cara! Tenís que puro asumir lo que te tocó no más – continúa diciendo la reclusa. Mónica lentamente voltea la mirada hacia el frente. La reclusa se sienta en la cama al lado de ella. - ¡Ya po, cuéntate la firme! ¿Qué maldad hiciste pa’ que te metieran aquí? Debió haber sido una cagadita bien grande pa’ que terminís aquí, ¿o no? – la reclusa se ríe. Mónica sigue sin decir nada. - ¡Ah! ¿No hablai? ¿Te comieron la lengua los ratones? ¿Por qué no hablai po? Seamos amigas, mira que yo andaba aburrida aquí sola – la reclusa se levanta y busca en su camarote algo, sacando una cajetilla de cigarros y comienza a fumar. – Mira, aquí lo único que tenís que hacer es ser positiva. No importa qué tan dura sea tu vida aquí. Aquí en la cárcel hay de todo. Hay minas buenas, minas malas, hay quienes fueron acusadas injustamente, cogoteras, narcos, estafadoras, asesinas. - “Acusadas injustamente” – repite Mónica para sus adentros. - ¡Chaaaa! No me digai que te acusaron injustamente. Ya, suelta la firme, ¿quién te acusó? ¿A quién hay que matar cuando salgai de la cárcel? Mónica vuelve a guardar silencio. - De nuevo te comieron la lengua los ratones – la reclusa se aburre un poco y aspira de su cigarro. – Bueno, no te voy a obligar hablar. ¿Sabíai que el que come callao, come dos veces? - ¿Y tú sabías que el cigarrillo mata? – Mónica dice al fin. - Ah – exclama la reclusa, dándose cuenta del acento de Mónica. – ¿Mexicana, me imagino? Siempre me gustaron los mexicanos. A mí de chica me gustaban las novelas mexicanas. Encuentro su acento super piola. La reclusa se sienta de nuevo al lado de Mónica. - Mira, flaca. No sé por qué, pero un pálpito de que nosotras vamos a ser amigas. Aquí hay un grupito que le tienen sangre en el ojo a las extranjeras, así que no importa lo que te hagan, yo voy a estar ahí pa’ defenderte, ¿entendido? – la reclusa aspira de su cigarro. - ¡Huelo humo! ¿Quién anda fumando por ahí? – pregunta una gendarme acercándose. La reclusa es rápida y le pasa el cigarro a Mónica, quien no alcanza a reaccionar cuando llega la gendarme. - Yo… le dije que no se podía fumar en la celda – dice la reclusa, haciéndose la loca. - Oye, Gata Salvaje… no se puede fumar aquí. La que fuma, se va castigada, ¿escuchaste? – dice la gendarme, bien estricta. Mónica niega con su cabeza y mira a la reclusa, quien le quita el cigarro y aspira por última vez antes de apagar el cigarro. INT. CASA OSORIO – COMEDOR – NOCHE. En la casa Osorio, se hace una celebración familiar, debido al triunfo en el juicio contra Mónica. En la mesa, celebrando, se encuentran Cristina (Antonia Santa María), Norma (Catalina Guerra), Bernardo (Bastián Bodenhöfer) y Eliana (Gloria Münchmeyer), junto a Anselmo (Julio Jung) y Bartolomé (Jaime Vadell) como invitados. Y como familia, no podían faltar Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen) y Gabriel (Oliver Borner). - Yo aún no entiendo por qué celebramos tanto que a la Mónica la hayan encarcelado – dice Bernardo, aún incrédulo. - Ay, Bernardo. No puedo creer que andes con eso todavía – Norma se ve molesta. – Estamos celebrando no porque encerramos a la Mónica, sino porque encerramos a la persona que le disparó a nuestra hija. Ten un poco más de respeto por ella. Norma sorbe de su champaña. Juan Ignacio se acerca a su suegro y le habla al oído. - No se preocupe, don Bernardo, a mí también me parece increíble todo esto – murmura Juan Ignacio. - Y yo te entiendo. La Mónica sería incapaz de hacer algo así – dice Bernardo. Cristina, al sorprender a Juan Ignacio murmurando sobre su enemiga, lo agarra del brazo y le habla al oído. - Última vez que te oigo defender a esa perra asesina, ¿me escuchaste? – Cristina se oye bien firme en su advertencia a su marido. Juan Ignacio queda trémulo. Gabriel no come nada de lo que hay en la mesa. Cristina, preocupada se acerca a su hijo. - ¿Qué pasa, hijo? ¿Por qué no comes nada? – pregunta Cristina. - Es que, mamá… yo no sé si esté bien que hayamos culpado a la Mónica de todo esto – responde Gabriel. – Incluso empiezo a dudar de si es culpable o no. - No, hijo, no vas a empezar a defenderla igual que tu tata y tu papá. - No, si no es por defenderla. Es que… yo sé bien cómo es que te culpen o intenten culpar por algo que no hiciste. El Joaquín casi me hace esa jugada y usando al Felipe más encima. - Bueno, pero no pasó. Hijo, hay una diferencia grande entre inculpar a alguien y que ese alguien sea culpable. Así que no te preocupes. Además, Felipe y tú ya son amigos de nuevo, así que no tienes de qué preocuparte. Gabriel se queda callado. Mientras todos murmuran y comen una pizza, Eliana se pone de pie y con un tenedor, golpea su copa de champaña para hacerlos callar. - Familia, tengo un anuncio muy importante que decirles – comienza a decir Eliana. – Como todos saben, llevo una relación con Anselmo y… dadas las últimas circunstancias… quisiera anunciarles que yo, a partir de mañana, me voy a ir a vivir con Anselmo. - Mamá, no es necesario. Estaremos peleados, pero esta es su casa – dice Bernardo. - No, hijo. Yo ya no puedo soportar que ni siquiera me hables, así que lo mejor es que me vaya y nos alejemos un tiempo. Bernardo queda un poco triste, ya que nunca se había separado de su madre, pero en eso Bartolomé se pone de pie. - Bueno, yo también quería hacerles un anuncio con Bernardo – dice Bartolomé. Bartolomé se acerca a su hijo Bernardo, quien también se pone de pie. - Ah, sí, verdad. Quería decirles hace días, pero no había tenido la oportunidad – dice Bernardo. – Aprovechando este momento, quería anunciarles que también a partir de mañana, don Bartolomé, o sea, mi papá, se viene a vivir con nosotros. Todos quedan sorprendidos y contentos, menos Eliana, quien queda trémula. CORTE DIRECTO A… INT. CASA OSORIO – DORMITORIO ELIANA – NOCHE. Eliana comienza a empacar una maleta, cuando recibe la visita de Bartolomé. - ¿Y tú estás tan viejo que no aprendiste a tocar antes de entrar? – pregunta Eliana, fría. - ¿Y qué tiene mujer? Ésta ahora va a ser mi casa, ya no voy a vivir en el sucucho en el que estaba – responde Bartolomé. – Además, si hubieses estado desnuda, no habría visto nada de lo que no haya visto antes, solo que… seguramente estarías con todo tu cuerpo desparramado, sobre todo tus… - ¡Ay, no te pongas ordinario! – Eliana se molesta con el chiste que hace Bartolomé. - ¿Y tú por qué arreglas las maletas, mujer? ¿Tanto me odias que estás tan apurada por irte? - Estoy empezando a adelantar pega para mañana, ya que yo me voy, pero tú te quedas. Lograste lo que querías, Bartolomé. Mi hijo me odia y a ti te quiere. En todo caso, no es por eso que me voy, sino que para pasar el resto de mis días con el amor de mi vida. - “Amor de tu vida” – Bartolomé se ríe. – Tú ni siquiera sabes lo que es el amor. - Sí, lo sé. Y mejor que tú, que te encamaste con esa “patas negras” y dejándome sola con mi hijo. - En primer lugar, no me encamé con ella. Segundo, su nombre era Consuelo. Y tercero, no te dejé sola con tu hijo, tú me echaste y me diste por muerto. - Es natural, con lo que me hiciste. Pero ya no quiero seguir hablando del tema. Se nota que me viniste a joder. - No, no te vine a joder. Al contrario, quería proponerte una tregua. Ya que, seguramente, vendrás de visita con tu “amorcito”, te tocará verme a la cara. Así que lo que menos necesita tu hijo es que nos andemos gritando y peleando como el perro y el gato. ¿Qué dices? - Prefiero mil veces que me atropelle un camión antes que hacer una tregua contigo. Y ¿sabes qué más? Ándate, no quiero ver tu cara, es lo que menos necesito. Bartolomé se dispone a irse, pero se detiene para hacerle un último comentario a Eliana. - ¿Sabes, Eliana? Yo pensé que todos estos años sin mí te hubiesen servido para sentar cabeza, para dejar todo ese rencor. Pero me equivoqué. No dejas de ser tan tóxica como siempre lo fuiste – dice Bartolomé. Bartolomé se va, dejando sola a Eliana, quien se ve claramente molesta por el comentario de su exmarido. INT. DEPTO DANIEL – DORMITORIO – NOCHE. Daniel (Jorge Arecheta) se prepara para acostarse. A un lado de la cama, está acostado José Miguel (Guido Vecchiola), quien volvió a Temuco tras la advertencia de Amanda. José Miguel se encuentra a torso desnudo, mientras Daniel comienza a desvestirse, quedando únicamente en bóxer y se acuesta. José Miguel se acerca a él para besarlo en el cuello y así ambos intenten intimar. - No, José Miguel, ya hablamos de esto – dice Daniel. - Pero, Dani, somos pareja desde hace un mes, ¿o no? – dice José Miguel. – Obviamente tenemos que hacer cositas juntos. - ¡No, José Miguel! Yo solo estoy contigo para contenerte porque todos los días recordai a tu hijo. No hemos dicho nada de tener sexo ni nada, ni haber decidido quién era el activo o el pasivo. - Daniel, decidiste que fuéramos pareja. Tú lo dijiste, para contenerme. Y perfectamente una de las cosas que mejor podís hacer para contenerme es tener sexo conmigo, ¿o no? - La última vez que tuvimos sexo, me drogaste para violarme. Y no quiero tener sexo con alguien que me hizo esto. Así que, por fa, ¿me podís dejar dormir? José Miguel se sienta en la cama. - Daniel, no lo voy a repetir más – dice José Miguel. – Y esto te lo voy a decir una vez más: o aceptas tener sexo conmigo, o voy y te denuncio por haber matado a mi hijo y hago que se abra una investigación en tu contra. Y yo tengo todas las pruebas para hacerlo. Así que tú eliges. Daniel queda paralizado. Está entre la espada y la pared, pero pronto ve que no hay nada que hacer. Se recuesta boca abajo y José Miguel comienza a besarle el cuello. - Eso es. ¿Viste que no era tan difícil de decidir? – pregunta José Miguel. Pronto, José Miguel decide sacarse la ropa interior y la de Daniel, quedando ambos desnudos. José Miguel comienza a penetrar a Daniel, quien se empieza a quejar de dolor, pero sabe que no tiene mucho que hacer. INT. CASA RODRÍGUEZ – DORMITORIO INVITADOS – NOCHE. Minerva (Itatí Cantoral) termina de ordenar su ropa y la pone en el clóset. Eduardo (Fernando Colunga) está con ella. - Aún no puedo creer que hayas venido – dice Eduardo. – Y encima de todo te vienes a vivir aquí, sin consultarme. - Tranquilo, Eduardo. Si solo será un tiempo – dice Minerva, colgando uno de sus vestidos. – Además, no quiero malgastar mi dinero para un hotel. ¿No querrás echarme a la calle, a mí, a una pobre mujer extranjera e indefensa en un nuevo país? - Claro que no me gustaría que quedaras en la calle, pero… no entiendo por qué insistes en arruinarle la vida a Luis Fernando. - No quiero arruinarle la vida, solo quiero recuperarlo porque yo gané su custodia. - Custodia que ganaste tú con trampas. - Trampas no. Eso fue por obra de mi señor Jesucristo, quien también me bendijo con mi talento para el diseño de modas. Pienso diseñar una nueva colección de ropa y venderla a las mejores tiendas de este país. Y en cuanto sea millonaria, me compro una casa aquí y se acabó. - O sea, ¿te piensas quedar en este país? - Sí. Para estar cerca de mis hijos… y de ti. Minerva se acerca coqueta a su exesposo. - Minerva, ¿qué haces? – dice Eduardo. - Eduardo, me pregunto por qué nuestro matrimonio no funcionó, si eres tan guapo – dice Minerva, coqueta, como si fuera a besar a Eduardo. - Tú sabes por qué. Además, yo no me casé contigo enamorado. - Pues debiste enamorarte de mí y no de esa golfa de Milagros – Minerva se aparta de Eduardo. – Aún no puedo creer que sigas pensando en ella a pesar de que ella no te ama. - Sí. Y la seguiré amando. Aun si no me corresponde, siempre estaré para ella y para Lourdes. - ¡Y dale con esas mujerzuelas! ¡Me tienes harta con ellas! - ¡Mucho cuidado con cómo te diriges a ellas! ¡No te permito que les faltes el respeto, ni mucho menos a Lourdes! - ¡Lourdes! ¡Lourdes! ¡Lourdes! ¡La defiendes y endiosas tanto, es como si fuera tu…! Eduardo mira desafiante a Minerva, para que continúe su frase. Eduardo asiente con su cabeza y Minerva entiende el mensaje de Eduardo. - ¡No! No me digas que…– dice Minerva, sorprendida. - Sí, Lourdes es mi hija – dice Eduardo. – Así que no te permitiré que hables así de ella. - Eres un cretino. Estando embarazada de Gerardo, me engañaste con Milagros. - Sí, y no me arrepiento de nada. No estaba enamorado de ti, pero me obligabas a tener sexo contigo, te aprovechabas de mi estando ebrio. Y dos veces, solo para tener hijos, que para mí ambos son lo único bueno que salió de nuestro matrimonio. - Yo siempre supe que no me amabas y que preferiste a nuestros hijos. Por eso arreglé todo y con algo de ayuda para que te quitaran la custodia de Luis Fernando, para castigarte. Y si me vuelvo a México, ¡me vuelvo con él vivo o muerto! - ¡No puedo creer que digas eso! - ¡No, no quise decir eso…! ¡Pero mira lo que me haces decir! Eduardo, estupefacto, deja la habitación, dejando a Minerva, exhalando un gruñido de rabia. INT. CASA RIVEROS – SALA DE ESTAR – NOCHE. Joaquín (Nahuel Cantillano) llega a su casa, con el pelo mojado y con un bolso. Se sienta en el sillón mientras ve a su madre Tatiana Moraga (Alejandra Fosalba) haciendo yoga. - Hola, mami – dice Joaquín. - Hola, mi amor – dice Tatiana. – No deberías llegar tan tarde del gimnasio. Mañana tienes colegio. - Sí sé, mami, pero es que tengo que trabajar el cuerpo, así dejo loquitas a las minas del curso y hago mearse del miedo a los weones pa’ que me respeten. - Joaquín, ¿cuántas veces te he dicho que no hables como flaite? – dice Tatiana, horrorizada. – Mira, hasta me hiciste perder la postura. - Perdón, mami, pero es que se me pega. - No deberías juntarte más con esos amigos flaites que tienes. - ¿El Angulo y el Cerda? Pero si son mis mejores amigos. - Joaquín Marcelo, se llaman Martín y Alejandro. No me gusta cuando la gente llama por sus apellidos a otros. - Mami, ¿cuántas veces te he dicho que me carga que digai mi segundo nombre? Joaquín solamente. Además, son mis compañeros y los llamo como quiero. - ¡A ver, Joaquín Marcelo! Soy tu madre y me tienes que respetar. ¿Quién es la que siempre va a tus reuniones? - Tú. - ¿Y quién es la que siempre te arregla tus condoros cuando me citan los directivos al colegio? - Tú po. - ¿Y gracias a quién echaron al rector Maturana? - A ti, po. Si siempre soi tú. Ya, perdona, mamá, pero tu sabís que me carga que me cateteen. - Si no es de cateteo, mi amor, es para que no se te vaya la imagen de niño de buena familia. Ya, mi chanchito, no se me enoje. Tatiana se acerca a su hijo y comienza a besarlo en la mejilla. - ¿Quién es mi chanchito regalón? – dice Tatiana, muy cariñosa. - Yo po – dice Joaquín, creyéndose el cuento. Repentinamente, entra por la puerta el jefe del hogar, Cristián Riveros (Remigio Remedy). - Mire quién llegó – dice Tatiana. - ¡Hola, papi! – dice Joaquín, acercándose a su padre para saludarlo con un abrazo. - No me toquen porfa, que vengo cansado – dice Cristián. - Mi amor, si tu hijo te quiere saludar – dice Tatiana. - Vengo de una reunión nocturna tan agotadora que no tengo tiempo para que el cabro chico se me acerque – dice Cristián. – Solo me quiero bañar y acostar altiro. - La comida está en el microondas por si tienes hambre – dice Tatiana. - Gracias, mi amor, ahí me la llevas a la pieza – dice Cristián. Joaquín se pone triste ante el desprecio de su padre. Tatiana lo consuela. - No se ponga triste, mi chanchito, si el papá está cansado – dice Tatiana. - Pero si viste cómo me trató – dice Joaquín, como a punto de llorar. – Si todos los días es así. A veces siento que el papá no me quiere. Tatiana consuela a su hijo, quien no puede evitar que se le deslicen lágrimas por sus mejillas. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – NOCHE. Luis Fernando está en el restobar, conversando con Gerardo. - ¿Y por cuánto rato te piensas quedar, hermanito? – pregunta Gerardo. - No sé, hermano, pero no quiero estar en casa con mamá. Me trae muy malos recuerdos de cuando estaba en México con ella – dice Luis Fernando. - Bueno, pero no pasará mientras estés a nuestro lado. Yo no voy a dejar que te hagan daño. Luis Fernando, conmovido, abraza a su hermano. - Bueno, hermanito, voy a estar en la gerencia por si me necesitas. Gerardo se retira a su oficina. A Luis Fernando le sirven un jugo de mango se dispone a sentarse en una de las mesas. Justo en ese momento, un joven se acerca a la barra y se topa con Luis Fernando, quien le pasa a derramar jugo en la ropa. - ¡Cuidado, güey! ¡Manchaste mi chamarra! – dice el joven, claramente mexicano. - ¡Perdón, güey! No quería, discúlpame por favor – dice Luis Fernando, avergonzado. - No, pero ten más cuidado, mira que esta mancha… - el joven se interrumpe al reconocer esa voz. Luis Fernando también queda trémulo al reconocerla. Se trata de Carlos Manuel (Benny Emmanuel), su exnovio y quien fuera antes de ello su mejor amigo. - ¡Carlos Manuel! – dice sorprendido Luis Fernando. - ¡Luis Fernando! – Carlos Manuel se sorprende igual. FLASHBACK – JULIO 2012 (7 AÑOS ATRÁS) EXT. ZÓCALO DE MÉXICO – TARDE. La Plaza de la Constitución, más conocida como “El Zócalo”. Ciudad de México. Luis Fernando, de unos 17 años, está vestido veraniego, con una camisa corta y unos shorts, debido a que, en México, en julio es verano. Carlos también está vestido con unos shorts de jeans y una polera de color rojo. Ambos están sentados Luis Fernando besa apasionadamente a Carlos. Pronto, Carlos se aparta de él. - Espera, mi amor – dice Carlos. – No me gusta estar así a escondidas de tu madre. - Pero ya sabes cómo es de homofóbica – dice Luis Fernando. - Sí, lo sé. Pero es que estoy cansado de sus descalificaciones, de cómo nos trata de putos, de pecadores. ¿Ya le intentaste hacer entender? - Claro que sí, muchas veces, pero terminábamos discutiendo y ella terminaba pegándome, aun estando ebria o no. Carlos suspira. - Amor, no tienes que preocuparte más – dice Luis Fernando. – Ya faltan 6 meses para que cumpla 18 años y puedo decidir si quiero vivir con ella o no. Para junio del próximo año, Lourdes y la señora Milagros se van a ir a vivir a Chile y yo me quiero ir con ellas para estar con mi papá y mi hermano. ¿Estarías dispuesto a irte conmigo? Carlos se sorprende con la proposición de Luis Fernando. - Esto es muy… repentino, Luis Fernando – dice Carlos. – Es que… dejar a mis abuelos aquí, que me han cuidado desde que yo era chiquito cuando mis padres murieron. O sea, sé que ambos cumplimos años el mismo mes y yo bien podría decidirlo, pero yo… no podría dejarlos solos. - Piénsalo, ¿eh? Tenemos desde aquí hasta enero, pero no te demores mucho, ¿sale? – dice Luis Fernando. – A mí lo único que me importa es vivir mi amor contigo, en paz y libertad. Empezar una nueva vida contigo, mi bomboncito de caramelo. - Claro que sí, mi dulcecito de vainilla. Luis Fernando y Carlos se besan muy románticamente y se abrazan. FIN FLASHBACK Carlos se acerca y abraza a Luis Fernando, muy contento. Luis Fernando no corresponde tan contento. - Güey, ¿qué haces aquí? Pensé que no podías venir por tus abuelos – dice Luis Fernando. - ¿No es obvio? Vine aquí… por ti. Luis Fernando, no te he olvidado… nunca te he dejado de amar. Luis Fernando queda trémulo ante esta confesión de Carlos Manuel. INT. DEPTO RICARDO – DORMITORIO – NOCHE. Ricardo (Matías Assler), ya desvestido, se encuentra acostado, cuando está revisando en su celular. En su Instagram, revisa una foto que subió Daniel junto a José Miguel. A Ricardo le complica esta foto, ya que ha asumido que Daniel lleva una relación con José Miguel. Sin embargo, nota una sonrisa algo falsa en Daniel, una sonrisa que oculta dolor. - Ay, Daniel – dice Ricardo. INICIA SERIE FLASHBACKS – FLASHBACK 1 – AGOSTO 2008 (11 años atrás) INT. COLEGIO – SALA CUARTO MEDIO – TARDE. Daniel y Ricardo, de 17 años ambos, están haciendo guías juntos de Lenguaje que los ayudaría a prepararse para la PSU. - ¡Qué peluda la PSU, weón! – dice Ricardo. - Sí po – dice Daniel. – ¿Cómo esperan que te aprendai todo esto? - No sé. ¿Y si el día que nos toque nos escapamos y nos vamos pa’ la playa weón? Invitamos al Andrés, al Tomás, a la Sandra y a la Cata. - La raja, weón. Aunque hay que hacerla porque, sino… no me quiero imaginar lo que nos güevearán. - Ah sí. Pero no, igual tamos daos, porque igual erís seco y me vai a ayudar, ¿o no? - Sí, po. Delante de ellos, se sienta Andrés Zavala (Eusebio Arenas), quien en ese momento era pareja de Ricardo, pero nadie en el curso lo sabía. Mientras Daniel hace su guía, Ricardo y Andrés intercambian miradas coquetas y se lanzan besos. FLASHBACK 2 – CAPÍTULO 6. ESCENAS 6 Y 9. INT. DEPTO RICARDO – NOCHE. Daniel no puede creer que Ricardo le haya confesado que le gusta. - Sí… es que… te encuentro tan rico, weón – dice Ricardo. – Y además, erís tan lindo conmigo. Me tratai super bien y… lo mejor es que no abandonai a nadie ni en el peor momento. Daniel, a pesar de estar ebrio, no puede creer la confesión de Ricardo, quien no aguanta y lo besa en los labios. Daniel se impacta con el beso, pero en realidad le gusta. Se deja llevar por el momento. Ricardo y Daniel se besan apasionadamente. Pronto, Ricardo se quita la polera que llevaba puesta y le desabrocha la camisa que llevaba puesta Daniel y se la quita. Ambos quedan a torso descubierto y se siguen besando. Daniel toca el marcado pecho de Ricardo, quien le toca el rostro. Luego, ambos entran al dormitorio de golpe. Ambos se están quitando el resto de la ropa, quedando únicamente en bóxers. Ambos se siguen besando y se dejan caer en la cama. Ahí, se quitan sus bóxers, quedando completamente desnudos. Ambos se dejan caer sobre la cama. Con sus cuerpos pegados el uno al otro, se besan llegando a morderse los labios. FIN FLASHBACKS Ricardo sigue mirando la foto, mirando a Daniel y se le derrama una lágrima de nostalgia. Cuando se la seca, se le ocurre ver en la sección de “buscar” y encuentra una foto de su expololo, Andrés, junto a su actual pareja y “marido” (conviviente civil). Ricardo ve su rostro con mucha nostalgia. Pronto, decide seguirlo y mandarle un mensaje directo. - “¿Andrés?” – dice Ricardo en su mensaje. - “¿Ricardo?” – pregunta Andrés. - “¿Cómo estás?” – pregunta Ricardo en otro mensaje. - “¿Bien y tú?” – pregunta de vuelta Andrés. - “Bien, aquí. Soltero” – responde Ricardo. – “¿Y tú, como vai con tu marido?” - “Bien, po” – responde Andrés. – “Oye, ¿y para qué me hablaste?” - “Nada po, es que pillé una foto tuya por aquí y quería saber en que andabai” – responde Ricardo. - “Buena. Si igual el otro día me acordé de ti. Lástima que lo nuestro no funcionara” – dice Andrés. - “Oye, ¿te tinca si uno de estos días nos juntamos a tomar alguna chelita o algo piola? Puede ser en una disco, en tu casa, o donde sea” – propone Ricardo. - “Ya po. Oye, mejor hablemos por wsp, ya que ahí es más cómodo que aquí xD” – dice Andrés. Ricardo sonríe al hablar con su expololo, siente que cualquier hostilidad entre ellos se desvaneció. INT. CASA RODRÍGUEZ – ENTRADA – NOCHE. Alguien toca el timbre. Eduardo abre. Se trata de Milagros. - Milagros. Pasa – dice Eduardo. - ¿Cómo estás, Eduardo? – saluda Milagros. – ¿Qué sucedió? - Verás… En ese momento, baja Minerva, vestida de camisón y con una bata. - ¿Quién llegó a estas horas, Eduardo? ¿Es que una no puede prepararse para dormir? – dice Minerva, mientras termina de bajar la escalera y se percata de la presencia de Milagros y Lourdes. – ¿Y ésta qué hace aquí? - Lo mismo me pregunto. ¿Qué haces tú aquí? – dice Milagros. - ¿Qué, no es obvio? – responde Minerva, altiva. – Me vine a vivir aquí junto a mi esposo y mis hijos. Milagros queda estupefacta. - ¿Trajiste a Minerva a vivir a tu casa? – le pregunta Milagros a Eduardo muy sorprendida. - No, Milagros, verás… – dice Eduardo. - Claro que sí, es que con Eduardo y yo nos dimos cuenta de que no podíamos estar lejos de nuestros hijos y que él y yo nos amamos – dice Minerva, mintiendo cínicamente. – ¿O no, mi Eduardo? Minerva intenta besarlo, pero Eduardo se aparta. - No te creo nada – dice Milagros. – Eres una mentirosa. ¿Cómo crees que Eduardo volverá a vivir contigo después de todo lo que ustedes pasaron y, encima de todo, después de cuánto maltratabas a Luis Fernando? - Eduardo sigue siendo mi esposo y Luis Fernando mi hijo – dice Minerva. - ¡No es tu esposo! ¿O acaso olvidas que él y tú están divorciados? – dice Milagros, alzando la voz. - Bueno, pero nos volvemos a casar, ¿o no, mi Eduardito? O, mejor dicho, ¿mi Lalito, como te gustaba que te dijeran? – dice Minerva, coqueta. - ¡Ya basta las dos! – dice Eduardo, alzando la voz. – Minerva, por favor, vete a tu habitación y no compliques más las cosas. Minerva los mira ambos con rabia y sube nuevamente. - Es que no puedo creer su desfachatez – dice Milagros. - Tú sabes que ella siempre fue así – dice Eduardo. – Ella vino aquí sin avisar. - Es que esta mujer está loca. ¿Cómo reaccionaron Gerardo y Luis Fernando cuando ella llegó? - Luis Fernando reaccionó muy mal, ya sabes por qué. Para Gerardo fue una sorpresa, pero no significa que no se haya molestado. Ya sabes lo mucho que quiere y apoya a su hermano. - Y a todo esto, ¿dónde está Luis Fernando? - Está en el restobar con Gerardo. Ya sabes, no quiere toparse mucho con su madre. - Pobre niño. Tener que ver todos los días el rostro de la madre que lo maltrataba. - Gracias por venir, Milagros. De verdad necesitaba tu apoyo. - No fue nada, Eduardo. Independiente de lo que ocurra entre nosotros, siempre estaré para ti. Eduardo toma las manos de Milagros. En la escalera, Minerva espía esta escena, con mucha rabia. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – NOCHE. Luis Fernando está con su jugo de mango, mientras a Carlos Manuel le traen un jugo igual, mientras él le relata a Luis Fernando lo que ha sucedido. - Como yo aún no terminaba mis estudios, me quedé con mis abuelos – dice Carlos Manuel. – Tomé un empleo de medio tiempo en una pizzería. Con ese empleo, trataba de juntar lana suficiente para poder un día irme a vivir solo. Sin embargo, me despidieron porque ya sabes cómo son algunas personas en México. Me pillaron besándome con otro de los repartidores. Pero con él todo era más sexo y diversión. Igual los siguientes, pero solo fue llenar el vacío tras dejarte. - Y tus abuelos, ¿qué pasó? ¿Los dejaste ahí? – pregunta Luis Fernando. - No. Ellos fallecieron hace un mes. - Cielos… no sabía, lo siento mucho – Luis Fernando se muestra sorprendido. - Después de que me dieron aire de la chamba, pude terminar los estudios y graduarme… pero justo cuando buscaba chamba, mi abuelo enfermó gravemente y murió – sigue relatando Carlos Manuel. – Y al día siguiente también mi abuela, pero ella no estaba enferma. Ella tomó una cantidad de píldoras. Estaba muy triste por la muerte de mi abuelo y no aguantó más. Ese día quedé muy triste. Pero fue entonces cuando me llegó su herencia. Y cuando lo supe, quería ir a rescatarte de la casa donde vivías con tu mamá, pero supe que te habías venido a Chile. Y bueno, usé ese dinero para conseguir mi visa y mi pasaporte para venir a buscarte y averigüé donde quedaba la ciudad y la casa donde vivían tu papá y tu hermano. Y así fue como llegué a ti. - Eran tan buenas personas. Aún recuerdo cuando aceptaron que te vinieras conmigo a Chile. FLASHBACK – JULIO 2012 (7 AÑOS ATRÁS) EXT. PLAYA DEL CARMEN – TARDE. Playa del Carmen, Quintana Roo, Ciudad de México. Luis Fernando está tomando el sol a torso desnudo y con un traje de baño, mientras ve como se baña Carlos en el mar. Ambos están disfrutando sus vacaciones, una escapada que hicieron lejos de los maltratos de Minerva y con apoyo de los abuelos de Carlos. Luis Fernando admira el marcado torso de Carlos, quien se acerca bien mojado a Luis Fernando y se abalanza sobre él a besarlo. - ¡Ay! ¡Ya, güey! – dice Luis Fernando, entre risas, ya que Carlos está muy helado por el agua del mar. – ¡No! ¡Estás helado y empapado! - Mejor, así me veo más sensual para ti, ¿o no? Ambos se ríen y Carlos le hace cosquillas a Luis Fernando. Luego todo se torna romántico entre ambos. Carlos está encima de Luis Fernando y se dan un beso apasionado. - Hey – dice Carlos, al terminar el beso. – Te tengo una sorpresa. - ¿Qué? – pregunta Luis Fernando. - Hablé con mis abuelos, y aceptaron que me fuera a Chile contigo. - ¿En serio? ¿Cómo los convenciste? - Es que, para cuando Lourdes y la señora Milagros se vayan, nosotros ya habremos terminado la escuela. Como allá es invierno en esas fechas, podremos tomarnos el resto del año y al siguiente ir a la universidad. Y como es una decisión mía, mis abuelos la aceptaron, ya que, de todas maneras, si no me iba a Chile, me iría a estudiar afuera y viviría en una residencia. - ¿En serio? ¡Qué alegría, mi amor! Ambos celebran con un gran beso apasionado. Ambos corren hacia el mar y comienzan a jugar tirándose agua y repentinamente, Luis Fernando se lanza sobre Carlos y ambos terminan en el suelo, comienzan a besarse apasionadamente, mientras una ola pasa por encima de ellos. FIN FLASHBACK Carlos Manuel y Luis Fernando recuerdan con nostalgia a los abuelos del primero. - Luis Fernando, yo… en serio quería acercarme a ti, pero… ya sabes todo lo que nos impedía estar juntos. Ahora nada nos va a poder separar más. Por favor, no dejes ir esta oportunidad que nos está dando el destino – dice Carlos Manuel, tomando la mano de Luis Fernando. Luis Fernando separa su mano de la de Carlos. - Lo siento, Carlos Manuel – dice Luis Fernando. – Tú preferiste quedarte con tus abuelos y terminar tu relación conmigo, todo porque mamá rompió mis documentos para evitar que nos fuéramos – dice Luis Fernando, molesto. – Aun si contabas con la aprobación de ellos, te quedaste ahí en México. - Luis Fernando, teníamos 18 años – dice Carlos Manuel. – Éramos unos chamacos. Además, sentí que tú estabas sufriendo por culpa mía. Yo te amaba, por eso terminé nuestra relación. Luis Fernando suspira. - Luis Fernando, en serio, jamás dejé de amarte – Carlos Manuel comienza a verse afligido. – Yo llegué a Chile por ti. Quiero que ambos tengamos una vida juntos aquí. Yo solo quiero saber qué es lo que sientes por mí. Si me dices que no, yo regreso a México, pero al menos habré sentido la satisfacción de verte. Luis Fernando no dice nada. Carlos Manuel entiende el silencio de Luis Fernando. - Entiendo. Disculpa, no me siento bien – Carlos Manuel se levanta de su puesto y comienza a quebrarse en llanto, pero intenta disimular. Carlos Manuel corre hacia el baño. Luis Fernando se siente triste. Pues los sentimientos de Carlos Manuel son correspondidos, pero tiene miedo de que ambos vuelvan a sufrir a causa de Minerva. En el baño, Carlos Manuel se mira al espejo y comienza a llorar desconsoladamente. En eso, entra Luis Fernando y lo sorprende. - ¡Luis Fernando! – exclama Carlos Manuel al verlo desde el espejo, secándose las lágrimas. - Carlos Manuel… no me puedo seguir engañando. Yo tampoco he dejado de amarte – revela Luis Fernando. Luis Fernando se abalanza contra Carlos Manuel y ambos comienzan a besarse muy apasionadamente. CORTE DIRECTO A… INT. CASA RODRÍGUEZ – DORMITORIO LUIS FERNANDO – MADRUGADA (2:00 A.M.) Luis Fernando y Carlos Manuel se dejan caer sobre la cama, completamente desnudos y comienzan a hacer el amor. Ambos se besan muy apasionadamente. Carlos Manuel baja por el cuerpo de Luis Fernando, besando su pecho, hasta llegar a su zona íntima. Luis Fernando exhala ante el sexo oral que le hace Carlos Manuel. Luis Fernando se levanta y pone boca abajo a Carlos Manuel y comienza a penetrarlo. Carlo Manuel exhala unos gemidos, mientras Luis Fernando hace movimientos pélvicos y le besa el cuello. En un momento, Luis Fernando deja de hacer movimientos y pone boca arriba a Carlos Manuel, y ambos comienzan a masturbarse, con ambos con sus cuerpos muy pegados el uno al otro, hasta que al acabar, ambos lanzan un gemido. Luis Fernando se deja caer sobre el marcado pecho de Carlos Manuel, quedando abrazados. DÍA SIGUIENTE… INT. CENTRO PENITENCIARIO FEMENINO – BAÑO – DÍA. Mónica sale de la ducha. Mónica lleva una toalla para cubrir su cuerpo. Unas reclusas entran al baño, completamente vestidas. - Cachen, pajarita nueva – dice una de las reclusas. - Escuché que es mexicana – dice otra de las reclusas. - ¡Ah, wena! ¡Tenemos nueva víctima! – dice una tercera reclusa. - Mónica, intentando no prestar atención, intenta pasar, pero la tercera reclusa no le permite el paso. - ¡Vo’ no pasai de aquí! – dice la tercera reclusa, dándole un empujón a Mónica. Mónica se cae al suelo. Sin embargo, ella se pone de pie e intenta pasar, ignorando a sus agresoras. - ¡Ah, chorita la weona! ¿Qué tai’ sorda? Te dije que de aquí no pasabai – dice la tercera reclusa, cortándole el paso. - Pa que sepai, somos “Las Katanas”. ¿Querís saber por qué? – dice la segunda reclusa. - No sabís na’. Terminamos en la cana por echarnos a una haitana, a una colombiana y a una venezolana. Así que te conviene no meterte con nosotras si no querís que agreguemos una mexicana a un prontuario – dice la primera reclusa. Mónica intenta zafarse de la matona, pero ella la agarra fuertemente. En eso, su compañera de celda, “La Fierro”, que entra también al baño, se interpone. - ¡Oye! Más cuidado con mi compañera de celda, “Abrojo” – dice “La Fierro”. - Miren quien llegó. “La Fierrito” – dice la primera reclusa, apodada “La Gilette”, la líder de “Las Katanas”. - Parece que tenís pololita nueva – dice la segunda reclusa, apodada “La Cortaplumas”. - Vo’ sabí como somos nosotras, Fierrito, así que no te metai. Esta es nuestra presa – dice “La Abrojo”. - Mientras yo siga aquí con vida, no va a ser na’ así – dice “La Fierro”. “La Fierro” comienza una pelea contra “Las Katanas” para defender a Mónica, quien queda perpleja al ver que la realidad en la cárcel es mucho más cruda de lo que ella cree.
  2. Aníbal!

    CAPÍTULO 20 | "El Juicio de Mónica" (PARTE II)

    Gracias Gaspar Y bueno, la pista de que Felipe fuera hijo de Mónica ya estaba (el ser adoptado), pero se necesitaba lo esencial para que se supiera Claramente Mónica tenía que tener alguna etapa donde sufriera harto, donde Norma le hiciera algo para que no lograra su objetivo de llegar a su hijo. Gracias, Gaspar como siempre por tus palabras
  3. Aníbal!

    CAPÍTULO 20 | "El Juicio de Mónica" (PARTE I)

    Gracias Gaspar
  4. Aníbal!

    CAPÍTULO 19 | "No sé qué pasará"

    Gracias como siempre por tus palabras, querido Gaspar Estos personajes aportarán más a las historias para que vayan avanzando o dejará descansar algunas para que se vayan desarrollando a su ritmo. Esteban de la Cruz, eternamente enamorado de Mónica y rivalizando con Juan Ignacio.
  5. Aníbal!

    CAPÍTULO 18 - SEGUNDA ETAPA | "Culpable o no"

    Gracias Gaspar A Mónica se le viene duro... ni ella sabe lo que le espera. Nadie lo sabe, solo Norma y Cristina que orquestaron su trampa. Quise hacer con Minerva esa referencia jajajajaja
  6. Gracias a ti, Gaspar por el aporte
  7. Gracias Gaspar... Norma es capaz de lo que sea con tal hacer respetar sus creencias del matrimonio... Y Lourdes perdió a su hijo y estaba dispuesta a criarlo
  8. Aníbal!

    CAPÍTULO 16 | "¿Dónde está mi hijo?"

    Gracias, Gaspar... Así es Mónica se pudo armar de valor para enfrentar a Norma ahora que sabe que ella orquestó la desaparición de su hijo.
  9. EXT. AEROPUERTO INTERNACIONAL LA ARAUCANÍA – TARDE. Un joven sale del Aeropuerto Internacional La Araucanía, que se encuentra ubicado en la comuna de Freire, provincia de Cautín. El joven saca su celular y accede a la aplicación Uber para dirigirse a la ciudad de Temuco. En eso, accede a su galería y ve una foto. Dicha foto es de Luis Fernando. El joven que mira dicha foto se trata de Carlos Manuel Vázquez (Benny Emmanuel), exnovio de Luis Fernando. - Luis Fernando – dice Carlos Manuel. – Esta vez estaremos juntos. INT. DEPTO NICOLÁS – DORMITORIO – TARDE. Amanda no sabe qué responder ante la exigencia de José Miguel, ya que ella ha descubierto que su hijo Nicolás no está muerto, sino que está en estado vegetal. Ella solo quiere irse, pero José Miguel la retiene del brazo. - ¡Responde, mierda! – dice José Miguel, muy amenazante. - ¡Ay! ¡José Miguel! ¡Suéltame! ¡Me estai haciendo daño! – dice Amanda. - ¡Te dije que esto no era de tu incumbencia! - ¡Ay! ¡Suéltame! - ¿Acaso me andabai siguiendo? ¿Ah? ¡Te dije que no te metierai en esto! Amanda intenta zafarse, pero pronto solo atina a darle un golpe en el estómago a José Miguel, quien comienza a quejarse en el dolor y Amanda lo empuja contra una silla que hay cerca. - ¡Maraca conchetumadre! – dice José Miguel, sentándose en la silla, sintiendo como que fuera a vomitar por el golpe que le dio Amanda. - Tú eres el que me va a explicar qué mierda significa esto – dice Amanda. – ¿No que tu hijo estaba muerto? ¿No que Daniel lo había matado? Estamos juntos en esto y merecía saber qué estaba detrás de tus viajes tan misteriosos. José Miguel intenta respirar. - Ya, está bien, te voy a explicar – dice José Miguel, tratando de respirar. – ¡Puta que pegai fuerte! - Ay, si tampoco te pegué tan fuerte, ¡oh! – dice Amanda. – Más me dolió a mí la mano con esos abdominales que tenís. - Lo que pasa es que Daniel no mató a mi hijo en ese accidente – dice José Miguel, ya respirando mejor. – Solo quedó muy malherido y entró en coma. Por eso he estado viniendo a cuidar a mi hijo, y no de viaje como Daniel cree. Pero, aun así, Daniel le provocó esto y eso nunca se lo voy a perdonar. Le he dicho que, si no me cumple como pololo, lo iba a mandar a la cárcel por haberlo matado. Por eso mentí con que mi hijo estaba muerto, para hacerlo sufrir. Necesitaba vengarme de él, y no solo porque tú me pediste que lo mantuviera alejado de tu pololo gay. - ¡Y dale con que Ricardo es gay! No es gay, yo sé que me ama. - Piensa lo que querai… pero no debiste venir aquí. Mientras menos gente supiera, mejor. Amanda analiza todo lo que José Miguel le dijo. - Porfa, Amanda, no le digai nada a nadie, ni mucho menos a Ricardo o a Daniel – dice José Miguel. – Necesito que sigamos el plan, que Daniel siga creyendo que Nicolás está muerto. - Está bien, no le voy a decir nada – dice Amanda. – Pero con una condición. - ¿Cuál? - Que esta será la última vez que veas a tu hijo. - ¿Qué? - Lo que escuchaste. Tú mismo lo dijiste, tenemos que apegarnos al plan. Tú tienes que quedarte con Daniel en su departamento para mantenerlo a raya, amenazado. Además, ¿qué va a necesitar tu hijo de tu presencia? ¿Acaso no hay enfermeras que lo cuidan? - Sí. Si hay enfermeras. - ¿Viste? Entonces no tenís nada que hacer aquí. Bueno, yo me voy, pero ya sabís. Ésta va a ser la última vez que verás a tu hijo. Si no haces lo que yo te pido, yo voy y le cuento todo a Daniel y ahí va a quedar la cagá. Pero si haces lo que tienes pensado y lo mandas a la cárcel, quizás ahí puedas volver a ver a tu hijo. Antes no. José Miguel se siente entre la espada y la pared. Amanda se va de la pieza. José Miguel mira con tristeza a su hijo. INT. CORTE DE APELACIONES – TARDE. Gabriel se encuentra declarando sobre Mónica. - Hace tiempo, el día en que mis papás celebraban su aniversario de matrimonio, la señorita Rodríguez se acercó a tocarme la puerta para avisarme de algo – recuerda Gabriel. – Ella me dijo que habían atropellado a mi papá. No sé qué habrá pasado ni quién lo atropelló, pero si fue capaz de dispararle a mi mamá, bien pudo haber sido capaz de atropellar a mi papá. - ¿Usted la conoce bien como para asegurar eso? – pregunta Lucía. - No. O sea, no la conozco mucho, solo sé que vive al frente, con otras dos vecinas mexicanas. Ella parece que llegó ese mismo día del aniversario. - Y cuénteme. ¿Sabía usted que la señorita Rodríguez estaba interesada en su padre? - Sí, lo sabía. - ¿Cómo lo sabía? - Porque hace un tiempo la vi con mi papá dándose un beso. No sé si mi papá se lo dio a ella o al revés, pero de que sí está interesada en él, lo está. Si su intención es destruir el matrimonio de mis papás, lo está logrando – Gabriel asegura, muy furioso. Mónica no puede creer las hirientes palabras del joven hijo de Juan Ignacio, al cual ella creía muy inocente y bondadoso. - No más preguntas, su señoría – dice Lucía. - ¿La defensa tiene alguna pregunta qué hacer? – pregunta la jueza. - No, señoría – dice Esteban, al no ocurrírsele nada. Mónica suspira. - Muy bien, tomaremos un receso de 10 minutos mientras revisamos todas las declaraciones y llegamos a un veredicto con la acusada – dice la jueza. La jueza se levanta de su puesto y así lo hacen todos. - ¿Por qué no le hiciste ninguna pregunta? – pregunta Mónica. - Lo siento, Mónica. No se me ocurrió nada – dice Esteban. – Pero tú como abogada debes saber que la justicia a veces es demasiado sucia, cuando quienes te acusan son gente que te odia. Parece ser que estaban mejor preparados, más que yo, porque este juicio ocurrió demasiado pronto. - Descuida. Yo estoy segura de que Cristina y Norma hicieron todo para que el juicio ocurriera lo más pronto posible. CORTE DIRECTO A… INT. CORTE DE APELACIONES – PASILLO – TARDE. Mientras ocurre el receso en lo que se decide el veredicto, Norma y Cristina están celebrando un poco. - Estoy segura que, independiente de las declaraciones, esa mosca muerta se va a pudrir en la cárcel – dice Norma, segura del triunfo. - Yo no cantaría victoria antes de tiempo. No sé qué puede pasar con ella, hay que recordar que es abogada – dice Cristina. - No seas pesimista, Cristi. Se va a ir a la cárcel, te lo doy firmado. - Ojalá encontraran el arma con sus huellas. Gabriel se les acerca en compañía de Felipe. - Mamá, abuela, no me siento muy bien – dice Gabriel. - ¿Qué te pasa, mi amor? – Cristina se muestra preocupada por su hijo. - Es que… yo nunca había hablado mal de una persona. Yo no sé si todo lo que dije de ella será verdad… ¿y si ella es inocente? - Gabriel, no te vengas a arrepentir. Todo sea por proteger el matrimonio de tus padres, ¿o acaso quieres que esa mujer se salga con la suya? – le responde Norma a su nieto. Gabriel no dice nada y se separa de ellas junto a su amigo Felipe. - Tenís que estar tranquilo, Gabo. Declaraste en favor de tu mamá para que esté tranquila. Ahora, no sé si la acusada será culpable o inocente, no la conozco, pero hay que dejar que la justicia haga lo suyo – dice Felipe. - Sí, tenís razón. Gracias por venir a apoyarme – dice Gabriel, abrazando a su amigo. Felipe corresponde al abrazo de Gabriel. - Qué bueno que se hicieron amigos de nuevo – dice Cristina. – Se nota que lo pasó tan mal cuando se pelearon. Mientras, al otro lado, Mónica y Esteban conversan con Milagros, Luis Fernando y Gerardo. En eso, se acerca Eduardo (Fernando Colunga). Mónica se acerca a abrazar a su hermano. - ¿Cómo va todo? – pregunta Eduardo, preocupado. - Ahora están haciendo el veredicto – dice Milagros. - Estoy muy nerviosa – declara Mónica. – Tengo miedo. ¿Y si logran lo que quieren y me voy a la cárcel? - Eso no va a pasar. Y si llega a suceder, es posible que solo sea prisión preventiva – dice Esteban. - Tía, no sé qué está pasando con esa gente, pero no debes perder la fe – dice Luis Fernando. – Todo saldrá bien. - Gracias, Luis Fernando. Aún no puedo creer que estés aquí con nosotros – dice Mónica, abrazando a su sobrino. - Papá, con Luis Fernando queríamos hablar contigo de algo que sucedió – dice Gerardo. - ¿Qué sucedió? – pregunta Eduardo, preocupado. Eduardo se aleja junto a sus hijos. Milagros también decide alejarse para dejar solos a Mónica y Esteban. - Mónica, confía en mí. Si no tienen pruebas para acusarte, te darán libertad o, como te dije en el peor de los casos, prisión preventiva mientras dure la investigación en tu contra – dice Esteban. – Lamento no hacer mucho para defenderte ahora, pero te prometo que si hay otro juicio para comprobar tu inocencia, ahí estaré. Y si te vas a la cárcel, arreglaré todo para que salgas lo más pronto posible. - Gracias, Esteban. En este momento tus palabras me tranquilizan un poco – dice Mónica. Esteban le toma las manos a Mónica para tranquilizarla. En ese momento, Juan Ignacio vuelve con unas tazas plásticas de café, pero justo ve a Mónica junto a Esteban. Al ver la perdida y enamorada mirada de Esteban, no puede evitar sentir celos. Mónica, incómoda, separa sus manos de las de Esteban. - Esteban… espera, se me ocurrió algo – dice Mónica. – Quizás no sirva de nada, pero puede ayudar aunque sea un poco. CORTE DIRECTO A… INT. CORTE DE APELACIONES – SALA – TARDE. La jueza y el jurado ya están en sus puestos. Mónica se encuentra sentada en el estrado. - Silencio en la sala – dice la jueza.. – La acusada tiene unas palabras que quisiera dirigirnos antes del veredicto. - Su señoría, señores del jurado, abogados, público – comienza a decir Mónica. – Puede ser que a algunas de las personas presentes no les agrade, incluso algunas me pueden odiar, pero… quiero decirles que… si me encarcelan, no solo estarán encarcelando a una mujer inocente, sino… a una madre. Así es… yo tengo un hijo. Un hijo del cual no sé su paradero porque me lo arrebataron hace años. Yo no llegué hace cuatro meses a Chile a separar un matrimonio, ni mucho menos a intentar matar a quien se me acusa de haberle disparado. Yo vine a saber del paradero de ese hijo. Ahora sé quién es la persona responsable de su desaparición. Mónica intercambia disimuladamente una mirada con Norma, quien suspira, con mucho resentimiento. - Pero este juicio no es para acusarla – continúa Mónica. – Solo les digo que si me encarcelan, estaré pagando por un crimen que no cometí, pero si tengo que hacerlo, será una prueba que me impuso Dios, como un obstáculo que deberé cruzar. Pero bien saben muchos que yo soy abogada, y debo dejar que la justicia haga lo suyo. Sé que estas palabras no cambiarán mi veredicto, pero Muchas gracias. - ¡Mentirosa! ¡Cínica! ¡Mosca muerta! ¡Asesina! – vocifera Norma. La audiencia delibera. Sin embargo, desde su puesto, Gabriel parece haberse conmovido por las palabras de Mónica, dudando aún más de su culpabilidad. - ¡Silencio! ¡Orden! – dice la jueza. – Muchas gracias por sus palabras, señorita Rodríguez. Como usted dice, sus palabras no cambiarán el veredicto, pero se valora que, como abogada, sepa que esté a merced del veredicto que será leído. Puede tomar asiento. Mónica se va a sentar. - Bien, como ya les dije antes del receso, el jurado ha llegado a un veredicto – comienza a decir la jueza, comenzando la tensión en Mónica y todos sus simpatizantes. – El jurado ha tomado en cuenta cada uno de los testimonios y con, ello, ha decidido que, en lo que dure una investigación en contra de la señorita Mónica Virginia Rodríguez Castañeda por el delito de homicidio frustrado en contra de la señora Cristina Angélica Osorio Palacios, la acusada… La jueza es interrumpida por el comisario Rodrigo Castillo (Fernando Olivares), quien viene entrando junto a sus dos detectives acompañantes Román (Max Meriño) y Serrano (Andrés Arriola). - Disculpe que la interrumpamos, su señoría – dice el comisario Castillo. – Pero tenemos algo que cambiará el veredicto de la señorita Rodríguez. El detective Román muestra una bolsa Ziploc con el arma y el detective Román le pasa un papel a la jueza. - El arma homicida fue encontrada en la casa de la acusada – dice el detective Román. - Y se le hicieron pruebas para detectar huellas dactilares – dice el detective Serrano. - Como verá, el documento confirma que las huellas encontradas en el arma homicida pertenecen a la señorita Mónica Rodríguez – dice el comisario Castillo. Alto impacto en el rostro de Mónica, quien no entiende nada. La jueza analiza el documento. - Un cambio en el veredicto – dice la jueza, procediendo a leer otro veredicto que se hizo en caso de encontrarse culpabilidad en Mónica. – Debido a las pruebas que incriminan a la señorita Mónica Virginia Rodríguez Castañeda por el delito homicidio frustrado en contra de la señora Cristina Angélica Osorio Palacios, se le condena a 3 años de cárcel, pena que deberá cumplir en el Centro Penitenciario de Mujeres de Temuco. Se levanta la sesión. Mónica no puede creer el veredicto que se le dio. Norma celebra junto a Cristina. Milagros, Eduardo, Gerardo y Luis Fernando no pueden creerlo tampoco. Juan Ignacio queda estupefacto al no saber qué creer. Mónica, en tanto protesta un poco y pide ayuda a Esteban, pero el comisario Castillo junto a los detectives Román y Serrano la esposan para llevársela detenida. CORTE DIRECTO A… EXT. CORTE DE APELACIONES – TARDE. Mónica es llevada detenida en un vehículo de la PDI. Norma ve con satisfacción cómo ella es llevada detenida. - Lo logramos, mamá – dice Cristina. – Al fin esa perra se va a la cárcel y si es posible, de vuelta a México. - ¿Qué te dije, hija? Que todo iba a salir bien, ¿o no? – dice Norma. En eso, llega Bernardo (Bastián Bodenhöfer) a saber todo. - ¿Y? ¿Cómo estuvo el juicio? – pregunta Bernardo. - Estuvo perfecto, Bernardo. Encarcelaron a la Mónica – responde Norma. - ¿Qué? Pero… ¿cómo? – dice Bernardo, incrédulo. - Sí, papá. Se comprobó que fue ella quien me disparó – dice Cristina. - No, no puede ser. ¿La Mónica? ¿Cómo pudo ser capaz de hacer algo así? – Bernardo sigue sin poder creer esto. Milagros se acerca furiosa a Norma y Cristina. - Estarás satisfecha, ¿no? Lograste lo que querías, deshacerte de Mónica – dice Milagros, desafiante. - Sí, linda, estoy satisfecha de que por fin me desharé de ilegales y rompehogares como ella, y como tú, porque perteneces a la misma calaña – dice Norma, furiosa. - Eres una pinche mentirosa y descarada. A tu hija no vale la pena insultarla porque se nota que nació igual que tú – Milagros sigue furiosa, mientras Eduardo intenta tranquilizarla. - ¿Qué te has creído, puta de mierda? – Norma, furiosa, está por darle una cachetada a Milagros cuando es retenida por Bernardo. - ¡Milagros, a mi hija no la vienes a insultar! – Bernardo se dirige a Milagros, mientras tranquiliza a Norma. – ¿Cómo sabes que Mónica es inocente? - ¡Bernardo! ¡Abre los ojos! Ellas le tendieron una trampa a Mónica para encarcelarla. ¿Cómo no puedes verlo? – Milagros no puede creer las palabras de Bernardo. Eduardo intenta llevarse a Milagros, pero ella sigue desafiante contra Norma. - Esto no se quedará así, Norma Palacios, porque Esteban y yo haremos todo lo posible por comprobar la inocencia de mi hija. Y si se comprueba que fuiste tú quien estuvo tras este complot, estaré feliz de mandarte a la cárcel, cabrona – Milagros diciendo esto, se retira al fin, junto a Eduardo y sus hijos. - Sigue soñando, linda – Norma no teme a esta amenaza de Milagros. Bernardo y Cristina se disponen a irse. - ¿Vienes, Norma? – pregunta Bernardo. - No, vinimos en mi auto. Váyanse ustedes. - ¿Te llevas a Gabriel y Felipe? – pregunta Cristina – Ellos no se quieren ir aún. Están ahí conversando en la plaza, al frente. - Sí, cuando termine de hablar Mientras ellos se alejan, Norma se acerca a Lucía, quien sale de la corte de apelaciones. - Muy buen trabajo, Lucía – dice Norma. – Eres una excelente abogada. Cuando llegue a mi casa te hago la transferencia. - No es necesario, Norma. Solo hice mi trabajo. Ya me pagaste lo suficiente – responde Lucía. - Es necesario. Me ayudaste mucho con la mujer que le disparó a mi hija. Te agradezco mucho. - Al contrario, te agradezco a ti por confiar en mí. Y además, te agradezco por hacerme ese favor de advertirme sobre mi hijo. Lucía le hace una seña a Felipe, quien resulta ser su hijo. - Se lleva tan bien con tu nieto – dice Lucía, mientras Norma asiente. – Me voy. Me despides de Cristina. Norma se despide de Lucía. Cuando ésta se retira, Norma la mira fijamente. FLASHBACK – 2 DÍAS ATRÁS. EXT. “MENA & GALLARDO LTDA.” – TARDE. Al exterior del estudio jurídico “Mena & Gallardo Ltda.”, Norma se presenta ante Lucía, quien viene saliendo de su trabajo. - Soy Norma. ¿Me recuerdas? Yo fui quien te entregó a tu hijo… Felipe – dice Norma. - Sí me acuerdo. ¿Y cómo sabes que se llama así? – pregunta Lucía. - Porque ya lo conozco. Es el mejor amigo de mi nieto – responde Norma. – Y lo reconocí por su segundo apellido y por el mismo color de piel. - En todo caso, yo solo quería una hija, mi Amanda, pero me terminé encariñando con él. Salió muy dulce. Vieras cómo era de niñito, todo un angelito. - Sí. Bueno, te quería advertir sobre su madre biológica. Ella regresó hace tiempo, salió del psiquiátrico y lo quiere reclamar. - No lo puedo creer. ¿Y sabe que mi Felipito es su hijo? - No, no sabe. Además, no puede hacer nada. Está loquita. Incluso, ella le disparó a mi hija. - ¡No! ¡Qué loca! - Por eso quería que me devolvieras este favor de la advertencia. ¿Te puedes hacer cargo de este caso? Yo te entrego todos los antecedentes. - No, yo encantada. No quiero que esa mujer se acerque a mi hijo. ¡Por ningún motivo! - Sí, no te preocupes. Aquí te traigo todo lo que tienes que saber sobre lo que hizo esa mujer. Su nombre es… Mónica Rodríguez. FIN FLASHBACK. Norma mira a Gabriel y Felipe mientras ambos conversan a distancia. - Si Mónica se llega a enterar de que Felipe es el hijo que tuvo ella con Juan Ignacio, todo estará perdido – dice Norma para sus adentros. – Pero mandarla a la cárcel solo es el primer paso. Yo me voy a encargar de que Mónica se vaya de vuelta a México y no vuelva nunca más. Y juro por Dios, mi patria y mi familia que este secreto me lo voy a llevar a la tumba. Norma se ve firme en su decisión, pero está segura de que sus planes contra Mónica no se verán turbados. INT. CENTRO PENITENCIARIO FEMENINO – CELDAS – TARDE. Unas horas más tarde, luego de que Mónica hiciera entrega de sus pertenencias en la entrada de la cárcel, es acompañada por una gendarme para ser llevada a su celda, con ambas manos esposadas. Mónica mira con miedo a su alrededor, al ver el aspecto matón de muchas de las reclusas de la cárcel. Algunas la miran amenazantes, como si fueran depredadoras que acechan a su presa. Otras reas lesbianas le tiran piropos al encontrarla muy guapa. Mónica se siente muy asustada, incómoda y afligida. Cuando por fin llegan a su celda, la gendarme abre la puerta de la celda, le saca las esposas a Mónica y la entra a la cárcel. Luego cierra la puerta con llave. Mónica se sienta en la cama. Comienza a derramar lágrimas, ante este fatídico destino que le tocó y del cual ella sabe que le será difícil salir de él. Sin percatarse de su alrededor, tiene una compañera de celda con un aspecto fornido y matón, mirándola como el depredador mira a su presa. Mónica no la mira, solo está como alma en pena, sumisa ante este destino.
  10. INT. CORTE DE APELACIONES – TARDE. Continúa la situación del capítulo anterior, donde comienza el juicio contra Mónica (Marlene Favela). - La fiscalía acusa a la Srta. Mónica Virginia Rodríguez Castañeda del delito de homicidio frustrado en contra de la Sra. Cristina Angélica Osorio Palacios – dice la jueza. - Su señoría, – dice la abogada de Cristina, Lucía (María Elena Swett) – llamo a la Srta. Rodríguez al estrado para declarar. Mónica se siente nerviosa, mientras Esteban (Eugenio Siller) le da palmadas en la mano para que se tranquilice. Mónica respira hondo y se pone de pie y se dirige al estrado y se sienta. - Señorita Rodríguez, ¿qué hacía usted a las 17:00 horas del día sábado 18 de mayo? – pregunta la abogada Lucía. - Estaba visitando a mi sobrina en la clínica – responde Mónica. - ¿Nos puede indicar el nombre de su sobrina? - María de Lourdes Santana Fernández. - Ya, pero, Srta. Rodríguez, en ningún apellido especifica que la señorita Santana sea sobrina suya, a menos que sea hija de su primo o prima. - No, es porque la hija biológica de mi hermano Eduardo. La audiencia se escandaliza. Eduardo (Fernando Colunga) se siente incómodo. - Pero, Srta. Rodríguez, vamos a lo que nos convoca. ¿Está segura de que estaba a esa hora en la clínica? – pregunta Lucía. - Sí, a esa hora estaba en la clínica – responde Mónica. - Bueno. ¿Y recuerda haber llamado a mi clienta, la Sra. Osorio para citarla a la empresa de su marido, el señor Juan Ignacio Montes? - No. Yo no la llamé. - ¿Segura que es así, señorita Rodríguez? - Sí. Me llegó un mensaje de ella, pero me lo envió a través del celular de Juan Ignacio. Cristina (Antonia Santa María) se hastía. Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen) está en la audiencia, muy incómodo. - Esto es raro, señorita Rodríguez, porque según el comisario Castillo, no hay registro de que le hayan enviado un mensaje a usted de parte del señor Juan Ignacio Montes. Tampoco en el teléfono de mi clienta hay registro de dicha llamada o de algún mensaje – dice la abogada Lucía. – ¿Qué responde a eso, señorita? - ¡Objeción, su señoría! Mi clienta no está mintiendo. - Objeción denegada, abogado De la Cruz – dice la jueza. – Continúe con el interrogatorio, abogada Valdemar. - Muchas gracias, señoría – agradece Lucía. Mónica lanza un suspiro, mientras Cristina desde su puesto mira esto con una sonrisa triunfante. INT. CASA RODRÍGUEZ – PASILLO – TARDE. Luis Fernando (Alejandro Speitzer) y Gerardo (Alfonso Herrera) bajan del segundo piso, dispuestos a asistir al juicio de su tía Mónica, cuando alguien toca el timbre. Luis Fernando abre. Se trata de Minerva (Itatí Cantoral), su madre, quien ha llegado desde México. - ¡Mamá! – dice Luis Fernando, asustado. Minerva camina rápidamente hacia él y le asesta una bofetada. - ¡Escuincle cobarde! – Minerva se muestra furiosa. – Yo te dije que te iba a seguir si decidías hacer una barbaridad como la que me hiciste. - Mamá, ¿qué haces aquí? – pregunta Gerardo, curioso. - Y tú, Gerardo, ¿por qué no me avisaste que tu hermano estaba aquí? – Minerva ahora descarga su ira contra Gerardo. – ¿Qué tanto proteges a este escuincle? - Porque era injusto que me trataras de esta forma. Yo nunca te hice ningún daño como para que me trates así – Luis Fernando alza la voz. - ¡No me levantes la voz! ¡Muy mayor serás, pero sigo siendo tu madre y me debes respeto! – Minerva alza más fuerte su voz. - Mamá, ¿te puedes calmar, por favor? – Gerardo intenta en lo posible calmarla. - ¿Y cómo quieres que me calme? Este baboso se va de mi lado justo cuando quería meterlo en esa terapia, porque supongo que te vino con el chisme de que es puñal. - Soy gay, mamá, no puñal. Y la única forma de yo poder ser feliz es lejos de tu lado – dice Luis Fernando. - No habrás creído que te ibas a deshacer tan fácil de mí, porque a donde vayas yo siempre te voy a seguir y solo voy a querer sanarte de esa enfermedad – Minerva es firme en su declaración. - ¡Ya basta, los dos! Mamá, ¿por qué no te vas de aquí? – Gerardo se muestra muy hastiado por la discusión. - No, yo no me muevo de aquí – dice Minerva, quien entra unas maletas. – Yo me quedo aquí y no me muevo hasta hablar con su padre. Luis Fernando está consternado. Gerardo le toca la espalda para darle apoyo. EXT. COLEGIO – I/E BAÑO HOMBRES – TARDE. Ya es la hora de salida. Gabriel (Oliver Borner) pasa al baño. Joaquín (Nahuel Cantillano) y su grupo de amigos intentan seguirlo y hacerle alguna maldad. Felipe (Francisco Godoy) interviene y los detiene. - ¿Qué le piensan hacer? – pregunta Felipe. - Sale de aquí, Cabrera, no te metai – dice Joaquín. - De verdad que él no va a estar pa’ sus jueguitos – dice Felipe. - Solo le queremos subir el ánimo, ¿o acaso no supiste lo que le pasó a su vieja? – dice Angulo. - No, no le van a hacer ninguna maldad, ¿me escucharon? – dice Felipe. - A ver, ¿qué tanto lo defendís? Él no quiere nada con vo’ – dice Joaquín. Gabriel termina de orinar. Se lava las manos y luego se seca cuando oye la discusión. - Precisamente por lo que le pasó a su mamá no está de ánimos pa’ sus bromas, así que por fa’ paren de webiarlo. - Vo’ para de defenderlo – dice Joaquín. – Vo’ lo traicionaste, te hiciste pasar por su amigo y le hiciste esas chanchadas. - Aun si fue así, siempre lo consideré mi amigo. No me juzgó por ser adoptado, a diferencia de ustedes – dice Felipe. – Si hice lo que hice fue porque ustedes me obligaron, de puro cobarde acepté subir la foto y el video. - Sí po, y vaya que caíste, si soi tan pavo como él – dice Angulo. - Tan pavo y cobarde po, te dijimos que te íbamos a hacer algo peor de lo que le hemos hecho a él – dice Joaquín. – Te cociste cuando borraste las fotos y la publicación que subimos, pero menos mal teníamos copias y la subimos de nuevo. - Sí, borré las publicaciones y no les tengo miedo a ustedes. A mí no me importa si me humillan, pero no es justo que lo humillen a él también solo porque fue nuevo este año. Así que, si quieren hacer algo, háganmelo a mí, pero a él déjenlo fuera de esto – dice Felipe. Gabriel se conmueve un poco con las palabras de Felipe. Comienza a ver que se equivocó al suponer que fue él quien subió las últimas publicaciones para humillarlo. - Oye, Riveros, ¿y si le hacemos al Cabrera lo que le íbamos a hacer al Montes? – dice Cerda. - ¡Obvio, po! ¡Vamos! – dice Joaquín. Joaquín agarra a Felipe de la cabeza con su antebrazo. Felipe intenta zafarse, pero Angulo y Cerda lo retienen para que no oponga resistencia, ya que tienen pensado meter la cabeza de Felipe en el WC. Gabriel ve esto e interviene. - ¡Paren! ¿Qué le quieren hacer? – dice Gabriel. - ¡Sale, weón! No te metai – dice Cerda. - ¡No! ¡De verdad paren! – dice Gabriel. - ¿Lo venís a defender después de todo lo que te hizo? – dice Angulo. - ¡Nadie tiene derecho a hacerle nada así a nadie! Además, la broma me la iban a hacer a mí, ¿o no? – dice Gabriel. – Así que háganmela a mí, pero a él déjenlo tranquilo. La wea es conmigo, ¿o no? Gabriel mira muy desafiante a Joaquín, quien pronto accede a soltar a Felipe. - No creai que te las vai a dar de chorito conmigo, conchetumare – dice Joaquín. – Yo no me olvido del combo que me aforraste la otra vez. Así que prepárate, porque cualquier día de estos te la voy a cobrar… ¿me escuchaste? A ti y a tu amiguito. Gabriel queda un poco temeroso, pero ha aprendido a dominar sus miedos. Joaquín y sus amigos se van del baño, dejando solos a Felipe y Gabriel. - ¿Estai bien? – dice Gabriel. - Sí, estoy bien – dice Felipe. – ¿Y tú? ¿No le tenís miedo? - No, yo aprendí a no tenerle miedo. ¿No te acordai del combo que le pegué? - Sí… y la cachetada que me pegaste, si me dejaste el cachete palpitando. Ambos se ríen. Ocurre un momento de silencio. - Bueno, yo… me voy – dice Felipe. Felipe se dispone a salir del baño, pero Gabriel lo detiene y le da un abrazo. - Escuché todo – dice Gabriel, comenzando a quebrarse en llanto. – ¿De verdad siempre fui un amigo para ti? - Siempre lo fuiste – dice Felipe, también quebrándose en llanto. – Perdóname, yo no quería hacerte todo esto. Fui tan cobarde. Ambos amigos se apartan y se secan las lágrimas. - O sea… ¿podemos ser amigos? – dice Felipe. – Esta vez no hay motivos ocultos. - Sí, podemos ser amigos, sentarnos juntos, podís ir a mi casa a jugar Switch, podís ser conmigo en los trabajos, todo lo que querai – dice Gabriel. – De verdad en todo este tiempo me he sentido solo sin un amigo. - Yo también. Te eché de menos. Gabriel y Felipe se abrazan nuevamente, emocionados por sus palabras. Luego se apartan. - Bueno, yo me tengo que ir. Tengo que ir a ver a mi mamá al juicio por la persona que le disparó– dice Gabriel, secándose las lágrimas. - Si querís te acompaño – dice Felipe. – Oye, te prometo que, si el Joaquín te hace algo malo, yo voy a estar ahí contigo. - Yo también voy a estar ahí cuando te hagan algo. Pero yo a ese weón ya no le tengo miedo. - Yo tampoco. Ambos amigos se van del baño y se dirigen a la salida INT. CORTE DE APELACIONES – TARDE. Esta vez el turno de Esteban, quien como abogado defensor de Mónica, está interrogando a Cristina. - Entonces, señora Osorio, usted asegura que mi clienta, la señorita Rodríguez, fue quien le disparó a usted – le interroga Esteban. - Así es. Ella fue. Yo no estoy loca – asegura Cristina. - Nadie está diciendo que usted esté loca, señora Osorio. ¿Puede relatar lo que sucedió? - Por supuesto. Yo estaba en mi casa, después de recibir la visita de mi mamá porque estaba atravesando un momento muy duro en mi familia cuando, de repente, me llama ella desde un número desconocido, diciendo que necesitábamos hablar sobre mi marido, el señor Juan Ignacio Montes. Me citó a la empresa Araucalat, donde trabaja él junto a mi padre a la medianoche. Ahí, discutimos, se puso como loca, de la nada sacó un revólver y me disparó en el hombro. - De ahí el cabestrillo que está usando usted. - Sí. Exactamente. - Señora Osorio, ¿me puede facilitar su número de teléfono? Cristina duda en el momento, pero se lo pasa a Esteban. - Usted asegura que el sábado, a las 17:00 horas, mi clienta la llamó de un número desconocido, ¿cierto? – pregunta Esteban. - Sí – Cristina responde con nerviosismo, temiendo algo. - Esto es raro. No veo ningún número desconocido a esa hora. Solo ciertas llamadas a un tal Daniel, o “Papá”. ¿Puede explicar cómo sucedió eso? - Porque Mónica me disparó, tomó mi celular y borró todo registro para que nadie la pillara – improvisa Cristina. - ¿Tiene prueba de que haya sido así, señora Osorio? - ¡Objeción, su señoría! Mi clienta no tiene por qué estar mintiendo – reclama Lucía. - No ha lugar – dice la jueza. – Continúe, abogado De la Cruz. Mónica suspira de alivio. Esteban lanza un suspiro, mientras Norma (Catalina Guerra) desde su puesto mira esto. INT. CASA OSORIO – LIVING – TARDE. Eliana (Gloria Münchmeyer) se encuentra sentada en el sofá junto a Anselmo (Julio Jung). - ¿Y por qué no fue al juicio por lo que le pasó a su nieta? – pregunta Anselmo. - Porque a mí me cargan los juicios – responde Eliana. – Todo el mundo hablando, todos gritando allí, allá. - Pero pudo haber ido al menos para apoyar a su nieta. - No, si yo sé que todo va a salir bien con ella. Ellos saben que no me gustan los tribunales. - Oiga. ¿Y ya ha hablado con su hijo de nuestra relación? - No. Él apenas me habla y me va a buscar a su casa, Anselmo. - Es natural, ¿cuántos años le mintió sobre que su padre estaba muerto? - No me lo recuerde, Anselmo. Mi hijo es muy importante para mí, pero si ya no me quiere hablar ni ver en la vida, lo entiendo a la perfección. - Pero no se me ponga triste. Mire, Eliana, yo le voy a proponer algo. Como nunca se sabe cuánto tiempo nos queda de vida, ¿por qué no se va a vivir conmigo? - ¿Yo? Pero… don Anselmo, con la pensión que usted cobra y la mía, ¿cómo vamos a vivir todo el mes? - No se preocupe por eso. Con la que tenemos los dos nos ponemos de acuerdo para dividirnos los gastos y de quién va a comprar la comida. Además, mi casa es muy acogedora y a usted no le va a faltar nada. - No sé, don Anselmo, creo que es muy apresurado. - Bueno, piénselo. Pero sume todos los puntos: su hijo no le habla y, además, es hora de que usted ya no viva a su lado. Eliana suspira, indecisa. Pronto tocan el timbre y abren la puerta. Se trata de Bartolomé (Jaime Vadell). - Disculpen, ¿interrumpo? – dice Bartolomé. Eliana y Anselmo se levantan del sofá. - Don Bartolomé. Justo le hice una propuesta a su exesposa – dice Anselmo. – Ella y yo nos vamos a vivir juntos. - ¡No, no, no, no! – dice Bartolomé, entre risas. – Ustedes no se van a poder ir a vivir juntos. - ¿Por qué no? Llevamos un mes juntos de pololeo. - Disculpe, Anselmo, pero hay algo de equivocación en sus palabras. - ¿Por qué? - Porque resulta que mi querida “exesposa” como usted le dice, no es nada mi exesposa. Bartolomé saca unos papeles y se los muestra. - Porque ella y yo, por ley, seguimos casados porque nunca nos divorciamos ni nos separamos de manera legal – dice Bartolomé. – O sea, ella y usted no pueden estar juntos, mientras yo siga con vida. Eliana queda impactada ante las palabras de Bartolomé. EXT. EDIFICIO – ENTRADA – TARDE. José Miguel (Guido Vecchiola) sale del edificio con unos bolsos para dirigirse a Padre Las Casas, al departamento en donde están cuidando a su hijo, cuando Amanda (Josefina Fiebelkorn) se cruza con él. - ¿Y tú a dónde vas? – dice Amanda. - Voy de viaje – dice José Miguel. – ¿Y tú? ¿No deberías estar trabajando? - Hoy tengo libre, no tengo que andar viendo cabros chicos con caries. - Linda forma de referirte a tus pacientes. - Bueno, es que casi todos mis pacientes son niños con caries y eso ya cansa. Quiero otro tipo de pacientes. Mi sueño siempre fue con Ricardo montar nuestra propia consulta y trabajar juntos, cada uno en un box distinto. - Pero eso ya no es posible, el cabro es gay. - Pero mientras tú estés con Daniel, no, y mientras no sepa que Sebastián se metió con él solo porque yo le pagué, no será posible. Oye, pero ¿a dónde vai? - No es de tu incumbencia. - Pero, José Miguel, tenemos que seguir con esto juntos… - ¡A ver, Amanda! Para de jotearme. Igual estar con el hombre que mató a mi hijo me agota. Así que necesito mis momentos de paz, lejos de él, lejos de ti y tus planes maquiavélicos. - “Planes maquiavélicos”. ¿Y quién es el que se presta para ellos? - No sigai, Amanda. ¿Podís parar con tu interrogatorio estilo Sherlock Holmes? José Miguel se va al estacionamiento a su auto. Amanda lo mira. - “No es de mi incumbencia” – se repite Amanda para sus adentros. – Tú y yo estamos juntos en esto y tengo derecho a saber en que andai metido, José Miguel Morales. Amanda entra al edificio para no ser vista por José Miguel, mientras lo ve cómo se va en su auto y se va. Amanda se mete a su auto para seguirlo. INT. CORTE DE APELACIONES – TARDE. Ahora es Lucía quien interroga a un testigo, Norma. - ¿De donde conoce usted a la señorita Rodríguez, señora Palacios? – pregunta Lucía. - Era mi empleada – declara Norma. –Ella decía que no tenía plata para costearse sus estudios, por lo que estaba buscando oportunidades y se vino a Chile. Yo, claramente, sentí pena por ella y acepté que mi marido la contratara. Ella trabajó durante mucho tiempo, casi un año, pero la despedí. - ¿Por qué la despidió? - Porque ella se robó algo de mi propiedad. Apenas me enteré o lo descubrí, la desvinculé. - Señora Palacios, ¿usted cree que la señorita Rodríguez haya sido capaz de hacer tal atrocidad como lo es dispararle a su hija? - Discúlpeme, señora abogada – Norma comienza a fingir lágrimas. - Tranquila, señora Palacios. Tome agua, respire. A Norma le pasan un vaso con agua, y lo sorbe. - Es que… esto me complica, abogada Valdemar – Norma intenta hacer que su llanto sea lo más convincente posible. – Yo sabía que Mónica era una ladrona, pero nunca pensé que fuera a ser una asesina, capaz de intentar matar a mi hija, para quien también trabajó. - Y, señora Palacios, ¿usted sabe las razones por las que la señorita Rodríguez le disparó a su hija? Norma mira por un momento a Mónica, quien se queda mirándola, sin creer su desfachatez. - No, señorita. Lo desconozco completamente – miente Norma. – O sea, sé que la llamó para hablar de mi yerno, pero no sé si sea él la razón por la que le disparó a mi hija. Lo que sí sé es que Mónica Rodríguez está loca y tienen que encarcelarla. Si hubiese tenido la oportunidad, habría matado a mi hija y… no hubiese sabido qué hacer sin mi niñita. Norma se quiebra en falso llanto y saca un pañuelo desechable. Mónica mira a Norma, sin poder creer su capacidad para mentir descaradamente. INT. CASA FERNÁNDEZ – ENTRADA – TARDE. Lourdes (Maite Perroni) se encuentra levantada, pero con su pijama puesto, debido al reposo que debe guardar tras ser atendida por su aborto espontáneo. Se encuentra saliendo de la cocina con un tazón lleno con un té verde sabor berries que se hizo. Mientras, se encuentra hablando por celular. - ¿Ya vas a entrar a ver el juicio de Mónica, mamá? – pregunta Lourdes. – No te preocupes mamá. Me he sentido bien. Solo me levanté después de almorzar, tenía ganas de tomarme un té. No ha pasado mucho. Pero ya me iba a acostar. Bueno, mamá, me cuentas como va todo. Bueno, te quiero. Adiós. Lourdes cuelga su teléfono cuando repentinamente tocan a la puerta. Lourdes deja su tazón encima de una mesa, no se molesta por ver en la mirilla y abre la puerta, pero se sorprende al ver que se trata de Pablo (Nicolás Oyarzún). - Pablo, ¿qué haces aquí? – Lourdes se muestra muy incómoda. - Lourdes, yo sé que, en este momento, soy la última persona en el mundo a la que quieres ver, pero… de verdad necesitaba hablar contigo. - No, no tengo nada de qué hablar contigo. - Lourdes… en serio necesito que me perdones por lo que sucedió. Yo… la verdad es que… no quería que perdieras a tu hijo, no fue mi intención ofenderte de esa manera. - Bueno, lo hecho ya está hecho. No vale la pena llorar por la leche derramada, así que, si me disculpas, debo ir a guardar reposo a mi cama. Lourdes se dispone a cerrar la puerta, pero Pablo entra con ímpetu. - Lourdes, por favor, no seas pesada – Pablo es firme. – No entiendo cómo puedes ser tan orgullosa. - ¿En serio piensas que te voy a perdonar así de fácil, luego de decirme que no merecía tener un hijo con quien resultó ser mi hermano? Me trataste de lo peor y eso nunca te lo perdonaré – Lourdes también es firme al no perdonar a Pablo. - Lourdes, yo necesito que me escuches. Yo… nunca quise herirte, nunca quise dejarte. En verdad, tú sí me interesas mucho y estoy muy enamorado de ti. Lourdes queda algo atónita por esto. - Lourdes… yo te amo – dice Pablo, quien repentinamente le roba un beso en los labios a Lourdes. Lourdes intenta reaccionar, pero se deja llevar por el momento. INT. CASA OSORIO – LIVING – TARDE. Eliana está muy molesta con Bartolomé. - Se suponía que estabas muerto y, por tanto, yo quedé viuda – dice Eliana. - Parece que estás harto mal de la cabeza, mujer, porque en verdad yo nunca estuve muerto. Fuiste tú la que le hizo creer a nuestro hijo y a medio mundo que yo estaba muerto – dice Bartolomé. – Eso no anuló nuestro matrimonio, solo estábamos separados, pero no de la manera legal. Así que, por ley seguimos casados. - ¿Y cómo sabes tanto de estas cosas? Tú no eres abogado – dice Eliana, molesta. - No, pero ya hablé con un abogado muy bueno y me asesoró muy bien con esto, así que no importa lo que hagas o digas. Legalmente, sigues siendo mi mujer. - ¿Saben? Yo creo que mejor los dejo solos – dice Anselmo. - No, Anselmo, usted no se va. Usted es mi pareja – dice Eliana, firme. – El que se va de aquí es Bartolomé. - No, no me pienso mover de aquí. Quien tiene que tomar la decisión de si me voy o me quedo es mi hijo Bernardo. Él es el jefe de hogar, él toma la decisión. Eliana se molesta con Bartolomé. Anselmo se dispone a irse. - ¿Sabe qué, Eliana? Yo creo que mejor me voy para que resuelvan sus problemas – dice Anselmo. - No, Anselmo, no se vaya. No me deje sola con él – le ruega Eliana. - No se preocupe. Usted arregle sus problemas y cuando quiera, la recibo en mi casa. Yo creo que en esta casa ya no se podrá estar mientras esté este caballero. Anselmo deja el living, dejando a Eliana sola con Bartolomé, quien se sienta en un sofá. Ella se acerca furiosa con él. - Tú me estás castigando, ¿verdad? – dice Eliana. – ¡Me estás castigando por haberle dicho a Bernardo que estabas muerto! - Castigar… castigar es una palabra que suena tan… dura – dice Bartolomé, irónico. – Pero sí, te estoy castigando. A mí no me importa lo que hagas o dejes de hacer con quien quieras y donde quieras, pero mientras yo siga siendo tu marido legalmente, tengo todo el derecho de estar aquí en casa de mi hijo. Así que, como buena esposa que eres, ¿me preparas un café mientras espero a Bernardo. Ah, no, mejor no traigas nada, no vaya a ser cosa de que le vayas a poner veneno. Eliana deja el living, furiosa. Bartolomé se ríe por la broma que le acaba de decir a su exmujer… o mujer, legalmente hablando. I/E DEPTOS. – CALLE – TARDE. En Padre Las Casas, José Miguel baja sus bolsos y entra a un edificio. Desde su automóvil, Amanda lo ve con cautela desde una distancia razonable. Amanda espera a que José Miguel entre y sale rápidamente de su auto y se dirige al edificio. José Miguel entra y se dirige al ascensor. Amanda lo mira desde afuera. José Miguel llama al ascensor y cuando éste se abre, él entra. Amanda lo sigue y se pone a ver a qué piso subió. Ella ve que en el ascensor se marca el número “3” y se dirige rápidamente a las escaleras. INT. DEPTOS – PASILLO TERCER PISO – TARDE. José Miguel sale del ascensor y se dirige hacia la derecha. Luego de un rato, Amanda termina de subir las escaleras y llega ahí, pero ya perdió el rastro de José Miguel. Amanda suspira, ya que perdió el rastro de José Miguel. Sin embargo, una puerta se abre y ella se esconde por la puerta de la escalera que va al cuarto piso. Efectivamente, José Miguel sale de uno de los departamentos. José Miguel baja por la escalera, sin percatarse de que dejó la puerta del departamento abierta. Es ahí donde Amanda aprovecha la oportunidad y corre rápidamente hasta el departamento. INT. DEPTO 306 – TARDE. Amanda cierra la puerta detrás de ella. Entra a un modesto departamento, algo pequeño, a diferencia, por ejemplo, del departamento de Ricardo, que es un poco más amplio y con colores más vívidos. Este departamento tiene la pintura un poco descascarada, pero está limpio. Amanda se extraña un poco. En una mesa, ve unas fotos. Ve a un joven (Nicolás) junto a José Miguel. En otra foto, ve al mismo joven con una mujer mayor, que ella asume puede ser su madre. - ¿Éste es el hijo de José Miguel? – se pregunta Amanda. – Era tan joven. Amanda suspira un poco. Pronto, ella nota un pequeño ruido, como de unas máquinas médicas. Amanda sabe que ese ruido viene de uno de los dormitorios. Ella se acerca lentamente hasta dar con el dormitorio. Ella abre y grande es su sorpresa al ver lo que hay ahí. Se trata del mismo joven a quien vio en las fotos, Nicolás (Ricardo Vergara), conectado a un respirador mecánico, suero fisiológico y a un monitor cardiaco. - No puede ser – dice Amanda. – Entonces… Mientras, José Miguel entra de nuevo al departamento con un ramo de flores, pero se percata de que la puerta del dormitorio está abierta y se extraña, ya que él la había dejado cerrada. Amanda, en el dormitorio, niega con su cabeza. Toma algunas fotos con su celular, pero no se oyen los sonidos ya que está silenciado. Guarda su celular y se dispone a irse para no ser sorprendida, pero en ese momento, se topa con José Miguel. - ¿Qué cresta estás haciendo acá, Amanda? – pregunta José Miguel, con una mirada amenazante. Amanda no sabe qué responder ante la exigencia de José Miguel. INT. CORTE DE APELACIONES – TARDE. Esteban, esta vez, interroga a Juan Ignacio, quien ya está sentado en el estrado. - ¿Nos puede indicar su nombre? – pregunta Esteban. - Juan Ignacio Montes Errázuriz – responde Juan Ignacio. - Señor Montes, ¿usted conoce a mi clienta? - Sí, sí la conozco. - ¿De dónde la conoce? - Es mi vecina del frente. - Pero… la conoce como más que su vecina, ¿cierto? Juan Ignacio intenta improvisar algo, pero la mirada de Esteban lo incomoda un poco. - Señor Montes, permítame recordarle que usted está bajo juramento – dice Esteban, firme. - En realidad, sí. La conozco desde hace mucho tiempo – responde Juan Ignacio, al fin. - ¿Y cómo se conocieron? - Mónica antes trabajaba como asesora del hogar en la casa donde viven mis suegros, la misma donde solía vivir antes mi esposa. - Entonces, usted puede asegurar que conoce muy bien a mi clienta, ¿o no? - Claro que la conozco muy bien. - Tanto como para asegurar que ella fue o no capaz de dispararle a su esposa, ¿cierto? - Sí. Conozco bien a Mónica. Desde que trabajaba en la casa de mis suegros, me pareció una mujer esforzada, sencilla, muy humilde de corazón. Mónica comienza a sonreír ante la declaración que da Juan Ignacio, molestando así a Cristina y Norma, desde sus puestos. - Yo sé que ella no sería capaz de matar ni a una sola mosca – termina su declaración Juan Ignacio. - No hay más preguntas, su señoría – dice Esteban. Ahora, Lucía se pone de pie para preguntarle a Juan Ignacio. Justo en ese momento, llegan Milagros, junto a Gerardo y Luis Fernando a integrarse al juicio. - Señor Montes, usted acaba de declarar que conoce muy bien a la acusada, ¿no es así? – pregunta Lucía. - Así es – responde Juan Ignacio. - ¿Qué tan bien la conoce? - Como ya le dije al abogado defensor, la conozco desde que trabajó como asesora del hogar de la casa de mis suegros. - Eso ya lo sé, señor Montes. A lo que voy es que, por lo que asegura de la acusada, parece ser que usted la conoce mucho más de lo que usted indica. - ¿A dónde quiere llegar, abogada? - Se podría decir que usted la llega a defender tanto como si usted hubiese tenido… ¿una relación amorosa, tal vez? - ¡Objeción! – exclama Esteban. - No ha lugar – dice la jueza, quien pareció en su momento estar interesada. – Continúe, abogada Valdemar. Juan Ignacio se siente acorralado. - Déjeme preguntarle con otras palabras… ¿usted tuvo una especie de relación con la acusada, señor Montes? – Lucía repite la pregunta. Juan Ignacio queda mudo, sin saber qué responder, temiendo que esto pueda perjudicar a Mónica. - Señor Montes, por favor, responda. Y no mienta, recuerde que está bajo juramento – dice Lucía, firme. - Sí… Mónica Rodríguez y yo tuvimos una relación – responde al fin Juan Ignacio. - ¿Una relación fuera de su matrimonio con la señora Osorio? - No. Bueno, podría decirse. - ¿Cómo es eso de “podría decirse”? Explíquese. - Cuando yo tuve esa fugaz relación con Mónica, yo todavía no estaba casado con Cristina. Lucía asiente con su cabeza. - No hay más preguntas, su señoría – dice Lucía. Juan Ignacio suspira y le lanza una mirada a Mónica, como de diciéndole “perdón, no tuve más remedio”. INT. CASA FERNÁNDEZ – ENTRADA – TARDE. Lourdes se aparta de Pablo tras el beso que éste le dio y lo empuja. - Pablo, no – dice Lourdes, molesta. - Pero, Lourdes, pensé que tú también sentías lo mismo – dice Pablo, sorprendido. - Quizás haya sentido algo por ti, pero el poco amor que me quedaba por ti ahora se convirtió en odio. - Lourdes, por favor, yo ese día que te dije que no me interesabas no estaba pensando bien. La noche anterior habíamos intimado y… - ¡No te creo nada! ¿Acaso crees que porque ahora que sabes que yo portaba a tu hijo te voy a perdonar así de fácil? – Lourdes comienza a afligirse. – Yo nunca te perdonaré el que me hayas desechado como basura ese día, ni tampoco el que me hayas despreciado esa noche en que perdí a mi hijo. Lo que menos necesito es tu presencia, así que ¡lárgate! - Pero, Lourdes, yo… - a Pablo le comienzan a brotar lágrimas de los ojos. - ¡Lárgate! Pablo entiende a Lourdes, por lo que accede a irse. Lourdes cierra la puerta, pero no puede evitar sentir dolor en su corazón, por lo que rompe en llanto. INT. CORTE DE APELACIONES – TARDE. Continúa el juicio contra Mónica. - ¿La fiscalía tiene más testigos? – pregunta la jueza. - Sí, hay una testigo más – declara Lucía. La testigo es Yadira (Angelique Boyer). Esto causa la sorpresa de Gerardo. - ¿Qué pedo hace aquí? – Gerardo está muy sorprendido. - ¿Quién es, hermano? – pregunta Luis Fernando. - Yadira, trabaja en el restobar. Yadira se sienta en el estrado. - ¿Cuál es su nombre? – pregunta Lucía. - Yadira Guadalupe del Carmen Valencia Ponce de León – responde Yadira. - ¿A qué se dedica, señorita? - Trabajo como camarera en el bar restaurante “Amor a la Mexicana”. - ¿Nos puede revelar lo que vio aquella noche en que la acusada Mónica Rodríguez le disparó a la señora Cristina Osorio? Mónica queda estupefacta, ya que ella no conoce ni recuerda a Yadira. En tanto, Norma se sonríe. FLASHBACK – 2 DÍAS ATRÁS EXT. CAFETERÍA – TARDE. Yadira se encuentra sentada frente a Norma. - La cosa es bien simple, niña – comienza a decir Norma. – Nadie vio nada extraño, y como la persona que le disparó a mi hija es abogada, seguro hará de las suyas para poder salir libre de polvo y paja. - Bueno, pero ¿qué tengo que ver yo con esto? – pregunta Yadira. - Simple, pues niña. Quiero que testifiques contra Mónica Rodríguez y digas en el juicio que fuiste tú la vecina de la empresa que llamó a la policía escuchando ese disparo y que la viste darse a la fuga esa noche. - Pero yo no vivo cerca de ahí, señora. - Bueno, pero debes mentir. No te sientas mal, niña. Yo te pagaré muy bien si haces este trabajito por mí. - ¡Qué canijo! Lo siento, señora, pero no cuente conmigo. No podría mentir. - ¿Ah, no? Fíjate, linda, que no te conviene rechazar mi oferta. ¿Qué pensará de ti Gerardito, tu jefecito, cuando sepa que fuiste tú quien mató al bebé de su hermanita Lourdes? - Señora, usted no sería capaz de eso. - Fíjate que sí. Soy capaz de eso y mucho más si no me ayudas. ¿Y? ¿Aceptas mi oferta? Yadira suspira, bien dudosa. FIN FLASHBACK Norma se sonríe con el flashback, pero pronto disimula su sonrisa, mientras Lucía sigue interrogando a Yadira. - Yo vivo cerca de la empresa. Había ido a buscar algo a mi casa, pero… repentinamente oigo ese disparo. Me asusté… mucho. Me escondí cerca de mi casa. Llamé a la policía. Esperé a que llegara, pero vi a la señorita Rodríguez salir de la empresa, con mucha prisa – relata Yadira. - ¡Es mentira! – Mónica dice en voz baja, muy sorprendida, mientras Esteban le toca el hombro para darle apoyo. - Pero ¿qué pedo? – dice Gerardo, estupefacto. – Yo no le di permiso esa noche para salir. - Muchas gracias, señorita Valencia. No hay más preguntas – dice al final Lucía. - Muchas gracias. Puede retirarse, señorita – dice la jueza. – ¿La defensa tiene algún testigo más? Esteban se pone de pie. - Yo quisiera llamar como testigo a la señora María de los Milagros Fernández Villavicencio – declara Esteban. Milagros se pone de pie y pasa al estrado. - Señora Fernández. Usted vive con mi clienta, ¿no es así? – pregunta Esteban. - Sí, así es – responde Milagros. - ¿Nos podría indicar qué sucedió esa noche? - Yo estaba durmiendo a esa hora, es que estaba muy cansada porque mi hija había perdido a su bebé. Pero repentinamente oigo el timbre tocar y veo a Mónica, inconsciente sobre el césped. Llamé a Eduardo, su hermano, para que me ayudara a llevarla a su habitación y recostarla. - O sea, claramente su declaración contradice automáticamente la que da la señorita Valencia, ¿no es así? - Objeción, su señoría – reclama Lucía. – Esta acusación es falsa. - No ha lugar – declara la jueza. – Continúe, abogado De La Cruz. - Usted conoce bien a mi clienta, ¿no es así? - Sí. Fui su profesora en la escuela de derecho, además soy amiga de la familia Rodríguez. Es imposible que Mónica haya sido capaz de hacer algo como dispararle a una persona. - No hay más preguntas, su señoría. Esteban se va a sentar. Milagros se va a sentar a su puesto. - Supongo que no hay más testigos – pregunta la jueza. - Había un último testigo, señoría, pero parece que no podrá… – responde Lucía. - ¡Esperen! – dice una voz masculina y juvenil entrando a la sala. Se trata de Gabriel, quien entra. - Disculpen la demora. Me habían pedido declarar, pero yo me encontraba en clases – dice Gabriel. – Espero no haber llegado tarde. Mónica se sorprende al ver a Gabriel CONTINUARÁ... SEGUNDA PARTE DISPONIBLE HOY A LAS 22:30
  11. Agregados nuevos perfiles de personajes: Integrados a mitades de la primera etapa: Bartolomé Osorio (Jaime Vadell) José Miguel Morales (Guido Vecchiola) Integrados en la segunda etapa (ya integrados y por integrarse): Luis Fernando Rodríguez (Alejandro Speitzer) Minerva Acevedo (Itatí Cantoral) Esteban de la Cruz (Eugenio Siller) Lucía Valdemar (María Elena Swett) Carlos Manuel Vázquez (Benny Emmanuel)
  12. INT. COMISARÍA – INTERROGATORIO – TARDE. 4:00 PM. El comisario Castillo (Fernando Olivares) se encuentra interrogando a Mónica (Marlene Favela). - Señorita Rodríguez, sea sincera una vez más – pregunta el comisario. – ¿Cómo fue que le disparó usted a la señora Osorio? - Ya le dije que yo no fui – Mónica es firme alegando inocencia. – Ella me citó a mí a la empresa Araucalat, haciéndose pasar por su marido. - “Haciéndose pasar por su marido” – se repite el comisario Castillo, muy interesado. – ¿Y por qué la estaría citando el señor Montes? Mónica siente la necesidad de decirlo, pero al ser algo muy personal, decide no revelarlo. - Lo siento, comisario, pero no se lo puedo decir – Mónica dice al fin. – Es algo personal. - Señorita Rodríguez, no importa qué tan privado sea ese supuesto mensaje que le envió supuestamente el señor Montes. Usted nos lo tiene que decir porque es parte fundamental de la investigación. Usted que es abogada debe saberlo, ¿o no? – el comisario Castillo muestra serenidad en sus palabras. – Ahora, dígame, ¿me va a decir o no en qué consistía este mensaje? Mónica guarda silencio, al negarse a decirle esto al comisario. - Detectives, llévensela a la celda – el comisario Castillo llama a los detectives que lo acompañan. - ¿Qué? ¡No! No me pueden llevar presa – protesta Mónica. Los detectives se la llevan a la celda. El comisario Castillo queda sentado en el interrogatorio, muy sorprendido por la declaración de Mónica. INT. CLÍNICA – HABITACIÓN 307 – TARDE. Milagros (Victoria Ruffo) está junto a Lourdes (Maite Perroni), relatándole todo lo sucedido. - ¿Qué? Pero, mamá, eso es imposible – Lourdes se muestra muy incrédula. - Yo también pienso lo mismo, pero es verdad. A Mónica se la llevaron presa – Milagros lanza un suspiro. - Es que Mónica no sería capaz de hacer una cosa así. ¿Quién sería capaz de acusarla de algo tan grave? - Cristina podrá ser víctima, pero le tiene un profundo odio y celos a Mónica. No me extrañaría que ella la esté acusando injustamente. Pero estoy segura de que quien está detrás de todo esto es Norma. - Me pregunto por qué esa gente odia tanto a Mónica. Ella no ha hecho nada malo. - El único pecado que ha cometido Mónica es amar a Juan Ignacio. Lourdes lanza un suspiro de preocupación. - ¿Y tú? ¿Cómo has estado, hija? – pregunta Milagros. - Me siento bien. Aun sigo asimilando que nunca podré a conocer a mi hijo – Lourdes se aflige un poco. - Tranquila, mi niña. Como te dijo el doctor, puede haber posibilidades de que puedas volver a tener un hijo. - ¿Sabes, mamá? Creo que después de esto no quiero volver a tener hijos. Es posible que nunca más podré conocer a un hombre así de cariñoso y preocupado como pensé que Pablo lo era. - Hija, no pienses esas cosas. ¿Sabes qué? Mejor cambiemos el tema porque te tengo una noticia. No sé si sea buena o mala, dependiendo de cómo se mire. Lourdes se acomoda en la cama para oír la noticia que le tiene su madre. - Eduardo me escribió diciendo que Luis Fernando está en Chile – relata Milagros. – Pero estaba sin documentos el pobrecito, porque su madre tiró todos sus documentos a la basura, solo para que él no se pudiera venir aquí. - ¿Qué? ¿Por qué haría una cosa así? – Lourdes muestra preocupación. - No lo sé, Eduardo no me contó más, pero sospecho que es porque el pobre muchacho es gay y no soportó más que su madre lo maltratara. Pero lo bueno es que Eduardo pudo arreglar el asunto de Luis Fernando. Me dijo que ya se vienen para acá apenas le conté lo que le sucedió a Mónica. - Por una parte, me parece una locura que Luis Fernando decidiera venir aquí sin documentos. Pero por otra, me alegra tanto. Ya quiero que sepa que él y yo somos hermanos. Él siempre me pareció un muchacho muy dulce y amable. - Sí, él te quiere mucho, yo creo que lo aceptará igual que lo terminó aceptando Gerardo. - Sí – Lourdes exhala un suspiro. – Oye, mamá. Supongo que te encargarás de la defensa de Mónica, ¿no? - No, hija, no podré a causa del caso en el que estoy trabajando que es muy importante. Pero tengo a alguien en mente para que se haga cargo. EXT. CASA MONTES – ENTRADA – TARDE. Norma (Catalina Guerra) había regresado a su casa a buscar algunas cosas. Ahora se dispone a ir a la clínica a ver a su hija, cuando Adrián (Aarón Díaz) llega. - Señora, quiero hablar una palabra con usted – dice Adrián. - Lo que sea que me quieras decir, hazlo rápido – dice Norma. – Mira que no tengo tiempo. - Solo quiero decirle que deje de llamarme o mandarme mensajes. No insista, no volveré a hacer tratos sucios con usted. - ¿Sucios? A ver, Adriancito, por muy sucios que sean, a ti te gustaba hacerlos. - No es que me gustaran o no, estaba desesperado por conseguir lana y... - A ver, deja de decir “lana”, mira que me confunde esa palabra. Aquí estamos en Chile y se dice plata… o dinero, por último, si eres extranjero. - Bueno, plata, dinero, lana. Pero lo que hice con Mónica o lo de violar a su hija, lo hice exclusivamente porque en ese entonces yo quería volver a México y necesitaba dinero. Pero yo volví exclusivamente porque tengo un hijo aquí. - ¿Y eso ya se lo explicaste a tu pololita? La linda rubiecita que vino a verme el otro día. - ¿Qué? ¿Qué tiene que ver Yadira en esto? ¿Y qué hacía ella aquí? - Fui yo la que le aconsejó darle esa pastilla a Lourdes, mezclarla en su jugo y así ella pierda a su guacho. - ¿Cómo pudo hacer algo así, señora? - Esa guacha es hija de la mujer que intentó quitarme a mi marido. Por eso lo hice y no precisamente para ayudar a tu pololita a vengarse. Además, yo quería quedar libre de polvo y paja. - ¿Qué usted no era de esas personas católicas que tanto luchaban defendían la vida? - Eso no tiene nada que ver con mis creencias. Pero ya que estás aquí, te advierto una cosa: si no aceptas seguir trabajando para mí, yo voy y pongo una denuncia en tu contra porque sé perfectamente que eres ilegal en este país. - Usted no sería capaz de eso, ¿o sí? - Sabes perfectamente que sí, mijito. Soy capaz de eso y mucho más. Mira a Mónica. Jugué una carta perfecta y ahora esa mosca muerta se está pudriendo en una cárcel. Bueno, solo falta esperar el juicio para que la encarcelen y sería. Pero tengo el buen presentimiento de que la van a deportar a México y así nos va a dejar tranquilos a mí y a mi familia. Adrián se sorprende al ver esto. - ¿Cómo pudo hacer una cosa así, señora? – pregunta Adrián. - A ver, Adrián. ¿Te pegaste en la cabeza? Tú estás tan implicado en lo del robo de su hijo como yo. Ella ya recordó que yo estuve implicada en eso. Por suerte, no sé si sabe que tú también estuviste implicado en eso. - ¿Está segura de que no sabe? - No sé, pero ella no te conoce, hasta donde yo sé. Además, era la mejor forma de que ella se alejara de mi yerno y siguiera destruyendo el matrimonio de mi hija. - Bueno, pero usted no tenía ningún derecho a hacerlo, o a amenazarme. - Puedo y lo haré, mijito. Así que elige: o aceptas, o te mando a la cárcel. Si aceptas, puede que te permita ver a tu hijo y hacerle regalos. Además, puedo hacer los papeleos para que tengas tus documentos al día y no te manden a la cárcel. Incluso, puedo hacer que tengas la residencia definitiva. Adrián duda si aceptar esto, pero la oferta es demasiado tentadora. - Está bien, señora. Me tiene en sus manos – acepta por fin Adrián. - Bueno. Esto es lo que vas a hacer, Adriancito – comienza a decir Norma, captando la atención de Adrián. INT. CLÍNICA – HABITACIÓN 303 – TARDE. Gabriel (Oliver Borner) por fin se dignó a ver a su madre. Entra a la habitación a verla. - ¡Angelito! – Cristina se pone contenta al ver a su hijo. - Hola, mamá – Gabriel entra, algo tímido y avergonzado. - Mi amor, no creí que me vinieras a ver. Me dijeron que estuviste afuera, pero parece que no te atreviste a entrar. - Es que… yo… – comienza a decir Gabriel. - Mi amor, no te preocupes. Yo entiendo que todavía estés enojado conmigo, pero… - No, mamá. De hecho, de eso te quería hablar. Cristina invita a Gabriel a sentarse a su lado. - ¿De qué quieres hablar, mi amor? – pregunta Cristina. - Es que… yo no quería entrar a verte porque… me sentí super culpable por lo que te pasó – Gabriel comienza a angustiarse. - Pero ¿por qué te ibas a sentir culpable por lo que me pasó? Si esto que me pasó fue por culpa de… - No, si ya sé de quién es la culpa. Pero ese no es el punto, mamá. Es que… me sentí súper culpable porque… yo estaba tan enojado contigo por lo de Adrián que deseé que te murieras. Incluso, fue tanta la culpa que casi ni comí en la casa. Tenía la guata super apretada. Pero esto me hizo pensar mucho al respecto sobre el asunto de mi papá biológico, sobre ti. Y llegué a una conclusión super importante. Cristina se muestra interesada en lo que su hijo le está por decir. - No me importa quién sea mi papá biológico ni si acaso nací por una violación o sea lo que sea. Para mí, mi papá siempre fue Juan Ignacio Montes y estoy orgulloso de llevar su apellido. Y lo más importante para mí es que tú erís mi mamá y… - Gabriel comienza a llorar – y si algo te pasaba, por mi culpa, o sea porque yo lo deseé, no lo podría soportar… - ¡Mi angelito! – Cristina acerca la cabeza de su hijo sobre su hombro bueno. – A mí nunca me va a pasar algo porque tú lo desees. Si esto que me pasó fue porque… bueno, por algo malo, pero jamás por tu culpa. - Te quiero mucho, mamá. Perdóname por ser un cabro chico. - No, mi amor, perdóname tú a mí por haberte mentido. - No tengo nada que perdonarte, mamá. Gabriel solloza, mientras Cristina lo acaricia. INT. COMISARÍA – INTERROGATORIO – NOCHE. El comisario Castillo ahora se encuentra interrogando a Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen). - Entonces, señor Montes, usted me dice que a la hora en que le pasó esto a su señora, usted se encontraba durmiendo, ¿o no? – pregunta el comisario. - Sí, yo estaba durmiendo – responde Juan Ignacio. – ¿Por qué me lo pregunta? - O sea, usted no tenía idea de nada. - No, de nada. ¿Por qué me pregunta todo esto, comisario? - Es que las declaraciones de la señorita Rodríguez con la de la señora Osorio se contradicen la una a la otra. La Srta. Rodríguez dijo que recibió un mensaje de usted para citarla a su empresa para hablar de algo que ella no nos quiso revelar, pero que en realidad era la Sra. Osorio haciéndose pasar por usted. Pero la Sra. Osorio nos dice que la Srta. Rodríguez la citó a la empresa para hablar sobre usted, pero que ella la intentó asesinar y se dio a la fuga. - ¿Y qué tengo que ver con todo esto? – Juan Ignacio se siente confundido. - Precisamente por eso, señor. Cuando su señora nos declaró que fue la señorita Rodríguez quien le disparó, usted la defendió diciendo que ella no sería capaz de algo así. Además, en ambas declaraciones, aparece su nombre. Juan Ignacio siente que el comisario está sospechando algo de él. - Señor Montes, dígame la verdad y quiero que me sea completamente sincero – el comisario Castillo se acerca lentamente a Juan Ignacio. – ¿Qué vínculo tiene usted con la señorita Rodríguez? Juan Ignacio no responde nada, se siente un poco nervioso. - No se preocupe, le prometo que lo que estamos hablando aquí no va a salir de estas cuatro paredes – asegura el comisario Castillo. - Mónica Rodríguez y yo… tuvimos una relación – revela al fin Juan Ignacio. - Ya. ¿Qué tipo de relación? ¿Negocios? ¿Amorosa extramarital? Sea específico, señor Montes. - Extramarital no, porque cuando ocurrió todo entre nosotros, yo aún no estaba casado con Cristina. Fue una relación corta, sí. - Y perdone la indiscreción, pero… ¿ocurrió algo entre ustedes aparte de romance? - Sí. - Y cuénteme una cosa, señor Montes. ¿Usted tiene una idea del asunto personal que la Srta. Rodríguez no quiso revelar? Juan Ignacio está por revelarlo, ya que no sabe que Mónica no lo quiso revelar porque es demasiado personal, pero uno de los detectives llega. - Señor, aquí está el celular de la acusada como usted lo pidió – dice el detective. - Gracias, Mora, puede retirarse – el comisario le recibe el celular y luego se dirige a Juan Ignacio. – Vamos a ver si lo que dice la acusada es cierto. El comisario revisa el celular de Mónica. Juan Ignacio se muestra interesado: - Esto es extraño. Veo ciertos mensajes entre ella y usted, pero… nada como el que ella dice que usted le envió… o sea, que su mujer le envió haciéndose pasar por usted – dice el comisario, curioso. - Y en las llamadas no veo que la señorita Rodríguez haya llamado a la señora Osorio. Bien la puede haber llamado desde otro número… algún prepago o qué se yo. Pero bueno, esto no prueba nada aún. Solo falta encontrar el arma del crimen – el comisario es firme en su decisión. – Bueno, señor Montes. Creo que se nos acabó el tiempo. Parece que lo salvó la campana. Se puede ir. Juan Ignacio se retira del interrogatorio. CORTE DIRECTO A… INT. COMISARÍA – CELDAS – TARDE. Juan Ignacio se acerca a la celda de Mónica. - ¡Juan Ignacio! – Mónica se acerca a la reja. - ¡Mónica! – Juan Ignacio corre hacia ella. - ¿Qué pasó anoche? No entiendo. - Juan Ignacio, tienes que ayudarme a sacarme de aquí. Tú eres el marido de Cristina. Seguramente te van a creer. - Me acaban de interrogar, pero no dije mucho. El comisario no me paraba de mirar e intuía que algo pasaba entre nosotros. - ¿Tú qué le dijiste? - Le dije la verdad. Que tú y yo tuvimos una relación. También me dijo que hubo algo que no le quisiste decir. Yo sé a lo que te referías y casi le digo, pero se puso a revisar tu teléfono y me dejó ir. - Por supuesto que no tenías que decirle que tú y yo tenemos un hijo al que hay que encontrar. Eso es algo demasiado personal. - Lo sé y casi le digo, pero creo que o no era el momento o no tenía que decirle. Y no te preocupes, no le dije nada. O no alcancé. - Juan Ignacio, tienes que creerme. Yo no le disparé a Cristina. - Te creo, yo sé que no serías capaz de hacer algo así. Tranquila. Yo hablaré con Milagros porque supongo que ella se encargará de tu defensa. - Sí, y ella debe hacerlo. Juan Ignacio toma las manos de Mónica en la celda. Mónica las aparta. - No, Juan Ignacio, no lo hagas aquí. El comisario puede usarlo en mi contra. - Mónica, yo te juro que te voy a sacar de aquí. No te preocupes. Si el arma del crimen no ha aparecido, entonces es buena señal. Si no la encuentran, te pueden liberar. ¿Qué sabes tú de eso? - Eso es verdad. Si no encuentran pruebas suficientes, es así, pero estoy demasiado temerosa. No sé qué hacer. - Tranquila. Todo va a salir bien. No tienes por qué tener miedo. Con la sola presencia de Juan Ignacio, Mónica se siente un poco más tranquila. INT. CLÍNICA – HABITACÍON 303 – TARDE. Norma fue a ver a su hija Cristina a la clínica. Ella le relata lo que sucedió cuando detuvieron a Mónica. - Entonces, Gabriel le empezó a decir asesina – relata Norma. – Y ella jurando que tú y yo tuvimos algo que ver, pero Gabriel la siguió despreciando. Y yo le dije que era una asesina y que ojalá se pudriera en la cárcel. - Qué bueno, mamita. Ojalá esa perra se pudra en la cárcel y se vaya de vuelta a de dónde vino – Cristina sorbe un poco del deslucido jugo que sirven en la clínica. – Uy, ¡qué mala esta wea! - Tranquila, hija. Hablé con el doctor y hoy mismo te dan el alta. - Qué bueno porque aquí la comida y el jugo son tan malos. Pero me imagino que los doctores y enfermeros comen como reyes. - Obvio, hija. Pero tú tampoco te tienes que quejar porque cuando llegues a la casa, todos te van a tratar como reina. A propósito, ¿ya te vino a ver Gabrielito? - Sí. Nos perdonamos. Pobrecito, se sentía tan culpable. Me decía que me deseaba la muerte, pero obvio porque estaba enojado. - Ojalá ese bruto de Adrián nunca hubiese abierto la boca. Pero lo importante es que ya te perdonó y va a volver a la casa. ¿O no? - Sí, de hecho, me dijo que Juan Ignacio y Daniel lo ayudaron con sus cosas. - Qué bueno que se fue de allá, porque me imagino lo traumado que podría quedar cuando vea a Daniel en pleno… mejor ni decirlo. - Mamá, córtala. Gabriel es muy maduro para su edad y tolerante. Él comprende bien que el amor entre dos personas no mira géneros. - No entiendo cómo tu padre te pudo haber inculcado eso porque yo no lo acepto. Cristina lanza un suspiro. - Cambiando de tema, mamá, ¿ya supieron cuándo es el juicio de la Mónica? – pregunta Cristina. - El miércoles. Se supone que primero el juicio es para comprobar la culpabilidad mientras dure una investigación, pero del arma ya me encargué yo. - ¿El arma? - Sí, hija, yo ya me hice cargo de que el arma apareciera en cierto lugar con las huellas de Mónica. - ¿Y cómo lo hiciste? ¿Quién te ayudó? Norma no dice nada, solo lanza una sonrisa. CORTE DIRECTO A… EXT. AVDA. ALEMANIA – EXT. COPEC – TARDE. Norma, encubierta con un polerón de buzo con gorro y unas gafas oscuras, aparece en una bencinera Copec y se reúne con Adrián. - ¿Hiciste lo que te pedí? – pregunta Norma. - Sí. Tuve que arriesgar el pellejo, señora. Le juro que no me meteré más en estos líos. Por poco me pillan – Adrián parece un tanto nervioso. - Ay, no te preocupes. Si con tal que no te pillaran, todo bien. Por suerte, la tonta de la Mónica no se dio cuenta de que le saqué su llave de la casa. Pero esa mujer Milagros no debía estar ahí, debía estar con su hija en la clínica. - No hablo de ella, hablo de su yerno, Juan Ignacio. Justo salía de la casa de enfrente cuando yo me iba a ir. - Siempre mira por la mirilla antes de salir, tonto wéon. - ¡No me trate así, mire que estoy que renuncio a sus trabajos! - No te conviene, jovencito, ya sabes ya lo que te va a ocurrir si no cumples. - Oiga, ¿y me va a pagar por esto? - Espérate, guachito. Mañana es el juicio de Mónica. Tengo todo fríamente calculado. Cuando sea el momento propicio y condenen a Mónica, recién ahí te voy a pagar. Antes no. - Pero me va a pagar, ¿o no? No se quede solo en palabras. - ¿Y cuándo no te he pagado? - ¿Y esa vez que usted me pidió que le hiciera a Mónica…? – Adrián dice esto en un tono elevado de voz. - ¡Shhh! ¡Cállate! – lo hace callar Norma. – Eso fue porque no hiciste bien tu pega. Esta vez la estás haciendo bien. Pero acuérdate cómo función yo: una vez el trabajo está bien hecho, te pago. Antes no, a menos que sea de esos trabajos donde te pago la mitad. - Espero que sea cierto porque recuperé mi trabajo, pero aún así me falta lana para pagar algunas deudas. - Tranquilo, muchachito. Te llamaré en cuanto sepa algo, ¿te parece? Norma estira su mano para que Adrián se la estreche. Éste se la estrecha y pronto corre. Norma se limpia la mano con un poco de asco, luego de sentir la mano sudada de Adrián. INT. CASA RODRÍGUEZ – ENTRADA – NOCHE. Eduardo, Gerardo y Luis Fernando entran a la casa. Ayudan a Luis Fernando con su bolso. - Llegamos – dice Eduardo. – Ésta es nuestra casa. - Es muy bonita – dice Luis Fernando. – Es algo más grande que la casa en México. - Pues ahora tú vivirás con nosotros – dice Gerardo. – Conseguimos tu pasaporte y tu visa, pero ya verás cómo conseguimos dentro de unos meses tu residencia permanente. - ¿En serio? – dice Luis Fernando, conmovido. - Sí. Y nosotros nos encargaremos de que así sea – responde Eduardo. – Por ahora, no te metas más en líos y vive tu vida tranquilamente con nosotros. - Muchas gracias, papá, hermano. Ustedes de verdad son mi salvación – dice Luis Fernando, abrazándolos a ambos. - No exageres, hijo. Somos familia – dice Eduardo, correspondiendo al abrazo. - Ahora te irás a dar un baño – Gerardo y su padre se apartan de Luis Fernando. – Tú te irás a acostar. Mañana tenemos que ir a ver a tu tía Mónica que está en un lío. - ¿Qué le pasó? – pregunta Luis Fernando. – Ustedes no me quisieron decir nada cuando veníamos de regreso. - Estoy seguro es un error, hijo, pero la acusan de intento de asesinato – responde Eduardo. - La tía Mónica es tan buena. Me apoyó cuando estaba en México con mamá. Es injusto todo esto. Luis Fernando toma sus cosas y siguiendo a su hermano, va al que será su dormitorio. INT. EDIFICIO – PASILLO QUINTO PISO – NOCHE. Daniel (Jorge Arecheta) termina de subir y justo está por dirigirse a su departamento cuando justo se cruza con Ricardo (Matías Assler), quien iba bajando. - Hola – saluda Daniel. - Hola – saluda Ricardo. - Oye, ¿cómo está tu sobrino? Hace rato no lo veía aquí. - Es que hoy ya se fue a la casa de sus papás. Todo se arregló con él. Pero lástima la forma en que se tuvo que arreglar todo. - ¿Qué pasó? - Mi hermana, weón. Le dispararon cuando estaba de noche en la empresa de mi cuñado y mi viejo. - ¿Y qué andaba haciendo allá? - Según dice, la persona que le disparó la citó, pero más allá de eso no sé. - Puta, qué lata weón. Hay tanta gente mala. - Sí, po. ¿Y tú, como estai? ¿Qué contai? - Nada po. Disfrutando la soltería. - Ah, buena… - ¿Y tú? ¿Cómo anda el pololeo? - Bien… bien… todo bien. Ricardo y Daniel se quedan en un silencio incómodo. - Bueno, yo me tengo que ir a comprar algunas cosas pa’ mañana, pa ir a la pega – Ricardo dice al fin. - Bueno, que te vaya bien po’. Ricardo y Daniel se despiden. Ricardo baja, mientras Daniel se dispone a entrar a su departamento. INT. DEPTO DANIEL – LIVING/COMEDOR – NOCHE. Daniel entra al departamento cuando lo espera José Miguel (Guido Vecchiola). - ¿Qué andabai haciendo tanto con el vecino? – pregunta José Miguel. - Yo… nada… es que… me lo crucé justo y… – Daniel intenta explicarle a José Miguel. - Te he dicho que no me gusta que andís con él. ¿Acaso no te acordai lo mal que quedaste cuando lo pillaste tirando con ese weón X del restobar? - Oye, no le pongai tanto color, tampoco. Si solo estamos conversando. Una simple conversa de vecinos. - Dani, tú sabís que yo me preocupo por ti, que yo solo quiero que seamos felices juntos. Por fa, no echemos a perder esta relación, íbamos tan bien. - Claro que íbamos bien, weón, si no fuera por tus celos. - No son celos, weón, es preocupación. Desintoxícate de ese weón. Primero te desprecia haciéndose el hetero homofóbico patriarcal cuando tirai con él y ahora llega y te cambia por otro. Si esos weones que no tienen definida la sexualidad son los peores gays que hay en el mundo. Daniel se hastía con la actitud de José Miguel. - Dani, porfa no te pongai en ese plan de “amigos del ex”, tú sabís que eso no funciona. Tú sabís que dicen estudios que ser amigo del ex es una señal de psicopatía. Y tú no erís psicópata, ¿o sí? – dice José Miguel. - No, si no lo soy, pero… – comienza a decir Daniel. - ¿Viste? Entonces olvídate de él y sigamos con lo nuestro, que fue tan bonito lo que tuvimos y estábamos tan bien recuperándolo. Si me di cuenta que tú erís el amor de mi vida. Y tú todavía tenís que darte cuenta que yo lo soy, que yo soy lo que tú necesitai – José Miguel nota la cara de incomodidad de Daniel. – Ya po, cambia la cara y dame un beso. José Miguel le da un beso en los labios a Daniel, quien corresponde incómodamente. José Miguel abraza a Daniel, quien no muestra emoción ni corresponde al abrazo. José Miguel, en tanto, emite una sonrisa de malas intenciones. CORTE DIRECTO A… EXT. EDIFICIOS – ENTRADA – NOCHE. José Miguel se junta con Amanda (Josefina Fiebelkorn) a escondidas de Daniel. - ¿Qué es lo que tenías que decirme que no podía esperar hasta mañana? Mira que mañana tengo que levantarme para trabajar en mi consultorio dental – Amanda sale de uno de los arbustos. - Si vamos a seguir con el plan contra Daniel y Ricardo, debemos seguir haciéndolo – dice José Miguel, firme. - Pero no me pongas toda la responsabilidad a mí. Tú también tienes que hacerlo. - Oye, yo estoy haciendo todo lo posible. Lo amenazo para tener sexo, para que esté conmigo recordándole que mató a mi hijo, lo amenacé para que deje de ver a Ricardo, pero aún así no me hace caso. ¿Y tú qué has hecho? Nada. - Yo he hecho la parte más pesada de la pega: te contacté a ti, te ayudé a drogarlo para violarlo y contraté al “gay-for-pay” para que tuviera sexo con Ricardo y se decepcionara. Pero aun así no me resulta. - Ya no sé qué vamos a hacer. Esto se nos está saliendo de las manos. - Eso es porque algo está fallando. Quiero que Ricardo vuelva a ser mío, pero él no quiere nada. - Porque tú todavía no asumís que el weón es gay. - ¡No lo es! Solo está confundido, pero ya se va a dar cuenta y va a volver a caer rendido a mis pies. - ¿Y cuándo sería? Será mejor que te apures pronto, o sino va a caer rendido a los pies de Daniel, y eso no es lo que queremos, sobre todo tú. ¿O eso quieres? - Obvio que no, po’. Pero ya, será mejor que te entrís a tu casa y que yo me vaya, antes de que comience a sospechar. José Miguel se dispone a entrar, pero pronto Amanda lo detiene. - Ah. Recuerda que, ahora que estai viviendo con el Daniel, lo tenís que vigilar, mira que no hay que dejar que siga haciendo lo que precisamente queremos evitar – dice Amanda, firme. - ¿Y qué creís que estoy haciendo? Lo vigilo, pero me descuido un poco y ya se va a donde el Ricardo. - Por eso po’, erís tan pavo que te descuidai, te vai de viaje, quizás a qué weás hacer. - Cosa mía. No puedo estar aquí las 24 horas del día y él trabaja, todos trabajamos. Así que déjame tranquilo. Si lo tengo todo bajo control. Por lo menos, quédate tranquila porque ni Ricardo ni Daniel quieren estar juntos, ¿o sí? José Miguel entra al edificio. Amanda lo mira muy seria y se va. DÍA SIGUIENTE… INT. COMISARÍA – MEDIODIA. Un guardia de la celda abre la celda donde se encuentra Mónica. - Señorita, puede salir. Su abogado la espera – dice el guardia. - Qué bien. Milagros está aquí – dice Mónica, esperanzada. - No, señorita. Es abogado, no abogada. - Señor, debe haber un error. Mi abogada es la señora Milagros Fernández. - La señora Fernández no podrá hacerse cargo, así que se le asignó otro abogado en su lugar. Mónica se encuentra asustada e insegura, ya que no sabe lo que está pasando. Luego de que sale del sector de celdas, se encuentra con una gran sorpresa. Una figura masculina se voltea ante ella, resultando ser un hombre de gallarda figura, Esteban de la Cruz (Eugenio Siller), quien fue compañero de Mónica en la escuela de derecho en México. CORTE DIRECTO A… INT. COMISARÍA – SALA REUNIONES – MEDIODIA. Mónica está un poco más tranquila, mientras Esteban le relata todo. - El estudio donde trabajaba allá en Ciudad de México quebró. Yo consideraba irme a Monterrey, Cuernavaca, Mexicali o incluso Acapulco, pero cuando intenté contactarme contigo o con Milagros, me dijeron que ustedes se habían venido a Chile donde trabajaban en un reconocido estudio – relata Esteban. – Yo nunca pensé que ustedes estuvieran trabajando en el Méndez-Collao Asociados. Solo fui a dejar mi currículum ahí, pero apenas te acusaron de esto, Milagros me reconoció apenas leyó mi currículum, por lo que me contactó para que entrara a reemplazarte, cubriera tus casos, pero que por el momento priorizara el tuyo porque ella no se podría hacer cargo. - Debió ser duro para ti dejar México – dice Mónica. - No, para nada. De hecho, al saber que tú, Milagros y varios compatriotas estaban aquí en Chile y en esta ciudad, Temuco, sentí que podría estar como en casa. Claro que mi familia allá no se lo tomó bien, pero igual me apoyaron. Aunque, de momento, solo me quedaré un tiempo por aquí. Después quiero ver si vuelvo a México o no. Mónica no dice nada. Esteban, sin dudarlo, toma las manos de Mónica. - Se lo prometí a Milagros y ahora te lo prometo a ti, Mónica – Esteban intercambia una mirada con Mónica. – Prometo que haré todo lo posible por sacarte de aquí y que no vayas a la cárcel. Y si no resulta, haré todo lo posible para que salgas antes de la cárcel. - Pero, Esteban, yo no le disparé a Cristina Osorio – dice Mónica. – Te juro que yo no fui. - Y yo te creo. Sé que no serías capaz de hacer una cosa así. Eres la persona más sincera que he conocido. Mónica está cabizbaja, pero Esteban le toma el rostro y lo levanta para mirarla directamente a los ojos. - Mónica, ¿recuerdas que yo te revelé lo que sentía por ti cuando nos graduamos? – pregunta Esteban. – Te juré que yo nunca había amado a una persona tanto como te amo yo a ti. - Esteban… mis sentimientos por ti no han cambiado. Eres un hombre guapo, sincero, bondadoso, pero yo no podía verte como algo más que un amigo. En esos años, yo atravesaba por una depresión, debido a algo que me sucedió. - ¿Sigues enamorada de ese empresario? Recuerda lo que me contaste: ese hombre prefirió casarse antes que quedarse contigo. Mónica, con ese hombre no tendrás más que un futuro lleno de sufrimiento. Y estoy seguro que es a causa de él que te culparon de intento de homicidio. - Esteban, por favor, no quiero seguir hablando de esto… yo… - Mónica levanta la mirada hacia él para seguir hablándole. Esteban la interrumpe con un abrupto beso en los labios. Mónica queda sorprendida, pero pronto se deja llevar por aquel beso lleno de sentimientos que le da Esteban. Mónica pronto se aparta. - Lo siento, Esteban, no… no es apropiado – dice Mónica. - No, no, perdóname a mí. Yo… fui yo quien te dio el beso – dice Esteban. – Creo que lo mejor será que empecemos a ver tu defensa para el día de tu juicio, que es el viernes. - Sí… - Bueno, Mónica. Estuve revisando tu caso, pero hasta donde yo sé, el arma no ha aparecido aún, ¿o sí? - No. Y sin ella no pueden probar nada. - Exacto, Mónica. Por eso empezaremos a ver tu defensa el día de hoy. Sabes bien que es importante qué es lo que vas a declarar cuando seas interrogada, porque la defensa de quienes te acusan podría usar cualquier cosa en tu contra, incluso el que hayas tenido un pasado con… Juan Ignacio Montes, ¿así se llama? Mónica asiente. Esteban le sigue platicando sobre el caso para poder seguir discutiendo sobre la defensa. DOS DÍAS DESPUÉS… EXT. COLEGIO – PATIO – MEDIODÍA. Gabriel está sentado en una de las bancas, comiendo un sándwich de colación y sorbiendo una caja de leche con chocolate. A su lado, se sienta Felipe (Francisco Godoy). Gabriel se percata de su presencia, pero lo ignora. - ¿Me puedo sentar aquí? – pregunta Felipe, cargando en sus manos su colación. Gabriel no mira a Felipe a la cara. Felipe saca de una bolsa Ziploc su sándwich. - Supe lo que le pasó a tu mamá. ¿Cómo está ella? – pregunta Felipe, tratando de iniciar una conversación. Gabriel no mira ni le responde a Felipe, quien suspira. - Ya po, Gabo. Mírame – dice Felipe, tratando de hacer que Gabriel lo mire, pero éste se niega. – Bueno, por lo menos escúchame. Por lo menos, déjame que te explique cómo fueron las cosas. Todo lo que te hice o estuve por hacer no fue por gusto. Gabriel solo exhala un “¡ja!” tras no creer nada de lo que dice Felipe. - De verdad. O sea, por una parte, me acerqué a ti por insistencia del Joaquín, pero por otra, me interesaba conocerte – Felipe dice esto, con Gabriel ignorándolo. – Te expliqué cuando nos conocimos que el Joaquín me molestaba porque soy adoptado, hasta que el día antes de que empezaran las clases, le dije que no estaba dispuesto a tolerar más sus burlas. Me dijo que iba a bajar los humos conmigo, pero a cambio, yo lo tenía que ayudar con algún compañero que, según él, se viera débil, pavo, tímido… - sigue relatando Felipe. Gabriel se siente ofendido. - Y fue así como llegué a ti – continúa Felipe. – Yo tenía que verme convincente como tu amigo, como cuando te saqué del baño cuando él te encerró. Incluso, me dejé humillar cuando quedamos en pelota frente a todo el curso, y luego él me pidió subir ese video y la foto. Lo hice porque me amenazó con que a mí me iba a hacer algo peor de lo que te iba a hacer. Y yo, de puro cobarde, me presté pa’ eso. Gabriel lanza una especie de bufido. - Sin embargo, no me presté para ponerte el pendrive del profe de Mates – sigue relatando Felipe. – El Joaquín me volvió a amenazar con que me iba a hacer algo peor y a contarte lo que hice del video. Gabriel vuelve a lanzar una risa corta, altiva. - Pero no lo quise hacer y metí mi pendrive en tu mochila – sigue explicando Felipe. – Para que el Joaquín creyera que lo hice y se llevara esa sorpresa. No lo hice porque, en el fondo, siempre te consideré mi amigo. Te conté que yo era adoptado y no me juzgaste como cuando el Joaquín le contó a todo el curso. Es más, permaneciste a mi lado. Siempre sentí que erai el mejor amigo que he tenido. A Felipe se le deslizan unas lágrimas en sus ojos. Se pasa las manos en la cara. - Bueno, es todo lo que te quería decir. Y ya me di cuenta que no soy bienvenido aquí, así que… te dejo tranquilo. Provecho – dice Felipe, dispuesto a irse. Felipe se va. A Gabriel se le asoman algunas lágrimas en sus ojos, ya que ha sentido la sinceridad de las palabras de Felipe. INT. CORTE DE APELACIONES – SALA – TARDE (15:00). Mónica y Esteban se encuentran sentados en sus puestos. - ¿Ésa es la abogada de Cristina? – pregunta Mónica, en voz baja. - Sí. Su nombre es Lucía Valdemar. También trabaja en el estudio – dice Esteban, también en voz baja. Mónica analiza a la abogada de Cristina, Lucía Valdemar (María Elena Swett), una mujer de rubia cabellera. En eso, entra la jueza. - Buenas tardes. Antes de dar inicio a la audiencia del día de hoy, 22 de mayo de 2019, les voy a pedir a ambas partes que se individualicen – comienza a decir la jueza. Mónica lanza un suspiro. No puede evitar sentir nervios al temer qué veredicto le impondrán al término del juicio.
  13. INT. CASA FERNÁNDEZ – DORMITORIO MÓNICA – MADRUGADA. 1:30 A.M. Mónica (Marlene Favela) está acostada sobre su cama. De repente, despierta. Está muy extrañada tras darse cuenta de que está en su habitación. Milagros (Victoria Ruffo) entra con un tazón de leche caliente. - ¡Al fin despertaste, Mónica! – Milagros le pasa el tazón a Mónica. - ¿Milagros? ¿Qué pasó? ¿Por qué estoy en casa? – Mónica se muestra muy confundida. - Estoy tan confundida como tú. Yo estaba durmiendo cuando repentinamente, tocaron el timbre. Cuando abrí, no había nadie, solo tú tirada en el césped de la entrada. Intenté despertarte, pero no hubo caso, así que llamé a Eduardo para que me ayudara contigo a acostarte en la cama. Claro, él insistió en quedarse a cuidarte, pero yo le dije que se fuera a dormir, porque como desde ayer no durmió nada a causa de lo que le pasó a Lourdes. Mónica sorbe del tazón de leche. - Mónica, ¿qué sucedió? ¿Por qué llegaste así? ¿No recuerdas nada? Mónica solo sigue sorbiendo del tazón, tratando de recordar qué sucedió. INT. CASA MONTES – DORMITORIO MATRIMONIAL – MADRUGADA. Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen) se encuentra durmiendo cuando repentinamente suena su celular. Juan Ignacio enciende la luz de la lámpara del velador de su lado para contestarlo. Ve que la llamada es de Cristina y la contesta. - Cristina, ¿qué pasa? – contesta Juan Ignacio, cuando queda un momento en silencio para escuchar lo que le dicen. – Sí… soy esposo de Cristina Osorio… ¿qué? Pero… ¿cómo? ¿Qué hacía ella…? Voy para la clínica altiro. Juan Ignacio cuelga el teléfono. Al enterarse que le dispararon a Cristina queda muy preocupado y comienza a levantarse. INT. CASA FERNÁNDEZ – DORMITORIO MÓNICA – MADRUGADA. Milagros no puede creer lo que Mónica le acaba de contar. - ¿Qué? ¿En serio Cristina te hizo eso? – pregunta Milagros, incrédula. - Sí. Ella me envió ese mensaje para que fuera a la empresa. Fui allá, discutimos y de un momento a otro me apuntó con una pistola – relata Mónica. - Pero ¿cómo fue que terminaste así, inconsciente? - No sé. De un momento a otro, creo que alguien intentó ahorcarme, pero… creo que solo me aplicó lo que llaman la “llave del sueño”, eso que hace que quedes inconsciente. Pero después de eso, solo recuerdo haber despertado aquí. - Bueno, pero por lo menos estás viva y es lo más importante. - No sé, Milagros. Esto con Cristina me pareció muy extraño. Primero ella me cita y luego me pasa esto. Tengo un muy mal presentimiento sobre eso. - Bueno, olvídate de los malos presentimientos, olvídate de Cristina y de Juan Ignacio. Lo más importante es que estás viva. Ahora solo descansa. Yo también necesito dormir porque con lo sucedido a Lourdes tampoco pude descansar muy bien anoche. Tú también tuviste ayer un día muy difícil, así que es mejor que descanses. Milagros deja sola a Mónica, quien solo medita por todo lo sucedido en esta noche. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – GERENCIA – MADRUGADA. Gerardo (Alfonso Herrera) se encuentra recepcionando algunos pedidos de licores, jugos y alimenos, mientras Yadira (Angelique Boyer) intenta convencerlo de recontratar a Adrián. - Lo siento, Yadira, pero no lograrás convencerme – Gerardo es firme en su decisión. - Pero, Gerardo, está pasando por un momento muy difícil – Yadira insiste en intentar convencerlo. - Mira, no me importa si incluso lo atropelló un camión. Me será muy difícil confiar en él después de saber que él era el ratero. Además, ¿por qué intercedes por él después de cómo te agredió esa vez en la plaza? - Gerardo, fue hace meses. Además, yo ya superé que lo nuestro no dio para más. - ¿Después de cómo me coqueteabas aún si estabas de novia con él? Es obvio que eres buena superándolo. Un haitiano carga una caja con ingredientes para las comidas. Luego se va. - Gerardo, tú mismo dijiste que conociste a Adrián desde que eran chamaquitos – Yadira sigue intentando convencerlo. – Dijiste lo chingón que era cuando lo contrataste. De hecho, fue el primer camarero al que contrataste y lo ascendiste a jefe. ¿Cómo crees que se siente después de que lo despidieras? - Mira, Yadira, Adrián habrá sido mi mejor amigo en la prepa, y habrá sido de mis mejores amigos de la vida junto con Lourdes, pero un robo no es algo que se le hace a un amigo. Así que, si me disculpas, debo… Repentinamente, el actual jefe de garzones entra por la puerta. - Gerardo, compadre, gracias confiar en mí pa’ este puesto, pero de verdad que renuncio – dice el jefe de garzones. - Marcelo, ¿qué sucede? – Gerardo se muestra preocupado. - No puedo estar viendo a todos los garzones cuando se equivocan o no. Es demasiado. - Marcelo, sé que eres nuevo en esto, pero ya te acostumbrarás. - Ya, no te pongai latero. Llevai dos meses diciéndome lo mismo. ¿Sabís que más? ¡Chao! – Marcelo toma su delantal y lo tira al suelo. – Hoy tuve suficiente por una noche. Quiero descansar y si querís, mañana vuelvo como garzón o me despedís, pero no quiero más de esto. Gerardo intenta detener a Marcelo. Gerardo exhala un suspiro. - ¡No mames! – Gerardo se sienta sobre su silla. – ¿A dónde voy a encontrar a un jefe de garzón bien chipotludo? A Yadira se le dibuja una sonrisa en su rostro. Gerardo entiende la mirada de Yadira. - ¡No! Yadira, no. Ya te dije que no, ¿eh? – Gerardo sigue firme en su decisión. - ¡No mames, Gerardo! Tú mismo lo dijiste. ¿Dónde encontrarás a alguien así de chipotludo? – dice Yadira, tratando de convencerlo. Gerardo lanza un suspiro, al encontrar algo de razón en las palabras de Yadira. CORTE DIRECTO A… INT. “AMOR A LA MEXICANA” – GERENCIA – MADRUGADA. Gerardo le hace entrega del contrato a Adrián (Aarón Díaz), quien va a ser recontratado. - Aquí tienes tu contrato – Gerardo se muestra muy serio. – Desde luego que ya sabes lo que dice, así que no es necesario que lo vuelvas a leer, solo debes firmarlo. - Pero ¿nada de entrevistas ni mi currículum ni nada? – Adrián se muestra algo extrañado. - Nada de eso, Adrián. Tú ya tienes experiencia en este trabajo. Así que sal ahí a supervisar a todos los garzones. Adrián, muy feliz, se acerca a abrazar a Gerardo. - Gracias, Gerardo – Adrián abraza fuertemente a Gerardo, quien corresponde incómodamente. - ¡Pero! – Gerardo se aparta de Adrián. – Si falta un solo peso en el contador, te corro, ¿eh? Y esta vez ni Yadira te va a salvar el pellejo. - Sí, sí, te juro que esta vez no va a faltar nadita de nada, ¿eh? Te lo juro por Diosito y la mismísima Virgen de Guadalupe. - ¡Cálmate! ¿Eh? Que esto no es “La Rosa de Guadalupe”, sino la vida real. Adrián vuelve a abrazar a Gerardo. - ¡Ya! ¡Ya! Ahora vete a trabajar, que el tiempo es oro – Gerardo vuelve a corresponder incómodamente el abrazo de Adrián. Adrián se aparta de él y sale rápidamente. Yadira se le acerca a Gerardo, con una sonrisa y una expresión de como diciendo “¿Ves? ¿Qué te dije?”. - ¿Qué me miras así? Vete a trabajar – Gerardo se muestra muy molesto. Yadira se va a trabajar, dejando solo a Gerardo. - Ni modo con estos cabrones – dice Gerardo para sus adentros. DÍA SIGUIENTE… INT. DEPTO DANIEL – DORMITORIO INVITADOS – DÍA (9:00 A.M.) Gabriel (Oliver Borner) sigue durmiendo cuando su tío Daniel (Jorge Arecheta) lo despierta. - Gabo, despierta – Daniel sacude un poco a su sobrino. – Gabo. - ¿Qué? ¿Qué pasa, tío? – dice Gabriel, despertándose. - Me acaba de llamar tu papá. Se trata de tu mamá. - ¿Pa’ eso me despertaste, tío? Si ya te dije que no quiero saber más de esa señora. - No, si no es por eso que él me llamó. Es que algo le pasó a tu mamá. - Tío, no me importa lo que le pase o deje de pasar a mi mamá. Seguramente es un puro show para que yo vuelva a la casa y la perdone. - Gabriel, deja de ser tan orgulloso y escúchame. A tu mamá le dispararon. - ¿Qué? – el rostro de Gabriel cambia desde orgullo y rabia a impacto y preocupación. CORTE DIRECTO A… INT. CLÍNICA ALEMANA – HABITACIÓN 303 – DÍA (10:30 A.M.). El ruido de ambulancias va y viene. Cristina (Antonia Santa María) todavía no despierta. Está con un cabestrillo que inmoviliza su brazo izquierdo. A su lado está Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen) con semblante contrariado y mucha preocupación. También hay algunos hombres de la PDI. - Mi mujer no ha despertado, comisario. ¿Realmente cree que es necesario interrogarla? – dice Juan Ignacio, cansado e incómodo con la vigilancia de los policías. - Lo siento mucho, señor Montes, pero tenemos órdenes de hacer las investigaciones correspondientes – dice el comisario a cargo (Fernando Olivares). – Su señora se ha sido víctima de un hecho de sangre. - ¡Juan Ignacio! ¡Juan Ignacio! – repite Cristina, quien comienza a despertar de la anestesia. Cristina abre los ojos. Juan Ignacio le acaricia la frente, ya más tranquilo. - Buenos días, señora Osorio, mi nombre es Rodrigo Castillo – se presenta el comisario. – Le queríamos preguntar si acaso quería declarar algo sobre lo que sucedió anoche. Cristina cierra brevemente los ojos al sentir un dolor punzante en su hombro izquierdo y lanza un suspiro para intentar que se vaya. - Comisario, por favor, ¿no ve cómo está? – Juan Ignacio se ve molesto. - No, mi amor, está bien. Déjame – dice Cristina. – Sí, tengo algo que declarar. Fue Mónica Rodríguez. Ella fue la que me disparó en el hombro al interior de la empresa Araucalat, donde trabaja mi marido. Juan Ignacio queda demudado por el impacto de aquella revelación. El comisario Castillo mira a la pareja con un atisbo de curiosidad y e intriga. EXT. CASA RODRÍGUEZ – CALLE – DÍA. Gerardo (Alfonso Herrera) y Eduardo (Fernando Colunga), salen de su casa para dirigirse a la clínica a ver a Lourdes. - Espero que Lourdes haya amanecido bien – dice Eduardo, acercándose al auto. - Sí. Creo que según dijo el doctor, mañana vuelve a su casa – dice Gerardo, al lado de Eduardo. - Hijo. No sé cuántas veces lo he hecho, pero quiero pedirte perdón por lo que sucedió. Tenías todo el derecho de saber que tú y Lourdes… - No, tranquilo, papá. Creo que al saber que Lourdes y yo somos hermanos, entendí muchas cosas. En realidad, lo que sentía por ella solo era un cariño especial. Creo que, en el fondo de mi corazón, yo sabía que éramos hermanos, pero yo era tan pendejo que pensé que era amor. - No, hijo, no eras pendejo. Solo estabas confundido. Solo espero que algún día llegues a perdonarme. - No, papá, no tengo nada que reprocharte. Pues ya pasó. Estoy bien. Esto no cambia nada, sigues siendo mi papá y te quiero mucho. Gerardo y su padre se abrazan. Están por subirse al auto cuando le suena el celular a Eduardo, quien lo responde. - ¿Bueno? Sí, yo soy Eduardo Rodríguez – a Eduardo se le dibuja una expresión de asombro en su rostro – ¿Qué? ¿Cómo? Gerardo se preocupa. - Voy para allá enseguida. Tomaré un avión de último minuto y llegaré allá – Eduardo cuelga el teléfono. - ¿Qué pasa, papá? – Gerardo se muestra muy preocupado. - Es tu hermano Luis Fernando, está en Chile. Se infiltró en un vuelo desde México y se escondió. Pero lo sorprendieron sin documentos y lo tienen detenido. - Pero ¿por qué no esperó? Yo le dije que tú ibas a platicar con él, que no venga todavía. - Sí, recuerdo que me contaste, pero he estado tan ocupado con las cosas de la empresa que olvidé verlo, además con todo lo de Lourdes – Eduardo se pasa la mano sobre la cara, en señal de preocupación. – Toma tú el carro y ve a dejarme al aeropuerto. Debo tomar el vuelo de último minuto para ir a resolver su situación. - Papá, voy contigo. - No, tú debes quedarte para informarme si pasa algo con Lourdes. - No te preocupes por ella. Sé que está bien. Además, tía Mónica y la señora Milagros nos van a informar. Déjame ir contigo. Es mi hermanito. Estoy seguro de que nos debe necesitar a ambos. - Bueno, está bien, pero vamos rápido. Los detectives de inmigración me dijeron que solo tenemos dos horas. INT. CASA CIFUENTES – COMEDOR – DÍA. Pablo (Nicolás Oyarzún) está muy triste. Mira en su celular una selfie que se tomó con Lourdes (Maite Perroni). En eso, se aparece Carolina (Carmen Zabala) con el desayuno que ella preparó. - Aquí te traigo el desayuno – Carolina le entrega una taza de café a Pablo, junto con unas tostadas y una paila con huevo revuelto. Carolina se da cuenta de que Pablo solo está mirando su celular. - Pablo, déjate de mirar el celular y cómete tu desayuno, mira que los huevos se van a enfriar. Mira que vine exclusivamente a tomar desayuno contigo. Tengo mucha hambre – dice Carolina, seria. Pablo no le presta atención a Carolina. - ¿Pablo? ¡Yuju! ¡Tierra a Pablo! – Carolina le pasa la mano enfrente de su cara. Pablo pronto despabila. - ¿Ah? ¿Qué? – Pablo dice por fin. – Perdona, ¿qué me estabai diciendo? - ¿Qué te pasa? Tanto que mirabai el celular – Carolina se muestra algo preocupada. - No… no, nada – Pablo aparta su celular. – Se ve rico el desayuno. No hay que desaprovecharlo. Carolina se pone un poco de mermelada en su tostada de pan integral y se lo lleva a la boca, mirando con suspicacia a Pablo. - Pablo, estuvimos 3 años juntos, tiempo suficiente para conocerte y saber que algo me estás ocultando – Carolina se oye firme en su declaración. - No… si no me pasa nada. No tienes que preocuparte – dice Pablo, pero luego mira la cara de suspicacia de Carolina. – Bueno, está bien, te voy a contar. ¿Te acordai de lo que pasó con Lourdes, que ella estaba embarazada? - Ay sí… ¡Uy! Y ese weón que buitreó en la entrada dijo que eran hermanos… ¡Increíble! Embarazada del hermano – Carolina lanza una risa. – Es increíble lo que puede llegar a hacer una mujer por despecho. ¿Eso es lo que te preocupa? - ¡No, Caro! No es eso. - Entonces, ¿qué? ¡Ah! No me digai que seguís enamorado de ella. Pablo, tú y yo estamos juntos ahora… o sea, sé que ahora somos como amigos con ventaja, pero igual podemos ser sinceros el uno con el otro. - Caro, no se trata de si estoy enamorado de ella o no. ¿Podís dejar de hacer suposiciones? – Pablo se oye molesto con sus palabras. - ¡Ay, perdón, señor gruñón! Perdóneme por usar el tercer ojo, el sexto chakra – Carolina se oye muy irónica. - Ya, perdona. Es que… resulta que Gerardo no era el padre de la guagua. - ¿No? - No. El papá de la guagua era yo. Carolina se ve muy confundida. - A ver, Pablo, no entiendo. ¿Por qué “eras” el padre de la guagua? – Carolina exige una explicación más razonable. - Sí, ERA el padre… porque Lourdes perdió a la guagua – revela Pablo. - Ay, no… pobrecita Lourdes. - Lo peor de todo es que me siento culpable porque… hace dos noches cuando Gerardo estuvo aquí y… ya sabís qué pasó… yo me fui al restobar a verla porque ella estaba a cargo y yo la fui a increpar por haberse embarazado de Gerardo y… de ahí empezó con síntomas de pérdida. Carolina se muestra muy interesada en el relato de Pablo. - Cuando la fui a ver a la clínica, estaba furiosa conmigo y fue ahí cuando me reveló que Gerardo no era el padre de la guagua, sino que era yo – continúa relatando Pablo, con mucha angustia. – Quedé muy mal por eso. Me di cuenta de que fue un error haberla despreciado cuando pasó esa noche especial con ella. Pero ahora sé que ella no quiere saber más de mí. ¡Por la chucha! ¿Qué hice? Pablo se lleva las manos a la cara y lanza un gran suspiro. Carolina se acerca a él para consolarlo. INT. CLÍNICA ALEMANA – PASILLO TERCER PISO – DÍA. Norma está dando vueltas afuera de la habitación, en el pasillo, expectante sobre la declaración de su hija. Se percata por la baranda que están llegando Bernardo (Bastián Bodenhöfer) y Eliana (Gloria Münchmeyer). Empieza a fingir un llanto de angustia. Cuando ambos se acercan, ya ha llorado unas cuantas lágrimas de cocodrilo. - Norma, ¿qué le pasó a la Cristina? ¿Por qué está acá? – pregunta Bernardo, preocupado. - ¡Ay, Bernardo! ¡Es espantoso! – Norma finge con mucha maestría lágrimas de angustia y abraza a su marido. – Me llamaron de la PDI para decirme que le dispararon a la Cristi. - Pero ¿quién le disparó a la Cristi, niña? Esto es muy raro – dice Eliana. - Fue la Mónica. ¡La Mónica le disparó! Esa psicópata de mierda – Norma se aparta de Bernardo para relatar. - ¿Mónica? – pregunta Bernardo, incrédulo. - Sí, Bernardo – Norma se seca sus falsas lágrimas. – La empleada que contrataste hace años y en la que tanto confiaste. Ella fue. Bernardo no puede creer las palabras de Norma. En eso, llega rápidamente Gabriel, seguido de Daniel. - ¡Mamá! – grita Gabriel, con mucha angustia y preocupación, mientras se acerca a sus abuelos y bisabuela. – Abuela, tata, Nana. ¿Qué le pasó a la mamá? Me dijeron que le dispararon. - Sí, mi amorcito – Norma sigue fingiendo angustia. – Fue la Mónica. - ¿La abogada joven, la vecina de al frente? ¿Por qué, abuela? ¿Qué pasó? - No sé, mi amor, pero ella citó a tu mamá a la empresa y… a sangre fría le disparó. ¡A mi niñita! Y lo peor es que la muy psicópata se fue luego de dispararle. ¡Se dio a la fuga! Norma convence muy bien a todos con sus falsos llantos. - ¡Mamá! – Gabriel se ve muy angustiado y quiere entrar a la habitación, pero es retenido por Daniel. - ¡No, Gabrielito! Déjala, la están interrogando – lo detiene Norma. - Pero ¿cómo? Si casi la matan. Y por mi culpa… porque después de saber quién es mi papá verdadero, yo deseé que se muriera – comienza a llorar Gabriel. Daniel consuela a su sobrino, abrazándolo. Gabriel comienza a ahogar desgarradores sollozos. - ¿Y cómo está ella, se puede entrar a verla? – pregunta Daniel. - Cuando terminen de interrogarla, pero mi niñita… tan buena. Jamás pensé que esa zorra fuera capaz de eso. Menos mal tuvo mala puntería y la bala solo le rozó el hombro – dice Norma, aun fingiendo sus lágrimas de angustia. Norma sigue fingiendo su llanto y abraza a su marido. Norma, en los brazos de Bernardo, expresa una sonrisa malévola, al ver que el plan junto a su hija contra Mónica está funcionando. INT. CLÍNICA ALEMANA – HABITACIÓN 303. – DÍA. Juan Ignacio sigue estupefacto, ya que no puede creer la declaración de Cristina. - ¿Qué estás diciendo, Cristina? ¿Cómo que Mónica te disparó? Ella sería incapaz de eso… ¿y qué mierda estabas haciendo en la empresa? – pregunta Juan Ignacio, incrédulo. El comisario Castillo se mostró interesado en la actitud de Juan Ignacio. - Ah, no, Juan Ignacio. No lo puedo creer. ¡Esto es el colmo! ¿Te vas a poner a defender a esa mina? – pegunta Cristina, muy enojada. – Esa mina casi me mata, Juan Ignacio. Menos mal la bala solo me rozó el hombro. ¡Pero pude haber terminado muerta por su culpa! - Pero, Cristina, tú la conoces bien y ella sería incapaz de… – dice Juan Ignacio. - ¡Ah, no! Me parece insólito que no confíes en tu propia esposa. ¿Sabes qué? ¡Ándate de aquí! – Cristina, firme, expulsa a Juan Ignacio de la habitación. - Pero… Juan Ignacio, muy incrédulo, quiere exigirle a Cristina más explicaciones, pero el comisario le pide que acceda a la petición de su esposa. Juan Ignacio se va de la habitación, dejando solos a Cristina y los detectives. - Entonces, señora Osorio – dice el comisario Castillo. – Usted afirma que esta persona, Mónica Rodríguez, fue quien le disparó. ¿Me puede decir cómo pasó todo y qué hacía usted en la empresa de mi marido? Cristina comienza a recordar las palabras que le dijo su madre antes de ejecutar el plan en contra de Mónica, en caso de que un comisario le fuera a preguntar sobre los hechos. - Yo estaba en mi casa y me dirigía al centro de eventos que dirijo cuando recibí una llamada de un número desconocido – Cristina comienza a relatar, mientras recuerda las palabras de su madre y a la vez improvisa. – O sea, de un número que no tengo registrado en mi teléfono. Resultó ser Mónica, mi vecina de enfrente, que fue la empleada doméstica de mi familia. Ella… fue amante de mi marido, Juan Ignacio, y quería hablarme sobre él y me citó a la empresa Araucalat, donde trabajan él y mi papá. Los detectives toman nota de la declaración de Cristina. El comisario asiente y permite que Cristina continúe su relato. - Me citó para que fuera allá a la medianoche, o sea, hace unas horas. Y me recalcó que nadie debe saber de esta cita – continúa Cristina. – Yo, como buena esposa y madre que soy, me quedé intrigada y preocupada por lo que me tenía que decir sobre mi marido, así que acudí. Cuando llegué, ella estaba afuera de la oficina de mi marido, esperándome a oscuras. Ella se puso como loca, me insultó, comenzamos a pelear. Yo, muy asustada, me quería ir, pero ella me detuvo, sacó una pistola y, sin pensarlo dos veces, me disparó y me caí por las escaleras. De ahí no me acuerdo de nada, y desperté aquí. El comisario y los detectives terminan de apuntar toda la declaración de Cristina. - Perfecto, señora Osorio – dice el comisario Castillo. – ¿Algo más que agregar? - Lo único que puedo agregar, comisario, es que exijo que la metan presa. Ella no puede quedar impune por haberme tratado de matar – dice Cristina, con mucha determinación. - No se preocupe, señora Osorio. Ahora mismo vamos a interrogar a la señora Rodríguez. - Señorita, comisario. Ella no es casada, hasta donde yo sé. El comisario y los detectives se retiran, dejando sola a Cristina, quien esboza una sonrisa triunfante. INT. CLÍNICA ALEMANA – PASILLO – DÍA. Mientras Cristina declara con los detectives, Juan Ignacio sale de la habitación, ya que Cristina lo expulsó para poder declarar en paz. Gabriel se percata y corre a abrazar a su padre. - Papá – Gabriel, en los brazos de su padre, rompe en un desgarrador llanto. - Gabriel, qué bueno verte – Juan Ignacio corresponde al abrazo de su hijo. - ¿Cómo está la mamá? – Gabriel se aparta de su padre y se seca las lágrimas. - La mamá está bien. Nada grave. La bala solo le rozó el hombro. - Papá, estaba tan angustiado. Todo esto es por mi culpa – Gabriel vuelve a abrazar a su padre, rompiéndose en llanto nuevamente. - ¿Por qué tu culpa? Si no fuiste tú quien le disparó. - Es que… estaba tan enojado con ella por lo de Adrián que deseé que se muriera. No quiero que se muera la mamá. ¡No quiero! Juan Ignacio consuela a su hijo, quien llora muy angustiosamente. Mientras, Bernardo sigue junto a su esposa, quien sigue fingiendo angustia y preocupación. - Es que no lo puedo creer, Norma – Bernardo muestra incredulidad. – ¿La Mónica le disparó a la Cristi? Es que no pensé que fuera capaz de hacer una cosa así. - Para que veas la clase de persona que es – Norma se seca sus falsas lágrimas. – El otro día vino a la casa y me empezó a amenazar. - ¿Por qué? ¿Qué pasó, niña? – pregunta Eliana, curiosa. - No sé. Me vino a recriminar por qué la despedí hace años. Esa mujer está llena de odio y rencor. Tengo miedo. Primero intentó matar a la Cristinita. Imagínate, quizás la siguiente sea yo – Norma intenta convencerlos, haciéndose la víctima. - Perdóname, Norma, pero esto me parece increíble. Tú ya conociste a Mónica el tiempo que trabajó con nosotros. Ella me pareció una mujer eficiente y muy humilde. No creo que haya sido capaz de hacer una cosa así – Bernardo muestra mucha seguridad. - ¡Ah, no! Es que esto es el colmo. ¡No confías ni en mi palabra ni en la de tu propia hija! Es que te pasaste, Bernardo. - Yo siempre supe que esa niña no era nada de los trigos muy limpios, les diré. Yo les dije que los inmigrantes solo vienen a delinquir al país – Eliana, como siempre, lanza uno de sus desatinados comentarios. - ¡Mamá, no empiece con sus comentarios! – Bernardo le llama la atención a su madre. - Pero, hijo, si es la verdad. Vieras la cantidad de inmigrantes que hay hoy en día, haitianos, colombianos, venezolanos, que vienen a quitarles la pega a todos los… –defiende su postura la deslenguada Eliana. - Cállese, mamá, por favor. Además, no la he perdonado por el asunto del papá, así que no la quiero escuchar – dice firme Bernardo, causando la molestia de su madre. - Entonces, ¿para qué me trajiste? – dice Eliana, inmadura, pero es ignorada por su hijo. - Es que es increíble que te pongas a defender a esa psicópata y a esos asquerosos delincuentes de los inmigrantes. Increíble. Norma se molesta porque Bernardo no creyó en su palabra, lo que para ella podría ser un peligro para el plan que está ejecutando con su hija. INT. AEROPUERTO DE SANTIAGO – CONTROL MIGRATORIO – MEDIODÍA (12:30) Han pasado dos horas. El joven Luis Fernando Rodríguez (Alejandro Speitzer) de 24 años. Unos detectives de control de migraciones lo acompañan. Luis Fernando comienza a derramar lágrimas. - Joven, ya pasó su tiempo. Usted nos pidió dos horas para que sus familiares lleguen. Me temo que vamos a tener que pedir su vuelo de vuelta a México – dice una detective. - ¡No! Por favor – dice Luis Fernando, llorando. – Estoy seguro de que vendrán. Solo esperen un poco más. - Lo siento, joven, pero hay que… Efectivamente, llegan Eduardo y Gerardo al aeropuerto. Las lágrimas de dolor de Luis Fernando se transforman en alegría al ver a su padre y su hermano. Él se levanta para acercarse a ellos. Eduardo detiene a Gerardo y se acerca a su hijo menor, pero solo para darle una bofetada. Luis Fernando se quiebra en llanto. - ¿Cómo se te ocurre venir sin avisar, y encima de todo sin documentos? – dice Eduardo, enojado. Luis Fernando llora desconsoladamente tras la bofetada de su padre, quien lo mira furioso. INT. CASA FERNÁNDEZ – ENTRADA – MEDIODÍA Milagros y Mónica se disponen a salir de la casa para ir a ver a Lourdes a la clínica. Repentinamente, alguien toca el timbre. Se trata de el comisario Castillo junto a otros detectives de la PDI. - Buenas tardes, señora. Soy el comisario Rodrigo Castillo – se presenta formalmente el comisario Castillo. – ¿En este domicilio se encuentra la señorita Mónica Virginia Rodríguez Castañeda? Milagros no responde nada, ya que Mónica se acerca a la puerta, muy extrañada. - Yo soy Mónica Rodríguez – responde ella. – ¿Sucede algo malo, señores? - Tenemos una orden de arresto en su contra. Queda detenida por el cuasidelito de homicidio en contra de la señora Cristina Angélica Osorio Palacios – responde el comisario Castillo. Mónica queda muy impactada al recibir dicha noticia. INT. AEROPUERTO DE SANTIAGO – CONTROL MIGRATORIO – TARDE Gerardo está sentado al lado de su hermano menor, mientras Eduardo habla con los detectives. Pronto, Eduardo se desocupa. - Ya arreglé todo – dice Eduardo. – Dijeron que iban a permitir sacar un nuevo pasaporte y una visa para Luis Fernando y que se pueda quedar en el país todo el tiempo posible. - Qué bueno – dice Gerardo, serio. Luis Fernando no los mira. Solo se seca las lágrimas en sus ojos. - Hijo, ¿cómo es posible que no hayas venido con documentos? Eso es una falta muy grave – dice Eduardo. - ¿Y los documentos que te consiguió papá cuando te visitamos para tu cumpleaños 18? – dice Gerardo. – Esos que te dijimos que - Mamá… – solo dice Luis Fernando. - ¿Qué tiene que ver mamá en todo esto? – pregunta Gerardo. - Mamá los tomó y… los tiró a la basura – dice Luis Fernando, quebrándose en llanto. - ¿Qué? Pero… ¿por qué lo hizo? – pregunta Eduardo. - Luego de que cumplí 18, después de que ustedes se volvieron aquí – comienza a relatar Luis Fernando – hubo un juicio donde dijeron que yo podía decidir si quedarme con mamá, o si venirme a Chile a vivir con ustedes. Yo decidí quedarme con ustedes, pero mamá no lo permitió y tiró mis documentos a la basura. - ¿Por qué? ¿Por qué Minerva haría eso? – dice Eduardo. – Ella dijo que todo estaba bien y que, en cuanto quisieras, vendrías para acá. - Ustedes no saben el infierno que pasé allá en México – dice Luis Fernando, entre lágrimas. – Todo comenzó cuando yo tenía 11 años, luego de que ustedes se vinieran aquí luego de que mamá ganara el juicio por mi tutela. FLASHBACK – JUNIO 2006 (13 AÑOS ATRÁS) EXT. CASA RODRÍGUEZ ACEVEDO – ENTRADA – TARDE. Ciudad de México. Un Luis Fernando (Jonathan Ochoa) de 11 años ve cómo su hermano, y su padre hacen abandono de su casa para irse a vivir a Chile. Atrás de él se encuentra su madre, Minerva (Itatí Cantoral), 39 años. Eduardo se acerca a su pequeño hijo. - Hijo, debes prometerme que obedecerás en todo a tu madre – dice Eduardo, acariciándole el rostro – y que no le causarás ningún disgusto, ¿de acuerdo? Luis Fernando se acerca a su hijo para abrazarlo. Al separarse de él, le da un beso en la mejilla. Gerardo se despide de su madre de un beso. Se acerca a su pequeño hermano, quien parece molesto porque se va. Solo le da un beso en la mejilla y se aparta de él. Luis Fernando no aguanta más y quebrándose en llanto, corre a abrazar a su hermano. Gerardo, conmovido, corresponde al abrazo. - Escucha, hermanito – dice Gerardo, apartándose de su hermano menor. – Como dijo papá, obedece en todo a mamá. Pero si hay algún problema, nos dices y tomamos el primer avión hasta aquí, ¿vale? Luis Fernando asiente con la cabeza y le da un abrazo final a su hermano mayor. FIN FLASHBACK - Después de ese día, mamá no se preocupó más por mí – dice Luis Fernando, secándose las lágrimas y sorbeteando. – Ella siempre llegaba tarde de la chamba y… llegaba muy ebria porque siempre se iba de peda. Ya habían pasado dos meses cuando no aguanté más y decidí llamar a servicios sociales. FLASHBACK – AGOSTO 2006 (13 AÑOS ATRÁS) INT. CASA RODRÍGUEZ ACEVEDO – PASILLO – TARDE. Luis Fernando, de 11 años, decide llamar a servicios sociales, procurando que su madre no lo vea. Toma el teléfono de su casa y marca un número. - ¿Hola? ¿Hablo con servicios sociales? – dice Luis Fernando. – ¿Sabe? Quisiera saber si me pueden venir a buscar… es que… Minerva le quita el teléfono a su hijo. - ¿Qué estabas intentando hacer, Luis Fernando? – le pregunta Minerva, enojada y evidentemente ebria. - Nada, mamá… es que yo… - comienza a decir Luis Fernando. - No se te ocurra llamar a nadie para que te aparten de mí. Yo soy tu madre y te debes quedar a mi lado, ¿te quedó claro? - Es que, mamá, tú te la pasas trabajando, casi ni me das de comer y siempre regresas borracha y… - dice Luis Fernando, firme. Minerva lo interrumpe tirándole la oreja. Luis Fernando comienza a quejarse. - ¡Cuidado con cómo me hablas, mocoso del demonio! – dice Minerva. – ¡Soy tu madre y me debes respeto! Así que te vas a tu cuarto ahora mismo. Minerva lo tironea fuerte de la oreja para llevarlo a su cuarto. Luis Fernando comienza a llorar del dolor. - ¡Mamá! ¡Ya basta! – dice Luis Fernando. - ¡Si te vuelvo a pillar llamando a servicios sociales, te daré una paliza que no vas a olvidar en tu vida! – dice Minerva, tironeándolo. FIN FLASHBACK Luis Fernando se quiebra en llanto, tras recordar eso. INT. CASA FERNÁNDEZ – ENTRADA – MEDIODÍA Mónica sigue sin poder creer lo que le dicen los detectives. - ¿Qué? ¡Eso es imposible! Yo no le he disparado a nadie – protesta Mónica. - Lamentamos decirle, señorita, que la cosa es así. A usted se le acusa de cuasi delito de homicidio en contra de la señora Cristina Osorio, y nosotros debemos proceder según la ley – responde el comisario Castillo. - ¡Ustedes no pueden hacer eso sin pruebas! – protesta también Milagros. – Ambas somos abogadas y lo sabemos bien. - Señora, lo siento mucho, pero cuando se hace una acusación de ese calibre, se debe proceder. Por su acento, sé que ustedes no son de aquí. No sé de dónde son ni cómo serán las cosas en su país, pero aquí estamos en Chile y se debe proceder así mientras estemos con una investigación en curso – responde el comisario. El comisario llama a uno de los detectives para que esposen a Mónica. - Tiene derecho a guardar silencio. Todo lo que diga puede ser usado en su contra. Tiene derecho a hablar con un abogado. Si no puede pagar uno, se le asignará uno de oficio – el comisario relata estas típicas palabras mientras esposan a Mónica para llevársela detenida. Mónica, angustiada, decide ceder. Milagros, preocupada, no sabe qué hacer, al sentirse atada de manos. INT. AEROPUERTO DE SANTIAGO – CONTROL MIGRATORIO – TARDE Luis Fernando (Alejandro Speitzer) se quiebra en llanto tras relatarles a Eduardo (Fernando Colunga) y Gerardo (Alfonso Herrera) cómo su madre lo maltrataba. - Hermanito, ¿por qué no nos dijiste que mamá te maltrataba desde que nos fuimos? – Gerardo muestra mucha preocupación al oír ese relato. - Es que… - dice Luis Fernando, sollozando. – Ella me tenía amenazado. Me amenazaba con golpearme si acaso te avisaba a ti o a papá o incluso a servicios sociales. - Hijo. Dime la verdad. ¿Te llegó a golpear tu madre durante ese tiempo? – pregunta Eduardo, preocupada. - Sí, papá. O sea, solo me jalaba de la oreja y lo más fuerte que me daba eran nalgadas – dice Luis Fernando, secándose las lágrimas. – Yo lloraba luego de eso y me decía gritando: “No llores. ¿Que acaso no eres un hombre? ¡Dije que dejes de llorar, marica!” - Nunca pensé que Minerva fuera capaz de hacer algo así – Eduardo queda consternado. - A mí nunca me golpeó – Gerardo también muestra preocupación. – Pero esto es muy grave, hermanito. - Pero eso no fue lo peor – continúa relatando Luis Fernando. – En esos años, empecé a notar que yo era gay, pero nunca lo comprobé hasta los 16 años. Ese día empezó mi pesadilla… FLASHBACK – SEPTIEMBRE 2011 (8 AÑOS ATRÁS) INT. CASA RODRÍGUEZ ACEVEDO – DORMITORIO LUIS FERNANDO – NOCHE. Luis Fernando, ya de 16 años (con su apariencia actual, solo que más joven), se encuentra besando a su mejor amigo, Carlos Manuel Vázquez (Benny Emmanuel), quien también es gay. Ambos comienzan a quitarse la ropa y quedan solo en ropa interior. Luego se quitan sus bóxers, quedando completamente desnudos y rozando sus cuerpos desnudos, se dejan caer sobre la cama. En un momento, Carlos Manuel baja por el cuerpo de Luis Fernando y comienza a hacerle sexo oral, haciendo que Luis Fernando exhale un gran gemido. Luego, comienza a penetrarlo, lentamente. Luis Fernando se queja de dolor, pero pronto comienza a disfrutar. De golpe, entra Minerva, impactada tras sorprenderlos en pleno acto sexual. - ¿Qué significa esto? – grita Minerva. Los amigos dejan lo que hacen y Luis Fernando se levanta de la cama. Ambos quedan paralizados y cubriendo sus partes íntimas, sin saber qué explicarle a la impactada mujer. Rato después, Luis Fernando lleva puestos unos pantalones cortos y está de torso desnudo y recostado boca abajo encima de su cama, ya que Minerva, muy ebria, lo está golpeando con el cinturón. - ¡Te prohibí que te juntaras con estos putos! – dice Minerva, furiosa. – ¡Eres una deshonra para la familia! ¡Esos putos te contagiaron esa enfermedad! Luis Fernando solo llora del dolor. Minerva lo sigue golpeando. Cuando deja de golpearlo. - ¡Y que esto te sirva de lección para que se te quite lo afeminado! ¡No quiero hijos putos en mi casa! ¿Me oíste? – dice Minerva. Minerva se va de la habitación, dejando a Luis Fernando, llorando, muy adolorido. FIN FLASHBACK. Luis Fernando se quiebra en llanto al recordar esto. - Con Carlos Manuel seguimos viéndonos a escondidas … - relata Luis Fernando, mientras se seca las lágrimas y sorbetea, – Yo quería irme con ustedes para poder vivir una vida tranquila al cumplir 18 años. Incluso Carlos Manuel estaba dispuesto a venirse conmigo. - Y por esta razón, mamá tiró tu pasaporte y tu visa para venir aquí – dice Gerardo. - Sí. Y Carlos Manuel decidió romper conmigo porque no quería verme sufrir a causa de mamá. Intenté olvidarlo en la universidad, donde tuve dos relaciones escondidas, pero mamá me golpeaba cuando me sorprendía con ellos. Hace poco, ella me quería meter en una terapia que supuestamente te sana de la homosexualidad. Yo tenía que elegir o eso o que me siguiera pegando. Yo no quería elegir, por eso hui. Discutí con mamá y me vine aquí. Luis Fernando se quiebra en llanto. - Perdónenme por no contarles nada, por haber hecho esta locura. – dice Luis Fernando, entre lágrimas. –Estaba desesperado, solo quería ser feliz, poder amar a alguien sin ser juzgado. También quería estar con ustedes, los extrañé muchísimo. - Hijo, no sabía cuánto sufrías – Eduardo abraza a su hijo menor. – Tu madre siempre decía que todo iba bien. Y entiendo mucho por qué estás sufriendo. Pero yo soy tu padre y me encargaré de protegerte, Luis Fernando no dice nada, entre lágrimas, solo asiente con su cabeza y sigue abrazando a su padre. - Bueno, debo ir a hacer lo que corresponda para que puedas irte a Temuco con nosotros – dice Eduardo, apartándose de su hijo. Eduardo se va con los detectives para hacer dichos trámites. Luis Fernando abraza a su hermano Gerardo, quien lo consuela. EXT. CASA MONTES – ENTRADA – TARDE. Mientras lo anterior ocurre, Juan Ignacio sale de su auto junto a su hijo Gabriel. - Ahora te vas a bañar y vamos a almorzar juntos aquí con tus tatas – dice Juan Ignacio. – Qué bueno que decidiste volver a la casa. Tu tío Daniel va a traer tus cosas. - Gracias, papá, pero no tengo hambre – dice Gabriel, un poco triste. – Ni siquiera me dieron ganas de ver a la mamá. Tú sabís lo culpable que me siento. - Hijo, estas cosas no pasan porque alguien las desea… pasan porque hay gente mala en el mundo – Juan Ignacio dice esto, mientras toma con ambas manos el rostro de su hijo. - ¿Cómo la vecina abogada que le disparó a mi mamá? - Hijo… Juan Ignacio y Gabriel se voltean a ver al frente cuando salen los detectives junto a Mónica, llevándosela al auto. Juan Ignacio y Gabriel se acercan. Se habían percatado de los vehículos de la policía, pero no habían prestado mucha atención a lo que podría ocurrir. - ¡Comisario Castillo! ¿Qué está haciendo? – pregunta Juan Ignacio. - Qué sorpresa, señor Montes. Veo que vive cerca de la acusada – el comisario muestra mucha sorpresa. - Oiga, no se la puede llevar detenida así – dice Juan Ignacio. - ¡Juan Ignacio! – Mónica comienza a angustiarse. – ¡Diles que yo no fui la que le disparó a Cristina! ¡Por favor, tienes que creerme! Juan Ignacio no dice nada. Gabriel se pone enfrente de Mónica y la mira muy serio. - Gabriel, yo… te juro que yo no fui la que… – Mónica intenta convencer al joven. - ¡Mentira! – interrumpe un furioso Gabriel. – Yo la vi cuando besaba a mi papá. ¿Por eso usted quería matar a mi mamá? Juan Ignacio se muestra muy sorprendido por la declaración de su hijo. - ¡Asesina! – dice Gabriel con mucha rabia, mientras Juan Ignacio lo retiene. – ¡Asesina! Mónica comienza a angustiarse, mientras es guiada al vehículo. En eso, bajan de su auto Bernardo, Norma y Eliana, viendo cómo se llevan detenida a Mónica. Mónica intercambia miradas con Norma, quien la mira con una sonrisa malévola y triunfante. - ¡Tú! ¡Tú tuviste algo que ver en esto! – Mónica le grita muy furiosa a Norma. – ¡Estoy segura! ¡Es ella la que me tendió una trampa! ¡Ella y su hija! - ¡Mentirosa! ¡Asesina! – Gabriel comienza a quebrarse en llanto, mientras es retenido por su padre. – Mi abuela nunca le dispararía a mi mamá. - ¡Asesina! – Norma se hace la desentendida y le grita a Norma. – ¡Psicópata! ¡Mitómana! ¡Ojalá te pudras en la cárcel! Los detectives entran a Mónica al vehículo. - ¡Mónica! ¡Te ayudaré en tu defensa! ¡No te preocupes! – le grita Milagros desde afuera, angustiada por su amiga. Mónica, desde el interior del vehículo, mira también angustiada a Milagros. También mira a Juan Ignacio, quien consuela a su destruido hijo. Luego mira a Norma, quien la mira con una malévola y triunfante mirada. El vehículo se dirige a la comisaría
  14. INT. CLÍNICA – HABITACIÓN 307 – DÍA. Lourdes (Maite Perroni) se encuentra sola con el doctor que la atendió durante su embarazo. - Tuviste suerte, Lourdes – dice el doctor. – Como el hijo que estabas esperando no estaba desarrollado 100%, no causó demasiado daño al morir, por lo que no hubo daño alguno al útero y no fue necesario extirparlo. - ¿Eso quiere decir que… podré tener más hijos? – pregunta Lourdes. - Nunca se sabe. Esto puede depender de la causa por la que perdiste al hijo. Y, hablando de eso, hay algo que me llama la atención. Lourdes se sienta. - Cuando te hacíamos los exámenes para descartar si la causa fue algún medicamento, encontramos dosis de misoprostol en tu sangre – dice el médico. - ¿Qué es eso, doctor? – dice Lourdes. - Un medicamento para las úlceras gástricas y duodenales que está contraindicado para embarazadas. Lourdes… dime la verdad… ¿tú tomaste alguna píldora para abortar? Lourdes se extraña. - No, doctor – dice Lourdes. - ¿No recuerdas haber tomado algún medicamento? – pregunta el doctor. - No… solo esas vitaminas que usted me recetó. Quizás confundí un frasco hace unos días que estaba muy cansada, pero… no sé, no recuerdo haber tomado una píldora extraña. - Bueno, puede pasar, pero igual confío en que hiciste todo lo que te indiqué. También puedo equivocarme y haber tomado los análisis de otra paciente, pero es lo menos probable. Te tendrás que quedar solo par de días para observar si se presenta alguna infección. Hoy es sábado, así que es posible que te dé el alta el lunes. Te daré una licencia por unos días para que guardes reposo en lo que te recuperas. El doctor deja sola a Lourdes, quien analiza la situación. INT. CASA CIFUENTES – BAÑO – TARDE. Pablo (Nicolás Oyarzún) se encuentra completamente desnudo, bajo la ducha. Sin embargo, está muy triste al sentirse muy culpable por todo lo que le ocurrió a Lourdes. Las palabras de ella resuenan en su cabeza: - “Porque Gerardo no es el padre de mi hijo. Te mentí. ¡El hijo que estaba esperando y que acabo de perder era tuyo!” Pablo suelta una especie de ahogo. Se pasa las manos sobre la cara para limpiarse el exceso de agua. Las palabras de Lourdes siguen resonando en su cabeza. - ¿Acaso crees que sería fácil para mí saber que el padre de mi hijo me despreció, que el padre de mi hijo me embarazó y después me dijo que no quería nada conmigo, que solo quería sexo? ¿Y encima de todo comienza a salir con otra mujer? – dice Lourdes, enojada y afligida, en el recuerdo de Pablo. - Lourdes. Yo… sé que no es el momento, pero quería decirte… – dice Pablo, apenado, en su recuerdo. - ¡No! ¡No es el momento! ¡Porque perdí a mi hijo y por tu culpa! ¡Tú mataste a mi hijo! ¡Tú me insultaste de la peor manera! ¡Y por eso perdí a mi hijo! Pablo se quiebra en un desgarrador llanto y se encoge hasta el suelo de la ducha, en cuclillas. Llora desconsoladamente, al darse cuenta del terrible error que ha cometido al despreciar a Lourdes. INT. CLÍNICA – HABITACIÓN 307 – TARDE. Mónica (Marlene Favela) está acompañando a Lourdes y Milagros (Victoria Ruffo), ya habiéndose enterado del aborto espontáneo que sufrió la primera. - ¿Cómo estás, Lourdes? – pregunta Mónica. - Tratando de asimilar esto, Mónica, pero ya estoy mejor – dice Lourdes. – El doctor dice que debo quedarme unos días en observación para ver si se me presenta alguna infección por la intervención que me hicieron. - Fueron unas horas muy duras – dice Milagros. – La pobre estuvo muy triste esta mañana cuando supo que perdió a su bebé. - Estaba muy ilusionada. Incluso, algo me decía que iba a ser un varoncito, aunque podría ser posible que fuera una niña. Aún no le tenía nombre, pero… pensaba que tenía tiempo para saberlo. Mónica consuela a Lourdes, quien se aflige un poco. - Les pido mil disculpas por no haber estado aquí cuando me necesitaban – dice Mónica. – Es que… el día de ayer también fue de locura para mí, descubrí algo que tal vez no debí descubrir. - ¿Qué cosa, Mónica? – pregunta Milagros. - Primero, cuéntenme. ¿Qué sucedió ayer? - Esto que le pasó a Lourdes fue lo único malo que salió de ayer – dice Milagros. - Pablo estaba muy molesto porque se enteró de algo por boca de Gerardo – dice Lourdes. – Discutimos y fue en medio de eso que perdí a mi bebé. - ¿Qué fue lo que supo? ¿Supo que él era el padre de tu hijo? – pregunta Mónica. - Sí. Hoy se lo dije, pero eso no fue lo que supo ayer – dice Lourdes. – Lo que supo de hecho es algo bueno, ya que todo quedo resuelto. - ¿Qué pasa? – pregunta Mónica, cada vez más intrigada. - Desde ya te digo que eres mi tía – revela Lourdes. - ¿Cómo es eso de que soy tu tía? – pregunta Mónica, sorprendida. - Sí, eres su tía – dice Milagros. – Ayer supimos algo que nos impactó en principio, pero ahora lo estamos asimilando bien. Bernardo no es el padre biológico de Lourdes, sino que Eduardo. Mónica queda muy impactada. - ¿Cómo? – dice Mónica. - Así es. Esa noche no recordaba que en verdad no intimé con Bernardo, sino con Eduardo – dice Milagros. – Estaba tan ebria que pensaba era Bernardo el padre de Lourdes, pero no… siempre fue Eduardo. El pobre Gerardo estuvo muy mal, ya sabes que siempre estuvo enamorado de Lourdes. - Pero él entendió a la perfección. Ahora todo quedó arreglado entre nosotros – dice Lourdes, feliz. – De hecho, con papá nunca nos sentimos muy cercanos, ya que estaba absorto en su trabajo. Siento que Eduardo siempre ha sido mi padre de verdad, por eso no me lo tomé demasiado mal. - Mónica, yo sé que es increíble, pero… - dice Milagros. Mónica solo accede a abrazar a Lourdes. - Sabes que esta noticia me llena de alegría – dice Mónica. – Siempre quise tener una sobrina mujer. - Aunque ya es demasiado tarde para que juguemos a las muñecas, ¿eh? – bromea Lourdes, a la vez que ambas se apartan. - Bueno, Mónica, cuéntanos. ¿Qué fue lo que supiste? – dice Milagros - Ayer supe por fin qué sucedió con mi hijo – comienza a relatar Mónica. – Yo tenía razón. Mi hijo no murió como me hicieron creer, sino que está vivo. - ¿Qué? – dice Milagros, sorprendida. - Y no solo eso – continúa Mónica. – Fue dado en adopción y… no adivinarán quién está detrás de todo esto: Norma Palacios, mi exjefa. Milagros y Lourdes quedan muy sorprendidas por la revelación de Mónica. INT. EDIFICIO – PASILLO QUINTO PISO – TARDE. Daniel sale de su departamento con una bolsa de basura para tirarla por el conducto. En eso, ve que sale Ricardo (Matías Assler) de su departamento en compañía de Amanda (Josefina Fiebelkorn). Ricardo y Amanda se despiden de beso en la mejilla. Una vez que Amanda se va por el ascensor, Daniel se dispone a irse por la escalera rápidamente para evitar ser visto por Ricardo, quien se percata y lo detiene. - Daniel – dice Ricardo. - Ricardo – dice Daniel, deteniéndose. - Hola – saluda Ricardo, incómodo. - Hola – responde Daniel, incómodo. Ambos se quedan en silencio un rato. - Así que… viviendo con José Miguel, ¿cierto? – dice Ricardo. - Sí, pero ahora está de viaje – dice Daniel. – Y tú… ¿volviste con la Amanda? - Sí… bueno, no… o sea, volvimos a hacer amigos. Claro, ella me insistió en que volviéramos como pareja, pero como ya le dejé claro que soy gay. - Ah. Oye y… ese tipo con el que estabai tirando la otra noche, no pasaba nada entre ustedes, ¿o sí? - No, no. Una vez más el amor me puso una trampa. El tipo no quería nada más que sexo y yo… tan ilusionado como siempre. - Así es la vida del gay. Entonces, ¿no tenís pareja? - No. Es que… bueno, le dije a la Amanda que no quería volver porque ella sabe que soy gay y no se puede. Pero tampoco quiero tener pareja. Creo que lo mejor es que yo esté solo. - Igual es buena la soledad, hace bien. En su momento pensé cuando estaba soltero que no había mejor pareja que uno mismo, ya que uno solito se conoce las mañas. Daniel y Ricardo se ríen, quedan en silencio incómodo un momento. - Bueno, yo… me voy a entrar. Estoy con mi sobrino que está pasando por un mal momento. – Daniel rompe el hielo. – No lo quiero dejar solito mucho tiempo. - Bueno, mándale saludos y ojalá que todo mejore pa’ él – dice Ricardo. - Dale, yo le digo – dice Daniel. Ricardo sonríe al pensar que, al menos, pudo hablar con Daniel, pero suspira con tristeza al pensar que, al parecer, nada entre ellos va a funcionar. Daniel también suspira ante ese sentimiento mientras entra a su departamento. INT. CLÍNICA – HABITACIÓN 307 – TARDE. Milagros y Lourdes siguen estupefactas tras la confesión de Mónica. - ¿Norma? – pregunta Milagros. – ¿La esposa de Bernardo tuvo que ver en esto? - Sí – dice Mónica. – Dijo que lo hizo para limpiar el nombre de su hija. - Qué mujer tan desquiciada – dice Lourdes. - Ella me insistió en que no va a dejar que yo sepa quién es mi hijo, pero yo no le tengo miedo – dice Mónica. – Yo estoy dispuesta a lo que sea con tal de recuperarlo. - Muy bien, Mónica – dice Milagros. – Así me gusta, sin miedos. Solo espero que, sea quien sea tu hijo, esté siendo bien criado. - Eso es lo que más espero – dice Mónica. – Ojalá mi niño, que ya debe ser todo un adolescente ahora, sea un muchachito de buenos sentimientos. Si es así, debe ser porque sus padres lo deben haber criado muy bien. Mónica lanza un suspiro cuando de pronto siente vibrar su celular y se oye el característico sonido de una notificación de WhatsApp. Mónica va a su cartera, que está sobre el sillón que está junto a la ventana de la habitación. Ella saca el celular y que el mensaje es de Juan Ignacio. - Mónica, ¿qué pasa? – pregunta Lourdes. Mónica por un momento se olvida de que Milagros y Lourdes están con ella. Al principio duda de si leer el mensaje, pero pronto, por impulso, lo lee y se sorprende. El mensaje se lee: “Mónica, tengo que hablar contigo urgentemente. He estado investigando más sobre nuestro hijo y tal parece que estamos más cerca de él que lo que creemos. Creo tener algunas pistas de dónde podría estar. Por favor, juntémonos en ARAUCALAT a la medianoche. Por favor, no vengas a la casa, no quiero que tengas más problemas con Cristina y mi suegra. No faltes, es importante”. Mónica queda trémula de emoción, ansiosa, curiosa y expectante. - ¿Qué pasó, Mónica? – pregunta Milagros. – ¿Por qué tienes esa cara? - No es nada – Mónica trata de disimular su expresión. Milagros y Lourdes no se quedan tranquilas con esto y se quedan preocupadas por la extraña actitud de Mónica. EXT. “AMOR A LA MEXICANA” – ENTRADA – NOCHE. Yadira (Angelique Boyer) llega ahí, pero ve que todavía no está abierto, ya que Gerardo aún no ha llegado. En eso, llega Adrián (Aarón Díaz). - Hola, Yadira – saluda Adrián. - ¿Adrián? ¿Qué haces aquí? – pregunta Yadira, sorprendida por su presencia. - ¿Podemos hablar? - Creí que ya te lo había dejado claro hace tiempo. No quiero volver a ver tu horrible cara en mi vida. - ¿Horrible? Pero pensé que te parecía que yo era lo más guapo del mundo… - Eso fue antes, cuando éramos novios. Ahora no somos nada. Adrián toma la mano de Yadira, quien intenta zafarse. - ¡Adrián! ¡Suéltame! ¡No te atrevas a agredirme! – dice Yadira, tratando de soltarse. - No, si no te voy a agredir – dice Adrián. – De hecho, vine a pedirte perdón por lo que sucedió aquella vez. - ¿Qué? – Yadira queda sorprendida. - Sí, es que los últimos acontecimientos que me han ocurrido me han hecho recapacitar sobre mi actitud. Yadira, te juro que ya cambié. - No me vengas con el discurso del femicida arrepentido porque no te viene, ¿eh? – Yadira saca su mano de las de Adrián. - Yadira, yo moriría antes de volver a hacerte daño. - Lo siento, Adrián, pero te va a ser muy difícil recuperar mi confianza. - Entonces, ¿qué quieres que haga? ¿Tomo veneno? ¿Tomo esa agua de la lluvia que está en la calle? Ya sé, me encuero aquí mismo. Si quieres me encuero aquí mismo – Adrián se saca su chaqueta y se dispone a sacarse su polera, dejando ver parte de su marcado torso. - ¡No, Adrián! ¡Qué vergüenza! ¿Quieres que todos te vean aquí encuerado y mostrando tus partes? Además, hace frío. – Yadira lanza un suspiro cuando ve que Adrián le pone ojos de perro y junta sus manos en señal de pedir perdón. – Bueno, está bien. Te perdono, pero si me vuelves a levantar un dedo, te juro que… - Claro que no, no le haría eso a mi chamaquita, la más hermosa… - Adrián intenta tocarle la cara a Yadira. - ¡No te confundas, Adrián! Te perdono por lo que me hiciste, pero no lo olvido ¿eh? Además, eso no significa que vayamos a volver. - Tranquila, yo sé que no volveremos a estar juntos. Ya lo asumí. Además, quiero concentrarme en lo que más importa para mí: mi hijo. - ¿Hijo? ¿Tienes un hijo? - Sí. Por eso quería pedirte ayuda para que convencieras a Gerardo para que me dé chamba aquí. Yadira queda sorprendida con la confesión de Adrián. En eso, llega Gerardo para abrir el restobar. - Llegas temprano, Yadira – dice Gerardo. – Disculpa no haber llegado aquí ayer, pero es que tuve unos problemas. - ¿Qué pasó, Gerardo? – dice Yadira. - ¡Adrián! – dice Gerardo, percatándose de la presencia de Adrián y se pone molesto. – ¿Qué haces aquí? - Tranquilo, Gerardo. No vine a pelear. Vine a pedirte perdón y a suplicarte que me dieras chamba aquí. - Lo siento, pero después de todo lo que ha pasado entre nosotros me será muy difícil confiar en ti. Así que puedes ir a buscar trabajo a otra parte, como ese club que abrieron enfrente – dice Gerardo, mientras abre los candados. Adrián suspira y se va. - ¿Qué ha sucedido? ¿Cómo estás? – dice Yadira. - Solo algunos problemas familiares – dice Gerardo, mintiendo e ignorando que Yadira ya sabe que Lourdes y él son hermanos. – Además, la pobre Lourdes está muy mal. - ¿Qué le pasó? – Yadira finge interés. - Mira, sé que no te cae bien, pero cuando salga de la clínica, procura ser amable con ella si llega a venir aquí – Gerardo abre la reja. – La pobre perdió a su bebito. Estaba tan ilusionada. Yadira queda muda. - Bueno, ¿entramos? – dice Gerardo. - Sí, en un momento, debo hacer una llamada – dice Yadira. - Bueno, pero no demores, mira que el tiempo es oro. Además, está helando. Gerardo entra. Yadira queda sola analizando la situación. - Así que perdió a su bebé – dice Yadira, maliciosa. – O sea que la medicina funcionó. - ¿Qué? – Adrián se aparece por detrás a Yadira, ya que había fingido irse para escuchar la conversación. – Yadira, ¿qué dijiste? - ¡Adrián! – Yadira se asusta al ser tomada por sorpresa por Adrián. – ¡Creí que te habías ido! ¡Me asustaste! - Entonces… no solo Lourdes perdió a su bebé, sino que además fue tu culpa. Yadira no sabe qué responderle a Adrián. EXT. EDIFICIO – ENTRADA – NOCHE. Amanda (Josefina Fiebelkorn) espera atrás de un arbusto. José Miguel (Guido Vecchiola) regresa de su supuesto viaje. - ¿Dónde estuviste? – dice Amanda, saliendo de su escondite. – Ya me estaba empezando a preocupar. - Chuta, gracias, pero no teníai porqué preocuparte – dice José Miguel. - No es por ti, weón. Es porque Ricardo y Daniel se están volviendo a acercar. - ¿Qué? Pero ¿por qué no lo evitaste? - Es que solo están conversando, pero no me extrañaría que Daniel lo meta a la cama. - En mi ausencia, la que se tenía que encargar de eso erai tú. - Pero erís tú el que tenís que mantenerlo a raya, amenazándolo con lo de tu hijo. - Mira, lo de mi hijo es cosa mía, no tuya. Además, él está muerto, no tenís por qué sacar a relucir ese tema – dice José Miguel, mintiendo y fingiendo angustia. - Bueno, ya, perdón. Pero acuérdate del plan de mantenerlos separados. - Mira, yo no sé por qué estai en contra de que tu ex sea gay. Asume que el weón nunca te amó, que te usó como pantalla y que le gusta la callampa. - ¡No volvai a decir eso! – dice Amanda, amenazante. – Ricardo es mío y de nadie más y no voy a permitir que un hueco como… Amanda arrastra a José Miguel hasta el arbusto y ambos se esconden, ya que la primera se percató de que venía Ricardo (Matías Assler). Justo en ese momento, también llega Daniel (Jorge Arecheta). Ambos vienen llegando de comprar en el supermercado. - ¡Ricardo! – dice Daniel, saludando. - Daniel, ¿cómo estai? – saluda Ricardo de vuelta. - Bien, ¿y tú? - Sí… bien también. Oye y… ¿cómo está tu sobrino? - Está mejor. Le dije que me acompañara al súper, pero no quiso. Prefirió quedarse jugando con su Nintendo Switch. Ricardo y Daniel se sonríen. Ocurre un silencio incómodo entre ambos. - Bueno, yo me voy a comer algo a mi depa – dice Daniel, rompiendo el hielo. - Yo igual… si querís vamos a comer algo a tu depa, pa’ acompañar a tu sobrino – dice Ricardo. - No, no puedo. Es que José Miguel me dijo que hoy vuelve, así que tengo que esperarlo con algo rico. - Ah, chuta. Bueno, pa’ otra no más será. - Sí, eso. Nos estamos viendo. Los dos entran al mismo tiempo, uno detrás del otro. Amanda y José Miguel salen de su escondite. - No entiendo qué hicimos mal – dice Amanda. - Se supone que los dos estaban enojados – dice José Miguel. - No sé qué hacer. Se me acabaron las ideas. - Tranquila, yo ahora hago como que voy a llegar para mantenerlos a raya. Tú avísame cuál es la próxima fase del plan y la ponemos en marcha. - ¿Yo? ¿Por qué siempre yo? Yo ya hice mi parte, ahora te toca a ti. - Pero no se me ocurre nada. - Bueno, improvisa algo. No podís ser tan cabeza de músculo. José Miguel se molesta y entra al edificio. Amanda lo mira con rabia. EXT. “AMOR A LA MEXICANA” – ENTRADA – NOCHE. Yadira sigue sin poder responder a Adrián. - Responde, ¿es cierto lo que te oí? – dice Adrián. – ¿Tú le provocaste un aborto a Lourdes? - Uy, soy tan taruga, ¿cómo se me ocurre hablar sola en voz alta? – dice Yadira, hablando sola. - Sigo aquí, Yadira. Y sí, tú siempre hablas sola. Entonces, ¿me vas a responder o no? Yadira no sabe qué responder. - Yadira, ¡responde! – pregunta Adrián. - ¡Bueno, está bien! ¡Sí! ¡Fui yo la que le dio una medicina a Lourdes para que perdiera a su bastardo! – dice Yadira, molesta, pero en voz baja. - Esto es insólito – dice Adrián entre risas. – Me juzgaste por haberle robado al restobar, pero resultaste ser peor que yo. - ¡No me ofendas, Adrián! ¡Yo lo hice por una causa justa! - ¿Qué causa es tan justa como para que hayas decidido hacer tamaña atrocidad? Yadira, era una vida que estaba creciendo. - No te vengas a hacer el provida que no te queda. Bueno… Lourdes le hizo creer a ese chico empresario con el que salió que Gerardo era el padre de su hijo y quería darle una lección porque… además me enteré de algo que sucedió entre Gerardo y ella. Pedí ayuda y alguien me dio una píldora para ponérsela a su bebida y así pierda a su bebé. - ¿Quién te la dio? ¿Qué sucedió entre ella y Gerardo? - No tengo por qué explicártelo todo. Tú me pediste que te confirmara la verdad y lo estoy haciendo. Lo demás no te lo pienso decir. - Está bien, está bien. No me lo tienes que explicar. Yo solo… preguntaba de curioso. - Bueno… pero no se lo tienes que decir a nadie, ¿de acuerdo? - De acuerdo – repentinamente a Adrián se le ocurre algo. – De hecho, ésta es una información muy valiosa que me puede servir de mucho. - ¿Qué? ¿Qué pretendes, Adrián? - Ayúdame a rogarle a Gerardo para que me vuelva a contratar, y, a cambio, yo no le diré nada a nadie sobre lo que tú hiciste. Yadira queda atónita ante el chantaje de Adrián. - ¡Adrián! Nunca pensé que fueras capaz de chantajearme de esa forma – dice Yadira, incrédula. - No, si no te estoy chantajeando – dice Adrián. – Tómalo como una ayuda mutua. Ayúdame que yo te ayudaré. Por favor, Yadira. Necesito chamba, necesito lana. Ya no me importa tener tanto dinero con tal de darle a mi hijo lo que necesite. Yadira suspira. - Bueno, está bien – dice Yadira. – Pero no te prometo nada, ¿eh? Lo intentaré. - No, no intentes. Convéncelo, de veritas necesito chamba – dice Adrián. - ¿Y por qué precisamente aquí y no en otro lugar? - ¿Acaso no ves lo difícil que es para un extranjero encontrar chamba sin que te digan que les vienes a quitar trabajo a los chilenos? Mira a los haitianos, los siguen discriminando por eso. Además, en ningún otro lugar encontraré mejor trabajo que aquí. - Sí, te entiendo. Bueno, pero dame tiempo, ¿eh? Gerardo no será tan fácil de convencer, ya sabes lo orgulloso que es. - Tienes una semana, ¿eh? Ni un día más. - Está bien, dame una semana y yo lo convenzo. - ¡Ésa es mi chamaquita! Adrián comienza a abrazarla y besarla, pero Yadira lo aparta. - ¡Ya basta, Adrián! ¡No me toques! Volverás a tener tu chamba, pero no hemos vuelto, ¿te quedó claro? – dice Yadira, enojada. Adrián se aparta de ella, pero Yadira lo hace huir cuando Gerardo sale. Yadira toma su celular para fingir terminar su llamada. - Yadira, ¿qué esperas? ¿Vienes o no? – pregunta Gerardo. - Espérate tantito – dice Yadira, luego se dirige al teléfono, fingiendo la llamada. – Sí. Ajá. Sí. No te preocupes, pasaré a comprártelo mañana, ¿te parece? Ok. Adiós. Yadira guarda su teléfono y entra al restobar. Adrián la mira desde ahí, haciendo un gesto como de rogando al cielo. HORAS DESPUÉS… I/E “ARAUCALAT” – ENTRADA – MEDIANOCHE. Mónica llega en un Uber al frontis de la empresa Montes. Su corazón late a mil por hora. Paga la carrera, y baja, caminando lentamente. Todo el edificio luce a oscuras. Mónica tiene serias dudas. Al aproximarse a las puertas del corporativo lechero, ve, con intriga, que éstas están entreabiertas. No sin cierto temor, entra. Se alumbra con la linterna de su celular, y comienza a llamar a Juan Ignacio: - ¿Juan Ignacio? ¿Estás ahí? – comienza a gritar Mónica. – Ya llegué, como me pediste. Un mensaje de WhatsApp le llega al celular “Sube a mi oficina, Mónica. Usa las escaleras. Los ascensores están apagados”. Más intrigada que nunca, Mónica obedece. Sube con agitación y rapidez 4 pisos. INT. “ARAUCALAT” – CUARTO PISO – MEDIANOCHE. Mónica finalmente llega a la cima de aquellas escaleras, para toparse frente a frente con Cristina (Antonia Santa María), vestida enteramente de negro. - ¡Cristina! ¿Qué demonios haces aquí? – Pregunta Mónica, muy sorprendida. - Te estaba esperando, perra – dice Cristina. - Responde. ¿Qué estás haciendo aquí? - Esperabas encontrar a mi marido, ¿o no? No te hagas la tonta. Yo lo sé perfectamente. - ¿Qué? No entiendo… ¿de qué estás hablando? Cristina saca un celular de uno de sus bolsillos, con sonrisa triunfante. Mónica la mira incrédula. - “Mónica, tengo que hablar contigo urgentemente. He estado investigando más sobre nuestro hijo y tal parece que estamos más cerca de él que lo que creemos. Creo tener algunas pistas de dónde podría estar. Por favor, juntémonos en ARAUCALAT a la medianoche. Por favor, no vengas a la casa, no quiero que tengas más problemas con Cristina y mi suegra. No faltes, es importante” – Cristina repite íntegramente el mensaje de WhatsApp, ante la mirada de terror de Mónica. – Seguramente te brillaron los ojitos cuando te llegó el mensaje. Y no me digas que es por el guacho que tanto buscas porque ni tú te lo crees. - Pero ¿cómo fue que…? - ¿Cómo fue que qué? ¿Cómo fue que envié el mensaje? Pensé que eras más inteligente, Moniquita. Me sé perfectamente la clave de su teléfono. Yo como buena esposa celosa que soy tenía que sabérmela, ¿no crees? Y aproveché que él se estaba bañando para tomarle el celular y mandarte ese mensaje. Seguramente andaba haciendo cochinadas en la ducha mientras pensaba en ti, puta asquerosa – Cristina dice esto último con profundo desprecio. - Cristina, tú te volviste completamente loca. ¿Por qué estás haciendo todo esto? – Mónica dice esto con mucho miedo. - ¿Por qué? ¿Cómo te sentirías si tú estuvieras casada y yo fuera la amante de tu marido, ah? ¿Acaso no harías lo mismo? Yo no puedo seguir permitiendo que 17 años de matrimonio, casi 20 años, se vayan a la mierda. Un matrimonio con un hijo, Mónica. Un matrimonio que tú quieres destruir regresando a Chile. - Estás completamente loca, Cristina. No tengo por qué seguir aquí escuchando todo esto. Mónica se dispone a bajar las escaleras para irse. Cristina, rápidamente saca de su cartera una pistola con sus manos cubiertas con guantes de cuero, apuntando hacia la atractiva mexicana. - ¡Tú no te mueves de aquí, puta de mierda! ¿Cuántas veces te tengo que decir que te alejes de mi marido? Juan Ignacio es solamente MÍO – Cristina se ve muy enloquecida y determinada con el revólver. - Cristina, ¡cálmate, por favor! No convirtamos esto en una tragedia. Por favor, no tienes que hacer esto. Eres madre, como yo. ¿Cómo crees que Gabriel va a reaccionar cuando sepa que su madre mató a alguien por celos? – Mónica, muy aterrada, intenta calmar a Cristina. - ¡No te atrevas a compararme contigo! ¡Ni mucho menos menciones a mi hijo! Por tu culpa, Juan Ignacio me pidió el divorcio. Mi angelito no merece que sus padres se separen por culpa tuya, ya bastante tiene con el bullying que le hacen en el colegio y lo que le está pasando ahora. Pero no, Juan Ignacio no se va a separar de mí. No. Y tú no lo vas a volver a ver en tu vida, porque con lo que te espera es muy posible que hasta él te termine odiando. Cristina cada vez se ve más enloquecida. Mónica está inmóvil, muy aterrada. De pronto, el brazo de una persona rodea el cuello de Mónica, quien intenta zafarse. Sin embargo, ella cae desmayada, producto de que se le aplicó la llamada “llave del sueño”. Norma aparece por detrás de Mónica. Cristina mira con maldad a su rival. - Muy bien, hija, lo hiciste muy bien – Norma deja en el suelo a Mónica. – Con esto, a esta zorra no le quedarán ganas de quedarse un solo día más en este país. - ¿Tú crees que funcione esto, mamá? – pregunta Cristina, insegura. - Claro. Mira lo aterrada que estaba. De algo sirvieron esas clases de defensa personal que tomé. Ahora, hija, pásame el revólver para pasar a la siguiente fase del plan. - Ay, mamá, me da un poco de miedo. ¿Y si termino muerta? - No vas a terminar muerta, hija. Confía en mí. Solo te dispararé para que te roce el hombro. - Ay, no, mamá. Me da miedo. Mejor no – Cristina se muestra muy aterrada e insegura. - ¿Quieres que esta mosca muerta te quite a tu marido o no? Cristina muestra inseguridad, pero ante la insistencia de su madre, le pasa el arma y se sitúa a la orilla de las escaleras, apretando fuertemente los ojos para cerrarlos con muchos nervios. Norma, hábilmente, pone el arma en la mano de una inconsciente Mónica, apunta hacia el hombro izquierdo de Cristina, y aprieta el gatillo. Un estruendoso ruido inunda el silencio de la lechera. Cristina cae sobre sus rodillas con mucho dolor y se lleva las manos a su ensangrentado hombro. Al no soportar el dolor se desmaya, inconsciente. Norma carga a Cristina y la pone detrás del último peldaño de la escalera y, con su inconsciente cuerpo, simula que Cristina cayó rodando por las escaleras por el disparo. Pronto, Norma saca un celular de su cartera y cubre su boca con un pañuelo, para intentar modificar un poco su voz. - ¿Aló, PDI? ¡Es urgente! ¡Escuché un disparo en la empresa ARAUCALAT! ¡Estoy muy asustada! Soy una vecina de la empresa. ¡Vengan pronto, por favor! Norma cuelga, y mira a la inconsciente Mónica con una sonrisa llena de perversidad. Créditos a Gasparin26 por las escenas del mensaje hacia Mónica y la trampa tendida contra ella. FIN PRIMERA ETAPA CONTINUARÁ… PRONTO... SEGUNDA ETAPA
  15. INT. CASA OSORIO – ESTUDIO – NOCHE. Norma (Catalina Guerra), asustada porque Mónica (Marlene Favela) la apunta con su arma, intenta calmarla. - Mónica – dice Norma, un poco nerviosa. – Cálmate… conversemos como dijiste. No sé qué te dijeron sobre tu hijo, pero yo no tuve nada que ver con eso. Yo no maté a tu hijo. - ¡No mientas! – dice Mónica, con rabia. – Sabes perfectamente que mi hijo no está muerto. Mónica se serena, pero comienza a llorar. - Estaba tan ilusionada – relata Mónica. – Aun cuando mi amor por Juan Ignacio no fuera correspondido, estaba tan ilusionada por criar a mi bebé, aunque tuviera que hacerlo yo sola. Pero ese día en que nació, se suponía que faltaban dos meses, pero… fui secuestrada y… luego de eso, desperté en el hospital, sin sentir a mi hijo en mi vientre… me dijeron que había muerto y yo… muy crédula… les creí… Mónica se seca las lágrimas de los ojos. - Sin embargo, cuando me fui de Chile, me invadió un pensamiento. Aunque no recordara nada y me dijeran que mi hijo no sobrevivió al parto, yo sentía dentro de mí que seguía con vida y alguien se estaba haciendo cargo de él. Pero no podía recordar cómo lo tuve – Mónica continúa su relato, muy angustiada. – Yo no podía recordarlo porque… tal vez por tener a mi hijo durante el secuestro y, por el trauma, el recuerdo quedó reprimido… o porque tú me mantuviste drogada durante ese tiempo. Norma se siente acorralada. - Pero finalmente pude recordarlo todo – Mónica prosigue. – Finalmente pude recordar las circunstancias en que tuve a mi hijo. Finalmente recordé que, efectivamente, mi hijo no murió al nacer como me hicieron creer ese día en el hospital. Recordé que fuiste tú quien tuvo algo que ver con que mi hijo desapareciera. Mónica se acerca más a Norma. - ¿Acaso no recuerdas que ese mismo día me dijiste que te ibas a encargar de que yo no lo volviera a ver nunca más en la vida? – dice Mónica, amenazante. - Mónica, estás confundida – dice Norma, nerviosa, pero mintiendo. – El perder a tu hijo te dejó mal y… te hizo inventar cosas en la cabeza que… - ¡No mientas! – grita Mónica, desafiante. – Dime la verdad… ¿Fuiste tú? ¿Tú robaste a mi hijo y lo diste en adopción? Norma se queda paralizada, sin saber que responder. - ¡Contesta! – grita Mónica. Norma responde, asintiendo con la cabeza. - ¡Con palabras! – dice Mónica, desafiante y amenazante. - Sí – Norma contesta al fin, con algo de temor. – Tu hijo está vivo y yo… yo hice las movidas para que fuera dado en adopción. Mónica se sorprende, ya que ha confirmado sus recuerdos recuperados. Baja su revólver y vuelve a quebrarse en llanto. Norma deja de tener miedo al ver a Mónica vulnerable y pronto le quita su arma y la apunta con ella en la cabeza y la pone contra la pared. - Norma… por favor… – dice Mónica. - ¡Cállate! ¡Cállate o te mato aquí mismo! – dice Norma, desquiciada y amenazante. Mónica está asustada, ya que Norma ha sacado su lado más desquiciado y malévolo contra ella. INT. CASA CIFUENTES – COMEDOR – NOCHE. Pablo (Nicolás Oyarzún) está en la mesa, comiendo sushi junto a Carolina (Carmen Zabala), con copas de vino. - ¿Y? ¿Cómo van las cosas en la empresa? – pregunta Carolina. - Bien. Cada día más clientes interesados en la industria de la leche del sur – dice Pablo. - Qué buena. Que todos sepan que la leche del sur es la mejor. - Y no solo eso. Que sepan que no hay competencias desleales sobre cuál leche es no reconstituida y cuál no lo es. - Oye, nunca había probado este sushi. ¿Dónde lo compras? - Es uno que queda en Pablo Neruda. Siempre he pedido de este y ningún problema. Lo mejor es que algunos los hacen cocidos. - Se nota. Si igual me encanta el sushi. - A mí no me gustaba tanto, pero éste es el mejor que he probado. - Y bueno. Cuéntame. ¿Has seguido viendo a esa mexicana en la empresa? - Sí, pero… Pablo se interrumpe cuando alguien toca el timbre. Pablo se levanta de su asiento y le pide a Carolina que se quede ahí. INT/EXT. CASA CIFUENTES – ENTRADA – NOCHE. Pablo abre la puerta. Se trata de Gerardo (Alfonso Herrera), quien está demasiado ebrio. - Gerardo, ¿qué haces aquí? – pregunta Pablo. - Tranquilo, no vengo a pelear – Gerardo muestra una falla de modulación debido a la ebriedad. – Te vengo a hacer una pregunta. ¿Alguna vez te has preguntado por qué no puedes tener a la mujer que amas? - ¿Por qué me preguntas esto? - Respóndeme. ¿Te has preguntado eso? - Bueno… sí, pero… - ¿Ves? Ahora comprendes lo que quiero decir. Yo no puedo tener a la mujer que amo porque un motivo grande lo impide. Grande… grande, grande, grande, del tamaño de un planeta. Qué digo del planeta, del universo… qué digo del… - ¡Ya, ya! Gerardo, ¿qué haces aquí y en este estado? ¿Por qué me preguntas todo esto? Carolina se incorpora. - Pablo, ¿qué pasa? – dice Carolina. – Oye, ¿éste no es el gerente del restobar? - ¡El mismo! ¡Tu servidor! – dice Gerardo, un poco aniñado a causa del alcohol. – Como dicen aquí, el mismo que viste y calza. - Gerardo, por fa. Estai haciendo el ridículo. ¿Te podís ir? Estamos en medio de una cita – dice Pablo. - ¡No! Yo solo quiero un consejo de amigo, güey. ¿Cómo olvidar a la mujer que una vez amaste? ¿Cómo olvidar a una mujer que conociste de chamaquito, pero te enteras de algo que hace que te cargue la chingada? - A ver, Gerardo. ¿Te podís calmar? ¿Por qué me dices todo esto? ¿Pasó algo con Lourdes? A la mitad de lo que dice Pablo, Gerardo se lleva la mano a la boca ya que le dan náuseas. Rápidamente corre al pasto y comienza a vomitar, producto de todo el alcohol que se ha bebido. Pablo aparta la mirada, mientras Carolina se voltea del asco. - ¡Ay, qué asco! ¡Justo estábamos comiendo! – dice Carolina, con asco y algunas arcadas. Gerardo deja de vomitar y Pablo se acerca a ayudarlo. Gerardo se limpia la boca. - Gerardo, de verdad que no estai bien. ¿Por qué no te vai a tu casa, que según sé, no queda lejos de la mía? Te tomai un café, te dai un baño de agua fría y te acostai – dice Pablo. – De verdad me preocupa tu salud. - No te preocupes, yo ya me iba, güey. Disculpen por haber manchado su pasto con mi… - dice Gerardo, refiriéndose al vómito. – Pero no te preocupes por Lourdes. Ella está bien. De hecho, te la doy, te la regalo. Te dejo la vía libre… después de todo, no puedo estar con ella porque somos hermanos. - ¿Qué? - Ella está bien, si te preocupa. Mi papá me dijo que está cuidando el restobar. Yo confío en ella. Siempre lo he hecho. No por nada es mi hermana, aunque lo hayamos sabido hoy. Gerardo se va. Pablo queda sorprendido por la confesión de Gerardo. INT. CASA OSORIO – ESTUDIO – NOCHE. Norma retiene a Mónica contra la pared, amenazándola con una pistola en la cabeza. - ¿Por qué? – pregunta Mónica, asustada y vulnerable, entre lágrimas. - ¿Por qué me quitaste a mi hijo? - ¿Acaso creías que iba a dejar que te quedaras en Chile, criando a un guacho? – dice Norma, muy amenazante. – El dar en adopción a tu hijo fue la oportunidad perfecta para que te fueras del país. No iba a dejar que con ese guacho mancharas la reputación del hombre con el que se iba a casar mi hija. Mónica se asusta. - ¿Acaso creías que me iba a quedar de brazos cruzados mientras arruinabas el matrimonio de mi hija? Yo no iba a poder soportar que a mi hija la apuntaran con el dedo y se burlaran de ella – dice Norma. – “Ay, pobre chiquilla, el novio la dejó por la nana mexicana” Norma dice lo último con un tono burlesco. - Así que había dos opciones: matarte, hacer que perdieras a la guagua o… que sufrieras por el resto de tu vida… y aproveché el momento. La idea era tenerte encerrada por 2 meses hasta que tuvieras a tu guagua, pero como se adelantó en venir al mundo, tuve la brillante idea de drogarte para que no recordaras nada y así poder regalar a tu guacho. Norma dice todo esto, muy amenazante y fría. - Le pagué a una matrona para que se hiciera cargo de tu parto y a una enfermera para que le dijera al doctor que te atendiera en el hospital, que tu guacho murió al nacer. Y bueno, tú eras tan ingenua, sufriste tanto que no soportaste más y te fuiste a México – Norma se oye muy desquiciada. - ¡Eres un monstruo! – Mónica se muestra muy firme. - ¡Y tú eres una perra de mierda! – Norma apunta el arma aún más fuerte contra la cabeza de Mónica. – Te subestimé. Jamás pensé que volverías para buscar a ese guacho. Pero no lo vas a encontrar nunca porque nunca te diré quién es y me encargaré de hacer lo posible para evitar que lo encuentres. Norma suelta a Mónica y la amenaza frente a frente con el revólver. - Pero lo único que lograste con tu llegada es complicar el matrimonio entre mi hija y Juan Ignacio y, con eso, hacer sufrir a mi nieto, así que te llegó tu hora – dice Norma, dispuesta a dispararle el arma a Mónica. - ¡Vas a morir sin saber siquiera quién es y dónde está tu hijo! Mónica, con decisión, se abalanza contra Norma e intenta quitarle el arma. En un movimiento, ella lo logra y la empuja. Mónica le da una gran cachetada. - ¡No creas que te vas a salvar, Norma Palacios! – dice Mónica, desafiante. – No solo voy a encontrar a mi hijo, sino que me voy a encargar de que pagues por todo el daño que me has hecho. ¡Haré que te pudras en una cárcel! ¡Y eso es una promesa! Mónica toma su arma y sale rápidamente, dejando a Norma mirando enfurecida cómo abandona el lugar. Norma, muy nerviosa y alterada, saca de un mueble una botella de whisky y un vaso. Se sirve y comienza a sorber. Luego de tragar, lanza una mirada amenazante. INT. DEPTO DANIEL – NOCHE. Daniel (Jorge Arecheta) habla por su celular con José Miguel, quien se ha ido de viaje. - ¿Y cuándo vuelves? – dice Daniel. – Ah, ya. No, si aquí estoy bien. Mi sobrinito se va a quedar esta noche en la pieza de alojados. Sí. Está con problemas, pero no me quiere decir por qué, ya sabís como son los adolescentes. Ya. Un beso. Chao. Daniel cuelga el celular y se dispone a dormir cuando oye un sonido desde el dormitorio de invitados donde duerme Gabriel. Daniel sale de su dormitorio y entra a ver a Gabriel (Oliver Borner), quien está de espalda frente a él, pero se oye sollozar. - Gabriel, ¿qué pasa, mi sobrinito? – pregunta Daniel, preocupado. - Me siento muy mal, tío – dice Gabriel. - ¿Qué pasa, mi amor? - Me quiero morir, tío. Odio esta mierda de vida que me tocó – Gabriel se voltea a ver a su tío, llorando muchas lágrimas. - No digas eso, Gabriel. Tú eres una persona muy valiosa. - Odio a mi mamá, tío, la odio por mentirme. Ojalá se muera. - Gabriel, no digai eso. Pudo haberte mentido sea lo que sea, pero ella te ama con todo su corazón. - No, tío. Si me amara tanto como tu decís, me hubiese dicho la verdad desde el principio. Pero no, me mintió toda la vida. La odio. Gabriel se quiebra en un sollozo y abraza a su tío, quien lo consuela. INT. “AMOR A LA MEXICANA” – GERENCIA – NOCHE. Lourdes (Maite Perroni) comienza a tener sueño, producto del cansancio que le produce su embarazo, pero al no llegar Eduardo, intenta mantenerse despierta. De pronto, alguien toca a la puerta muy agresivamente. Lourdes se asusta y decide abrir. Se trata de Pablo. - Pablo, ¿qué haces aquí? – dice Lourdes. - Así que, embarazada de Gerardo, ¿no? – dice Pablo, enojado. – ¿Cómo puedes ser tan cochina? - ¿Cochina? ¿Por qué? - No te atrevas a negármelo. ¿Lo supiste desde siempre y no me lo has contado? - ¿Qué cosa? ¿De qué estás hablando? - De que Gerardo y tú son hermanos. Lourdes se impacta. - ¿Qué? ¿Cómo lo supiste? ¿Quién te contó? – pregunta Lourdes. - Da lo mismo cómo me enteré – dice Pablo, enojado. – Pero ¿te das cuenta de lo que hiciste? ¿Meterte con tu propio hermano y quedarte embarazada? ¿Te das cuenta el daño que le puede hacer eso a tu propio hijo? - No te atrevas a hablar así de mi hijo, porque… - ¿Por qué, porque es tuyo, porque lo vas a criar sola? Lourdes, lo que acabas de cometer es incesto. Estoy seguro de que a lo mejor lo sabías desde antes de enterarte, pero aun así te metiste con él, ¿o no? ¿Cómo puedes ser tan inconsciente, tan ciega, tan estúpida? Lourdes se ofende con las palabras de Pablo, pero pronto comienza a sentir mucho dolor. - Aaah, ahora te haces la que anda con dolores solo para que deje de hablar, ¿no? – dice Pablo. – Encima de todo, manipuladora. - ¡Me duele, Pablo! – Lourdes se queja del dolor. - No te creo, búscate a otro perro con ese hueso. Yo no voy a caer. - Pablo, no… en serio, me duele. Lourdes se lleva una mano a la entrepierna y se da cuenta de que hay sangre. Pablo comienza a preocuparse. En eso, llega Eduardo (Fernando Colunga). - Lourdes, lamento haberme demorado, es que no encontraba a… - comienza a decir Eduardo, pero pronto ve a Lourdes. – Lourdes, mi niña, ¿qué sucede? Lourdes se desmaya del dolor e impacto. Eduardo alcanza a atrapar a Lourdes antes de desplomarse contra el suelo. - ¡Pablo! ¡Ayúdame a cargarla al carro! – Eduardo se oye muy agitado. - ¿Al carro? ¿Qué carro? – pregunta Pablo. - ¡Al auto! ¡Ayúdame! Pablo toma a Lourdes de los pies y ambos la sacan de la gerencia. AL DÍA SIGUIENTE… INT. CASA RODRÍGUEZ – DORMITORIO GERARDO – DÍA. Gerardo se encuentra durmiendo. Se ve que ha dormido desnudo luego de haberse dado una ducha para pasar la borrachera, pero las sábanas tapan su zona íntima. Repentinamente le suena el celular que está sobre un mueble. Gerardo despierta, pero con un dolor de cabeza. Gerardo se sienta en la cama y busca su ropa interior, se la pone y se dirige a contestar el celular. - ¿Bueno? – contesta Gerardo. – Sí, papá. Ya desperté. Sí, obviamente con dolor de cabeza, pero… ¿qué? ¿Qué pasa? ¿Qué le pasó a Lourdes? Gerardo queda impactado. - ¿Qué? – Gerardo muestra impacto en su rostro. – No, no te preocupes. ¡Voy para allá! CORTE DIRECTO A… INT. CLÍNICA – PASILLO TERCER PISO – DÍA. Milagros (Victoria Ruffo) está acompañada de Eduardo y de Pablo, todos sentados. - Mi pobre niña – dice Milagros, afligida. - Tranquila, Milagros - dice Eduardo, tratando de tranquilizarla. Gerardo llega caminando rápido. - ¿Qué pasó? ¿Cómo está Lourdes? – pregunta Gerardo. - ¡Gerardo! ¡Qué sorpresa verte así tan activo! Después de que anoche llegaras en un estado tan lamentable que dejaste una marca en mi pasto – dice Pablo, irónico. - Mira, si no me siguiera doliendo la cabeza, te parto la madre aquí mismo – dice Gerardo, un poco furioso, pero efectivamente se detiene por su dolor de cabeza. - Lourdes está descansando, pero ha ocurrido lamentablemente algo con su bebé – dice Milagros. - ¿Qué? ¿Qué pasó? – pregunta Gerardo, preocupado. - Lourdes perdió a su hijo – dice Eduardo. Gerardo queda muy preocupado. Pablo mira todo esto, sintiéndose culpable. INT. CASA MONTES – LIVING – DÍA. Norma está visitando a su hija Cristina, tras saber lo que sucedió con su hijo. - ¿Y cómo se lo tomó? – pregunta Norma, preocupada. - Pésimo, mamá, ¿cómo crees que se lo tomó? – responde Cristina. - Me imagino. Pobrecito mi niñito, lo debe estar pasando pésimo. - Sí, mamá. Bueno, por lo menos sé que esta con vida, porque está con Daniel y eso me tranquiliza un poco. - Mi amor, perdóname que te turbe la felicidad, pero no creo que sea buena idea que Gabrielito pase la noche con Daniel. - Ay no, ya vas a empezar con tu homofobia. - Entiende hija, no es homofobia. Solo que, quizás a qué gente ande trayendo a la casa para que le anden… haciendo eso en donde mismo hace sus… ay no, ya me dio asco de solo pensarlo – a Norma le empieza una arcada. - Ay, mamá, no seas exagerada. Además, estamos hablando del problema de Gabriel. - Ya, está bien. Si ya estoy mejor – Norma respira profundo. – Y tú, ¿cómo estás con todo esto, hija? - ¿Cómo crees que estoy, mamá? Pésimo. Mi hijo ahora me odia. - No te odia, mi amorcito. Solo está enojado, pero ya ves que se le pasará. - No, mamá, no se le va a pasar. - Si tú sabes cómo es él. Si antes siempre se enojaba contigo por alguna razón, pero siempre se le pasa. - Pero esta vez es distinto, mamá. Fue Adrián. Él le contó que él es su papá. - Ese maldito. Te juro que las va a pagar. Cristina lanza un suspiro. - Y lo peor de todo es que… Juan Ignacio sigue insistiendo con verse a escondidas con la Mónica – Cristina cambia radicalmente el tema. - No me digas que se siguen viendo – Norma expresa preocupación. - Sí. Gabriel me contó que la otra noche ellos estaban conversando. Los vio como demasiado cerca. Él no me dijo nada sobre un beso, pero… estoy segura de que se lo estaban dando, sin importarle si Gabriel estaba viendo o no. Esa perra. Te juro que, si no es Adrián insistiendo con Gabriel, es ella destruyendo mi matrimonio. - Un problema tras otro, hija. ¿Qué quieres que te diga? - Y a ti, ¿qué te pasó que no pudiste venir anoche? - No, nada hija… un problema que… A Norma se le dibuja una expresión en su rostro como de que se le acaba de ocurrir una idea, al recordar lo que sucedió la noche anterior con Mónica. - ¿Qué problema, mamá? – Cristina pronto nota la expresión en el rostro de su madre. – ¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara? - No, hija. El problema ya se solucionó, pero ahora estoy contigo y eso es lo más importante. Y ahora que me cuentas esto de Mónica, se me ocurre algo para que, por fin y de una vez por todas, podamos enviar a esa mosca muerta de vuelta a de donde vino. - Pero, mamá, ¿qué hacemos con Gabriel? ¿O con Adrián? - Tranquila, mi amor. De Adrián me encargo yo cuando sea el momento. Y a Gabriel dale tiempo. Pero por ahora enfoquémonos en Mónica. Y se me acaba de ocurrir la idea perfecta para que por fin esa ordinaria se vaya del país para siempre. Cristina queda intrigada por saber el plan que tiene Norma en contra de Mónica. INT. CLÍNICA – HABITACIÓN 307 – DÍA. Lourdes está durmiendo. Justo despierta cuando entran a verla Milagros, Eduardo y Gerardo. - ¿Cómo estás, hija? – pregunta Milagros. - Estoy bien, mamá – dice Lourdes. Milagros se acerca a abrazar a su hija. - Don Eduardo… digo, papá – dice Lourdes. Eduardo se acerca a saludar a Lourdes. - Gerardo – dice Lourdes, contenta de verlo. Gerardo abraza a Lourdes. - No saben la alegría que tengo de que estén aquí – dice Lourdes. – Me siento bien y estoy segura de que a mi hijo no le pasó nada. Milagros, Eduardo y Gerardo se miran preocupados, ya que Lourdes no sabe nada. Luego, la miran a ella. - ¿Qué pasa? ¿Por qué me están mirando así? – pregunta Lourdes. – ¿Le pasó algo a mi hijo? Milagros se acerca a su hija, de la forma más serena posible. - Hija, tenemos una muy mala noticia que darte – dice Milagros. - ¿Qué? ¿Qué pasa? – dice Lourdes. - Lourdes, hija – dice Eduardo. – Tu hijo no sobrevivió. Lourdes se impacta con las palabras de Eduardo. - ¿Qué? – pregunta Lourdes. - Mi niña, lo siento tanto – dice Milagros. – Perdiste a tu hijo. Lourdes comienza a llorar desconsoladamente. - ¡No! – grita Lourdes, con mucho dolor y pena. Milagros, muy afligida, abraza a su hija con mucha pena. Eduardo y Gerardo la miran con pena, mientras afuera, Pablo exhala un suspiro, ya que se siente culpable. INT. DEPTO DANIEL – BAÑO – DÍA. Gabriel se está duchando. Daniel entra al baño para dejarle una toalla. Justamente, Gabriel corta la llave de la ducha. - Ya te dejé la toalla. Te dejo solito para que te sequís tranquilo – dice Daniel. - No, tío, no te vayai. No quiero estar solo ahora. Tú sabís que me da lo mismo que me veai en pelota – dice Gabriel. - No creo que a tu abuela le guste la idea. Va a pensar que te estoy pervirtiendo. - Si tú sabís que me da lo mismo lo que diga la abuela – Gabriel abre la mampara de la ducha, mientras Daniel le pasa la toalla. - ¿Cómo estai? ¿Cómo amaneciste? - Pésimo, tío. Me siento todavía mal. Todavía tengo la guata revuelta por todo lo que pasó ayer – Gabriel se seca su cara y luego pasa a secarse su cabellera. - Es normal, Gabriel. Ahora, cambia esa cara, te vistes y me acompañai a tomar desayuno para que salgamos los dos. - ¿A dónde vamos a ir? – Gabriel comienza a secarse el resto del cuerpo. - Vamos a ir al Portal, me acompañas a comprar algo de ropa y si quieres, te regalo un juego para tu Nintendo Switch. - Ay, verdad que se me quedaron las cosas. Y no puedo jugar tanto porque esta semana que viene tengo prueba de química – Gabriel comienza a atarse la toalla a la cintura. – Aunque, a decir verdad, con todo lo que pasó ayer, no me dan ganas de estudiar. - No, no descuides tus estudios, eso no es bueno. Así que tomamos desayuno, estudiamos un poco y de ahí vamos al Portal, ¿te parece? Gabriel solo asiente con su cabeza y se le dibuja una leve sonrisa. - Gracias, tío, de verdad no sé qué haría sin ti – dice Gabriel, abrazando a su tío. - Todo va a salir bien, mi niño. Yo siempre voy a estar ahí para lo que necesites. Y podís quedarte todo el tiempo que querai. Daniel corresponde al abrazo de su sobrino. Ambos se apartan y Daniel juega con el mojado pelo de su sobrino. INT. GIMNASIO – SALA MUSCULACIÓN – DÍA. Adrián (Aarón Díaz) está haciendo ejercicio, sentado en una máquina para trabajar piernas. Termina con la máquina y se levanta. Se seca un poco el sudor con una pequeña toalla y toma de su botella de agua. Cuando cierra su botella, le suena el celular. Adrián ve en la pantalla del celular que se trata de Norma. Se dispone a ir afuera del gimnasio para poder hablar con ella. - ¿Bueno? – contesta Adrián. – ¿Qué sucede, jefecita? EXT. CASA MONTES – ENTRADA – DÍA. Norma sale de la casa de su hija y camina rápidamente mientras habla por el celular. INICIA INTERCORTE. - No me llames jefa – dice Norma. – Estoy muy enojada contigo. - ¿Por qué, jefecita? – dice Adrián, enfatizando el “jefecita” para fastidiar a Norma. - ¿Y todavía me preguntas? Cometiste el peor error de tu vida, roto de mierda. - ¡Tranquila, jefa! – dice Adrián, ya afuera del gimnasio. – Si me dijera de qué está hablando, ahí yo podría entender. - ¿Cómo mierda se te ocurre llegar y decirle a mi nieto que eres su padre? - ¡Ah! Veo que ya le fueron con el chismecito. - Ningún “chismecito”, weón. Cometiste la peor imprudencia de tu vida. - A ver, jefa. ¿Cómo se lo explico para que me entienda? Quería darle a mi hijo los regalos que se merecía. Pero nunca pensé que los regalos nunca le llegarían porque su madre se los tiró, así que decidí decirle la verdad. - Ella no los botó. Fui yo la que se los llevó de la entrada de tu casa. - ¿Por qué? Usted no tenía ningún derecho. - No quería que Gabriel viera regalos de dudosa procedencia. - ¿Dudosa procedencia? Es mi hijo, yo le puedo hacer los regalos que yo quiera. - ¡Gabriel no es tu hijo! ¡Métetelo en la cabeza! Un padre no es el que engendra, sino el que cría. Y tú violaste a mi hija y eso no te hace su padre. - A ver, señora. Primer punto, yo engendré al muchacho y eso me hace perfectamente su padre biológico. Y segundo punto, si violé a su hija fue porque usted me lo pidió. - Fue para darle una lección a Juan Ignacio, para obligarlo a casarse con mi hija. No quería que él se fuera con esa empleaducha de mierda. - Eso no justifica la violación, señora. Bueno, le pido que deje que me acerque a mi hijo, o voy y le cuento todo a su hija. Y de paso, le cuento a Mónica que usted es la responsable de la desaparición de su hijo. - ¡Pierdes tu tiempo, mijito, porque Mónica ya lo sabe! - Pero ella no sabe dónde está su hijo. Yo sí sé dónde está y quién es… y si quiere se lo recuerdo ahorita mismo. - ¡No te atrevas! ¡No te atrevas a abrir tu bocota porque te juro que…! - ¡Ahórrese sus amenazas, señora! Así que ya sabe. Déjeme acercarme a su nieto, o yo hablo. ¿Me entendió? Adrián cuelga molesto. Norma se enfurece mirando el celular. FIN INTERCORTE. INT. CLÍNICA – HABITACIÓN 307 – DÍA. Lourdes está muy afligida, apoyando su cabeza sobre el hombro de su madre. - Estaba tan ilusionada por tener a este hijo, mamá – dice Lourdes, aún entre lágrimas. – No puedo creer que lo haya perdido. Milagros da palmaditas en el rostro de su hija. - Pero ¿cómo fue que lo perdiste? – dice Gerardo. – ¿Estabas discutiendo con alguien? - Ahorita no me quiero acordar – dice Lourdes. - Lourdes, ¿será que estabas discutiendo con…? – dice Eduardo. Eduardo se interrumpe porque todos miran a la puerta. Es Pablo, quien entra. - Lourdes, ¿podemos hablar? – dice Pablo. Lourdes empieza a afligirse. - Díganle que se vaya, no quiero verlo – dice Lourdes. Eduardo se acerca cordialmente a Pablo. - Pablo, no quiero ser grosero, pero lo mejor es que te vayas – dice Eduardo. - Disculpen, pero solo un segundo. Solo uno – dice Pablo. - ¿Por qué? ¿Tuviste tú que ver en esto? – dice Gerardo, desafiante y enojado. - Tranquilo, Gerardo – dice Milagros. – Lo mejor es que los dejemos solos. Milagros, Eduardo y Gerardo se van de la habitación. Pablo se acerca a Lourdes, quien voltea su rostro para no verlo. - Lourdes… me siento tan culpable por lo que pasó anoche – comienza a decir Pablo. – Estoy consciente de que perdiste a tu hijo a causa de la discusión que tuvimos ayer, pero… ¿no crees que fue lo mejor? Digo, porque el padre de tu hijo era tu hermano y… ¿quién sabe cómo habría nacido ese niño? - Ese niño iba a ser mi hijo y yo lo iba a criar con ayuda de Mónica y mi madre – dice Lourdes, llorando. - O sea, de todas maneras, lo ibas a criar. ¿Qué no sabes que un hijo entre hermanos podría tener una malformación o incluso podría no sobrevivir? Era lo mejor. ¿Por qué te empeñabas tanto en tener un hijo de tu hermano? - Porque Gerardo no es el padre de mi hijo. Te mentí. - ¿Qué? Entonces… ¿quién…? - ¡El hijo que estaba esperando y que acabo de perder era tuyo! Pablo queda impactado. - Pero… ¿cómo te atreviste a mentirme? ¡Era mi hijo! – dice Pablo, enfadado. - ¿Acaso crees que sería fácil para mí saber que el padre de mi hijo me despreció, que el padre de mi hijo me embarazó y después me dijo que no quería nada conmigo, que solo quería sexo? – dice Lourdes, afligida y enojada. – ¿Y encima de todo de la nada comienza a salir con otra mujer? - Lourdes – dice Pablo, apenado. – Yo… sé que no es el momento, pero quería decirte… - ¡No! ¡No es el momento! ¡Porque perdí a mi hijo y por tu culpa! ¡Tú mataste a mi hijo! ¡Tú me insultaste de la peor manera! ¡Y por eso perdí a mi hijo! A Pablo se les asoman algunas lágrimas a los ojos. - Lourdes, perdóname… yo… - dice Pablo. - ¡No! ¡No te perdono! ¡Ahora vete de aquí! ¡Lárgate! – dice Lourdes, enojada y afligida. – ¡Lárgate! Pablo, llorando, deja la habitación. Lourdes queda muy triste, llorando tras haber perdido a su hijo. INT. CASA FERNÁNDEZ – PASILLO – TARDE. Mónica entra recién a la casa. Ella no se apareció en toda la noche. Entra rápidamente y se sienta sobre la escalera. Llora desconsoladamente al recordar lo que sucedió la noche anterior. Las palabras de Norma resuenan en su cabeza: - “El dar en adopción a tu hijo fue la oportunidad perfecta para que te fueras del país. No iba a dejar que con ese guacho mancharas la reputación del hombre con el que se iba a casar mi hija.” Mónica exhala un sollozo, mientras resuenan en su cabeza más palabras de Norma: - “Te subestimé. Jamás pensé que volverías para buscar a ese guacho. Pero no lo vas a encontrar nunca porque nunca te diré quién es y me encargaré de hacer lo posible para evitar que lo encuentres.” Mónica saca de su chaqueta una pequeña foto antigua de cuando ella estaba embarazada. Acaricia la foto, justo en el vientre. Mónica se seca las lágrimas. - No importa lo que Norma Palacios me haya dicho, hijo – dice Mónica. – Te voy a encontrar, aunque sea lo último que haga en la vida. Mónica mira con determinación la foto. CONTINUARÁ... MAÑANA SEGUNDA PARTE
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