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felipearmijo

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    Puse cable para tener mas canales
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  1. felipearmijo

    [Recuerdo] Beethoven 96.5 Santiago

    El cierre de Radio Beethoven y el conflicto social chileno Probablemente, más de algún lector se esté preguntando cómo es posible que se consagren artículos de prensa a reflexionar sobre el cierre de una emisora como Radio Beethoven, en medio de un conflicto social como el presente. Sin embargo, sin pretender que el fin de una radio dedicada a la música clásica constituya un problema comparable a la precariedad que enfrentan numerosas familias en Chile, sostengo que su cierre está vinculado, precisamente, con algunos factores que han derivado en el conflicto social que vive nuestro país. Suele afirmarse que la música clásica concita un escaso interés, especialmente entre los más jóvenes. Esto es así sólo en parte. La “Encuesta Nacional de Participación Cultural”, realizada por el Estado en el año 2017, muestra que un 6% de la población chilena asiste cada año al menos a un concierto de música clásica. Esta cifra podría parecer exigua, pero no lo es tanto si se piensa que equivale aproximadamente a un millón de personas, para un tipo de música que apenas tiene difusión en los medios. Además, la estadística no da cuenta de otras formas de recepción o “consumo” musical, como las descargas en línea. Otro dato relevante es que el público que va a los conciertos está compuesto predominantemente por personas jóvenes, de entre 15 y 29 años. Aun así, la música clásica está lejos de ser la más escuchada por los chilenos hoy en día y podría plantearse, incluso, que constituye una expresión contracultural. De hecho –así lo afirmaba el director Juan Pablo Izquierdo en un “manifiesto” publicado recientemente (La Tercera, 31-08-2019)— suele ser mucho mejor recibida por sectores marginales que por la elite económica del país. Más aún, la música clásica despierta un significativo rechazo no solo entre algunos aficionados a los géneros musicales más populares, que la consideran “cartucha” o “fome”, sino también en los medios, donde abunda toda clase de caricaturas respecto a los niños que “osan” estudiar algún instrumento clásico. Lo que es más llamativo, sin embargo, es que este rechazo se haya hecho extensivo a una parte de la academia, que hasta hace pocas décadas constituía su refugio por excelencia. No es difícil encontrar en publicaciones académicas recientes –ni qué decir en las redes sociales— algunas que vinculan a la música clásica exclusivamente con la alta cultura o a la idea de “obra de arte” con el surgimiento del capitalismo. Algunos estudiosos, incluso, se preguntan si vale la pena seguir haciendo esfuerzos por sostener una tradición musical de este tipo, mientras otros demandan que la música clásica sea autosustentable o adquiera una mayor masividad, como si este fuera un requisito indispensable para tener valor. El hecho de que una expresión cultural determinada cambie su estatus y pase de ostentar prestigio social a ser objeto de rechazo es perfectamente posible. El etnomusicólogo español Josep Martí planteó en 1996 que, cuando la elite política o económica comenzaba a rechazar un tipo de música que antes valoraba, esta podía transformarse en una expresión marginal o en una forma de resistencia. Al mismo tiempo, propuso que el rechazo a cualquier tipo de música implicaba siempre un rechazo a los valores, conceptos o comportamientos que esta encarnaba. Por tanto, cabría preguntarse qué es lo que se rechaza hoy en día –y no hace cien años— cuando se rechaza a la música clásica. Éstas ideas permiten entrever el punto de vista que quiero plantear. El conflicto social chileno ha puesto en evidencia un sistema que reduce al Estado a un nivel subsidiario y entrega al mercado sectores que tradicionalmente eran considerados como bienes públicos. Es el caso de la salud, la educación o la previsión social. Estos sectores se convierten así en nuevos modelos de negocio que requieren ser rentables o, al menos, autosustentables. La cultura no ha permanecido ajena a este modelo. Si bien no puede negarse que el Estado ha llevado adelante algunas iniciativas valiosas que apuntan en una dirección diferente, como la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles, éstas tienen un impacto aún insuficiente frente a la abrumadora influencia de los medios masivos. No hay en Chile, por ejemplo, una radio estatal que difunda expresiones musicales diferentes a las que predominan en la industria y los proyectos privados que intentan hacerse cargo de esta misión se ven enfrentados a una situación precaria (la salida del dial de Radio Uno, a comienzos de 2016, es otro ejemplo de ello, aunque en el ámbito de la música popular). Por tanto, el cierre de Radio Beethoven no es sino un reflejo del modelo imperante, tan cuestionado en estos días. Sin embargo, es posible ir un poco más allá si se retoma la pregunta anterior acerca de las implicaciones profundas que tiene el rechazo hacia la música clásica. El estudioso chileno Raúl Rodríguez Freire ha puesto en evidencia que el modelo actual consiste en una forma de neoliberalismo que penetra en todas las esferas de la sociedad y que una de sus principales características es el anti-intelectualismo, por cuanto el tipo de sujeto que más conviene a dicho modelo es aquel que se deja arrastrar dócilmente por sus emociones. No por casualidad, Noam Chomsky afirma que una de las estrategias de manipulación más utilizadas por la industria consiste en apelar directamente a los sentidos. En lugar de hacer hincapié en las virtudes específicas del producto que promocionan, los comerciales se dedican a transmitir mensajes de índole emocional o sensorial, no racional (“la vida es ahora”, dice el comercial de una conocida tarjeta de crédito). La música clásica, en gran medida, representa la antítesis de esta inmediatez. Uno puede sentirse muy atraído por la música de Chopin y experimentar un deseo incontrolable de tocarla en el piano, pero no podrá hacerlo hasta que haya completado al menos ocho o diez años de estudio sistemático. Con esto no quiero decir que otros géneros musicales susceptibles de aprenderse en menos no tiempo no sean igualmente valiosos, sino solo hacer notar lo incompatible que la formación clásica resulta con la flexibilidad y el cambio constante que promueven los nuevos modelos empresariales para el mundo educativo y laboral. Así mismo, el tipo de escucha reflexiva implicado en muchas obras del siglo XIX resulta muy diferente –lo que no quiere decir mejor o más deseable— a las formas de recepción que promueve la mayor parte de la industria actual de los conciertos en vivo. Quizá este tipo de cuestiones –y no tanto la música en sí misma— sean las que finalmente son objeto de rechazo en el mundo contemporáneo. Así, pues, un medio de difusión como Radio Beethoven resulta necesario no solo porque la música clásica constituya una expresión musical valiosa e importante entre otras, sino también porque cuestiona las premisas fundamentales del modelo imperante. Por un lado, su existencia implica que la cultura y la música no necesariamente deben constituirse en un negocio rentable para poder perdurar. Por otro, en un contexto en el que la industria y los medios pretenden apelar casi exclusivamente a las emociones, el tipo de música que rescata contribuye a poner en valor el racionalismo y el intelectualismo propios de la tradición clásica e imprescindibles para plantear cualquier crítica fundada hacia el “sistema”. Quizá sea tiempo de que iniciativas como esta adquieran un carácter verdaderamente público y dejen de depender exclusivamente del mundo privado, cuyo impulso, por valioso que pueda ser, está quizá demasiado sujeto a los vaivenes y las restricciones del mercado. Alejandro Vera Aguilera, Académico de la UC. Miembro del Consejo para el Fomento de la Música Nacional Fuente: https://www.elmostrador.cl/cultura/2019/12/03/el-cierre-de-radio-beethoven-y-el-conflicto-social-chileno/
  2. felipearmijo

    Radios para viudos de Beethoven FM

    Hubo un tiempo en que la Caricia de Melipilla emitía música clásica los domingos en la noche...
  3. felipearmijo

    [Oficial] Estilo FM | "La otra manera de vivir la música"

    Ojo ahí, Estilo en Viña-Valpo tiene 2 frecuencias: una arrendada (88.9 FM) y otra propia (1600 AM)
  4. felipearmijo

    [Oficial] Estilo FM | "La otra manera de vivir la música"

    Te faltó: La mayoría de los anunciantes locales se niegan a invertir en medios que no son de sus respectivas zonas...
  5. felipearmijo

    [Oficial] Big Radio | "El futuro ya llegó"

    Y ya que estamos en esas, antes de convertir cualquier archivo musical a mp3, fíjense bien cuánta profundidad de bits tiene el archivo de origen. En ciertos casos hay que aplicar tramado (dither) si es necesario...
  6. De momento la señal 2 no está emitiendo el bailable de los fines de semana. Se entiende que por la contingencia actual...
  7. felipearmijo

    [Información] Radios de Melipilla

    Bío-Bío y Armonía apagadas...
  8. felipearmijo

    [Opinión] Apaga la tele, enciende la radio

    Apaga la tele, enciende la radio por Claudia Aldana Desde el viernes no puedo encender la televisión chilena. Me parece sospechosa e instigadora al terror. No veo una mirada editorial más allá de proteger al auspiciador. Lo que sería comprensible, si el trabajo fuera solo cuidar a quienes pagan hoy auspicios, en días de crisis financiera de los medios. El problema es que los canales de televisión son medios de comunicación antes que empresas y su trabajo es informar. Desde la objetividad. Sin mirar la billetera o quien deja la plata en la cuenta corriente para pagar los sueldos. El “cliente”, hablando de esa forma, sería quien los ve. A ellos se debe un medio. No a quien acepta y paga la factura. Debo decir que durante un par de años dirigí contenidos de un canal de cable. Por 11 años vi contenidos de radios. Y desde hace 20 años escribo en diarios. Sé cómo nos financiamos y veo con preocupación por mis otros colegas, cómo sólo la radio logra sintonizar con lo que está pasando. Desde esa trinchera que es usar fonos y salir con un micrófono a ver qué pasa, hay calle, hay conexión, hay cordura. Los periodistas de radio, los que no postean canjes, los que no suben fotos con sus fuentes, los que reportean y no esperan que llegue el comunicado, son los que nos están informando. Los periodistas de radio, sin la estridencia de los colegas de tele, están demostrando lo que es nuestro oficio y la belleza de informar. No se le cree al rostro de tele. No sintonizamos con el notero que aspira a ser rostro de tele. No confiamos en el actor mino que sueña con “hacer radio” para que le salgan más eventos. La radio es honesta, la voz no miente, no hay maquillaje que cubra la falta de mirada propia. La radio es, según estudios, el medio más creíble. Y en esta crisis social, la radio pone mesura e información, donde la tele nos muestra desconexión de la realidad. Hoy, la tele se ha convertido en un grupo de Whatsapp del peor tipo: uno de esos alarmistas, donde se comparten saqueos que no sabemos si son tal; se sorprenden de ver a muchos comprando combustible, cuando la televisión eligió mostrarnos solo eso: consumo desbordado para pelear el desabastecimiento, terror a las alzas de precio, saqueo. Mientras, la radio se sienta a evaluar, a preguntarle a más voces, a cuestionar a las autoridades lo que la prensa de televisión tiene miedo de decir. No puedo dejar de pensar en lo que pasó en la conferencia de mediodía de los ministros. Un joven periodista de radio ADN preguntó a la ministra Cubillos cómo se le explica a un niño de cuarto básico que el Presidente diga que hoy estamos en guerra. La Ministra miró a sus colegas del gabinete y se abstuvo de responder. Una vez más, frente a lo que la incomoda, opta por retirarse. Y dejarnos esperando que esté a la altura del cargo.Minutos más tarde, una notera le pregunta a un señor que sale de un supermercado, en Canal 13, cómo va todo. Él le dice que Piñera está haciendo mal las cosas. La notera pone tono de molesta y le dice “ya, ya, si está enojado” y va con otro peatón. Este trato paternalista es justamente lo que nos tiene como estamos hoy: con una crisis social gigantesca. Esa distancia y esa mirada infantilista hacia la sociedad; esa que dice “si hablamos de ese tema, no marca”, pero que los tiene hoy mirando que el sábado, marcaron 63 puntos de rating todos los canales al salir a la calle. Es el momento en que los medios deberían enganchar con lo que sus “clientes” piden, optan por desinformar. Porque la información es poder. La radio que siempre ha estado sin esa distancia de lentejuelas y canjes que caracteriza a la tele, está lista. Y se convierte en nuestra compañera, una vez mas. Es el momento que la élite entienda lo que queremos. Se los hemos dicho tantas veces, pero nos han ignorado. La tele es un síntoma de eso, con sus sueldos disparados y un rating escaso. ¿Cómo quieren que se lo digamos ahora? La tele no me representa. Los invito a que apaguemos ese medio alarmista y desinformador. Enciendan la radio y apaguen la tele. La información certera, es lo que necesitamos ahora que comenzamos la construcción de un nuevo Chile. Fuente: https://radio.uchile.cl/2019/10/21/apaga-la-tele-enciende-la-radio/
  9. felipearmijo

    [Oficiales] Listado de Topics Oficiales en Radio

    (Off topic)
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