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CAPÍTULO 10 | Perdóname...

AFV Marcas Profundas

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#1
Aníbal!

Aníbal!
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Temuco, Region de la Araucania

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1. INT. TRIBUNAL DE JUSTICIA – PASILLO – MEDIODÍA.

 

Beatriz (Ingrid Cruz) abraza a su hijo Lorenzo (Pedro Campos) y le da múltiples besos, muy contenta por el triunfo. Ambos siguen acompañados por Gonzalo (Etienne Bobenrieth).

 

- ¡Mi amor! ¡Te quiero tanto! Sabía que lograrías demostrar mi inocencia – dice Beatriz, apretujando a su hijo.

- Bueno, mamá, en realidad no fue gracias a mí – dice Lorenzo, pasándole el anónimo impreso. – Fue gracias a la persona de los anónimos.

- Qué raro. Bueno, a lo mejor tenías razón – dice Beatriz, extrañada y analizando el papel.

- Bueno, lo importante es que todo salió bien, tía – dice Gonzalo. – Siempre creí en usted.

- Gracias, Gonzalito – dice Beatriz, sonriéndole. – A propósito, hace tiempo no veo a la Matilde.

 

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Gonzalo se queda mudo y con la cabeza baja.
 

- No me digas que se pelearon – dice Beatriz, tiernamente y sobándole un hombro a Gonzalo.

- La verdad, sí, pero prefiero no hablar de eso – dice Gonzalo, aún triste, pero rápidamente vuelve a sonreír. – Lo importante es que logramos que usted saliera libre.

 

De repente, los guardias se acercan llevándose a Sofía (Alejandra Fosalba), quien trata de forcejear.

 

- ¡Suéltenme! – grita Sofía, quien de pronto hace que los guardias se detengan junto con ella y se dirige a Beatriz. – Maldita perra, te salvaste esta vez, ¡pero a la próxima no vas a salir intacta!

- ¡No te tengo miedo! – dice Beatriz, alzando la voz y con mucha actitud. – Si este plan tuyo fracasó, miles de tus otros planes van a seguir fracasando.

- No creas porque yo ya he llevado a cabo varios y pronto te voy a ver a ti y a tu imbécil de hijo caer. Y ese día lo voy a estar esperando con gusto – dice Sofía, amenazante.

- ¡No seas patética, mujer! – dice Beatriz aún desafiante. – Ya te dije que no te tengo miedo, me das pena, que es distinto.

- ¡Te vas a arrepentir del día en que naciste, Beatriz Correa! ¡Lo juro!

 

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Los guardias insisten en llevarse a Sofía y esta sigue tratando de forcejear para que la suelten. De pronto, Rafael (Pedro Campos) también sale de la sala corriendo entre poca gente que también sale y trata de alcanzar a Sofía y los guardias, cuando se detiene ante Beatriz, Lorenzo y Gonzalo.

 

- Supongo que estarán contentos – dice desafiante Rafael. – No sólo se salieron con la suya, sino que además me arrebataron a la que me cuidó como si fuera mi madre.

- ¿De qué estai hablando, Rafael? Ella es tu madre, – dice Gonzalo, apuntando a Beatriz – la única mujer que…

- Déjalo, Gonzalo. – dice Beatriz, deteniéndolo y luego se dirige a Rafael con una mirada desafiante – Yo jamás pensé estar tan decepcionada de ti, mi propio hijo, como lo estoy ahora.

- ¿De qué está hablando usted, señora? Usted jamás me quiso como a un hijo – dice Rafael.

- Me da lo mismo si perdiste la memoria y me da lo mismo lo que pienses de mí. Yo ya perdí toda la fe de recuperarte, pero lo que perdiste tú fue a una madre y a un hermano – esto último lo dice Beatriz, poniendo ambas manos sobre los hombros de Lorenzo – y ese va a ser tu castigo. Y cuando te des cuenta, ya va a ser muy tarde.

 

 

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- Se van a arrepentir de haberme hecho daño a mí y a Sofía – dice Rafael y rápidamente corre a alcanzar a Sofía.

 

Beatriz, a pesar de sus duras palabras, siente algo de tristeza y sólo abraza a Lorenzo, quien mira con rabia a su hermano.

 

 

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2. INT. CASA SANHUEZA – LIVING/COMEDOR – MEDIODÍA

 

Belinda (Paola Volpato) se encuentra con un vaso en una mano y toma una botella de whisky cuando rápidamente Teobaldo (Marcelo Alonso) la ve y le quita la botella.

 

- ¡Belinda! ¡No! – dice Teobaldo, quien además le quita el vaso y lo deja encima.

- Teobaldo, déjame. Necesito algo para relajarme – dice Belinda, tratando de recuperar la botella.

- No, Belinda. No puedes tomar, ya estás rehabilitada.

- ¿De qué me sirve haber estado en ese centro de mierda si mi hija no me quiere ver ni en pintura? – dice Belinda alterada. - ¡Pásame la botella, Teobaldo! ¡Pásamela!

- ¡No, Belinda! ¡No! – dice Teobaldo, aún alejando la botella.

- ¡Qué espectáculo más patético! De verdad – dice Matilde (Mariana Di Girólamo), quien se aparece atrás de sus padres.

 

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Belinda y Teobaldo se detienen al ver a su hija, quien ya se encuentra vestida.

 

- Mis papás peleándose por una botella de whisky – dice Matilde con un tono irónico –. Por Dios, señora, usted no cambia.

- Mi amor, escucha, yo no quería… – dice Belinda, tratando de justificarse.

- ¡Cállese, señora! No es mi culpa que usted se haya vuelto alcohólica.

- Claro que no es tu culpa, mi amor – empieza Belinda –. Son otras cosas las que me hicieron hacerlo.

- ¿Y usted pretende que yo le crea? Por favor, esas razones no se las cree ni usted misma.
 

Matilde empieza a dirigirse a la puerta de la entrada.

 

- Matilde, ¿a dónde vas? – pregunta Belinda.
 

Matilde, ignorando a su madre, se dirige a la puerta y Belinda trata de detenerla, pero Teobaldo la detiene a ella.

 

- Déjala, Belinda. Quizás esa caminata le haga pensar con la cabeza fría – dice Teobaldo, viendo cómo su hija ya cierra la puerta detrás de ella. 

 

EXT. CASA DOMÍNGUEZ – CALLE – MEDIODÍA.
 
Isabel (Luciana Echeverría) se baja del taxi, luego de pagarle al taxista. Se apresura en ir a la puerta para entrar con su llave. Al entrar a casa, empieza a llamar a Sofía para ver si llegó, aunque no haya visto el auto.
 
INT. CASA DOMÍNGUEZ – RECIBIDOR – MEDIODÍA.
 
- ¿Sofía? ¿Estás ahí? – pregunta Isabel sin tener respuesta alguna. - ¿Sofía? ¿Rafael? ¿Hay alguien aquí?
 
Isabel rápidamente sube la escalera para buscarlos a ambos a ver si alguno llegó.
 
INT. CASA DOMÍNGUEZ – PASILLO SEGUNDO PISO – MEDIODÍA.
 
Isabel busca por el dormitorio de Sofía y luego por el de Rafael. Pero cuando se dirige a su propio dormitorio, de pronto los recuerdos se le vienen a la mente. Recuerda las hirientes palabras de Emiliano terminando con ella, y a la vez recuerda ese beso que se dio con Sebastián. 

 

- ¡No! ¡Isabel Paredes, no llores! – dice Isabel, conteniendo las ganas de llorar. – Estoy segura que Emiliano me va a volver a amar. Va a volver hacia mí con la cola entre las piernas. 

 

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EXT. CALLE – VEREDA – MEDIODÍA.

 

Matilde está caminando y respirando un poco de aire limpio, algo lejos de su casa, cuando de pronto un auto se acerca a ella al borde de la vereda. Se trata de Emiliano (Hernán Contreras).

 

- ¡Matilde! Qué sorpresa encontrarte por acá – dice Emiliano, sonriendo.

 

 

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- ¡Emiliano! – dice Matilde, sorprendida y enojada. – Ándate. Déjame tranquila.

- ¿Por qué? – pregunta Emiliano, bajándose del auto ya detenido y siguiendo a Matilde. – Ahora podemos estar juntos.

- ¿Cómo se te ocurre decir algo así, imbécil?

- Porque yo acabo de terminar con la Isabel y por la expresión de tu rostro, asumo que tú hiciste lo mismo con Gonzalo. 

 

Matilde se sorprende ante estas palabras.

 

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- ¿Cómo? ¿Cómo que terminaste con la Isabel? – pregunta Matilde.

- Porque yo no la amaba, en cambio yo a ti sí te amo. Y por lo que veo, terminaste con Gonzalo. ¿Ves mi amor? – dice Emiliano, mirándola y tomándole ambas manos. – Ahora podemos estar juntos, sin nadie que nos moleste.

 

Emiliano toma el rostro de Matilde y sin contenerse más, le roba un beso en los labios Matilde trata de zafarse, pero se le hace imposible. 
 

- ¡Matilde! – grita Teobaldo.

 

Emiliano rápidamente reacciona y deja de besar a Matilde, quien mira sorprendida y atónita al padre de la muchacha. 

 

INT. CASA GARRIDO – DORMITORIO MATRIMONIAL – MEDIODÍA.

 

Beatriz, luego de bañarse, se encuentra con una bata de baño, sostiene con una mano un secador de cabello funcionando. De repente, cuando lo apaga, ve un marco en la que aparece ella junto a su marido y sus hijos. Se le vienen a la mente los recuerdos de ese mismo día y de las hirientes palabras que le dijo a Rafael. También, de pronto se le viene a la mente otro recuerdo de hace unos 4 años.
 
FLASHBACK – AÑO 2009 (4 AÑOS ATRÁS)
 
INT. CASA GARRIDO – DORMITORIO BEATRIZ – NOCHE.
 
Rafael, con unos 19 años, se encuentra con Beatriz conversando sobre algo delicado.

 

- Mamá, yo de verdad no quería hacer eso con Lorenzo – dice Rafael.

- Yo sé, mi amor, pero debiste obedecerme desde el principio – dice Beatriz, acariciando el rostro de su hijo. – Yo les dije que ir a un lugar así era bien peligroso para unos niños como ustedes. Imagínate si te pasa algo a ti o a Lorenzo, o si les pasa algo a los dos. Yo me muero.

- Mamá, ya tenemos 19 años, pero sí… tenía miedo. Ese tipo nos amenazó si no le entregábamos lo que teníamos – dice Rafael, llorando. – Tenía un cuchillo y…

- No, mi amor. No llores – dice Beatriz, tiernamente. – Lo importante es que ustedes están sanos y salvos. Su papá llegó justo a tiempo para defenderlos.

- Perdóname, mamá – dice Rafael, abrazando a su madre.

 

Beatriz sólo abraza a su hijo, apoyando la cabeza de él sobre su hombro.

 

FIN DEL FLASHBACK.

 

Beatriz mira nostálgicamente la foto. Luego, mira el rostro de su marido en la foto y se le viene de nuevo a la mente otro recuerdo.

 

FLASHBACK – DICIEMBRE DE 1989
 

INT. IGLESIA – ALTAR – DÍA.
 

Beatriz de unos 18 años, quien se encuentra embarazada de 3 meses y con un vientre algo notorio, se encuentra frente al altar vestida de novia junto a José Antonio (Álvaro Morales), de 24 años vestido formalmente, con quien está por casarse. 

 

- Beatriz Magdalena Correa Alegría – comienza el sacerdote – ¿aceptas a José Antonio como tu legítimo esposo (…) hasta que la muerte los separe?

- Sí, acepto – dice Beatriz, quien mira con una sonrisa a su pronto esposo.

- José Antonio Garrido Salgado, ¿aceptas a Beatriz como tu legítima esposa (…) hasta que la muerte los separe?

- Sí, acepto – dice José Antonio, sonriendo a su pronta esposa.

- Entonces, por el poder que me concede la Iglesia de Chile, yo los declaro marido y mujer – dice el sacerdote.

 

Beatriz y José Antonio se dan un beso, a la vez que todos los asistentes a la boda aplauden.

 

- Te amo, y así va a ser para toda la vida, mi amor – dice José Antonio, sonriendo.

- Yo también, a pesar de todo lo que tuvimos que pasar para llegar a esto – dice Beatriz, sonriendo.

 

FIN DEL FLASHBACK
 

Beatriz no aguanta más y rompe en llanto, abrazando el marco de la foto contra su pecho con fuerza. En eso, Lorenzo toca la puerta y entra para ver a su madre.

 

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- ¡Mamá! ¿Qué pasa? – pregunta Lorenzo, preocupado corriendo hacia su madre.

- Mi amor, no aguanto más – dice Beatriz, abrazando a su hijo y dejando caer el marco sobre la cama. – Pensé que podía ser fuerte con todo esto, pero no puedo.

- ¿Qué pasa, mamá? ¿Lo dices por lo que pasó hoy día con Rafael?

- No, no sólo por él, sino también con tu papá. Mi amor, tú eres lo único que tengo en este momento – dice Beatriz, todavía entre llantos.

 

Lorenzo sólo consuela a su madre quien está destrozada.

 
EXT. CALLE – VEREDA – MEDIODÍA.

 

Teobaldo está impactado, al ver a Emiliano besando a Matilde.
 

- ¿Qué haces besando a ese tipo? – pregunta Teobaldo.

- Papá, no es lo que tú crees – dice Matilde. 

- No, señor, lo que pasa es que con su hija nos amamos y… - dice Emiliano.

- ¿Qué? – pregunta Teobaldo, impactado.

- ¡No, papá! Es mentira, él me besó a mí – dice Matilde. – Tú sabes que yo amo a Gonzalo y…

- No, mi amor, tú me amas a mí – dice Emiliano, obsesivo.

- ¡Papá, no le creas! – dice Matilde, preocupada.

- ¿Qué te crees tú, imbécil, que puedes andar besando a mi hija cuando sabes perfectamente que ella está pololeando? – dice Teobaldo.

- Señor, yo amo a su hija y ella me ama a mí – dice Emiliano.

- ¡No, papá, no es cierto! – dice Matilde.

 

Teobaldo sólo reacciona dándole un golpe a Emiliano, quien cae al suelo rápidamente.

 

- Escúchame, weón, no te vuelvas a acercar a mi hija, porque si lo haces, te juro que te mato, ¿te queda claro? – dice Teobaldo, amenazante.

 

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Teobaldo rápidamente se lleva a Matilde a la casa, mientras Emiliano se levanta y se toca la boca, por la zona en la que recibió el golpe.

 

INT. COMISARÍA – CELDAS – ANOCHECER.

 

Rafael entra por la puerta y corre a la celda de Sofía.

 

- Sofía, por fin me dejaron entrar – dice Rafael.

- Rafael, por favor, sácame de aquí – dice Sofía desesperada, acariciándole el rostro. – Por favor, tú sabes que yo no he hecho nada.

 

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- Lo sé, Sofía. Yo sé que todo lo que hiciste fue para hacer pagar a esa gente. Es esa mujer la que debería estar aquí y no tú.

- Rafita. Tienes que prometerme que me vas a ayudar a destruir a esa gente, apenas yo salga de aquí. 

- ¡No, Sofía! No, quiero destruirlos yo mismo – dice Rafael, con decisión.

- No, tú todavía no puedes pensar bien con tu amnesia. Espera a que yo salga. 

- No, yo me voy a encargar de que paguen ahora mismo y eso es lo que voy a hacer – dice Rafael y luego se va rápidamente.

- ¡Rafael! ¡No! ¿A dónde vas? ¡Rafael! – grita Sofía, tratando de detenerlo, lo cual es inútil.

 

INT. CASA GARRIDO – DORMITORIO BEATRIZ – ANOCHECER.
 
Beatriz se encuentra acostada en su cama. A su lado se encuentra Lorenzo.

 

- ¿Te sientes mejor? No has comido muy bien hoy – dice Lorenzo.

- Sí. Es que… todo este tiempo en la celda y… todo esto de Sofía y Rafael me impidió tragar – dice Beatriz, calmada.

- Bueno, pero también porque no dormiste muy bien en esa fría celda. 

- Sí, sólo necesitaba un poco más de sueño – dice Beatriz y luego le da un gran beso en la mejilla a Lorenzo. – No sé qué haría ahora mismo sin ti, mi amor.

- No tienes nada de que preocuparte, mamá. 

 

De pronto, a Lorenzo le suena el celular y rápidamente se levanta de la cama a contestarlo. 

 

- ¿Aló, Gonzalo? – responde Lorenzo

- Hola, Lorenzo. ¿Cómo estai? – dice al otro lado del teléfono. – Quería saber cómo está tu mamá después del juicio.

 

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- Bien, ahora está descansando – responde Lorenzo. - Y tú, ¿cómo has estado?

- Bien, aunque… todavía no me veo con la Matilde – dice Gonzalo, un poco resignado. – Parece que lo nuestro de verdad terminó. 

 

De pronto, a Lorenzo se le ocurre una idea.

 

- Espera, Gonzalo – dice Lorenzo. – ¿Querís ir conmigo a la plaza de armas?

- ¿A la plaza de armas, a esta hora? ¿Para qué? – pregunta extrañado Gonzalo.

- Nada en especial. Sólo… quiero que conversemos más tranquilamente al aire libre.

- Lorenzo, se te ocurren ideas muy locas.

- De verdad, Gonzalo. Me gustaría que conversáramos un rato. Vamos, no acepto un “no” como respuesta.

- Bueno, si insistes, voy al tiro a tu casa para buscarte.

- Bueno, nos vemos más rato, chao – dice Lorenzo, colgando el teléfono.

- Mi amor, ¿qué pasa? ¿Por qué quieres ir a la plaza con Gonzalo a esta hora? – pregunta Beatriz, curiosa.

 

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Lorenzo busca en su celular otro número y sólo hace una seña para que su madre guarde silencio, mientras ella lo mira extrañada.

 

- ¿Aló, Matilde? – dice Lorenzo. – Soy yo, Lorenzo.

- ¡Lorenzo! ¡Tanto tiempo! ¿Cómo has estado? – dice Matilde, al otro lado del teléfono.

- Bien, Matilde. Escucha… en el último tiempo han pasado tantas cosas. Me gustaría que nos juntáramos en la plaza de armas para contarte.

- Bueno, igual me gustaría juntarme contigo, pero ¿a esta hora? – dice Matilde extrañada.

- No hagai preguntas Matilde, mira que quiero conversar contigo. No acepto ningún “no” como respuesta.

- Bueno, Lorenzo. En unos minutos más voy hacia allá. Aparte también me han pasado cosas y necesito distraerme un poco.

 

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- Bueno, nos vemos ahí – dice Lorenzo. 

 

Lorenzo cuelga su celular.

 

- Lorenzo, ¿qué pretendes? – pregunta Beatriz extrañada. - ¿Por qué quieres juntarte con Gonzalo y Matilde a esta hora en la plaza?

- De ahí te cuento, mamá, ahora tengo que esperar a Gonzalo – dice Lorenzo, quien corre a su pieza.

- ¡Lorenzo, espera, por favor! – dice Beatriz, deteniéndolo y éste accede. – No me digas que tú… 

- Sí, mamá, hoy Gonzalo y Matilde se van a reconciliar – dice Lorenzo esperanzado.

- ¿Y qué estás esperando, mi amor? ¡Anda! – dice Beatriz, con una gran sonrisa.

- Gracias, mamá. Te aseguro que los dos se van a reconciliar – dice Lorenzo.

 

Lorenzo corre rápido a su dormitorio y Beatriz mira orgullosa a su hijo.
 
INT. CASA SANHUEZA – PASILLO – NOCHE.

 

El sol ya se ocultó bastante, por lo que afuera por una ventana se puede ver cómo ha oscurecido todo. Matilde, un poco arreglada y con cartera en mano, se dirige a la puerta de su casa cuando Teobaldo la mira y la detiene.

 

- ¿A dónde vas, Matilde? – pregunta Teobaldo.

- Voy a juntarme con un amigo – dice Matilde.

- No, tú no vas a ir a juntarte con ese tipo – dice Teobaldo, autoritario.

 

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- Pero, papá, si no me voy a juntar con Emiliano, sino con Lorenzo

- ¿Y tú crees que yo nací ayer? – dice Teobaldo, aún autoritario y con un tono más alto de voz. – ¡Tú te vas a quedar acá donde mis ojos te vean!

- ¡A ver, papá! ¿Qué te pasa? ¿Qué me vas a hacer? ¿Me vas a encerrar con llave en la pieza para que no salga? Papá, por favor, yo tengo derecho a salir a caminar, a despejarme y olvidarme de toda la mierda que me ha pasado en estos días. ¡Por favor, déjame ser!

 

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Matilde camina hacia la puerta y la empieza a abrir.

 

- ¡Matilde, tú no vas a salir! – dice Teobaldo. – ¡Matilde!

 

Matilde sólo ignora a su padre y cierra la puerta detrás de ella.

 

- ¿Qué pasa, Teobaldo? – dice Belinda. – ¿Por qué este griterío?

- ¡Tu hija, pues! Eso pasa. Desafía mi autoridad – dice Teobaldo.

- Bueno, pero déjala salir, que se despeje.

- Claro, para ti es fácil decirlo. Porque no viste lo que me tocó ver hoy día.

- ¿Qué pasó? ¿Qué viste?

 

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- No, nada, déjame solo un momento.

 

Teobaldo se dirige a su dormitorio y Belinda se queda ahí extrañada.

 

EXT. PLAZA DE ARMAS – NOCHE.

 

Lorenzo y Gonzalo se bajan del auto. Gonzalo le pone llave y junto con Lorenzo, cruzan rápidamente la calle y llegan a uno de los lados de la plaza.

 

- Bueno, ¿y ahora qué? – dice Gonzalo. 

- No ha llegado – dice Lorenzo para sus adentros, ignorando a Gonzalo, así como si estuviera buscando algo o alguien.

- ¿Quién? – pregunta Gonzalo con curiosidad.

 

De ahí se acerca Matilde y al ver a Lorenzo, corre rápidamente a abrazarlo.

 

- ¡Lorenzo! ¡Tanto tiempo! – dice contenta Matilde, sin percatarse de la presencia de Gonzalo.

 

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-  Me alegro también de verte, Matilde – dice Lorenzo, a la vez que se separa de Matilde.

 

Al oír la voz de Matilde, Gonzalo se voltea, al mismo tiempo en que Matilde se percata de la presencia de Gonzalo apenas deja de abrazar a Lorenzo.

 

- ¿Qué está haciendo él acá? – pregunta Matilde

- ¿Qué está haciendo ella acá? – pregunta Gonzalo, al unísono con Matilde.

- No, tú ¿qué estai haciendo acá? – dicen Gonzalo y Matilde al unísono empezando una discusión. – Es que… se supone que… es que Lorenzo quería… ¡Lorenzo!

 

Ambos apenas dejan de decir lo último, se voltean a ver a Lorenzo, quien está al medio de ellos dos.
 

- A ver, chiquillos – dice Lorenzo, por fin. – Yo los reuní a ambos, pero no precisamente para hablar como les dije.

 

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- ¿Se puede saber por qué nos citaste a los dos? – pregunta Gonzalo.

- Porque ya no pueden seguir así, peleados. Hace días que no se hablan, no se ven ni se llaman por teléfono e incluso se rechazan las llamadas. Por favor, chiquillos, somos amigos y quiero que volvamos a estar así, los tres juntos y reunirnos como el día en que nos conocimos, aquí mismo en la plaza.

 

Gonzalo y Matilde se miran a los ojos, mostrándose arrepentidos de su distanciamiento.

 

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Mientras a lo lejos, en un taxi llega Rafael, quien había seguido a Lorenzo y Gonzalo desde la casa hasta la plaza de armas. Rafael se baja rápido del taxi y corre hacia la plaza, y se esconde detrás de un árbol, mirando fijamente a Lorenzo.

 

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Mientras, Gonzalo y Matilde siguen de frente.

 

- Lorenzo tiene razón, Matilde – dice Gonzalo. – Yo… la verdad… Yo tengo la culpa… no debí reaccionar de esa manera.

- Yo tengo la culpa, Gonzalo – dice Matilde. – Te debí haber dicho todo desde un principio.

- Matilde… yo… - comienza a decir Gonzalo.

 

De pronto, Rafael sale de donde estaba escondido y corriendo se abalanza sobre Lorenzo y ambos caen sobre el pasto de la plaza. Rafael se pone sobre Lorenzo y lo retiene de ambos brazos.

 

- Te dije en el tribunal que me las ibai a pagar, weón, y eso es lo que vai a hacer – dice Rafael y le asesta un golpe a Lorenzo.

- ¡Lorenzo! – grita Matilde, preocupada.

 

Lorenzo rápidamente empuja a Rafael, se pone sobre él y le asesta un golpe.

 

- ¡Me tenís aburrido, Rafael! – dice Lorenzo. – Ya no eres mi hermano, sino el peón de Sofía. Eres tú el que va a pagar por haber metido a mi mamá a la cárcel.

 

Rafael empuja a Lorenzo, haciendo que él caiga sobre el suelo y se lanza sobre él y ambos forcejean uno contra el otro y se intentan golpear. En un momento, a Rafael se le cae algo de un bolsillo de su chaqueta. Ambos se detienen para ver qué es. Se trata de una foto en la que Lorenzo y Rafael salen abrazados. Lorenzo rápidamente la toma y ambos se paran.

 

- ¡La foto! – dice Lorenzo, sorprendido. – Todavía la tenís.

 

Rafael se la quita y, sin pensarlo dos veces, la rompe por la mitad y deja caer ambos pedazos al suelo. Lorenzo se impacta al ver esto, mientras Gonzalo y Matilde ven esta escena consternados.
 
INT. CASA SANHUEZA – LIVING/COMEDOR – NOCHE.
 
Belinda se encuentra fumando un cigarro cuando Teobaldo la ve

 

- ¡Ay, no! ¡Belinda! – dice Teobaldo. – No empieces a fumar.

- ¡Déjame tranquila! – dice Belinda, quien continúa fumando. – Primero no me dejas tomar y ahora me prohíbes fumar.

- Tú sabes que no se te permite tomar.

- Eso es. Tomar. No dice en ninguna parte que no tenga que fumar. Además, es en este momento la única cosa que me puede relajar.

- ¿Relajar? No te veo tensa para nada, mujer.

- Porque tú tienes mala memoria. Necesito relajarme y entender por qué mi hija no me quiere ver ni en pintura. 

- Tú sabes por qué.

- No, no sé por qué – dice Belinda, luego de expulsar humo. – No sé por qué mi hija no me quiere creer.

 

Teobaldo se lleva una mano a la cabeza y lanza un suspiro, mientras Belinda apaga su cigarro presionando contra el cenicero.

 

- Belinda – dice Teobaldo, acercándose a ella – tu hija está muy enojada contigo porque… el día anterior al que te internaste en ese centro, ella te oyó discutir conmigo acá en el living.

- ¿Y eso qué tiene que ver con que esté enojada conmigo? – pregunta Belinda, extrañada.

- Porque ella… te oyó totalmente ebria, confesándome y gritándome en la cara que tú tenías un amante. 
 

Belinda se impacta ante las palabras de Teobaldo.

 

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INT. CASA GARRIDO – DORMITORIO BEATRIZ – NOCHE.
 
Beatriz se encuentra acostada cuando de pronto, siente una inquietud. Su instinto maternal le quiere decir algo, por lo que toma su celular que se encuentra encima del velador y siente el impulso de llamar a Lorenzo, pero rápidamente se arrepiente. Se intenta calmar, pero sigue preocupada ya que el cielo está totalmente oscuro y los postes de luz encendidos.
 
EXT. PLAZA DE ARMAS – NOCHE.
 
Lorenzo está impactado, ya que Rafael rompió la foto que guardaba consigo.

 

- ¡No! ¡La foto! – dice Lorenzo, como a punto de llorar, recogiendo los pedazos y juntándolos. - ¡La rompiste!

- ¿Y qué queríai que hiciera? – dice Rafael, frio y sin mostrar arrepentimiento alguno. – No quiero nada que me recuerde a ti. Vas a pagar por lo que nos hiciste a mí y a Sofía.

- Pero, ¿por qué insistís con esa weá? ¿Por qué mierda no querís recordar quién erís? ¿Por qué chuchas te cuesta tanto aceptar que seamos hermanos? – dice Lorenzo, zamarreando a Rafael, quien sólo lo empuja para apartarlo.

 

Lorenzo sólo se arrodilla a llorar.

 

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Rafael lo mira fríamente cuando repentinamente siente algo en su pecho, como tristeza o angustia. No puede explicarse qué es exactamente.

 

- ¿Qué? ¿Qué me pasa? – se pregunta Rafael, quien rápidamente levanta a Lorenzo y lo agarra fuertemente. – ¡Deja de llorar, maricón! ¿Por qué me estai haciendo sentir esto?

- Rafael… – dice Lorenzo, aún entre lágrimas. – Es empatia.

- ¿Qué cresta es eso? – pregunta Rafael, quien inexplicablemente comienza a llorar. - ¿Por qué mierda me haces llorar?

- ¡Eso es empatía, aweonao! – grita Gonzalo.

- Gonzalo, no te metai en esto, por favor – le suplica Matilde.

- ¡No, Matilde! ¡Déjame! – sigue gritando Gonzalo. – Éste weón tiene que entender quién es su hermano. Tiene que recordar que Lorenzo es una persona maravillosa, admirable. Se ha deslomado buscándote a ti, weón, ha estado llorando día y noche por ti. ¿Y sabís por qué? Porque esa mujer, Sofía, se está aprovechando de ti.

 

Rafael, entre lágrimas, empieza a entender las palabras de Gonzalo y suelta a Lorenzo, quien se vuelve a arrodillar en el suelo para llorar.

 

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- Escucha, Rafael – continúa Gonzalo, más calmado, y poniendo ambas manos sobre los hombros del amnésico muchacho. – Tú no odiai a Lorenzo porque te hizo algo, sino porque Sofía te hizo creer que él es una mala persona, pero en el fondo sabís que no es así. El día después de que tú sufriste ese accidente y perdiste la memoria, Lorenzo estaba llorando así mismo como lo ves ahora. ¿Y sabís por qué? Pensó que ya no valía la pena buscarte, porque te creyó perdido o incluso muerto. ¿Y tú qué hiciste cuando se encontraron? Lo hiciste llorar a él, lo trataste pésimo. Pero él nació contigo. Él es tu hermano, entiende. Así es y así será para toda la vida, weón.

 

Gonzalo, con esto último, empuja a Rafael, a quien le empieza a hacer eco en su cabeza la palabra “vida” y empieza a recordar distintas cosas. Se le vienen a la mente imágenes de cuando él y Lorenzo eran niños, incluso desde los 4 años. Luego, se le viene a la mente un recuerdo de su cumpleaños Nº 20.

 

FLASHBACK – MAYO 2010

 

INT. CASA GARRIDO – DORMITORIO LORENZO – TARDE.

 

Luego de celebrar junto a sus padres su vigésimo cumpleaños, Lorenzo se encuentra al otro lado de la habitación, buscando algo en el cajón del velador. Finalmente, cuando lo encuentra, se acerca a Rafael, que está junto a la puerta. 

 

- Te quería dar esto ahora – dice Lorenzo, entregándole lo que encontró.

 

Se trata de una fotografía de ambos juntos. Rafael no parece muy sorprendido, pero Lorenzo le pide que dé vuelta la foto y ahí Rafael ve que tiene algo escrito a mano.

 

Para mi hermano Rafael, con mucho cariño de tu hermano y mejor amigo. Lorenzo.

 

Rafael se ve conmovido por el regalo.

 

- Lorenzo, esto…  – dice Rafael.

- Quiero que guardes esa foto contigo – dice Lorenzo – en caso de que alguna vez nos llegáramos a separar. Yo sé que peleamos a veces o no estamos siempre de acuerdo, pero cada una de esas palabras es cierta. Tú erís mi hermano y mi mejor amigo.

- Pero… Lorenzo, yo no tengo nada a cambio de… - de pronto, Rafael saca algo de su bolsillo, recordando que tiene algo y se lo pasa a Lorenzo. – Mira, esto me lo compré en el verano cuando fuimos a Reñaca, ¿te acordai? Pero… creo que tú lo vas a apreciar más que yo.

 

Lorenzo ve que se trata de una especie de medallón el que al abrirse, se puede apreciar un doble portarretratos pequeño.

 

- Quería guardar fotos de ambos, pero lo mejor es que tú lo tengai ahora – dice Rafael. 

- Rafael, esto es… demasiado lindo – dice Lorenzo, conmovido.

 

Ambos hermanos, conmovidos por el intercambio de especiales regalos, se abrazan cariñosamente. 
 
FIN DEL FLASHBACK
 

Rápidamente, Rafael se seca las lágrimas y corre hacia Lorenzo y le da una mano para ayudarlo a levantarse. 
 

- ¿Rafael? – dice Lorenzo, secándose las lágrimas y levantándose con la ayuda de su hermano. – ¿Qué pasa? Primero me pegai y ahora…

 

Rafael recoge la foto que rompió y al unir ambos pedazos lee lo que está escrito, resultando lo mismo que le regaló Lorenzo el día de su cumpleaños. 

 

- Esto lo escribiste tú… – dice Rafael, interrumpiéndose un rato – cuando cumplimos 20 años.

- ¿Rafael? – pregunta Lorenzo extrañado.

- Y yo… te di un medallón.

- ¿Qué? Rafael… tú – dice Lorenzo, sorprendido.

- Sí. Ya recuerdo todo, Lorenzo. Siempre estuvimos juntos, nunca nos separamos en ningún momento. Tú siempre me quisiste. Todo lo que decíai era verdad.

 

Rafael repentinamente rompe en un llanto desgarrador.

 

- Perdóname por favor, hermano – dice Rafael, llorando. – Perdóname por todo, por olvidarme de ti, por haber creído las mentiras de Sofía.

- No, hermano. No hay nada que perdonar – dice Lorenzo, quien comienza a llorar también. – Perdóname tú por haber faltado a ese veraneo. Si no hubiese aceptado ir al campamento…

- No, no hay nada que perdonar, hermano – dice Rafael, aun llorando. – Al fin me acordé de quién soy y de quién erís…  y lo más importante… me acabo de acordar que… te quiero mucho, hermano.

- Yo también, Rafa – responde Lorenzo, entre lágrimas.

 

Ambos hermanos se abrazan tiernamente entre lágrimas, mientras Gonzalo y Matilde miran conmovidos esta tierna escena.

 

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CONTINUARÁ...


Editado por Aníbal!, 04 junio 2018 - 18:01 hrs..








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