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75 años de Nuremberg: "La mejor manera de poner límites a la fuerza es con la fuerza del derecho"


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75 años de Nuremberg: "La mejor manera de poner límites a la fuerza es con la fuerza del derecho"

 

Cuatro jueces, uno por cada potencia aliada, y un fiscal jefe estadounidense. Ésa era la composición del tribunal que hace 75 años, procesó en la ciudad de Nuremberg a los jerarcas nazis que, como Adolf Hitler o Joseph Goebbels, no se suicidaron en los últimos días de la contienda para evitar el deshonor de la capitulación, ser fusilados o puestos en la horca por los enemigos. Pero no fue venganza lo que Francia, el Reino Unido, la Unión Soviética y Estados Unidos tenían reservado para los criminales nazis, sino justicia, con luz y taquígrafos.

 

 

Sin Nuremberg no hubiera sido posible juzgar por sus crímenes a criminales serbios, croatas o a genocidas ruandeses. No existirá esperanza en que los terroristas del Estado Islámico pagarán algún día por sus asesinatos, torturas y violaciones", destacó el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier en una sobria la ceremonia de conmemoración celebrada en la misma sala donde tuvieron lugar las vistas, la número 600 del laberíntico Palacio de Justicia. No hubo público debido al coronavirus, pero el ambiente estaba cargado.

 

 

Rusia y Estados Unidos, dos de las potencias que posibilitaron el proceso de Nuremberg y abrieron las puertas a la jurisprudencia universal no son parte del Tribunal Penal Internacional, como tampoco India o China", afirmó Steinmeier. En su discurso, breve pero denso, el presidente advirtió contra la perversión del derecho y su uso contra enemigos políticos, uno de los rasgos del autócrata. "La mejor manera de poner límites a la fuerza es con la fuerza del derecho", subrayó Steimeier, que como jefe del Estado alemán y como ciudadano, se comprometió a propagar y defender la jurisprudencia universal para crímenes de lesa humanidad.

 

Luego llegaron los mensajes por vídeo desde Londres, París, Moscú y Washington, es este caso por boca del secretario de Estado Mike Pompeo. No mencionó en ningún momento la Corte Penal Internacional, pactada en 2002. Recordó la "victoria heroica contra el nazismo" y denunció los crímenes contra la humanidad que todavía siguen cometiéndose en el mundo y que EEUU se ha comprometido a perseguir y castigar. Citó como único ejemplo la actuación del partido comunista chino en Shang Yang.

 

 

La idea de sentar en el banquillo a los responsables de los crímenes de la Segunda Guerra Mundial y de sus colaboracionistas partió, sorprendentemente, de Iosif Stalin, bajo cuyo régimen murieron en purgas, reclusión, hambre y sin juicio hasta 67 millones de personas, según el premio Nobel de Literatura, Aleksandr Solzhenitsyn. El líder soviético tuvo que emplearse a fondo para que Winston Churchill, por ejemplo, rechaza la idea de coronar la victoria sobre el Tercer Reich deteniendo al mayor número posible de nazis, someterlos a juicio sumarísimo, y fusilarlos a todos en seis horas.

 

La victoria en la guerra debía ir acompañada de una condena política, jurídica y moral del nazismo y su ideología mortal. La URSS la pidió porque es justa" la aspiración de los países escenario de crímenes de guerra de que los culpables fueran "públicamente castigados" y porque el pueblo soviético fue el que sufrió más durante la agresión hitleriana.

 

 

El marco legal para la celebración del mastodóntico proceso de Nuremberg se fijó en un tratado firmado en Londres por las potencias aliadas, un documento que sirvió como precedente al posterior estatuto del Tribunal Internacional de La Haya, sentó las bases del derecho internacional moderno y permitió el desarrollo de conceptos como el genocidio o crímenes contra la humanidad. Son crímenes que no prescriben.

 

Los juicios de Nuremberg comenzaron el 20 de noviembre de 1945 y concluyeron el 14 de abril de 1949. Se citaron a 24 altos responsables de la barbarie aún vivos, entre ellos el mariscal Hermann Göring y Joachim von Ribbentrop y Rudolf Hess, pero, al final, sólo pudieron ser procesados 21. El gerifalte nazi Robert Ley se suicidó antes de que empezara; Martin Bormann, cuyo paradero se desconocía, fue juzgado y condenado a muerte en ausencia, y el industrial Gustav Krupp no pudo ser juzgado por razones de salud.

 

A lo largo de las 218 sesiones que celebró el tribunal declararon 236 testigos, se examinaron 200.000 declaraciones juradas y 5.230 documentos, entre ellos material fílmico. Los originales están bajo la custodia del Tribunal de la Haya, pero el Museo del Holocausto de Washington puso a disposición en una página web este viernes copias digitalizadas.

 

 

https://www.elmundo.es/internacional/2020/11/20/5fb81ba621efa0172f8b45bf.html

 

 

 

 

 

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