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Aníbal!

CAPÍTULO 16 | "¿Dónde está mi hijo?"

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EXT. CONSULTA PSIQUIÁTRICA – CALLE – TARDE

Un grupo de personas se aglomera alrededor de Mónica (Marlene Favela), quien yace inconsciente en el asfalto.

-          Ya viene la ambulancia en camino – dice un joven.

-          ¿Qué pasó, señora? – pregunta un señor.

-          No sé, yo le estaba preguntando cómo llegar al Consultorio Miraflores y de repente, ¡pum! Se me desmaya – relata la señora, preocupada.

Mónica de pronto se despierta y se percata de la multitud de gente.

-          ¡Despertó! – dice la señora. – ¡Gracias, Diosito!

-          ¿Cómo está, señorita? – pregunta el primer joven.

-          Bien, bien – dice Mónica.

-          ¿Cuántos dedos tengo aquí? – dice una mujer, señalando cuatro dedos.

Mónica ignora a la mujer y se levanta. La gente intenta detenerla, pero Mónica comienza a caminar.

-          Más rara la cabra esa – dice la mujer.

-          No sé, a mí me pareció que estuviera enferma por lo pálida que estaba – dice la señora. – Pero parece que ya se mejoró porque mírenla como camina.

El grupo mira cómo Mónica sigue caminando.

EXT. COLEGIO – ENTRADA – TARDE.

Gabriel (Oliver Borner) no puede creer las palabras de Adrián (Aarón Díaz).

-          ¡No! ¡No! ¡Tú estai loco! – dice Gabriel.

-          ¡No estoy loco! Es la verdad – dice Adrián. - ¡Tú eres mi hijo!

-          ¡No! ¡No te atrevai a mentirme! ¡Es mentira!

Gabriel intenta huir de él, pero Adrián lo agarra fuerte del brazo.

-          ¡Suéltame! ¡Me estai haciendo daño! – dice Gabriel, tratando de zafarse.

-          ¿Acaso tu mamá no te mintió cuando dijo que yo era un desconocido? ¡No! Ella me conoce muy bien – dice Adrián.

-          ¡Suéltame o llamo a carabineros!

-          Pregúntale a tu mamá. Pregúntale por qué te dijo todo eso. Pregúntale por qué finge que no me conoce. Pregúntale a Cristina Osorio cómo fue que te engendramos.

Gabriel no puede creer todo lo que dice Adrián. Al oír decir el nombre de su madre, todo le hace sentido.

-          Gabriel, yo soy tu padre – dice Adrián. – Yo quiero conocerte, quiero saber cómo es tu vida, quiero saber… quién te ha hecho daño y por qué estabas llorando.

-          ¡No! ¡No! – dice Gabriel, logrando zafarse de Adrián.

-          ¡Gabriel!

-          ¡Déjame tranquilo! ¡No quiero que te volvai a acercar a mí!

Gabriel corre con todas sus fuerzas hasta su casa. Adrián lo mira preocupado.

INT. CASA RODRÍGUEZ – LIVING – ANOCHECER.

Gerardo tiene una botella de tequila, comenzando a servirse en un vaso. Eduardo entra a la casa y lo sorprende.

-          ¡Gerardo! ¿Dónde estuviste toda la tarde? – dice Eduardo.

-          Comprándome una botella – dice Gerardo, que en su voz se evidencia que está en estado de ebriedad. – Para celebrar… celebrar que mi padre me mintió toda mi vida.

-          Hijo, yo no sabía que Lourdes era hija mía hasta hace menos de dos meses cuando le hice ese examen de ADN. O sea, lo sabía, pero… necesitaba confirmarlo.

-          ¿Y por qué no me dijiste nada? ¿Por qué te quedaste callado? ¿No te dabas cuenta de que yo estaba enamorado de mi propia hermana?

-          Hijo, por favor. A ver, ¿cuántos shots de tequila te tomaste?

-          ¿Y a ti qué te importa? Estoy en mi casa, sufriendo porque no puedo tener a la mujer de mi vida… y no solo porque ella no me ama, sino que además somos hermanos.

-          Hijo, deja de beber y prepárate, debes ir a abrir el restobar.

-          ¡No! ¡Que se joda el restobar! ¡Que sepan que me lleva la chingada y hoy no voy a abrir!

Gerardo toma su botella y el vaso y deja el living.

-          ¡Hijo! ¿A dónde vas? – dice Eduardo.

-          A mi cuarto, ¿o eso está mal acaso? – dice Gerardo.

-          Bueno, pero pásame la…

Eduardo quiere que Gerardo le pase la botella, pero éste se niega. Eduardo ve preocupado cómo su hijo se va a su cuarto, tambaleándose por los efectos del alcohol.

INT. DEPTO DESCONOCIDO – DORMITORIO – TARDE.

José Miguel (Guido Vecchiola) se encuentra en Padre Las Casas. Entra a la habitación y se acerca a saludar a una persona que está acostada.

-          Hola – dice José Miguel, dándole un beso a dicha persona en la frente. – Perdona que haya llegado ahora, pero había ido de compras.

José Miguel se sienta al lado de la cama.

-          Yo sé que ahora no me puedes responder, pero me gustaría tanto saber qué piensas, qué sientes. Me gustaría decirte tantas cosas, pero no sé si ahora me estarás escuchando. Pero te juro por lo más sagrado que estoy haciendo todo lo posible para que vuelvas a estar conmigo – dice José Miguel. – Pero no te preocupes, estoy haciendo pagar al que te hizo esto.

La persona con la que está hablando se trata de nadie más ni nadie menos que Nicolás (Ricardo Vergara), su hijo, ahora de 28 años, que no está muerto, sino que está en coma y siendo cuidado por unas enfermeras contratadas por José Miguel.

INT. CASA MONTES – LIVING – ANOCHECER.

Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen) y Cristina (Antonia Santa María) se preocupan porque Gabriel no ha llegado.

-          ¿Tú crees que le haya pasado algo malo? – dice Cristina.

-          Tranquila, debe estar donde Felipe – dice Juan Ignacio.

-          No, si yo llamé a Felipe y dijo que no está ahí. ¿Y si le pasó algo?

-          Tranquila, si no le pasa nada. Gabriel se sabe cuidar. Confía en mí.

-          ¿Así como confié en ti cuando me juraste amor eterno en el altar?

Juan Ignacio se molesta ante el comentario de Cristina, cuando de pronto Gabriel llega.

-          ¡Angelito! ¿Dónde estabas? – pregunta Cristina.

Gabriel mira serio a sus padres, pero luego de fruncir los labios, pronto corre a su dormitorio. Ambos padres corren para seguirlo.

INT. CASA MONTES – DORMITORIO GABRIEL – ANOCHECER.

Gabriel está furioso, tira todas las cosas de su escritorio y golpea su cama con todas sus fuerzas con ambas manos. Rompe en un desgarrador llanto, apoyando su cabeza contra el colchón. Sus padres tocan la puerta preocupados, ya que la puerta de la pieza está con seguro.

-          ¡Gabriel! ¿Estás bien? Abre la puerta – dice Cristina.

-          ¡Hijo! Por favor, queremos saber si estás bien – dice Juan Ignacio.

Gabriel no responde. Juan Ignacio abre la puerta con ayuda de una llave. Al entrar, le pide a Cristina que espere afuera.

-          Hijo, ¿qué pasa? – dice Juan Ignacio, acercándose a él.

Gabriel se voltea a su padre y lo abraza, rompiendo en un desgarrador llanto.

-          ¿Qué pasa, hijo? – dice Juan Ignacio.

Gabriel sigue llorando. Juan Ignacio lo aparta para verlo a los ojos. Gabriel está lleno de lágrimas.

-          Papá, dime que es mentira – dice Gabriel. – Dime que es mentira que tú no erís mi papá.

Juan Ignacio se impacta al oír estas palabras. Cristina oye esto y no aguanta más y entra de golpe.

-          Pero, hijo, ¿de dónde sacaste esto? – dice Juan Ignacio.

Gabriel se percata de la presencia de su madre.

-          ¡Tú! ¿Por qué me mentiste? – dice Gabriel.

-          ¿De qué estás hablando, Gabriel? – pregunta Cristina.

-          ¡Me mentiste todo este tiempo! ¿Por qué no me dijiste que ese tipo era mi padre?

-          ¿Qué? Pero… ¿qué tipo?

-          ¡Tú sabes perfectamente de quién estoy hablando! ¡De Adrián!

Cristina se impacta al saber esto.

-          Hijo… déjame que te explique. ¡Adrián está loco! ¡Nunca pudo tener hijos! – dice Cristina.

-          ¿Así que ahora dices que lo conoces? – dice Gabriel. – Cuando me dijiste hace días que no lo conocías porque era un extraño que tenía malas intenciones.

-          Gabriel, déjame que te explique.

-          ¡No! ¡No quiero escuchar más mentiras tuyas!

Gabriel toma un bolso y toma algunas de sus cosas del closet.

-          ¡Gabriel! ¿A dónde vas, hijo? – pregunta Cristina.

-          ¡No te metai! – pregunta Gabriel. – ¡Lejos de ti!

-          ¡Gabriel Ignacio, soy tu madre y me debes respeto!

-          ¡No! ¡Yo no respeto a ninguna mentirosa!

Gabriel, habiendo tomado algunas cosas, cierra su bolso y se va.

-          ¡Gabriel! – dice Cristina, intentando detenerlo.

Gabriel se zafa de su madre y baja corriendo las escaleras. Cristina comienza a derramar lágrimas y Juan Ignacio intenta consolarla.

INT. CASA FERNÁNDEZ – LIVING – ANOCHECHER.

Lourdes (Maite Perroni) está sentada en el sofá, con ambas manos en la cabeza. Milagros (Victoria Ruffo) se acerca a ella.

-          Hija, perdóname – dice Milagros. – Yo en principio pensaba que Bernardo era tu padre, pero…

-          ¿Qué? – dice Lourdes, impactada. – O sea, ¿yo podría haber sido hija de mi jefe? ¿Por qué no me lo habías dicho?

-          Es que no estaba segura… además, te hizo un examen de ADN sin avisarme. Al menos sirvió para saber que no eres su hija. Hija, ¿podrás perdonarme?

-          Mamá, sé que pasó hace mucho tiempo, pero… ¿cómo es eso de que no recuerdas cuando lo hiciste con don Eduardo?

A Milagros se le viene un vago recuerdo a la cabeza.

FLASHBACK – 32 AÑOS ATRÁS

INT. HOTEL – HABITACIÓN 517– NOCHE

En una cama, un joven Eduardo (Christian Chávez) de 22 años, está claramente ebrio, pero besando con mucha pasión a la joven Milagros (Livia Brito), también ebria. Ambos están desnudos bajo las sábanas y frazadas. Milagros está encima de Eduardo y pronto ella comienza a gemir, al igual que Eduardo.

FIN FLASHBACK

-          Ya recuerdo, fue esa misma noche, pero… – dice Milagros, algo afligida, pero pronto recuerda. – Bernardo y yo solo nos quedamos dormidos, pero en un movimiento… yo me desperté. Luego, recuerdo haberme ido de su habitación y… me crucé con Eduardo, que también estaba en un viaje de negocios y… así fue como pasó todo. Y todo porque fue el mismo día, recordé que lo hice con Bernardo cuando en realidad lo hice con Eduardo.

-          Ya pasé por esto, mamá – dice Lourdes –, la diferencia es que yo sí recuerdo haberme acostado con Pablo.

Milagros se aflige mucho.

-          Perdóname, hija, por no haberte contado – dice Milagros. – Es que mis recuerdos eran muy borrosos y no podía, simplemente no podía recordar.

-          Tranquila, mamá – dice Lourdes, consolando a su madre. – ¿Sabes? Por una parte… ahora entiendo todo. Esto no me afecta porque… creo que de algún modo lo sabía. Por eso papá y yo no éramos tan cercanos, por eso quería tanto a Eduardo como si fuera un padre y… a Gerardo como si fuera mi hermano. Pero por otra… siento tanta pena por el pobre Gerardo.

Milagros y Lourdes se abrazan.

-          Solo prométeme que, si vuelve a haber un gran secreto y ya sea que esté involucrada o no, me lo contarás pronto, ¿vale? – dice Lourdes.

-          Sí, hija – dice Milagros. – Y qué bueno que estés tranquila, ya que una emoción así de fuerte no le haría bien a tu hijo. A mi nieto.

-          O nieta, mamá, bien puede ser niña – dice Lourdes.

Milagros y Lourdes se ríen, cuando repentinamente llega Mónica y corre al living, donde las ve a ambas.

-          ¡Mónica! – dice Lourdes, sorprendida.

-          Amiga, estábamos preocupadas porque no habías llegado de tu hora con el psiquiatra – dice Milagros. – Escucha, no sabes lo que nos pasó hoy.

Mónica no dice nada y rápidamente sube al segundo piso para ir a su dormitorio. Milagros y Lourdes la siguen.

INT. CASA FERNÁNDEZ – DORMITORIO MÓNICA – ANOCHECER.

Mónica entra rápido a su dormitorio y cierra la puerta. Busca en el clóset algo desesperadamente, hasta que encuentra una caja de zapatos. Abre la caja y ve el contenido con mucha determinación. En eso, Lourdes y Milagros llaman a su puerta. Mónica las ignora y sigue viendo el contenido de la caja de zapatos. Se trata de un revólver que consiguió hace unos meses atrás luego de su llegada a Chile, como último recurso para ir tras quien podría haberle robado a su hijo. Mónica lo guarda y se levanta para recibir a sus amigas y les abre la puerta.

-          Mónica, ¿qué sucede? – pregunta Milagros. – Te decíamos que pasó algo en el día de hoy mientras estabas con la psiquiatra. Pero… dinos, ¿cómo te fue?

-          Bien… solo… necesito estar sola, quiero descansar – dice Mónica.

-          Pero ¿lograste recordar algo? – pregunta Lourdes. – ¿Sirvió esa regresión?

-          ¿Saben qué? Si quieren mañana les cuento todo, pero me encuentro muy agotada. Quiero descansar un poco.

-          Pero… ¿no quieres saber lo que nos pasó hoy? Es que hay algo que nos gustaría… - dice Milagros.

-          Mañana con mucho gusto, pero ahorita mismo no. Realmente estoy agotada y quisiera dormir un poco.

-          Está bien – dice Milagros.

Mónica cierra la puerta de su dormitorio, dejando a Milagros y Lourdes extrañadas.

INT. DEPTO DANIEL – LIVING/COMEDOR – NOCHE.

Daniel (Jorge Arecheta) sale de su dormitorio. Se dispone a hacerse una cena post gimnasio, cuando de pronto alguien toca muy desesperadamente la puerta y el timbre.

-          ¡Ya! ¡Ya voy! ¿Quién toca a esta hora? – dice Daniel, molesto por la insistencia.

Daniel ve por la mirilla y se sorprende. Y abre la puerta.

-          ¡Gabriel! ¿Qué pasa? – dice Daniel.

-          ¡Tío! – dice Gabriel, muy afligido y rompiendo en llanto.

Gabriel se abalanza sobre su tío para abrazarlo. Daniel consuela a su sobrino acariciándole la cabeza. Luego ambos se apartan.

-          Gabo, ¿qué pasa, mi sobrinito lindo? – dice Daniel, preocupado.

-          Mi mamá – dice Gabriel. – Mi mamá me mintió.

-          ¿Qué? ¿Por qué te mintió tu mamá?

Gabriel no dice nada, volviendo a romper en llanto. Daniel lo abraza para consolarlo.

INT. CASA MONTES – DORMITORIO MATRIMONIAL – NOCHE.

Cristina está hecha un atado de nervios, ya que intentó comunicarse con su hijo y aún nada.

-          ¿No te contesta? – dice Juan Ignacio.

-          No, he llamado un millón de veces y nada – dice Cristina. – ¿Y si intentas tú?

Juan Ignacio intenta lo mismo, pero tampoco hubo suerte.

-          No. Me pasa lo mismo. Da el tono, pero me manda a buzón de voz – dice Juan Ignacio.

-          ¡Ay! ¿Qué voy a hacer? ¿Y si le pasó algo a mi angelito? – dice Cristina, comenzando a quebrarse en llanto.

-          Pero ¿cómo fue que se enteró que no era yo su papá? – dice Juan Ignacio.

-          ¡Adrián! ¡Él le contó! – dice Cristina enrabiada. – ¡En cuanto lo vea lo voy a matar!

-          Ya, tranquila, – dice Juan Ignacio. – Si Gabriel ya va a aparecer.

-          ¿Cómo quieres que esté tranquila? ¡No! ¡No va a aparecer! ¡Tengo un mal presentimiento porque soy su madre! ¡No entiendo cómo puedes estar tan tranquilo! Se nota que efectivamente no eres su padre biológico. ¡Nunca lo quisiste!

-          Puede ser que me haya casado porque ya estabas embarazada, pero yo a ese niño también lo amo, lo crie como si fuera mi propio hijo. Y para mí siempre será mi hijo.

Cristina mira a Juan Ignacio como si no le creyera, pero pronto recibe una llamada en su celular. Ella ilusionada mira la pantalla, pero se trata de Daniel.

-          ¡Daniel! ¿Qué quiere ahora? – dice Cristina, accediendo a contestar. – ¿Aló, hermano? Mira, no es que no quiera hablar contigo, pero ahora no es un buen momento.

INT. DEPTO DANIEL – DORMITORIO – NOCHE

Daniel habla por celular con su hermana. INICIA INTERCORTE.

-          Si, hermana, yo sé que no debe ser buen momento para ti, pero igual sé por qué no lo es – dice Daniel. – Debes estar muy preocupada por el Gabo.

-          ¿Cómo lo sabes? ¿Ha hablado contigo? – dice Cristina.

-          Sí, habló conmigo. De hecho, está aquí conmigo.

Cristina lanza un suspiro y le agradece a Dios.

-          ¿Puedo hablar con él? – pregunta Cristina.

-          Mira, hermana, yo no creo que sea el momento. Él está furioso contigo – dice Daniel. – No me ha querido decir por qué. Pero cualquier cosa te estaré informando. Creo que estar lejos de su casa un tiempo le hará bien.

INT. CASA MONTES – DORMITORIO MATRIMONIAL – NOCHE

Cristina continúa hablando con su hermano. FIN INTERCORTE.

-          Está bien, hermano. Yo entiendo. Sí, cualquier cosa me dices, es que estoy muy preocupada por él. Ya. Bueno, hermano, besitos, un abrazo enorme. Chao – dice Cristina, colgando el teléfono.

-          ¿Está con Daniel? – dice Juan Ignacio.

-          Sí, está con él. Uy, menos mal que quiere tanto a Daniel. Pero no me dejo de preocupar por él. ¿Y si lo voy a buscar?

-          No, déjalo. Yo creo que le hará bien estar lejos de aquí un tiempo, procesar esta noticia.

-          Lo mismo me dijo Daniel, pero no estoy más tranquila. ¡Ay, mi pobre angelito!

Juan Ignacio intenta contener a su esposa.

INT. DEPTO DANIEL – LIVING/COMEDOR – NOCHE

Daniel sale de su dormitorio y se sienta en la mesa al lado de su sobrino, quien esta frente a un plato de comida.

-          Ya hablé con tu mamá. Está muy preocupada. ¿De verdad no quieres volver a tu casa? Tus papás te echan de menos – dice Daniel, sentándose a la mesa y continuando con su plato de comida.

-          No, no quiero estar allá – dice Gabriel. – Me ha mentido.

-          ¿Ya me vas a decir por qué?

-          No, no quiero hablar del tema. Quiero olvidarlo.

-          Bueno, pero no hai comido nada. Come que se te va a enfriar.

-          No tengo hambre, tío, de verdad. Me duele la guata.

-          Igual entiendo que sea lo que te pasó, te debe estar afectando, pero igual tenís que comer. Si ya de por sí estai flaco, no podís seguir sin comer hasta desaparecer.

-          No tengo hambre, de verdad tío. Me duele mucho la guata.

Daniel se preocupa un poco. Acaricia la cabeza de su sobrino, quien apoya su cabeza sobre el hombro de su tío, quien lo abraza.

INT. CASA DESCONOCIDA – DORMITORIO – NOCHE.

José Miguel sigue con su hijo Nicolás.

-          Hijo, me gustaría tanto saber qué piensas – dice José Miguel. – Tú eres lo más importante para mí en la vida. No puedo creer que ya no te pueda ver caminando.

José Miguel deja deslizar una lágrima.

-          Me hubiese gustado estar ahí contigo cuando te sucedió esto. Los doctores me dijeron que podrían pasar semanas, meses e incluso años para que despiertes. Pero nunca pensé que la espera se me haría tan larga. Te juro que cada vez que veo a Daniel, me dan ganas de que sufra más de lo que está sufriendo ahora – dice José Miguel, con mucha rabia y lágrimas en los ojos, pero se tranquiliza y se las seca. – Pero lo tengo todo bajo control, hijo. No te preocupes porque me voy a asegurar de que Daniel siga sufriendo para que pague por lo que te hizo. Y esto es una promesa.

José Miguel mira con mucha determinación a su hijo.

EXT. RESTOBAR – ENTRADA – NOCHE.

Eduardo (Fernando Colunga) abre los candados de la reja del restobar, ya que Gerardo está indispuesto. Algunos garzones ya llegaron, pero pronto llega rápidamente Lourdes.

-          Don Eduardo, ¿no llegó Gerardo? Quiero hablar con él sobre lo que ocurrió esta tarde – dice Lourdes.

-          No, no está – dice Eduardo, ya quitando los candados. – Esto es muy duro para él, creo que mejor dejémoslo solo.

-          Estoy tan apenada por él – dice Lourdes. – Pobrecito. Enterarse así de que él y yo…

Lourdes llora, ya que el tema la ha puesto sensible. Eduardo sube la reja, abre las puertas y los garzones entran mientras él se acerca a consolar a Lourdes.

-          No, no llores, mi niña – dice Eduardo, abrazándola. – Gerardo te quiere mucho, por eso le afecta tanto el haberse enterado así de lo de ustedes. Y ya veo que todo esto te afecta también.

-          No es que me afecte, don Eduardo – dice Lourdes, apartándose y secándose las lágrimas. – De hecho, cuando lo supe pude entender tantas cosas. Entendí por qué para mí, yo a usted lo veía como a un padre, por qué para mí algo entre Gerardo y yo era imposible porque yo lo quería solo como a un hermano. Por esa razón no estoy enfadada ni con mamá ni con usted porque… de cierto modo, yo lo sabía. Y usted sabe que yo a usted lo quiero muchísimo.

Eduardo se conmueve y abraza a Lourdes. En eso, Yadira (Angelique Boyer) viene llegando, pero al no soportar a Lourdes, quiere evitar encontrarse con ella, por lo que se esconde en un rincón.

-          Yo también te quiero mucho, mi niña – dice Eduardo. –  Y no te preocupes por Gerardo, hay que darle todo el tiempo del mundo para que entienda que ustedes son hermanos y que, por eso, no estaban destinados a estar juntos.

Yadira oye todo esto.

-          Sí. Sé que no es fácil para él enterarse de esto. Y me siento mal porque él había aceptado hacerse pasar por el padre de mi hijo, pero… ¿qué se le va a hacer? A veces el destino y la suerte hacen malas jugadas – dice Lourdes.

-          Bueno, yo debo volver a casa y ver si Gerardo está bien. ¿Te quedas a cargo del restobar en lo que vuelvo? – pregunta Eduardo.

-          Sí, con mucho gusto, don Edu… digo… papá – dice Lourdes.

Eduardo y Lourdes se ríen y se abrazan. Luego, Lourdes entra al restobar y Eduardo se va del lugar. Yadira sale de su escondite y queda impactada por saber todo esto.

-          ¡Zorra maldita! ¿Así que eras hermana de mi Gerardo? ¡Y encima de todo siempre lo supiste! ¡Te odio! ¡Te odio! – dice Yadira, para sus adentros.

Yadira en vez de entrar al restobar, decide irse a otro lugar.

INT. CASA MATURANA – ENTRADA – NOCHE.

La casa de Anselmo (Julio Jung) es muy modesta, al ser una casa muy acogedora para alguien de su edad. Él abre la puerta ante las insistencias de quien toca. Se trata de Eliana (Gloria Münchmeyer).

-           Hola, Anselmo, sé que usted no me quiere ver ni en pintura, pero… ¿puedo pasar? – dice Eliana.

Anselmo, en efecto, sigue molesto con ella, aún después de un mes de ocurrido todo con Bartolomé, pero accede a dejarla pasar.

-          Yo no había venido antes a explicarle todo porque… obviamente sé que usted está enojado conmigo, pero… – comienza Eliana.

-          No, no estoy enojado con usted – interrumpe Anselmo. – Estoy decepcionado, que es distinto. Después de lo de la otra noche con su marido, nunca pensé que usted fuera capaz de tal atrocidad.

-          Primero que todo, es mi exmarido – corrige Eliana. – Segundo que todo, tuve mis razones para hacerlo. Me fue infiel y no quería que volviera a ver a mi hijo en su vida

-          Igual eso no lo justifica. Además, cuando nos estábamos conociendo, usted dijo que no quería nada conmigo por respeto a la memoria de su “difunto marido”.

-          Porque todo el mundo pensaba que yo era viuda. Y además eso se lo dije a usted porque… una que ya es vieja y ya estuvo en un matrimonio que no resultó, le agarra el miedo de que una relación nueva no resulte.

-          Igual me hubiese gustado que me hubiese dicho eso, no que me hubiese mentido.

-          Don Anselmo, por favor. ¿Cómo puede durarle tanto el enojo por algo que pasó hace un mes?

-          Decepción.

-          ¡Ya bueno, decepción! Pero si no estuviera tan arrepentida de lo que hice, no habría venido aquí y… sé que pasó un mes, pero… ay, ¿dónde me puedo sentar?

Anselmo le señala una silla al lado de la mesa del teléfono.

-          ¿Qué le pasa? – pregunta Anselmo, preocupado.

-          Es que… esa noche quedé muy mal luego de decirle la verdad a Bernardo. Pero yo estaba muy triste esa noche porque… no solo estaba muy mal por haber herido a mi hijo sino… por haberlo herido a usted – dice Eliana.

-          ¿En serio? – pregunta Anselmo, interesado.

-          Sí, don Anselmo. Esa noche… algo estuvo a punto de pasar entre nosotros hasta que Bartolomé llegó. En parte, eso es lo que me puso triste.

-          ¿Y por qué, oiga?

-          Anselmo, yo analicé todo esto durante este mes. Todo este tiempo había días donde lloraba porque… me di cuenta de que…

-          ¿De qué?

-          Anselmo, yo me enamoré de usted.

Anselmo se sorprende ante la confesión de Eliana.

-          Sí, Anselmo, estoy enamorada de usted. Usted es un hombre muy bueno. No se merecía esto que le hice – dice Eliana, empezando a emocionarse. – Ay, qué tonta. Usted va a pensar que yo lo hago para que no siga decepcionado de mí – Eliana comienza a levantarse de la silla y se dispone a irse. – Por favor, olvide lo que dijo esta vieja loca. Yo mejor me voy.

Eliana está por irse, pero Anselmo la retiene de un brazo.

-          No, Eliana, no se vaya – dice Anselmo, acercándola a él. – Sí, estuve decepcionado, pero no de usted en verdad… sino de mí, porque no me atreví a decirle esto durante el tiempo en que nos conocimos. Y es que… yo también estoy enamorado de usted. Ya no me importa no tener el trabajo en el colegio o cuánto tiempo de vida nos quede. La vida es una sola para vivirla y hay que aprovecharla. Y yo la aprovecho para decírselo, e incluso repetírselo: Eliana, yo a usted la quiero, y quiero pasar el resto de mi vida con alguien como usted.

Eliana se emociona. Anselmo no duda ni un segundo y le da un romántico beso en los labios a Eliana. El beso dura unos cuantos segundos. Ambos se apartan y se ríen. Eliana abraza a Anselmo, apoyando su cabeza sobre su pecho.

INT. CASA OSORIO – ESTUDIO – NOCHE.

Norma (Catalina Guerra) está hablando por celular con su hija, sentada en el escritorio.

-          ¿Qué? Pero… ¿cómo lo supo? – dice Norma. – A ver, hija, tranquila. Respira. ¿Está con Daniel? Dios mío, pero ese niñito qué tiene en la cabeza. Seguramente va a meter a sus amigos a la casa para hacer quizás qué cosas. Ya, hija, sí sé que Gabrielito lo quiere mucho. Ya, hija, déjame que termine aquí con algunas cosas y te voy a ver, ¿ya? Besitos, nos vemos.

Norma cuelga su celular y se dispone a irse a ver a su hija, pero pronto oye un griterío en la entrada de su casa.

-          ¿Quién estará gritando tanto? – pregunta Norma, extrañada.

Norma abre la puerta del estudio para escuchar quién grita.

INT. CASA OSORIO – PASILLO – NOCHE.

Quien grita es Yadira, quien llegó a ver a Bernardo (Bastián Bodenhöfer), al ser él uno de los inversionistas del bar.

-          Tranquila, niña, no grites, que no estamos en la feria – dice Bernardo.

-          ¿Cómo puede usted permitir que una zorra como esa vaya al restobar en el que usted invirtió y que, encima de todo, trabaja para usted? – dice Yadira, muy enojada.

-          Oye, de Lourdes no te atrevas a hablar mal.

-          ¿Lourdes? ¿Esa no es la hija de Milagros? – se pregunta Norma, y sigue oyendo.

-          ¿Y cómo quiere que hable de ella? – insiste Yadira. – Gerardo, el gerente, el hombre al que amo yo resulta ser su hermano y ella lo utiliza para mentir acerca de que él es el padre del hijo que espera y…

-          Ya, mujer. Mira, estás muy nerviosa. Te recomiendo que no vayas a trabajar hoy, te tomes un vaso de leche tibia y te vayas a acostar. Demasiado trabajo no te hace mal – dice Bernardo.

Bernardo cierra la puerta. Norma finge que no oyó nada y sale del estudio.

-          ¿Quién gritaba tanto? – pregunta Norma.

-          Nada, una niña que trabaja en el restobar sobre… ay, no tengo para qué darte ninguna explicación – dice Bernardo. – Voy a ir a buscar a mi mamá que anda donde don Anselmo.

Norma se extraña ante la actitud de Bernardo. Sin embargo, al ver que él se va de la casa, ella decide salir.

EXT. CASA OSORIO – ENTRADA – NOCHE.

Bernardo ya se fue en su auto. Norma aprovecha de que él se alejó lo suficiente para salir y alcanzar a Yadira.

-          ¡Hey! ¡Niña! – dice Norma, deteniéndola.

-          ¿Qué quiere, señora? Tengo prisa, debo ir a trabajar – dice Yadira.

-          No, espera, es que te escuché decir algo muy interesante. ¿Cómo es eso de que una tal Lourdes es hermana de un tal Gerardo?

-          ¿Y a usted qué le importa, señora? No es a usted a quien vine a ver.

-          Es que resulta que a Lourdes la conozco porque… es hija de… una mujer que se metió en mi matrimonio.

-          Con razón salió tan zorra. Sí… es que esa Lourdes se embarazó de algún tipo, quizás de ese chico de ojos azules con el que la vi el otro día, pero la muy zorra utilizó a Gerardo para que se hiciera pasar por el padre de la bebé y…

-          ¿Quién es Gerardo?

-          Gerardo, el gerente del restobar, hijo de Eduardo, el inversionista mexicano que trabaja en…

-          Sí, sí, lo conozco, es colega de mi marido.

-          ¿Se da cuenta cómo es esa gente? Y yo años luchando por él, cuando resulta que son…

-          ¡Tranquila! Mira, ¿tú estás dispuesta a hacer lo que sea por vengarte de ella?

-          Sí, lo que sea.

-          Bien, porque esto es lo que vas a hacer.

Norma intercambia una mirada de malicia con Yadira, quien está ansiosa por saber de qué plan le habla Norma.

CORTE DIRECTO A…

 INT. “AMOR A LA MEXICANA” – BARRA – ANOCHECER

Lourdes sale de la gerencia y se acerca a la barra para pedir un jugo.

-          Hola, Valentina – dice Lourdes, a una de las garzonas. – ¿Me sirves un jugo de mango?

-          Como no – dice la garzona, disponiéndose a servirlo.

-          Valentina, de casualidad, ¿no ha llegado don Eduardo? ¿O Gerardo?

-          Don Eduardo no ha llegado. Y Gerardo no ha venido en todo el rato.

Valentina se va a servir el jugo. En eso llega Yadira y se pone rápidamente un delantal.

-          Disculpa la tardanza, es que tuve una emergencia – dice Yadira. – ¿Hay algún pedido?

-          Sí, un jugo de mango para Lourdes. Lo estoy haciendo.

-          Deja, yo termino, tú atiendes al joven que llegó allá.

Valentina se va. Yadira, cerciorándose de que nadie la mire, al ponerle endulzante al jugo, aprovecha de tomar un medicamento que le pasó Norma. Lo muele y lo mezcla con el jugo. Yadira se acerca y le pasa el jugo.

-          Aquí tienes – dice Yadira.

-          Yadira, qué sorpresa que me hayas atendido tú, ¿y Valentina?

-          Fue atender a otro cliente, pero yo me hice cargo.

-          ¿Por qué precisamente tú me tienes que servir?

-          Ay, qué resentida. Es mi trabajo.

Lourdes mira con suspicacia a Yadira, pero empieza a beberse su jugo. Yadira mira cómo Lourdes se lo bebe, con algo de satisfacción, pero pronto disimula.

-          ¿Vas a querer algo más? – dice Yadira.

-          No, puedes irte – dice Lourdes.

Yadira se va y mira a Lourdes desde una distancia razonable.

INT. CASA OSORIO – ESCRITORIO – NOCHE

Norma termina con algunas administraciones de cuentas. Cierra su notebook y se dispone a irse de la casa para ir a ver a su hija, cuando oye algunos ruidos.

-          ¿Quién anda ahí? – pregunta Norma. – Bernardo, ¿eres tú?

Norma no oye nada. Recuerda que no hace mucho su marido salió, por lo que ella no lo escucha. Escucha unos pasos. Reconoce unos zapatos de taco en los pasos. Norma abre uno de los cajones del escritorio y saca un revólver. Está asustada, teniendo en cuenta que no hay nadie más en la casa aparte de ella.

-          ¿Quién anda ahí? – pregunta Norma, muy asustada y apuntando con su revolver.

El picaporte comienza a moverse.

-          ¡No entre! – dice Norma. – ¡O le juro que voy a disparar!

La puerta se abre y Norma se asombra al ver a la figura humana que abre la puerta.

-          ¡Tú! – dice Norma. - ¿Qué estás haciendo acá?

La figura resulta ser la de Mónica.

-          Qué bueno que la encuentro… patrona – dice Mónica, irónica. – Tenemos que hablar.

Norma está muy asustada al ver a Mónica tan decidida y amenazante.

-          ¿Qué estás haciendo acá? – dice Norma, amenazándola con su arma. – ¡Yo no tengo nada de qué hablar contigo! ¡Sal de aquí o te disparo!

Mónica se acerca con decisión y cierra la puerta de golpe.

-          ¡Te… te advierto que soy capaz de esto y mucho más! – dice Norma, asustada.

Mónica se encuentra con una mano hacia atrás y saca de su cartera su revólver.

-          ¡Baja el arma! – dice Mónica, amenazante.

Norma no cede ante la exigencia.

-          ¡Baja el arma! – dice Mónica, gritando.

Norma, asustada, decide ceder.

-          Ahora, tenemos que hablar – dice Mónica, un poco más tranquila. – Hace tanto que no hablábamos. ¿Por qué no me has preguntado qué fue de mi vida? ¿Cómo fue que logré terminar mi carrera de derecho, yo, siendo una empleaducha, como siempre me dijiste que era?

-          Mónica, ¿qué pretendes? – pregunta Norma, asustada.

-          Una empleaducha – Mónica la ignora. – Una empleaducha que se embarazó mientras trabajaba en esta casa. Una empleaducha que tuvo un romance con el actual esposo de tu hija. Una empleaducha que tuvo un hijo que convenía desaparecer, ¿o no?

-          No entiendo de qué estás hablando.

-          ¡Sabes perfectamente de qué estoy hablando!

Norma se encuentra asustada, ante el tono de voz que usa Mónica, ya que nunca la había visto así de desafiante.

-          ¿Dónde está mi hijo? – pregunta Mónica, muy desafiante y apuntando su arma contra Norma. – ¡Y exijo saberlo ahora!

Norma se impacta ante la exigencia de Mónica.

Edited by Aníbal!
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Woooow!! Que gran capitulo!! Nunca creí que Mónica se armara de tanto valor para enfrentarse al demonio de Norma! Y, se juntaron las víboras: Yadhira y Norma!! Pobre Lourdes; a saber que efectos tendrá la sustancia que le dieron a beber.

 

Como siempre, un capitulo impecable mi queridísimo Aníbal. Mis respetos!!

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En 22-05-2020 a las 16:09, Gasparin26 dijo:

Woooow!! Que gran capitulo!! Nunca creí que Mónica se armara de tanto valor para enfrentarse al demonio de Norma! Y, se juntaron las víboras: Yadhira y Norma!! Pobre Lourdes; a saber que efectos tendrá la sustancia que le dieron a beber.

 

Como siempre, un capitulo impecable mi queridísimo Aníbal. Mis respetos!!

Gracias, Gaspar...

Así es :pordios: Mónica se pudo armar de valor para enfrentar a Norma ahora que sabe que ella orquestó la desaparición de su hijo. 

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