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Aníbal!

CAPÍTULO 7 | La Confesión de Ricardo (PARTE II)

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INT. CASA MONTES – DORMITORIO GABRIEL/PASILLO – NOCHE.

Gabriel se encuentra jugando en su Nintendo Switch con Felipe (Francisco Godoy), a quien, como acordó con sus padres, invitó a pasar la noche en su casa.

-          Weón, no sabía que teníai la Nintendo Switch y mucho menos el Super Smash Bros Ultimate – dice Felipe, mientras juega. – Es la raja.

-          Mi papá me la regalo en Navidad – dice Gabriel. – Fue un regalo por mantener mis notas altas.

-          Ojalá mis papás me hicieran un regalo así. Pero bueno, no se puede tener todo en la vida.

Juan Ignacio pasa por el pasillo y mira cómo juega su hijo con su amigo. Luego, entra a la habitación.

-          Chicos, ya son las 10 de la noche – dice Juan Ignacio. – Hay que acostarse, miren que sus mamás que están abajo compartiendo me retan si no los mando a acostarse.

-          Por fa, papá – dice Gabriel. – Una partida más y nos vamos a acostar. Bueno, que sean dos partidas.

-          Bueno, pero terminen ésta y se ponen el pijama. Ahí siguen jugando, pero que sean dos partidas, ¿ya? Y se acuestan. Ah, y hazle la cama nido a tu amigo.

-          Sí, si ahora estamos terminando y nos ponemos el pijama – Gabriel juega un poco y termina la partida.

Juan Ignacio deja el dormitorio y junta la puerta, mientras Gabriel y Felipe empiezan a desvestirse para ponerse el pijama. Juan Ignacio pronto recuerda algo que le debe decir a su hijo, pero al abrir la puerta, se fija en un detalle. Ambos adolescentes se quitaron las poleras y se quitan los pantalones, quedando en ropa interior. Sin embargo, Juan Ignacio se fija en que Felipe tiene una mancha de nacimiento en la espalda, en la zona de su hombro derecho. Juan Ignacio se toca su hombro derecho por la parte de la espalda, recordando que tiene una mancha similar en esa zona. A Juan Ignacio se le ocurre una teoría, pero pronto se pregunta si acaso esa teoría es cierta. Gabriel, quien se puso ya el pantalón de pijama, se da cuenta de la presencia de su padre.

-          Papá, ¿qué pasa? – dice Gabriel, mientras Felipe se da vuelta para verlo.

-          No, nada – dice Juan Ignacio, improvisando, cuando de pronto recuerda lo que iba a decirles. – Ah, sí, les iba a decir algo. Recuerden tirar bien la cadena de la taza del baño si acaso se les ocurre ir. No he arreglado ese problema, pero ya lo voy a hacer. Me tengo que acordar.

Gabriel y Felipe asienten. Se terminan de poner los pijamas, mientras Juan Ignacio cierra la puerta detrás de él.

INT. CASA FERNÁNDEZ – DORMITORIO MÓNICA – NOCHE

Mónica se encuentra acostada en su cama, leyendo un libro. De pronto, le suena su celular y ella lo responde.

-          ¿Aló? – dice Mónica. – ¿Juan Ignacio?

 INT. CASA MONTES – DORMITORIO PRINCIPAL – AL MISMO TIEMPO.

Juan Ignacio habla por su celular con Mónica. Ocurre un INTERCORTE.

-          Sí, Mónica, soy yo – dice Juan Ignacio. – Necesitaba hablar contigo.

-          Pero, Juan Ignacio – dice Mónica. – No podemos hablar. Tu esposa se puede enterar y… no quiero más problemas como los de ayer.

-          Tranquila – dice Juan Ignacio, confiado. – Cristina está en el living compartiendo un rato con la mamá de Felipe, el amigo de Gabriel. Escucha, tengo que hablar de algo contigo.

-          ¿Y de qué sería?

-          Este amigo de mi hijo se quedó a dormir acá. Y me di cuenta de algo: cuando se desvistieron para ponerse el pijama, me fijé en la espalda de Felipe. Tiene una mancha en la zona del hombro derecho. Es una mancha de nacimiento, similar a la que tengo en esa zona.

Mónica se sorprende al oír eso.

-          Mónica, ¿te acuerdas si tu hijo tenía una mancha de nacimiento? – pregunta Juan Ignacio.

-          Tú sabes que no recuerdo nada, Juan Ignacio. De todas maneras, eso no ayuda. No todas las marcas de nacimiento son hereditarias. Y para confirmarlo, necesitaría recordarlo, pero… ya sabes, no recuerdo nada – dice Mónica.

Juan Ignacio se pone un poco triste.

-          Bueno, no te preocupes – dice Juan Ignacio. – En todo caso, necesitaba que lo supieras.

-          Hiciste bien en decirme, pero no vuelvas a llamarme – dice Mónica. – No quiero tener problemas con tu celosa mujer.

-          Bueno, Mónica – dice Juan Ignacio. – Que tengas buenas noches.

-          Gracias, igualmente, Juan Ignacio – dice Mónica, sonriendo.

FIN INTERCORTE. Juan Ignacio cuelga el teléfono. Queda pensando en la situación.

EXT. DEPTO RICARDO – PASILLO – NOCHE.

Tras haber pasado la tarde en casa de su hermano, Ricardo se va a su departamento. Ve a Daniel abrir la puerta y pronto corre hacia él.

-          Daniel – dice Ricardo, corriendo hacia él.

Daniel lo intenta ignorar, cerrando la puerta, pero Ricardo lo detiene.

-          Daniel, necesito que hablemos – dice Ricardo, reteniendo la puerta.

-          Disculpe, vecino, pero me voy a acostar – dice Daniel.

-          No, por fa, Daniel.

Daniel, hastiado, accede a no cerrar la puerta.

-          Escucha, Daniel, te quiero pedir perdón por la forma en que te traté en la mañana – dice Ricardo. – No estuvo bien, pero ahora lo pensé bien. Tenías razón en lo que dijiste. Yo soy gay, igual que tú. Lo soy desde que éramos compañeros.

-          Ah, qué bueno, vecino – dice Daniel. – Pero ¿sabe? No me interesa – Daniel quiere cerrar la puerta.

-          Ya po, Daniel, no seai orgulloso – Ricardo lo detiene de cerrar la puerta. – Mira, si te dije eso, fue por miedo. Puro miedo a hacerte daño.

-          Pues ya lo hiciste – dice Daniel. – ¿Cómo creís que me sentí yo cuando me dijiste que todo lo que pasó entre nosotros fue un pendejo error? Y yo como un tonto te dije que me gustabas en serio.

-          ¿Y te digo la verdad? Creo que tú me gustai también, pero… todavía no sé. Pero ¿en serio te gustaba… o sea, te gusto?

-          Tú lo dijiste: me GUSTABAS, en pasado. Ahora ya no. Ahora, ¿te podís ir? Me quiero ir a dormir.

Daniel cierra la puerta de su departamento. Ricardo se pasa la mano en la cara y exhala un suspiro.

INT. DEPTO RICARDO – LIVING/COMEDOR – NOCHE

Ricardo entra a su departamento. Cierra la puerta detrás de él y se apoya en su cara. Ricardo comienza a llorar. Pronto, se seca las lágrimas cuando de repente la luz se enciende. Es Amanda.

-          ¡Amanda! – se asusta Ricardo. – ¿Cómo cresta entraste?

Amanda le muestra unas llaves.

-          Erís tan pavo que se te olvidó que me pasaste unas copias de tu llave, “ante cualquier emergencia” – dice Amanda, enojada.

-          Sí, verdad. Pásamelas porfa – dice Ricardo.

Amanda se acerca a él y se las quiere pasar, pero pronto desiste.

-          Primero dime que es mentira – dice Amanda, apartándole las llaves. – Dime que es mentira que querís terminar conmigo. Dime que no es cierto que lo nuestro era una mentira.

-          Amanda… tú sabes perfectamente que es así – dice Ricardo. – Sabes perfectamente que soy gay y que tú eres mi mejor amiga de la universidad.

-          Tú estás confundido, Ricardo. No eres gay. Si lo fueras, no hubieses estado conmigo por más de nueve años. ¡9 años, Ricardo!

INICIO FLASHBACK – SEPTIEMBRE 2009 (10 AÑOS ATRÁS)

INT. CASA CIFUENTES – COMEDOR – TARDE.

La casa es pura celebración, por el 18 de septiembre. La casa está adornada y el comedor está con empanadas y anticuchos. Los padres de Ricardo y Pablo están celebrando además que el primero tenga una supuesta novia, quien es una Amanda más joven.

-          ¿Quién diría que mi hijo por fin tiene una polola mujer? – dice Patricio. – Nunca le conocí una polola y ya empezaba a pensar mal.

-          Papá, por fa – dice Ricardo.

-          Bueno, lo importante es que mi hijo por fin sentó cabeza y le pidió pololeo a su amiga. Tiene mi aprobación – dice Patricio, quien luego se acerca a su hijo y le susurra al oído. – Y puedes venir cuando quieras.

Ricardo se sonríe. Amanda se acerca a él para hablar en secreto.

-          ¿Y? ¿Se convenció tu papá? – pregunta Amanda.

-          Sí – dice Ricardo. – Pero igual me da lata esto de llevar una doble vida.

-          No po, si no vai a llevar una doble vida. Si es durante tus visitas que voy a estar aquí contigo para que se convenza. Ya cuando te vayai, podís hacer lo que querai con tu pololo.

-          Igual me siento mal por usarte de pantalla.

-          ¿Qué pantalla? Si estoy complacida de ayudarte. Es un favor a mi mejor amigo gay.

Ricardo se vuelve a acercar a sus padres, mientras Pablo lo mira desconcertado.

EXT. PLAZA DE ARMAS – FUENTE – TARDE. DÍA SIGUIENTE

Al día siguiente, Ricardo se encuentra con Andrés.

-          ¿Cómo mierda me hacis esto, weón? – dice Andrés, entre lágrimas y desconcertado. – ¿Ya no me amai?

-          Amor, yo te amo, pero es necesario – dice Ricardo. – Esto lo hice pa’ tener a donde ir cuando venga de visita.

-          ¿Y mi casa, weón? Si no era la tuya, sería la mía – dice Andrés, llorando. – Mis papás ya saben de lo nuestro y te querían conocer. Ellos lo aceptaron mejor que tus viejos.

-          Andy, mi amor – dice Ricardo. – Yo no soportaría que mi papá me mire con odio. Entiéndeme.

-          ¡No! ¡No te entiendo! ¿Y sabís que más? Me aburriste, weón. ¡Lo nuestro se acabó!

-          Andy, mi amor, no te vayai, te amo – dice Ricardo, afligido, tratando de besarlo.

Ricardo lo besa, pero Andrés lo empuja y le da una cachetada y se aleja, dejando a Ricardo entre lágrimas.

NOVIEMBRE 2014 (5 AÑOS DESPUÉS)

EXT. CEMENTERIO PARQUE DEL RECUERDO – ENTRADA – TARDE.

Ricardo y Pablo se van abrazados tras haber enterrado a sus padres, quienes murieron en un accidente. Amanda se acerca a él y lo abraza. De pronto, ven a Andrés salir con un hombre de una de las casas al frente del cementerio. Andrés besa en los labios a ese hombre. Ricardo queda desconcertado al ver que su expareja ahora tiene a otro hombre en su vida.

INT. CASA CIFUENTES – DORMITORIO RICARDO – TARDE.

Ricardo se encuentra con Amanda. Ricardo está llorando tras ver a Andrés con una nueva pareja.

-          ¿Por qué me hizo esto? – dice Ricardo, desconsolado. – Me dijo que no iba a amar a otro hombre que no fuera yo, pero me entero que tiene otra pareja.

Ricardo llora y Amanda lo consuela.

-          No llorís – dice Amanda. – Mira, a lo mejor era hora de que él diera vuelta la hoja y tú también.

-          Pero no voy a amar a otro hombre como lo amé a él – dice Ricardo, con muchas lágrimas en su rostro.

-          ¿Y si pruebas con alguien que no sea un hombre? – dice Amanda.

Amanda mira a Ricardo a sus ojos azules, que están rojos de tanto llorar.

-          Siempre te encontré tan mino y me lamentaba que fuerai gay – dice Amanda.

Amanda besa a Ricardo en los labios, pero él la aparta.

-          ¡Amanda! ¿Qué te pasa? Tú sabís que soy gay – dice Ricardo. – No me gustan las mujeres.

-          Pero… pucha, estai solito, destrozado – dice Amanda. – Mírate. Perdiste a tus papás, al amor de tu vida. ¿Qué más vai a perder? Algún día te vai a ir a vivir solo, tu hermano se va a casar y no vai a tener a nadie. ¿Por qué no a mí?

Ricardo abraza a Amanda, destrozado entre lágrimas.

-          Tranquilito – dice Amanda. – Eso, llora. Bota todo.

Amanda lo abraza y sonríe con malicia.

FIN FLASHBACK

-          No fueron nueve años, Amanda, fueron cuatro – dice Ricardo, enojado. – De esos 9 años que dices, cinco eran donde fuiste mi pantalla y los otros cuatro eran después de que me dejara convencer por ti.

-          Pero harto disfrutaste esos años – dice Amanda, también enojada. – Me besabas en la boca, me tomabas de la mano, me hacías regalos.

-          Si quieres que te sea sincero, sentí rechazo. Todo eso era una mentira, Amanda. Estai completamente loca. Yo lo único que quería era tratar de olvidarme de que era gay porque después de terminar con el Andy, pensaba que me traería puros problemas. Traté de enamorarme de ti y no pude. Me daba asco pensar en llevarte la cama, nunca se me paró contigo. Yo no te amaba, Amanda. Entiéndelo. Nunca te amé.

-          Pero yo a ti sí, Ricardo. Te contaba mis cosas también, y tú las mías. Ningún hombre me miraba, eras el único amigo hombre que tenía a mi alrededor.

-          ¿Y porque me tenías confianza o ningún hombre te miraba, o yo era el único amigo hombre, significa que me amabas? Amanda, esto es serio. Lo tuyo es dependencia emocional. Es una enfermedad.

Amanda queda desconcertada con lo que le dice Ricardo.

-          Amanda, anoche yo andaba enfermo de curado y le dije cosas a Daniel que hace tiempo no le decía a alguien – dice Ricardo. – Él y yo… hicimos el amor… o tuvimos sexo, no sé, pero… lo disfruté. No me dio asco ni nada. Sé que no me acuerdo mucho, pero… me excité. Amé ese momento.

Amanda se impacta ante esto.

-          ¿Viste? ¡Yo sabía! ¡Yo sabía que ese weón te iba a convertir! – dice Amanda, golpeándolo en el pecho como niña chica.

-          Amanda – dice Ricardo, reteniéndola. – Daniel no me convirtió. Yo soy gay. Lo sabís perfectamente. Entiéndelo. Convéncete de que esto es una farsa. Además, acuérdate que yo no quería usarte de pantalla ni a ti ni a nadie, pero fuiste tú a la que se le ocurrió hacerlo.

Amanda lanza una risotada

-          Amanda – dice Ricardo. – Por fa. Olvídate de mí. No es sano que quieras que sigamos como pareja porque no lo somos. Esto es una mentira. Acéptalo. Ya vai a encontrar a un hombre que te ame de verdad, no a alguien que te use de pantalla.

Amanda aparta la mirada y se queda callada, como pensando algo.

-          No, Ricardo – dice Amanda, por fin. – Yo no lo acepto. No es una farsa porque yo te amo. Te amo, Ricardo. Y no quiero encontrar a otro hombre que no seai tú.

Amanda intenta besarlo, pero Ricardo la aparta. Amanda tira al suelo las llaves de la casa de Ricardo y se dispone a irse.

-          ¡Ah! Y si crees que ese weón del Daniel es mejor que yo, te equivocas – dice Amanda. – ¡Yo te voy a demostrar que ese weón no te ama como yo!

Amanda se va enojada y azota la puerta. Ricardo la mira desconcertado.

INT. CASA MONTES – PASILLO – MEDIODÍA. DOS DÍAS DESPUÉS…

Ya es lunes. Cristina se dispone a irse al colegio de Gabriel para hablar con los directivos, cuando abre la puerta. Alguien se encuentra frente a la puerta y Cristina lo mira con odio.

-          ¿Qué estás haciendo acá? – dice Cristina, enojada. – Te dije que no te quería volver a ver nunca más. ¡Ándate de mi casa!

La persona que está ahí es Adrián.

-          Ya no puedes seguir huyendo de mí, Cristina – dice Adrián. – No puedes huir de tu pasado.

-          No tengo tiempo para weás, sal de aquí – dice Cristina.

-          ¿Hasta cuándo vas a negarte a la realidad? ¿Hasta cuándo?

-          ¿De qué realidad me estás hablando, Adrián? ¡Por favor!

-          Tu hijo lleva el apellido de alguien que no lo merece.

-          Es mi hijo. Yo lo crié.

-          Pero ¿qué va a pensar cuando sepa toda la verdad?

-          ¿De qué verdad me estás hablando?

-          Sabes perfectamente de qué verdad estoy hablando.

Cristina se impacta.

-          ¡Sabes perfectamente que el padre de tu hijo soy yo! – dice Adrián.

Cristina queda atónita ante esto

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