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Aníbal!

CAPÍTULO 3 | "Encuentro con el pasado"

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1.      INT. CASA RODRÍGUEZ – RECIBIDOR – ATARDECER

Gerardo (Alfonso Herrera), habiendo oído el timbre, baja rápidamente. Se encuentra con el cabello mojado y sin nada de ropa puesta. Solamente una toalla atada a la cintura. Gerardo abre y se sorprende al ver a Yadira (Angelique Boyer).

-          Yadira, ¿qué haces aquí? – pregunta extrañado Gerardo. – Deberías estar ya en el resto-bar.

-          Sé que debería estar allá, pero… me preocupé porque supe que habían entrado a robar y… no pude esperar para verte – dice Yadira, contenta de ver a Gerardo.

-          Bueno, solamente robaron unos cuantos pesos, pero nada de qué preocuparse. Pero, por favor, ¿podrías irte? ¿No ves que estoy encuerado?

-          Pero a mí me gusta verte así, encueradito – Yadira pronto hace un movimiento que hace que a Gerardo se le caiga su toalla, quedando completamente desnudo.

-          Pero, ¿qué haces, Yadira, te volviste loca? – Gerardo reacciona, recogiendo la toalla y tapándose sus zonas íntimas.

-          Sí, me volví loca – Yadira sólo se pierde en la mirada de Gerardo. – Loca de amor.

Yadira pronto pone ambas manos en el rostro de Gerardo para besarlo. Gerardo, sin saber qué hacer, sólo se deja llevar por el momento, se cae la toalla y empieza a besar a Yadira.

EXT. PENSIÓN – INT/EXT AUTOMÓVIL – ATARDECER.

Todo lo anterior fue sólo producto de la imaginación de Yadira, quien pronto despabila ante los llamados de Amanda (Josefina Fiebelkorn).

-          Yadira, ¡hey! – Amanda trata de llamar la atención de Yadira desde hace rato.

Yadira pronto reacciona ante los llamados de Amanda.

-          ¡Ay! ¡Qué mensa! Perdona, Amanda, no sabía en qué estaba pensando – responde pronto Yadira.

-          ¡Frescolina! Qué te apuesto a que estabas pensando en el guachón de tu pololo o en Gerardo – Amanda pronto adivina por qué Yadira estaba tan perdida en sus pensamientos.

-          No, no. ¿Cómo crees? Por supuesto que estaba pensando en Adrián – miente Yadira.

-          ¡Sóplame este ojo, amiga! – Amanda hace el gesto típico de aquel dicho. – ¿Y la conversación que tuvimos esta tarde?

-          ¡Ay, ya! No seas tan metiche – protesta Yadira. – No tengo por qué darte explicaciones. Y ya mejor nos apuramos para no llegar tarde al resto-bar, mira que estoy bastante retrasada.

Yadira pronto sale del auto, al igual que Amanda.

-          ¡Uy! Amiga, verdad que tengo que ir a comprar algo. Espérame y te voy a dejar altiro – Amanda pronto va a un negocio cerca de ahí.

-          Bueno, pero apresúrate, ¿eh? – grita Yadira.

Yadira está por abrir el portón de la pensión, cuando de pronto unas manos masculinas tapan sus ojos.

-          ¿Sabes quién es? – dice el hombre, fingiendo una voz muy grave.

Yadira, asustada, pronto quita las manos y ve que se trata de Adrián (Aarón Díaz), su novio.

-          ¡Adrián! ¡Pero qué tarugo! ¡Me asustaste! – protesta Yadira, pero pronto besa a Adrián en los labios para saludarlo.

-          No podía esperar para verte – Adrián corresponde al saludo de su novia.

-          Bueno, pero ya me estoy por ir al restobar. Amanda me va a dejar. Y tú deberías haber llegado allá.

-          De hecho, ya estaba allá, pero pensé en venir a buscarte, como Gerardo estaba muy preocupado por ti porque no llegabas.

-          Para que veas que no me pasó nada. ¡Listo, me viste! ¡Ahora vete!

-          ¡Oye, no seas ingrata! Después te la pasas diciendo que no soy atento contigo.

-          Ya, perdona, amor. Tú ve tranquilo al restobar y yo luego te alcanzo, ¿te parece?

Adrián se va. Yadira lo mira yéndose, pensando en la fantasía que tuvo con Gerardo.

2.      INT. CASA CIFUENTES – DORMITORIO JAVIERA – NOCHE.

Ya es bastante de noche y Mónica se encuentra echada sobre su cama y leyendo un libro, con la lámpara de su velador encendida. Pronto, Mónica voltea la página y de su libro cae algo que ella había usado como marca libros para cesar pronto su lectura. Mónica lo recoge del suelo y ve que la foto es de Juan Ignacio. Pronto, a Mónica se le vienen a la mente recuerdos de hace 17 años años.

INICIA SERIE FLASHBACKS – AÑO 2002 - 17 AÑOS ATRÁS

INT. CASA OSORIO – PASILLO – DÍA.

Mónica, de unos 25 años, se encuentra en la casa de Bernardo, barriendo el piso. Por la puerta principal entran con llave Bernardo, Cristina y Juan Ignacio.

-          Hola, Mónica – saluda Bernardo. – ¿Cómo va todo?

-          Todo en orden, patrón – dice Mónica.

-          Ah, te quería presentar al pololo de mi hija – Bernardo presenta a Juan Ignacio. – Él es Juan Ignacio. Trabaja en mi empresa.

Juan Ignacio mira a Mónica con una sonrisa. Mónica, en tanto, lo mira con una expresión perdida.

-          Dime que no lo encuentras guapo, porque él es todo un sueño – dice Cristina, abrazando a su novio y luego besándolo.

Mónica no niega para sus adentros que Juan Ignacio es guapo. Se siente algo atraída a él. Sin embargo, finge ignorar la situación, ya que sabe que él no es para ella al estar ya con su novia.

EXT. CERRO ÑIELOL – MIRADOR – DÍA.

Días después, Mónica se encuentra caminando junto a Juan Ignacio, deteniéndose en el mirador del Cerro Ñielol, donde ven la vista de la ciudad.

-          Se ve hermosísimo – dice Mónica.

-          ¿Viste? Yo te dije que valía la pena venir hasta acá – dice Juan Ignacio.

-          Espero que Cristina no sepa que usted está conmigo y vaya a pensar mal.

-          A ver, ¿en qué quedamos? En que ahora me ibas a tutear. Y además ya me encargué de eso. Acuérdate que ellos fueron a Caburgua a pasear con la señora Eliana, que la operaron de su rodilla. Y yo les dije que me tenía que quedar por asuntos familiares.

-          Sí, pero es que me da pena…

-          Nada de pena, mujer. Además, yo mismo te hice la invitación para que conocieras las maravillas de este lugar.

Mónica solo se queda callada, admirando el paisaje.

-          Dime que no es hermoso – dice Juan Ignacio.

-          Es bellísimo – dice Mónica.

Ambos están uno al lado del otro, admirando la belleza del panorama. De pronto, Juan Ignacio acerca su mano a la de Mónica y la toma. Mónica no niega que siente que su corazón se acelera con esto. Sin embargo, ella pronto aparta su mano.

INT. DEPTO. JUAN IGNACIO – DORMITORIO JUAN IGNACIO – NOCHE.

Algunos meses más tarde, Juan Ignacio y Mónica están de pie, a un lado de la cama, teniendo una noche de pasión. Juan Ignacio solo lleva pantalones y Mónica lleva un vestido.

-          No sabía que podía amar de esta manera – dice Mónica.

-          Y yo no sabía que la mujer de mi vida podría ser mexicana – dice Juan Ignacio.

Ambos se besan apasionadamente. Juan Ignacio está detrás de Mónica besándole el cuello y pronto le desabrocha el vestido a Mónica. El vestido cae lentamente, dejando a Mónica totalmente descubierta de torso. Juan Ignacio la toma, la besa apasionadamente en los labios y se la lleva a la cama.

EXT. DEPTO. JUAN IGNACIO – CALLE – TARDE.

Meses después, Juan Ignacio y Mónica están discutiendo por cosas sucedidas en su relación.

-          ¿Cómo está eso de que te vas a casar con Cristina? – pregunta Mónica.

-          Eso… que me voy a casar con ella – dice Juan Ignacio.

-          Pero… creí que me amabas y que lo dejarías todo por mí.

Juan Ignacio no dice nada.

-          Y yo que creí que todo lo que vivimos era de verdad – dice Mónica, decepcionada. – Eres un mentiroso.

-          ¿Y qué me dices de ti? Estás embarazada de ese hombre al que acababas de conocer hace poco. ¿Por qué estabas conmigo si después ibas a estar con él?

-          Pues… - Mónica titubea – Por la misma razón por la que estás con Cristina y te quieres casar con ella habiendo estado conmigo.

-          Bueno… quizás no era suficiente para mí – dice Juan Ignacio. – Quizás necesito a alguien que esté a mi altura y no a una simple empleada.

Mónica se impacta al oír estas palabras.

-          Bueno… pues ya no quiero nada contigo, ¿oíste? – dice Mónica. – No quiero volver a verte en toda mi vida.

-          Perfecto – dice Juan Ignacio. – Entonces para mí eres simplemente la empleada de mi prometida.

Juan Ignacio entra de nuevo al edificio. Mónica en tanto comienza a llorar y acaricia su vientre.

FIN SERIE DE FLASHBACKS

Mónica sigue mirando la foto que tiene con Juan Ignacio. Se le desliza una lágrima por la mejilla y lanza un suspiro, recordando lo que vivió con el hombre que ella alguna vez amó y que ella se propuso olvidar, cosa que no es del todo cierta.

INT. GIMNASIO – CAMARINES/DUCHAS HOMBRES – NOCHE

Daniel (Jorge Arecheta) se ata la toalla a la cintura tras haberse bañado luego de su rutina de ejercicios en el gimnasio. Al salir de las duchas entra a los camarines y se topa con Ricardo (Matías Assler), quien tampoco lleva nada más que una toalla atada a la cintura y unas sandalias, dispuesto a ducharse.

-          ¡Ricardo! ¿Qué estai haciendo acá? – pregunta Daniel, sonriéndose, de pronto se queda admirando los marcados pectorales de Ricardo.

-          ¿Cómo que qué hago aquí, weón? Lo que todo el mundo viene a hacer al gimnasio – dice Ricardo, entre risas. – ¿No me viste?

-          No, es que… o sea, sí, me pareció verte, pero no cachaba si erai tú o no. Es que no sabía que ibas al mismo gimnasio que yo – dice Daniel

-          No, es que… lo que pasa es que me inscribí recién como vengo llegando de Santiago. Me inscribí acá porque me dijeron que este gym es la raja.

-          Sí po, los profes super buenos, el ambiente es súper bueno.

-          ¿Y no le hai echado el ojo a algún profe? Igual tienen buena pinta – dice Ricardo, molestando a su amigo.

-          No, ¿tai loco? Son todos heteros.

-          ¿Y cómo sabís? ¿No que ustedes tenían el famoso “gaydar”?

-          Sí, por eso. El gaydar nunca me falla. Aquí no ese me activó.

Ricardo y Daniel se ríen y quedan unos segundos en silencio. Luego, Ricardo reacciona.

-          Bueno, compadre, me voy a duchar. ¿Te viniste caminando? Porque nos podemos ir juntos – dice Ricardo.

-          Ya po, piola – dice Daniel, sonriendo. – Me visto y te espero afuera.

Ricardo se encamina a las duchas. Daniel no deja de mirar la contorneada espalda de Ricardo hasta que él se va. Daniel pronto siente curiosidad y entra por la puerta de las duchas, aprovechando que no hay nadie más que ellos. Asoma su cabeza por la puerta. Ricardo queda justo a espaldas de Daniel y se quita la toalla. A Daniel se le dibuja una cara de satisfacción al mirar el cuerpo de Ricardo completamente desnudo por atrás. Ricardo sin percatarse entra a las duchas y echa a correr el agua.

Daniel contempla su escultural cuerpo por detrás mientras el agua de la ducha recorre todo su cuerpo desnudo. A Daniel se le dibuja de nuevo una cara de satisfacción y desliza su mano por la toalla en la parte de su entrepierna. Ricardo pronto se da vuelta y se da cuenta de que Daniel estaba mirando ahí. Daniel se hace el tonto y mira hacia otro lado.

-          ¿Qué pasó, Daniel? ¿Se te perdió algo? – pregunta Ricardo, extrañado.

-          Ah… es que… parece que se me quedó un champú por ahí… ¿no viste nada? – responde Daniel, nervioso.

-          No, nada – dice Ricardo, dándose vuelta para mirar.

Daniel intenta no verlo desnudo por delante, por miedo a incomodarlo.

-          Ah, entonces lo tomé. No he dicho nada – dice Daniel, tratando de no mirar desnudo a Ricardo.

-          Ya, pero ¿cómo? ¿Te incomoda verme en pelota? – dice Ricardo.

-          No, es que… – pregunta Daniel.

-          Oye, mira no más. Somos hombres. Si no me acompleja.

Daniel asiente con la cabeza. Mira un poco, pero pronto reacciona.

-          Oye, ya me voy a vestir. ¿Te espero afuera? – dice Daniel.

-          Dale, nos vemos – responde Ricardo.

Ricardo se voltea para seguir duchándose. Daniel se va, sonriéndose tras disfrutar lo que vio.

INT. CASA OSORIO – DORMITORIO NORMA – NOCHE.

Norma (Catalina Guerra) está vestida con su pijama. Se coloca crema antiarrugas en la cara como si le faltara. Eliana (Gloria Münchmeyer) la acompaña mientras lo hace.

-          Qué manera de colocarte crema, niña. No te vaya a salir una arruga por no echarte – dice Eliana.

-          Hay que cuidarse bien el cutis, suegrita – dice Norma, quien sigue colocándose crema. – Si no me echo, van a pensar que de verdad soy la abuela de Gabriel.

-          Pero si eres la abuela, niña.

-          Perdóneme, pero lo fui a buscar varias veces el año pasado y pensaron que era la mamá – dice Norma, con un tono bien satisfactorio.

-          Ella, la joven – dice Eliana, burlesca. – Si todos sabemos que las cremas no sirven tanto. Mira, si hasta tienes una arruga en la frente.

Norma se toca la frente y se mira al espejo, muy acomplejada. Eliana se ríe.

-          ¡Ay, suegra! No me asuste – dice Norma, muy enojada.

-          Es que vieras tú la cara que pusiste, si hasta te arrugas – dice Eliana.

-          ¡Ay, ya no me diga esa palabra! – dice Norma, muy infantil tapándose los oídos.

Eliana se ríe con las actitudes vanidosas e infantiles de Norma. De pronto se pone seria.

-          Oye, niña – dice Eliana. – Poniéndonos más serias…

Eliana se acerca al oído de su nuera.

-          Harto patuda esa mexicana oye – dice Eliana, al oído de Norma.

Norma se para rápidamente del mueble de maquillaje y cierra la puerta del dormitorio.

-          ¿Cierto? – dice Norma. – La Cristi estaba súper enojada.

-          Es que es increíble – dice Eliana. – Mira que hacerse pasar por la señora de Juan Ignacio.

-          No sé qué pretende. Pensé que después de lo que pasó la última vez que vino no volvería más a Chile.

-          Nadie me quita de la cabeza que ella le quiere quitar a Juan Ignacio a la Cristi.

-          ¡No diga eso ni en broma, suegra! – dice Norma. – Yo sé que ella y Juan Ignacio tuvieron algo, pero él está casado con mi hija. Y si yo tengo que hacer algo para que ella vuelva al país de donde ella vino, así va a hacer.

-          ¿Qué piensas hacer?

-          Ya va a ver, suegrita. Todavía no se me ocurre nada, pero ya con la cabeza fría voy a pensar en algo y lo voy a ejecutar apenas se me ocurra.

INT. “AMOR A LA MEXICANA” – NOCHE

Gerardo y Lourdes están celebrando con algunas bebidas el éxito de ésta en encontrar trabajo.

-          ¿Quién diría que ya tendrías otro trabajo? – dice Gerardo, contento

-          Sí, es que… en la otra chamba no les gustaba tanto mi trabajo. Parecía que encontraban que era demasiado buena para eso. Y no es que me victimice o me crea mucho, es solo que… a la jefa de recursos humanos parece que yo le generaba envidias.

-          Ya sabes que muchas veces las chambas son así, siempre habrá envidiosas.

Hay una especie de silencio.

-          Oye, Lourdes – dice Gerardo.

-          Dime… - responde Lourdes.

 Lourdes se percata de que Gerardo la mira de manera especial. De pronto, Gerardo se acerca a ella como queriendo besarla, pero Lourdes lo detiene.

-          Gerardo, no. Ya hablamos de esto – dice Lourdes.

-          Es que tú sabes que me gustas – dice Gerardo.

-          Pero tú no a mí. O sea, claro que eres guapo, eres muy tierno, cariñoso, amistoso, pero… solo quiero que seamos amigos. No quiero que una relación manche esta linda amistad que tenemos.

Gerardo se pone triste.

-          ¿Sabes qué? Mejor me voy. Mañana debo elaborar un plan de marketing para así entrar a la chamba el lunes – dice Lourdes, incómoda. – Hablamos luego, ¿eh?

Gerardo se despide de Lourdes, quien se va. Gerardo la mira yéndose, exhalando un suspiro.

INT. CASA FERNÁNDEZ – LIVING – NOCHE

Milagros y Eduardo (Fernando Colunga) conversan en el living, mientras ambos se toman un café.

-          Me alegro mucho por Lourdes – dice Eduardo. – Es una muchachita muy inteligente.

-          Sí – dice Milagros, sonriendo. – Siempre admiré su habilidad para la mercadotecnia. Ella nació para esto.

-          ¿Y tú? ¿Cómo te ha ido en tu trabajo? ¿Ya sabes cómo comprobar que tu defendido es inocente o no?

-          No. Es que… ya sabes como es esto. Conseguir las pruebas, revisarlas y ver si el pobre no robó en la tienda en que trabajan. ¿Quieres que te diga la verdad? Yo creo que él no fue y que todo lo que le hacen es mera discriminación por ser colombiano.

-          Es una lástima que en este país muchos sigan viendo a los inmigrantes como si fueran delincuentes. O sea, debe haberlos, pero la gente generaliza.

-          Sí, pobrecitos – dice Milagros. - ¿Y Gerardito? ¿Cómo va con eso del robo?

-          Ahí está el pobre. Aún no se saca de la cabeza lo que pasó, pero… sigue adelante con el negocio. Un peso más, un peso menos. Ya sabes como piensa.

-          Sí. Ese niño nunca fue muy avaricioso.

-          ¿Y mi hermana? – dice Eduardo. – Ya quiero verla. ¿Está por aquí?

-          Sí, pero está arriba. Debe estar durmiendo.

Pronto ocurre un momento de silencio hasta que Eduardo rompe el hielo.

-          Milagros – comienza a decir Eduardo. – El otro día cuando viste a Bernardo… te noté… pálida.

-          Eduardo, no quiero hablar de eso – dice Milagros, desde ya hastiada.

-          Es que… tengo la impresión de que… sigues sintiendo cosas por él, como si lo que pasó entre ustedes no lo pudiste olvidar.

-          Eduardo, por favor – dice Milagros.

-          ¿Quieres que te diga algo? También sentí… celos. ¿Sabes por qué? Porque yo nunca he dejado de sentir lo que siento por ti.

Milagros se queda helada ante este comentario.

-          Milagros, sabes que yo te quiero… y más de lo que tú crees – dice Eduardo. – Yo te amo.

Eduardo le toma las manos a Milagros, quien las quita.

-          Eduardo, por favor no empieces – dice Milagros, incómoda, levantándose del sofá.

-          Milagros… - dice Eduardo.

-          ¿Sabes qué? Estoy muy cansada y me quiero ir a dormir. ¿Hablamos en otro momento?

Eduardo intenta decirle algo, pero accede a irse. Se levanta del sofá y de nuevo intenta decir algo, pero no puede. Él pronto deja el living para irse de la casa. Milagros queda sola, incómoda.

AL DÍA SIGUIENTE…

INT. CASA MONTES – PASILLO PRIMER PISO – DÍA.

Cristina se prepara para irse a la clínica y ver a su marido. Gabriel (Oliver Borner) se acerca a ella, aún con pijama.

-          Mamá, ¿a dónde vai? – pregunta Gabriel.

-          Voy a la clínica, hijo – dice Cristina.

-          ¿Te acompaño? Me baño, me visto y vamos.

-          No, tú te demoras mucho. Además, te tienes que quedar acá por si llegan tus abuelos o llaman aquí.

-          Pucha, es que quiero ver al papá. Lo echo de menos.

-          Si yo sé, mi amor – Cristina le acaricia el rostro a su hijo – pero le mando los saludos apenas lo vea.

-          ¿Y tu creís que te escuche?

-          Yo sé que la gente en coma igual escucha, aunque no esté despierta.

De pronto, suena el celular de Cristina y ella lo contesta.

-          ¿Aló, doctor? – responde Cristina. – ¿Qué pasó?

De pronto ocurre un tiempo de silencio. Gabriel queda expectante para saber qué pasa.

-          ¿Qué? ¿Juan Ignacio qué? – dice Cristina, sorprendida.

Gabriel está muy ansioso por saber qué pasa.

-          Voy altiro para allá – dice Cristina. – Gracias, doctor.

Cristina cuelga su teléfono móvil.

-          Mamá, ¿qué pasó? – pregunta Gabriel ansioso. - ¿Qué le pasó al papá?

-          Gabriel, mi amor – responde Cristina, luego de lo cual se queda callada unos segundos, poniendo más ansioso a Gabriel. – Tu papá despertó.

Gabriel se pone muy contento, incluso llega a llorar de la emoción y abraza a su madre.

-          Anda a bañarte y te vistes porque vamos a ir altiro – dice Cristina.

Gabriel se va y sube al segundo piso para bañarse. Cristina se da cuenta de que algo se deslizó por debajo de la puerta. Lo toma y lee el destinatario que escribe “Cristina Osorio”, pero no tiene remitente. Abre el sobre y extiende un papel que estaba doblado. Lee el contenido que contiene letras recortadas de revistas:

“NO PUEDES OCULTARLO MÁS.”

Cristina queda un poco asustada, pero pronto se calma y rompe el papel.

INT. “ARAUCALAT” – OFICINA BERNARDO – DÍA.

Bernardo se encuentra en su oficina cuando de pronto suena el teléfono. Él responde, ya que quien llama es la secretaria

-          ¿Sí, Camila? – responde Bernardo. – ¿Quién me necesita?

Bernardo guarda unos segundos de silencio, mostrando una expresión de sorpresa en el rostro.

-          Bueno, dile que pase no más a mi oficina – responde Bernardo.

Bernardo cuelga el teléfono, aún sorprendido por la visita. Pronto, siente golpear la puerta y le dice a la persona que pase. Se trata de Milagros.

-           Bernardo, siento interrumpirte – dice Milagros.

-          ¡Milagros! No, no, si no estaba tan ocupado, pasa no más – dice Bernardo. – ¿Qué necesitas?

-          Necesitaba hablar contigo de algo.

-          ¿De qué sería? Es que me pillas justo en horas de trabajo. Toma asiento.

Milagros se sienta.

-          ¿Qué pasa Milagros? Te noto un poco extraña – dice Bernardo.

-          Es que necesito decirte algo muy importante – dice Milagros.

-          Ya, ¿y qué sería eso tan importante que no podía esperar hasta después del trabajo o a la hora de almuerzo?

-          Es que… después de que te volví a ver ahí en el restobar y… ayer en el centro comercial… pensé en lo incómoda que me puse en esas dos ocasiones. Y… me di cuenta de que… no podía ocultarte más esto, que necesito sacármelo del pecho.

-          ¿Qué cosa? No entiendo.

Milagros se acerca a Bernardo.

-          Bernardo… ¿recuerdas esa noche hace 31 años, donde… nos pasamos de copas y…? Bueno, ya sabes – dice Milagros.

-          Casi no me acuerdo de nada, de lo curado que estaba – dice Bernardo. – Pero sí, me acuerdo haber despertado contigo a la mañana siguiente.

-          Bueno… esa noche que tuvimos… tuvo sus consecuencias.

Bernardo se asusta con esto.

-          Bernardo – dice Milagros. – No estoy del todo segura pero… existe la posibilidad de que… Lourdes sea tu hija.

Bernardo queda atónito ante esta noticia. 

INT. CLÍNICA – UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS – DÍA

Juan Ignacio está despierto. Entran Cristina y Gabriel vestidos de delantal clínico. Juan Ignacio sonríe.

-          ¿Cómo estás mi amor? – pregunta Cristina, acercándose a darle un beso a su marido.

-          Bien, un poco débil – dice Juan Ignacio.

Gabriel se acerca a darle un abrazo a su padre, quien se queja con un poco de dolor.

-          Cuidado, hijo, ¿no ves que todavía no está tan bien? – dice Cristina.

-          Perdón, es que… estoy tan contento – dice Gabriel.

-          ¿Cómo has estado, hijo? – pregunta Juan Ignacio.

-          Más o menos no más, papá – responde Gabriel. – Te eché caleta de menos.

Juan Ignacio le toma la mano a su hijo, quien le sonríe.

-          Mi amor, ¿te acuerdas de lo que pasó esa noche? – pregunta Cristina.

-          No, no me acuerdo – dice Juan Ignacio. – Es que esa noche… había tomado mucho.

-          Pero ¿cómo se te ocurre haber tomado tanto? – dice Cristina. – Bueno, no importa. ¿En serio no te acuerdas de quién te pudo haber atropellado o si alguien estuvo contigo?

-          No, yo estaba inconsciente – dice Juan Ignacio.

Gabriel de pronto se acuerda de algo.

-          Yo me acuerdo de algo – dice Gabriel.

-          ¿Qué cosa, Gabriel? – pregunta Cristina.

Cristina y Juan Ignacio quedan expectantes.

-          Es que… me acuerdo que se acercó una señora… o señorita, no sé… pero la cosa es que tocó el timbre y pidió ayuda porque al papá lo habían atropellado – relata Gabriel.

Cristina tiene sus sospechas.

-          ¿Y no te acuerdas cómo era esa mujer? – pregunta Cristina.

-          No. O sea, sí me acuerdo algo, pero estaba tan nervioso por lo del papá que no me acuerdo de todo – continúa Gabriel. – Lo que sí me acuerdo es que… tenía tu edad y la del papá. Y… tenía un acento que no era chileno. Parece que era mexicana.

Cristina queda sorprendida ante esto. Juan Ignacio también.

INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – DÍA

Minutos después, Norma se aparece por ahí, mientras Cristina sale, aún con delantal ya que tiene la intención de volver.

-          ¿Cómo está Juan Ignacio, hija? – dice Norma. – ¿Alguna novedad?

-          Pucha, se me había olvidado contarte apenas supe y te iba a llamar – dice Cristina. – Despertó, mamá.

Norma se pone muy feliz por esta noticia y abraza a su hija.

-          ¡Gracias a Dios! – dice Norma, apartándose de su hija. – Y Gabriel, ¿cómo está?

-          Está contento – dice Cristina. – Sigue ahí adentro. Es que salí para llamarte, pero justo llegaste.

-          Qué bueno, mi amor.

A Cristina pronto se le borra la sonrisa del rostro y ahoga un suspiro.

-          ¿Qué pasa, Cristi? – pregunta Norma. – ¿No estás feliz?

-          Sí, estoy contenta – dice Cristina. – Es que…

Cristina aleja un poco a su mamá de la puerta de la U.C.I.

-          ¿Qué pasa, hija? – pregunta Norma.

-          Es que… - comienza a decir Cristina. – Cuando le pregunté a Juan Ignacio si se acordaba de lo que pasó esa noche… Gabriel nos dijo lo que pasó.

-          ¿Qué cosa?

-          Dijo que una mujer se acercó a la casa después de que atropellaran a Juan Ignacio. Él solo se acuerda que no era demasiado vieja, que tenía más o menos entre mi edad y la de Juan Ignacio. Y no sólo eso, me dijo que era mexicana

Norma se queda sorprendida.

-          Mamá – dice Cristina. – Era Mónica. Ella estuvo con él la noche en que lo atropellaron.

-          ¿En serio? – dice Norma.

-          Yo creo que Juan Ignacio no la ha olvidado y por eso se embriagó esa noche. Y yo estoy segura de que ella tampoco a él. Mamá, tengo miedo. Esa mujer me lo quiere quitar, estoy segura.

-          Hija, no te preocupes. Yo estoy segura de que ella no te lo va a quitar.

-          ¿Cómo estás tan segura?

-          Porque yo no lo voy a permitir – dice Norma, con mucha seguridad.

-          ¿Y qué piensas hacer? – pregunta Cristina, curiosa.

-          Confía en mí, hija. Yo te aseguro que a esa mujer no le van a quedar ganas de meterse en tu matrimonio.

Cristina se queda preocupada ante las palabras de su madre, quien habla con mucha seguridad.

HORAS DESPUÉS…

INT. CASA FERNÁNDEZ – PASILLO DE ENTRADA – TARDE.

Mónica se decide a salir de la casa para ir a la clínica y decirle a Juan Ignacio la verdad sobre el hijo que ella está segura haber dado a luz en Chile. Se mira al espejo de la entrada cuando de pronto suena el timbre. Ella abre y se sorprende a ver a quién llamó a la puerta.

-          Norma – dice Mónica, sorprendida.

-          ¡Mónica! Tanto tiempo – dice Norma. – ¿Podemos hablar?

Mónica queda helada al ver después de tanto tiempo a Norma, la madre de Cristina y quien fue su patrona en el pasado.

-          ¿qué haces aquí? – dice Mónica, sorprendida.

-          Ah, ¿cómo cambia la vida? Tuteándome – dice Norma. – Quien te viera y quien te ve, cabrita. Toda una profesional, adinerada, y hasta hace unos años limpiabas los baños de mi casa. ¿No me vas a hacer pasar?

Norma entra a la casa.

-          ¿De quién es esta casa? Porque me imagino que no es tuya – dice Norma. – Siempre supe que eras una recogida.

-          Norma, por favor – dice Mónica.

-          “Por favor” ¿qué? ¿“Por favor no me eches”? Tranquila, si vives aquí supongo, ¿o no?

Norma se ríe, pero pronto, la mira muy seria.

-          No creas que no sé lo que estás tratando de hacer, cabrita – dice Norma. – No creas que no sé que estás tratando de entrometerte en el matrimonio de mi hija.

-          ¿De qué estás hablando? – dice Mónica. – Yo no vine a…

-          ¡Cállate! Estoy hablando yo. ¿Cómo se te ocurre entrometerte en el matrimonio de mi hija? ¿Cómo se te ocurre ir a verlo a la clínica y hacerte pasar por su mujer?

-          Norma, la cosa no es así.

-          ¡Ah! ¡“La cosa no es así”! Mira, cabrita, no te vuelvas a meter con mi familia ni mucho menos en el matrimonio de mi hija, porque harto le ha costado construir la vida que lleva ahora.

-          Yo no quiero meterme en su matrimonio.

-          Ah, ¿no? ¿Entonces por qué te hiciste pasar por su mujer? ¿Por qué, Mónica? ¿Por qué volviste?

-          Eso es algo que no tengo que responderte.

-          Encima de cambiada, contestadora. Si crees que vas a hacerme creer que no quieres destruir el matrimonio de mi hija, te equivocas, mijita. Porque mientras yo siga con vida, nada ni nadie va a destruir lo que mi hija construyó en este momento. ¿Te queda claro?

Mónica queda helada ante la amenaza, cuando de pronto por las escaleras baja Milagros (Victoria Ruffo).

-          ¿Qué sucede, Mónica? ¿Con quién estás? – pregunta Milagros.

-          ¿Tú? – dice Norma.

Norma se impacta al ver a ambas mujeres.

-          ¡No! – dice Norma, como si hubiese perdido la cabeza.

Norma se va de la casa. Mónica y Milagros intercambian miradas de sorpresa.

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