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Aníbal!

CAPÍTULO 2 | "Frente a Frente"

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1.      EXT. CASA MONTES – ENTRADA – NOCHE

Mónica (Marlene Favela) toca a la puerta de la casa de Juan Ignacio, muy angustiada. Hasta que alguien por fin abre.

-          Hola ¿A quién busca? – pregunta Gabriel (Oliver Borner).

-          ¿Eres hijo de Juan Ignacio Montes? – pregunta Mónica, agitada.

-          Sí, ¿por qué? – pregunta Gabriel, extrañado.

-          Es que a tu padre lo atropellaron – dice Mónica.

Mónica está por explicarle todo al muchacho cuando él se percata de que su padre está tirado en el suelo.

-          ¡Papá! – dice Gabriel, muy angustiado.

Gabriel corre hacia donde está su padre. Intenta despertarlo de todas las maneras posibles.

-          ¡Papá, despierta! – grita Gabriel, con su voz empezando a quebrarse por la angustia. – ¿Qué pasó?

-          Tu padre estaba aquí, y de pronto llegó un auto que lo atropelló – dice Mónica. – No sé quién era. Se dio a la fuga. Pero la ambulancia ya viene en camino, pero necesitas avisarle a tu familia.

Gabriel accede y toma su celular. Aunque angustiado, trata de estar lo más calmado posible y llama a su madre. De pronto, llega un auto y de él se bajan Milagros y Lourdes. Se percatan de lo sucedido y se dirigen a ayudar a Mónica.

-          ¿Qué pasó? – dice Milagros. – ¡Mónica! ¿Necesitan ayuda?

Mónica solo intenta hacer que Juan Ignacio se despierte mientras esperan a la ambulancia.

2.      INT. DEPTO. DANIEL – LIVING/COMEDOR – NOCHE.

Daniel (Jorge Arecheta) se encuentra sentado en la mesa del comedor frente al notebook. Sin embargo, pronto revisa su Facebook y ve que Ricardo le ha enviado una invitación para agregarlo. Daniel no duda en aceptar la solicitud, lo cual hace rápidamente. Pronto se le ocurre ver el perfil de Ricardo y ve unas cuantas fotos que le llaman la atención.

En una foto, ve a Ricardo en una playa, llevando sólo puesto un traje de baño y torso desnudo. A Daniel parece llamarle la atención aquella foto, mordiendo los labios en señal de excitación satisfacción. Pero al ver otras fotos, ve en una a Ricardo junto a Amanda, quien lo ha etiquetado en una foto, en cuya leyenda se lee:

“Las mejores vacaciones de mi vida en Pucón, junto al pololo más lindo de todos. Te amo, mi vida <3”

Daniel parece estar incómodo ante el comentario de la foto y lanza un suspiro.

3.      INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – NOCHE.

Cristina se encuentra abrazada de Gabriel, quien está llorando, angustiado por su padre. También se encuentra junto a Bernardo, Norma y Eliana. El médico pronto sale de la U.C.I. y se dirige a la familia.

-          Doctor, ¿cómo está mi marido? – pregunta Cristina, preocupada.

-          Mire, señora, el señor Montes se encuentra inconsciente – dice el doctor. – No sabemos cómo pueda sobrevivir al impacto, debido a que también encontramos alcohol en su sangre.

-          Pero, ¿va a estar bien? – pregunta Norma.

-          En este momento se encuentra estable, pero inconsciente – dice el doctor. – Pero todo depende de él.

-          ¿Y se puede pasar a ver? – pregunta Bernardo.

-          Como les dije, el paciente está en observación, por lo que no se admiten visitas en este momento. Yo les recomendaría que se vayan a descansar a sus casas y les avisaremos si ha habido algún cambio – dice el doctor.

Todos le agradecen al doctor, quien se retira pronto a la U.C.I.

-          No quiero que se muera el papá – dice Gabriel, llorando y abrazando a Cristina.

-          No, mi amor, no se va a morir, ya escuchaste al doctor – dice Cristina, consolando a su hijo.

Cristina sigue consolando a su hijo, pero pronto no aguanta las ganas de llorar. De pronto, se acerca un grupo de carabineros.

-          Disculpe, ¿es usted la Sra. Osorio de Montes? – pregunta uno de los carabineros, dirigiéndose a Cristina.

-          Sí, soy yo – contesta Cristina, apartándose de Gabriel.

-          Vinimos a tomar la declaración sobre cómo sucedió el accidente de su esposo, según el llamado que nos hizo – dice el carabinero.

-          Sí, sí – dice Cristina. – Bueno, la verdad es que no les puedo ayudar mucho, porque yo llegué aquí apenas lo ingresaron. Mi hijo sabe más de lo que pasó.

-          Joven, díganos qué sucedió – dice el carabinero, dirigiéndose al joven.

Gabriel se siente un poco nervioso, pero Cristina lo alienta a declarar.

-          Mire, yo no vi nada de lo que pasó, pero igual escuché un ruido – comienza a relatar Gabriel. – Pero no le di importancia hasta que… llamaron a la puerta.

-          ¿Quién llamó a la puerta? – pregunta el carabinero.

-          Una señorita… o señora, no sé. Me dijo que habían atropellado a mi papá y que la persona que lo atropelló se dio a la fuga.

-          Dígame, ¿qué características tenía la mujer que le informó de lo sucedido?

La palabra “mujer” llama la atención de Eliana y Norma.

4.      INT. CASA FERNÁNDEZ – LIVING – NOCHE.

Mónica se encuentra sentada, un poco espirituada y nerviosa por lo sucedido con Juan Ignacio. Milagros se acerca a ella con una taza de manzanilla y se la pasa.

-          Gracias – dice Mónica, aceptándole la taza.

-          De nada, mi niña – dice Milagros. – ¿Cómo te sientes?

-          Me siento muy nerviosa. Todo esto que acaba de pasar. ¿Y Lourdes?

-          Se fue a dormir, mañana tiene entrevista de trabajo.

Mónica sorbe de su taza de manzanilla.

-          Ahora, ¿me puedes decir qué pasó con ese hombre? – pregunta Milagros. – ¿Tú le hiciste lo que pasó?

-          No, Milagros – dice Mónica. – Él vino a la casa, completamente borracho, gritando mi nombre y que no me cree lo que le dije que yo ya no lo amo, que no le importa su familia, que no es feliz. Además, me culpó de lo que sucedió.

-          Es obvio que ese hombre nunca dejó de amarte. ¿Y qué pasó después?

-          Intenté llevarlo a su casa, pero se negó. De pronto vino un coche y lo atropelló.

-          Y ahora su vida pende de un hilo – dice Milagros, suspirando. – ¿Quién lo diría? Justo cuando llegaste hoy. ¿Por qué no quisiste ir para allá a la clínica, siendo tú quien llamó a la ambulancia?

-          No quería arriesgarme a que su familia me viera. Está casado con la hija de quienes fueron mis patrones y… no me gustaría armar algún escándalo.

Mónica se queda callada, sorbiendo del té de manzanilla.

-          Mónica, creo que lo mejor sería que fueras para allá – dice Milagros. – Quien sabe qué pueda pasar con él. Ni Dios ni la Virgen de Guadalupe quieran que se muera, pero él merece saber en este momento que el hijo que esperabas hace tiempo y que estás buscando es de él.

-          No lo sé, Milagros. Él no lo entendería. Me reprocharía por haberle mentido – dice Mónica.

-          Tal vez, pero al menos inténtalo. Independiente de si está inconsciente o no, inténtalo.

-          Está bien – dice Mónica, resignada.

Milagros de pronto se pone seria y Mónica lo nota.

-          ¿Qué pasó, Milagros? – pregunta Mónica.

-          Nada… es que.. – comienza a decir Milagros. – Hoy me reencontré con Bernardo después de tanto tiempo. Lourdes y yo fuimos al restobar que administra Gerardo. Hablé con Eduardo y Lourdes se puso al día con Gerardo, pero de pronto apareció Bernardo y… bueno, hui del lugar junto a Lourdes.

-          Creo que las dos estamos condenadas en este país a reencontrarnos con los hombres que nos hicieron daño – dice Mónica.

-          Sí – Milagros comienza a levantarse del sillón donde está sentada. – Bueno, yo me acostaré. Tú también descansa. No has descansado desde que llegaste, así que deberías dormir un poco.

Milagros se despide de Mónica, quien corresponde. Mónica queda sola, sorbiendo de su taza de té de manzanilla y meditando sobre todo lo hablado con Mónica.

1.      INT. CASA FERNÁNDEZ – DORMITORIO MILAGROS – NOCHE.

Milagros entra en su dormitorio y se sienta sobre su cama. De pronto, piensa en su reencuentro con Bernardo. Es el mismo hombre con quien tuvo una relación pasajera y a quien nunca pudo olvidar.  Milagros pronto saca de su cartera un rosario y lo aprieta fuerte contra su pecho, ahogando un suspiro mientras comienza a rezar.

2.      INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – NOCHE.

En la clínica, Cristina se encuentra abrazada de su hijo, quien todavía sigue angustiado por su padre. Mientras Bernardo espera, dando unas vueltas. Norma y Eliana discuten en secreto de la declaración que dio Gabriel.

-          ¿Puedes creerlo, niña? – dice Eliana. – Esa mujer fue la que ayudó a Juan Ignacio.

-          No estoy muy segura de que lo ayudó – dice Norma. – Yo creo que ella lo empujó.

-          Pero que estás macabra, niña. ¿Cómo podría ser ella capaz?

-          Bueno, perfectamente podría estar enojada con él porque eligió a mi hija en vez de ella.

-          Pero qué tonteras dices. Aunque puede ser.

Bernardo se acerca a ellas, junto a Cristina y Gabriel.

-          Oigan, yo creo que lo mejor es que se vayan con el Gabo a su casa – dice Cristina. – Lo mejor es que se vaya a descansar. Yo me quedo acá para saber de Juan Ignacio.

-          No, mamá, yo me quiero quedar contigo – dice Gabriel.

-          Míralo cómo está, ¿por qué no lo dejas que se quede? – dice Bernardo.

-          Es muy chico para estar aquí, papá – dice Cristina.

-          Sí. Tiene 16 años – dice Norma. – No es buena edad para que se quede despierto aquí. Sigue estando en crecimiento. Yo me quedo contigo, hija.

-          Sí, bueno, mejor que lo vaya a dejar a mi casa – dice Bernardo.

-          En ese caso, prefiero irme donde el tío Dani – dice Gabriel.

Hay silencio en el pasillo.

-           Mi amor, no creo que sea buena idea que te vayas allá – dice Norma.

-          ¿Por qué, porque el tío Dani es gay? – pregunta Gabriel, molesto. – A mí no me importa, de hecho, lo encuentro bacán.

-          Si, mamá. Si el Dani no tiene problema, yo feliz con que se quede ahí – dice Cristina.

-          Pero si nunca se sabe qué cochinada estará haciendo ahora – dice Eliana. – Quizás se juntó con alguno de sus amigos para hacer…

-          ¡Ya, ya, mamá! ¡No sea desubicada! – dice Bernardo, interrumpiéndola. – Yo no tengo problema. Él puede decidir donde quedarse. Además, se lleva muy bien con su tío.

Cristina se dispone a llamar a su hermano, mientras Norma mira a Bernardo, negando con su cabeza.

AL DÍA SIGUIENTE…

3.      EMPRESA “ARAUCALAT” – OFICINA BERNARDO – DÍA.

Bernardo se encuentra revisando algunos papeles en su oficina, cuando tocan a la puerta de su oficina. Bernardo hace pasar a la persona. Se trata de Pablo Cifuentes (Nicolás Oyarzún), gerente de recursos humanos de la compañía.

-          Disculpe, don Bernardo – dice Pablo. – Es que me crucé con los empresarios australianos que vinieron por el negocio de importación.

-          ¿Llegaron ya? ¡Chuta! ¡Justo hoy! – dice Bernardo. – Con Juan Ignacio en la clínica.

-          ¡Verdad que me contaron! – dice Pablo. – ¿Les digo que no vengan?

-          No, no, está bien. Hazlos pasar.

Pablo sale de la oficina.

4.      EMPRESA “ARAUCALAT” – PASILLO – DÍA.

Pablo hace pasar a los empresarios. Justo en ese momento, cuando se aleja, se topa con alguien que tenía una carpeta con papeles. La carpeta cae al suelo.

-          Disculpa – dice Pablo. – No te vi.

De pronto, Pablo se fija en la persona. Se trata de Lourdes, quien llegó a su entrevista de trabajo.

-          No, discúlpame a mí. Qué taruga soy – dice Lourdes.

Lourdes se fija muy bien en Pablo, un hombre atractivo de deslumbrantes ojos azules.

-          ¿Tú trabajas por acá? Porque nunca te había visto – dice Pablo.

-          No, no, vine por un empleo – dice Lourdes. – Supe que buscan a alguien en el área de marketing.

-          Ah, sí. Para eso debes hablar con don Bernardo, pero está ocupado en este momento. Pero habla conmigo por mientras.

-          ¿En serio? Qué amable de tu parte – dice Lourdes.

Ambos se sonríen, mirándose fijamente a los ojos. Pablo pronto se aclara la garganta.

-          ¡Ah, verdad! No me presenté. Soy Pablo Cifuentes, gerente de recursos humanos – dice Pablo, presentándose.

-          Lourdes Santana – dice Lourdes, correspondiendo a la presentación.

Lourdes y Pablo se estrechan la mano.

-          Oye, te escuché decir “taruga” – dice Pablo, curioso. – No eres de acá de Chile, ¿o sí?

-          No, no. O sea, llevo 5 años viviendo aquí, pero soy mexicana – dice Lourdes.

-          Ah, sí. Debí haberme fijado en eso. Verdad que allá usan mucho esa palabra.

Lourdes suelta una leve sonrisa.

-          Si me quieres seguir, mi oficina está por allá – dice Pablo.

Lourdes agradece la amabilidad de Pablo.

INT. DEPTO DANIEL – LIVING/COMEDOR - DÍA.

Daniel se encuentra en la mesa, tomando desayuno, vistiendo una musculosa y solo boxers. Gabriel sale del dormitorio de invitados, vistiendo su pijama corto, y se acerca a saludar a su tío.

-          ¿Cómo estás, campeón? ¿Cómo dormiste? – dice Daniel, levantándose de la mesa para darle un abrazo a su sobrino.

-          Bien, tío – dice Gabriel, correspondiendo al abrazo, luego del cual se separan. – Oye, ¿no hai sabido nada de mi papá?

-          No, recién me vengo levantando, como hoy tengo libre. No he hablado con tu mamá.

Daniel y Gabriel se sientan en la mesa.

-          No te pongai así, si todo va a salir bien – dice Daniel.

-          Es que mi papá, justo venirle a pasar esto cuando ayer llegó de Australia – dice Gabriel, un poco triste.

-          No te preocupís. Y toma desayuno. Mira, hice huevos revueltos, pan tostado, exprimí jugo de naranja y tengo tecito, café y leche, por si te quieres servir.

-          Gracias, tío, pero no tengo hambre. Pienso en mi papá y se me aprieta la guata.

Gabriel pronto comienza a llorar y Daniel se acerca para consolarlo.

-           Mira, si el tipo que venía manejando hubiese ido a más de 50 kilómetros por hora, ahora se sabría lo peor, pero hasta ahora no ha pasado nada – dice Daniel, abrazando a su sobrino. – Ya verás que todo va a salir bien.

Daniel besa a su sobrino en la cabeza y se separa de él.

-          Ya, cómete los huevos que están super ricos – dice Daniel.

A Daniel le llega un mensaje por WhatsApp y él se sienta a ver su celular. Se trata de Ricardo.

-          Hola, ¿en que andai, perro? – dice Ricardo en su mensaje.

Daniel se sonríe al leer el mensaje.

-          “Ahora estoy con mi sobrino. A su papá anoche lo atropellaron” – responde Daniel.

-          “¡Pucha, qué lata! Ojalá no le haya pasado nada” – responde Ricardo.

-           “¿Te tinca si nos juntamos a almorzar en mi depto más rato? Así aprovecho de presentarte al Gabo, mi sobrino. Es un cabro super piola. Te va a caer bien” – dice Daniel.

-          “Ya, bacán. Nos vemos después que termine de pasar mi currículum” – responde Ricardo.

-          “Ya, nos vemos, un abrazo” – dice Daniel.

Daniel se sonríe por los mensaje que se acaba de enviar con Ricardo.

INT. DEPTO DANIEL – LIVING/COMEDOR - DÍA.

Yadira (Angelique Boyer) se encuentra en un banco de la plaza, hasta que se encuentra con Amanda (Josefina Fiebelkorn), quien camina por ahí frente a sus narices. Amanda se detiene, pero no ve a Yadira, ya que sólo se preocupa de su celular, enviándose mensajes por WhatsApp con Ricardo. Yadira se acerca a ella y llama su atención.

-          Amanda – dice Yadira, agitando su mano frente a la cara de su compañera de trabajo del restobar.

-          ¡Yadira, amiga! – saluda Amanda a su amiga. – Perdona, es que ando volada con el WhatsApp que me manda Ricardo por su oferta de trabajo.

-          ¿Y qué tal le ha ido? – pregunta curiosa Yadira.

-          Más o menos, no más – contesta Amanda. – Fue a un centro dental en la calle Prat, pero le dijeron que lo iban a llamar, pero él cree que no va a ser así. Tu cachai como son.

-          ¡Hijole! Pero qué bueno que te vaya informando. Lo que es yo… tengo el peor novio del mundo.

-          Ya, ¿pero no se supone que tú y Adrián sólo están con una relación abierta… o sea, como decimos acá, son “amigos con ventaja”?

-          Bueno, pero es que Adrián siempre quiere estar conmigo en horas de trabajo, pero fuera de él… nada.

-          Bueno, pero tú tampoco te has portado como buena novia con él… - le recrimina Amanda. – Si tanto que le haces ojitos al mino rico del Gerardo.

-          ¡No digas eso ni en broma! – Yadira se molesta ante el comentario de Amanda, quien ríe. – Bueno, es que… la neta es que me gusta que Gerardo tenga esa imagen de machote, fuerte, musculoso, grande y con barba.

-          Bueno, ¿qué mujer no se muere por un m’hijito así de rico? – Yadira mira de reojo a Amanda. – Bueno, yo no, como… estoy pololeando con el Ricardo, que como su nombre lo indica, es harto Ricardo.

-          Pero bueno – continúa Yadira. – Fíjate que anoche llegó esa amiga de la que tanto habla, creo que se llama Lourdes. Y cada vez que Gerardo habla de ella me pongo… - Yadira lanza una especie de gruñido.

-          Huelo celos de mina – Amanda dice esto con un tono burlesco, causando la molestia de Yadira.

Luego de esto, recibe una notificación de un nuevo mensaje de WhatsApp.

-          ¡Pucha! – dice Amanda, no con mucho entusiasmo.

-          ¿Qué pasa? – pregunta Yadira, preocupada por su amiga.

-          Yo le pregunté a Ricardo si le tincaba que almorzáramos juntos, pero me dijo que un amigo que vive frente a su departamento ya lo invitó a almorzar.

-          ¡Hijole! Bueno, eso es lo malo de los hombres. Siempre aguándonos la fiesta a las mujeres cuando ellos hacen compromisos con amigos.

-          Pero las mujeres somos igual, ¿o no, amiga? – esto último Amanda lo dice con un tono algo burlesco.

Yadira se ríe ante esto y ambas siguen caminando por la plaza mientras conversan.

1.      INT. CASA RODRÍGUEZ – LIVING/COMEDOR – MEDIODÍA

Gerardo (Alfonso Herrera) se encuentra sentado en su notebook haciendo algunas cosas, mientras Eduardo (Fernando Colunga) está sentado en el sofá terminando de hablar por teléfono, luego de lo cual cuelga.

-          Llegaron los inversionistas – dice Eduardo. – Y aun no se sabe qué pasó con Juan Ignacio, pero parece que todo va bien. ¿Y? ¿Cómo han ido las ventas en el restobar, hijo?

-          Todo bien – dice Gerardo, terminando de hacer lo suyo en su notebook – aunque todo ha estado con poco movimiento – Gerardo cierra su notebook. – Quizás deberíamos contratar músicos o algo, aunque es difícil.

-          ¿No has pensado poner música mexicana o cosas así? Aunque no son mexicanos, pero según he oído, en el sur tienden a escuchar rancheras.

-          No, no sé – Gerardo se queda pensando un momento. – Aunque sería buena idea. Consultaré a ver qué hay.

Gerardo se levanta de la mesa del comedor y camina hacia donde está su padre.

-          ¿Y? ¿Has sabido de mi hermano o de mamá? – Gerardo se sienta al lado de su padre.

-          Sí, ayer hablé con tu madre y dice que todo está bien allá en México – Eduardo parece un poco desanimado al hablar de esto. – Pero bueno, ¿cómo te fue ayer con Lourdes? Supe que conversaron un rato.

-          Bien – Gerardo suelta un suspiro de alegría. – Está tan linda como siempre, aunque algo cambiada eso sí. ¿Y tú, qué tal con la señora Milagros?

-          También conversamos aunque sea un poco, pero de pronto se puso algo pálida. Creo que se sentía mal.

-          ¿Habrá comido algo que le hizo mal o qué?

-          No lo creo, se veía muy bien y animada, pero llegó Bernardo y de pronto ella se puso así, como si hubiese visto un fantasma.

-          Extraño, hay que reconocerlo. Por eso Lourdes se fue así como así – Gerardo ahoga un suspiro.

-          ¿Y tú? – Eduardo pone una mano sobre el hombro de su hijo. – ¿Todavía sientes eso por Lourdes?

Gerardo se incomoda un poco por la pregunta de su padre y pronto se levanta del sofá.

-          Mira, papá, yo sé que a lo mejor estaba enamorado de ella, pero… - Gerardo pasa su mano por la cara – la verdad es que… no sé si sienta lo mismo por ella, porque últimamente nos hemos visto muy poco.

-          Hijo, eso puede ser normal – Eduardo aparta la mirada de su hijo, poniendo ahora una mirada totalmente perdida. – Lo que es yo, creo que aún no he podido olvidar lo que siento por Milagros. Creo que ya es cosa del pasado.

Gerardo pronto recibe una llamada en su celular.

-          ¿Hola? – Gerardo contesta el celular. – ¿Qué sucede, Adrián? – Gerardo se queda callado por largo rato, escuchando lo que Adrián debe decirle. – ¿Qué? ¿Cuándo? – Eduardo se preocupa y se levanta con él. – Allá voy. Gracias. – Gerardo cuelga su celular.

-          ¿Qué pasa, hijo? – pregunta Eduardo, preocupado.

-          Creo que intentaron robar en el resto-bar – Gerardo muestra frustración en su rostro. – ¿Cómo es posible, si estaba todo bien cerrado?

-          ¿Quieres que te acompañe?

Gerardo asiente y junto a su padre salen pronto.

CORTE DIRECTO A…

2.      INT. RESTOBAR – BARRA – MEDIODÍA.

Eduardo y Gerardo ya están dentro del resto-bar, conversando con Adrián (Aarón Díaz).

-          ¿Pero cómo es posible que nadie haya visto nada? – pregunta enojado Gerardo.

-          Lo juro, Gerardo. Lo único que vi fue que el candado de los barrotes ya no estaba. Parece que lo forzaron.

-          Bueno, pero, ¿se llevaron algo? – pregunta preocupado Eduardo.

-          No lo sé – pregunta Adrián, nervioso. – Yo sólo los esperaba para que vinieran a ver.

Eduardo, Gerardo y Adrián se dirigen a la caja en la barra para ver si hay dinero. Gerardo revisa y se lo ve agitado, viendo los billetes que hay.

-          ¡No puede ser! – Gerardo se agita aún más. – ¡Faltan como 100.000 pesos chilenos! Eso es más de 200 dólares.

-          Adrián, ¿seguro que tú no tomaste nada de ese dinero? – pregunta Eduardo, tratando de sonar lo menos desconfiado posible.

-          Pero… ¿cómo creen que fui yo? Si ustedes llevan años de conocerme – Adrián parece nervioso ante la desconfianza. – Con Gerardo nos conocemos de chamaquitos. ¿Cómo creen que sería capaz de robarme algo?

-          No es que estemos dudando de ti, Adrián – Eduardo suena aún sereno – pero es que necesitamos saber, hombre.

-          ¿Cuántas veces se los tengo que decir? Yo no me robé nada – Adrián dice todo esto casi gritando.

-          Yo confío en Adrián, papá – Gerardo defiende a Adrián – y sé que no sería capaz de robar.

-          Bueno, está bien. Perdona, Adrián, pero es que en estos casos siempre hay que saber qué pasó o qué hicieron los que trabajan acá – dice Eduardo.

-          Bueno, yo entiendo, pero por favor no me vean a mí como el principal sospechoso – dice Adrián.

-          Veré si alguna copia de la llave del candado está perdida – Gerardo corre hacia su oficina.

-          Yo veré las que están escondidas en la bodega – Eduardo corre hacia la bodega.

-          Y yo veré si hay algo raro por allá – Adrián corre hacia exteriores.

Cuando Eduardo y Gerardo desaparecen, Adrián los mira y sale inmediatamente del recinto.

3.      EXT. RESTOBAR – FACHADA – MEDIODÍA.

Adrián se aleja un poco del recinto y pronto, en una orilla del recinto, se encuentra con una persona con imagen de delincuente.

-          ¿Sigues teniendo el dinero? – pregunta Adrián al delincuente.

-          Sí, lo tengo, hermano – dice el delincuente tratando de sacar su billetera.

-          Cuidado, que no te vea nadie – Adrián lo detiene. – Si Gerardo y Eduardo descubren que sí tuve que ver con el robo, me despiden.

-          Tranquilo, hermano, si tengo todo calculado – el delincuente se da unas cuantas palmadas en el bolsillo trasero. – Oye, gracias, te pasaste. Necesitaba que me pagarai el favor, si yo tengo que alimentar a mi polola que está esperando un cabro chico.

-          Conste que lo hago sólo porque te debía una, aunque no sé qué gano yo o qué gana el resto-bar en esto. Si se trata de una pérdida de casi 200 dólares.

-          Tranquilo, hermano – el delincuente saca su billetera e intenta pasarle 20 mil pesos a Adrián. – Toma esto, porque te rajaste.

-          No, ¿estás loco? – dice Adrián, rechazando el dinero. – Si me ven con lana, sospecharán más de mí.

-          Tranquilo, hermano – dice el delincuente. – Aquí tenís el candado. Lo rompí para que pareciera que entraron a robar.

Adrián se lo recibe, pero cuando siente que Gerardo y Eduardo están por salir, el delincuente sale corriendo. Gerardo y Eduardo se acercan a Adrián cuando el delincuente ya no está a la vista

-          ¿Y? ¿Encontraste algo? – pregunta Gerardo.

-          Sí, cerca del estacionamiento encontré el candado – Adrián se lo pasa a Gerardo.

-          Pos que está roto – dice Gerardo.

-          Pos claro que está roto, si lo forzaron – dice Adrián.

-          Muy bien hecho – Eduardo felicita a Adrián.

-          Pero eso no compensará la pérdida del dinero – Gerardo aún se ve molesto.

Gerardo y Eduardo siguen preocupados por la situación, mientras Adrián mira hacia donde se fue el delincuente.

4.      INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – DÍA.

Ya es la hora de almuerzo y Cristina sigue sentada esperando noticias sobre su marido. Bernardo, quien salió de la oficina, aprovechando la hora de almuerzo para darle apoyo moral a su hija, se acerca a ella.

-          No se ha sabido nada, ¿cierto? – pregunta Bernardo.

-          No, nada – dice Cristina. – Y ya me empieza a angustiar.

-          Oye, hija, ¿por qué no te vas a la casa, comes algo y descansas? – pregunta Bernardo.

-          No soy capaz, papá – Cristina se oye hastiada y angustiada. – No soy capaz de ir a la casa a almorzar.

-          Pero podemos ir a almorzar por ahí. No sé, a algún restaurante, al Portal o a la cafetería que hay en el primer piso de la clínica.

-          No creo ser capaz de comer nada – Cristina se oye muy angustiada. – De la pura angustia, me duele la guata.

-          Pero haz un esfuerzo, ¿cómo vas a estar sin comer?

Cristina, finalmente convencida, se levanta con su padre y deja la sala.

Ya habiéndose alejado lo suficiente, Mónica hace aparición en el lugar y se acerca al mesón.

-          Disculpe, ¿se puede entrar a ver al señor Juan Ignacio Montes? – pregunta Mónica a la enfermera.

-          No lo sé, habría que preguntarle al médico, pero está en su casa almorzando – responde la enfermera amablemente. – ¿Quién la busca?

Mónica está decidida a responderle algo a la enfermera. Siente que, si dice quién es en verdad, no la dejarían entrar al no estar directamente relacionada con Juan Ignacio.

CORTE DIRECTO A…

5.      INT. CLÍNICA – UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS – TARDE.

Habiendo obtenido el permiso, Mónica entra con una bata y un gorro adecuados para entrar a la Unidad de Cuidados Intensivos. Mónica se acerca lentamente hacia un inconsciente Juan Ignacio (Francisco Pérez-Bannen).

-          Juan Ignacio – Mónica se sienta a un lado de Juan Ignacio. – Soy yo, Mónica. Quiero que sepas que te mentí cuando dije que te dejé de amar. Nada de lo que sentía por ti ha cambiado.

Mónica sigue hablándole a Juan Ignacio, quien aún está inconsciente.

-          Mira, a lo mejor ahorita no me puedes oír – empieza a deslizarse una lágrima en el rostro de Mónica –, pero quiero que sepas que lamento todas las cosas que dije antes.

Mónica lleva sus manos a la mano de Juan Ignacio.

-          Escucha, tengo que decirte algo – dice Mónica. – Algo que llevo guardado desde hace mucho tiempo porque no tenía el valor de decirte.
 

INT. CLÍNICA – PASILLO U.C.I. – TARDE.

Cristina se da cuenta de que olvidó su cartera y pronto la ve aún en el asiento. Sin embargo, cuando la toma de nuevo y se dispone a irse, siente que pasa algo en la U.C.I. al ver la puerta entreabierta y se acerca al mesón de la enfermera.

-          Disculpe, ¿pasa algo en la U.C.I, donde está mi marido? – pregunta Cristina a la enfermera.

-          ¿Su marido? – pregunta la enfermera, extrañada. – Pero si sólo hay una persona en la U.C.I. en estos momentos… y la señorita que está allá dijo que era su marido.

-          ¿Su marido? Pero si yo soy… - Cristina no entendiendo nada, pronto tiene un presentimiento y siente un impulso de entrar a la U.C.I.

-          Señora, no puede pasar – la enfermera trata de detener a Cristina, pero es inútil. – ¡Señora!
 

5.1.INT. CLÍNICA – UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS – TARDE

Mónica continúa hablando con el inconsciente Juan Ignacio, quien aún sigue inconsciente.

-          Escúchame – dice Juan Ignacio – se trata de…

Mónica está dispuesta a decirle la verdad sobre el hijo que esperaba hace tiempo, cuando es interrumpida por Cristina.

-          Quiero saber quién eres tú y qué mierda haces… - Cristina dice esto furiosa, pero pronto reconoce a quien está junto a Juan Ignacio. – ¿Mónica?

Mónica se levanta y se impacta al ver a Cristina, quien está impactada al reencontrarse con la mujer que alguna vez fue la empleada doméstica en su casa.

Mónica no dice nada ante esto.

-          Pero… ¿cómo? – sigue Cristina, estupefacta. – ¿Por qué volviste?

-          Cristina, yo… – Mónica comienza a decir.

Cristina comienza analizar la situación.

-          Veo que no pierdes el tiempo – dice Cristina, muy molesta. – Te aprovechas de la situación para ver a MI MARIDO, aprovechas que yo no estoy para verlo y hacerte pasar por su mujer para lograrlo. Eres harto patuda.

-          Cristina, estás equivocada… - Mónica comienza a justificarse.

-          ¿Yo, equivocada? – Cristina sigue molesta, sin ocultar su rabia hacia Mónica. – ¿Me vas a decir que yo aluciné que la enfermera me dijo que a MI MARIDO lo vino a ver su mujer? ¿O que estoy alucinando con verte aquí, frente a frente?

Cristina pronto vuelve a analizar la situación.

-          Ahora entiendo todo – dice Cristina. – Ahora entiendo por qué ayer Juan Ignacio después de que salió un rato lo vi como alma en pena. Él ya sabía que volviste.

Mónica se queda muda.

-          ¿Por qué volviste, a ver? – dice Cristina. – ¿Por qué tenías que volver? ¿Para qué? ¿Para quitarme a mi marido?

-          Cristina, no es así – dice Mónica.

-          “No es así” – dice Cristina, imitando de forma burlesca el acento mexicano de Mónica. – ¿Entonces qué? ¡Dime!

Mónica no dice nada.

-          Escúchame bien y métete esto bien en la cabeza – dice Cristina, molesta. – Juan Ignacio es MI MARIDO, no tenías ningún derecho a meterte por acá haciéndote pasar por su mujer. ¡Yo! ¡Yo lo soy!

Esto último Cristina lo dice gritando. Bernardo llega pronto a la UCI al oír la voz de Cristina.

-          Hija, ¿qué pasa? ¿Qué son todos esos gritos? – Bernardo pronto se percata de la presencia de Mónica. – ¿Tu? ¿Qué estás haciendo acá?

Mónica se queda atónita ante la aparición de Bernardo. Una enfermera que pasaba cerca, pronto entra a la U.C.I.

-          ¿Qué está pasando acá? – pregunta la enfermera, muy enojada. – Esto no es una feria para que anden gritando. No puede estar más de una persona sin autorización de un médico. O sale uno o salen todos.

-          Perfecto – dice Cristina, quien voltea a ver a Mónica. – Que salga ella y me quedo yo, que soy su mujer.

-          Hija – dice Bernardo. – Acuérdate que íbamos a almorzar.

-          Bueno, salgamos todos, pero ella no se queda.

Mónica pronto se dispone a sacarse el delantal y el gorro y cuando se encamina hacia la puerta, Cristina pronto la retiene.

-          Esto no se queda así, ¿me escuchaste? – dice Cristina, amenazante. – Ya nos volveremos a ver las caras.

Bernardo toma a Cristina con quien se aleja. Mónica queda ahí, en medio de la puerta de entrada a la U.C.I. con la enfermera

-          ¡Ya pues, señorita! – dice la enfermera, molesta. – O se queda o se va.

Mónica pronto sale de la U.C.I. y la enfermera cierra la puerta por fuera y se aleja. Mónica mira alejándose a Cristina.

 

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