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ANIVERSARIO | A seis años de la muerte de Felipe Camiroaga, recordamos su incursión en las teleseries...

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El pasado sábado 2 de septiembre se cumplieron seis años desde que murió Felipe Camiroaga. Para recordarlo, seleccionamos dos capítulos destacados del libro "Felipe Camiroaga, la verdadera historia", de Cristián Farías y Cecilia Gutiérrez, referidos a su paso por las teleseries Jaque Mate y Rojo y Miel.


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La cirugía a la nariz y el flechazo con Angélica Castro


En septiembre de 1992, cuando llevaba apenas seis meses animando Buenos Días a Todos, Felipe Camiroaga aparece en la sala de pautas respirando ansioso. (El director) Mauricio Correa lo queda mirando. Felipe le informa que tiene un anuncio muy importante que dar. El director frunció el ceño, aprontándose a lo que venía. Llama al equipo. En ese ambiente de expectación, Camiroaga informa que se va. Le dice adiós al matinal para integrarse al área dramática. "Fue un batatazo", recuerda uno de los presentes. El desconcierto se dibujó en ciertas caras. Hubo mujeres que se angustiaron, aunque, en general, todos sabían cuánto anhelaba actuar y se alegraron por él. Menos Mauricio Correa. El director pernaceció en silencio, permanentemente molesto, aunque en esa reunión no lo manifestó.


Correa estaba descolocado. Ya había acuñado una manera de liderar su equipo, en la cual es amo y señor. Muchos integrantes de Buenos Días a Todos, incluso el mismo Camiroaga, en algún momento se sintieron pasados a llevar por el tono fuerte, directo y golpeado del director. "Es un jefe duro, al que no le gusta que lo contradigan, te plantea sin ninguna delicadeza lo que no le parece", describe uno de sus colaboradores históricos. No estaba de acuerdo con la partida de su animador estrella, pero esta vez no podía hacer nada, porque la decisión estaba tomada a nivel ejecutivo. Ahora solo le quedaba arreglárselas para encontrar rápidamente un reemplazante.


El hábitat natural del conductor era el campo, un lugar donde pudiese despertar con el trinar de los pájaros, el canto del gallo, abrir la puerta y encontrarse con pasto, árboles, tierra y animales. Llevaba las postales de sus veraneos en el sur pegadas en la memoria y desde que entró a trabajar en televisión soñaba con comprarse un terreno. El sueldo en TVN era bueno. Sumando "pitutos", como el programa Los Éxitos del Mundo, que grababa diariamente en Radio Galaxia, contó con los medios para cumplirlo. Era ahorrativo, no despilfarraba en ropa cara, bacanales en restaurantes ni viajes de lujo. Manejaba un flamante BMW, pero cada vez que recibía una cantidad de dinero importante, por algún contrato publicitario o un trabajo especial, invertía en tierras.


Mientras construía su primera casa -"donde me voy a ir a compartir con gallinas, caballos y perros", según anunciaba- arrendó una en La Dehesa. La construcción era amplia, con techo de tejas, chimenea, una gran terraza donde estacionaba su moto, jardín y piscina. Allí desplegó su gusto por la decoración sin pretensiones. Arregló el living con sillones de diversos estilos, grandes cojines, una mecedora y harto filodendro. El único toque personal era un würlitzer. Para allá se llevó al Kiwi, a Bibiano Castelló y a un fino ejemplar de pastor alemán, al que bautizó simplemente Perro. Durante unos días también recibieron a Lucho Jara, cuando estuvo soltero por una disputa familiar y no tuvo donde quedarse. El cantante rompió la puerta de vidrio de la ducha y nunca la pagó.


Felipe se enclaustró para preparar su personaje en la telenovela Jaque Mate, adaptación de una telenovela brasileña. Contaba la historia de dos poderosas familias dueñas de un banco, que vienen en mansiones contiguas. A Camiroaga le dieron el papel de Aldo Tapia, el jovencito de la trama, hijo de la cocinera y el chofer de una de las acaudaladas familias. Un joven humilde, tímido, a veces apocado, pero muy esforzado, que trabaja y estudia. Por supuesto que también conquista a la niña rica, interpretada por Aline Kuppenheim, la llamada "Juliette Binoche de las teleseries chilenas", quien comenzaba su apogeo en el género.


No le tocó un rol principal. Era actor secundario. Entró sin hacer pruebas ni casting a un elenco dirigido por el destacado Vicente Sabatini e integrado por figuras de la talla de Claudia Di Girolamo, Francisco Reyes y Paulina Urrutia, no por talentoso, sino que, nuevamente, por lindo. Era un anzuelo para que sus miles de seguidoras vieran la telenovela. Y como acostumbraba en lo profesional, afrontó el tema en la prensa, aunque por dentro hubiese odiado la pregunta. "TVN pensó que yo iba a ser un buen gancho para la teleserie. A mí no me molesta, es una realidad. Sería un engaño que creyera que actúo en Jaque Mate por mi talento como actor. Pero estudié un año teatro. No es un capricho. Quiero trabajar en esto", declaró en La Segunda.


Su maestra fue Anita Reeves, la respetada actriz que llegaba a La Dehesa para instruir al joven que salió duro para memorizar textos y meterse en el personaje. Él se esforzaba y se preocupaba de los detalles como salir a comprar el montgomery que usaría el Aldo en escena, pero no había caso. Se look estaba perfecto: se cortó el pelo estilo militar y se fotografió en traje de baño, saliendo de la piscina, promocionando su nueva faceta. Pero repasaba de pe a pa el libreto y no se lo aprendía. Se desconcentraba. El joven aprendiz no tenía training. Incluso moverse y hablar al mismo tiempo en una escena se le había un mundo. Para peor, una semana antes de comenzar las grabaciones, le llegó una patada en plena nariz y tuvo que operarse.


Camiroaga era tan palomilla cuando andaba de buen humor, que apenas llegaba a un lugar lanzaba bromas y buscaba en qué entretenerse. En noviembre de 1992 le dio por ponerse a jugar a los karatecas nada menos que con el jefe de seguridad de la Teletón, Juan Manuel Chandía. Esa mañana el conductor fue de los primeros en llegar a la Estación Central de Santiago, de polera y parka clara, para subirse el "tren del amor" que recorrería el sur, lleno de artistas para promocionar la jornada solidaria organizada por Don Francisco. Era muy temprano. Para pasar la hora y matar el frío, el inquieto Felipe comenzó a dar golpes y puntapiés al aire con el experto Chandía.


Iba un manotazo para allá, un puntapié al aire. Un golpe hacia acá, un par de fintas. Hasta que el jefe de seguridad hizo un pequeño error de cálculo. Una de sus patadas dio justo en el marco de los anteojos de Camiroaga. Un trozo de este quedó incrustado en la nariz del conductor. Saltó la sangre. Quedó agachado del dolor. Se llevó las manos a la nariz. Cundió el pánico. La punzada era intensa. Felipe pensó que tenía el tabique roto. Estaba más que asustado. Llegó ayuda, limpió la herida, se puso un parche curita y abordó el tren con la nariz hinchada. El dolor no se detuvo.


La molestia no cesaba porque tenía una fractura y, tras un chequeo con especialistas, el martes 17 de noviembre se sometió a una cirugía en la Clínica Alemana que duró dos horas y media. Junto a su cama lo esperaban su padre y Bibiano Castelló, que las hizo de vocero y contó que su amigo presentó "solo pequeños malestares y una leve alza de presión" tras despertar de la anestesia. El recién operado permaneció con yeso y reposo total durante varios días, y ya tenía quien lo cuidara: Angélica Castro.


El flechazo fue fulminante y ocurrió durante uno de esos fines de semana de adrenalina al máximo que se vivían en las carreras del Jeep Fun Race. El evento deportivo era auspiciado por una gran marca. Los vehículos todo terreno volaban por un circuito lleno de baches y obstáculos construido especialmente para provocar escenas de riesgo. Uno de los conductores era Felipe. Obsesionado con los autos, manejaba por entre pendientes y fosas con agua. Descargaba el estrés de la pantalla chica y se lucía frente a las espléndidas espectadoras del torneo.


Angélica Castro también competía en el Jeep Fun Race, donde llamaba la atención como una conductora aguerrida que luchaba con todo. Tenía 20 años, altísima, cintura de 57 centímetros, piernas interminables y pelo rubio y largo a lo Jerry Hall, la famosa maniquí texana de los años 70. El conductor quedó alucinado de inmediato y, por primera vez, decidió apurar su plan de seducción. Antes echaba mano de un arsenal de técnicas de acercamiento. "Interpretaba distintos papeles, el del niño tímido, el necesitado de cariño, el desprotegido...", enumeró en revista Ya. Pero intuyó que esta rubia no era como las otras y se presentó sin caretas. Luego de algunas citas, en la primavera de 1992 comenzaron a pololear.


En un principio solo los íntimos supieron, igual que con Salosny y Lucero. "No estamos pololeando. Saliendo sí, porque somos muy amigos hace harto tiempo", declaró ella, cuando en realidad la relación estaba formalizada, pero llegaron al acuerdo de proteger su intimidad a toda costa. Camiroaga tenía fobia a que los medios de comunicación hablaran de sus parejas.


"Creo que nunca va a pasar que salga a responder con quién estoy. Para hablar de mi trabajo estoy súper abierto... Pero no, no creo que alguna vez grite que estoy enamorado y que se llama tal. Se trata de guardar algunos secretos para uno y compartirlo con tu entorno más íntimo", argumentaba. Angélica era igual de hermética que él. En los seis años que estuvieron juntos, jamás se le escapó un detalle del affaire. Batió el récord como la pareja más infranqueable del animador. "Lo íntimo es sagrado", afirmó en Cosas.


Fue la primera novia que el conductor reconoció públicamente. "Estamos súper contentos. Tenemos problemas como todas las parejas y esto nos ha permitido crecer mucho como pololos", contó, pero solo hubo algunas fotos juntos y exclusivamente en eventos sociales donde fueron sorprendidos. Castro posaba sensual en las revistas de papel cuché, donde dio extensas entrevistas, pero en el asunto amoroso solo dijo generalidades (...)


La trastienda de su paso como galán de teleseries




El debutante se integró a las grabaciones de Jaque Mate con su nariz convaleciente y afinada. Era más vanidoso de lo que reconocía, y más tarde recalcó en La Nación que se la operó "por un golpe, no por vanidad. Yo tenía una nariz muy bonita, chiquitita. No había nada que hacerle. Cuando uno se opera por vanidad no quedan cicatrices a la vista".


Las mansiones de la telenovela se levantaron en el Club de Tiro Lo Caña, donde Felipe no podía hallar su personaje. Llegó a repetir hasta siete veces una escena. Aline Kuppenheim le sacó en cara con paciencia y simpatía que no se aprendía los textos. Y del primer beso que se dieron, la actriz recuerda que el debutante "estaba muy nervioso. No le habían explicado cómo era la cosa técnicamente, así es que le dije: "mira, tiene que ser sin lengua". Y me respondió: "¡Ay, ya! Ahora entiendo". Ahí se relajó".


Camiroaga nunca llegó a entender bien a Aldo Tapia. Opinaba que era "muy ganso" y "muy pasivo" frente a su enemigo, un paltón prepotente encarnado por Mauricio Pesutic, que humillaba a Aldo. En ocasiones quiso cambiar el libreto y el director se lo prohibió. "Un día le dije a Vicente Sabatini: "Aquí el Aldo tiene que pegarle un combo a Rodolfo Möller [Pesutic]". Pero Vicente me contestó: "No, tu personaje no es así. Eso no está en su naturaleza", señaló. Quedó frustrado.


En medio de su trabajo en Jaque Mate, Camiroaga partió nuevamente al Festival de Viña, en febrero de 1993. Se fue cargado de chaquetas de hombreras gigantes, a promocionar su nuevo rol de galán de la teleserie. TVN había ideado una nueva fórmula para potenciar a sus figuras en el evento. El animador Antonio Vodanovic dejaría la presentación de las canciones en competencia a parejas formadas por rostros de la estación. Los elegidos fueron Claudia Di Girólamo, protagonista de Jaque Mate, el actor Bastián Bodenhöfer y Margot Kahl, quienes cada noche aparecían arreglados como para baile de disfraces.


Felipe ocupaba portadas tomando el sol en la terraza. Del look a lo Papelucho del colegio y el Fido Dido del Extra Jóvenes, pasó al de Adonis de teleserie, con reloj metálico y cruz de plata y oro al cuello. Sobre el césped, con el pelo aún mojado por el agua de la piscina, miraba despreocupado ,como si el fotógrafo no lo estuviese apuntando. Sexy.


Cada noche recibía fuertes aplausos al subir al escenario de la Quinta Vergara. Le pidieron el tradicional beso cuando le tocó presentar con Di Girolamo y se lo dio mucho menos complicado que cuando animó con Soledad Onetto en 2009 y 2010. Se hizo bien amigo de la actriz, con quien actuó en Jaque Mate. Al finalizar la jornada, Antonio Vodanovic lo invitaba a su habitación para beber alo y darle consejos, y lo sorprendieron bailando hasta las cinco de la madrugada con una integrante del ballet llamada Isolina.


A la mañana siguiente corría a leer las críticas de los diarios que para él siempre fueron un asunto de vida o muerte. Quedaba feliz. Los periodistas lo aprobaron, y su papá lo llamaba para felicitarlo. "Creo que estuviste bien. Muy justo lo que hiciste", le comentaba el mesurado Jorge Camiroaga. "A los tres años de carrera, estar en el escenario más importante de Chile y uno de los más importantes del mundo en cuanto a festivales, es una cosa grande", se vanaglorió en el suplemento de espectáculos Estreno. Con el ánimo y el ego bien alto hacía de las suyas, forrado en unos jeans más ajustados y sus nuevas chaquetas de mezclilla o cuero Diesel.


Pasado el alegre lapsus viñamarino vino la decepción. Jaque Mate fue un desastre de marca mayor. Se estrenó en marzo de 1993 y perdió por paliza frente a Marrón Glacé, la apuesta de Canal 13 de ese primer semestre, ambientada en un centro de eventos y que sltó a la prensa del corazón porque en las grabaciones la actriz Carolina Arregui le fue infiel a su marido, Óscar Rodríguez, director de la historia, con Fernando Kliche, antagonista de la trama. La diferencia de rating entre las dos producciones fue aumentando con los días y Marrón Glacé se convirtió en "un batatazo", como reconoció Camiroaga. Los promedios de rating fueron: 24,7 puntos para la teleserie de Canal 13 y 13,3 para Jaque Mate, según Time Ibope, la empresa que mide las audiencias televisivas.


Felipe quedó devastado con las cifras lapidarias. El inmenso ego que había inflado en tres años en pantalla se vino al suelo. Se desahogó explicando que le puso todo el empeño, pero nunca logró meterse en la piel de su personaje y, cuando lo hizo, la sensación duró solo unos minutos. Afirmó que si los ejecutivos habían decidido usarlo como "gancho" para captar rating, mejor lo hubiesen usado bien, dándole un papel protagónico, porque su rol no agarró fuerza en los libretos.


Estaba confundido. Derrotado. Por primera vez en los siete años que llevaba trabajando, desde que entró a hacer la práctica en Canal 11, necesitaba un descanso largo para decantar la derrota y rearmarse. Camiroaga se dedicó a lamer sus heridas, aunque le fue imposible desconectarse por completo. En esos días libres se dedicó a ver tele, a observar y analizar el escenario en el que estaba metido. Además, animó diversas etapas del festival juvenil Crush y viajó a Miami.


Se recuperó. Fue un hombre que no se rindió. "Si he pagado el piso ha sido por algo", declró. Felipe tenía proyecciones serias. Por una mala teleserie no iba a tirar por la borda su plan de showman. En Las Últimas Noticias lanzó su eslogan: "Lo que cuesta es mantenerse y seguir creciendo. Mi deseo es ser un comunicador integral y para eso hay que proponer nuevas fórmulas, cosas nuevas". Pero llegó la hora de cumplir las promesas que TVN había publicitado.


A comienzos de 1994 la prensa se preguntaba por el "Camiroagazo" que habían prometido los ejecutivos del canal público tiempo atrás, al anunciar que el conductor realizaría un estelar propio a otro nivel. ¿Dónde estaba el gran programa de ese impetuoso veinteañero que aseguraba que "tengo material para opacar a muchos"?


En TVN le renovaron la promesa de un estelar a su pinta y con grandes recursos, pero primero volvería a las teleseries. No con un papel chico y deslavado donde se perdiera, sino como protagonista. Sería un playboy vividor y pérfido que engañaba y utilizaba a las mujeres, en una historia que primero titularon Palabra de Mujer y finalmente fue bautizada como Rojo y Miel.


Formaría un triángulo amoroso con una dupla probada: Bastián Bodenhöfer y Ángela Contreras, que venían de Ámame, el exitazo que había sacado a flote al área dramática de la señal, después del desastre de Jaque Mate. Lo convencieron de que Rojo y Miel sería su venganza en la llamada "guerra de las teleseries". La propuesta le encantó. Además, a él se le ocurrió que su personaje fuera un "cuico" jugador de polo, porque a esas alturas se manejaba aún mejor con los caballos. Había seguido en contacto con el campeón Jorge "Tono" Iturrate y tomó clases en la escuela dedicada a este deporte que Iturrate tenía en El Salto con Vespucio. Hasta allí lo acompañaba su fiel polola Angélica Castro, quien a veces se quedaba dormida dentro del auto, de puro aburrida y cansada, esperando que Felipe terminara de practicar.


Ahora solo tenía que dar explicaciones a la prensa sobre el majadero aplazamiento de su esperado "Camiroagazo" en los estelares. Enfrentó a los periodistas defendiendo la decisión de sus jefes, como acostumbró hasta su último día. Se mostró segurísimo. Pero también estaba asustado. Era su última oportunidad para demostrar que la actuación no era "un capricho de cabro chico", uno de los comentarios que más sintió cuando derivó de la conducción a las telenovelas.


El regreso al hogar era placentero tras las agotadoras grabaciones. Entregó la casa en La Dehesa y se trasladó a su primer refugio, donde dio rienda suelta a su gusto por el campo, lo rústico, la soledad y los animales. En un terreno camino a Farellones cumplió su fantasía de perderse en la montaña, en una construcción con paredes de madera y lámparas de metal diseñadas por su hermano Francisco, que se hizo camino como reconocido decorador.


Allí, Camiroaga armó un ambiente surtido con la mejor artesanía. Cubrió pisos con alfombras de lana pura y decoró con buena dosis de canastos, cojines, los filodendros que rescató de su anterior morada y adornos de fierro. Se relajaba repasando sus discos de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, bajo el fuerte olor de los inciensos que encendía. Su pasión por los pájaros estaba expuesta en los colgajos de aves de mimbre que rodeaban la chimenea metálica y un loro al que bautizó como Lucas y que precedió a su afición por los halcones. Al pastor alemán llamado Perro se sumó un grupo de perros regalones y su primer caballo.


Antes del estreno de Rojo y Miel, Camiroaga tuvo una aparición de un mes en La Noche del Mundial, para Estados Unidos 1994. Los mundiales significaron una importante vitrina para el conductor. Experimentaba un boom de energía y creatividad, y se lucía. Aunque en esta primera experiencia lo desaprovecharon en un panel liderado por César Antonio Santis, Sergio Livingstone y Andrea Tessa.


La olvidable experiencia en La Noche del Mundial le sirvió para preparar el debut de Rojo y Miel. Felipe se jugó todos los cartuchos y se lanzó en una ronda de entrevistas promocionales. Brillaba en las fotos con chaqueta de lana, pantalón Hugo Boss, camisa de cuello abierto y un carísimo reloj Rolex. Lucía la piel cuidada, perfecta, y el pelo hacia atrás, peinado con un cuarto de litro de gel, su toque. Aunque aseguraba en las entrevistas del corazón que no era tan vanidoso, lo necesario y no más. "No hago ningún ejercicio como para mantenerme en forma, sino que, como soy bastante hiperkinético, juego harto tenis, practico equitación y me gusta hacer gimnasia con máquinas, pero no las hago por estética. Si quisiera tener un cuerpo como Adonis, tendría la guata dura, con calugas y todo, pero no me gustan los abdominales", aseguró.


Se puso el parche antes de la herida y aseguro que en Rojo y Miel el más experimentado era Bastián Bodenhöfer y la más carismática Ángela Contreras, con quien se hizo bien amigo y la acompañó a buscar departamnto. Él aportaría al trío con una cuota de humilde "show" y "marketing".


"Estoy pensando en ti, dime que me llamas, dímelo", cantaba Keko Yunge en la pegajosa canción central de la comedia. A los siete minutos del primer capítulo apareció Camiroaga, cabalgando al viento, jugando un partido de polo. Su personaje se llamó Javier Escudero y hablaba con su mismo tono, jugaba polo y se peinaba como él. Era un galanazo que partió coqueteando con la primera mujer que se le cruzó en la historia. Felipe se notaba cómodo en la piel de este casanova que conquistaba por interés a una preciosa periodista recién recibida, interpretada por Ángela Contreras.


Su papel era el otro extremo del apocado Aldo Tapia de Jaque Mate. Si en esa primera historia había pensado que mostrarse en el jacuzzi de un motel perjudicaba su imagen, en Rojo y Miel no tuvo pudor en personificar a un malvado que raptó a un niño. Los críticos notaron su crecimiento y, finalmente, se validó como actor de telenovelas.




Su epifanía vino en el último capítulo, donde hizo llorar a la directora María Eugenia Rencoret en el ensayo, en el grabación y en la transmisión del episodio. Puso su alma en la escena donde Javier Escudero se despide para siempre de Damián, el niño que había visto crecer como suyo, interpretado por un pequeño Damián Bodenhöfer, hijo de Bastián. Cuando las lágrimas brotaron de sus ojos rojos, usó todo el training que había ganado aplicándose al máximo. No era para ganarse el Oscar, pero Felipe lo hizo muy bien. "¡Te las mandaste!", le gritaban. Lo aplaudieron.


Pero más que ese éxito en Rojo y Miel, lo que realmente marcó durante esta época a la joven promesa fue su encuentro con el teniente Juan García, maestro en la Escuela de Equitación de Carabineros, en Maipú, donde se perfeccionó en el polo y participaba en partidos durante los fines de semana. García lo invitó a sus tierras, en el sector El Guindo, en Chillán. Y bajo el techo de esa construcción de campo sintió de inmediato el tremendo calor de hogar del matrimonio García, compuesto por Juanito y Silvita, los padres, y los hijos Juan y su hermano Luis.


Los dueños de casa, ya de cierta edad, lo recibieron con los brazos abiertos, con una hospitalidad y calidez que la estrella de la televisión siempre anheló tener. Camiroaga idealizó a ese matrimonio que llevaba muchos años juntos y seguían tratándose con el cariño del primer día.


"Después se invitaba solo y partía donde los García", bromea uno de los testigos de esa historia de amor fraterno, donde Felipe se convirtió en un hijo más para la familia sureña. Chillán fue su segundo hogar, más aún que el de su segundo papá, Jorge Camiroaga. Las visitas fueron cada vez más frecuentes y llegaron a tal grado de cercanía, que en los retratos familiares estaban todos los García, más Felipe, y Silvita puso una foto del animador en su pieza.


El rostro de TVN aparecía en Chillán con pololas o amigos, y desde ahí se dirigía a las termas, iban en moto hasta Pichirrincón, o enfilaban a Aguascalientes. Con Luis hicieron proyectos y negocios, y el patriarca don Juan, a quien llamaba el Ídolo, fue como un padre. Los invitaba a Santiago y se alojaban semanas en el hogar del conductor, cuando tenían que cumplir con algún trámite médico o estaban de vacaciones.

Edited by Mainato

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Qué interesante :comadre: yo el año pasado pude verlo como Aldo Tapia en Jaque Mate, y claro, era un personaje apocadito y como "buen niño": el cajero de banco, esforzado, que estudia y trabaja a la vez; pero se lo creí, no encontré que lo hiciera mal. Además que si él se ponía nervioso, eso hasta le aportaba al personaje, que cuando tenía escenas con Rodolfo Moller, siempre tenía que estar en un estado de sumisión. Eso sí, a su manera, después saca más personalidad, pero como decía Sabatini, tampoco me lo imagino pegándole un combo a Pesutic :mm: Anita Reeves también ha hablado de este proceso en que ayudó a actuar a Felipe, y quedó bien bonita su relación de madre e hijo en la teleserie, junto con su papá, que lo hacía Oscar Hernández. La química con Aline también me gustó :soto: En fin, de verdad que para mí, sin ser un excelente actor, lo hizo bastante mejor que algunos debutantes de ahora, pero está claro que lo pusieron en el elenco como "gancho" publicitario, y es lógico que haya sido decepcionante para él que Jaque Mate perdiera frente a Marrón Glacé, sumado a que la del 13 la eclipsó mediáticamente también.

 

En Jaque Mate también le tocó darle un beso a la Digi, cuyo personaje le coqueteó en un par de oportunidades a Aldo, más al inicio de la trama :fun: y una vez en este programa Animal Nocturno, donde la Digi estuvo invitada, recordaron eso, y que Camiroaga estaba súper nervioso :fun: y ella quería hacerla corta para terminar de grabar e irse :xD:

 

En Rojo y Miel no lo he visto, pero tengo mis serias dudas de si habrá dado el ancho para el personaje, antagónico y de importancia :mm: Igual siento que ese personaje era un poco "él", pero desde la visión de la gente, sobre todo mujeres: conquistador, amante del campo, etc. Porque Aldo era todo lo contrario, mucho más humilde.

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Recuerdo que la Aline una vez dijo en un entrevista que en las grabaciones de Jaque Mate había oficiado de profesora casi con Camiroaga porque era muy tieso para trabajar, que los textos no le salían con fluidez al principio, pero que no había forma de enojarse con él porque era muy amoroso y tierno y a ella le bajaba la ternura y terminaba ayudándole para lograr las escenas

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"Estoy pensando en ti, dime que me llamas, dímelo", cantaba Keko Yunge en la pegajosa canción central de la comedia. A los siete minutos del primer capítulo apareció Camiroaga, cabalgando al viento, jugando un partido de polo. Su personaje se llamó Javier Escudero y hablaba con su mismo tono, jugaba polo y se peinaba como él. Era un galanazo que partió coqueteando con la primera mujer que se le cruzó en la historia. Felipe se notaba cómodo en la piel de este casanova que conquistaba por interés a una preciosa periodista recién recibida, interpretada por Ángela Contreras.

 

La Ángela en esa teleserie era una recién titulada arquitecta no periodista :xD:

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Durante unos días también recibieron a Lucho Jara, cuando estuvo soltero por una disputa familiar y no tuvo donde quedarse. El cantante rompió la puerta de vidrio de la ducha y nunca la pagó.

 

 

:ajuajua:

 

Luis Jara desde siempre dando jugo :abanico:

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Debe haber sido querible Camiroaga con para los actores, y por eso los que fueron más cercanos a él en Jaque Mate, porque en la trama lo eran sus personajes, tienen que haberle tenido paciencia y ayudado, con gusto. Si hubiese sido un gallo pedante, que se diera ínfulas, cuando en realidad tenía que aprenderlo todo actoralmente hablando, yo creo que no le habrían dado ni la hora :xD:

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