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COCINA EN LAS ENCUESTAS l Cadem y mediciones de opinión en tela de juicio: Encuestas truchas y de las otras

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Radiografía a las encuestas: cómo se cocinan los cuestionados sondeos políticos

 

Son al menos cuatro sondeos que periódicamente publican sus sondeos de opinión pública con el objetivo de influir en la agenda: CEP, Adimark, CERC-Mori y Cadem. Con distintas metodologías, los estudios muestran las alzas y caídas del círculo político, precipitando incluso algunas decisiones. Eso sí, con varias críticas de cómo éstas se realizan.

 

 

Cada miércoles a las seis de la tarde, en las oficinas de Plaza Pública-Cadem ubicadas en Barrio Italia se comienzan a hacer cientos de llamadas para preparar la encuesta política que será publicada el lunes siguiente. Son 120 personas -divididas en varias áreas de investigación de mercado y opinión pública- que se comunican con un poco más de 700 personas que fueron seleccionados previamente desde una base de datos que busca representar al país en este estudio.

 

El jueves, a la misma hora, continúan los llamados y, si aún faltan por hacer, se realizan el viernes en la mañana. También el jueves se realizan las encuesta cara a cara a 220 personas en tres puntos del país: la región de Valparaíso, del Biobío y la Metropolitana. Esta muestra complementa los llamados telefónicos para buscar una representatividad mayor, según el documento metodológico que mantienen en su sitio web.

Así funciona la metodología que ocupan Cadem desde enero de 2014 cuando partieron realizando este sondeo, que semana a semana marca la agenda noticiosa y busca influir en ella, colocando más arriba o más abajo a los pre candidatos presidenciales y fijando la aprobación del Gobierno y de la Presidenta Michelle Bachelet. Cadem -dirigida por Roberto Izikson- es la única medición que lo hace semanalmente, una fórmula que le ha significado varias críticas.

En la academia y en el circuito político relativizan su metodología, tanto por la baja cantidad de encuestados -738 casos en el último estudio- y porque solo cubren el 70% del país, lo que a juicio de expertos le quita representatividad. Izikson, gerente de Asuntos Públicos de Cadem, la defiende.

“Quisimos rescatar lo mejor de las encuestas telefónicas, pero complementar con una encuesta cara a cara para llegar de forma efectiva a los niveles altos y bajos, lo que logramos en los puntos de afluencia. Hacer una medición probabilística en hogares significa mucho tiempo y recursos, por eso existen alternativas que se llaman cuotas por teléfono, fijos y celulares, por afluencia o incluso online”, afirma.

Así lo hicieron para obtener los resultados publicados este lunes, donde el ex presidente Sebastián Piñera -de quien el mismo Izikson fue su asesor en La Moneda por cuatro años- quedó seis punto por delante de Alejandro Guillier, manteniendo el liderazgo histórico en esta encuesta, y prolongando el estancamiento de Ricardo Lagos.

El mundo de los estudios

Tanto Cadem como la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) -que se realiza semestralmente-, la de Adimark -una vez al mes- y el Barómetro de la Política de CERC-Mori -trimestralmente- tienen metodologías y resultados distintos. Y, a veces, muy distintos.

A comienzos de enero, las cuatro encuestas -que coincidieron en un mismo periodo- mostraron cifras distintas en la pregunta “¿Quién cree que será el próximo Presidente de Chile?” para Piñera, quien obtuvo entre un 43% y un 27% liderando los sondeos, y para Guillier con números entre un 25% y 11%. ¿Por qué pasa esto? Los expertos aseguran que tiene que ver con la metodología que ocupan.

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“Algunos tipos de encuestas pueden tener mayores niveles de precisión que otras. La encuesta cara a cara es más costosa y más compleja de realizar, pero si se logra bien tiene mayores niveles de calidad. En el caso de las encuestas telefónicas, no se sabe muy bien cuáles son las bases de datos que se usan, cómo se definieron y eso pone en duda su calidad”, explica José Manuel Gaete, investigador de la Academia de Humanismo Cristiano.

De acuerdo al British Polling Council (BPC), una asociación de encuestadores inglesa que busca fijar un estándar para estos estudios, existen básicamente dos tipos de mediciones: las probabilísticas o las que son fijadas por cuotas poblacionales, también llamadas estratificadas.

En el primer caso, todas las personas tienen una probabilidad de ser seleccionados en una muestra. En el segundo, se realizan cuotas de población para que, por ejemplo, exista una cantidad proporcionada de hombres y mujeres de acuerdo al último censo, lo que reduce las estimaciones de error.

Gaete asegura que en las encuestas locales pocas veces hay clarificaciones de cómo se hizo la muestra, cómo se trata el reemplazo de personas que no quisieron ser sondeadas, cuántos contestaron o cuándo se habló con otra persona. Tampoco hay claridad de por qué y cómo las encuestadoras acceden a todas las bases de datos del país, dice.

Adimark, por ejemplo, solo realiza estudios de una muestra aleatoria por vía telefónica y no hace pública la forma en cómo la construye. La información disponible en la encuesta publicada en enero especifica que fueron 1070 casos, de los que 853 fueron a red fija y 217 a celulares, solo de los principales centros urbanos del país.

La medición que supera la “prueba de la blancura” es la del CEP, conocida como la madre de todas las encuestas. Es la única que entrega detalles, una semana después de publicar los resultados, de cómo se hizo el sondeo, la tasa de respuestas y la muestra completa. Esta encuesta -financiada por el empresariado- es exclusivamente cara a cara.

El encuestador debe entrevistar a la persona seleccionada a como dé lugar, reagendando si es necesario. La idea es que quien fue escogido sea efectivamente parte de la encuesta, una rigurosidad que hace que no tenga tasa de reemplazo disminuyendo el margen de error. Con esta metodología logran una de las tasas más altas de respuesta en todo Latinoamérica.

Metodología parecida tiene el barómetro de la política de CERC-Mori, donde no hay muestras telefónicas.

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La cuotas de la población

Algunas de estas encuestas tienen otro problema, aseguran en la academia: la sobre y sub representación de sectores de la población. Esto último ocurre, sobre todo, en los sondeos telefónicos, ya que hoy solo una pequeña parte de la población tiene este tipo de servicios, siendo las personas mayores y sectores socioeconómicos medios y altos las que la lideran.

Nueve de cada diez personas del 10% más rico del país tiene teléfono fijo, aunque normalmente no son usuarios de éste. “Si haces una encuesta C1 por teléfono, lo más probable es que te conteste cualquiera en la casa menos el C1 que te interesa”, explica Roberto Izikson.

Al otro extremo, solamente el 30% del grupo socioeconómico D tiene líneas fijas, con una complicación adicional: en los horarios en que se hacen las encuestas, “las personas de esa condición social están en movimiento, después del trabajo o no están en sus casas”, dice el vocero de Cadem.

Pese a esto, dos encuestas basan sus resultados en este tipo de entrevistas a red fija: Adimark y la dirigida por Izikson, aunque esta última incluye una muestra adicional y complementaria de entrevistas cara a cara con las cuotas que no pudieron ser representadas por la vía telefónica. La crítica contra estos sondeos indica que hay una sobre representación de ciertos sectores.

“En el pasado, se sabía quiénes eran los usuarios de teléfono fijo por región y se podía estimar su condición socioeconómica y comportamiento anterior. Sabíamos que se comportaban de una manera pero hoy con el celular es muy difícil hacer eso, por lo que hay que cambiar los modelos”, explica Claudio Fuentes, académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile.

Misma opinión tiene José Manuel Gaete. “Los teléfonos fijos van en retirada y los celulares en alza, y con eso se producen errores probabilísticos de sobre y sub representación en una encuesta exclusivamente por llamadas”, explica.

Estas distorsiones podrían explicar las altas diferencias entre una medición y otra, como en el caso de los sondeos de la primera semana de enero cuando en la percepción de quién será el próximo jefe de Estado Piñera obtenía un 43% en Adimark frente a un 27% en la CEP.

Roberto Izikson, de Cadem, defiende la encuesta vía teléfono, aunque reconoce que existen limitantes. “Tienen fortalezas importantes todavía, como llegar a todo Chile, llegar a comunas pequeñas, a todas las edades, géneros y una transversalidad económica”, dice.

“Nosotros creemos que las diferencias que podrían haber entre encuestas no tienen que ver con la muestra. Creemos en nuestro 70% de representación del país. No representamos el 30% restante porque para nosotros es muy caro, es más lento, no cumpliría los objetivos para una encuesta semanal, pero lo hemos asumido de forma transparente”, dice. Y lo reafirma: “Nuestros resultados con el 70% resultan ser muy parecidos a los del CEP con el 100%”.

Prediciendo las elecciones

Ninguna encuesta en el país puede predecir el resultado de una elección, aunque algunas se acerquen a los resultados. En eso concuerdan tanto los encuestadores como los expertos. Sin embargo, muchas de ellas se utilizan con el fin de determinar el comportamiento de las personas frente a un escenario presidencial.

Las encuestas son solo una foto en un largo fotograma de una película. Si pensamos que fuese así, habría que pensar en cuán difícil es adivinar el final de una película viendo solo un cuadro de ésta”, dice José Manuel Gaete.

Según el académico lo que sí hacen estos sondeos son dos cosas: revelar tendencias históricas y hacer una comparación de grupos sociales, pero siempre como fotos del momento. “Lo que uno puede leer correctamente es la tendencia y lo que se muestra hoy concretamente es el ascenso rápido de Guillier y el estancamiento de Lagos. Eso es todo”, concluye.

En lo concreto -agrega-, las encuestas preguntan qué harían si las elecciones fueran el domingo, “otra cosa es que nosotros tomemos esas preguntas como predicciones”. Además, el mismo experto explica que con una encuesta es muy difícil saber si alguien realmente va a ir a votar o si una persona está mintiendo al encuestador. De hecho, en la CEP posterior a las elecciones municipales, un 53% declaró haber ido a sufragar: en la realidad solo asistió un 35% del país.

Según Marta Lagos, directora de CERC-Mori, el uso político de las encuestas, como la elección de candidatos por parte de los partidos políticos en base a estos estudios, ha reducido “la complejidad de las encuestas” a una batalla por influir en la opinión pública que le ha quitado credibilidad a los resultados.

“Andar preguntando sobre las intenciones de voto en preguntas abiertas… ¡¡¡no sé a quién se le ocurrió hacer algo así!!! Eso es básicamente hacer una pregunta electoral infinita para un universo que sabemos que será finito”, dice Lagos con molestia.

Claudio Fuentes dice que en los modelos predictivos anteriores se podía estimar de mejor manera el comportamiento del voto, pero que el voto voluntario cambió el escenario, terminando con las estimaciones y segmentaciones que se conocían. “Ni siquiera sabemos hoy si van a votar”, dice.

El estándar internacional

Marta Lagos es una férrea opositora de las encuestas Cadem y Adimark. Ella asegura que ninguna “cumple con las condiciones mínimas fijadas por los organismos internacionales de encuestas”, como ESOMAR, que son tener un mínimo de encuestas o que se cubra todo el territorio nacional.

“La Cadem no mide al país completo. Adimark deja afuera al 30% del país, y siempre son los más pobres. Es imposible que puedan tener sus opiniones porque entrevistan a las personas de las ciudades más grandes, donde las personas de sectores más bajos no se concentran”, dice.

La recomendación de los organismos que lideran el mundo de las encuestas en el mundo es que éstas sean de al menos mil casos, lo que va reduciendo el margen de error. Con mil entrevistas, el margen de error se sitúa en un 3%, mientras que con dos mil, se puede lograr un 2,7%. Así lo explican en el National Council on Public Polls (NCPP), en Estados Unidos.

“Entre más gente sea entrevistada, más pequeño es el margen de error. Pero también es un error pensar que ‘más es automáticamente mejor’, porque hay otros factores que pueden ser más importantes a la hora de calcular la calidad de una encuesta”, afirman.

La encuesta Cadem es la que tiene la menor cantidad de entrevistados: 738 en la última medición frente a la recomendación de los organismos. “Entendemos ese punto”, dice Roberto Izikson, aunque afirma que su encuesta tiene 2280 casos al mes si es que se suman los cuatro estudios mensuales, o 3500 casos si hay una semana extra.

“Si lo miramos así, tenemos muchos más casos que el resto de las encuestas, sobre todo más que Adimark si nos comparamos con ellos que tienen mil al mes. Eso nos disminuye los márgenes de error”, asegura.

Según José Manuel Gaete, el gran problema en Chile con las encuestas es la transparencia. “Estamos súper al debe con la falta de información de cómo se realizan las mediciones en muchos ámbitos, desde el diseño hasta la presentación de los resultados. Lo importante es hacer cambios por esa línea para poder leer bien lo que nos están diciendo”.

http://www.eldinamo.cl/nacional/2017/02/13/radiografia-a-las-encuestas-como-se-cocinan-los-cuestionados-sondeos-politicos/

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:cambio21:

25 Febrero 2017

 

 

Cadem y mediciones de opinión en tela de juicio: Encuestas truchas y de las otras

 

 

Chile se llenó de sondeos que dicen medir el pulso de la política y la economía, pero nadie sabe bien quiénes están detrás y cuáles son sus intereses, menos cuáles son los métodos utilizados o cómo leer sus resultados.

 

 

 

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La "encuestitis" se transformó en aguda enfermedad, como pandemia, a casi nadie dejó inmune. Su influencia incide en el electorado que gusta jugar a ganador. La derecha lo sabe y Cadem es su arma letal.

Cuando usted escucha el tiempo tras el noticiero, inconscientemente tiende a adecuar al pronóstico su vestimenta del día siguiente. Por ello no resulta extraño ver a muchos con paraguas un día en que el sol despunta. Algo similar pasa con las encuestas: para algunos se han convertido en un insumo insustituible al momento de fundamentar su posición e incluso de

ejercer su derecho a voto.

Muy pocos saben cómo se elaboran las preguntas, quiénes las financian, cuál es la excelencia del muestreo que determina su capacidad de predicción. Lo cierto es que estos sondeos se han transformado en una letal arma de lucha e influencia en la voluntad de las personas. Desde la derecha se sostiene que al chileno "le gusta jugar a ganador" y por ello valoran que, aunque sea por un punto -menor al margen de error de la medición-, sea Piñera el que esté a la cabeza de ciertas mediciones.

Comulgar con ruedas de carreta

"La gente cree que no le están diciendo la verdad", explicó a Cambio21 Roberto Méndez, director de Adimark. Y no se equivoca, pues el nivel de sospecha también ha alcanzado a estos instrumentos científicos que en sí no son malas herramientas, sin embargo son susceptibles de manipulación y algunas de las empresas encuestadoras no hacen nada por ocultarlo.

Para la directora de Mori, Marta Lagos, sí ha existido uso político de los sondeos, como en la elección de candidatos por parte de los partidos políticos en base a estos estudios, reduciendo "la complejidad de las encuestas" a una batalla por influir en la opinión pública, la que le ha quitado credibilidad a los resultados.

"Andar preguntando sobre las intenciones de voto en preguntas abiertas... ¡no sé a quién se le ocurrió hacer algo así!", sostiene molesta, recalcando que se trata de una "pregunta electoral infinita para un universo que sabemos que será finito".

Que las encuestas están manipuladas, es un hecho no sólo en Chile, es en todo el mundo. Pinochet resultaba amplio triunfador previo al plebiscito que lo derrotó con el NO. En Inglaterra los sondeos previos decían que el Brexit se iba a rechazar ampliamente, el mismo triunfo de Donald Trump era impensado desde el punto de vista de las mediciones de opinión, las que daban por segura ganadora a Hillary Clinton. Y qué decir de las últimas elecciones municipales en nuestro país, donde derechamente no le apuntaron a nada.

No fue lo que dijo, sino cómo lo dijo

En Chile suelen ocuparse todas las metodologías para hacer encuestas que midan la intención de voto: las hay presenciales, telefónicas y mixtas. A su vez las presenciales pueden ser domiciliarias, aquellas en las que el encuestador hace la consulta en la casa o trabajo del encuestado, y las llamadas "coincidentales", elaboradas a partir de entrevistas que se hacen en la calle o lugares públicos, como el boca a boca durante las elecciones.

Las telefónicas suelen tener menos credibilidad, pues los datos de identidad del encuestado u otros antecedentes no pueden ser verificados por el entrevistador. A su vez se dividen en las directas, en que un encuestador formula preguntas y toma nota de las respuestas, o tecnológicas, realizadas por una computadora que invita a digitar las teclas del teléfono de acuerdo con la opción elegida.

Y en esto de medir opinión el porte sí importa, y se trata de una cuestión metodológica clave la amplitud de la composición de la muestra, o sea, cuántos son los casos seleccionados que van a permitir dar cuenta del universo proyectado. Una muestra que se precie de seria debe respetar además proporcionalidad de sexo, edad, distintos niveles socioeconómicos y la una distribución geográfica significativa, atendida la realidad de nuestro país. Según expertos, el mínimo de una encuesta nacional no debería bajar de los mil casos.

Muy lejos del óptimo

Marta Lagos es crítica al momento de analizar lo que sucede en nuestro país: "Internacionalmente hay códigos que norman detalladamente los procedimientos para hacer encuestas de calidad, pero lamentablemente en Chile no se aplican".

El cuestionamiento apunta a que "se usa la misma metodología para encuestar sobre distintos temas y no se asume que las encuestas electorales son una especialidad dentro de las encuestas de opinión". Y ello no es menor, pues se pueden perfectamente alterar resultados a partir de una deficiente metodología.

No solo eso, recalca la directora De Mori: "en cuanto a las muestras, éstas deben ser representativas, es decir, independiente del tipo de encuesta, debe tener una cobertura superior al 85%, de lo contrario no es adecuada para hacer estudios electorales. Asimismo, la ponderación por censo no es suficiente para una encuesta electoral y el tamaño de la muestra no debe ser inferior a los 1000 casos".

Basta ver que la mayoría de los sondeos están lejos de cumplir con esos parámetros.

"Dime quién te paga y te diré quién gana"

¿Ha leído al pie de alguna encuesta el nombre de quién la financió? En la misma industria nacional se reconoce off the record que existen profesionales deshonestos, como en todos los ámbitos.

Detrás de las más conocidas empresas de sondeos de opinión pública y que se dedican a materias políticas se encuentran la derecha y empresarios de ese sector. CEP, Adimark y Cadem son la mejor expresión de ello. No han estado ajenas a cuestionamientos, sobre todo por la redacción de las preguntas, la oportunidad de ellas, la selección de los encuestados e incluso por quienes están tras bambalinas.

La CEP es encabezada por Harald Beyer, el acusado constitucionalmente exministro de educación del gobierno de Sebastián Piñera. Los nombres de Arturo Fontaine, Eliodoro Matte, Wolf von Appen, Alfredo Alcaíno, Roberto Angelini, Juan Claro, Jean Paul Luksic, Joaquín Villarino, Bruno Philippi, Salvador Said, Luis Enrique Yarur y Sergio de Castro son algunos de quienes son o han sido sus directores. Varios de ellos financistas de la campaña anterior del expresidente Piñera.

Adimark es dirigida por Roberto Méndez, hombre de reconocidas ideas conservadoras y quien fuera asesor y muy cercano a Sebastián Piñera. Cadem por su parte, la más reciente en el mercado de la cosa pública (2014), es dirigida por Roberto Izikson, también hombre de confianza del expresidente durante su gobierno y quien era el encargado de las encuestas desde el "segundo piso" de La Moneda. Cerc-Mori es reconocida como más cercana a la centro-izquierda.

"Leche cortada" o "gato por liebre"

Para Marta Lagos, la situación es bastante delicada. En Chile se ha aceptado "vender leche cortada", lo que conlleva a error a las personas que no tienen cómo distinguirla.

Para ella, "se requiere un sistema en que el público sepa cuál es el grado de blancura de una encuesta". Por ello se ha atrevido a proponer que se instaure un sistema de acreditación obligatoria, organismo internacional de por medio, y que los que publican encuestas electorales suscriban los códigos de la industria y se sometan a las medidas disciplinarias que un organismo internacional (...) si es que trasgreden los códigos".

La directora de Mori cuestiona fuertemente a Cadem y Adimark. Ella asegura que ninguna "cumple con las condiciones mínimas fijadas por los organismos internacionales de encuestas", como Esomar, que es a lo menos tener un mínimo de encuestas o que se cubra todo el territorio nacional.

"La Cadem no mide al país completo. Adimark deja afuera al 30% del país, y siempre son los más pobres. Es imposible que puedan tener sus opiniones porque entrevistan a las personas de las ciudades más grandes, donde las personas de sectores más bajos no se concentran", dijo la socióloga.

En nuestro país las financian políticos, partidos, gremios, empresarios, gobiernos y en general quien se interese por conocer qué piensa su potencial "clientela". Pero deben sumarse en nuestra realidad dos hechos muy perniciosos. El primero, que encuestadoras y quienes las validan -los medios masivos de comunicación-, son todos de derecha, y segundo, que se encuentra muy en pañales la legislación que las regula, con apenas algunas limitaciones electorales, como las del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), que prohíben difundirlas tres días antes de elecciones.

Cómo leer una encuesta

La mexicana Ana María Covarrubias, destacada investigadora de mercado y opinión pública,plantea una serie de puntos a tener en cuenta al momento de leer los resultados de una encuesta:

1- .No hacer tanto caso a los encabezados con los que se presentan los resultados de estas. Hay que fijarse en los datos y en la ficha metodológica.

2- Al atender las cifras relativas a la posición que guardan los contendientes en las intenciones de voto, diferenciar entre porcentajes "crudos" (que incluyen la proporción de personas que no declaró su intención de voto) y porcentajes "ajustados" (que no lo hacen).

3- Interpreten correctamente el "margen de error". El que publican se aplica sobre los datos "crudos" (totalidad de muestra) y no sobre los "ajustados" que en todo caso requerirían de otro cálculo que conduciría generalmente a un error mayor. Si no hay diferencia significativa entre las cifras de uno y otro contendiente, no se puede saber quién va adelante.

4- Poner atención en la fecha en que se levantó la encuesta. Sólo encuestas realizadas en lapsos de tiempo equivalentes son comparables entre sí.

5- Tomar nota del "universo" que representa la muestra. El investigador está obligado a definirlo con precisión a fin de dar una idea clara del alcance de los resultados del estudio.

6- Por lo que toca al tamaño de muestra, el consenso internacional es el empleo de muestras de 1.000 a 2.000 casos para representar globalmente una población infinita como puede ser la de un país.

7- Es muy importante conocer el procedimiento de muestreo y el grado de dispersión de la muestra. Deben aplicarse como máximo (de preferencia menos) 20 entrevistas por cada punto de muestreo.

8- Conocer la técnica de recolección de información. La encuesta telefónica no funciona para propósitos electorales en tanto no representa al electorado que no tiene teléfono en sus hogares y que es el de bajos recursos o el que habita en áreas rurales. La encuesta en la calle deja de representar a los que están en sus hogares pero su problema básico consiste en que no permite calcular la probabilidad de selección de los individuos y, por ende, medir el error de estimación.

9- Poner atención en la forma como se formulan las preguntas y en si al formularlas el entrevistado es o no ayudado con tarjetas que refuerzan o facilitan la comprensión de las mismas. Para el caso de la pregunta sobre intención de voto, la convención es utilizar la técnica de urna con boleta que replica la situación real de votación y hace sentir más confianza en el entrevistado.

10- Años de experiencia en el campo de la investigación de la opinión pública, formación profesional de sus directivos y ejecutivos clave, trabajos realizados, son aspectos importantes a considerar para tener la capacidad de diseñar y conducir una encuesta representativa y confiable.

Cadem: Uso y abuso

Utilizada como arma política por el piñerismo y la derecha, Cadem es dirigida por Roberto Izikson, quien fuera director de Estudios en el ministerio Secretaría General en el Gobierno de Sebastián Piñera -y que respondía bajo la dirección de Carlos "Choclo" Délano- y era el encargado de preparar las encuestas del gobierno de la época.

De hecho, no se ha guardado de modo alguno sus preferencias por el exmandatario, sobre el cual ha dicho en redes sociales que se siente "orgulloso" de él y a quien considera muy "sólido". Así lo expresó en Twitter: "Presidente Piñera: ‘la soberanía chilena no se negocia'. Qué sólido. Qué orgullo de Presidente tenemos". Ese comentario fue realizado antes del caso Exalmar. ¿Pensará hoy lo mismo?

No deja de llamar la atención que semana a semana de ganador a Piñera, a pesar que las otras encuestas -con mayor o menor desazón- reconocen que este se estancó y fue superado o al menos alcanzado por su contendor más directo, el senador Alejandro Guillier.

Lejos es la más criticada en nuestro medio, por sus limitaciones metodológicas y seriedad. Son algo menos de 120 personas que se comunican con un poco más de 700 entrevistados -dimensión de la muestra- que son seleccionadas previamente desde una base de datos que busca representar al país en el estudio.

Mezclan las llamadas telefónicas con un pequeño muestreo directo -de no más de 220 personas solo en tres puntos del país, región de Valparaíso, del Biobío y la Metropolitana-. Así lo plantean en su sitio web.

Fuente: http://www.cambio21.cl/cambio21/site/artic/20170224/pags/20170224205115.html

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