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29 Mayo 2016

 

 

SOBREVIVIÓ A 14 PUÑALADAS Y HOY LUCHA POR SALVAR A MUJERES GOLPEADAS

 

 

La historia que inspiró la ley de violencia intrafamiliar

 

 

Carla Valenzuela fue víctima de un golpeador de quien prefiere no recordar ni su nombre. Lo conoció a los 17 años, cuando era temporera en Copiapó, y soportó un largo período de humillaciones y agresiones brutales, en una época en que pegarle a la mujer era considerado apenas una falta. Así fue como en mayo de 2004, luego de haber terminado la relación hacía varios meses, su ex pareja la esperó antes de que entrara al trabajo y la apuñaló con el mismo cuchillo con el que siempre había prometido matarla si lo dejaba. Ella agonizó varios días, pero se salvó. A él, apenas le dieron tres años de cárcel. Desde ese momento, Carla no ha descansado en su lucha por salvar mujeres violentadas.

 

 

Carla Valenzuela me manda una foto por Whatsapp. En la pantalla se despliega una imagen horrible: la cara de una mujer con los ojos hinchados y un parche que le cubre la nariz y los pómulos de extremo a extremo. “Ella es Camila, de 28 años, fue víctima de violencia por su expareja, que le dio un golpe que le fracturó la nariz en tres partes”, me escribe a continuación.
Conocí a Carla mientras trabajaba en los textos del libro fotográfico A-MOR, de Cristóbal Olivares, un proyecto que, entre otras cosas, buscaba exponer aquellos lugares donde habían ocurrido los más brutales femicidios del país. El compilado final es un mar de imágenes desoladoras que van acompañadas de testimonios que reflexionan sobre los asesinatos de mujeres. El relato de Carla, sin embargo, no entró en la selección final. No porque su historia fuera poco atractiva, sino más bien porque el libro hablaba de la muerte y ella –por suerte- era una sobreviviente.
“Ya sé por qué se están muriendo las mujeres. Es porque las personas que están a cargo de evitarlo no hacen nada”, agrega en otro mensaje.
La historia de Carla es terrible y emblemática. Conoció a su expareja en 1997, a los 17 años, cuando luego de quedar embarazada de un compañero de curso y abandonar el colegio, se metió a trabajar como temporera en una viña en Copiapó. Al principio, la relación era puro amor, flores y paseos, pero a los pocos meses se volvió tormentosa. Carla recuerda que la primera vez que él le pegó fue un Año Nuevo: “Quedé tan morada que tuve que arrancarme de la casa para que no me viera mi mamá”, recuerda.
Luego vinieron los celos y las amenazas. Período que tuvo un poco de calma cuando Carla quedó embarazada y él le ofreció vivir juntos. A los pocos meses, la violencia regresó. Le tenía terror a sus reacciones, especialmente a un cuchillo con el que la amedrentaba al menos una vez al día. Se sentaba en la cama con una piedra y comenzaba a afilar la hoja: “con éste te voy a matar si me cagai”, le decía. Pero nunca se atrevía a usarlo. No al menos en esos años, en que sus ataques habían llegado al punto de quebrarle la nariz. En aquella ocasión, cuando no existía Ley de Femicidio, Carla lo denunció a Carabineros y ellos se burlaron. Acudir a la policía empeoró la relación. A él le molestaba que ella saliera de la casa, que hablara con gente, o que tuviera amigos. “No me dejaba salir, le daban ataques de celos y me pegaba. Después lloraba y decía que me amaba. Si iba a la casa de mi mamá y me demoraba media hora más, me sacaba la cresta”. Para entonces llevaban seis años juntos.
Carla mira con distancia esa época. “Juntos” –dice- es una palabra que queda grande en esta historia. Ella cree que nunca lo amó, que desde el primer minuto en que lo vio, se sintió secuestrada por él y no supo cómo salir de ahí: “Yo estaba obligada a estar con él. Me decía que si no lo hacía, iba a matar a mi papá y a mis hijos. Hasta que en el 2003 me aburrí de los golpes y lo dejé”. El quiebre vino acompañado de un alejamiento geográfico. Ella se fue a Rancagua a trabajar en la cosecha de la fruta. Tres meses en los que Carla se sintió liberada y que acabaron de la peor forma, cuando en mayo de 2004, su entonces expareja, se enteró que ella había regresado a Copiapó. Ese día, él se paseó durante toda la tarde frente a su casa por si podía verla, y ella llegó acompañada del pololo de una amiga con la que minutos antes habían estado. Aquel simple acto de gentileza, desató las oscuras intenciones que al día siguiente la tendrían al borde de la muerte.
“Me siguió desde mi casa hasta que llegué a mi trabajo. Se arrodilló y me dijo que nunca más me iba a pegar. Yo ni siquiera quería tener otra pareja, así que le dije que sólo me iba a dedicar a trabajar y a cuidar a mis hijos. Él se volvió loco. Me tironeó, hizo tiras mi ropa, comenzó a golpearme, me empujó a una calle sin salida, me tiró al suelo, se tiró encima, sacó el cuchillo, y me apuñaló 14 veces: en el pecho, en la pierna, en el brazo, y en el estómago”, recuerda.
Carla llegó agónica al hospital. El ataque conmocionó a la ciudad. A las pocas horas, la policía detuvo al agresor, y un día después, ella recuperó la conciencia. Aquella segunda oportunidad fue interrumpida por una lamentable respuesta judicial. A los pocos días, todos se supieron que pese a que el agresor había sido detenido, la fiscalía sólo podía pedir su formalización por lesiones graves y gravísimas. Carla se enteró de la peor manera que golpear a una mujer hasta casi matarla no era un delito, sino una falta. Al salir del reposo, lo primero que hizo fue juntar firmas para que la ley cambiara. Su lucha fue insuficiente: a su expareja le dieron apenas tres años de cárcel.
Carla recuerda que en ese tiempo conoció a las funcionarias del Sernam de Copiapó y que ellas hicieron tan visible su caso, que en febrero de 2005 viajó a Santiago a reunirse en La Moneda con Francisco Vidal, y en octubre se promulgó la Ley de Violencia Intrafamiliar. La norma, sin embargo, siguió considerando las agresiones como simples faltas. Para cuando su expareja salió en libertad, Carla vivía en Copiapó y la ley practicamente seguía siendo la misma. En varias ocasiones se encontró de frente con su agresor. Decidió entonces escribirle una carta a Michelle Bachelet, que era Presidenta, y poco después ella envió un proyecto tipificando el femicidio como un delito. Pese a los años, Carla sintió que su historia y la de otras cientos de mujeres que habían muerto o sobrevivido en el camino, por fin eran tomadas en cuenta. Fue el momento, también, en que comenzó a asumir su tragedia y fundó una agrupación, a la que bautizó como Miramu, que junta las primeras sílabas de las palabras “mirada” y “mujer”.
Ayudar a quienes sufren violencia doméstica ha sido su terapia más efectiva. En estos años, ha perdido la cuenta de la cantidad de mujeres que se le han acercado a pedirle orientación. Además de sus hijos, el activismo es parte importante de su vida. La otra, es su trabajo. Carla dirige un casino en el que surte de comidas a los trabajadores municipales de Copiapó. A veces, cuando está en la cocina dirigiendo los platos, incluso hasta olvida su tragedia, pero luego las cicatrices esparcidas en su cuerpo traen de vuelta aquellos malos recuerdos. “Son marcas de por vida. Es horrible bañarse y verlas. No puedo usar blusas con mangas cortas, ni short, ni faldas, siempre tapada. Doy gracias a Dios porque no fue mi rostro, pero igual son marcas”.
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29 Mayo 2016     SOBREVIVIÓ A 14 PUÑALADAS Y HOY LUCHA POR SALVAR A MUJERES GOLPEADAS     La historia que inspiró la ley de violencia intrafamiliar    Carla Valenzuela fue víctima de un golpea

Me violenta que una nota que pretende ir en contra del machismo tenga una frase como esta: "pueden tener hijos que es la misión más importante de la mujer"

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Santiago, 30 de mayo de 2016 | Hora: 15:10:23
Machismo y violencia intrafamiliar en Chile: el cambio cultural que no llega

 

La violencia contra la mujer tiene su génesis en cómo está estructurada la sociedad, política y socialmente. Por ello, es casi imposible erradicarla y ocurren hechos tan horrorosos como los de Nabila Riffo y Carola Barría, que perdieron sus ojos por la actitud criminal de sus parejas.

 

 

Hablar de violencia y machismo por estos días no es agradable sobre todo por los últimos hechos acaecidos en el país donde a raíz de tanta violencia contra la mujer el femicidio no para de ocurrir y aumentar dramáticamente las estadísticas. E n lo que va del año son 19 los femicidios. La violencia más visible contra la mujer es la que se da en la pareja y es la que está matándolas.

Nadie puede comprender tanta ira desatada contra una mujer al punto de sacarle los ojos como ocurrió con Carola Barría de Punta Arenas que a sus 33 años si bien no perdió la vida a manos de su ex pareja, Juan Ruiz Varas quedó ciega. El pobre infeliz se suicidó para no enfrentar a la justicia.
Nabila Riffo, seguramente jamás pensó en que su nombre sería conocido en el mundo producto de que fue brutalmente agredida por su pareja. Este irracional la golpeó sobre todo en el cráneo sin consideración y le reventó los globos oculares. Es decir, Nabilda, se ha quedado sin sus ojos y ha logrado sobrevivir hasta ahora, a pesar de toda la fuerza bruta de su victimario que fue detenido y niega las acusaciones en su contra.
Dos ejemplos tremendamente dolorosos cometidos por seres humanos. Hay otros que también es violencia contra la mujer y es el trato que le dan los hombres en general, las opiniones que vierten sobre ellas. Antes que sus conocimientos, habilidades o virtudes está primero si "es rica" y no es fulana de tal, es "la mina". Mismos que convertidos en jefes no le pagan un sueldo acorde con su trabajo y además al varón que hace un trabajo igual le pagan mucho más.
Isapres discriminan
Las Isapres las discriminan y por estar en edad fértil, o sea, pueden tener hijos que es la misión más importante de la mujer, les cobran más caro el plan de salud.
La justicia sigue siendo ciega y actúa contra las mujeres. También se conoció el caso, en el norte del país en la ciudad de Ovalle, de unos jueces que dejaron en libertad -libre de culpa- al agresor de su esposa. Las razones de los señores jueces fue que la mujer le había sido infiel, entonces ¿se justificaba que le pagara? es la pregunta que se hace la gente que se confunde con un fallo semejante.
Las leyes -dicen- que las favorecen pero a la hora de los hechos concretos no es así. Ha quedado demostrado con la "nueva" Ley de Divorcio con la que los hombres siguen siendo favorecidos. A la hora del divorcio el hombre sigue poniendo el 50% de su sueldo para los hijos -no para la mujer que muchas veces trabaja y no necesita que la mantengan-mientras que ellas deben poner todo su sueldo, su tiempo, su vida al servicio de la familia que , en la mayoría de los casos fue abandonaba por el hombre. Los ejemplos son innumerables. ¿Puede alguien asegurar que el machismo se está acabando?
Una ONG sin violencia
Pensando en los problemas que presentan las parejas una vez que se casan, un grupo de personas crearon la ONG "Parejas sin violencia" y su primera campaña es "Para un pololeo sin violencia", la que han tratado de llevar a distintos liceos y colegios en los que, efectivamente se ha detectado que las parejas se agreden física y verbalmente, pero siempre haya traba burocráticas que para que tengan acceso a los alumnos.
Mariana Madariaga está a la cabeza de esta institución y ratifica que el machismo "si tiene que ver con la cultura en la que estamos. Este paradigma patriarcal que en el fondo lo que hace, justamente es generar estas diferencias de desigualdad entre un hombre y una mujer y eso se tiene que acabar de una vez por todas".
"Nos hemos dado cuenta que ya no sacamos nada con seguir tratando víctimas -que es lo que se hace-, que está bien porque se necesita tener un tratamiento para mujeres que son víctimas de violencia, pero no sacamos nada con eso si no logramos el cambio cultural y para eso tenemos que trabajar todos, no es solamente cargarle la mano al gobierno, al parlamento con las leyes -que son muy importantes por cierto- necesitamos estar todos unidos en esto" apunta Madariaga.
"Todos, realmente tenemos que luchar juntos, no hay otra manera y el cambio cultural lo hacemos trabajando en distintas áreas. Primero en las casas, las madres, las familias, no criar a los hijos con estereotipos de género, con esta diferencia de roles. Cosas tan básicas como por ejemplo, en los colegios que no hay esta división de sexo que existe, entre los colores de la niñita y los del niño. Entonces, partir con eso, hay que cambiar, hay que hacer prevención. Nosotros como ONG ( Parejas sin violencia)hacemos prevención, estamos en eso y tampoco es fácil" reclama la comunicadora.
"La violencia acá está muy marcada por lo que ocurre en las parejas, o sea, tenemos al menos un 78% de violencia contra la mujer, pero no es necesariamente el único tipo de violencia contra la mujer lo que pasa que es que es más visible esa. Es la que está matando mujeres en verdad. Ya lo vimos en el caso de Coyhaique, en Punta Arenas y casos tan terribles porque es femicidio frustrado, pero para nosotros es un femicidio, no podemos hacer la separación y la ley de femicidio no ve esto" opina.
"Entonces, nosotros estamos muy preocupados porque vemos que si bien se hacen campañas, programas de trabajo de algunos municipios no hay como una columna vertebral en verdad que indique que se está trabajando sobre todo en materia de prevención" critica .
"La prevención no es para ganar una elección porque no es a corto plazo, pero si sirve y hay que hacerlo porque estamos atrasados, según la ONU 80 años" replica.
Por último señala que "somos todo iguales y las mujeres no tenemos por qué seguir tolerando tanta violencia".
Mujeres subordinadas
Camila Maturana, abogada de Corporación Humanas también concuerda en que el machismo tiene mucho que ver con la violencia contra la mujer. "La violencia contra la mujer es un continuo, que está presente en lo que se denomina el espacio privado, la casa, las relaciones de parejas, la familia y también en los espacios públicos y en todos estos ámbitos las mujeres somos víctima de violencia; casas, calles, trabajos, medios de transporte, medios de comunicación, establecimientos educacionales e incluso por agentes del Estado como la violencia sexual policial".
Agrega: "Entonces, la expresión más extrema de esta violencia entre las mujeres que es un continuo, es el femicidio. No es un fenómeno aparte es la culminación de una escalada de violencia. Y, claramente en el caso de Nabila, que afortunadamente ha generado mucha preocupación en la ciudadanía, que crecientemente está reaccionando frente a la generalizada impunidad de la violencia. La ciudadanía se moviliza, demanda una respuesta a las autoridades del Estado, pero esta no llega".
Para la abogada el caso de la mujer agredida en Coyhaique "pone de manifiesto otra dimensión de la violencia machista. Este continuo se sustenta en la estructura política y social que discrimina a las mujeres y en que las mujeres ocupamos un lugar de subordinación. Entonces, la violencia tiene un propósito que es mantener a las mujeres en el lugar de subordinación. Las mujeres son castigadas cuando intentan suvertir este lugar social de subordinación, cuando desafían la autoridad y la dominación machista son castigadas ".
"Este ataque a Nabila pone de manifiesto otra dimensión, que es el mensaje que los agresores envían a las mujeres, es decir somos violadas, quemadas, mutiladas, les sacan los ojos. Los cuerpos de las mujeres son marcados por los agresores y eso es porque ellos creen que son dueños de sus parejas y también como una forma de enviar un mensaje a las mujeres acerca de lo que les puede ocurrir y es un mensaje que genera temor".
Los últimos femicidios frustrados son, a juicio de la abogada, una oportunidad. "La demanda de la ciudadanía por medidas que protejan a las mujeres es una oportunidad para las autoridades para implementar de una vez por todas una política pública de carácter integral, que pasa por conceptualizar la violencia como una violación a los derechos humanos, que no se limita solo a la violencia intrafamiliar sino que abarca el conjunto de violencia que afecta a las mujeres. Políticas que se orienten de verdad a la prevención y al cambio cultural y eso tiene que ver con la educación, pero también con la formación de los y las profesionales y la capacitación de los funcionarios públicos. Si eso no lo hacemos no podemos hablar de prevención".
Las cifras hablan
En lo que va del año 2016 han ocurrido 19 femicidios. El doble de femicidios frustrados.
Estas cifras son solo una parte del problema a porque tampoco nos olvidemos que hay 140 mil denuncias de violencia intrafamiliar que recibe el Ministerio Público, de las cuales el 80 % corresponde a víctimas mujeres.
Aún con las limitaciones que tiene la legislación chilena que no da cuenta de las distintas expresiones de la violencia contra las mujeres y únicamente la limita a las violencia intrafamiliar. Igual se habla de 100 mil denuncias de mujeres cada año.
Los organismos que defienden a la mujer maltratada lamentan las cifras indican que la respuesta del aparato estatal "no ha sido suficiente en este caso". Se necesita que las autoridades reaccionen no solo que rechacen los hechos "y adopten medidas urgentes para garantizar la protección de las mujeres y para avanzar en los cambios culturales que se requieren para garantizar el derecho de todas las mujeres a una vida libre de violencia", precisó la abogada Camila Maturana.
"No todos los machistas son violentos"
Juan Flores, psicólogo Universidad Católica; PhD en Psicología Universidad de Chile; Psicoanalista Sociedad Chilena de Psicoanálisis-ICHPA; Presidente International Federation of Psychoanalytic Societies (IFPS); Director Magíster en Psicoanálisis, Universidad Adolfo Ibáñez respondió las consultas de Cambio21 sobre la violencia y el machismo.
- Desde el análisis psicológico, la violencia contra la mujer está vinculada al machismo
-Absolutamente. Especialmente en cuanto este discurso machista crea las condiciones de legitimidad para esa violencia. Еn la medida que este discurso se constituye como una ideología que rigidiza y naturaliza los roles de lo femenino y lo masculino otorga espacios para la manifestación de la agresión y la violencia contra la mujer.
- La violencia contra la mujer, de parte de un hombre, tiene raíces en su historia de vida
-El discurso patriarcal y machista crea las condiciones para que el maltrato o la violencia pueda expresarse. Sin embargo, es necesario que a esto se unan las historias particulares de los sujetos y a las formas en que cada caso fue constituyendo los ejes de su personalidad. No todo machista tendrá que ser necesariamente violento, al menos fisicamente.
- El machismo prevalece a todo nivel y en todos los estratos ¿Es muy difícil para los hombres aceptar que las mujeres pueden ser tan o más inteligentes que ellos, o que son capaces de salir adelante en lo que se propongan?
-El machismo tiene distintas intensidades y formas de expresión. Hoy no es "políticamente correcto" reconocerse en esa lógica, sin embargo eso no impide que las categorías diversas por las cuales se despliega esa visión inunden diferentes ámbitos. Eso aparece en las formas de concebir a la mujer, en la relaciones de poder, en la forma de enfrentarse a lo económico en la pareja, en la sexualidad, en la manera de asumir paternidades y/o maternidades, etc. Dicho en términos muy genéricos: tras un machista siempre hay una cierta angustia que se vincula a una masculinidad amenazada. Desde esa perspectiva, todo avance de las mujeres, podría ser sentido como amenazante, dependiendo del sujeto en particular y cómo éste lidia con su sexualidad.
- ¿Los chilenos en qué parada están? ¿Son muy celosos?
No creo que se pueda hablar de "los chilenos". Los hay celosos y no celosos. Lo que tendríamos que discutir es si los celos son o no esperables y cuál es la medida de lo patológico en el temor de perder a manos de un tercero el amor de un otro. Lo que sí es claro, es que a veces los celos están unidos al control como una forma de no perder lo que se entiende como propiedad y en eso el discurso machista crea un relato que intenta legitimar ese control sobre la mujer, como si fuera una situación natural (propia de una naturaleza).
- ¿La violencia contra la mujer se arregla con leyes?
-No. Es necesario un desmontaje de la ideología legitimadora de esa violencia (discurso machista). Pero es evidente que la Ley establece un estatuto simbólico que crea marcos regulatorios materiales y físicos (ej: prisión) que contribuyen enormemente a invalidar y desligitimar ese discurso. Por ello el papel de la ley debe dar cuenta (para que nos sea letra muerta o un formalismo) del cambio de paradigma en la forma en que nos aproximamos a la sexualidad y sus caminos, el cual debe sostenerse en una perspectiva que afirme su construcción historizada y no un orden natural prefijado.
- ¿El machismo es irreversible?
No, porque se construyó históricamente. Por ello hay un trabajo y una lucha permanente en el campo de las ideas por como hegemonizar en la costrucción social y la cultura una noción que desconstruya esa visión machista. Sin embargo, eso no borrará la noción conflictiva que significa la diferencia sexual, lo cual supone la tolerancia a la diferencia y a la diversidad.
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