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[Capítulo 02 - Parte 01] Entre La Espada Y La Pared


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CAPÍTULO 02

 

 

1. Int. Consulta Adela. Pucón – Día 17:45

Adela, Rafael.

 

Rafael, entre la espada y la pared, frente a la mirada crítica y acusadora de Adela.

 

- ¿No me vas a responder? –insistió Adela, determinada, mostrándole el notebook.- ¿Qué significa esto?

- Es un mal entendido –le dijo Rafael, nervioso.

- ¿Un mal entendido? ¿Te parece que es un mal entendido? –dijo Adela, comenzando a leer desde la pantalla.- “Verónica Rivas, geóloga, treinta y dos años, emprendió un viaje sin retorno al subir a su avioneta el—“

 

Rafael, complicado, cierra el notebook de un manotazo.

 

- ¡Ya para! –gritó Rafael, descontrolándose.- ¡Para!

- ¡Yo no soy estúpida! A esa mujer la están buscando por todo el país y tú la traes para acá como si nada. Esto no puede quedar así, Rafael. Hay que avisarle a su familia.

- No te metas en esto, tú no entiendes lo que está pasando –le suplicó Rafael, desesperado.

- ¿Y qué está pasando? Dime la verdad, yo necesito saber la verdad.

 

Adela, inquisitiva, sin dejar de mirar a los ojos de Rafael en ningún momento. Él, angustiado, comienza a pasearse por la sala con el corazón a punto de estallar.

 

- Tú no necesitas saber nada. Tú eres mi mejor amiga y tienes que apoyarme.

- Huevón, ¿cómo no entiendes que todos te apoyamos, todos te queremos y tú estás haciendo esto para llamar la atención?

- ¿De qué estás hablando? ¡No quiero llamar la atención de nadie!

- ¡Estás secuestrando a esa mujer!

- ¡No es eso!

- ¡Claro que lo es!

- ¡No!

- ¿¡Entonces qué mierda es!? ¡Explícame de una vez qué estás haciendo porque no entiendo!

- ¡Quiero tener una razón para vivir! –le gritó Rafael, explotando.- ¡Una sola!

 

Dicho esto, Rafael se desploma sobre el sillón de la consulta, llevándose las manos a la cabeza. Adela, descolocada, impactada ante la confesión de su amigo, se acerca y se arrodilla frente a él, tomándole las manos.

 

- Me quise matar, Adela –le dijo Rafael, temblando, sincero.- Estuve a punto de tirarme por un precipicio… Y fue ahí cuando Verónica cayó del cielo…

 

Rafael, sobrepasado, comienza a llorar como un niño arrepentido luego de ser descubierto en una travesura. Adela, sin entenderlo del todo, se sienta a su lado y lo abraza, contenedora.

 

 

 

 

2. Int. Escritorio. Rancho – Día 17:50

Matilde, Verónica.

 

Matilde, serena y tranquila, le sonríe a Verónica, sin demostrarle en ningún momento que Julia es un tema complicado en esa casa.

 

- ¿Julia? ¿Por qué me preguntas por ella?- contestó Matilde, con calma.

- Sólo quiero saber quién es –le dijo Verónica, curiosa.- Por favor…

- Disculpa lo que te voy a decir, porque sé que te ofrecí responderte todas tus dudas, pero justamente de ese tema no voy a hablar.

- ¿Por qué no?

- Porque no soy la indicada para hacerlo –le dijo Matilde, apenada.- Me encantaría poder responderte, pero si alguien tiene que hablarte de Julia, ése es Rafael.

- Iván me dijo exactamente lo mismo y de verdad me estoy empezando a asustar… ¿Debo estar preocupada, Matilde? -preguntó la muchacha, completamente intrigada.

 

Matilde se acerca a Verónica y le hace cariños en el pelo, afectuosa.

 

- La preocupación sólo nos impide ocuparnos de nuestros problemas –le dijo Matilde, con una cálida sonrisa.- Si quieres saber quién es Julia, ya sabes lo que tienes que hacer.

 

Tras decir esto, Matilde se acerca a la puerta y se retira. Verónica se acerca a la ventana para mirar el sombrío exterior con extrema incertidumbre.

 

3. Int. Recepción. Rancho – Día 17:55

Alexis, Elías, Daniela, Feliciano, Luz María, Diego.

 

Alexis, muy complicado, se está enfrentando a Elías quien no despega la vista del computador, extrañado por la reacción de su hijo.

 

- Alexis, ¿qué significa esta alharaca? -le dijo Elías, sospechando que algo le oculta su hijo.

- Estaba viendo algo importante en el PC -le respondió Alexis, nervioso.

- ¿Qué cosa?

- ¡Papá!

- Hazte a un lado –le dijo Elías, firme, tomando el mouse.- ¡Hazte a un lado, dije!

 

Elías, inquisidor. Alexis, desesperado, no sabe qué hacer. En ese momento entran a la recepción Feliciano (Julio Milostich) y Luz María (Katty Kowaleczko), matrimonio que bordea los cuarenta y tantos años, acompañados de sus hijos Diego (Emilio Edwards) y Daniela (Francisca Lewin). El muchacho curioso, observa muy interesado el lugar; por su parte Daniela, se muestra absolutamente indiferente.

 

- Buenas tardes -saludó Feliciano, serio, apoyándose en la mesa de la recepción.- Tenemos una reserva a mi nombre: Feliciano Montero.

- Ah… Sí… Sí… Buenas tardes -dijo Elías, despreocupándose del percance del computador y tomando el libro de reservas- Mmm… Efectivamente, aquí está anotado. Quieren una cabaña para cuatro personas con servicio de desayuno y almuerzo incluido, ¿verdad?

- Y comida también –dijo Luz María, sonriendo.

 

Mientras Elías sigue atendiendo a la familia Montero, Alexis rápidamente se sienta en el computador y cierra la sesión del chat, desentendiéndose de la situación. Alexis, aliviado, suspira, con tranquilidad. Daniela, se percata de su presencia y lo mira, interesada.

 

- Entonces ¿todo en orden? -preguntó Feliciano.

- Todo en orden, señor -le dijo Elías, entregándole las llaves de la cabaña.- Aquí están sus llaves y que disfruten mucho su estadía. Alexis, por favor, acompáñalos, cabaña número doce.

- Por aquí, por favor -dijo Alexis, mostrándoles el camino.

 

La familia Montero lo sigue. Daniela, no puede evitar sonreír para sí misma, coqueta. Elías, con incertidumbre, observa a su hijo mientras se aleja con los recién llegados.

 

4. Int. Consulta Adela. Pucón – Día 18:00

Adela, Rafael.

 

Rafael, con total sinceridad, entre sollozos, le habla a Adela y le cuenta sus motivaciones para mentirle a Verónica. Adela, confundida, lo escucha con atención.

 

- Veía todo oscuro. Un paso más y la mierda que había pasado con Julia iba a terminarse para siempre. Un paso más… Y justo en ese momento, cuando me iba a tirar al vacío, una avioneta cayó a unos metros de mí… Me asusté, fue todo muy fuerte, y me acerqué a ver qué había pasado y ahí estaba ella, mirándome con unos ojos hermosos y penetrantes… ¿Acaso es muy difícil de entender?

 

Adela le toma su mano, cálida, tratando de demostrarle todo su cariño.

 

- Pero esto no está bien, Rafael –le dijo Adela, complicada.- Verónica no te pertenece. Ella perdió la memoria y tú te estás aprovechando de eso para secuestrarla.

- ¡No, Adela! Esto es mucho más que un secuestro. Es una nueva razón que la vida me está dando para querer vivir.

- Hay gente que la está buscando, que la necesita.

- ¿Y yo no? ¿Qué pasa conmigo, ah? ¡Respóndeme! –le dijo Rafael, con infinita angustia.- Tú no tienes idea de lo que pasé… No aguantaba más, te juro que traté de seguir luchando pero llegué a mi límite… Y Verónica apareció como un ángel caído del cielo y todo comenzó a tener sentido para mí… ¡No puedo perderla!

 

Adela se pone de pie y se lleva una mano a la cabeza, confundida.

 

- ¿Por qué no me llamaste? ¿Por qué no me pediste ayuda? –le preguntó Adela.

- ¿Para qué? Ni tú ni nadie de mi familia podía hacer nada por mí –le dijo Rafael, con los ojos llorosos.- Entiende, yo no quería seguir viviendo… Hasta ahora…

 

Adela lo miró completamente afligida, consternada, sin ser capaz de pronunciar alguna palabra. Rafael se veía muy vulnerable y ella no podía destrozarle el corazón. Sólo fue capaz de abrazarlo con mucha fuerza, para ayudarle a soportar aquél dolor.

 

- No se lo digas a nadie –le suplicó Rafael, angustiado.- Yo no podría soportar otra pérdida en mi vida… Si tanto me quieres, Adela, si de verdad te sientes mi mejor amiga, por favor, déjame vivir este sueño hasta que tenga que terminar.

 

Adela se separó de Rafael para reflexionar algunos segundos, mientras él sólo la miraba con un una gran esperanza en su rostro.

 

- Pero Rafael…

- Por favor –le pidió Rafael, suplicante.

 

Adela niega, sin saber qué hacer, pero finalmente toma una decisión.

 

- Creo que estoy peor que una loca por lo que te voy a decir, pero voy a quedarme callada.

- Gracias.

- Pero espera. Quiero que me prometas que vas a buscar alguna solución, que en un tiempo más le vas a decir la verdad.

- Te juro que voy a hacer todo lo que me digas.

- Lo que estás haciendo es un delito, es algo muy serio. Lo más probable es que tarde o temprano se va a saber y Verónica te va a odiar por el resto de su vida.

- Eso es pan para mañana. Tú no sabes lo que siento cuando estoy con ella. Por primera vez, después de mucho tiempo, me siento feliz… Voy a hacer que se enamore de mí y después de eso le puedo contar todo lo que tuve que hacer para que estuviéramos juntos. Ella me va a entender.

- Para ti puede sonar muy romántico… ¿Pero no te has puesto a pensar en la felicidad de ella? ¿En su vida? ¿Qué va a pasar cuando recupere la memoria?

- Ya, no me hagas más preguntas y apóyame. Lo que estoy haciendo es algo tan arriesgado que necesito a alguien que esté conmigo y me comprenda.

 

Adela, complicada, se apoya en su escritorio.

 

- No sé si estoy haciendo lo correcto –dijo Adela, confundida.

- Estás apoyando a tu mejor amigo –le dijo Rafael, poniéndose de pie y abrazando a Adela por su espalda, buscando su protección.- Estás dándome una oportunidad de dejar atrás a Julia y empezar de nuevo. Eso estás haciendo.

 

Rafael cerró sus ojos y abrazó con más fuerza a Adela, quien todavía se notaba dudosa y llena de preguntas.

 

 

CaidaIvan.jpg

 

 

5. Ext. Rancho – Día 19:00

Verónica, Iván, Ilse.

 

Verónica, confundida, está de visita en las caballerizas, observando la zona con distancia y con desconcierto. Recorre lentamente cada espacio del lugar intentando obtener algún recuerdo, pero sus esfuerzos son en vano. En eso, Iván aparece caminando y se sorprende al encontrar a Verónica nuevamente en ese lugar.

 

- ¿Y tú de nuevo por estos lados? -preguntó Iván, con amabilidad.

- Sí, creo que necesitaba estar un rato sola -murmuró Verónica, confundida.

- Si quieres, te dejo –le dijo Iván, comenzando a retirarse.

- No, por favor, no te vayas –lo detuvo Verónica, tomándole la mano.

 

Iván, confundido, miró la mano de Verónica tomándole la suya. Una vez más, sin proponérselo, vio en ella a Julia. Verónica le suelta la mano, nerviosa.

 

- Necesito conversar con alguien de lo que me pasa, Iván, y los animales, por mucho que me gusten, no me van a responder.

- ¿Y qué es lo que te pasa?

- Si quieres que sea honesta contigo, no me siento cómoda acá… Y lo peor es que a veces he llegado a pensar que me están mintiendo.

- ¿Rafael? -preguntó Iván, intrigado.

 

Verónica se detuvo unos segundos para mirarlo a los ojos, desvanecida.

- ¿Puedo confiar en ti? -preguntó Verónica, angustiada.

- Obvio que sí, puedes contar conmigo para lo que quieras, ¿qué es lo que está pasando?

- Las cosas que me dice Rafael no calzan con lo que siento –le dijo Verónica, comenzando a caminar por el lugar.- Se supone que estar acá, en las caballerizas, me harían sentir bien, en contacto conmigo… pero no pasa nada, no siento nada…

 

Verónica, perturbada, se lleva una mano a la cabeza. Iván la mira, conmovido.

 

- Y también está ese asunto de Julia… Tu mamá y tú no quisieron hablarme de ella, y pucha, se me vienen mil ideas a la cabeza.

- Perdóname, no era mi intención confundirte más –le dijo Iván, sentido.

- No es tu culpa, Iván… Si Rafael me hubiera hablado de ella, esto no estaría pasando…

 

En ese momento, Verónica, temerosa, mira a los ojos de Iván.

 

- ¿Estaría mal si te pido un abrazo? –le preguntó Verónica, confundida y tímida, necesitando su contención.- Me hace mucha falta.

 

Iván sintió como un nudo apretaba con fuerzas su corazón. Verónica estaba desarmada y tan frágil como cualquiera de sus animales al momento de empezar a caminar, esperando que él la cobijara entre sus brazos y la apoyara. Él se acercó lentamente, abrazándola con temor y nerviosismo. Verónica cerró sus ojos y apoyó su cabeza en el hombro de Iván. A la distancia, Ilse los mira, escondida tras un árbol, con celos.

 

6. Int. Escritorio. Rancho – Día 19:30

Elías, Matilde, Gonzalo.

 

Elías, concentrado, está sentado en su escritorio, revisando unos documentos. En eso, entra Matilde, sumisa, con una taza de café.

 

- Aquí está tu café -dijo Matilde, poniendo la taza sobre el escritorio.- Como a ti te gusta, sin azúcar ni endulzante.

- Muchas gracias -le respondió Elías, sin despegar la vista de los papeles.

- Ni en tu cumpleaños dejas de trabajar –le dijo Matilde, sentándose frente a él.

- Tú sabes que me gusta dejar todo en orden antes de la comida, sea el día que sea.

- Y tú sabes que nunca te interrumpo, pero necesito comentarte algo -le dijo Matilde, algo complicada.

- ¿De qué se trata? -preguntó Elías, indiferente.

- De Verónica. Hace un rato estuvimos conversando, aquí mismo, en tu escritorio -respondió Matilde, intentando bajarle el perfil a la situación.

- ¿Y qué pasó? ¿Todo bien?

- Me estuvo preguntando por Julia -sentenció Matilde, firme.

 

Elías se desconcentra absolutamente de sus labores y fija la mirada en su cuñada.

 

- ¿Y qué cosas te estuvo preguntado sobre ella? -preguntó Elías, impactado.

- Está confundida… Imagínate, no recuerda nada y quiere recomponer el puzle de su vida.

- ¿Y qué tiene que ver Julia en su vida? ¿Le dijiste algo tú?

- Le dije que esa pregunta se la tenía que responder Rafael, no yo -le respondió Matilde, convencida.

- ¡¿Pero cómo se te ocurre decirle eso?! -exclamó Elías, encolerizándose.- Si mi hijo hubiese querido hablarle de esa mujer ya lo habría hecho. ¿Quién le habló de Julia? ¿Ilse? ¿Iván?

- No tengo idea.

- ¡Por la cresta! -exclamó Elías, golpeando con su puño el escritorio.- ¡¿Hasta cuándo vamos a seguir hablando de esa infeliz en esta casa?!

 

Matilde se ve nerviosa ante la reacción de su cuñado. En ese momento, tocan la puerta.

 

- ¡Pase! -ordenó Elías, malhumorado.

 

Entra Gonzalo, consciente que acaba de interrumpir un momento importante.

 

- Si quiere, puedo volver más tarde, patrón -dijo Gonzalo, mirando hacia abajo.

- Si te llamé fue porque necesito hablar contigo, ¿o no?

- Entonces dígame no más -le dijo Gonzalo, obediente, cerrando la puerta.

- Necesito saber en qué malos pasos anda Alexis -le dijo Elías, seguro.- Quiero que lo tengas vigilado permanentemente, pero con mucha discreción.

- ¿Qué pasa con Alexis? -le preguntó Matilde, extrañada.

- ¿Qué tiene de raro que me preocupe por mi hijo?

- Dijiste que andaba en malos pasos -le dijo Matilde, desconcertada.

- Tú, que eres tan observadora, no me digas que no lo has notado raro.

- ¿Raro? ¡Por favor, Alexis es un buen muchacho! -le dijo Matilde, intentando tranquilizarlo.- Está todo el día encerrado aquí en el rancho, no sale a fiestas, te ayuda en el trabajo, ¿en qué malos pasos va a andar?

- Yo conozco muy bien a mi gente, Matilde, y sé porque hago las cosas –le dijo Elías, seguro, para luego hablarle a Gonzalo, con decisión.- Yo sé que mi hijo me está ocultando algo y tú vas a averiguar qué es, ¿entendido?

 

Gonzalo, asiente, solícito. Elías, satisfecho, mientras Matilde se ve preocupada por la situación.

 

 

CaidaNoche.jpg

 

 

7. Int. Recepción. Rancho – Noche 21:00

Alexis, Daniela.

 

Alexis está frente al computador, explorando su facebook. De vez en cuando, revisa su ventana de MSN y se cerciora nuevamente que Javier no esté conectado. Vuelve al facebook, con algo de frustración y ansiedad. En eso, Daniela entra a la habitación.

 

- ¿Muchas notificaciones? -preguntó Daniela, coqueta.

- La verdad es que no –le dijo Alexis, sonriente, mientras cierra disimuladamente las páginas que estaba viendo y su MSN.- No tengo muchos amigos en facebook

- Si quieres me mandas una solicitud…

 

Alexis se ríe, divertido, algo nervioso.

 

- Oye, era en serio –le dijo Daniela, impetuosa.

- ¿Todo bien en tu cabaña? ¿Algún problema? -le preguntó Alexis, atento.

- La verdad es que sí tengo uno… Y grande…

 

Alexis la mira preocupado.

 

- No tiene nada que ver con el rancho, eso sí. Este lugar es increíble. Mi problema se llama familia -se confesó Daniela, sobrepasada.

- ¿Tienes muchos atados?

- ¡No los soporto! Te juro que no puedo estar más de dos días con ellos. Te juro que todas las vacaciones de mi vida se tratan de lo mismo: siempre todos con las caritas sonrientes, todos juntitos, como si nos quisiéramos mucho -dijo Daniela, enrabiada.

- Pero no hables así -le dijo Alexis, intentando calmarla.- No creo que todo sea tan malo, al menos tus viejos se ven buena onda.

- Tú lo dijiste: se ven buena onda, pero en realidad no lo son. Todos los días mi papá pelea por alguna tontera con mi vieja y de ahí están todo el día con caras largas y la agarran conmigo, como si yo tuviera la culpa de que ya no se aguanten. ¡No sé para qué insisten en seguir saliendo juntos de vacaciones aparentando que somos la familia feliz!

- Pucha... qué lata, ojalá las cosas se puedan arreglar -dijo Alexis, intentando encontrar las palabras adecuadas.

 

Daniela suspira, cansada después de la confesión.

 

- Y más encima me siento una latera por venir a contarte mis problemas cuando ni siquiera nos conocemos.

- No te preocupes, todo va a estar bien -dijo Alexis, acercándose a ella, cálido.- Ah, y por si acaso, me llamo Alexis. Alexis Prado.

- Ya lo sabía. Se me quedó grabado cuando lo dijo tu papá. Yo soy Daniela Montero.

- Yo también lo sabía… Lo leí en el libro de reservas…

 

Daniela sonríe, con agrado. Alexis le sigue hablando, afectuoso.

 

- Oye, no te preocupes más por tus viejos, te apuesto que estos maravillosos paisajes los van a calmar y se van a relajar. Eso es lo que les falta. Te doy por firmado que lo vas a pasar bien aquí.

- De hecho… Parece que ya lo estoy pasando harto mejor…

 

Alexis le sonríe, cálido, inocente. Daniela le devuelve la sonrisa, interesada.

 

8. Int. Pieza Iván. Rancho – Noche 22:30

Ilse, Iván.

 

La habitación está completamente oscura. Iván esta acostado dentro de su cama, con desvelo, dándose vueltas de un lado para otro, sin dejar de pensar en lo ocurrido en las caballerizas con Verónica. En eso, siente que alguien entra a su habitación, acostándose junto a él. Se trata de Ilse, quien se ha quitado la ropa para adorar a su hombre.

 

- Te he echado tanto de menos –le dijo Ilse, abrazándolo.

- ¿Qué estás haciendo acá? -le dijo Iván, sorprendido, apartándola molesto.- Ándate, estoy cansado ahora.

- Ah, pero entonces yo te puedo relajar –le dijo ella amable y cariñosa, robándole un beso de los labios.- Tú sabes que podemos pasarlo muy bien juntitos.

- ¡Te dije que no! -le dijo Rafael, enojado, alzando la voz, abriendo sus sábanas y conminándola a irse.- ¡Sal de acá, que quiero estar solo!

- Pero no me--

- ¡Ándate!- gritó Iván, furioso.

 

Ilse comienza a lagrimear, apenada y destruida, mientras sale humillada de la cama de su amado, buscando sus ropas para vestirse. Iván la observa sin ninguna compasión.

 

- ¿Es por ella, cierto? ¿Por la mujer de tu primo?

- ¿Qué estás diciendo, peuca? ¡Ándate de mi pieza ahora! Y ubícate, tú sabes perfectamente cuál es tu lugar en esta casa.

- ¡Por favor! No me hagas esto, tú sabes que yo te amo… ¿Por qué me tratas así? -le suplicó Ilse, entre lágrimas.

- Yo te trato como se me da la gana porque nunca te he mentido, siempre te dejé las cosas claras y tú las aceptaste… Tú tienes que entender que sólo vas a estar conmigo cuando yo quiera estar contigo y no cuando a ti se te antoje, ¿estamos?

 

Ilse asiente, dolida, y se acerca a la puerta, aguantándose las ganas de llorar.

 

- Perdona mi patudez, Iván, pero déjame decirte que a pesar de cómo tú eres conmigo, yo te voy a seguir queriendo… De verdad, nadie en este mundo, nadie… te va a amar tanto como lo hago yo... Y cuando te des cuenta, va a ser demasiado tarde…

 

Ilse abrió la puerta y se retiró, notoriamente afectada. Iván vuelve a taparse entre sus sábanas y se lleva una mano a su frente, pensativo, angustiado.

 

 

CaidaVeronica.jpg

 

 

9. Int. Pieza Verónica. Rancho – Noche 22:35

Verónica, Rafael.

 

Verónica se desviste lentamente, dejando mostrar la piel dorada de su torso desnudo con mucha sensualidad. En eso, Rafael entra a la habitación, deleitándose con la figura de ella y abrazándola por la espalda para darle un beso en el cuello.

 

- Te venía a dar el beso de las buenas noches -sonrió Rafael, extasiado.

- ¡Rafael! -exclamó Verónica, sorprendida, ocultando rápidamente su cuerpo con su camisa de dormir.- Tienes que golpear la puerta. Me asustaste.

 

Rafael sonríe, enternecido con su actitud. Verónica lo mira, complicada.

 

- No tienes por qué tenerme miedo, mi amor –le dijo Rafael, haciéndole un suave cariño en la mejilla.- Tú sabes que yo te amo con toda mi vida y que jamás te haría algo malo… Yo lo único que quiero es que esto funcione entre nosotros.

- Y así va a ser mientras seas sincero conmigo –le dijo Verónica, tajante, volteándose para mirarlo a los ojos.

- ¿Sincero? -murmuró Rafael, completamente nervioso.

- ¿Quién es Julia? –le preguntó Verónica, decidida.

 

Ahora Rafael fue el sorprendido con la pregunta de Verónica. Ella, determinada, sin dudar en ningún momento, espera una respuesta a su inquietud.

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Uf... Adela creo que se metió en un gran lío al confiar en Rafael.

Verónica con Iván :pera: Ilse está celosa :eliza:

Me cae muy bien el personaje de la Arregui :tie:

Elías cacha algo de Alexis :eliza:

Me encantan las hitorias que tengan facebook :diva:

Daniela :uy: le echó el ojo a Alexis..

Ilse, pobrecita :oprah: Me cargaaaa Iván :notecreo:

Verónica le preguntó a Rafael :eliza:

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  • 3 months later...

Ya leí este capitulo y me esta atrapando la historia... El deseo que siente Rafael por Verónica, la inquietud de ella por saber de su pasado y de Julia... Los celos de Ilse con Iván hacia Verónica y el misterio del Facebook... Buen trabajo... No tengo ninguna critica o recomendación, solo felicitando los por tan buen trabajo.

 

Saludos,

 

Renzo

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