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  1. 26 Marzo 2019 NI ARRIBISTAS NI FACHOS POBRES Volver a la llanura: el “duelo de estrato” que dejó el fin del copago El nuevo sistema de admisión escolar no sólo mezcló a dos grupos sociales que el antiguo había separado. También dejó en la diáspora a un estrato masivo de la sociedad que había transformado a los colegios de copago bajo en su “morada subjetiva”, y que hoy se pregunta, entre la desilusión y la perplejidad, por qué le quitaron el refugio que aliviaba sus temores de perder el nuevo rango y recaer en la pobreza de antaño. Así lo constató el sociólogo Manuel Canales al estudiar en terreno el impacto cultural de la reforma. Pero también detectó una incipiente voz “neocívica” que, aupada en los discursos de la inclusión, empieza a cuestionar la “lógica del mercadeo” con argumentos propios de la vieja razón pública. Y es que la tómbola, afirma Canales, ha sido un parteaguas en la conciencia colectiva del Chile contemporáneo, provocando, como no pasaba hace mucho, un enfrentamiento entre dos conceptos de justicia. Conflicto que las élites instalaron, pero ahora no quieren asumir: mientras el gobierno intenta ganarse a los desencantados con “voladores de luces”, el progresismo les hace el quite, restándose del debate que más le debiera interesar. El pasado 5 de marzo, el presidente Piñera y la ministra Cubillos hicieron llegar una carta firmada por ambos a todos los colegios de Chile. No iba dirigida a los profesores ni a los estudiantes, sino a los “Queridos padres y apoderados del país”, quienes eran informados sobre las intenciones del gobierno de ayudar a sus hijos a “cumplir sus sueños”. Tras enunciar una serie de programas en curso, las autoridades se comprometían: “Promoveremos que se valore el mérito y se recupere el derecho de los padres a elegir las escuelas”. Finalmente se despedían, como corresponde a su investidura, con “Un abrazo cariñoso”. “Lo que pasa es que aquí el gobierno encontró petróleo”, asegura Manuel Canales, sociólogo de la U. de Chile que ha dirigido –junto a Cristián Bellei− una serie de estudios Fondecyt enfocados en los efectos sociales del sistema educacional. Conocido en la academia por sus metodologías cualitativas, que intentan calibrar la sensibilidad de los actores a partir de sus propios discursos, hoy prepara los resultados de su última investigación: conversaciones de grupo protagonizadas por apoderados de liceos municipales y particulares subvencionados en regiones ya integradas al nuevo Sistema de Admisión Escolar (SAE). −Cuando Piñera dice “intentaremos devolverles el derecho a elegir” –sigue Canales−, y cuando la ministra de Educación sale de gira con el mismo mensaje, están conectando con un segmento muy grande de la sociedad que hoy vive un luto, una desilusión que el gobierno ha captado bien a través de sus vínculos con sostenedores privados. Para explicar a quiénes se refiere, Canales traza la frontera entre dos grupos “radicalmente distintos”, pero que suelen ser confundidos: la nueva clase media, que asiste a colegios de copago alto y aspira a codearse con la clase dirigente, y una clase media baja mucho más numerosa, apenas despegada de la pobreza, que podía copagar $10 mil mensuales (el copago promedio a nivel nacional, hasta 2015, rondaba los $16 mil). “Y ellos no miran hacia arriba, sino hacia abajo. En su discurso, los colegios que sirven para llegar alto son otro país, una extranjería”. Años antes de la reforma, Canales y su equipo habían investigado qué motivaciones predominaban en este grupo al momento de elegir colegio (Ver estudio). Se encontraron entonces con un sentimiento generalizado: el miedo al flaite. Que no es arribismo, aclara. “Es temor, inseguridad de haber salido del fondo pero saber esa conquista muy precaria. Porque ya no son pobres, pero no han dejado de ser, como esta misma política se los demuestra, ‘sociales’, pueblo. Entonces miran hacia abajo con miedo, porque allá abajo en Chile siempre ha estado el condenado, la turba, lo turbio, la mezcla entre buenos y caídos. Y lo que compraban esos $10 mil mensuales era dejar eso afuera. No era el consumidor que compra goce: era el necesitado que compra una protección”. Así fue como los colegios de copago bajo se volvieron, para una mayoría social, en los verdaderos emblemáticos: emblemas de una “conciencia de estrato” que encontró en ellos su “una morada subjetiva”, un refugio que ofrecía la tranquilidad de no volver a caer. El sociólogo es tajante al excluir de esta conversación la odiosa figura del “facho pobre”: −Lo suyo es simplemente la ley de la vida en la sociedad neoliberal: optimizar cada uno lo que tiene, ser un guerrero. Calcular cada jugada en función de tu propio poder. Y entendamos que haber salido del fondo, del raso, fue un logro histórico para ellos. Y que el neoliberalismo, nos guste o no, fue nuestro modo de llegar al progreso, la modernidad que no tuvimos. Eso del Estado y las industrias existió para una minoría. Para los demás existieron los fundos y, casi enseguida, la globalización. Y cuando Jorge González cantaba “Muevan las industrias”, haciendo el epílogo de la época que moría, la temporera estaba empezando con la cumbia, celebrando la vitalidad del modelo exportador y los contratos temporales. Un cuarto de siglo después, sin embargo, un inesperado movimiento social se tomó las calles y proclamó que había otra manera de hacer las cosas, más razonable y más justa. Algunos protestaron que esos argumentos eran añejos, pero se descubrieron incapaces de rebatirlos. Y entonces, llegó la tómbola. EL DESTIERRO “Volver a la llanura”. Así define Canales el lamento que expresan quienes han visto desaparecer la diferencia de rango que el antiguo sistema les ofrecía. “Todo ese promontorio sobre el cual se habían asentado, y que les dijeron que era su conquista, su logro personal, de un día para otro, por una decisión administrativa, ya no está. Esa es la desilusión que modulan: ‘puede que sea justo, pero es fome, es penca’. Desanima, tiene algo de lúgubre, porque esa segmentación ya era consustancial a su manera de ubicarse en el mundo. Yo los siento fuera de casa, fuera de certidumbre: ‘¿Dónde estoy? No entiendo, ¿todo eso era nada?’”. Los testimonios, extraídos del informe que preparan los investigadores y citados acá cuando son representativos de otros tantos, corresponden a padres y madres –con predominio de estas últimas− de la región de O’Higgins y, en menor medida, de Magallanes y Los Lagos, que junto a las de Coquimbo y Tarapacá fueron las primeras en implementar el SAE (el proceso de admisión para 2019 integró a las restantes, excepto la Metropolitana cuya incorporación se postergó un año). “Yo tenía una intermedia donde yo decía: ¿dónde está mi nivel? Ahí. Con lo que yo puedo pagar más o menos, el subvencionado”. “Entonces ahora o pagas harto o no pagas nada. Ya no hay ese intermedio que uno como papá se esforzaba un poquito: ya, lo voy a mandar a un colegio más o menos… Ahora no”. “Por eso yo digo: ¿por qué dejarnos solamente dos opciones? ¿Es justo?”. “O sea, yo digo pucha, me mandaron por pobre para acá…”. Reducir este desconcierto a los intereses de un grupo específico, advierte Canales, es no comprender que el reemplazo del copago por la tómbola “desordenó una cultura, una época, todo”. Puesto que negar al apoderado su “derecho de cliente” a diferenciarse con su dinero respecto de bienes públicos que subvenciona el Estado, es negar toda la racionalidad social construida en las últimas décadas. “La plata que pone el Estado no es para que tú le ganes a otro, es para que a todos les vaya bien. Pero en el ethos popular la noción de lo ‘justo’ están tan arraigada en esa racionalidad del cliente, que el fin del copago es completamente contraepocal. Por eso choca tanto”. Tal es así que, en todos los grupos de conversación, la primera voz que se hizo escuchar fue el reclamo por el “derecho a elegir” el colegio de los hijos. Algunos ejemplos entre muchos: “Yo creo que es un derecho de apoderada, de madre, un derecho de tu hijo también, entonces como que lo están vulnerando”. “No sé, rabia, impotencia de decir pucha, ¿por qué me están imponiendo tener mi hijo en otro lugar?”. “Ahora no, el sistema le elige a uno, te lo imponen, y ni siquiera uno tiene derecho como a pataleo”. “Yo no tengo ningún problema, el colegio tampoco, pero yo creo que tengo una cosa personal, como ese resentimiento de que yo no lo elegí”. Canales hace notar que el discurso reformista dijo mucho contra el lucro del proveedor, pero poco sobre el derecho que creía tener el comprador, y cuya súbita pérdida explica ahora su perplejidad: “La palabra de ellos era mayoritaria, y en los otros ámbitos de la sociedad lo sigue siendo. Con ellos habla todo el sistema: la tele, la publicidad, incluso la política. Y de pronto, se desata una hebra de racionalidad pública y este sistema que parecía tan orgánico, ¡pum!, le hacen un solo giro y se desparrama. Y ellos se ven en la diáspora. Y más encima, sospechosos de algo raro, porque el sistema anterior lindaba con los subterfugios, había algo sotto voce, lo cual ayuda a comprender que nadie saliera a defenderlo”. Aquellos subterfugios eran los criterios de selección que aplicaba un alto porcentaje de los sostenedores. Transgrediendo la ley, pero creando además una contradicción insalvable con el derecho a elegir de los padres que alegaban resguardar. De ahí que la página web del SAE, en su sección “Mitos”, establezca: “Mito: Con este sistema, el Ministerio elige por los padres. / Realidad: Todo lo contrario, con el nuevo Sistema de Admisión Escolar se garantiza que las familias que puedan elegir libremente el colegio que quieren para sus hijos, al eliminar todas las prácticas discriminatorias en los procesos de admisión a los establecimientos, como la realización de pruebas, entrevistas y el requerimiento de todo tipo de antecedentes”. Esta contradicción también se refleja en las dinámicas grupales cuando los padres, tras reclamar el derecho que tenían de elegir, añoran a su vez la obligación de ser elegidos. Se identifican con guión las secuencias de diálogo entre apoderados. “Ellos veían las notas que tiene el niño, el tema de comportamiento, todo”. “−Sí, mi hijo no dio prueba pero sí notas, dimos notas del colegio anterior.−Informe de personalidad.−Más importante que las notas…−Sí.” “Te medían tus capacidades, no tu nombre y tu rut”. “Antes no, ¿ah? Antes los seleccionaban por nivel, por condición, por las pruebas, el nivel académico era parejito, digámoslo… Y también, por ejemplo, no sé po, la hoja de vida. Ellos se daban el lujo de decir no, él no me sirve, no lo recibimos. Ahora no se puede hacer eso”. “Entonces esto también ha ido en desmedro de los niños; para qué se van a esforzar por llegar a un colegio, si el sistema te elige y teniendo un 4 tengo la misma opción del que tiene un 7”. Una fuente de malestar muy significativa –y que evidencia la timidez pedagógica con que se llevó adelante la reforma− es el sentimiento de indefensión frente a la impersonalidad de la máquina. Donde el Estado ha querido introducir un principio de equidad, los padres afectados sólo parecen distinguir la sustitución de un orden racional, con reglas conocidas, por la injusticia un “sistema” que obedece a leyes insondables. “Ese es el tema, uno se pregunta cuál es el criterio, y el filtro que se utiliza para poner a un niño en cual o tal colegio […] Es como que tú ingresas el rut tuyo y el de tu hijo y el computador solo los manda a cualquier opción de colegio”. “Uno va al colegio y dice oh, por qué no quedó mi hijo…” “El sistema, le dicen eso, es el sistema, y ahí uno queda”. “Yo me hubiese quedado tranquila cosa que me hubiesen dicho mire, su hija no quedó aquí por esto, pero quedó aquí por esto. Porque yo no sé por qué mi hija no quedó donde yo quería y me la dejaron ahí”. Del sistema antiguo, por contraste, resaltan la posibilidad que tenían de jugarse su propia opción. El acto presencial de ir a conquistar un cupo −requisito del todo inexigible desde una perspectiva pública− prefiguraba incluso una distinción entre colegios: aquellos de madres esforzadas, que se levantaban a hacer la fila, y aquellos con los que debían conformarse las otras. “Y de hecho, uno hacía el sacrificio de prácticamente pasar la noche afuera del colegio, porque uno sabía que si uno llegaba de los primeros el niño iba a quedar ahí, cosa que ahora no, ahora lo ingresamos al sistema y el sistema decide a dónde se va”. “Yo, por ejemplo, creo que fui una de las primeras que matriculé a mi hija, porque yo realmente quería que quedara ahí, entonces fueron como las ganas. Pero creo que ahora es como más la suerte no más… Aunque igual esos años en que mi hija quedó, era con prueba”. Para el año académico en curso, el SAE recibió 274.990 postulaciones de ingreso. El 59,2% de los estudiantes quedó en el colegio que había elegido como primera opción; el 23,2%, en alguno de preferencia secundaria; y el 17,5%, en un colegio al que no había solicitado ingresar. LA MEZCLA Una cualidad inédita de este estudio −respecto de los que había realizado el mismo equipo− es que por primera vez dialogan entre sí quienes antes se expresaban en grupos aparte. Y de ese encuentro surgieron algunos de sus resultados más interesantes. −El cambio de sistema también nos desordenó el esquema a nosotros –cuenta Canales−. Antes los teníamos bien separaditos: los que podían copagar estaban allá, y los que no, en los municipales. Pero ahora que están mezclados, ¿cómo los separamos? Y sobre todo: ¿debiéramos separarlos? Porque si algo evidenció la experiencia del microgrupo, fue la debilidad del corte que los separaba. Hablan como pares, perciben altiro que son de los mismos. Nadie habló de “flaites”, pese a que en los estudios anteriores era una seña fundamental. Es impactante la diferencia entre hablar del otro y hablar con el otro”. La interacción, en todo caso, sí reflejó dos discursos en conflicto. Pero no en la forma de un antagonismo declarado, sino a través de una curiosa progresión que se repitió en todos los grupos: en una primera fase, predominaba sin competencia la voz de los “dolidos” con el nuevo sistema, pero poco a poco, incapaz esa voz de concitar un consenso, comenzaba a ser contrapesada por una corriente “inclusiva” que, tímida al principio, terminaba por doblegarla. Para sorpresa de los investigadores, esto ocurrió sobre todo en los colegios particulares subvencionados. “En los municipales, algunos ni se enteraron del cambio, van a los mismos liceos de siempre. Entonces escuchan a los dolidos y los dejan desahogarse, los entienden, pero no los siguen. Esa voz queda en la soledad, nomás. En los subvencionados pasa algo más potente, porque ahí esa voz está en su antigua casa, pero ahora con la frontera abierta a los que antes no entraban. Y cuando el discurso del miedo a la mezcla empieza a mostrar sus incoherencias, los antiguamente negados les enrostran esas incoherencias, con un sabor a victoria: ‘Ah, ¿viste?’”. A esta segunda voz que emerge desde el mutismo, Canales le llama “neocívica”. El prefijo denota que, si bien parece esgrimir los viejos principios de equidad que inspiraron al movimiento reformista, su discurso le debe más a la aparición de una sensibilidad nueva que a la continuidad de la antigua: “Aquí están midiendo fuerzas dos racionalidades muy específicas de esta época: la individualista del rendimiento, que llegó primero, y la colectiva de la inclusión y la no discriminación, que vino a replantear en otros términos el dilema de siempre: mis capacidades o sus necesidades”. Y es precisamente la inclusión, no la igualdad, el término que los padres molestos identifican con su pérdida, mostrando reacciones que fluctúan entre la resistencia agresiva y la aceptación resignada. Ejemplos de lo primero: “− Llega todo, lo bueno y lo malo… −Sí po, los colegios ya como que no…”. “Entonces está todo mezclado en la sala, esos niños malos, esos niños buenos, niños con Asperger”. “−Si tú preguntaras, no sé, al director, a un colegio, a qué se debe eso, ellos te aseguro que te dirían: es que el sistema trajo de todo para acá…−Esa es la respuesta, llega todo, ahora hay que recibir sí o sí lo que llegue.−Ah, sí po, por la nueva inclusión.−Claro, ellos dicen eso po, como que los chiquillos nuevos echaron a perder el…”. “Niños que son más agresivos, se tienen que ir los buenos, porque como está la ley de inclusión, entonces los directores, los profesores, a este niño tienen que darle como 100 mil oportunidades”. No es difícil reparar en que las objeciones a la inclusión –caracterizada a menudo como un principio bien intencionado, pero desconectado de la realidad− invocan por lo general diferencias de comportamiento; muy rara vez, de rendimiento académico. “No sé po, jamás yo me imaginé años atrás ver, no sé po, niños de enseñanza media fumando marihuana, por ejemplo. Y ahora se ve dentro del colegio”. “Y aunque uno quiera estar en esto de la inclusión, uno apoya esto, cuando uno lo ve de afuera dice ‘es muy bueno porque están todos los niños’, pero cuando uno ya está en el colegio municipal de verdad, por ejemplo a mí me pasó, que a mi hija la saqué del prekínder porque un niño le tocaba la vagina a las niñas y no lo podían echar. A este niñito no lo podían echar, ¿entonces qué hacía uno, qué tiene que hacer en ese entonces? Sacar a la niñita”. “−A mí igual no me gusta mucho eso de [que ya no se selecciona por] las notas, porque entra cualquiera y el cualquiera, o sea, no es por menospreciar al cualquiera va a lesear no más al colegio, por ser… −Es que igual depende, porque ustedes hablan… yo no sé si a sus hijas les va bien, pero a mi hija no le va bien pero porque ella tiene un problema para aprender, y si no le va bien no es porque vaya a tontear al colegio”. Este último diálogo ilustra el punto de quiebre que, al decir de Canales, ha dejado a los descontentos en la “soledad sociológica”: ya no pueden legitimarse como voz grupal, pues reivindican un interés que excluye a quienes ahora son parte del grupo. “Entonces entablan una discusión sobre lo justo, pero salen contrariados, porque en la frase ‘uno podía elegir’, ese ‘uno’ no alude al ‘nosotros’ general, sino sólo a los que podían copagar. Tienen el mismo problema que sus intérpretes públicos: son la voz del sentido común, dominan testimonialmente la conversación, pero no pueden terminar de decir en nombre de qué se alzan, porque su racionalidad privada no logra justificarse como racionalidad pública”. Entre quienes aceptan el criterio igualitario o se resignan a aceptarlo, el estudio destaca dos posiciones: una simplemente pragmática, que reporta sobre “movidas” o “modificaciones” que permitirían burlar los designios de la tómbola (la más referida, retirar al alumno del colegio malo una vez iniciado el año escolar y entonces “ir a llorarle al director” del colegio bueno: “sabe que mi hijo quedó en el aire, necesito si tiene un cupo”), y otra que le concede ciertas virtudes al nuevo paradigma inclusivo. “−Yo creo es justo, pero no es lo que queríamos (risas). Es justo, pero no es lo que yo quiero, porque yo quiero que mi hija quede en tal colegio y no va a quedar. Pero al final está bueno para la gente.−Hay que resignarse (risas)”. “−Ahora hay diversidad, esa es la palabra que se ocupa ahora, la persona que… el niño que es más complicado, el niño que es más normal… o sea, la palabra normal, también es tan complicada, también decirla.−Ahora…−Porque ahora todo es como discriminación, entonces hay que tener paciencia no más y así va a ser de aquí para adelante”. Para que nadie se entusiasme más de la cuenta, Canales se refiere con cautela a la tentativa irrupción de un “neocivismo” en sectores populares: se trata de brotes silvestres, ideológicamente débiles. En las conversaciones, insiste, esa voz sólo emergía en respuesta a posiciones hostiles, o bien a instancias de los moderadores. “Aun así, no deja de ser sugerente que partiera siempre en minoría, justamente por ser tan contraepocal, pero terminara victoriosa, y hasta lograra silenciar a la otra”. Los siguientes son ejemplos de aquellos planteamientos que dominaban el tramo final de las conversaciones. “Eso es lo que quiere demostrar la ley po, que todos seamos iguales en el fondo”. “Con esta ley, por lo que yo entendí más o menos, acá ya no te pueden preguntar si tus padres son casados, ya no te pueden preguntar cuál es tu nivel socioeconómico. ¿Usted va a poder pagar? Ya no es eso. Eso es lo que quiere [esta ley]. Incluir a todos los niños. Incluso los niños con déficit atencional, con problemas de síndrome de Down. Eso es lo que entendí”. “−Yo veo la otra parte, que los alumnos no estén por sobre otros”.−Sí, eso ha cambiado mucho, los niños todavía siguen siendo los mismos pero la ficha de los niños, ya no preguntan todo lo que preguntaban. Como dicen, reciben todo, y todo para que sea, como dice él, parejo”. “−A mí también me pasa que yo tenía ese estigmatización de decir: ah, no, es que este era particular subvencionado y algunos no entraron por las lucas y ahora va a ser así como… no van a pagar, van a llegar todos.−No, yo encuentro todo lo contrario. No sé, encuentro que al colegio le ha hecho bien este cambio”. “A mí me pasa que mi hijo tiene un compañero autista y mi hijo me dice: ‘Mami, el Diego me molesta’, y yo le digo: ‘Hijo, nosotros tenemos que adaptarnos a todos los niños: con autismo, con cualquier problema’. […] Aunque sí, a veces a uno la perjudica como mamá, como veníamos hablando nosotras dos, en el sentido de que a veces niños con otras condiciones les pegan a los niños nuestros y uno no puede hacer nada porque el niño tiene otras capacidades, entonces igual es distinto cuando uno es mamá. Pero yo como persona creo que es buena la ley de inclusión…”. “Bueno, y si la autoridad de un colegio dice ‘el sistema me mandó de todo para acá’, esa es la respuesta que da, no está funcionando el colegio po”. LA CONFRONTACIÓN FINAL No es casual que la mayoría de los testimonios citados correspondan a familias de Rancagua. “Nos concentramos ahí porque, entre las ciudades que habían entrado al SAE, era la más parecida a Santiago, donde esto va a ser más complejo aún”, advierte Canales. El impacto del SAE en la Región Metropolitana se dejará sentir a partir de agosto de este año, cuando se abra el proceso de postulación para 2020. Lo que entonces se va a amplificar, augura el sociólogo, “es esta especie de confrontación final entre el ‘derecho del cliente’ y la permanencia y/o reaparición de una lógica pública o cívica”. Conflicto que el mundo popular deberá procesar con sus propias herramientas, porque en las clases dirigentes, observa, los actores no están asumiendo sus banderas: −Nadie quiere asumir la disputa ideológica que se ha instalado. Ni unos defienden el copago ni los otros el civismo a todo evento. A los desilusionados, la ministra les dice “estamos contigo”, pero no llega a proponer “volvamos al copago”. Habla del mérito académico y de los liceos emblemáticos. Esos son voladores de luces respecto de la gente de la que estamos hablando. Pero en las conversaciones se nota que, además del copago, algunos también extrañan la selección por mérito: “Aunque me esfuerce, ya no sirve de nada”. −La meritocracia por indicadores académicos es el único argumento que sí puede invocar una racionalidad general. Pero en este estrato, que es donde está la masa, el reclamo “por qué me nivelan hacia abajo” no pasa por el mérito académico. Y acaba de aparecer un estudio de la UC –realizado en las mismas regiones que estudiamos nosotros− que demuestra, contra todo lo sostenido por la ministra, que el 25% de alumnos de mejor desempeño asiste a los colegios de mejor rendimiento en la misma proporción que antes. Y en la U. de Chile estamos por sacar un estudio cuantitativo donde se revela que las familias han preferido postular a los particulares subvencionados, pero sin discriminar entre ellos por indicadores académicos. ¿Dirías que la cruzada del gobierno por el mérito académico es una especie de apoyo moral a esa masa dolida? −Exactamente: “Sabemos de tu dolor, no nos hemos olvidado de ti… y nos encantaría devolverte el copago pero a lo mejor no se puede con recursos públicos”. Les están demostrando que hicieron todo lo posible. Y creo que les va a rendir. No en lo educacional, que en realidad no le interesa mucho a nadie, pero sí en la conexión con su pueblo, formado en el ethos del mercado. Pero esto igual los está llevando a preguntas incómodas. ¿Por qué? −Porque al decir “Ley de Admisión Justa” volvemos hablar de justicia, de igualdad de oportunidades y no de “oportunidades para todos”, que es donde la lógica neoliberal sabe justificarse. Donde entran la igualdad y la justicia, pierden verosimilitud, porque la verdadera falta de meritocracia hay que buscarla mucho más arriba. De ahí que los colegios particulares no estén muy cómodos con este debate. ¿Pero te preocupa que el argumento del mérito sirva para revertir la integración que se produjo en el sistema público? −No, desmontar este avance va a ser muy difícil. Lo que me preocupa es cómo se desmonta esa sensibilidad que quedó a la deriva. ¿Qué va a pasar con ella, qué nueva casa va a encontrar? “Lo público”, como imaginario alternativo, por ahora no dice mucho. −Claro, si tú estás acostumbrado a ser cliente de los servicios públicos… Pero fíjate que cuando hicimos el primer estudio, no hablaban de “particulares subvencionados”, sino de “particulares” a secas. Y a los privados les decían “particulares-particulares”. En cambio, ahora se está hablando de “subvencionados”. Pero cuesta enmarcar esos gestos… Porque si miramos más arriba, quienes acaso quisieran desarrollar el civismo enfrentan su propio problema de verosimilitud: el evidente apartheid en que se encuentra la educación de las clases dirigentes, ¿no? Aun así, es sorprendente la falta de convicción de gran parte de la izquierda y del centro progresista para entrar en este debate. Como que lo rehúyen. ¡Le rehúyen a discutir con la derecha sobre justicia! O más bien, a decirle a la gente “sí, es verdad que te quité algo”. −Tal cual, les quitaron algo. Les quitaron una ilusión de diferencia que se sostenía en un mecanismo de segregación que destruye la sociedad, que no era sostenible. Pero hay que responderles, porque efectivamente se les dijo “hazte cargo de tu vida y dependerá de cuánto luches”, y ahora les dicen “ya no te permito separarte del resto con recursos públicos”. Pero si no hay ningún discurso constructivo convocando a algo… ¡dónde está el portavoz de esto, quién le dice algo a ese sujeto! Alguien tiene que invitarlo a construir sociedad, a construir el propio colegio. Una esperanza, ¿no? Pero no, ha sido todo sin confianza, sin convicción. A los que lean tu nota, yo les apuesto que no pueden responder esta pregunta: ¿quién está liderando la defensa de la nueva educación pública? Fuente: https://www.theclinic.cl/2019/03/25/volver-a-la-llanura-el-duelo-de-estrato-que-dejo-el-fin-del-copago/
  2. Historia del topic acá http://foros.fotech.cl/topic/338584-bullying-escolar-la-ultima-cancion-de-katy-winter/page-2?hl=%2Bbullying&do=findComment&comment=23657043 12 Junio 2018 Muerte de Katy Winter: Padres presentan denuncia ante la Superintendencia de Educación por maltrato sicológico Según explicaron miembros de la familia, los padres mencionan "claramente" al colegio Nido de Águilas, donde estudiaba la joven. "Hacer esta denuncia es un paso clave para aumentar la conciencia que hay cosas que se pueden hacer respecto del bullying", señalan. LA FAMILIA HA ESTADO DIVULGANDO ESTAS IMÁGENES, COMO PARTE DE UNA CAMPAÑA CONTRA EL BULLYING. El 31 de mayo, los papás de Katherine Winter, Emanuel Pacheco y Evanyely Zamorano, presentaron una denuncia ante la Superintendencia de Educación. Los padres de la niña de 16 años que se quitó la vida el martes 22 de mayo, realizaron la denuncia a través del sitio http://denuncias.supereduc.cl, y como causal establecieron la del maltrato sicológico entre alumnos, luego de que la estudiante del colegio Nido de Águilas acusara un episodio de ciberbullying tras asistir a una fiesta el sábado 19 de mayo. Así al menos lo declaró su madre a Carabineros en la denuncia por presunta desgracia del 22 de mayo, cuando Katy aún no aparecía: “El sábado 19 de mayo su hija asistió a Plaza San Enrique situada en la comuna de Lo Barnechea donde participó en la celebración de un cumpleaños de una alumna del mismo colegio, lugar en que en el transcurso de la fiesta fue besada por un compañero de curso que resultó tener polola, situación que provocó la molestia de varios alumnos del colegio quienes posteriormente comenzaron a hacer publicaciones con insultos hacia su hija en un grupo de Facebook”. En la denuncia, según explicaron miembros de la familia, los padres mencionan “claramente” al colegio Nido de Águilas “para que la Superintendencia pueda investigar”. “Hacer esta denuncia es un paso clave para aumentar la conciencia que hay cosas que se pueden hacer respecto del bullying”, señalan. Esta se suma a la investigación que la Superintendencia abrió de oficio el 24 de mayo, dos días después de la desaparición y muerte de Katy, por la cual el establecimiento educacional ya ha aportado una serie de antecedentes. En paralelo, el caso lo está investigando el fiscal de Ñuñoa, Álvaro Pérez. Esa indagatoria aún espera los resultados de las pericias que la Policía de Investigaciones realizaron al celular y computador de Katy. Emanuel Pacheco y Evanyely Zamorano no descartan presentar una demanda por indemnización de perjuicios contra el colegio, si es que las indagaciones del Ministerio Público encuentran alguna responsabilidad en las gestiones del Nido. Cabe recordar que el 31 de mayo, el fiscal regional metropolitano Oriente, Manuel Guerra, afirmó a La Tercera PM que los casos de bullying son de inmensa gravedad pero que “no son delito, por tanto como Ministerio Público no podemos intervenir”. Hoy se supo que la Alianza Francesa fue amonestado y multado en 58 UTM ($2,7 millones) por la Superintendencia, por el caso del alumno de III° medio que se suicidó días después de que fuera sorprendido con marihuana en su mochila. Según publicó El Mercurio, la sentencia establece que el colegio “no habría aplicado correctamente el reglamento interno”, que en el momento se empleó un protocolo que aún estaba en elaboración se argumenta que se aplicó un protocolo que aún estaba en confección, el que aún no había sido difundido entre la comunidad educativa. Fuente: http://www.latercera.com/la-tercera-pm/noticia/muerte-de-katy-winter-padres-presentan-denuncia-ante-la-superintendencia-de-educacion-por-maltrato-sicologico/202536/
  3. 05 Octubre 2017 Hogar de Cristo cifra en 77 mil los menores fuera del sistema escolar Diputado Bellolio (UDI) pidió al Mineduc que se añada un plan permanente dentro del programa de desmunicipalización, que aborde el tema de los desertores. Solo en la RM habría 34 mil menores fuera del sistema escolar La discusión sobre cuántos niños están fuera del sistema escolar en nuestro país sigue siendo un tema pendiente. Hoy, durante la cuenta pública de la Fundación Hogar de Cristo, se destacó la situación de los 77.554 desertores escolares que hay a nivel nacional, según sus estimaciones. “En Chile hay alrededor de 77 mil jóvenes excluidos del sistema escolar, pero ellos no son desertores. La deserción escolar es un pésimo concepto que denota un acto voluntario de abandono de una institución por una reflexión de interés personal” , indicó el director social nacional de la fundación, Paulo Egenau. Respecto de las razones de este fenómeno, Egenau explicó que “estos menores no salen voluntariamente, sino que son excluidos porque las condiciones de su entorno no están dadas para hacerse cargo de todo lo que significa nacer y crecer en pobreza”. Semanas antes, el intendente metropolitano, Claudio Orrego, había solicitado al Ministerio de Desarrollo Social las cifras de menores de la Región Metropolitana que se encontraban fuera de los establecimientos educacionales. Los datos se dieron exclusivamente gracias al cruce del Registro Social de Hogares con datos del Ministerio de Educación (Mineduc). Los resultados arrojaron que los menores que se encuentran fuera del sistema escolar, sólo en la capital, sumarían más de 34 mil. Según el Hogar de Cristo, de la cifra total de menores de 18 años que están fuera de la educación escolar, un tercio está en el Servicio Nacional de Menores (Sename). Además, existen 188.939 menores de 21 años que no están estudiando y que no han terminado la educación media. “Chile no cuenta con una provisión educativa de reingreso para aquellos niños que han sido excluidos del sistema”, señalan. Orrego indicaba lo mismo hace unos días. “Lamentablemente, el sistema no está preparado para estos niños. No puedes poner a un menor de 15 años con uno de 20 que lleva más de tres años fuera del sistema. Debe haber un tipo de educación especial”. Misma perspectiva tiene Paulo Egenau frente a esta problemática. “El sistema educacional tiene que entender y trabajar a partir de la realidad de estos niños y eso no se está dando”, agrega. El diputado Jaime Bellolio (UDI) indica que si bien “hay políticas de retención y de reintegración, no existe para los que están más vulnerables y que salen del sistema escolar. Ellos necesitan una educación especial, se requiere una intervención más allá en integración escolar”. El parlamentario, miembro de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, agrega que “estamos a la espera de una respuesta por parte de la Subsecretaría de Educación, sobre un plan permanente para esta situación. Espero que ahora, que se aprobó el nuevo sistema de educación pública, haya una política de reinserción y que se pueda financiar”, señala. Consultado el Mineduc, declinaron referirse al tema. Presupuesto A días de que el gobierno presentara el proyecto de ley de presupuesto para el 2018, el director ejecutivo de Hogar de Cristo, Juan Cristóbal Romero, no está satisfecho. “En general, sentimos que el presupuesto se ha enfocado en una demanda muy legítima, como es la gratuidad en la educación y estatuto docente, pero ha postergado líneas fundamentales para la superación de la pobreza. Como país no hemos priorizado la política pública sobre esas demandas”. Agrega que “el año pasado hubo una reducción de $ 10 mil millones en reinserción educativa, una de las problemáticas sociales más grandes que tiene el país. Hoy, tiene cerca de 80 mil jóvenes que no están yendo al colegio en sectores de pobreza entre el 2016 y 2017, y no hemos visto ninguna mejora de una glosa que lleva una disminución del 30% en los últimos años”, señala.
  4. 04 Marzo 2017 Carabineros realiza masiva fiscalización transportes escolares previo al inicio de clases Más de 23 mil vehículos escolares fueron fiscalizados en todo Chile en la que se busca que los conductores respeten la normativa vigente de seguridad En el marco de la campaña Transporte Escolar Seguro más de 23 mil buses de transporte escolar llegaron, este sábado, hasta la Elipse del Parque O’Higgins para que se les realizara una masiva fiscalización antes de que comience las clases en todo el país. En la oportunidad, que se desarrolló a lo largo del país, estuvo encabezada por el Ministro (s) de Transporte y Telecomunicaciones, Carlos Melo, junto con el Jefe de Zona de Tránsito de Carabineros, General Jorge Garrido, y la Jefa del Programa de Fiscalización, Paula Flores, se verificó el correcto funcionamiento de los vehículos y la documentación de los conductores de transportes escolares, la cual se realiza de manera voluntaria. Con esto se busca que los transportistas respeten la normativa vigente. Esto a raíz del porcentaje de accidentes de transportes particulares, el cual según lo que declara el ministro Melo, corresponde al 90% de los accidentes con resultados de lesiones graves y muerte. De esta forma se espera que los transportes escolares cuente con todo lo relacionado con la seguridad de los niños, como son la correcta implementación de cinturón de seguridad, ergonomía de los asientos, color del vehículo, revisión técnica y licencia de conducir al día, entre otros. Aquellos miembros que si cumplieron con la fiscalización Carabineros le entregó un logo que se adhiere al parabrisas de la máquina para confirmar el correcto funcionamiento de las máquinas. Fuente: http://www.latercera.com/noticia/carabineros-fiscalizo-miles-transportes-escolares-previo-al-inicio-clases/
  5. 18 Enero 2017 Abren licitación para extender cobertura de transporte escolar gratuito El ministerio de Transportes inició un proceso para adjudicar 63 nuevos recorridos para 3.600 estudiantes de zonas rurales. Más de 3.600 alumnos de sectores con dificultades de conectividad serán beneficiados con 63 nuevos servicios de locomoción escolar gratuita que implementará el ministerio de Transportes en el país. La iniciativa, que será financiada con $1.667 millones anuales provenientes de los fondos “Espejo” del Transantiago, tiene como objetivo aumentar la cobertura en las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá, Atacama, Valparaíso, Metropolitana (rural), Maule, Biobío, Araucanía, Los Ríos, Los Lagos y Aysén. “Nuestro objetivo es fortalecer el programa de transporte escolar gratuito, el que ha permitido sumar servicios durante tres años”, dijo el subsecretario de Transportes, Carlos Melo. La autoridad añadió que este programa ha beneficiado a un total de 48 mil alumnos, quienes han podido trasladarse a escuelas y liceos de zonas con problemas. Los operadores de transporte escolar podrán postular a este subsidio hasta el 3 de febrero próximo. Para participar en la licitación deberán ingresar al siguiente link para registrarse y seguir los pasos del instructivo. Fuente: http://www.latercera.com/noticia/abren-licitacion-extender-cobertura-transporte-escolar-gratuito/
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