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  1. Mi tío, el Papa Francisco Todos los domingos, cuando los Bergoglio están reunidos, reciben una llamada del Papa Francisco que quiere saber cómo está su familia en Argentina. José Ignacio, hijo de María Elena, la única hermana viva del Pontífice, revela aquí el lado íntimo de su tío. Paula.cl Hay un recuerdo con su tío Jorge Bergoglio, hoy el Papa Francisco, que a José Ignacio le da risa. Ocurrió el día de su confirmación en 1997 en la Iglesia San Judas Tadeo, en la capital argentina. Él tenía 15 años y el sacerdote a cargo de la ceremonia era su tío Jorge. La costumbre argentina indica que cuando alguien recibe la confirmación, el sacerdote le da una palmadita en el rostro. Yo ya me la veía venir. Sabía que algo me iba a hacer. Cuando fue mi turno, la palmada fue bastante más fuerte que la de mis compañeros, seguida por un guiño de ojos y una sonrisa cómplice, recuerda al teléfono desde Buenos Aires. José Ignacio Bergoglio es el hijo menor de María Elena (69), la única hermana viva del Sumo Pontífice y muy cercana a él. De los 12 primos Bergoglio, José Ignacio es el más chico. Vive en Ituzaingó, al oeste del Gran Buenos Aires, muy cerca de la casa de su madre, quien ya no da entrevistas: fue tanto el estrés emocional que le generó que su hermano se fuera a vivir al Vaticano y la hiperactividad que siguió a su nombramiento, que prefiere no exponerse. Los primeros meses fue bravo, porque era una constante y no estábamos preparados para eso: ni para recibir esa noticia en lo interno como familia, ni para convivir con toda esa emoción que se generó con mi tío y también con nosotros, explica. Hoy es José Ignacio quien se encarga de hablar con los medios. Trabaja como empleado administrativo en Anses -la Administración Nacional de la Seguridad Social-, perteneciente al Estado, y en Haciendo Lío, de la que es presidente y fundó con su novia: una ONG que asiste a personas en situación vulnerable; los capacita de forma gratuita y los ayuda a insertarse laboralmente. Además, abrieron una escuela de capacitación llamada Papa Francisco. Sabe que la visita del Papa a Chile en enero atraerá las miradas nuevamente hacia el clan Bergoglio. Hoy es algo mucho más tranquilo y llevadero. Todos somos muy similares a mi tío, tenemos un perfil muy bajo. No es que andemos pululando por los canales de televisión o afamándonos, sino que simplemente mantenemos nuestra rutina de vida, dice. Cuando hablas con tu tío, ¿cómo le dices: Jorge o Papa Francisco? Le sigo diciendo tío. Cuando lo nombraron Papa, él se comunicó con nosotros por teléfono. Mi casa era una locura ese día: sonaba el timbre, el teléfono constantemente, sonaba el timbre, venían de todas partes. Y una de esas veces que sonó el teléfono atiendo y escucho: Hola. Yo pregunto: ¿Quién habla?. Y del otro lado me dicen: Soy Jorge, pavote (risas). ¿Y qué pasó luego? Me quedé helado, miro a mi mamá y le digo: Tío, ya te paso con mamá que quiere hablar con vos. En ese momento era ella la que necesitaba desahogarse y recibir la calma que siempre te transmite Jorge cuando habla con vos. Él le dijo: Gordita, no pude decir que no. Trató de calmarla, pero la verdad es que con todo lo que estábamos viviendo tampoco se pudo calmar mucho la pobre viejita. ¿Dijo algo más esa vez? Fue una comunicación muy breve, acá en Argentina eran como las 9 de la noche y en Italia son 5 o 6 horas de diferencia. La siguiente comunicación fue el domingo y ahí le dijo: Quédate tranquila, ya nos vamos a volver a ver. Lamentablemente todavía no se ha podido dar el reencuentro con ella. Ellos son muy unidos: de conversación constante, de mucho cariño. ¿Los vecinos le piden favores al Papa Francisco a través de ustedes? No. Al principio estaban muy presentes por la emoción de la noticia y por contención hacia nosotros. Después, al bajar la intensidad, volvimos a la relación habitual de cruzarnos en la calle, o parar cuando volvés de una compra y ponerte a tomar mate con el vecino o a conversar. ¿Quiénes eran los que venían hasta aquí a hacer algún pedido para el Papa? (Al principio) venía gente de todas partes a nuestra casa: nos pedía hacer llegar alguna carta o algún pedido de oración. Me acuerdo que la gente de la localidad de Azul, si no me equivoco, nos ofreció hacer una vaquita para que fuéramos a ver a mi tío. Estaban intrigados de que no lo habíamos visitado, lo que no se ha dado por una cuestión económica y por lo conversado con mi tío, por la austeridad que marca Francisco. No se concretó, pero conmemoro el gesto porque era toda gente laburante, como nosotros. Eso fue emocionante. ¿Sigue siendo un sueño para tu mamá viajar al Vaticano? No, el sueño es encontrarse con él, pero acá (en Buenos Aires). El mate amargo ¿Qué recuerdo de infancia tienes con tu tío Jorge? Era un tío muy presente, muy consejero. Independientemente de que uno siempre lo hablaba con toda la familia, cuando necesitaba un consejo, la palabra de Jorge te invitaba a reflexionar para que tomes vos la decisión más correcta. Y bueno, si tenía que regañar, te regañaba, y cuando te tenía que felicitar, te felicitaba. Siempre ha sido una persona muy carismática, fue muy dado con los jóvenes, con un sentido del humor muy especial. Bueno, él es muy futbolero, es hincha de San Lorenzo. Y el resto de la familia somos hinchas de River y cuando se cruzan River y San Lorenzo hasta el día de hoy están las cargadas cruzadas dependiendo del resultado: si gana San Lorenzo él me carga a mí y si gana River, él me tiene que aguantar. ¿Cómo eran esas cargadas? Mucho la verdad no se puede reproducir (risas). A los hinchas de San Lorenzo les dicen cuervos y a los de River, gallinas. Entonces, si San Lorenzo le ganaba a River, él me dice: Bueno, gallina amarga, les ganamos, y si era al revés, yo le decía: Cuervo amargo, perdieron, ¿qué van a hacer ahora, dónde te vas a esconder?. ¿Tu tío tenía la camiseta de San Lorenzo? ¿Iba al estadio? Era hincha, socio, pero no iba a la cancha. Hoy el club lo convirtió en socio honorario. Entiendo que hoy no ve los partidos, pero tiene un guardia suizo en el Vaticano al que le pregunta cómo van los resultados. Hay un guardia suizo que le va contando los resultados, pero él hace mucho tiempo que no ve televisión. Incluso el guardia como que se hizo también hincha de San Lorenzo. ¿Qué costumbres tenía tu tío antes de llegar al Vaticano? Cuando él iba de misión pastoral en una villa o iba a algún evento fuera de la catedral, tenía la costumbre de parar en una pizzería a comer dos porciones de pizza. También es fanático del mate. Lo toma amargo. ¿Sabes si lo sigue tomando? Sí, sigue tomando. La llamada del domingo ¿Cuán seguido hablas hoy con tu tío? Todas las semanas, habitualmente el domingo. El que llama siempre es él y lógicamente las conversaciones no son muy extensas, porque imagínate que si tiene que hablar con toda la familia, se hace muy largo. Son conversaciones pequeñas a menos que uno tenga que hablar algo importante. Él llama a la casa de mi mamá, donde estamos todos almorzando. Y habla con los que estamos presentes. Llama de teléfono fijo a teléfono fijo. ¿Cero tecnología? ¿No ocupa Skype ni redes sociales? No, en ese sentido es un poco anticuado. Le gustan las reliquias. ¿El Papa Francisco usa WhatsApp? No, no, no. Me imagino que allá al Vaticano debe haber llevado el viejo teléfono a disco, porque es bastante clásico (risas). Pero me consta que no maneja tecnología. La cuenta de Twitter la maneja gente designada por él en el Vaticano para manejar las redes sociales, lo que sería algo así como un community manager, que se encarga de hacer las publicaciones. Lo que sí, él va y le dice la frase que quiere publicar. ¿Usa celular? No. ¿Por qué es tan chapado a la antigua en lo tecnológico siendo que es moderno en sus ideas? Calculo que tiene que ver con costumbres de aquella época en que se crió, donde la dependencia de la tecnología no existía. En aquel entonces había un teléfono por manzana, como mucho. Cuando hablan por teléfono, ¿te pregunta por tu ONG? ¿Por la política argentina? De política no hablamos, ese es un lema familiar. De fútbol por ahí es difícil no hablar (risas). Cuando tengo alguna actividad puntual o un viaje con la ONG, le cuento y nos encomendamos a sus oraciones. Es como si él no se hubiera ido nunca, por decirlo de alguna manera. Si bien hablamos menos que antes, mantenemos la misma costumbre que cuando él estaba acá. Por ejemplo, cuando él visitó Paraguay, dos o tres meses antes le pregunté por teléfono: Tío, ¿te molesta si voy a Paraguay?. Me dice: Mirá, vos poder ir a cualquier parte del mundo que tengas ganas. Pero si vos venís a verme a Paraguay, no te puedo garantizar que te reciba, porque en realidad estoy 100% abocado a la actividad pastoral del viaje. Me encontré con él allá y al regresar le pregunté si le había gustado la sorpresa. Me dijo que sí. Eso fue en 2015. Hace dos años que no lo veo. Se dice del Papa Francisco que es revolucionario y progresista. ¿Estás de acuerdo con esa etiqueta? Primero habría que definir el concepto de revolucionario o progresista. Creo que está haciendo una suerte de revolución en la Iglesia y que tiene que ver con ciertos cambios, con ciertos hábitos, que antes la Iglesia no tenía. Con gestos muy puntuales. No nos olvidemos que el mismo 13 de marzo, cuando él fue nombrado Papa, lo primero que hizo al salir al balcón y en vez de bendecir al pueblo, pidió al pueblo que lo bendiga. Ha mostrado una apertura con el mundo homosexual. ¿Tuvo algún amigo homosexual de joven? No sé. Lo que sí creo es que tiene que ver con la evolución de la Iglesia. Él lo dijo desde el primer momento: la Iglesia no tiene que ser sectaria, tiene que ser abierta, llegar al pueblo. Y la comunidad homosexual es parte de ese pueblo. Él dice que uno no puede juzgar a un homosexual por su condición de tal, si es una persona que busca a Dios. ¿Qué cosas de las que ha implementado te hacen sentido porque reflejan las cosas que vivió antes de ser Papa? Bueno, su vivencia pastoral por sobre todas las cosas. Él se ha acercado mucho a las villas de emergencia y ahí te encontrás con todo tipo de personas, con madres solteras que han vuelto a formar una pareja. Te voy a contar una anécdota: una mujer que quería bautizar a su hijo y que el padrino que ella había elegido no estaba bautizado. Entonces en ninguna iglesia lo querían bautizar. Y le había escrito una carta a mi tío, a Jorge. Él la recibió y automáticamente llamó por teléfono a esta mujer: No hay ningún problema, vénganse a la catedral, que los bautizo a los dos, al padrino y al ahijado. Digo, si uno quiere que la Iglesia esté cerca del pueblo, la tiene que llevar de verdad cerca del pueblo. Si no, solo con los dichos no sirve. Él se ha cruzado, en distintos momentos de su vida pastoral, con situaciones a las cuales ha tenido que encontrarle una respuesta para acercar a Jesús a estas personas. ¿Me explico? Entre esos casos se ha cruzado con homosexuales o con madres solteras. Por ejemplo, mi mamá es una mujer que ha sido madre soltera: se separó, después formó una pareja y me tuvo a mí. ¿Planeas venir a Chile y darle una sorpresa como hiciste cuando viajaste a Paraguay? Lo estamos planificando, viendo la posibilidad, que podamos ir a darle una sorpresita. En principio iría yo, mamá prefiere un encuentro mucho más íntimo en Buenos Aires, porque sería muy emotivo para ella.
  2. No tomo anticonceptivos Columna de Catalina Infante Beovic. Editora, escritora y una de las dueñas de Librería Catalonia. Paula.cl Dejé de tomar anticonceptivos hace tres años. No porque quiera ser mamá, mi reflexión fue otra: tomo pastillas hace quince años y eso no puede estar bien. Cuando le expliqué esto al ginecólogo me trató de ignorante. Pero, aunque no tenga conocimientos médicos, soy mujer, así que insistí: no puede estar bien tomar hormonas por casi quince años de tu vida. No por nada hay una serie de estudios que asocian la ingesta de la píldora con casos de cáncer, trombosis y depresión. Pero más allá de si el daño que producen es o no comprobable, las dejé también por otra razón: quería conocer la forma en que funciona realmente mi cuerpo. Comencé a tomar pastillas en la adolescencia, como muchas, para prevenir el embarazo. Desde entonces las tomé sagradamente durante quince años sin cuestionar. Solo dos veces en mi vida intenté dejarlas, pero los efectos secundarios en un cuerpo acostumbrado a las pastillas (reglas irregulares, acné, la terrible posibilidad de quedar embarazada) siempre terminaban volviéndome loca y me hacían regresar corriendo a la comodidad de la píldora. Para mi suerte además las pastillas hacían de mi regla algo fácil, sin dramas, dolores ni atrasos. De alguna manera esa situación práctica me acomodaba porque en general la sociedad, los ginecólogos y la publicidad, te hacen pensar que todo lo asociado al ciclo menstrual es algo terrible y negativo, (por algo le dicen estar enferma). Pero de pronto la idea de no saber cómo funcionaba mi cuerpo (si era capaz o no de ovular, cómo eran mis ciclos o si tenía síndrome premenstrual) me hizo sentir ajena a mí misma. Hace años que vivo un proceso de auto conocimiento, de intentar entender lo que significa realmente ser mujer en todas sus complejidades, siempre desde la propia experiencia y no desde lo que nos dicta el mundo. Por lo mismo, el hecho de tomar hormonas para controlar mis ciclos dejó de hacerme sentido, así que las dejé. Es contradictorio, porque desde su invención los anticonceptivos llegan a la vida de la mujer como una promesa de libertad o de salud. A muchas les alivia enfermedades o una relación tortuosa con su periodo (en muchos casos todo lo contrario) y para la mayoría es un método de prevención de embarazo que en un país sin aborto legal además resulta fundamental. Yo en lo personal comencé a ver las pastillas como algo invasivo, una forma de control del cuerpo femenino en que las mujeres asumen toda la responsabilidad de la prevención del embarazo a costa no solo de nuestra salud, sino de desconectarnos de nuestro propio cuerpo, acostumbrándonos a una relación con nuestro ciclo ajena a la realidad. Debo confesar de todas formas que tomar la decisión de dejar las pastillas no es nada fácil. Desintoxicar y volver a equilibrar mi cuerpo me costó más de dos años. En muchos sentidos es tentador y mucho más fácil tomar pastillas, pero para mí fue más importante aprender a entender mi cuerpo tal cual es, dejar de ver al ciclo menstrual como una enfermedad terrible con síntomas que hay que palear, vivirlo como algo inherente a la mujer y entender que esos cambios físicos y emocionales dentro del mes tienen una razón y un sentido. Pero sobre todo, liberarme de la idea de que estoy obligada a asumir tomar toda la responsabilidad frente a la prevención del embarazo a costa de mi propia salud.
  3. Andrés Gómez-Lobo: Elegir al hijo Enfrentado al dilema de que su único hijo se fue a vivir con su madre a La Serena, a 450 kilómetros de distancia de Santiago, el entonces ministro de Transportes no lo dudó: renunció a su cartera para estar cerca de él. Hoy, luce más chascón y relajado, y se compró una casa rodante que usa cuando visita a su hijo Alfonso. “Ser padre es lo mejor que me ha pasado”, asegura. Andrés Gómez-Lobo (52) renunció el martes 14 de marzo aludiendo razones estrictamente personales el mismo día que se votaba una interpelación en su contra. En las imágenes se veía al hasta ese minuto ministro de Transportes y Telecomunicaciones, muy conmovido mientras la Presidenta Bachelet le agradecía sus servicios pero, por sobre todo, lo felicitaba por ser un gran padre. Trascendió de inmediato que después de un juicio por la tuición de su hijo Alfonso (9), Andrés Gómez-Lobo dejaba su cargo pues ya le era insostenible mantener una relación cercana con su hijo, quien hace un año estaba en La Serena, a 450 kilómetros de distancia, lugar donde se fue a vivir con su madre. Algunos medios se refirieron a él como Gómez-Kramer y muchos sospecharon de la veracidad de las razones de su renuncia, recordando la baja aprobación de su gestión, el alza en la evasión del Transantiago y el conflicto con Uber con pelea con un taxista televisada incluida, entre otros asuntos. Hace poco vendió su casa en la playa y compró una casa rodante para dejarla en La Serena cada vez que viaje a ver a su hijo y aprovechar de pasear con él. “Es como un barquito de tierra, muy en sintonía con mi vida nómada”, asegura ahora, que está retomando sus actividades en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile (FEN). Es cierto que ha sido un poco nómada. Nació en Alemania, hasta los 10 años vivió en Viña, Alemania y Puerto Rico hasta instalarse hasta los 18 años en Estados Unidos. Fue el único de su familia que regresó a Chile. Sus tres hermanas se quedaron allá. No bien llegó a Chile y abrió la boca lo bautizaron “El Gringo”. Ese 14 de marzo Andrés se despidió de su equipo “visiblemente emocionado”, como tituló la prensa, algo poco usual para este economista UC, máster en Economía de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente y doctor en Economía de la University College London (UCL), ex asesor del Banco Mundial, ex Cieplán (Coorporación de Estudios para Latinoamérica), profesor visitante en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España, ex director del magíster de Políticas Públicas de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ex director de Metro de Santiago y jefe de asesores del entonces ministro René Cortázar en plena implementación del Transantiago. Para Gómez-Lobo, agnóstico tirado para ateo y estudiosísimo de Charles Darwin, la decisión de renunciar fue difícil: quería seguir siendo ministro pero también anhelaba estar cerca de Alfonso. Así se lo hizo ver a la Presidenta Bachelet en enero, ocasión en que le pidió que aceptara su renuncia porque, enfrentado a escoger entre ser padre y ministro, escogería ser padre. Dijiste en esta misma revista en 2014 que después de la separación entendiste a las mamás solteras, ¿a qué te referías? A la responsabilidad por compatibilizar el trabajo y la crianza a la misma vez y lo difícil que es. Antes de que se fuera a La Serena, yo tenía a Alfonso los jueves en la noche, los domingos en la noche y fin de semana por medio. No tengo nana puertas adentro y los domingos en la noche pensaba “¿qué pasa si tengo una emergencia y me tengo que ir a la Onemi?, ¿qué hago con mi hijo?”. La tensión se fue haciendo permanente, los domingos sobre todo, pero siempre podía recurrir a mi madre: mi única red de apoyo en Chile. ¿Cómo se proteje a un niño de los daños colaterales de una separación? No sé si existe una fórmula… Creo que simplemente hay que ser lo más natural posible y, por cierto, no involucrar a los niños en los conflictos que puedan tener los padres. ¿Cómo armaste otra casa y le creaste otro espacio? Tenemos una casa con dos dormitorios, uno mío y otro para él. Al suyo le puse una foto en la que aparece con mi padre y un grabado que hizo su madre. Él se ha encargado de terminar de decorarlo con muchas cosas de fútbol, como pósteres de jugadores de la U. ¿Cómo fueron esos primeros días cuando tu hijo se fue a La Serena? Fue duro porque pasé de una relación que tenía cierta cotidianidad a una relación de 450 kilómetros de distancia. Uno tiende a pensar que esto no le pasa a la gente que tiene recursos, que es ministro…Pero siendo ministro no podía cambiarme de casa e irme a La Serena. Frente a la distancia no hay alternativa y, por lo mismo, opté por la renuncia. Conozco otro caso de un amigo que está en una situación parecida, que tiene a sus hijos en La Serena y ahí armamos un grupo y nos juntamos en La Serena con sus niños. ¿La ley desfavorece a los papás? Naturalmente favorece a la madre y creo que en una gran mayoría de los casos es razonable. No sé si puedo opinar de eso con propiedad, depende del caso, pero cada vez creo más en compartir la tuición como en Europa. Para mí sería la situación ideal. ¿Te volviste más tierno y dulce desde que nació Alfonso? Ser padre es lo mejor que me ha pasado. Ser padre provoca un cambio en el sentido de que lo más importante ya no eres tú sino que tu hijo, todo lo que uno puede tener de egoísta o narcisista se te va porque lo que quieres es procurar su bienestar por sobre todas las cosas. Es muy bonito querer a alguien de manera tan profunda, sentir este enamoramiento. ¿Cuáles son las reglas del papá Gómez-Lobo? No son muy rígidas, son muy flexibles, pero claro, hay cosas que no son transables como lavarse los dientes y esas cosas. No tenemos horario fijo para acostarse porque lo veo solo los fines de semana y si, por ejemplo, hay que salir de la casa y él no quiere, lo que hago es insistir. ¿No es “te paraste que nos fuimos”? No, las veces que él no ha querido hacer algo mi clave ha sido la insistencia, la paciencia y la consistencia. Creo que los papás separados tendemos a mimar más a los hijos cuando estamos con ellos dado el escaso tiempo que tenemos. Y lo que buscamos es fortalecer el vínculo emotivo más que el formativo. Los papás separados tendemos a ser más flexibles, condescendientes y mimadores. No sé si es bueno ni malo. Es así. ¿Lo castigas? Casi nunca y el castigo es simple: no puede jugar con la Play. “No soy de los que quiero que mi hijo sea un súper intelectual o súper músico.Mucha gente está criando hijos para que sean exitosos y no felices”. ¿No te dan ganas de que le apasionen las mismas cosas que a ti? No. Una vez leí una entrevista póstuma a Felipe Cubillos, del Desafío Levantemos Chile, en la que decía que uno tiene que dejar que los hijos descubran sus propias pasiones y no imponerles las propias. Eso me pareció muy sabio. Creo que lo ideal es exponer a los hijos a la más amplia gama de posibilidades; por ejemplo, a Alfonso lo llevamos a clases de introducción a la música e incluso a clases de piano pero no le gustó. A él le gusta el deporte y a mí no, pero eso no importa, lo que importa es que esa es su pasión. Haber sido papá más viejo seguro te hizo menos ansioso, en eso de proyectarse, de que el hijo tiene que hacer mil cosas… No soy de los que quiero que mi hijo sea súper intelectual o súper músico. Creo que mucha gente está criando hijos para que sean exitosos y no felices. Hay padres que sobreestimulan a sus hijos para que sean exitosos porque si no, creen que se quedan atrasados en la vida. No soy así. Además, no fui un alumno brillante en el colegio, salvo en matemáticas, nunca fui el mejor alumno del curso y, sin embargo, creo que he tenido una vida profesional exitosa. Hay una canción de Santana que me gusta mucho y que dice: “let the children play”. Para mí es importante que mi hijo esté con otros niños, que comparta, que juegue, que tenga tiempo libre. ¿Tu hijo escucha reggaetón? Sí. Son los signos de los tiempos. A mí me gusta la salsa, a él el reggaetón, ¿qué le vamos a hacer? ¿Eres de los que creen que los padres siempre fallamos en algo? Por supuesto, quién sabe cuál será la deuda que Alfonsito me pasará, pero alguna cuenta tendrá que pasarme. Transantiago ¿Cómo le planteaste tu renuncia a la Presidenta? Básicamente le dije que la situación era insostenible para mí y que tenía que dejar el Ministerio o dejar de ser padre por un año. Ella, muy empática, como madre, lo entendió de inmediato. Creo que valoró el esfuerzo que hice con mi hijo por seguir en el cargo. Estoy muy agradecido con ella por la comprensión y la confianza y por haberme permitido trabajar tres años con ella y por haber aceptado mi renuncia. Te fuiste justo el día en que se votaba la interpelación… Fue circunstancial. Había hablado con la Presidenta en enero y la decisión ya estaba tomada para ser materializarla en marzo. Fue una coincidencia. “Ser padre es lo mejor que me ha pasado. Ser padre provoca un cambio en el sentido de que lo más importante ya no eres tú sino que tu hijo. Es muy bonito querer a alguien de manera tan profunda, sentir este enamoramiento”. ¿Qué crees que percibió la ciudadanía de ti y de tu gestión? El Transantiago está pésimamente evaluado… Transportes es una cartera difícil al igual que Educación y Salud en el sentido de que cualquier ministro de Transportes va a estar mal evaluado siempre por motivos a los cuales les puedo dar un fundamento bien abstracto por razones estructurales. A ver… El sector Transportes se enfrenta a una situación dada que es que la congestión empeora todos los años y eso se traduce en que todos los años hay una pérdida de velocidad de los buses y, por lo tanto, una pérdida de la calidad del servicio. Es un servicio que se está deteriorando constantemente y requiere una energía para mantener lo que había el año pasado. Para mantener la misma velocidad de frecuencia del Transantiago hay que inyectar 90 nuevos buses a la flota cada año y eso tiene un costo. Es un sistema que, además, está desfinanciado no solo en Chile sino que en muchos países del mundo porque es un sector con muchas dificultades, en especial en ciudades altamente congestionadas como Santiago. Uno puede hacer inversiones para evitar que empeore como los corredores exclusivos y el Metro, pero eso toma tiempo y recursos. ¿Tú crees que alguien que va en Metro o en micro puede entender esta razón? La gente entiende que los autos les están causando un daño a las micros. Tener una micro con 80 personas en un taco es un uso ineficiente del espacio. Hay conciencia de que hay que democratizar el espacio vial y un bus que lleva 80 pasajeros merece prioridad por sobre los autos. Hay que seguir avanzando en los corredores porque cuando estén listos se va a notar un aumento en la velocidad en esas vías. Ayudaste a mejorar la implementación del Transantiago con el Ministro Cortázar, ¿Sigues siendo fan del Transantiago? Más que ser fan me gustaría preguntar: ¿qué otras alternativas hay a tener buses en la superficie? No hay muchas. ¿O acaso es una alternativa volver a las micros amarillas? Lo veo difícil porque no creo que podamos volver a tener conductores que trabajen más de 14 horas diarias. Tampoco veo posible volver a tener micros que en muchos casos eran camiones con chasis de micros y muy contaminantes. O volver a pagar en efectivo. Una vez fuiste a Tolerancia cero y en Twitter comentaban: “Qué gran ministro de Transportes es Andrés Gómez-Lobo… de Suecia eso sí”… Mira, si uno va a otras ciudades la situación puede ser peor. Reconozco que hay muchas dificultades pero el gran problema es la congestión. Si tuviéramos la congestión de hace 10 años, tendríamos una mejor calidad de servicio, los buses tendrían mayor frecuencia, irían menos llenos. De hecho, cuando en invierno hay restricción vehicular por contaminación, el sistema funciona mucho mejor. ¿Sigues andando en micro? Micro, Metro y en bici. ¿Cuando eras ministro la gente te conocía en la calle? Al final, sí. ¿Te puteaban? Nunca. Al contrario, como usaba transporte público para irme al Ministerio, la poca gente que me habló encontraba que era muy bueno que siendo ministro usara el Metro. No tuve una mala experiencia salvo una vez, con un taxista. Cuando saliste en la tele parándole los carros al taxista diciéndole “¡la gente prefiere Uber!”. ¿Qué pasó? ¿Te sacó los choros del canasto? No perdí el control pero sí le respondí las afirmaciones que hacía. Frente al tema en específico pasa que hay buenos y malos taxistas y el desafío es regularizar estas plataformas porque según nuestro ordenamiento jurídico son ilegales. “Cuando tenía como 8 años le pregunté a mi papá en qué trabajaba. Él me respondió que era filósofo. ‘¿Qué es eso?’, le pregunté de vuelta y su respuesta fue ‘hago preguntas’. Yo insistí: ‘¿qué tipo de preguntas?’(…). Bueno, no entendí nada”. ¿Qué autocrítica tienes de tu gestión? Me hubiese gustado poder avanzar más en la transformación del Transantiago. ¿Por qué no lo hiciste? Porque uno está batallando contra la marea, contra la congestión que aumenta día a día, con restricciones financieras, con incomprensión de la ciudadanía y de muchos comentaristas. Por lo tanto, es difícil lograr consensos para avanzar. Pies en la tierra Tu papá Alfonso es un reconocido filósofo, experto en cultura helénica y en Platón. ¿Cómo era él como padre? Cuando tenía como 8 años le pregunté a mi papá en qué trabajaba. Porque podía entender lo que hacían los papás de los otros: policía, bombero, profesor. Pero ¿qué hacía mi papá? Él me respondió que era filósofo. “¿Qué es eso?”, le pregunté de vuelta y su respuesta fue “hago preguntas”. Yo insistí: “¿qué tipo de preguntas?”. “Preguntas sobre todo”, me contestó. “¿Qué significa que preguntas sobre todo?”. Bueno, no entendí nada. Vine a entender y apreciar lo que hacía recién cuando entré a la universidad. ¿Te llevaba a los flippers, por ejemplo? Nunca me llevó al estadio, pero aprendí a nadar en Grecia gracias a él (risas). ¿Él te hizo fan de Darwin? No, mi aprecio por Darwin proviene de cuando vivía en Inglaterra, en un momento de los años 90, donde hubo un resurgimiento muy grande de lo que se llamó el neo darwinismo. Ahí llegó a mis manos una biografía de Darwin y en esa biografía redescubrí Chile porque él pasó mucho tiempo acá. De ahí en adelante, empecé a leerlo mucho. ¿Es Darwin tu pastor? No diría que tengo un pastor, pero ciertamente Darwin es una de las personas más importantes de la humanidad. Hasta 1859, que fue el año en que se publicó El origen de las especies, nadie había respondido la pregunta sobre qué es el hombre. Y entonces Darwin dio una respuesta coherente. Es un pensador muy importante que no solo tiene gran relevancia en la biología sino que también en la economía y cada vez más en la sociología y en la medicina. Prácticamente en todas las ciencias cognitivas nuestros cerebros, a través de 6 millones de años de evolución desde la sabana africana, tienen mucho que decir. ¿Qué te enseñó tu papá? La humildad. Mi padre, con todo lo que sabía, y con los siete idiomas que hablaba, jamás se imponía en una conversación en una forma prepotente. Siempre fue muy amable y muy humilde: se expresaba tratando de que los otros entendieran su posición. Trato de seguir ese ejemplo. Arma un kit para tu hijo: un libro, una canción, un viaje, un objeto y una frase. Un libro: Navegando en solitario alrededor del mundo, de Joshua Slocum. Una canción: Un lobito bueno, de Paco Ibáñez. Un viaje: a Las Canarias, donde su madre lo cargó en la guata y lo esperábamos con ansias. Un objeto, por supuesto, una pelota de fútbol. Y una frase: esta de Hemingway: “El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad”.
  4. Carta de un ex adicto a sus hijos Lleva 20 años limpio. 20 años que no toma, no fuma y no jala. Pero ese gusto por las drogas, que comenzó a los 13 e hizo crisis a los 36, siempre está ahí, rondando, como una amenaza. El empresario Diego Juez (57) mira hacia atrás y siente que su adicción le quitó mucha vida. Hoy intenta que sus cinco hijos no cometan el mismo error. Aquí, sus palabras para ellos. “Hace 20 años que no tomo alcohol, no fumo marihuana y no jalo cocaína. Nada. Ninguna recaída. Sin embargo, sigo siendo un adicto. O dependiente químico como médicamente se les conoce a quienes desarrollamos esta enfermedad. Pero vivir en la abstinencia por dos décadas no es fácil, porque las ganas de consumir siempre están ahí. Es como el iCloud en la computación: arriba mío siempre está esa nube donde tengo guardada la adicción. Está ahí, cerca de mí. Nunca se ha ido, pero yo la manejo. Algo que aprendí a controlar tras tres años de rehabilitación. Porque, de lo contrario, si la nube se acerca demasiado, bastaría un mínimo sorbito, una piteadita o una finísima línea de coca para caer en aquello en lo que estuve metido desde mi adolescencia hasta los 36 años, cuando ya estaba casado y con cinco hijos, que hoy tienen 30, 28, 26, 24 y 21. Durante ese tiempo no hubo ningún día en que no tomé, fumé un pito o jalé”. “A los drogadictos nos gustan las drogas. Parece obvio, pero el norte del drogadicto es la droga y todo lo demás es anexo: tu mujer, tus niños, tu mamá, tu pega. Todo. O dicho de otra manera: si no hubiera tenido recursos para comprar droga, probablemente habría robado y tal vez hasta matado por conseguirla. No lo hice porque no me tocó: tenía el dinero para comprarla, pero de no haberlo tenido, tal vez sería un delincuente”. Esa versión de mí “Tenía 13 años –o quizás menos– la primera vez que tomé alcohol. Estábamos en una celebración familiar y un primo y yo nos metimos en una bodega con una botella de vino que echamos en una olla. Lo tomamos entero con cuchara y terminamos vomitando. Por ese mismo tiempo empecé a fumar cigarros. Escuchaba a Led Zeppelin y Pink Floyd; quería tener el pelo largo y la actitud al estilo Revolución de las Flores que se respiraba por esa época. Era inicios de los 70 y, a pesar de que llegó el Gobierno Militar y hubo muchas restricciones de horarios, los niños igual salíamos a la calle con mucha libertad”. “Soy el segundo y único hombre de tres hermanos. Mis padres eran bastante mayores. Mi papá tenía 40 años cuando se casó con mi mamá, de 35. Mi familia tenía una estructura machista en la que el hombre podía hacer todo lo que quería y las mujeres no. Tal vez por eso, nunca me dijeron nada cuando salía con mis amigos el día entero. Con ellos hacíamos una vaca y comprábamos vino y cerveza para terminar borrachos. Pasaba todo el día en las calles del barrio en una casa abandonada que transformamos en una especie de club. Me convertí en un vago empedernido; era flojo, me dedicaba al ocio y no estaba ni ahí con el colegio. De hecho, estuve en tres colegios distintos”. “Tomar era algo normal: con mis amigos no sentíamos que estábamos haciendo algo malo. Tal vez porque en mi casa se tomaba. Aunque nunca vi a mi papá descompuesto, él siempre bebió a la hora de almuerzo y a mí me daba una copa de vino con agua para que aprendiera a beber”. “Mi adolescencia fue un eterno carrete y, mientras mis amigos de fiesta entraron a la universidad, yo, que era menos aplicado, empecé a trabajar en la empresa de mi papá, dedicada al rubro de la madera. En paralelo, comencé a estudiar Administración de Empresas en el Incacea, de donde me titulé a los dos años. Allí conocí a pura gente reventada igual que yo y probé marihuana. Me fui en una volada muy extrovertida, de mucha risa. Con el copete me pasaba lo mismo: yo, que soy introvertido y tímido, con esto me desinhibía. Me gustaba esa versión de mí. Enganché con la marihuana de inmediato. En esa época fumar un pito no era tan normal como hoy y era algo que uno hacía escondido, solo con tu grupo de amigos”. “Después probé unos hongos alucinógenos, pero bastó solo una vez para no volver a consumirlos porque me hicieron sentir pésimo. También probé cocaína, pero no me gustó eso de meterte un polvo por la nariz. Y de ahí descubrí los desbutales o anfetaminas. La primera vez que las tomé se me subió el ánimo y pude carretear hasta el otro día como si nada. El trío de alcohol, marihuana y anfetaminas se convirtió en mi cóctel infaltable. Muchas veces llegué a mi casa sin saber cómo. Pero no me importaba, me sentía invencible, hacía lo que quería y, además, mis papás nunca dijeron nada. La única vez que se pronunciaron fue cuando tenía 21 años y encontraron un paquete de marihuana escondido en mi clóset. Llegué de un carrete y sobre este había una carta del Club de Leones –mi papá era socio de allí–, que era un instructivo sobre la adicción a las drogas. Borrado como estaba lo leí, pero al otro día no hubo conversación, todo como si nada. Ahora que lo pienso es como triste eso porque, tal vez, de haber enfrentado el tema, las cosas se podrían haber frenado allí”. “Jalé una línea. Tenía 30 años y creo que me hice adicto de una. Reemplacé los pitos por los jales, aunque seguía fumando ocasionalmente. Me gustaba, sobre todo, enrolarme un ‘nevado’: hacer un pito de marihuana y ponerle coca dentro”. La vida paralela “Con Bernardita, mi mujer, nos casamos cuando los dos teníamos 27 años. La fiesta fue una noche de verano y apenas tomé para el brindis. Dos años antes, había entrado a estudiar Auditoría vespertina en la UDP y estaba más tranquilo y enfocado en mis estudios, aunque seguía consumiendo marihuana. El primer pito me lo fumaba a las 8 de la mañana en la camioneta, apenas salía de la casa al trabajo. Me fumaba otro al mediodía, a las 4, a las 6 y en la noche antes de entrar a clases. No perdía la conciencia, pero me gustaba estar arriba de la pelota y podía hacer mi vida normal. Fumar era un secreto, no lo hacía delante de mi mujer, aunque tal vez ella lo intuía. Era un lío porque el olor de la hierba es extremadamente delator y eso me complicaba porque no quería que ella se enterara”. “Una vez estaba con mi dealer de marihuana y le comenté que estaba chato de andar ventilando el auto por el olor a pito, mirándome los ojos rojos o de esconder la cola. Él me dijo: ‘¿Por qué, entonces, no pruebas con cocaína? Es más limpia y rápida, la escondes en la billetera y no sale olor’. Me acordaba que no me gustó la primera vez que la probé, pero ahí mismo le di otra oportunidad y jalé una línea. Tenía 30 años y creo que me hice adicto de una. Reemplacé los pitos por los jales, aunque seguía fumando ocasionalmente. Me gustaba, sobre todo, enrolarme un ‘nevado’: hacer un pito de marihuana y ponerle coca dentro. Extraordinario. No es que jalaba todos los días, pero sí al menos tres veces a la semana, sobre todo asociado al carrete”. “Como estudiaba vespertino, mi señora se quedaba en la casa con los niños y yo tenía la excusa perfecta para desaparecer: iba a la universidad, después me juntaba a estudiar con mis compañeros y siempre terminábamos en carrete. Llegaba tarde, cuando ya todos dormían. Otras veces me hacía el dormido y esperaba que todos se durmieran. Entonces, me levantaba y me iba a carretear, generalmente a Bellavista. Gastaba gran parte de mi plata en la vida bohemia: trago, jales, mujeres. Volvía a mi casa a las 6 de la mañana y me tenía que levantar a las 6:30, entonces guardaba una línea para la mañana, si no, imposible funcionar”. “Llevar esta vida paralela no era algo que me hacía sentir mal. Sabía que podía controlarlo y, además, yo rendía: trabajaba y me iba bien y atendía a los niños cuando estaba en la casa. Aunque en los estudios me demoré como 8 años en sacar una carrera de 5. Pasaron 6 años con esta doble vida. Una parte de mi conciencia me decía: ‘compadre, esto está mal’. Pero no era difícil hacer caso omiso. Igual que cuando era joven, jamás me importó manejar ebrio y jalado, llegaba a mi casa por inercia y les contaba a mis amigos como hazaña las veces que los carabineros estuvieron a punto de parar mi auto. Corría esos riesgos sin pensarlo. Mi mundo era el carrete, mis amigos, mi independencia. Yo cumplía pasando la plata para la casa”. “Mi mujer nunca sospechó sobre mis salidas nocturnas. Ni las veces que jalaba a escondidas en el baño durante alguna celebración familiar o las veces que jalaba manejando. Nada. En esa época mis 5 hijos eran chicos, la mayor tenía 9 años y la menor 2, entonces cuidar de ellos ocupaba la mayor parte de su tiempo. Además, ella también trabajaba. Nuestra relación no era tan cercana. Nos veíamos algunas noches o los fines de semana, cuando yo no estaba haciendo las tremendas siestas post carrete. Era como una presencia ausente. Lo mismo pasaba con mis niños, a quienes veía temprano en la mañana solamente. Me perdí esa etapa de sus vidas”. “La vez que me pillaron, fue la vez que todo comenzó a cambiar: era un día de semana y, como de costumbre, me había escapado, mientras todos dormían a carretear. Cuando volví borrado a mi casa tipo 5 o 6 de la mañana, mi señora estaba levantada con los niños llorando porque uno estaba muy resfriado. Ella estaba descolocada de que yo no estuviera. No tenía idea dónde andaba y me recriminó el estado en que llegué. Acorralado, de una le conté: ‘Tengo un problema con las drogas’. A ella se le cayó el mundo”. “Al otro día, se me pasó la caña y minimicé el asunto. Le dije: ‘No es para tanto, si fue una noche no más’. Pero ella me puso entre la espada y la pared y me exigió que me tenía que ir de la casa si no conseguía ayuda. Solo ahora pienso que esas salidas tan evidentes, eran tal vez una forma de pedir auxilio sin decirlo. Era imposible que no me pillaran algún día”. Ganarle a la adicción “Con mi mujer llegamos al Instituto Médico Schilkrut en busca de ayuda. El tratamiento es tajante. Apenas llegas te dicen que no hay ninguna posibilidad de consumir, se corta de raíz. Mi mujer eliminó todo el alcohol de la casa e incluso dejó de tomar, aunque siempre lo hizo muy moderado. Me quitó el celular y llamó a todos mis amigos de consumo, incluso al dealer, para decirles que estaba internado y que no intentaran contactarme. Nunca nadie trató de hacerlo. Estuve dos meses internado, con remedios y terapias grupales. Como entré por cocaína, me tranquilizaba el pensar que apenas saliera de allí iba a poder seguir tomando alcohol y fumando marihuana. Me costó mucho tiempo entender que no era así”. “Tuve un chaperón por un año que iba conmigo a todos lados y no me dejaba solo ni a luz ni sombra. Como dormía en mi casa, a mis hijos les dijimos que era un trabajador de mi empresa, que por ese entonces estaba recién partiendo. Lo único que podía hacer era fumar cigarrillos y tomar café. Me sentía disminuido, porque uno va como cordero a esta cuestión, como que te llevan. Sin tus drogas, te sientes nada”. “El tratamiento dura dos años, pero yo lo extendí un año más: no me sentía confiado de poder solo. Es que me demoré mucho en tomar conciencia de que tenía una enfermedad grave. Y entender que la sanación no tiene que ver con la fuerza de voluntad. A los adictos la voluntad no los salva porque cuando se inserta la adicción en tu estructura, la enfermedad te va pidiendo más y más drogas. Es como decirle al diabético que por voluntad controle al páncreas para que secrete más insulina. La única manera de ganarle a la adicción es con inteligencia. Por ejemplo, una de las herramientas más eficaces para controlar la adicción es contárselo a alguien. Apenas me dan ganas de tomar o fumar un pito, se lo comento al amigo que está al lado. De esa forma, elimino la ansiedad y las ganas se desvanecen”. “Uno de los mitos que derribé sobre el tratamiento es comprobar que todos los clichés son ciertos: primero, que sí existe y es posible la rehabilitación; segundo, que es fundamental el apoyo de tu familia. En ese sentido mi mujer fue una figura primordial. Aprendí que ella era mi codependiente porque al no darse cuenta de mi adicción, normalizaba mis actitudes, como cuando llegaba tarde y carreteado a la casa. Jamás dijo nada. Y eso es algo que tu codependiente también trabaja en la terapia”. “Además, aprendí que esta enfermedad tiene muchos nombres y uno de ellos es la ‘enfermedad de los sentimientos’, pues el proceso incluye sincerarte completamente, algo que genera dolores muy profundos. A mi señora le conté todo. Y entiendo la rabia e incluso odio que sintió al enterarse de que prefería invertir mi tiempo y plata en carrete y mujeres, en lugar de estar con ella y los niños. Son engaños que hieren el alma”. Pedir perdón “¿Es posible hacer tu vida normal, pasarlo bien y salir sin alcohol ni drogas? Ahora sé que sí. Muchos piensan que es imposible volver a ir a una fiesta. En parte, para qué exponerse, entonces rechazo invitaciones para salir. Por otro lado, han pasado dos décadas desde que veo el mundo desde la sobriedad y obvio que deja de ser agradable cuando un amigo que está con trago te cuenta la misma historia dos veces. Ahí me voy. Para los matrimonios, termino sentado con mis cuñadas que no toman. Lo paso bien”. “Luego de la rehabilitación aprendí que esta se construye día a día. No es que uno se va de alta y todo es feliz. Recuperé el control de mi vida y cuando eso pasa, disfrutas realmente de ella. Por ejemplo, a mí me encanta ir al estadio y antes siempre iba volado, pero ahora, que voy sobrio, lo gozo mucho más. Resulta que gozas las cosas en su justa medida, sin extender la euforia. Para mí este ha sido un periodo de luz, real y lúcido. Con mi mujer llevamos 30 años y hemos podido criar a nuestros hijos. Me encantaría traspasarles mi madurez para que no hagan tonteras, pero a veces es imposible y tienen que cometer errores”. “Cuando mi hija mayor tenía 14, la otra 12 y el otro 10, les conté mi historia. A las dos menores les conté tiempo después. Les dije que era adicto a las drogas y al alcohol. Ellos han crecido sabiendo que tengo esta enfermedad y que ellos también podrían desarrollarla. Resulta que hay un componente genético y, revisando para atrás, supe que tuve dos tíos alcohólicos. No sé si el fantasma de la adicción está muy presente en ellos, pero saben lo grave que es. Ellos toman con moderación y me han dicho que jamás han probado drogas; les creo. Como vivimos en San Bernardo, hay que ir a dejarlos y a buscarlos en auto a todos sus carretes. Yo asumí el rol de conductor, en parte, para supervisar a dónde van y cómo son sus amigos. Algo que no pasa con los jóvenes santiaguinos que llegan solos a sus casas y muchos papás no tienen idea en qué estado”. “Hoy, que mis hijos son grandes, lamentablemente hay alcohol en mi casa. Mi señora lo compra para las salidas de mis hijos, así sabe cuánto se gasta en ítem carrete. Conté esto en una reunión de Schilkrut y casi me destierran. Es que la casa de un adicto es su templo y se debe mantener como un espacio limpio de cualquier sustancia. No es el ideal, pero la vida tampoco es perfecta”. “Ahora, que casi bordeo los 60 siento que he tenido dos vidas. Durante mi vida de oscuridad perdí la posibilidad de estudiar porque me hubiese gustado estudiar más. Me encantaba hacer deporte y tampoco exploté esa veta. También dejé de tener buenas conversaciones con mi mujer e hijos cuando estaban pequeños, darles tiempo de calidad. A ellos no les he pedido perdón. Siempre he querido escribirles una carta, pero no sé qué pondría. Tal vez publicar este relato sea un avance”.
  5. Honrar la soledad Columna de Catalina Infante Beovic, editora, escritora y una de las dueñas de Librería Catalonia. Hace un tiempo salí con un chico casi diez años menor que yo. Estábamos adentro del metro yendo a una exposición y no me acuerdo a raíz de qué me contó que le gustaba mirar a las personas en la calle e imaginarlas en 40 años más; más viejos, más gordos, más gruñones. Le pregunté cómo me imaginaba a mí, pensando que me contestaría lo obvio: más fea, más arrugada, más mañosa. Pero me dijo que me imaginaba sola. En el mismo departamento donde vivo, tomando té, sola. Nos reímos y seguimos el juego, pero esa imagen de mí misma me acompañó no solo el resto del día sino que de la semana. Incluso cuando el chico había pasado a la historia esa imagen me siguió acompañando como un fantasma que de pronto aparece. Algo en esa fotografía imaginaria de mí misma, deambulando en soledad en el mismo espacio en el que hoy escribo, me hizo sentir miedo. Cuando pienso en el estilo de vida solitario que llevo a mis 33, pienso en algo que busqué y en un camino importante: pienso en mi independencia económica y mental al dejar de depender de mi padre a los 25; pienso en mi búsqueda de individualidad al separarme de una pareja y un proyecto de vida que me hacían muy infeliz a los 28, pienso en asumir mi necesidad de espacio y respetar mi mundo interior al decidir dejar de compartir departamento con amigos a los 30, pienso en el paso de asentar raíces propias y decidir crear mi propio hogar sin esperar a una pareja para hacerlo y correr el riesgo de invertir en un departamento sola a los 31. Pienso en lo importante que es para mí haber logrado, por muy básico que parezca, llevar un hogar, alimentarme de forma decente, ser feliz sola los domingos o que las plantas no se me mueran. A mis 33, saber que soy capaz de cuidarme sin esperar que nadie lo haga por mí. Pienso en todas las relaciones que dejé atrás porque me hacían daño o no me permitían crecer, en tantos procesos difíciles y trabajos internos y en cómo disfruto estar parada hoy firme donde estoy. Pero basta que alguien me muestre en un espejo la imagen de mí misma como una persona destinada a la soledad para que despierte en mí ese fantasma social que nos atormenta, creo, a todos. Me pregunto de dónde viene esa angustia y pienso que el miedo de ese reflejo no es más que el enfrentarse a la imagen que la sociedad nos proyecta; que las personas que no tenemos una pareja o hijos estamos solos, incompletos, carentes de algo, que transitamos un camino irremediable de soledad y olvido. Recordé los hombres y mujeres solos que rodean mi vida, cuánto entiendo ahora lo admirables que son. Pienso en mi abuela paterna que después de enviudar, que se le muriera una hija y que casi todos sus hijos se fueran al exilio vivió hasta su muerte sola en un departamento. Siempre sentí admiración por ella y de su enriquecido mundo interior. Pienso en una de mis mejores amigas quien a sus 40 vive sola, sin hijos ni pareja, viaja por el mundo, es una gran profesional y es la mujer más libre, guapa e independiente que conozco. Pienso en mi tía, quien después de embarazarse a los 15, haber sido exiliada, y sufrir el suicidio de su marido hoy vive su vida sola viajando por el mundo enseñando la meditación. Pienso en mi mejor amigo, quien dejó su trabajo y sus comodidades a los 32 por irse a recorrer solo el mundo hasta la China, porque nunca es tarde para hacerlo. Entonces me acuerdo que detrás de nuestra estigmatizada soledad existe una decisión y que en esa decisión vibra un poder, una libertad, una fortaleza. Sin importar los fantasmas que aparezcan, lo único que quiero en este momento es honrar y abrazar esa soledad.
  6. 06 Noviembre 2017 El consejo de Bachelet a Paula Narváez: “No alimente al troll” La ministra de la Segegob creó una cuenta de Twitter para informar sobre el trabajo del gobierno. "Este es un gran espacio para escuchar y dialogar con la ciudadanía", le manifestó la Mandataria. “¡Hola a todxs! Hoy me sumo a Twitter con la intención de escucharlos e informar sobre el trabajo del Gobierno de la Presidenta @mbachelet”. Seguir Paula Narváez‏@paulanarvaezo ¡Hola a todxs! Hoy me sumo a Twitter con la intención de escucharlos e informar sobre el trabajo del Gobierno de la Presidenta @mbachelet. Este fue el primer tuit que la vocera de Gobierno, Paula Narváez, publicó en su nueva cuenta de Twitter esta mañana. A más de un mes de asumir la vocería de La Moneda, la secretaria de Estado siguió los pasos de la Presidenta Bachelet quien el pasado 7 de octubre abrió una cuenta en la red social para comunicarse con la ciudadanía. En este contexto, la jefa de Estado le dio la bienvenida a la ministra y le entregó un simple consejo: “no alimentar al troll”. Seguir Michelle BacheletCuenta verificada‏@mbachelet Michelle Bachelet Retwitteó Paula Narváez ¡Bienvenida, Ministra! Este es un gran espacio para escuchar y dialogar con la ciudadanía. Sólo un consejo: no alimente al troll Fuente: http://www.latercera.com/noticia/consejo-bachelet-paula-narvaez-no-alimente-al-troll/
  7. 08 Enero 2017 El retorno de Germán Berger a la Segegob El periodista figura como parte de la dotación a honorarios del ministerio que ahora dirige Paula Narváez, bajo la función de “asesoría para la construcción de diseño y propuestas para el canal de televisión cultural”, y recibe una renta mensual bruta de $3.888.889. Con el mismo silencio que salió de la dirección de la Secretaría de Comunicaciones (Secom) en septiembre del año pasado en medio de una soterrada polémica con el entonces titular del Ministerio Secretaría General de Gobierno (Segegob), Marcelo Díaz, ahora, Germán Berger se reintegró a la cartera de la que depende el ex organismo que dirigió. El periodista figura como parte de la dotación a honorarios del ministerio que ahora dirige Paula Narváez, bajo la función de “asesoría para la construcción de diseño y propuestas para el canal de televisión cultural”, lo que vendría a apoyar el proyecto de modernización de TVN con el que el gobierno busca capitalizar la señal y destinar US$ 25 millones para poner en marcha un canal cultural. Según la misma información, Berger habría vuelto a prestar servicios para el gobierno desde el 1 de noviembre de 2016 y recibe una renta mensual bruta de $ 3.888.889. Fuente: http://www.latercera.com/noticia/retorno-german-berger-la-segegob/
  8. En el lugar de uno Vuelve la sección favorita de Radio, donde te planteamos lo siguiente: De un día para otro te ofrecen ser el Director General de Grupo Dial, tú aceptas pero tienes que hacer varios cambios. Sea en Radio Zero, Duna, Paula, Disney, Carolina y Beethoven. ¿Qué es lo primero que haces? ¿Pondrías nuevas señales? ¿Sacarías algunas señales? ¿Adquieres una franquicia extranjera? ¿Cambias el estilo programático de alguna señal? ¿Amplías la cobertura de alguna emisora? ¿Despedirías algunos locutores? ¿Contratarías a nuevos locutores? La decisión está en tus manos
  9. 02 Mayo 2016 Justicia acoge recurso de protección de revista Paula para publicar reportaje de residencias del Sename En decisión unánime, el pasado 29 de abril la Tercera Sala del tribunal echó por tierra la prohibición señalando que no hay justificación plena para evitar que el reportaje salga a la luz. el falló planteó que la investigación de la revista Paula “estaba destinada a implementar hogares donde puedan ser derivadas las menores de edad embarazadas que ingresan a dicho organismo, con la finalidad de conocer cómo funcionan y en qué condiciones operan tales entidades, cuyo objetivo es acoger a adolescentes embarazadas que han sido separadas de sus familias por vulneración de derechos”. La Corte de Apelaciones de Santiago decidió acoger el recurso de protección presentado por la directora de la revista Paula, Constanza López, luego de que los jueces del Primer Juzgado de Familia, Gloria Miranda y Daniel Leiva decretaran en febrero la prohibición de lanzar el reportaje que revelaba la compleja situación que viven las niñas del programa “Residencias de Protección para Madres Adolescentes”, a cargo del Sename. En decisión unánime, el pasado 29 de abril la Tercera Sala del tribunal echó por tierra la prohibición señalando que no hay justificación plena para evitar que el reportaje salga a la luz. Según consigna La Tercera, el falló planteó que la investigación de la revista Paula“estaba destinada a implementar hogares donde puedan ser derivadas las menores de edad embarazadas que ingresan a dicho organismo, con la finalidad de conocer cómo funcionan y en qué condiciones operan tales entidades, cuyo objetivo es acoger a adolescentes embarazadas que han sido separadas de sus familias por vulneración de derechos”. Por su parte, la determinación del tribunal enfatiza que “en todo el reportaje la joven que dio la entrevista aparece con su identidad cambiada por un nombre de fantasía, omitiéndose todo dato que permita identificarla y, por cierto, su fotografía”. Por estas razones es que se acogió el recurso, tras “haberse efectuado de modo absolutamente ilegal y arbitrario una censura previa al reportaje realizado por la recurrente”. Según consigna La Tercera, la directora del hogar en cuestión, Jimena Briones, había defendido su postura argumentando que la emisión del reportaje “generaría en el caso de cada una de las menores sujetos de protección un retroceso en su proceso reparatorio, ahondando en la revictimización por abuso sexual, maltrato infantil u violación, situación que habría siempre redundado en labilidad de las adolescentes, en ideación suicida y tendencia a auto agredirse”. Cabe recordar que en la edición 1195 de Paula, su directora Constanza López, lamentó en una carta titulada “No podemos publicar”, que “una resolución judicial dictada por el Primer Juzgado de Familia de Santiago” les impidió publicar el reportaje que revelaba la compleja situación que viven las niñas del programa “Residencias de Protección para Madres Adolescentes”, a cargo del Sename. López agregó que el reportaje que no pudo ser difundido retrata “no sólo la dura realidad socioeconómica, familiar y de vulneración de sus derechos que viven estas niñas, sino también las crudas condiciones a las que pueden enfrentarse una vez internadas en estas instituciones”. “El equipo editorial de Paula rechaza categóricamente este acto de censura previa, que atenta gravemente contra la libertad de expresión y, especialmente la labor de investigación y trabajo periodístico de nuestra revista”, indicó el medio. Revista Paula acusa “censura” en un reportaje sobre Residencias de Protección para Madres Adolescentes del Sename – The Clinic Online Fuente: http://www.theclinic.cl/2016/05/02/justicia-acoge-recurso-de-proteccion-de-la-revista-paula-por-prohibido-reportaje-sobre-residencias-de-proteccion-para-madres-adolescentes-del-sename/
  10. 08.04.2016 Comentarios clasistas en redes sociales tras portada de Revista Paula con nueva imagen de Luli La entrevista publicada hoy, está acompañada por una serie de fotografías que dieron pie a ataques contra la modelo Por [email protected] Revista Paula Diversas reacciones causó la última edición de revista Paula por llevar a Nicole Moreno, alias Luli, en portada. La empresaria y modelo televisiva concedió una entrevista al periodista Oscar Contardo, pero no fue el grueso de la conversación sostenida lo que (más) llamó la atención de los usuarios de redes sociales, sino la sesión de fotos contenida tanto dentro como fuera de las páginas del medio. A parte de, precisamente, ser rostro de Paula, una revista “papel couché” conocida por ofrecer contenidos para públicos de clase alta. En las imágenes, en blanco y negro, Nicole Moreno luce una figura esbelta y de rostro delgado, con ropa vaporosa y cabello liso y airoso, que le dan un look de mucho garbo y gracia. Esto, despertó varias alabanzas físicas, algunos reproches políticos acusándola de haber perdido los arraigos de sus orígenes populares, y críticas contra la revista por titular la entrevista como “Una criatura llamada Luli”. Pero lo más alarmante fueron los ataques clasistas recibidos por la joven de 29 años, por parte de algunos usuarios de Twitter que con absurda propiedad dieron cuenta de lo que todavía falta mucho por avanzar en temas de discriminación y machismo en nuestro país. Luli es un jurel tipo salmón en revista Paula — Alfonso (@CepedaMiran) 8 de abril de 2016 Para mí Luli es y será siempre una ORDINARIA *sopla las migas que bota el pan con lisa sobre el teclado* — leso (@rorroAsdf) 8 de abril de 2016 La Luli se ve estupenda en la portada de la Paula. Pero su ADN sigue siendo la misma chana de siempre pero bien emperifollá. — Maca Ilabaca Burrows (@macailabaca) 8 de abril de 2016 Ahora quiere ser la refinada y abc1 jajaja pero nadie te compra esa wea Luli @luisthno2016 — Eduardo (@edovald2016) 8 de abril de 2016 La luli aunque se vista de seda mona (chana) queda — Pachi S. (@PazSotoP) 8 de abril de 2016 Fuente: http://www.eldesconcierto.cl/pais-desconcertado/2016/04/08/comentarios-clasistas-en-redes-sociales-tras-portada-de-revista-paula-con-nueva-imagen-de-luli/
  11. Fotos hot desnuda de polémica concursante de MasterChef Chile Odiada por muchos, el paso de Paula Avilés por el concurso de cocina MasterChef no ha dejado indiferente a nadie, sus constantes peleas y polémicas dentro y fuera del concurso le han otorgado el rechazo y críticas del público a través de la redes sociales. Esta vez Paula vuelve a ser noticia, pero no por alguna pelea con alguno de sus compañeros cocineros, sino que por la filtración de fotografías íntimas donde se muestran a la polémica participante de Masterchef Chile con poca ropa y mostrando sus pechos. Estas fotografías fueron publicadas por el programa de farandula Intrusos de La Red, donde se mostraron dos fotografías donde Paula posa. Estas imágenes circularon rápidamente a través de internet generando gran polémica, se habla incluso de la posible eliminación de la concursante por la filtración de estas fotos, debido a que no representa el perfil familiar que ha adquirido Mastechef Chile. http://www.elobservatodo.cl/noticia/sociedad/fotos-hot-desnuda-de-polemica-concursante-de-masterchef-chile
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