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  1. María Delfina Guzmán Correa es una actriz chilena de larga y polifacética trayectoria, que ha trabajado también como directora de teatro, escritora y como activista política. Debutó a la edad de 65 años en las teleseries bajo la dirección de Vicente Sabatini y ha desarrollado toda su carrera televisiva en Televisión Nacional de Chile, destacándose en los éxitos como, Estúpido Cupido (1995), Sucupira (1996), La Fiera (1999), Romané (2000), Pampa Ilusión (2001) y El Circo de las Montini (2002). Actualmente la podemos ver en la teleserie Wena Profe de TVN, interpretando a Estela Novoa.
  2. LOS 90 DE DELFINA GUZMÁN Escena 1. Casa de Javiera Eyzaguirre, interior. Sábado 13:30 horas Se respira nerviosismo, se diría que hasta cierta electricidad en la casa de la fotógrafa Javiera Eyzaguirre (reconocida nieta de Delfina). Los amplios ventanales dan hacia el jardín casi atiborrado de mesas —con sus respectivos toldos para capear un sol nada de otoñal—, todo listo y dispuesto para celebrar a Delfina; la gran matriarca del teatro y las teleseries cumple 90 años y sus 12 nietos y ocho bisnietos le tienen una fiesta sorpresa. “La Titita ya se subió al auto, ¡llega en 20 minutos!”, anuncia Javiera —la nieta mayor, que vivió con ella cuando era chica—. En la cocina los primos corren con ensaladas, bandejas, jarros con pisco sour para ofrecer a los invitados que no paran de llegar. Ahí está Tito Noguera, su hija Amparo y con ella Marcelo Alonso; Claudia Di Girolamo y su pareja desde hace décadas, el director Vicente Sabatini. “Y miren quiénes vienen ahí —dice la Di Girolamo—: el Oscar con el Oso”, comenta en cuanto aparecen en la escena Francisco Reyes (Oscar a la mejor película extranjera por Una mujer fantástica) quien justo en la entrada se encuentra con Paly García (Oso de oro por mejor película en la Berlinale 2013 y reconocida ese mismo año mejor actriz por Gloria, ambos filmes del director Sebastián Lelio). El ‘elenco’ se completa con Coca Guazzini, Gonzalo Robles, Mariel Bravo y Elsa Poblete, quien llega con su marido, el director teatral Gustavo Meza, quien antes, mucho antes, fue el segundo marido de Delfina y padre de dos de sus hijos menores: Gonzalo (actor) y Juan Cristóbal (músico, quien se acaba de radicar en Los Angeles, EE.UU., y por tanto el único ausente en esta celebración). Es como estar en un capítulo de alguna teleserie de Vicente Sabatini. Una fiesta familiar donde se conmemora el cumpleaños número 90 de la gran matriarca, con los mismos actores que alguna vez —en una época mítica para la estación pública— encarnaron producciones que todavía se recuerdan, como El circo de las Montini, Pampa ilusión o Los Pincheira; sólo falta que haga su aparición Delfina para escenificar el momento cúlmine. Pero ahora son sus hijos quienes asoman: Nicolás Eyzaguirre —el ex ministro de Hacienda de Michelle Bachelet— con su mujer, la economista Bernardita Piedrabuena; Gonzalo Meza con la actriz Francisca Sáez; y cuando los hermanos ya lo daban por perdido —porque con él nunca se sabe—, aparece Joaquín Eyzaguirre, el mayor, el cineasta, presentando a su nueva novia. “¡Ahí viene la Titita!, ¡ahí viene!”. Ante la voz de alerta todos dejan sus puestos y corren hasta la entrada. Silencio total. La puerta se abre. Es Delfina. Delfina que se encuentra a boca de jarro con esta inesperada audiencia que al unísono grita: “¡Feliz cumpleaños Tititaaaaa!” y ella que no puede creer lo que ve. Se cubre la cara, le tiembla la pera. ¿Acaso sabía, lo sospechaba?, ¿la reacción será genuina o estará actuando? La duda queda en el aire, las opiniones se dividen. Escena 2. Almuerzo Vemos las distintas mesas, gente comiendo y conversando animadamente, risas. Delfina se instala en el área principal con sus nietos. Recibe abrazos, saludos. Comenta con su tono ronco, que no puede creerlo, que está emocionada. Desde su asiento, alzando la voz, improvisa un discurso: “Yo soy una persona, no un número. Y todos los que están aquí son míos, conforman mi patrimonio, lo que voy a dejar de herencia, así como yo también les pertenezco. Ustedes son mi tribu, de mi familia, de mis compañeros de trabajo, de mis amigos, gente con la que puedo conversar. Y las tribus tienen ritos, como éste: celebrar los 90 años de una vieja como yo”. Y tras una pausa, agrega: “Una vez me preguntaron quiénes eran los que más admiraba: a Cristo y a Marx (se le quiebra la voz); ellos son los dos seres a los que más respeto y de los que más he recibido. ¡Juntos Cristo y Marx!”. Aplausos, todos levantan sus copas. ¡Salud por eso! Tito Noguera se pone de pie y pide la palabra: “Tú para nosotros eres más que un ejemplo, eres vida; mandaste a la cresta la separación entre trabajo y amistad y has hecho una sola cosa; ese es también tu gran legado: que la forma de vivir contigo es desde el oficio y del cariño”. Más aplausos, los brindis continúan. Desde otro sector se levanta Nicolás Eyzaguirre Jr. para alzar la voz en nombre de los nietos: “Además de un ejemplo, has sido una compañía y un pilar, y eso lo saben todos; tu capacidad para situarte en el mundo, de preguntarse por qué estoy aquí; pensar en los demás, tu infinita preocupación por el resto: tus 150 regalos para Navidad lo demuestran”. Aparece en escena un organillero, el regalo de cumpleaños de Pancho Reyes. Emoción, nostalgia, alegría, con Gracias a la vida como música de fondo. Delfina, del brazo de uno de sus hijos, se levanta y comienza a recorrer una a una las mesas, saludando. “¡Parezco novia!”, dice riendo. Escena 3. Casa de Javiera Eyzaguirre. Atardecer Cae el telón de la proyectora. Al frente se instala la cumpleañera. El resto de los invitados encuentra desde dónde ver mejor el video realizado por los nietos. “La Titita ha sido un gran ejemplo para nosotros, no sólo en las tablas: cuando prendías la tele también estaba ahí”, dice Florencia, una de las hijas de Gonzalo Meza. “A mí me tocó vivir con ella cuando yo era muy chica y por lo tanto el teatro era parte de un cotidiano; nos relacionamos con el arte por osmosis, lo que es un regalo”, asegura Javiera. “Yo creo que la Titita tiene algo muy especial que son sus contradicciones y hace que una la quiera tanto, porque puede salir con una cosa y después con lo opuesto (risas)”, dice Andrés Eyzaguirre, otro de los primos. Luego, en el mismo sillón de respaldo alto, como un improvisado trono, la actriz se fotografía (con corona y todo) en tandas: primero con los nietos, luego los bisnietos, los hijos, las ex nueras, los actores, y así. Fin de la escena. Vamos a otra locación. Escena 4. Lunes 14:00 horas. Productora audiovisual Fe Perfectamente maquillada y vestida con un llamativo traje turquesa, Delfina posa para su nieta mayor. “A ver, Titita, tírame un beso”. La actriz, obediente, realiza la instrucción. De cuando en cuando Javiera se detiene a ver las fotos en la pantalla del computador. Delfina asume una actitud ausente en la espera. ¿En qué estará pensando? De pronto su nieta vuelve a la carga, toma su cámara y le exige: “Ya, pon cara de mala. Ahora de picarona”. Delfina sonríe, se transforma. Coquetea, muestra un poco de pierna: “Esto puede significar marido”, comenta con malicia. Y completamente dueña de la situación, le habla a su nieta y a la acotada audiencia que conforma el equipo de producción: “¿Cómo he llegado a este estado de las cosas, pintada como puerta egipcia?”. “Nada que ver te ves regia”, le contesta su nieta. Y Delfina como recordando un viejo parlamento, recita: “Señores, estoy muy contenta, me siento la reina de Sabaaaa… ¡Ay que estoy bien!”. Hay que apurarse. Delfina ha sido invitada al palacio de La Moneda a celebrar su cumpleaños con el Presidente y su señora. Al cabo de un par de horas es la propia ministra de Cultura, Alejandra Pérez, quien la viene a buscar. “¡Me va a recibir el Presidente! —dice despidiéndose—. Es que yo a ese hombre lo adoroooo”, dice antes de irse muy del brazo de la ministra, a paso lento, mientras le abre la puerta el chofer. Escena 5. La Moneda. 17:00 horas En el comedor presidencial, con el Presidente Piñera instalado en la cabecera, Delfina Guzmán, Cecilia Morel y la ministra de Cultura, celebran los 90 años de la actriz. Sebastián Piñera se pone de pie y acercándose a la homenajeada extrae desde una bandeja de plata un diminuto paquete: al abrirlo Delfina descubre que es una manivela de cartón; gira con delicadeza el aspa y sonríe al reconocer a la Sonora Palacios versión cajita musical: son 15, son 20, son 30… “La fue a comprar Sebastián por aquí cerca”, cuenta la Primera Dama con orgullo ante lo que se considera un atípico gesto del mandatario. Delfina, emocionada: “Sebastián, qué bueno que me tratas como una persona y no como a una cifra, sin sumas, restas, porcentajes, encuestas ni ninguna de esas roterías. Ser cifra es lo peor, es atroz”. Escena 6. Departamento de la actriz en un edificio en Avenida Colón La actriz, con la ayuda de Lucy, su fiel asistente, recibe a CARAS. “Ay chinita, sólo porque eres tú te recibo porque estoy taaan cansada, es que a mi edad… ¿Por qué será que estoy agotada?”. —¿Le parece poco celebrar los 90 de esa forma? La homenajeó hasta el Presidente. Así cualquiera queda exhausto pues Delfa… —Mira, yo tengo una amistad con el Presidente desde hace muchos años, y con Cecilia también. Siempre le tuve mucha simpatía a pesar de que lo pelaban tanto, tú sabes, pero a mí me importaba una raja que robara, como a mí no me estaba robando, al contrario él me prestó plata para montar una obra de teatro cuando se lo pedí (dice por Copenhague, 2006)… Así que feliz fui a La Moneda a tomar el té con él y Cecilia. Le di un abrazo y un beso y les agradecí. Estuvimos dos horas conversando los cuatro en el famoso comedor de La Moneda y aproveché de moverme un poco por los salones y hablar cuánta tontera te puedas imaginar, porque a él le encantan las cosas que yo le cuento. Eso, más la fiesta que me dieron los niños, quedé exhausta. Es que siento que se aprieta el corazón; de tanta emoción debe ser. Tenía ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. Y en lo que podría ser un rapto histriónico, inquiere: “Me pregunto dónde venderán fortaleza, ésa que yo tenía por enormidades y que ahora echo en falta. Pero estoy tan feliz chinita, tan feliz…”. Fuente: www.caras.cl
  3. Puedes evaluar cuantas veces quieras, colocando un 4,0 o un 7. La única condición es que previamente lo haya hecho otro usuario. Esta semana, un duelo difícil Resultados Frente a Frente Anterior: Marcelo Alonso: 6,8 Francisco Pérez-Bannen : 4,2
  4. Delfina Guzmán habló de su familia y de la relación de su hijo con actriz 27 años menor Delfina Guzmán es uno de los grandes tesoros actorales que existen en Chile y permanecen vigentes tanto en el teatro como en la TV. Sin embargo, por estos días no sólo está dando qué hablar por su nuevo papel en “La Colombiana” -la nueva vespertina de TVN- sino que por la seria relación que tiene su hijo Juan Cristóbal Meza de 53 años con la actriz Nicole Block. Block tiene 26 años y se encuentra en plenos preparativos para su boda con Meza. Además, hace un tiempo que confesó que tiene una muy buena relación con su futura suegra, quien también le dedicó unas palabras. “La Nicole la encuentro exquisita, muy cabrita es, pero bueno, ya eso… en gustos no hay nada escrito”, señaló Guzmán al portal de entretención Lima Limón, agregando que se trata de las terceras nupcias de su hijo.
  5. Confesiones de 7 divas del teatro chileno La historia de Chile y la del teatro nacional, a través del relato de sus vidas y carreras, desgranan siete de las mayores actrices de su generación en el documental "Viejos Amores". Aquí, a ocho voces, Gloria Münchmeyer, Bélgica Castro, Delfina Guzmán, Carmen Barros, la cineasta Gloria Laso, Nelly Meruane, Gaby Hernández y Liliana Ross reafirman por qué la actuación ha sido el eje de sus vidas. Por María Cristina Jurado. Fotografías: Carla Dannemann. Yo quisiera morirme arriba del escenario. La frase la repiten todas. Siete mujeres que han hecho su vida sobre el escenario. Siete actrices con carreras teatrales rutilantes y medio siglo de recuerdos que dan origen a "Viejos Amores", documental de una hora y media que da cuenta de cómo se forjaron estas divas nacionales. Se estrena hoy en el Gam y, desde el jueves, se podrá ver en la Cineteca Nacional y en el Cine Arte Alameda, antes de ir a regiones. Una experiencia fílmica que emprendió hace menos de un año la actriz y cineasta Gloria Laso, su segunda incursión en el cine. Y, en los días de su estreno, estas siete actrices icónicas repasan y recuerdan. Como Gloria Münchmeyer: -Yo no he hecho nada extraordinario. Lo único que he hecho es trabajar toda la vida nomás. Y no parar y persistir. El único mérito que tengo yo como actriz es la persistencia. Y creo que este documental es un premio a la persistencia, la de todas. Persistencia en el tiempo, a pesar de los embates de todo tipo. Münchmeyer, altiva, de personalidad directa y dueña de una de las mayores reputaciones actorales en este país -acumulada en 49 años de vida profesional- es esquiva en sonrisas. A veces, su sentido del humor traspasa la barrera. Entonces, todo su cuerpo se ríe: -Mira, para el 2016, estoy igual que Sampaoli. Esperando las ofertas y ofreciendo seis años ¡por muchos millones de pesos! El año pasado, esta actriz cosechó aplausos en todos los géneros, desde las televisivas "Los Años Dorados" y "Las Matriarcas", hasta la teatral "El Marinero", de Fernando Pessoa, pasando por la cinematográfica "El Bosque de Karadima". Y, aunque no dice su edad, "tengo menos de los que crees y más de los que quisiera tener", Münchmeyer reconoce que debutó, veinteañera, a mediados de los 60, y enfiló, con tesón y talento, directo al estrellato. Para la cineasta y actriz Gloria Laso era importante recoger la experiencia de estas mujeres. -En 80 o 90 años de vida, ellas tenían la experiencia de toda la historia del país. Y creo fundamental guardar la memoria, los viejos tienen sabiduría, inteligencia, conocimiento de vida: había que transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones. Para los nuevos actores, el ver a estas mujeres que tienen 94 años y siguen arriba del escenario y tienen vidas tremendamente ricas, tremendamente valientes, es algo que quedará. Laso acumuló veintidós horas de conversación que, en un laborioso trabajo, se convirtieron en una película de una hora y media. Desde sus propias casas, Delfina Guzmán, Bélgica Castro, Liliana Ross, Gaby Hernández, Nelly Meruane, Gloria Münchmeyer y la actriz y cantante Carmen Barros evocaron tropiezos, alegrías, amores, vidas y carreras. Incombustibles y vigentes Bélgica Castro -quien este año batió dos récords: cumplió 95 años y veintiuno desde que ganó el Premio Nacional de Artes de la Representación, y es considerada por los expertos como la mejor actriz que Chile ha tenido- sorprende por su energía y vigencia. Castro respira teatro y jamás ha cedido frente a las millonarias ofertas en televisión, un medio que ella juzga mediocre y pobre. -Nunca voy a parar en teatro. Si puedo trabajar, sigo. Porque te llena la vida tener un compromiso, eso es lo que importa. En este momento tengo fuerza, tengo ánimo, puedo aprender cosas. Uno nunca termina, yo quiero aprender siempre. Recuerda sus inicios con Pedro de la Barra en el Teatro Experimental de la Chile, un teatrista visionario que la marcó en el oficio. También su amor por el dramaturgo Alejandro Sieveking, "¡lo más importante que me ha pasado, porque él también es teatro!". -Lo conocí y nunca más nos separamos... Alejandro ha sido una suerte para mí, me ha aconsejado, es muy inteligente, me ha orientado a elegir solo teatro de calidad. Ahora, desde el 5 de abril, voy a actuar en "Pobre Inés, sentada ahí", que él escribió. Es muy interesante. -Entonces, ¿nunca dejará las tablas? -¡Cómo se te ocurre! ¡Para qué irse cuando lo están buscando a uno! Y yo escucho y acepto..., pero solo cuando las cosas son de calidad, esa es la condición. Las anécdotas salpican la filmación. Como cuando Carmen Barros recuerda a sus padres, embajadores en Berlín, bailando Charleston entre plato y plato, para no engordar. O cuando Nelly Meruane, 87, evoca a los suyos, inmigrantes árabes y comerciantes en Toltén, quienes iban a comprar en bote porque llovía mucho. Gaby Hernández, quien el año pasado destacó en la teleserie "Pituca sin Lucas" e hizo cine, recuerda en el documental sus viajes por el mundo: -Tengo 77 años y actúo desde los 21. Con Gloria (Laso), que es muy amiga mía, nos fuimos por el lado de mis aventuras, porque yo he tenido una vida muy aventurera. Pero mi profesión siempre ha sido parte fundamental de ella, todo ha estado absolutamente imbricado. Por primera vez, en 2015 no hizo teatro. La televisión la absorbió. "Siempre había hecho televisión y teatro. Y, cuando no hacía televisión, como en España, hacía teatro y clases, hacía esto y lo otro. El año pasado me tocó un papel que tenía muchas escenas en una teleserie de mucho éxito, también hice cine. Pero no teatro. Y, por un momento, me sentí muy vacía. Porque la energía la habría sacado, por supuesto. Siempre saco energía para hacer teatro". Y Carmen Barros, cuyos hitos teatrales, evalúa, fueron la Carmela de San Rosendo en "La Pérgola de las Flores" en 1960 y "Esta Señorita Trini", dos años antes -que ella califica como la primera comedia musical chilena y que hoy está en manos de un productor para reponerse en 2016 con ella como directora-, tuvo sus inicios en el canto: -Yo pasé a las tablas como cantante, después de estar metida de lleno en una carrera operática. Y es que la ópera te pone en las tablas. Mi primera incursión fue muy linda, vino un elenco del Metropolitan de Nueva York a hacer la única ópera de Beethoven, "Fidelio". Son diálogos hablados en alemán y yo, como hablaba alemán como el castellano, fui llamada para hacer La Muchacha. Fue mi primera subida al escenario del Teatro Municipal. Con un éxito extraordinariamente bueno, porque éramos dos chilenos nomás. Fue en 1945 y Carmen tenía 20 años. Hoy, a los 91, brilla en "Los Años Dorados". Y a Nelly Meruane, quien también debutó en el Teatro Municipal con "El Tiempo y los Conway" en 1952, muchos de sus roles la marcaron de por vida. Hoy, a los 87, nombra a la pituca Cotocó Pereira -gran amiga de Bebé Mackay de Moller, que interpretaba Silvia Piñeiro en una de las series más famosas que recuerda Chile, "Juani en sociedad"- y se ríe con nostalgia. En sus paseos, la paran en la calle: -El público es realmente el juez de uno. Y tú en la calle ves el amor que la gente siente por uno, es una cuestión impresionante. Eso quiere decir que uno ha perdurado. Y eso a mí me llena, me da una satisfacción inmensa: dejé algo en esta vida. Durante 25 años, Meruane, quien es profesora titulada en la Chile, actuó y enseñó al mismo tiempo. "Una profesión se nutría de la otra. Por ejemplo, anoche era la Cotocó. Al otro día llegaba y las niñas se descolgaban por las ventanas del liceo para mirar a esta persona que estaba anoche en la televisión. En clases, ¡yo les hacía todos los personajes! Lo pasaban muy bien conmigo". Como Delfina Guzmán, quien desafió a su medio conservador a mediados de los 50; como Bélgica Castro, quien llegó de Temuco para ser profesora; como Gaby Hernández, cuyo padre quería que ella fuera pianista; como Carmen Barros y su pasado aristocrático; como Liliana Ross, quien llegó de Italia huyendo de la Segunda Guerra; como Gloria Münchmeyer, Nelly Meruane tuvo que vencer infinitas barreras para ser actriz: -En este documental está la vida, y todo es importante, todas las facetas. De dónde viene uno, cómo evolucionó, como sufrió para poder lograr lo que uno quería. Por todo ese entorpecimiento familiar...¡que 'cómo la niña iba a estar en un escenario'! Todos esos atavismos que existían. Y ya lleva 64 años. -El teatro para el ser humano es purificador. Es un arte que sube el estatus del hombre, en el sentido de lograr alcanzar dimensiones. Me acuerdo de "Mama Rosa", que fue un hito teatral en 1982. Nosotros veníamos llegando de vivir nueve años en Caracas. Y ahí vino el famoso director Pedro Mortheiru y yo le dije: '¡Cómo se te ocurre que voy a interpretar a una niña de 16 años!'. Ya la tercera vez que me vino a convencer, le contesté: 'Bueno, está de Dios'. Y partimos con "Mama Rosa", una de las cosas más lindas que he hecho en mi vida. "vivir otras vidas" Delfina Guzmán, deslenguada, inteligente y talentosa, continúa, a un mes de cumplir sus 88, diciendo lo que piensa y haciendo lo que dice. Es una de sus gracias. Como hoy, que recuerda uno de los momentos clave de su existencia, cuando descubrió su oficio. Ya estaba casada con su primer marido y tenía dos hijos pequeños, Joaquín y Nicolás. - ¡Tuve muchas dificultades para poder actuar! Muchas dificultades para cumplir mi profesión, la más linda que puede tener un ser humano. Y me acuerdo de un momento en que me dio mucha rabia. Alguien me preguntó en qué trabajaba yo. 'Soy actriz', le contesté. Y me dice: 'No, le pregunto en qué trabaja'. Entonces me enojé y le digo, furiosa: 'Mire, yo además de hacer teatro, soy puta'. -Ha dicho que su estreno de mayo será su última obra. -¡Quién sabe, no soy adivina! En verdad, no me lo creo ni yo misma. Pero no todo fueron risas. También hubo lágrimas. Por ejemplo, cuando las siete actrices recordaron el 11 de septiembre de 1973, un evento que a todas les trastocó la vida de diferentes maneras. Dice la documentalista: -Yo creo que el golpe, en mayor o menor medida, a todos nos quebró la vida. La gente no volvió a ser la misma, aunque hayan sido los momios más momios, hasta los mismos militares. El país cambió y es otro. Pero, cruzando los momentos difíciles de sus vidas y carreras -ninguna esquivó recuerdos- las siete actrices encontraron la tónica que domina la película. La palabra clave fue Entusiasmo. Laso dice: -Ellas tienen más de 80 y 90 años y siguen entusiasmadas. Siguen trabajando, siguen queriendo, siguen enamoradas, siguen contentas. Creo que son un paradigma para las personas en general, pero en particular para las mujeres. Esas mujeres que se dejan morir porque el marido se les fue con una más joven o porque los nietos son lo único que importa y ellas ya no valen. Yo creo que no, ¡que uno tiene que seguir creciendo! La actriz Carmen Barros concuerda: -Me siento parte de la memoria de Chile. Soy alguien que ha sido muy querido por el hombre de la calle. Ahora, con "Los Años Dorados", es impresionante la cantidad de gente que se me acerca. Con este personaje, a pesar de que esta vieja es lo más pesado del mundo, la gente me pesca, me abraza y me dice: 'Sigue, sigue diciendo garabatos'. Como si fuera yo quien los dice. También comparte esta óptica Liliana Ross, quien, a los 76, va al gimnasio regularmente y cumplió medio siglo en las tablas. Ross, quien en realidad se llama Brescia, llegó a Chile a los seis años con su familia desde Italia, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Se subió a un escenario en los años 40 y lleva consigo recuerdos imborrables. Uno de ellos se liga directamente a un hito actoral. -Fue la teleserie "Machos", de 2003. Una de las cosas más maravillosas que he hecho y por la cual he sido reconocida en Chile y hasta en San Petersburgo, Rusia. Se exportó a muchas partes. En 2007, estando en San Petersburgo con Raoul (su marido), estaba comprando y una muchacha me dice: 'You are an actress, you are the one of Machos'. Y me abraza llorando. En Rusia dejaban el original y escribían abajo en ruso. Puede hablar horas de cómo las obras del Siglo de Oro español definieron mucho de su aprendizaje y de su vocación. "Haber hecho, La vida es sueño, con Héctor Noguera fue un trabajo que me obligó a prepararme. Y a trabajar la voz, el comprender, el entender lo que estabas diciendo porque no era nada fácil'. Hoy siente igual entusiasmo que cuando se quemaba las pestañas con los textos y, en paralelo, criaba a tres hijas. -El teatro, más que la televisión, es la gran escuela para un actor. Lo que uno más ama es el teatro. Es donde uno realmente se da cuenta que esta es una profesión, donde te afirmas en tu trabajo. Y para la actriz Gaby Hernández, quien está en la teleserie "Pobre Gallo" y actuará en la obra "Fugitivos de la ausencia", del dramaturgo Jorge Díaz, hay un solo hito en sus 56 años arriba del escenario: -Mi carrera de más de 50 años. Por la que me gusta levantarme todos los días a trabajar todavía. Y crear personajes. Y vivir otras vidas. Un hito haber podido hacer algo que me fascinó desde niña y todavía me fascina. Ese es mi gran hito. Maquillaje: Glenda Barra para Bobbi Brown. "anoche era la cotocó. al otro día, las niñas se descolgaban por las ventanas del liceo para mirarme", dice Nelly Meruane, actriz y profesora. Disciplina férrea, ética y defensa de textos de calidad ha sido la tónica de estas siete actrices icónicas de Chile. Y un amor sin límites por el teatro. 1. Liliana Ross, con poco más de un año, en Italia, con su madre. 2. Delfina Guzmán, quien pronto cumplirá 88 años, en 1929. Tenía un año de edad. 3. La actriz y cantante Carmen Barros a fines de los años 50, en la Plaza San Marcos de Venecia. 4. Bélgica Castro en 1953, en el Teatro Experimental de la U. de Chile, con Agustín Siré. Fuente: Revista Ya, Martes 8 de marzo de 2016.
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