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  1. 22 Julio 2017 Detienen al supuesto autor de dos de los incendios forestales que arrasaron con miles de héctareas en el sur El hombre de 31 años reconoció, al ser aprehendido, su responsabilidad en los siniestros ocurridos puntualmente en el municipio de Collipulli, en la Región de La Araucanía. La policía detuvo este viernes al autor confeso de al menos dos de los incendios forestales que el pasado verano austral arrasaron centenares de miles de hectáreas en el centro y sur de Chile. El hombre de 31 años reconoció, al ser aprehendido, su responsabilidad en los siniestros ocurridos puntualmente en el municipio de Collipulli, en la Región de La Araucanía. El fiscal a cargo del caso, Jorge Calderara, precisó que el acusado padece de depresión, lo que lo habría impulsado a iniciar los fuegos en dicha localidad, en la cual más de 100 mil hectáreas resultaron calcinadas. La Policía de Investigaciones (PDI) no descartó la responsabilidad del detenido en otros incendios registrados en la zona, un hecho que será indagado, según aseguró el prefecto, Víctor Ruíz. El Tribunal de Collipulli prohibió difundir imágenes y revelar la identidad del inculpado, quien quedó en prisión preventiva. En los meses del verano austral, los incendios forestales que azotaron a gran parte de Chile consumieron un total de 467.537 hectáreas. Los siniestros, que afectaron especialmente a las regiones de O'Higgins, El Maule y Biobío, requirieron el despliegue de más de 20.000 personas y la utilización de 3 millones de litros de agua diarios, por 20 días. Esta catástrofe cobró la vida de 11 personas y dejó miles de damnificados, a la vez que calcinó bosques nativos y pastizales, principal herramienta de trabajo de agricultores y forestales. Las llamas, que fueron combatidas por unas 60 aeronaves de varios países, casi un millar de brigadistas internacionales, decenas de bomberos y unos 18.000 militares, costaron al Gobierno chileno unos 347 millones de dólares. Fuente: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2017/07/21/detienen-al-supuesto-autor-de-dos-de-los-incendios-forestales-que-arrasaron-con-miles-de-hectareas-en-el-sur/
  2. 20 Junio 2017 La situación será analizada en la Asamblea decretada para este martes Coincidencia entre millonario aumento de derechos de autor y presidencia de la SCD complica a Álvaro Scaramelli La polémica, que tiene a la Sociedad de Derecho de Autor bajo un clima enrevesado, proviene de la filtración de las ganancias por "derechos conexos" del ex líder de Cinema, el que se multiplicó en al menos 90 veces, pasando de poco menos de un millón a $90 millones, ingresos que coincide con el periodo en que llega como presidente de la SCD. Dicen que en política y en negocios no existen las coincidencias. Que la diferencia entre el éxito y el fracaso pasa por tener más y mejor información. En el mundo de la música, sin embargo, las coincidencias no seguirían esa regla, así al menos lo expresa la Sociedad de Derecho de Autor para explicar el millonario aumento en derechos que ha recibido Álvaro Scaramelli, desde que asumió la presidencia de la SCD, el 2015. Pasó de recibir $800 mil a $90 millones de un año a otro. Un incremento del orden de 9 mil por ciento. La filtración de sus ganancias ha producido al interior de la Sociedad de Derecho de Autor un clima enrevesado, en el que se mezcla la sospecha, las denuncias de secuestro de información privada, auditorías externas y despedidos de personal de confianza, con la legítima correspondencia económica al uso de música protegida bajo propiedad intelectual y la defensa de los derechos de autores. Entre los más críticos surgen voces que cuestionan lo abultado de los montos. "Ni Jorge González" supera esa cantidad" o "tendría que ser el autor de Despacito y ni siquiera así". Más allá de las críticas y las dudas, lo cierto es que este martes se llevará a cabo la asamblea de la Sociedad de de Derecho de Autor, donde es altamente probable- según fuentes- se abra una investigación para comprobar que la coincidencia entre aumentar sus ingresos exponencialmente y ejercer el cargo de presidente, es solo eso, una coincidencia, amparada -según la mesa directiva de la institución- por la intención de una ex funcionaria de dañar la credibilidad de la SCD. Como mecanismo preventivo, el propio Scaramelli envió este lunes a los asociados un whatsapp masivo, advirtiendo que se publicaría un reportaje en el que "algunos medios consideran atractivo publicar que el presidente Scaramelli se ha enriquecido durante su gestión", descartando todo tipo de irregularidad. Los millones y su presidencia Fundada en 1987, la SCD, que cuenta con 9.000 socios y afiliados, maneja unos 40 millones de dólares al año y tiene unos 250 empleados. Por ley puede quedarse hasta con un 25% de su recaudación para seguir funcionando. Es un organismo autónomo privado responsable de actividades como el desaparecido Premio Altazor, el "Día de la Música" y la Feria de la Música Pulsar. Tras las elecciones de mayo de 2015, Scaramelli, recordado como miembro de la banda Cinema, asumió como presidente de la Sociedad de Derechos de Autor (SCD) en junio de 2015, por cuatro años. En esa ocasión también asumieron el cuequero Mario Rojas (primer vicepresidente), Horacio Salinas, líder de Inti Illimani (segundo vicepresidente), el pianista Valentín Trujillo (secretario general) y los consejeros René Calderón (director de orquesta), Soledad del Río (actriz y cantante del grupo La Guacha), el compositor Héctor “Titín” Molina, el baterista Patricio Salazar, el compositor Alejandro González y el cantante Florcita Motuda. Antes de asumir como presidente, por concepto de "derechos conexos", Scaramelli recibía anualmente entre $600.000 y 800.000 anuales. Esta situación cambió a partir de julio de 2015, fecha que coincide con el inicio de su presidencia. En julio de 2016, cuando se liquidan el periodo de julio-diciembre de 2015, según documentos a los que tuvo acceso El Mostrador, Scaramelli recibió 40 millones de pesos, un 5% del fondo total a repartir. Una cifra muy lejana a la que obtuvieron los restantes 5.000 músicos beneficiados por el fondo en esa ocasión. La situación se repitió en enero de 2017. Scaramelli recibió $90 millones de pesos, un 12% del total. En abril, la SCD autorizó un nuevo avance para su presidente, por un total de $32 millones de pesos. Es decir, entre julio de 2016 y abril de 2017, el presidente de la SCD cobró $162 millones. Por derechos conexos se entiende una serie de recursos que se obtienen por el uso de la música en medios como la radio y la televisión, y que se reparten de manera semestral. Los medios entregan un informe periódico sobre la música que emitieron en el periodo, y los propios músicos también informan según su propio monitoreo o el que hacen desde la SCD. Denuncias cruzadas La filtración de las ganancias de Scaramelli se produjo en el marco de una auditoría, a raíz de la detección de algunas irregularidades en la SCD ocurridas a fines de 2016, que apuntan a un funcionario que habría alterado un software para duplicar cheques y cobrarlos a su favor. Mientras se realizaba dicha investigación a principios de mayo, la entonces gerente de Administración y Finanzas y además Coordinadora de Gestión Ética, Claudia Henríquez, envió una carta al directorio en donde daba a conocer los millonarios egresos de Scaramelli, negándose a poner su firma en los cheques. En la misiva, la funcionaria expuso la situación al director general de la SCD, Juan Antonio Durán. "El Presidente Scaramelli normalmente recibía por concepto de derechos conexos sumas entre 600.000 y 800.000", señala la carta. "Lo anterior cambió a partir de la Distribución de Conexos 47 Fase 1 (julio a diciembre de 2015) pagada en julio 2016, y en la cual el Presidente Scaramelli recibió la suma de MM40,7, lo que corresponde al 5,43% del total a repartir, cifra muy lejana a la que recibe la mayoría del total de 5.476 músicos de esta distribución", señala la misiva, que luego detalla en términos similares un segundo pago por 90,1 millones en enero de 2017 y un tercer pago en modalidad de avance de 32 millones de pesos en abril pasado. "Apelando a mi calidad de Coordinadora de Gestión Ética de SCD, solicito se me exima de aprobar en mi calidad de apoderado de SCD nuevos egresos a favor del Presidente Scaramelli", señala la funcionaria. La respuesta de Durán llegó tres días después. El director general no sólo justificó los pagos a Scaramelli, sino que calificó la carta de Henríquez de "una falta de tenor inaudita". "En vez de plantear una duda, solicitando los antecedentes del caso, avanza directamente a una conclusión totalmente equivocada", le respondió Durán, mientras le reprocha falta de "una actitud ponderada". En cuanto a Scaramelli, asegura que "se está pagando a dicho socio los derechos conexos provenientes de su musicalización de un canal de televentas, lo que anteriormente no ocurría. (...) Por el elevado número de segundos (de transmisión musical) ello implicó que se incrementaran de forma importante los derechos generados". Todo, según Durán, puede comprobarse examinan "las planillas y toda la información de respaldo". "Los hechos no pueden estar más lejos de la verdad que sus destempladas insinuaciones", remata Durán. Acto seguido, le expresa que ya no cuenta con su confianza, y la despide. Para el directorio de la SCD, la filtración de estas cartas, corresponden a una supuesta intención de la funcionaria de dañar ala institución por despecho, levantando información legítima como si fuera irregular. "La info proviene de una funcionaria despedida que se robó información clasificada... y obviamente hará lo imposible para perjudicarnos como Sociedad", dijo el escritor y cuequero Mario Rojas, uno de los vicepresidentes, que calificó las acusaciones de "infundios". Coincidencias En entrevista que concedió a El Mostrador, Scaramelli descarta cualquier tipo de irregularidad, y defiende que su aumento de ingresos en ese periodo se debe una mera coincidencia. "Es una coincidencia con mi periodo presidencial en la SCD. Yo empiezo a realizar musicalizaciones para varios productos de venta en televisión, spot, de distintos usos, para distintos canales de televisión, abierta y de cable, y empiezo a declarar estas obras. Son muchos segundos, muchos minutos de musicalización. Todo eso es tremedamente fácil de auditar", explica Scaramelli. El ex vocalista de Cinema explica que no es primera vez que recibe derechos de autor millonarios. "Yo fui el compositor y arreglador de toda la música de Axe Bahía y no solo en Chile explotaron los Axe Bahía, sino en toda centro América y en México, y he recibido mucho dinero en momentos, como en otros he recibido muy poco dinero, porque las obras dejan de tocarse, entonces no es primera vez que estoy en esta situación y tiene que ver con que las obras suenan mucho en radios, tv, etc". El procedimiento -señala Scaramelli, quien es respaldado por toda la mesa directiva de la SCD- es ver "dónde están las declaraciones de las obras, cuándo se inscribieron, dónde se han usado, qué canales han documentado su uso, cuál es la documentación que está entregando el canal, si corresponden el título o la canción y cuántos minutos se declararon... hay campañas publicitarias que se usan en todos los medios". "Eso va generando muchos minutos. Por tanto, detectar que alguien uso haber intervenido esto es muy fácil. Toda la información está disponible para ver si hay alguna incongruencia. Como presidente de la SCD, que se podría sospechar podría tener información privilegiada, es muy difícil, porque no tenemos injerencia de lo que usan los medios de comunicación". Revisión de cuentas Ahora el caso está en manos de una comisión de revisión de cuentas, integrada por José Alfredo "Pollo" Fuentes, José Ureta, Cristián Guiñez, Hugo Moraga y Eduardo Peralta. Fuentes dijo que "no estoy en conocimiento profundo del tema, he escuchado rumores nomás. Nosotros no tenemos acceso a estar revisando lo que recibe cada uno de los socios individualmente por sus canciones, sus obras. Sólo revisamos los gastos generales, lo que nos entrega la auditoría, lo analizamos y entregamos a la dirección". Ureta señaló que "no estoy en condiciones de responder porque estamos manejándolo en la comisión. No puedo transgredir un compromiso que hicimos. Además no hemos recibido la información real y concreta". Sin embargo, reconoció que el mentado aumento de ingresos "no es normal, salvo que sea el autor de 'Despacito' de Luis Fonsi. Es imposible". El ex presidente Fernando Ubiergo, apunta en el mismo sentido. "La cifra es fuera de lo imaginable para mí. No sabría cómo se puede explicar una cosa así. Me parece una cifra inmensa. No me atrevería a emitir ningún juicio. Por cierto le digo que la cifra es sorprendente e inmensa, pero no puedo emitir un juicio porque no sé cuál puede ser el origen para un monto de esas características. Está fuera de los conocimientos que yo tengo. Yo nunca he recibido ni una cifra ni remotamente parecida". Roberto Márquez de Illapu, por su lado, explica que este martes habrá un Consejo, una asamblea, donde se harán las preguntas correspondientes. "Para mí no tiene mucha explicación. Es imposible que alguien multiplique... hemos estado conversando con otros socios, incluso gente que está en el Consejo, que tiene dudas respecto a esta situación, dudas que esperamos se puedan dilucidar mañana. Nadie puede, de un día para otro, cambiar de esa manera las cantidades que se reciben por derechos conexos. Estoy pensando en los conexos que yo recibo -yo tengo una buena cantidad de canciones- pero están a años luz de una cantidad. Ojalá yo pudiera recibir semestralmente por conexos un millón. Pero 160 millones... es inimaginable como se puede haber llegado a esa cifra. Espero que mañana pueda haber alguna claridad". Fuente: http://www.elmostrador.cl/cultura/2017/06/20/coincidencia-entre-millonario-aumento-de-derechos-de-autor-y-presidencia-de-la-scd-complican-a-alvaro-scaramelli/
  3. Ese que tienes de cabecera, que te ha inspirado para escribir o que más te ha gustado.
  4. Confesiones de un plagiador El chileno Rodrigo Núñez Arancibia había construido una exitosa carrera de historiador en México. El problema es que estaba sustentada en los trabajos de otros investigadores, y el mes pasado su caso se destapó. "Yo sabía que iba a chocar como un tren contra una pared". Tania Opazo y Noelia Zunino / 01/08/2015 Rodrigo Núñez Arancibia, en Santiago. Foto: Jorge Fuica/AgenciaUno “No se puede mentir toda la vida”, dice Rodrigo Núñez Arancibia. Pero él pudo hacerlo durante 11 años, hasta que la mañana del 18 de junio el secretario académico de su universidad lo encaró y tuvo que reconocerlo todo. Desde 2004 hasta hace poco más de un mes este chileno de 42 años era un reconocido profesor en la academia mexicana. Trabajaba en la Facultad de Historia de la Universidad Michoacana San Nicolás Hidalgo, donde tuvo cargos como jefe de la División de Estudios de Postgrado y director de magíster. Había publicado además numerosos artículos académicos, presentado ponencias de distintos temas, era parte del Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México) y tenía el estatus de docente “deseable”. Hoy en cambio, se sabe que una parte importante de su carrera se sustentaba en la copia del trabajo de otras personas y que entre 2004 y este año plagió al menos 12 artículos y capítulos de libros. Por eso, algunos de sus pares y la prensa mexicana lo llaman un “plagiador serial”. Rodrigo Núñez ahora está en Chile. Se ve ojeroso y no quiere hablar con nadie. Su voz se quiebra, le cuesta mirar a los ojos y sus manos tiemblan. No tiene trabajo y dice -probablemente sin equivocarse- que su carrera académica ha terminado. “Yo sabía que iba a chocar como un tren contra una pared, haciéndome pedazos. Y eso fue lo que pasó”, afirma. El buen alumno Rodrigo Núñez estudió en la Universidad de Chile, donde obtuvo su grado de licenciado y magíster en Historia. Él dice que era autoexigente, solitario y depresivo, y quienes lo conocieron en esos años concuerdan. El profesor de historia Hugo Aravena fue su compañero en la carrera y realizaron la tesis en conjunto. “Él era un muy buen estudiante. Nunca tuvimos un atisbo de que podría hacer algo así”, afirma. En la misma universidad, Núñez hizo su magíster y tuvo como guía a Eduardo Cavieres (Premio Nacional de Historia 2008) quien ya había sido su profesor. “Me duele mucho fallarle a él”, dice llorando. “Me aconsejó que fuera al psiquiatra y que pidiera disculpas”. Su entorno en Chile recalca que el historial de plagios de Núñez comienza en México a donde llegó a hacer un doctorado. Partió sin apoyo, pero estando allá consiguió becas del prestigioso Colegio de México, la institución en que estudiaba, que como es habitual en estos casos, estaban condicionadas a que se graduara en los plazos correspondientes. Y él cumplió. Lo que nadie notó en ese momento era que la tesis que presentó era una copia casi íntegra del libro de la académica Cecilia Montero, La revolución empresarial chilena, de 1997, a la que él le cambió el título y le puso Las transformaciones del empresariado chileno: empresarios y desarrollo. “Asumo la responsabilidad, hay un plagio”, dice ahora. —¿Por qué lo hizo? —Había situaciones que no había podido resolver, desde un punto de vista académico, y frente a las presiones del medio y personales, cometí un gran error. Necesitaba más tiempo y no podía, dado que tenía que cumplir algunos parámetros que uno imaginariamente se va colocando. —¿No le dio miedo que su profesora guía lo detectara? —Obviamente. Pero yo también hice investigación. Venía trabajando el tema y lo que plagié estaba dentro de la bibliografía que estaba ocupando. Lo que pasa es que está reflejada en un texto más amplio que la tesis que entregué, y que llegaba más o menos a los mismos resultados que la autora concluye. —Pero aún así usó el libro de Cecilia Montero —En la parte medular, sí. El 21 de julio de 2004 Núñez recibió el grado de doctor y llegó recomendado por un amigo a trabajar a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, una institución estatal ubicada en Morelia, a tres horas de Ciudad de México. Estando ahí, en 2007, postuló al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), un organismo perteneciente a Conacyt que les entrega financiamiento a sus miembros para que hagan estudios, pero el comité evaluador rechazó su solicitud. “Fue por mi falta de publicaciones”, explica Núñez y agrega: “Hice investigación en un principio, pero después la presión fue un poco asfixiante. Tienes que ir cumpliendo en todos los planos para que puedas seguir siendo profesor, incluyendo una cantidad no menor de artículos de calidad, y obviamente una innovación creativa que yo no estaba haciendo”. Ese mismo año Núñez se presentó, en agosto, en el XXVI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, en Guadalajara, con un trabajo sobre etnias. Una presentación idéntica a la que ya había publicado en la revista Proposiciones la académica de la Universidad de Concepción, Andrea Aravena. Tras otro intento fallido, en 2009 fue aceptado en el SNI, y a partir de 2010 empezó a recibir unos 850 dólares del Estado mexicano como apoyo a su investigación. Junto con eso los casos de plagio siguieron creciendo. Según él, la mentira se fue convirtiendo en una mochila insoportable. Dice que pasaba el tiempo entre las clases y encerrado en su oficina. Apenas conversaba con sus colegas. Dormía mal, tenía crisis de angustia. “Yo todo esto lo viví solo. Nunca he estado en pareja, tenía pocos amigos. Empecé a ir al psiquiatra y a tomar medicamentos. Me detectaron depresión crónica. Me dedicaba al trabajo, pero estaba perdiendo el juicio”. Modus operandi Núñez generalmente publicaba en revistas de un país distinto al del autor original, pero dice que no fue calculador. Explica que lo que hacía “era un plagio tonto y burdo”: copiaba íntegramente los textos y sólo realizaba pequeños cambios de palabras, al título o al resumen. A pesar de eso, y de estar en un mundo conectado, pudo plagiar a casi 20 investigadores sin ser descubierto. —¿Cómo pasaron 11 años sin que nadie se diera cuenta? —Yo creo que faltan mecanismos de prevención al plagio académico. Es mucho más común de lo que se cree. —¿Hubo debilidades del sistema que jugaron a su favor? —A pesar de que existe una red tan globalizada, es demasiada la hiper -especialización en las líneas de investigación. Es imposible que los pares investigadores de otros países puedan leer todo lo que se publica y que estén cien por ciento al día de todo lo que se está difundiendo. Osvaldo Silva, académico de la Universidad de Chile y director de la revista Cuadernos de Historia, fue profesor y víctima de Núñez. A fines de 2012 publicó en la revista, sin saberlo, un artículo de Núñez que ahora sabe era un plagio a un documento de Rafael Rojas, investigador del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económica). “Corroboré que era una copia textual de la primera a la última palabra y no lo podía creer”, dice pero, después agrega: “El plagio no puede eliminar el afecto. Al principio me preocupé por las medidas que se tomaron allá y cómo iba a quedar él, porque es muy depresivo”. Silva reconoce que con la gran cantidad de investigaciones que se pública hoy es difícil estar al día. “Sólo en mi área aparecen unos 10 artículos al mes, más los libros. Tendría que dedicarme 20 horas al día para leer todo”. A Núñez eso lo ayudó. “Uno puede encontrar textos que nunca han sido vistos. Además de dar clases y trabajar, nunca perdí el hábito de ser un buen lector”, confiesa. Muchos de los autores plagiados, como la argentina Rosa Belvedresi o la chilena Andrea Aravena, creen que tener publicados sus trabajos sólo en medios impresos y no tenerlos disponibles en internet también le facilitó el camino a Núñez, quien además expuso en al menos 10 seminarios o congresos con trabajos de otros. Entre ellos, uno de la mexicana Eugenia Roldán Vera, del Instituto Politécnico Nacional, sobre el sistema de educación lancasteriano. Para esa ponencia, que dio en 2009, cambió el título, quitó el epígrafe y dos citas. Recuerda que fue uno de los trabajos que más le elogiaron. “Es muy innovador lo que plantea, la gente me preguntó mucho”, dice. Roldán Vera se enteró hace un mes de que había sido plagiada: “Me sentí ultrajada cuando supe. Si lo elogiaron con mi ponencia, me conformo con saber que esos elogios eran para mí”, afirma. José Antonio Aguilar, investigador del CIDE y coeditor de un libro del cual Núñez plagió un capítulo, explica que este tipo de copias también fueron posibles porque hay poco contacto entre los académicos. “Es una academia fragmentada y eso lo aprovechó”, dice el investigador, quien escribió una crónica contando el caso en la revista mexicana Nexos. Por su parte, Núñez dice que saber inglés también lo ayudó. Tradujo y publicó la introducción y varios capítulos del libro Religion and Society in New Spain (2007) afectando a 10 académicos de universidades en Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. Los filtros El sistema académico de publicación descansa en que las revistas revisen acuciosamente las investigaciones que publican para que estas sean originales y reales. Jaime Valenzuela, director de la revista Historia de la Universidad Católica, una de las pocas chilenas del área que no está involucrada en este escándalo, explica el proceso que siguen cuando un autor envía un artículo: “Primero hay una evaluación por parte del equipo editorial y una exploración en internet para buscar plagio. También se busca el autoplagio -bastante común, por lo demás-, el cual en general es más fácil de detectar. Luego de pasar esta fase, las propuestas son enviadas a al menos dos especialistas del área temática, uno nacional y otro internacional, externos a la revista, y con un sistema de doble ciego (el revisor no sabe el nombre del autor y viceversa)”. Estos son los filtros que Núñez sorteó. Sólo acá en Chile logró poner artículos plagiados en al menos cinco revistas académicas: la de la Universidad de Chile, Usach, Católica de Valparaíso, de Tarapacá y Academia de Humanismo Cristiano. En las últimas semanas ellas han tenido que hacer un “retracto”, es decir, retirar los artículos que le habían publicado y explicar las razones. Según Osvaldo Silva, en su caso se cumplieron todos los protocolos. “Era muy difícil detectar que estaba plagiado ese artículo, porque era un documento de trabajo del CIDE y no sé cuándo lo pusieron en la red, y luego se publicó en un libro que ni siquiera está aquí en Chile”. Por su parte, René Salinas, editor de la Revista de Historia Social y de las Mentalidades, de la Usach, argumenta que hicieron una revisión muy detallada en la web pero que, como en su caso era una traducción del inglés al español del artículo de un libro, era muy difícil que pudieran encontrarlo. Sin embargo, Silva admite que en un momento empezó a tener dudas. “Me extrañaba que abarcaba muchos temas distintos. Era alguien que casi conocía toda la historia de América y en todas las épocas, y era muy joven para eso”. Núñez transitaba por temas como el empresariado chileno, la Revolución Mexicana, la enseñanza en Hispanoamérica, la Inquisición y hasta las monjas indígenas. Gabriel Negretto, ex editor de la Revista Política y Gobierno del CIDE de México, y cuyo trabajo también fue plagiado por Núñez quien lo publicó en la revista Historia 396, de la Universidad Católica de Valparaíso, hace una dura crítica a los procesos de revisión. “La seriedad con que se aplica el sistema es muy desigual. Si sumas a eso la presión que se recibe, el que te valoren por el número de publicaciones, más que por la calidad, y además que tienes un sistema de publicaciones especializadas cuya calidad de revisión es deficiente, pues ahí tienes la receta para entender por qué Núñez hizo lo que hizo”. La presión. Esa es una palabra que repiten varios de los académicos entrevistados cuando se les pregunta por el sistema en que se desenvuelven. También usan otra: perverso. Dicen que el medio es exigente y que se privilegia más la cantidad que la calidad de publicaciones. “Los investigadores tenemos un pago, pero hay un complemento importante, casi equivalente al sueldo base, que viene de Conacyt. Estos estímulos están directamente relacionados con el número de investigaciones que uno tiene y dónde las publica. Para entrar al sistema hay que tener artículos o capítulos de libros, y para mantenerse hay que publicar anualmente”, dice la mexicana Eugenia Roldán. En Chile, la situación no es muy diferente. Esa era la presión que asfixiaba a Núñez. “Tenía temor de ser descubierto, pero más miedo tenía de no estar a la altura de lo que se me pedía, de no poder mantenerme profesionalmente. Ese era el miedo que más me pesaba”. La caída “Soy el doctor Rodrigo Núñez, a quien usted denuncia como plagiario, según antecedentes dados completa y contundentemente”. Es la primera frase de un correo que recibió el 2 de septiembre de 2014 Andrea Aravena, días después de escribirle al académico increpándolo por tomar un trabajo que ella había publicado en 2006. Núñez se inquietó. Rápidamente le respondió que debía tratarse de un error y que alguien había puesto su nombre en esa ponencia. Le dijo que él no había participado en ese congreso y que iba a pedir a la revista que sacara el ejemplar. Además, le ofreció medidas compensatorias, como financiar un libro con sus trabajos. “Nunca le creí”, dice Aravena, quien se dio cuenta del plagio cuando sus ayudantes encontraron una tesis donde se citaba el documento de Núñez. “Al googlear el artículo, en vez de encontrar el mío, encontré el de él, pero nunca me reconoció el plagio”. Núñez ahora sí lo reconoce: “Le respondí que estaba hackeado mi mail, lo cual no era verdad. Le ofrecí financiar una publicación, para resarcirla por la culpa que sentía, pero eso quedó en nada”. —¿Por qué le mintió? —Porque me costaba reconocer todo lo que había generado. Mi jefe cuando supo me dijo que había que aclarar la situación. A él también le dije que había sido hackeado el mail, y al principio me creyó. Núñez dice que después de eso no volvió a copiar. Uno de los últimos plagios fue a un artículo de la profesora mexicana Mónica Díaz, de la Universidad de Kentucky, sobre la identidad de las monjas indígenas, que salió publicado el año pasado en la revista Tiempo Histórico, de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Un académico de su universidad dice no saber por qué no se tomaron las medidas cuando Aravena denunció: “Carecemos de un comité de ética que atienda estos asuntos. Yo me pregunto por qué no se actuó con mayor rapidez”. Pero tras el episodiola angustia de Núñez aumentó tanto que se lo contó a su psiquiatra. “Ahí entendió todo el puzle, dijo que necesitaba más ayuda, porque tenía un tema de trastorno de personalidad. Había que ver dónde se me había cambiado la perspectiva, la realidad. Yo creo que fue cuando plagié la tesis”. Pese a que Núñez intentó mantener un bajo perfil, este año el Instituto de Investigaciones Históricas de la universidad donde trabajaba empezó a investigarlo. Descubrieron que un capítulo que había escrito para el libro Revalorar la Revolución, de 2011, era la copia de un texto que la académica española Rosario Sevilla, de la Escuela de Estudios Hispano–Americanos de España, había publicado en la revista de la Usach. A partir de eso, los descubrimientos se fueron sucediendo y a principios de junio comenzaron a advertirles a algunos de los académicos plagiados. En los últimos meses el caso se volvió un escándalo tanto dentro como fuera de la universidad, pero Núñez aún no lo sabía. Hasta que el 9 de junio recibió un correo de la académica argentina Rosa Belvedresi preguntándole acerca del plagio. Nuevamente respondió que su correo había sido hackeado, pero Belvedresi no le creyó. “Después de lo de Rosa ya no pude más. Sabía que había una preocupación, no sólo de la facultad, sino que a nivel de rectoría”, explica. El 16 de junio el rector de la universidad, Medardo Serna, fue informado del caso y dos días después Núñez estaba fuera de la casa de estudios. A las dos semanas el Colegio de México le quitó el grado de doctor. Fue la primera vez en sus 75 años que la institución le revocaba el grado a alguien por plagio. “Cuando me avisaron, me sentí completamente desnudo. Hay una cuestión de arrepentimiento no menor. Perdí toda mi vida, todo lo que había desarrollado. No hay más”, dice Núñez. El miércoles envió una carta a Conacyt, como parte de su derecho a réplica, y en la última semana les ha mandado correos con disculpas a los editores de las revistas. —¿Y a los autores? —Aún no, me falta. Es duro. Pero esta semana lo hago. —¿Cree que merece una segunda oportunidad? —En estos momentos no. Yo sé que no soy sólo el plagiador serial que se dice, hice clases, hice investigación, pero es una vergüenza muy grande. Ahora estoy asumiendo la sanción social de haberle fallado a mucha gente, que es lo que más duele, y las sanciones que vengan. Pero si fallé en algo tan básico, como la responsabilidad moral de ser honesto, algo que aprendemos de niños, primero tengo que volver a eso para reconstruirme. LAS CONSECUENCIAS El 6 de julio apareció en el diario El Universal de México la primera noticia del plagio de Núñez y desde entonces el tema no ha dejado de comentarse en ese país. Pero con la revocación del grado de doctor, y la salida de la Universidad Michoacana, la historia no ha terminado. El Conacyt debe dictar un fallo en su caso, lo que sucedería en los próximos días, determinando las sanciones. La más dura podría ser la expulsión por 20 años del Sistema Nacional de Investigadores. Sobre si debe devolver el dinero entregado, es un tema que Conacyt reconoce que no ha resuelto. La mayoría de los investigadores plagiados reclaman que ni Núñez ni la Universidad Michoacana les han pedido disculpas. La española Rosario Sevilla, por ejemplo, cuenta que se enteró por un periodista de El Universal y que aún nadie se contacta con ella. El 29 de julio pasado, a raíz de este caso y otros más, un grupo de 22 académicos publicó una carta abierta en el diario El País de España, llamada “Por una cultura académica distinta: propuestas contra el plagio”, en la que se solicita, entre otras cosas, “el establecimiento de una política de tolerancia cero frente al plagio académico”. http://www.latercera.com/noticia/tendencias/2015/08/659-641025-9-confesiones-de-un-plagiador.shtml
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