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About ShJorge

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  1. Héctor Noguera se refiere al escenario actual de las teleseries: “Hace falta mayor audacia tanto en la inversión como en la temática”. El actor conversó con el podcast “Impacto en el rostro” en Spotify en donde se refirió a sus principales roles en televisión, recordando a Federico Valdivieso, Mr. Clark y Ángel Mercader, entre otros. Además, evaluó su experiencia con “Mentes salvajes” en Zoom y el escenario actual de las telseries. ¿Cómo has vivido la experiencia de realizar “Mentes salvajes”, una obra por Zoom? A medida que vamos conociendo la plataforma, nos vamos dando cuenta que exige un lenguaje distinto al del teatro, el cine, las teleseries o la radio. Tiene un lenguaje muy específico que estamos conociendo ahora y que estamos investigando. Ahora, no me parece posible tratar de que Zoom o cualquiera de estas plataformas se parezca el teatro ya que este requiere de una cohabitación con el espectador. Entonces, yo creo que estamos aprendiendo de a poquito qué es lo que sirve y lo qué no. Por ejemplo, cómo se puede ir complejizando la puesta en escena, que de momento es muy básica y simple. Pero es cosa de que se comience de a poquito a desarrollar. El cine, por ejemplo, cuando empezó era muy simple. Solo había una cámara fija y los actores entraban y salían del cuadro, e incluso así se hicieron películas geniales como las de Charles Chaplin. Pero poco a poco las cosas se van complejizando y lo que se hace en estas plataformas también. ¿Lo ves como un paréntesis mientras dura la pandemia? No. Más bien lo veo como algo que va a quedar. Me parece que es algo nuevo, que de ninguna manera va a echar abajo el teatro, pero que es algo que sí va a quedar como fruto de esta pandemia y que se va a usar. Se va a usar en el espectáculo teatral, en vivo y también por sí misma. A propósito de nuevos formatos, ¿tuviste algún prejuicio con la televisión cuando te invitaron la primera vez a ser parte de su ficción? Sí. Teníamos muchos prejuicios en esa época. Al igual que lo que pasa ahora con respecto a Zoom, muchos actores tienen prejuicios con respecto a esto. No los tuve con respecto a Zoom de viejo, pero sí los tuve con la televisión cuando era joven. También me parecía que la televisión no era teatro y, evidentemente, no lo es ni lo va a ser. Pero al mismo tiempo es también una plataforma interesante donde se pueden hacer cosas muy importantes. Desde luego que las teleseries son un producto muy típicamente latinoamericano, muy nuestro y de nuestro continente, que se crea acá y prolifera y que muestra una realidad latinoamericana. Entonces, es muy propio de nosotros, pero en un comienzo todos teníamos varias dudas. Pero después de varias teleseries ya fui perdiendo los prejuicios y me di cuenta de la importancia que en su momento yo no veía. ¿Qué recuerdos tienes de ese periodo en la televisión? Bueno, ese fue un periodo largo de la dictadura en el que no se me permitió entrar en las teleseries. Yo traté de averiguar cuál era el pecado tan grande que había cometido, pero nunca lo descubrí y las respuestas que se me dieron fueron muy vagas. Pero el hecho es que, por un periodo largo, nunca me llamaron para hacer teleseries. Fue un momento duro, en el que yo no podía estar, pero finalmente se dio. Antes de tu papel protagónico en “Sucupira” tuviste papeles pequeños en “Ámame” y “Rompecorazón” en tiempos donde tenías tu energía puesta en el Teatro Camino… Claro que sí. Recuerdo que la condición que puse en ese momento fue de hacer roles pequeños para que no me saquen del proyecto en el que estaba. Eso se cumplió por un tiempo, hasta que un buen día Vicente Sabatini me llama y me dice: “yo se que no tienes mucho interés en hacer teleseries, pero, antes que me digas que no de nuevo, te voy a mandar un guion que puede que te haga cambiar de opinión”. Entonces me envió el primer capítulo de “Sucupira”, yo quedé absolutamente encantado y fascinado. En ese momento no me imaginé que la televisión podía hacer algo así, y le contesté inmediatamente que sí, que lo haría encantado. Ahí sí que se rompieron mis reticencias para siempre. ¿Y qué elementos tenía este guion que finalmente te hicieron aceptar la propuesta de Sabatini? Uno de los elementos que tenía era que una cierta magia en el texto. Salía de la cotidianeidad. Entraba en el terreno de una comedia que se escapan del realismo en momentos y eso me pareció muy interesante. Había una poesía en todo eso que a mí me parecía muy atractivo. Era una poesía festiva que tenia zonas mas misteriosas y menos realistas, estaba presente el cuento o narrativa latinoamericana y eso me interesó mucho. Han pasado más de 20 años y esta teleserie ha envejecido bien ya que muchos de sus personajes son iconos de la cultura popular. Además de tu personaje, el alcalde Federico Valdivieso, ¿a que otro recuerdas con especial cariño? El personaje Juan Burro interpretado por Pablo Schwartz quedó realmente metido en la gente. También la Olguita Marina de Carmen Disa, las hermanitas Lineros, en fin. Muchos personajes que quedaron en la jerga popular y en la vida de la personas. Eso te cuenta el margen de importancia que tienen las teleseries en la gente. Han quedado personajes para siempre. Eso es algo muy lindo e importante. La teleserie tuvo un spin-off llamado “Sucupira, la comedia”. ¿Qué significó para ti alargar la vida de Federico Valdivieso? Uno siempre tiene reticencia con las segundas partes. Sin embargo, el primer capítulo del alargue ya presentaba un hecho extraordinario que a mí me pareció muy atractivo, que era la resurrección del alcalde. Yo me preguntaba de qué forma lo iban a resucitar si se había muerto inaugurando su propio cementerio, y cuando vi cómo era la resolución de esto, que estaba hecho con simplicidad, desparpajo y simpatía. Imagínate que el alcalde salía de su tumba con un hoyo en la espalda, partía a su oficina en la alcaldía, todos lo miraban impresionados y él les decía “resucité” (ríe). Eso me pareció una salida muy creativa e interesante. En el año ‘97 interpretaste a Ignacio Meyer en “Oro Verde” En esta producción tuviste una historia de amor con Helga, interpretada por Delfina Guzmán ¿Te gusta interpretar papeles románticos? Por supuesto que sí. Me gusta y creo que es algo muy propio del género. Una teleserie debe tener una parte romántica. Además, yo feliz de hacer esto con Delfina Guzmán, porque siempre la he admirado como actriz y la conozco hace muchos años, entonces ya había una empatía muy grande. Este era un romance bien interesante y peculiar pero romance al fin. Era una pareja de dos personas mayores, cosa que no se ve mucho en la televisión porque generalmente son parejas jóvenes, entonces ahí hay algo importante. En el año 2000 en “Romané” interpretaste al rey de los gitanos. Tu historia estaba inspirada en el clásico Otelo de Shakespeare. ¿Deben ser los clásicos de teatro una fuente de inspiración para las teleseries? Yo creo que sí. Yo creo que la inspiración de los clásicos siempre es muy buena, por algo son clásicos y perduraron en el tiempo. En los clásicos siempre hay una cantidad de peripecias de los personajes que son interesantes. Hay vuelcos, cambios, personajes que tienen diferentes facetas y no tienen un solo plano. Todo esto hace que los personajes sean muy ricos, tanto en su acontecer anecdótico, así como en su conformación interna. Yo creo que, por ejemplo, se puede utilizar Hamlet, en donde hay un conflicto de poder entre el príncipe y el rey. En realidad, cualquiera de las obras de Shakespeare se puede usar como fuente de inspiración para una teleserie, así como de Calderón de la Barca, de Lópe de Vega. Creo que ahí hay muchas fuentes de inspiración para hacer teleseries. En el año 2001 fuiste Mr. Clark en “Pampa Ilusión”. Inés, interpretada por Claudia Di Girólamo, era tu hija que se vestía de hombre para acercarse a tu personaje. A pesar de todos sus esfuerzos, Clark no la reconoce nunca. ¿Fue esta consecuencia de tu personaje uno de los rasgos más atractivos que tuvo tu personaje? Si. Indudablemente. Siempre queda la duda si se arrepintió o no, pero no quiso manifestarlo. Ahí también hay un punto interesante. Eso que la mujer se vista de hombre para entrar al mundo de los hombres un recurso muy Shakespeariano. El tiene obras en donde sus personajes femeninos se disfrazan de hombres para poder entrar en el mundo masculino y los hombres no se dan cuenta que es mujer. Es un recurso escénico para poder armar intrigas y acciones. Es interesante que una mujer tenga que hacer eso porque al mismo tiempo es una manera de reflejar tanto lo femenino como lo masculino. En el último capítulo de esta teleserie, tu personaje es sacado desde su cama en medio de la salitrera. Algunos personajes te miraban con respeto sacándose el sombrero y otros con un profundo desprecio. ¿Recuerdas con especial cariño esa escena y crees que fue un castigo justo para ese personaje? Yo la recuerdo muy especialmente. Siempre me sorprendió. Me alegré mucho que los guionistas resistieran a la tentación de sacarlo de la cama y dejarlo hasta el final acostado. Creo que el personaje hubiera perdido mucha fuerza si se hubiese salido de la cama y hubiera tenido una vida normal. Creo que gran parte de la atracción estaba precisamente en su encierro. Él pretendía, desde su cama, dirigir a todo el mundo, por lo menos su mundo; la familia, la empresa, las personas, el pueblo. Ahí hay un tema muy interesante en eso. Me llamó la atención de que se llegara hasta el final con eso y que saliera a la calle, pero en su cama. La reacción de pueblo fue tan ambivalente y polémica, lo que era realmente muy fuerte. No me voy a olvidar nunca de esa filmación porque es muy impactante estar en una cama vestido con corbata, chaqueta antigua, sombrero y su bastón, recorriendo el pueblo, su pueblo y recibiendo tanto odio y formas de respeto. Porque no creo que se haya merecido el amor de nadie. Él se merecía el castigo porque era un tirano de un pequeño imperio del cual el era dueño. Solo fuiste dos veces a Humberstone, en el primer y último capítulo… Me habría gustado ir más pero, por otro lado, me gustaba que no saliera de la cama. Igual fue muy interesante conocer Humberstone y también la remodelación del pueblo que hizo el canal para hacer la teleserie. Eso era muy interesante. Me habría gustado estar más tiempo ahí, pero tenía que ser así y era bueno de esa forma. El año 2003 te cambias de área dramática para protagonizar “Machos” la teleserie que devuelve el éxito a Canal 13, luego de años de derrota frente a TVN… En esa teleserie también se corrió un gran riesgo. Piensa tú que estaba protagonizada por ocho hombres, lo que ya es un desafío realmente importante, así como también el hecho de presentar a uno de los personajes como gay. Eso era algo nuevo en la televisión de esa época. Sin embargo, todos esos riesgos fueron premiados porque se constituyó en algo realmente importante e interesante. Además, los actores de esa teleserie nos seguimos juntando y siendo amigos. Se creó un nexo de amistad muy grande que todavía perdura, eso es muy lindo. En el año 2004 eres protagonista en “Tentación”, junto a Sigrid Alegría. ¿Qué recuerdos tienes de esta historia? A mí me gustó mucho trabajar con Sigrid. Para mí, ella es una excelente actriz y es muy motivante trabajar con ella. A pesar de no haber tenido la misma suerte que otras producciones, fue también importante. Lo que más recuerdo es que en el rodaje de esa producción conocí a muchos nuevos compañeros y compañeras. Eso significa que uno adquiere nuevas amistades también. En el año 2006 estuviste en “Descarado”. ¿Te gustan los temas fantásticos en televisión? Creo que son temas muy difíciles de tratar en televisión. Creo que se han atrevido poco a hacerlo. Es muy difícil estar a la altura de lo que la gente ha visto en otros formatos, porque existen muchas referencias en el cine y en la novela que han sido súper fuertes e importantes. Yo creo que es un género muy lindo que se debiera explorar un poco más y debiera impulsarse como género porque siempre es muy interesante. En el caso de esa teleserie, me gustó mucho hacer la historia. También ahí había un desafío muy interesante, que es el hecho de estar en un género poco común. Me gusta meterme en esos desafíos. Encuentro que le dan variedad y fuerza a lo que se hace. Era un muy lindo proyecto con una linda idea, pero cuesta que entre en el público a través de la televisión. No pasa lo mismo a través del cine o la novela. ¿Crees que el escenario de las teleseries hoy en día es complejo? Yo creo que sí. Sobre todo, cuando se hace tanta repetición de teleseries antiguas. Eso es un signo de que la cosa no está bien y que hay que recurrir ya a éxitos probados. Yo creo que sobre todo se ha perdido audacia en la televisión. Como la audacia que se tuvo en el caso de “Machos”, también en la ciencia ficción en “Descarado” o la audacia de adaptar un clásico como en “Romané”. Yo creo que hace falta jugársela más. Además, las teleseries necesitan una fuerte inversión económica, es un género caro y, por ende, se necesita invertir bastante. En el caso del cine, se pueden hacer películas con presupuestos bajos, pero en el caso de una teleserie, no. Se necesitan presupuestos más altos y cada día se exige más, ya que existen las series norteamericanas o europeas en las que se invierte una cantidad de dinero impresionante. Creo que hace falta mayor audacia tanto en la inversión como en la temática. Si no, nos vamos a quedar atrás y a debilitar. Ahora se compite con el mundo, no como antes, en donde solo era con las teleseries de televisión abierta.
  2. Entrevista completa Ricardo Fernández recordó el fracaso de “Los Capo”: “Perdimos y fue bien trágico” El actor realizó un recorrido junto al podcast “Impacto en el Rostro” en Spotify por sus principales roles en televisión. Hiciste tu debut en teleseries con “Romané”, donde interpretaste a Sebastián Domínguez… Era un personaje tan bueno, como de alma pura. Era provinciano con su alma muy poco contaminada, entonces eso a él le permitía empatizar de la manera que lo hacía y no tenía prejuicios de acercarse a los gitanos, de enamorarse de una de ellas y de compartir con los trabajadores de su papá. Incluso, hacer estos viajes de altamar en esta pesca de arrastre, que no le habría ido muy bien hoy en día. Ese era el famoso Sebastián, que hasta el día de hoy me llaman así. Trabajaste muy cerca de Marés González, tu abuela en la historia. ¿Qué recuerdos tienes de haber trabajado con ella? Entre noviembre y diciembre del ‘99 yo estaba egresando de la escuela y con funciones de egreso y además estaba haciendo mi primera obra profesional en la que actuaba con la Marés González. También estaba la Claudia Di Girolamo, Sergio Hernández, Roxana Campos y la Claudia Cabezas. Todos los que estábamos en ese elenco también estábamos grabando “Romané”. De hecho, los fines de semana nos mandaban en avión a hacer las funciones, estábamos hasta el domingo en la noche y de ahí nos íbamos a Mejillones a seguir grabando la teleserie. Ahí conocí a la Marés, con la que sostuve una gran relación a lo largo de los años mientras siguió trabajando en el área dramática de TVN. Nos seguimos viendo en ese tiempo. Además, después de las grabaciones de mi obra de egreso nos íbamos a su casa a comer. A ella le gustaba tomar vodka solo y comer lentejas (ríe). Nada, toda esa época fue una suerte. Haber compartido con ella fue un gran privilegio, sobre todo haberla conocido en el teatro. Después seguíamos grabando mucho, porque era mi abuela en la teleserie. La gente se sentía orgullosa que grabaran en sus pueblos… Las teleseries de Sabatini lograban visibilizar, no solo las ciudades o los pueblos más chicos, sino que los ponían en el mapa y lograban descentralizar, eso era notable. Las teleseries, en el fondo, eran también una invitación para viajar con nosotros. Era otra forma de hacer televisión y los actores ocupábamos otro lugar en la sociedad. Las teleseries eran tremendamente importantes para la vida cotidiana de las personas a una hora determinada, cuando el cable era incipiente y no existía Netflix. Entonces eran historias que acompañaban a la gente durante meses. Cuando grabábamos allá (Mejillones) era super complejo, porque la gente se volvía loca durante las grabaciones, además la gente estaba muy orgullosa de que se grabara esa teleserie tan exitosa en su casa, en su pueblo. La relación era muy rica con la gente. Ahora ni te inflan (ríe). Si bien se sigue vendo teleseries, no es de la misma forma que se hacía antes, la gente se reunía… Se grababa distinto, había que usar vallas papales, llegábamos en buses… éramos como los Beatles del área dramática (ríe). En fin, esa fue mi primera teleserie y yo la recuerdo con mucho cariño. En “Pampa Ilusión”, Maximiliano Fuenzalida fue un joven químico que llegaba a la salitrera a trabajar en un laboratorio. Ahí conocía a Carmencita, con quien tuvo una historia de amor a lo Romeo y Julieta. Yo llegué como ayudante del químico jefe, que era Eduardo Barril y, con los análisis, descubría que el mineral era de baja ley. El jefe me decía que no dijera nada y que no se me ocurriera ponerme creativo (Ríe). Tenía una historia súper conflictiva con él. Encima de eso, me enamoró de su hija. También recuerdo a “Pampa Ilusión” como una mega producción. Eran desafíos muy interesantes, se trabajaba como perro, era muy exigente, pero muy satisfactorio de grabar en esas locaciones. En esos momentos los canales concentraban todos sus recursos en las teleseries. Entonces era muy emocionante grabar eso con muchísimos extras, había entre 50 y 80 extras. No como ahora que hay como 4 y les cambian de ropa para turnarlos (ríe). ¿Te hubiese gustado tener un personaje más revolucionario? A esa edad como que uno le hace el quite o tiene resistencia de caer en el personaje romántico. No solo pasaba conmigo, sino que en general pasa con los actores jóvenes. Uno no quiere ser el jovencito y el galán de la teleserie. Después con el tiempo uno se da cuenta que son tonteras. Probablemente no sea lo más interesante en términos dramatúrgicos, pero sí era un gran desafío hacerlo. Me habría gustado, pero afortunadamente me empezó a pasar después. Los primeros años siempre estaba detrás de una niña enamorado. Lo fome que tienen los galanes es que son difíciles de sacarles trote. Es poco probable caracterizar, que es lo que a uno le gusta cuando es más joven. Pero tienen la profundidad y la humanidad que uno no logra darse cuenta en esos momentos. Amar como si fuera de verdad y decirlo con profundidad no es llegar y hacerlo. Son desafíos que uno no ve en ese momento. Uno siempre quiere hacer al revolucionario, al político, algún rol apasionado. Pero después tuve la suerte de hacer otras cosas. En “Puertas Adentro”, yo hice al Jonathan, que también estaba enamorado de una niña, que era la Paz Bascuñán. Pero era un personaje muy particular. No era el clásico enamorado, era un tipo con mucho carácter, era medio pesado. Entonces ese tipo de cosas rompían con este molde del galán que abre la puerta del auto a la niña. En el 2002 interpretaste a Matías en el “Circo de las Montini”… ¡Lo pasé pésimo! (ríe) ¿Por el entrenamiento físico? No, eso fue entretenido. Todos los entrenamientos que tuvimos fueron muy intensos. Yo tuve un accidente en donde me corté usando el trapecio. Bueno, lo pasé mal por las trenzas. Tenía que ponérmelas todos los días y siempre me las estaba retocando. Era un lío dormir con ella o lavarse el pelo, era terrible. Eran ocho meses así y fue tremendo, lo pase muy mal. Pero lo demás, fue muy entretenido. Era muy entretenido porque viajábamos una semana al mes a San Antonio donde estaba el circo. ¿Habían buenos carretes en San Antonio? Todos estos carretes venían en baja, pero se armaban juntas muy entretenidas. Ahí no tuvimos la oportunidad de vivir el carrete de puerto porque estábamos en un condominio un poco alejados del centro de San Antonio. Además, se hacía poco porque las citaciones eran muy temprano, así que si se te ocurría carretear la pagabas muy caro. Más de alguna vez la hice, pero aún lo estoy resintiendo (ríe). Había compañeros más pasteles, pero yo siempre llegué al otro día. También Vicente era muy riguroso. Si alguien se atrasaba un minuto él te lo hacía saber y si te atrasabas 5 minutos, el bus ya partía hacia la locación y el actor se las tenía que arreglar solo para llegar. Ahí él marcaba la pauta. Había que llegar a la hora y con el texto aprendido. Era muy riguroso, pero era necesario tener esa disciplina porque eran grupos muy grandes y era fácil descarriarse. Jonathan en “Puertas Adentro” era muy duro con Javiera (Paz Bascuñán). ¿Crees que el personaje sería cuestionado en la actualidad? Totalmente. Bueno, nunca fue violento, pero era grosero a ratos. Con toda esta terminología y esta jerga media coa que yo tenía y otras que yo inventaba también. Un poco como para dar con esta cosa desenfadada y furiosa de los que viven desplazados y en la injusticia. Aparte del rollo de este personaje, en donde su papá era totalmente involucrado en el sindicato de la toma y era férreo opositor a mi jefe, el que reclamaba los terrenos. En el fondo era para dar cuenta de eso también: la rabia de estos personajes que han sido marginados. Por eso definí la personalidad del Jonathan así. Por eso era grosero y se las comía finalmente porque andaba detrás de ella, pero al mismo tiempo no toleraba esta diferencia que había y que ella fuera tan ignorante de estas pellejerías que se pasaban en esa toma. Entonces tenía esta gran contradicción de amarla, pero al mismo tiempo ella no era consciente de los privilegios que tenía y de las pellejerías que pasábamos todos ahí. Por eso este personaje reaccionaba como lo hacía ante la más mínima provocación. ¿Era verosímil tu historia de amor en esta teleserie? O sea, ciertamente era una teleserie de las 8 y la relación era bastante inverosímil. Hoy en día es bien difícil imaginar que una niña del barrio alto se enamore del tipo del camión de la basura. Hasta decirlo suena inverosímil. Pero las teleseries no necesariamente tienen que ser creíbles. Yo siento que es perfectamente legítimo llevar a los límites el realismo para hablar de otras cosas. Además, las teleseries tienen que ser súper elocuentes, clarísimas, con personajes arquetipos… No nos olvidemos que hay gente que está escuchando la teleserie mientras cocina, por ejemplo. A veces los actores nos quejamos porque repetimos mucho las cosas, pero es porque uno va recordando la información durante la historia porque son 8 meses de duración. Entonces uno va repitiendo la información para que la gente se vaya enterando de lo que ha ido pasando. Lo mismo pasa en los primeros capítulos en donde tienes que contar toda la historia en los diálogos y nadie en verdad habla dando toda la información. ¿Quedaste contento con Jonathan? Esa fue la primera teleserie en la que me sentí como satisfecho con los resultados. Sentí que fue un personaje del cual me logré apropiar. Lo pasaba muy bien, lo manejaba con mucha soltura y me manejaba muy bien. Eso pasa con los personajes que vuelan libremente y uno lo pasa muy bien. En este rol tuve la posibilidad de construir un personaje que se alejaba bastante de la personalidad de uno, a diferencia de los roles que había tenido hasta ese entonces. Además, con la Paz me llevaba muy bien y era muy entretenido trabajar con ella. En “Los Pincheira” fuiste Ignacio Sotomayor, la teleserie que se grabó en Yerbas Buenas… Ahí se usó mucho el caballo, mucha pistola, mucho frio. Y recuerdo que tuve un accidente con la Paz. Su caballo levantó las patas y se enredó con mis riendas, los dos caballos se pararon de patas para zafarse de la rienda hasta que finalmente se corta la rienda y el caballo de la Paz se va para atrás y ella se golpea la cabeza muy fuerte. La ambulancia se la tuvo que llevar a la clínica y se quedó en el hotel descansando como cinco días porque había riesgo de que fuera un TEC cerrado. Yo también me caí varias veces del caballo, pero lo de la Paz fue como lo más severo. Bueno, esa era una teleserie de acción. Tenía muchas cosas que la hacían muy complejas de grabar. Imagínate andar a caballo, pararse en la posición indicada y después decir el texto era tremendo y si no lo hacías te retaban. Estábamos contra el tiempo, hacía mucho frío, todo partía muy temprano y amanecía todo escarchado. Tratar de agarrar una pistola y disparar con los dedos tiesos era tremendo. Uno terminaba realmente agotado. Pero el poco tiempo que nos quedaba, lo aprovechábamos y nos íbamos a unas termas que quedaban cerca. Como el trabajo era tan duro, se justificaba ir a relajarnos allá. En el 2005 fuiste el huaso Diego Quiroga en “Los Capo”, la teleserie que no tuvo éxito en rating. Yo creo que esa teleserie marca un punto de inflexión. Ese fue el primer gran fracaso del área dramática con Sabatini. Perdimos con un promedio de sintonía de 14 puntos, lo que ahora es perder como con un promedio de 4. Lo recuerdo como “el lunes negro”. Los estrenos de las teleseries eran siempre los lunes, por eso el estreno de esta teleserie fue un lunes negro. Para cada estreno se hacia un gran evento con banquetería, se armaban carpas y todo. En el fondo era una fiesta. Una fiesta que estábamos acostumbrados a ganar pero que por primera vez no ganábamos. Nos ganó la teleserie del Canal 13 y recuerdo que se tiñó todo de negro. A todos nos afectó en el ánimo, porque este era un equipo ganador, entonces había como una cierta soberbia en todo el equipo porque “éramos los que hacíamos las mejores teleseries”, “siempre ganábamos” y “nadie podía con nosotros”. Es estúpido esto de perder y ganar, pero evidentemente había una guerra y es súper natural que así haya sido. Uno luchaba para que te vea todo el mundo… Bueno, uno no estaba muy metido en el tema de las lucas o el rating, pero en el fondo, es como hacer una función de teatro y que vayan cinco pelagatos, sería una lata. Pero, volviendo al tema de la teleserie, perdimos y fue bien trágico. Además, mis colegas se tomaron tan en serio esto de aprender italiano que lo aprendieron muy bien. Entonces la teleserie no se entendía, de hecho, se tuvieron que grabar como 100 escenas de nuevo para bajarle el italiano. Se trabajó mucho en esta teleserie y siempre con la sensación de estar perdiendo. Por otro lado, trabajar en esta teleserie fue bastante satisfactorio para mí desde el punto de vista actoral. Interpreté a un huaso que fue inspirado en el capataz del campo en donde grabábamos. De hecho, me gané un APES por ese personaje, que fue mi primer premio en teleseries. Esa vez yo competía con Arnaldo Berríos, que era mi papá en la teleserie, y con Cristián Campos. Yo, de vanidoso y por vergüenza, no fui a la premiación porque pensé que no me lo iba a ganar. Pero me lo gané y lo agradecí mucho. En el año 2006 en “Cómplices”, fuiste Javier, un homosexual que tenía una relación con el personaje de Néstor Cantillana. En el momento de la teleserie, se dijo que se grabó un beso entre ambos personajes, ¿fue así? En esa teleserie yo lo pasé tremendamente bien. Siento que es la primera teleserie en donde se muestra el amor entre dos hombres sin ocultar nada. En “Puertas Adentro” estaba esta preciosa historia de dos hombres mayores que es bastante tierna. En “Cómplices” era más desafiante para la gente porque era más provocador por haber dos hombres jóvenes. En la última escena de ellos se reconciliaban con su mamá, que finalmente aceptaba la relación, y esta historia se cerraba con un gran beso. No era que no nos hayamos dado besos de pareja en la historia, pero era el primer beso que se mostraba. Finalmente se decidió no mostrarlo, probablemente pasó por un panel de expertos y decidieron hacerlo para no herir sensibilidades. Yo creo que fue un error, sin duda, porque era perfectamente posible. Habíamos construido una historia que lo hacía posible, pero bueno, las cosas pasan por algo. Pero fue una muy bonita historia porque fue como súper en serio. Con Néstor nos preocupamos de que se viera lo más real posible, de mostrar a dos personas enamoradas. Me han preguntado si es muy distinto con un hombre y yo respondo que no. Es lo mismo. Si te gusta o le hablas con amor a un hombre o una mujer no hay diferencia. El amor los convoca a todos de la misma manera, y era eso de lo que nosotros estábamos mas preocupados de mostrar. Me atrevería a decir que se transformó en la verdadera historia de amor de la teleserie. Así lo sentí yo por lo menos. Tuvo más importancia que las historias heterosexuales. Eso marcó a mucha gente. De hecho, llegaban muchas cartas al canal agradeciendo y diciendo que gracias a esta historia habían podido “salir del clóset” y hablar con sus padres o pares y liberarse de esta carga. Fue bien emocionante saber que las teleseries podían ser un aporte en esto, que lograban instalar temas de discusión y movilizar cosas importantes en la gente.
  3. ¡Atentos que esa duda puede ser resuelta!
  4. Ojalá tuviera ese poder de influir en las respuestas de algún actor o actriz. De esta entrevista, solo dije que me gustaba Catalina Guerra en comedia. Además, todo esto se da en un contexto de conversación, no es un interrogatorio.
  5. Celine Reymond recuerda su salida anticipada en “Hijos del Monte”: “Fue algo demasiado íntimo y muy difícil de explicar” En la teleserie del 2008, que actualmente TVN sube a su canal de Youtube, la actriz realizó a Guadalupe Mardones, rol que terminó siendo interpretado por Begoña Basauri en su recta final. Con respecto a los verdaderos motivos de su salida, Celine aclaró que fue por un problema de salud. “Le pedí perdón a la Quena Rencoret y me arrepiento de haberlo hecho de esa manera”, declaró la actriz en el podcast “Impacto en el Rostro” en Spotify, en donde también realizó un recorrido de su carrera en televisión. ¿Cómo llegaste a “Descarado”, tu primera teleserie? Me recomendó Héctor Morales, lo conocí cuando hice una película de la escuela de cine, con un papel chiquitito. Fui a una reunión, me encontraron cara de niña y quedé. Lo único que yo quería era entrar a trabajar porque ya tenía una hija, pero fue una manera muy fuerte de entrar a la televisión. Me impactó cómo era ese mundo. No me hallé en mi primera teleserie, por decirlo así. Mis mejores amigos eran Lucho Gnecco, Carmina Riego y la Antonella Ríos, que fue muy amorosa conmigo. Pero en general no fue una buena experiencia. ¿Y pensaste en no seguir con las teleseries debido a esta experiencia, antes de hacer “Alguien te Mira”? ¡No, para nada! Yo quería seguir trabajando. “Alguien te mira” fue lo máximo porque fue lo contrario a “Descarado”. Me llevé bien con mis compañeros, con Luz Valdivieso, que era mi hermana y Pancho Pérez-Bannen, que fue mi amante en la teleserie. Él me hizo sentir muy cómoda en todas las escenas de sexo. Además, conversábamos mucho, tenemos la misma sensibilidad. Todo era como más ameno y más amable. Lo pasé bien haciendo esa teleserie, aunque al principio yo estaba toda “chupada” cuando actuaba y la Quena me echó una retada que me encantó y me hizo encontrar el personaje al tiro. Y eso era muy distinto a lo que había vivido anteriormente en donde, daba lo mismo lo que hiciera, porque no era tan importante y no había tanta dirección de actores. Esto era más como un thriller con mucho suspenso, lo pasé infinitamente mejor en esta teleserie. Mas allá de pasarlo bien, ¿encontraste que la teleserie quedó bien hecha? Es que yo soy fanática de las series de detectives inglesas, entonces no sé que decirte. A veces se nota mucho que las escenas están grabadas en estudios y faltan lugares verdaderos. En esta teleserie se notaba un poco que eran estudios. Probablemente las series inglesas como “Prime Suspect”, “Inspector George Gently” y “Vera” también están grabadas en estudios, pero no se nota por la iluminación y dan esa sensación de realidad. Al año siguiente interpretaste a Teresita en “El Señor de la Querencia”, la caprichosa hija de José Luis Echeñique, que finalmente era “la morena”… Esa teleserie era como un gran culebrón que tenía como todos los ingredientes, como la violencia sexual que, lamentablemente, siempre vende, y en ese tiempo no se tenía la misma conciencia que hoy. También, tenía un montón de ingredientes del melodrama clásico y lleno de reveses que hacen que la gente vibre. Primero me violaba mi abuelo, el tipo que me gustaba estaba enamorado de mi mamá y en el último capítulo me mataba mi papá. Lo pasaba pésimo la Teresita y tenía esa manera como hipersexualizada de enfrentar algunas cosas que venía de la violación por su abuelo. ¿Como recuerdas haber grabado la escena de tu muerte? Fue heavy porque en ese tiempo yo era mucho más flaquita y me pusieron como todo ese cargamento sobre el cuerpo que explotaba y que tenía como una especie de motorcito que te llevaba hacia atrás. No sé si el aparato que me pusieron era para mi peso, porque cuando me disparaban, esta cosa explotó y yo volé hacia atrás y caí sentada en el suelo con los ojos abiertos. Después quedé con un dolor horrible. El mismo dolor que me provocó esa caída hizo que me saliera una lágrima en el momento de mi muerte, que se vio en la escena y que sostuve hasta el final… Pero que dolía de una manera… (ríe). ¿Y esa escena la viste después en el monitor? No sé si la vi, porque esta escena la viví mucho. Además, después de mi muerte, llegaba la Sigrid Alegría, que era mi mamá, y ella tiene las emociones muy a flor de piel cuando actúa, entonces yo sentí mucho su pena de perder a su pequeña hija y que el destrozo ya no podía ser más grande. Entonces, eso no quería verlo en el monitor porque vivirlo ya fue algo muy hermoso y que me entretuvo, a pesar de que me hizo sufrir, sentí que fue una buena escena. No se cómo habrá quedado. Yo no veo mucho las teleseries que hago. Las hago y me encanta hacerlas, pero no me entretiene el ejercicio de mirarme después. Es porque hago muchas otras cosas y me gusta aprender, ver mucho cine, entonces no voy a estar mirando una teleserie que ya hice. Pero sí me alegra que les vaya bien a las teleseries porque así voy a tener más pega. El mismo año pasas a la teleserie vespertina “Hijos del Monte”, en donde interpretaste a Guadalupe. En los últimos capítulos, tú sales repentinamente de las grabaciones y te reemplaza Begoña Basauri. ¿Qué fue lo que paso? Sí, eso fue un gran “cagazo”. Bueno, es demasiado íntimo de explicar, por eso me carga un poco hablar de esto. Yo salí de una operación y tenía que pasar por un periodo de rehabilitación, entonces me dio como un “trulululu” y mucho miedo de seguir grabando porque me iba a ver afectada en este proceso. Iba a quedar la cagada en mi vida, según yo. Bueno, dejé la cagada y me arrepiento de haberlo hecho de esa manera. Le pedí perdón a la Quena en su momento. Igual quedé estigmatizada como alguien con problemas psicológicos y psiquiátricos. Sin embargo, con María Eugenia Rencoret seguiste trabajando en “Eres mi tesoro” y “Te doy la vida”, entre otras… ¡Pero obvio! Si yo trabajo bien (ríe). Igual siempre queda como la “leyenda” que yo soy la actriz que se salió de una teleserie, pero ésa es la única cosa poco profesional que he hecho. Yo creo que lo hago bien y, si no fuera así, la Quena no me hubiese vuelto a llamar nunca más. Entonces eso fue lo que pasó, no fue por capricho. Hubo portadas en diarios en donde se decía que yo me fui a poner pechugas o que me fui de la teleserie porque me fui a hacer la película con Marco Zaror y no tenía nada que ver. Fue algo demasiado íntimo y muy difícil de explicar sin que se tome para la chacota. ¿Tienes un bonito recuerdo de Sabina de “Primera Dama”? Absolutamente. Lo pasé demasiado bien. Mal también, porque estuve como nueve meses como viviendo en Canal 13 sin parar y todo caía sobre mis hombros porque la teleserie se llamaba “Primera Dama” y yo era esa persona. Era una carga de trabajo muy grande, pero tenía unos compañeros con que lo pasaba muy bien. Yo siento que ellos me dieron mucho amor en general. ¡También recuerdo que me encantó trabajar con Carolina Arregui, qué buena actriz! Ella vibra. No es sólo lagrima, sino que sentimiento. Siento que ella me quiso más allá del personaje. Es como una compañera en la que uno se puede apoyar. Y después, estuvo toda esta polémica con Herval Abreu, con la que no podría estar más en desacuerdo… ¿En qué estás en desacuerdo? Con que una persona que tenga poder sobre otra haga sentir acorralada a cambio de trabajo. Eso yo lo encuentro terrible. Yo nunca supe nada sobre las prácticas que él supuestamente hacía, porque conmigo nunca fue así. Sin embargo, hubo gente que nunca me creyó. Con Herval hablábamos portuñol, yo no hablo portugués, pero me gustaba toda esta cultura de teleseries brasileñas, entonces ésas eran las conversaciones que teníamos, ésa era la onda. Quizás unas personas se ven más frágiles que otras y él me encontraba como más fuerte, no sé… ¿Fue muy duro ver tu cara en los afiches de esta teleserie? ¡Ay, sí! ¡No me gustó esa foto! Esa foto la miraba y no me gustaba. La sacó uno de los mejores fotógrafos de Chile. Yo creo que yo estaba en un mal día. Iván Petrovic tiene unas fotos estupendas de Rusia, pero me tomó esta foto, que no está mal, pero yo soy la que sale horrible. Parezco como a la Enna Von Baer. Me veo como agresiva, pero pesada, no como “boss bitch” sino como… sólo “bitch” (ríe). Bueno, creo que eso siento porque soy muy insegura. Por ejemplo, a pesar de tener buen “feedback” yo nunca supe si mi personaje me salió creíble o no. También has realizado algunas series como “Bim bam Bum” y “Gen Mishima”… A mí me gustó “Gen Mishima” porque era un formato que nunca había visto y el hecho de que yo fuera protagonista, obvio (ríe). También me encantó que era un elenco súper joven. Había una escena en donde yo enfrentaba como a Dios con una espada china, entonces me puse a hacer clases de espada china como tres meses para hacer una coreografía. Entonces grabamos la escena y todo, conmigo haciendo los movimientos correctos y esa escena se borró (ríe). Entonces tuve que grabarla de nuevo, pero ya se me había olvidado la coreografía. ¡Entonces fue patético! Eso no me gustó. Porque habría sido muy linda con la coreografía original. “Casa de Muñecos” tenía como protagonista a Gaby Hernández. ¿Qué te parece que en las teleseries existan pocos personajes mayores? ¡Eso es lo que yo te digo! Yo soy fanática de las series inglesas y ahí todos los protagonistas son mayores de sesenta años. A mí no me interesa ver una historia de gente joven. Encuentro que las problemáticas de la gente mayor son más interesantes que las de la gente joven. Creo que eso no se ha pensado mucho porque hay como un culto a la juventud y la belleza física. Nunca pondrían a un policía guatón de sesenta y cinco años. Jamás. Porque piensan que tienen que ser buenos para los combos o algo así. Me encantaría que haya una teleserie en un asilo de ancianos y ver el amor en esa edad. Igual me gustan las historias de jóvenes en otros aspectos, pero yo quiero llegar a tener una cara que cuente una historia y que haya vivido, y eso es de una persona que es mayor. No me interesa si es linda o no, no se trata de eso, sino de lo que proyecta. Eso creo que es algo que no se ha entendido muy bien acá. ¿Cómo recuerdas el trabajo con Gaby Hernández? Ella se quebró la cadera justo cuando estábamos grabando la teleserie y finalmente se supo sobreponer. Cuando uno se quiebra la cadera a una edad avanzada es súper difícil sobreponerse y ella lo hizo. Tiene una fuerza como sobrehumana, porque cualquier otra persona se va a la cresta. Cuando a mi abuelita se le quebró la cadera, ella después sólo podía andar con un burrito. Pero ella no. Es súper disciplinada. Debe haber estado con una presión muy grande, entonces este proceso no fue muy gozoso, estaba muy preocupada y la entiendo completamente, porque le pasaron todas las cosas que no le debían pasar. Yo no grabé tanto con ella. Yo grabé con mis hermanas y con Álvaro Morales, entonces lo que yo veía era que ella estaba muy preocupada, pero de todas formas me saco el sombrero por su estoicismo, su fuerza y su garra. La producción de “100 Días Para Enamorarse” se vio afectada por la emergencia sanitaria. Ahí tu interpretas a Mané Valenzuela… Sí, algo inédito, pero estamos viviendo algo inédito en el mundo y por suerte que paramos para no contagiarnos. Pero es heavy lo que pasó. Bueno, con respecto a mi personaje, lo amo mucho. Nunca había hecho comedia. Mi personaje en Argentina, la Inesita, es mítica y para mí era un desafío enorme construir un personaje que fuera igual de hilarante, en otra forma claro. Creo que aún tengo tiempo para lograrlo porque está en la mitad. Llegamos al capítulo 57 y falta mucho por grabar. Pero es un personaje que yo disfruto mucho porque siento que soy chistosa en mi vida. Tenía ganas de hacer algo más parecido a mí. Para ti, ¿quién hace buena comedia? Yo encuentro que Cata Guerra es buenísima… Es que ella es un genio. Es muy buena comediante. Me encanta también la Claudia Pérez, la Carmen Gloria Bresky. Ella es seca, muy buena actriz en todo, pero una de las mejores comediantes de Chile junto con la Cata y también la Gloria Münchmeyer. La Cata sacó esa misma cosa de su mamá para hacer comedia. A mí también me sorprendió mucho la Sigrid cuando nos fuimos de gira por todo Chile con “Casa de Muñecos”. Ahí la Sigrid era seca en este espectáculo. Ella es música, tiene algo de oído que la hace ser muy buena. Creo que a ella también le deberían dar mas roles cómicos porque es buena. Celine, los actores y actrices se han visto afectados por el estallido social y la pandemia. ¿Consideras que la cultura debiese estar protegida? Yo encuentro que la República no tiene valores. Aquí el valor no es la vida, es el producto. Estamos siendo gobernados por ingenieros comerciales, entonces el discurso es muy bajo. Se parte de unas reflexiones básicas, por eso yo no veo matinales ni nada porque encuentro que es mucha la falta de respeto para con la gente. Siento que estamos en un país al que se le fue el espíritu. El espíritu está en el pueblo, pero los gobernantes no lo tienen. La cultura es el único bien que prevalece. Es lo más importante. Obvio que todos los bienes básicos, las industrias y la producción son muy importantes. Pero la cultura es considerada como un bien innecesario y es lo más necesario que hay. La cultura te da libertad, te acompaña. El arte es lo más importante para mí. Entonces, a mi modo de ver, los artistas deberían estar mucho mas protegidos de lo que están. Finalmente, la cultura es lo que prevalece en un pueblo y un pueblo sin cultura es un pueblo sin alma.
  6. Francisco Reyes: “Las teleseries no van a la pelea frontal con los temas” En un extendido repaso que el actor realizó en el podcast “Impacto en el Rostro”, en Spotify, sobre su carrera en televisión, destacando el periodo en donde las producciones dramáticas locales se sumergían en las costumbres de lugares alejados de la capital, modelo que TVN imitó de las teleseries brasileñas. Con respecto a las temáticas, Reyes declaró que muchos de los temas no se profundizan en TV. “Hay tópicos que se tocan, juegan con ellos y los dejan puestos sobre la mesa. Porque, al momento en que te vas a la pelea frontal, va a haber mucha gente que se retire del tema o que no quiera pelea”, concluyó. “El Milagro de Vivir” fue tu primera teleserie, ¿cómo llegaste a la televisión? Mi debut en televisión fue con la miniserie “Santa Teresa de los Andes”, un año antes. Ésa fue la primera cosa que hice, porque yo estaba trabajando en el Teatro Ictus y estábamos preparando “Diálogos de Fin de Siglo”, que era una obra de Isidora Aguirre, y en la productora del Ictus trabajaba Vicente Sabatini. Entonces ahí se generó el primer contacto… Este teatro que no cerró en dictadura… Claro. Fue un teatro de resistencia muy importante en ese momento y yo creo que no le echaron mano finalmente porque era un teatro de mucho prestigio a nivel mundial. ¿Ustedes les tenían que mostrar las obras a alguna persona del gobierno antes de estrenarlas? Cuando hicimos “Diálogos de Fin de Siglo” no fue necesario. Pero sí me tocó vivir eso el año ’78 con la primera obra en que yo trabajé en forma más profesional que fue “Auge y Caída de la Ciudad de Mahagonny”, que dirigió Fernando González. A pesar que fue presentada en el Goethe-Institut, que es como de propiedad alemana, tuvimos que presentarla primero a un personaje de gobierno. La excusa que tenían era que verificaban el tipo de obra que presentábamos para saber si se iban a cobrar impuestos o no. Era disfrazado con esa excusa, pero finalmente era una forma de censurar. Y con el retorno a la democracia, TVN realiza “Volver a Empezar”, una teleserie que insinuaba temas como el exilio. ¿Fue difícil, bajo este contexto, realizar esta historia? Fue impresionante, porque en esa época habíamos salido de la dictadura, pero existía un miedo muy grande. En esa producción la idea era hablar de eso, pero no se habló de forma directa. No se podía pronunciar la palabra “exilio”. Nadie podía decir “mi mamá viene del exilio”, por ejemplo. Ya estábamos en democracia, pero ni nosotros ni el canal se atrevía. Estuviste en el elenco de “Trampas y caretas”, “Jaque Mate”, “Rompecorazón” “Estúpido Cupido”, “Sucupira”, todas estas teleseries eran originales de Brasil, en donde hubo una dictadura muy fuerte, cerraron teatros y obligó a grandes dramaturgos a emigrar a otros formatos, como las teleseries… Las teleseries brasileñas tenían frescura y eran novedosas para nosotros. Las producciones de las teleseries brasileñas eran muy jugadas temáticamente y también con los personajes. Se notaba que había muchísima menos censura comparado con nosotros. Aparte de eso, apareció también la idea de salir a regiones. Esa idea la empezó a explorar Brasil antes que nosotros. A mí me parece que en esa época la industria de ese país era muy potente e interesante. Las historias tenían mucho que ver con la idiosincrasia del país. Hacían muchas teleseries históricas como Pantanal, por ejemplo. También tenían una forma de actuar muy rica, todo era novedoso. Quizás la idea de acá fue aproximarse un poco. Desde el año ’96 TVN comenzó el periodo en donde salieron a regiones… Lo que a mí me alucina de mi trabajo como actor, tanto en teatro como en teleseries, es el “gitaneo”. Creo que la gente y las culturas en las que uno se mete a “intrusear” te aporta mucho, te regalan demasiados elementos para tu forma de contar historias y tus personajes. Para mí, esa época fue alucinante por lo mismo. Era muy rico visitar un lugar una semana por mes durante siete meses. Realmente te empapabas mucho de la cultura y las costumbres. Al tomar elementos de eso para darlos a conocer a los chilenos a través de una ficción, creo que TVN cumplió su cometido de ser televisión pública. Diego Valenzuela de “Oro verde” era un ingeniero forestal con conciencia ecológica. ¿Qué relación tienes tú con la defensa del medio ambiente? Yo personalmente tengo mucho vínculo con la naturaleza. Creo que el modelo de desarrollo chileno es complicado en ese sentido porque es muy depredador. No se fija metas a largo plazo y no entiende que los ciclos de la naturaleza son bastantes más lentos y que hay recursos que se agotan y que es pan para hoy y hambre para mañana. La economía inmediatista en la que vivimos es sumamente negativa, no sólo para la naturaleza, sino que para los que vivimos en ella. Bueno, en esa teleserie me gustaba mucho el personaje que tenía esa defensa al bosque nativo, a pesar de que estaba ligado a esta empresa forestal y quería cortar los robles. Pero también se entregaban ciertos mensajes a partir de una ficción en todo ese periodo de las teleseries. Con “Iorana” en 1998, hiciste tres personajes: Fernando Balbontín, el “taote” Concha, y el capitán Dumond, un hombre francés. ¿Tú viviste en Francia? Sí, viví dos años. El 85 y 86 más o menos… Y cuando te comunican que vas a interpretar a un capitán francés, ¿cómo te lo tomaste? ¡Muy entretenido! (ríe). Ese personaje lo gocé también. Era lúdico, entretenido de hacer, era como un personaje que la pasaba engañando, mintiendo, embaucador, muy entretenido para un personaje. Fue bueno. Irrumpir en Rapanui de esa época no era lo mismo que hacerlo en la Rapanui de hoy. Había menos vuelos, también había como tres mil isleños y mil continentales y ahora hay como 5000 continentales, o sea, hay más continentales que isleños. Todos esos proyectos eran muy bonitos porque eran trabajos muy en serio. Nos preparamos mucho antes de ir a Rapanui. Tuvimos clases del idioma durante dos meses, estudiamos sus bailes, su cultura… En el ‘99 interpretas a Martín Echaurren, un científico que estaba muy preocupado por la contaminación que dejaban los residuos de las salmoneras. ¡Un personaje visionario! ¡Es increíble! (ríe) Evidentemente ya estábamos trabajando en una salmonera que, probablemente, estaba contaminando todo, pero ya estábamos con esa preocupación. Ahora, las teleseries no van a la pelea frontal con los temas. Siempre los tocan, juegan con ellos y los dejan puestos sobre la mesa. Porque, al momento en que te vas a la pelea frontal, va a haber mucha gente que se retire del tema o que no quiera pelea. Pero Martín Echaurren ya estaba preocupado que los salmones no contaminen. Él tenía una visión muy científica, todo para él era científico, hasta el amor era científico… Él le explicaba a Catalina Chamorro cómo era el amor desde el punto de vista de las hormonas… Bueno y la fiera era alguien muy terrenal. No entendía mucho este asunto y lo encontraba bastante tonto. Sin embargo, Martín se enamoró de esta mujer que tenía toda esta fuerza vernácula. Se enamora y pierde la cabeza. Tanto, que es capaz de dejar su auto botado en plena carretera para subirse a un caballo y regresar a la casa de ella… Sí, tengo recuerdos de esa escena. Ahí el auto pasaba a segundo plano y lo más concreto para Martín era ese caballo con esa mujer arriba que le estaba diciendo “¿pa’ onde crei que vai voh?”. Entonces el auto no tenía ninguna trascendencia (ríe). Sin embargo, cuando Catalina le dice que se suba al caballo, él hace un pequeño gesto como de mirada hacia atrás, como de tener que ir a otro lado primero. Pero no. Él se va con ella. Pero, en fin. Eran muy bonitas esas teleseries, con muy bonitos diálogos, además. En el año 2000 interpretaste al cura Juan en “Romané”. Ahí trabajaste con Marés González, que interpretaba a tu mamá. ¿Qué recuerdos tienes del trabajo que hiciste con esta tremenda actriz que falleció en el año 2008? Como tú dices, ella era una tremenda actriz. Pero no solamente eso, sino que una tremenda mujer, una tremenda existencia. Era muy especial porque era acogedora, rebelde, insidiosa, las tenía todas. Era muy entretenido estar con ella por la misma razón. Tenía un recorrido artístico enorme. Ella fue bailarina, siempre quiso ser cantante de ópera, también era muy buena compañera, era muy rico trabajar con ella. Además, era una actriz atenta al trabajo y los compañeros. Si algo no le parecía de tu trabajo, te paraba y te decía “¿Qué es eso que estás haciendo?” y te corregía (ríe). Pero todo dentro del trabajo. No era en tono de descalificación. Fue una excelente compañera, muy adorable y querida. El 2001 con “Pampa Ilusión” interpretas a José Miguel Inostroza, un personaje que cambia su visión de la vida gracias a Inés Clark… Evidentemente nos metimos en la época del salitre, que fue una época súper importante a nivel nacional, donde estaban presentes muchas injusticias. En esta época se inicia la construcción de la izquierda chilena, a partir del salitre. Ahora, en la teleserie no se hablaba de eso particularmente, pero se hablaba de los privilegios, las diferencias de clases, el cómo el capital extranjero dominaba a las culturas locales. Y bueno, interpreté a ese capataz que empezó a mirar las cosas desde otro ángulo gracias al amor. Esto también es un mensaje, que ella tuviera que vestirse de hombre para poder entrar en su familia nuevamente. Eso también te mostraba que había muchas diferencias de género en esa época. También hay una escena en que yo beso a Claudia en estado de hombre, que es una imagen muy potente. También le pasa a ella con el personaje de Amparo Noguera. En un momento determinado ellas se besan cuando Claudia estaba de hombre. Entonces se mostraba una temática también de sexualidad. Así como con Martín Echaurren mostraba la problemática de los salmones sin meterse en el tema, acá también se hablaba de varias cosas. Algunos actores que grabaron en las calicheras han comentado que sólo hacer esta representación en ese lugar era algo muy cansador. Entonces, la vida de las personas que vivieron de esa actividad debe haber sido muy dura… ¡Brutal! El frío ahí en invierno era brutal. Y cuando había viento, el polvo se te metía por todos lados. Cuando tú ves fotos de la época, ves que los trabajadores sólo andaban con una polera trabajando. Además, con la verdadera industria y las máquinas ahí funcionando tuvo que haber sido un verdadero infierno realmente. Igual había una diferencia entre los que iban a trabajar a la calichera y al grupo al que pertenecía yo que eran los patrones (ríe). En esa teleserie también teníamos una diferencia de estatus (ríe). Yo tenía un espacio muy rico, con piscina incluida, y ellos tenían que salir a calichear. Francisco, en el año 2002 no estuviste en “El Circo de las Montini” porque grabaste la película “Subterra”, de Marcelo Ferrari. ¿En algún momento te ofrecieron un papel en esta teleserie? No, siempre lo tuve claro. Ésa fue una conversación que tuve en el norte, cuando aún estaba grabando “Pampa Ilusión”. Recuerdo perfecto que conversamos con Sabatini un día en Iquique después de volver de la pega. Fue una conversación muy ceremoniosa que tuvimos en donde le conté que no podía participar del próximo proyecto porque iba a grabar esta película y conté con toda la comprensión de él. Pero cuando empezó toda la preparación física y circense para la teleserie, ahí me metí. Pedí autorización para hacerlo. Fue todo un trabajo muy rico y alucinante. Ahí hacíamos malabarismo, trapecio, todo. ¿Viste la teleserie? Vi algunos capítulos, pero no la seguí. Ahí yo ya estaba trabajando súper intensamente. Nos fuimos a vivir al sur y estuvimos viviendo ahí como dos meses, en donde hubo mucho trabajo, mucha convivencia con los exmineros de Lota para poder aprender lo que más se pudiera de ellos. En el 2003, vuelves al elenco de Sabatini con José Cárdenas, el dirigente de una toma en “Puertas Adentro”, una teleserie con una fotografía bastante áspera. ¿Estás de acuerdo conmigo? Evidentemente, en una toma, no existe la belleza bucólica como solemos imaginarla. Con paisajes verdes, con naturaleza, mucha agua, el cielo azul o el mar profundo, o los paisajes que nos prestaban Chiloé, los bosques del sur, o incluso la belleza del desierto. En cambio, en la toma tú puedes encontrar belleza en otra forma. Es la belleza de lo precario. De los hombres, mujeres y niños que están viviendo realidades duras. La belleza ahí es que la humanidad existe. Que igual hay amor a pesar de eso, hay bondad, pasiones, pensamientos. Tal vez mucho más que en un lugar ordenado o en un mundo bucólico. Quizás mucho más, porque la bondad es más necesaria y es cien veces más fuerte en este lugar inhóspito, por decirlo de alguna forma. Por ejemplo, estaba la relación de los personajes de Luis Alarcón y José Soza, una pareja homosexual en ese contexto. Ahí no se frivolizaba nada en ese ámbito, no estaba la frivolidad tonta, divertida y fácil, sino que había una gran poesía en ese amor profundo. Entonces yo creo que fue una teleserie áspera, como dices tú, que no contaba con esa belleza fácil o a la que uno está acostumbrado. En el 2004 fuiste el protagonista de “Los Pincheira”, ¿una verdadera aventura grabar una producción de estas características? Fue muy entretenida. Yo creo que ésa fue una de las teleseries que más le ha gustado a la gente, en las que yo he participado por lo menos. Yo creo que a la gente le gusta mucho la aventura, le gustan los conflictos épicos, también el campo y los caballos. Yo creo que el chileno está muy vinculado a ese mundo rural. Bueno, también fue una teleserie de una exigencia brutal. Usábamos unos caballos del ejercito que han sido montados por un montón de gente experta e inexperta y tienen un montón de mañas. Son caballos muy grandes e imponentes, por eso fueron contratados. No es la raza de caballo corralero, sino que es mucho más alta. Entonces era muy difícil trabajar con ellos… nosotros estábamos con los caballos dentro de los estudios de Chilefilms ahí con caballos y vacas (ríe). Por lo tanto, eran espacios bastante estrechos para un animal como ése y era muy incómodo para ellos, aunque lo soportaron. En el primer capítulo había una trilla, en donde raptabas a Matilde del Solar, interpretada por Tamara Acosta… Bueno, yo hice esa escena hasta el momento en que me puse al lado del caballo de ella. Después de eso entraron los dobles a hacer el resto porque esa era una maniobra de alto riesgo y ahí había que tener experiencia para pasar una persona de un caballo a otro porque es súper complicado. Francisco, al año siguiente haces a Giorgio Capo en la teleserie “Los Capo”, la cual tuvo una sintonía promedio de 14 puntos. ¿Qué valor tiene para ti el rating en las teleseries? 14 puntos hoy en día son una gloria (ríe). El rating afecta porque es una forma de medir la audiencia y por lo tanto también que esto podría poner en riesgo las producciones siguientes. Había que mantener viva y en buena forma el área dramática. Por otro lado, tiene también que ver con esa cosa egocéntrica de que uno quiere que le vaya bien y de estar en la primera línea. En el año 2009 pasas a las teleseries nocturnas con “Dónde Está Elisa?”, un horario que tomó más importancia que el de las 20:00 hrs… Había que guardar cierto secretismo para que no se fuera a divulgar toda la intriga. Para mí fue un buen momento, en el sentido que ahí cambio de mano. Salgo de las producciones de Sabatini y entro a las producciones de Rencoret, con la cual ya había trabajado muy al comienzo. Después de “Santa Teresa de los Andes” hicimos un proyecto de Corín Tellado donde hacíamos “unitarios”, que eran historias que se contaban en un solo día, y la Quena dirigió uno de esos unitarios. Bueno, “¿Dónde Está Elisa?” se da en un momento en que las teleseries nocturnas empiezan a tener mucha fuerza temática. Empezaron a ser más abiertas y complejas temáticamente y una audiencia muy potente. Ésta fue mi primera teleserie nocturna, por lo tanto, yo tenía muchos deseos de incursionar en ese horario y en esa temática. Francisco, en el 2010 te sumas al elenco de “Conde Vrolok”, teleserie de vampiros. ¿Te gustan estas temáticas fantásticas en televisión? Bueno, eso fue también un experimento. Tampoco se había hecho nunca y a mí me gusto hacerla. Yo me divertí mucho. Esas temáticas hay que trabajarlas súper bien también. Teníamos presupuesto suficiente, había ambientaciones muy buenas, pero creo que, en ese tipo de fantasías, no es llegar, contar una historia de amor y mezclarla con esa fantasía no más. Hay que ser un poco más rigurosos ahí. Yo creo que en esta teleserie estuvo bien, pero podría haber estado mejor. En el año 2011 eres parte de “El Laberinto de Alicia” en donde eres un policía que andas tras la huella de un pedófilo. ¿Qué te pareció trabajar en una producción en donde se trataba el tema de la pedofilia? Ya se habían destapado varios casos en nuestra sociedad que, de alguna manera, indagar en la mente de esos personajes era necesario hacerlo y darlo a conocer. Yo creo que la gente necesitaba de ciertas pistas de lo que pasa en la cabeza de un pedófilo. Si es enfermo o no y qué es lo que le pasa realmente. Creo que fue bueno meterse ahí, muy necesario además porque ya estábamos nosotros como sociedad al tanto de varios casos que se habían destapado y se siguió viendo harto tiempo después. Yo creo que la gente agradeció que nos metiéramos en esos temas, no sólo por la entretención, la ficción y la intriga. Recordemos que esta teleserie fue escrita por una mujer, por Nona Fernández. Era importante también por eso. La Nona estaba surgiendo como escritora y era un gran valor para nosotros. Francisco, en el 2019 realizas tu ultima teleserie llamada “Amar a Morir” en TVN. ¿Qué significo para ti irte de TVN? Fue bien fuerte la verdad, yo tengo un gran aprecio por el concepto de la televisión pública. TVN hace muchos años ya que no representaba ese concepto, o lo representaba de forma muy deficiente. Yo me fui del canal al final, cuando ya no había nada más que hacer realmente. Siempre tuve la esperanza que en algún momento alguna alma sensata dijera que este canal es importante para los chilenos y que exista un medio de comunicación que no sea privado, que sea del estado, de la sociedad y que le diera una vuelta de tuerca y lo refundemos de alguna forma. Entonces, me resistía a irme a otro lado porque sentía que estaba abandonando un buque que había defendido siempre con mucha fuerza. Ciertamente me duele lo que está pasando con TVN. Yo volvería feliz al canal si volvieran a hacerse buenas producciones, no hablo de las producciones millonarias de esa época, porque esa época ya terminó, ya no existen los recursos para eso. ¿Sigues contratado por Mega? No, estaba por el proyecto nomás, así que mi contrato terminó el 30 de marzo y desde ahí que estoy fuera de la tele. Algo inédito en tu carrera de televisión… Sí, algo inédito después de treinta y dos años trabajando. Pero bueno, son los tiempos. Y ahora estamos trabajando por internet, reinventándonos, porque hay que conseguirse los pesos.
  7. Patricia Rivadeneira recuerda a Rodolfa Patiño de “Aquelarre”: “Esos rulos y los colores de los vestidos le daban un toque de muñeca” La actriz conversó con el podcast “Impacto en el Rostro” en Spotify, donde realizó un recorrido por sus principales personajes en televisión. Además, la creadora de “escenix” tuvo buenas críticas hacia el formato y recordó los guiones de grandes producciones, como “Sucupira” y “Aquelarre”: “Estas producciones son parte de nuestro patrimonio cultural”, concluyó. Entraste a la televisión con “Secretos de Familia”, teleserie de Canal 13 escrita por el dramaturgo Sergio Vodanovic. ¿Crees necesario que un guionista de TV deba tener una estrecha relación con el teatro? No, yo creo que hay distintos caminos. Hay gente que tiene mucho talento para escribir de un modo muy natural. Lo que uno esperaría es que sí hubiese una profundidad, una búsqueda permanente, un ir con los tiempos. Yo creo que se ha ido generando y creando una buena escuela de guionistas ágiles, preparados. Los equipos son liderados por gente muy capaz, como en el caso de Vodanovic. El género de la telenovela es muy particular y especial, también muy distinto y variado entre sí también. El año ‘92 ingresas al área dramática de TVN con “Trampas y Caretas”, donde interpretaste a Roxana, la enamorada de Francisco Reyes… En el año ‘92 la democracia había vuelto recién y, en ese sentido, el canal estaba de la mano con ese cambio político. Entonces, recuerdo ese trabajo maravilloso con mucho ímpetu y creatividad. Tenía un personaje “espumante”, que venía a romper lo establecido en esta familia convencional. El personaje de Francisco Reyes era muy tranquilo, estructurado, tímido y ella era una cabaretera, stripteasera, entonces vino a romper todos los cánones y nos divertimos muchísimo. Fue muy lindo ese trabajo. Había un gran equipo junto con Jael Unger, Claudia Di Girolamo y un gran elenco. En “Estúpido Cupido” interpretaste a Gloria Manterola, una madre de dos adolescentes cuando tenías 31 años. ¿Crees que la industria le otorga roles mayores a las actrices antes que a los hombres? Yo creo que eso depende mucho del director y también de las necesidades de la historia. Ese momento lo viví con un poco de malestar. Después se me pasó porque el papel tenía cosas especiales como, por ejemplo, el personaje de Felipe Braun, que era un chico muy joven, se enamoraba de ella, pero en general a las mujeres se les suele asignar un rol mayor porque se necesitan estas mamás jóvenes, cuando en realidad las mujeres ahora tienen hijos mucho más tarde. La mujer soltera profesional es menos de telenovela que la chica muy jovencita con hijos. Ahora eso ha ido cambiando y ahora, por ejemplo, la Quena me asigna roles de mujer menor, así que me tocó hacer de una mujer mayor y ahora de una mujer menor. Espero que siga cambiando y se dignifique el envejecer y todas las etapas de la vida. Nuestros ancianos son como nuestros árboles y los sabios de la comunidad. Además, la gente vive mucho más, entonces hay un periodo de adulto mayor que es mucho más largo. Eso también se tiene que ir modificando en el género de la telenovela. En el género, las historias siempre eran de dos enamorados. Eso, de alguna forma los brasileños lo rompieron. La historia de amor se transformó en una más de las historias y las historias adyacentes de los personajes secundarios se robaban la película. “Sucupira” es un buen ejemplo de lo que acabas de mencionar, en donde sus personajes secundarios son mucho más recordados que los personajes de Francisco Reyes y Ángela Contreras… Exactamente. Acá son los personajes los que se roban la película y la historia de amor pasó completamente a segundo plano y era bien fome. De hecho, después se hizo la serie “Sucupira, la comedia”. Ahí los protagonistas eran definitivamente los personajes de la comedia, los que hacían reír. Para mí eso era inolvidable, porque esto venía a romper con el género y era una primera experiencia de hacer algo así. Quizás en “Rompecorazón” también pasaba esto, pero en “Sucupira” los personajes fueron entrañables, quizás por el entorno, la belleza de los paisajes. Salimos del estudio, eso también empieza a marcar una época y una forma. Y lo pasábamos chancho. ¿Qué recuerdos tienes de tu relación con tus hermanas en la teleserie? Me refiero a Coca Guazzini y Anita Klesky… Era divertirse y reírse el día entero. La Anita era la más ordenada y nosotras con la Coca éramos bien desordenadas en esa época. A mí se me perdían los libretos y la Anita me decía “yo no te voy a prestar nuevamente el libreto”. Entonces improvisábamos mucho por lo mismo y Anita era muy ágil en eso. Nos volvimos como realmente hermanas. Pasamos mucho tiempo juntas, nos aprendimos a conocer, a querer y respetar. Era una chacota continua. “Sucupira” fue una chacota continua. ¡Para qué decir con Pesutic, que era el primo Renato! Con Tito (Noguera) también lo pasábamos muy bien. Es una persona adorable, especial y además muy jugado. También estaba Pablo Schwartz, que también era otro “azote” en aquellos años. Realmente era un grupo de actores extraordinario. El año ‘98 fuiste la protagonista de “Borrón y Cuenta Nueva”, en la cuarta región. ¿Te acuerdas de Alejandra? Alejandra era un personaje muy lindo porque tenía como una cierta madurez, era una chica con mucha responsabilidad. No era una niña que se enamoraba como una loca. Estaba todo este tema de la herencia con Jaime Vadell que era nuestro padre. El personaje de Alejandra ponía mucho equilibrio. Era bastante inteligente, reflexionaba, se medía. En la cuarta región lo pasamos divino, era hermoso. Todo eso de ir al Valle de Elqui era muy sacrificado, pero realmente lo gozábamos. Y ahí hice amistad con la Katherine Salosny que hacía de mi amiga. Fue un gran gusto y placer trabajar con un grupo así. ¿Sentiste una responsabilidad extra al saltar a los protagónicos? En mi caso, yo nunca he sido de preocuparme mucho del rating. Quizás ahora último un poco más. Por una época larga de mi vida siempre aspiré a tener papeles más bien secundarios, porque es muy sacrificado. Yo creo que para ser protagonista tienes que tener una especie de vocación o don. A mí nunca me interesó desarrollarlo. A estas alturas del partido, ya puedo decir las cosas como son. Es lindo jugar a ser la bonita, al tener el rol principal, pero es muy sacrificado y yo siempre he tenido varias inquietudes, así que prefiero estar en segunda línea siempre. Al año siguiente interpretas a Rodolfa Patiño en “Aquelarre”, una teleserie en donde muchas actrices pudieron realizar importantes propuestas para sus personajes, como Ximena Rivas y sus rimas, Paola Volpato y su defecto al caminar… Es que ésa es una teleserie extraordinaria por la historia en sí. “Aquelarre” era una historia de mucha creatividad con personajes muy bien delineados, con mucha fantasía y con esta historia inspirada en La Casa de Bernarda Alba de García Lorca, era increíble. Ahí recuerdo muy bien como se iban escribiendo los capítulos, estábamos al aire cuando se estaba escribiendo y grabando la teleserie. Entonces eso iba un poquito moldeando ciertas historias, creo yo, y sacándole partido a los personajes que se construyeron en un elenco extraordinario, que fue muy bien dibujado. Desde el vestuario hasta el más mínimo detalle. Yo fui construyendo a Rodolfa Patiño. Por ejemplo, lo que hacía con su pelo cuando se ponía nerviosa lo inventé yo. Esos rulos, que todavía no se usaban en esa época, y los colores de los vestidos, le daban un toque de muñeca. La historia permitía que los actores pudieran aportar porque el pueblo era muy como “Macondo”. Las peleas que tenías con Claudia Burr, Eduarda en la teleserie, eran bastante graciosas… Lo que más hacemos los actores cuando estamos en el set en este tipo de producciones es reírnos. No sé si la gente se lo podrá imaginar, pero nos reímos mucho. Cuando son series muy duras también nos reímos para sobrellevar todo y cuando es comedia ya se desatan las risas. Además, se crean muy bonitas amistades en los meses que se están haciendo esos trabajos. En el año 2014 vuelves a las teleseries con “Vuelve Temprano”, luego de 14 años de haber hecho tu última producción “Santo Ladrón”. ¿Cómo encontraste a la industria en este regreso? Muy cambiado y he visto grandes cambios desde “Vuelve Temprano”, sobre todo en el nivel de producción. Yo llegué a TVN aún en la época de gloria antes del desplome. Fue sorprendente porque era mucho más profesionalizado. Yo llegué a las nocturnas, que nunca antes había hecho, que son historias para adultos. Entonces, es muy distinto el género. Muy diferente. Para mí fue bueno, porque después de tantos años fue como volver a aprender a andar en bicicleta. No es lo mismo estar tantos años estar fuera del oficio. Para mí no fue tan sencillo retomar. Es como un pianista que no practica todos los días, después de diez años, no va a tocar igual de bien. Yo me sentía bastante desafinada en ese sentido, porque en esos años estuve viviendo fuera de Chile haciendo otro trabajo que tenía que ver con la gestión cultural. Entonces “Vuelve Temprano” y “La Poseída” fueron dos lindas oportunidades. Me gustaba mucho que “la Poseída” fuera de época y porque tenía un personaje muy distinto a mí. Entonces eso era desafiante. Era una mujer maltratada, golpeada muy seca, católica y de pocas palabras. En Mega hiciste “Perdona Nuestros Pecados”, una teleserie bastante larga. Estuvieron mas de un año en pantalla… Fue a-go-ta-dor y muy exigente. Son muchas horas de grabación y después hay que llegar a estudiar. Es desgastante. Pero era una historia increíble y maravillosa y yo la gocé muchísimo. Además, a mí me encantan las teleseries de época. Me encanta “disfrazarme”. Cuando haces teleseries contemporáneas es todo muy convencional. En cambio, cuando son de época o de fantasías puedes jugar más y volver todo mas teatral. Eso lo hace mas divertido para nosotros, para mí al menos. Ahora estás en el elenco de la nueva teleserie nocturna de Mega… Habíamos empezado el registro cuando empezó todo esto de la pandemia, así que estamos muy preocupados y atentos. Estamos leyendo capítulos. Habíamos agarrado un ritmo ya, siempre es difícil empezar un personaje. No es fácil. Habíamos empezado con un nuevo elenco con una historia compleja. Pero bueno, aquí estamos esperando que salgamos de esto rápidamente. Luego de 21 años, TVN volvió a emitir “Aquelarre”. ¿Eres de revisar tus trabajos de TV por pantalla o por otras plataformas? A veces me mandan algunas escenas de estas teleseries por las redes sociales y me ha dado mucha alegría. Mi madre, que está con Alzheimer, a veces se sienta a ver “Sucupira” o “Aquelarre” y eso la alegra y la reconecta con muchas cosas, porque yo creo que estas producciones son parte de nuestro patrimonio cultural. Están como enraizadas en nuestros corazones. Años atrás, yo asistí a un seminario en Madrid que se llamaba “Telenovelas: cultura sentimental de América Latina” y me pareció muy acertado ese título para describir a las teleseries. Patricia, hay muchas personas que se están repitiendo por Youtube las teleseries en las que has participado. ¿Qué te parece? Yo soy una agradecida de este fervor y del placer con el que la gente nos sigue, se repiten estas historias tan entrañables, que me da mucho placer ver las escenas cuando me las reenvían. Siento que esto es parte de nuestra cultura, que ya volveremos y que nos sigan viendo. Porque, de alguna forma, la ficción nacional es un reflejo de la comunidad. En ese sentido, siempre hay algo en que la ficción hace de canal para las inquietudes y lo que esta pasando en las calles. Aunque parezca a veces muy ficcionado, pero no es así y la gente lo sabe.
  8. José Antonio Raffo y su participación en “Pobre Gallo” como policía nacional: “Me dio escalofríos cuando supe que la iban a repetir” El actor recordó en el podcast, “Impacto en el Rostro”, en Spotify, cómo llegó a la televisión gracias a “Pobre Gallo”, de Mega. Ahí interpretó al cabo Andrade, quien pertenecía a la “policía nacional”, una institución ficticia que aludía a Carabineros de Chile. Sobre la decisión de repetir la mencionada teleserie, José Antonio Raffo confesó haber sentido nervios debido a las críticas que existen por el actuar de la institución luego del estallido social. “A mí me dio escalofríos en la espalda cuando supe la iban a repetir. Obviamente, desde el 2016 a la fecha, ha cambiado todo. Si bien en la teleserie se llamaba ‘policía nacional’, en vez de ‘Carabineros de Chile’, en el fondo son los mismos colores y representan exactamente lo mismo”, reflexionó. Consultado sobre cómo sería hoy realizar este tipo de personajes en una producción local, Raffo cree que debiese ser de otra forma. “Yo creo que, en la actualidad, cualquier teleserie que quiera tener como sus temas principales a la autoridad policial, abordaría el tema desde otro lugar. Nosotros hicimos una versión embellecida y bondadosa de ellos. Era una comedia que era para todos, incluso para niños, entonces creo que, en estos tiempos, sería súper conflictivo trabajarlo sin abordar la violencia, los abusos a los derechos humanos y todo lo que hemos visto pasar y tenemos registrado en nuestros celulares”, declaró. Sobre la opinión que tiene de dicha institución, Raffo es categórico: “Me parece que no hay muchas formas de defender a la institución. Todo lo contrario. Tenemos mil y una razones para atacarla, criticarla y querer borrarla de la faz de la tierra”.
  9. En "Cómplies", "Corazón de María", "Viuda Alegre" y "Los exitosos Pells", Vicente fue director ejecutivo. Quien estuvo a cargo de las grabaciones fue Patricio González.
  10. Catalina Guerra y su experiencia con Vicente Sabatini en “Amor a la Catalán”: “Estaba aterrada de trabajar con él” La reconocida actriz nacional ha realizado más de veinticinco teleseries desde su debut en televisión, periodo en el que se ha visto enfrentada a grandes sucesos de su vida personal, como la muerte de su pareja, el productor de teleseries, Ricardo Larenas. “Me dieron una semana como para que me repusiera y de ahí tuve que seguir grabando”, recordó la hija de Gloria Münchmeyer y Jorge Guerra en el podcast “Impacto en el Rostro”, en Spotify. También, Catalina Guerra nos comentó sus nervios al momento de trabajar con Vicente Sabatini en “Amor a la Catalán”, a pesar de su experiencia. “Él tenía una rigurosidad que yo no había visto nunca”, manifestó. ¿Qué relación tenías con las teleseries antes de tu debut en “Acércate Más? Desde que tengo uso de razón acompañé a mi mamá a todo lo que pudiera: a sus ensayos, a las obras de teatro, a los estrenos, en fin, siempre ayudándola a pasar los textos, primero en el teatro, luego con “La madrastra”. Me acuerdo que salía del colegio y me iba a ver cómo grababan. Siempre fui súper cercana al medio teatral y televisivo. O sea, prefería estar en los sets de televisión antes que en mis horas de juego o estudios. ¿Y cómo notabas el cambio entre el teatro y la televisión cuando eras niña? ¿Encontrabas que uno era más entretenido que el otro? Lo que pasa es que el teatro tenía toda la mística que era de noche, entonces era un mundo mucho más adulto. Yo siento que me aburría un poco más en el teatro porque había procesos creativos en que yo me quedaba un poco afuera, pero igual era atractivo. La televisión era de día, lo que era súper importante, porque ocupaban mis horas de entretenimiento de una niña normal. En ese proceso descubrí que hay tres cosas que uno debe tener en televisión: llegar a la hora, saberse el texto y tener un buen trato con la gente. No quiere decir que en el teatro no, pero son idiomas muy distintos. En el teatro yo veía a mi mamá transformarse en otra persona realmente y en la televisión siempre había algo de ella. ¿Recuerdas el impacto que tuvo “La Madrastra”? El mismo día que salía el último capítulo al aire, que había como paro nacional, o sea, más cuarentena que ahora, ahí le llegó un sobre a mi mamá que decía “tú eres la asesina” y casi se murió. Entonces nos tuvimos que cambiar de departamento porque realmente lo que ocurría en las calles era un fenómeno. La gente no sabía distinguir entre la realidad y ficción; entonces, decían “si yo me llego a encontrar con esa señora la mato” (ríe). Ante tamaña amenaza, nos fuimos a vivir al departamento de la hermana de mi mamá a estar medios fondeados. Tu debut en teleseries fue en el año ‘90 con “Acércate Mas”. ¿Te acuerdas de cómo fue este proceso de iniciar tu primera producción? Mis papás eran muy famosos en Chile, por lo tanto, yo no tenía la certeza de cómo iba a ser la relación con mis compañeros en cuanto a mi proceso, o la comparación con mi mamá. También pensaba que podían decir que como era hija de la Gloria me “ponían buena nota”. Todo eso me tenía muy complicada y enredada. Entonces, por eso decidí irme a estudiar a Buenos Aires a los diecisiete años. Me vine un fin de año y fui a hacer el casting para “Acércate Más” y quedé. Pasé por el coladero, igual que los demás actores. Ahí me di cuenta que una cosa muy distinta es verlo de afuera que estar dentro, crear un personaje es difícil. En las primeras escenas yo tenía un cuerpo de palo, no sabía qué hacer con mi cuerpo, encontraba que mi voz era horrorosa, me veía en el monitor y la imagen era muy fuerte, fue complejo. Ahí me enamoré del productor de la teleserie, con quien tuve mi primera hija. ¡Entonces también hubo romance! (ríe) En el bloque del ‘90 al ‘94 hiciste cinco teleseries. “Acércate Más”, “Ellas por ellas”, “Fácil de Amar”, “Doble Fuego” y “Top Secret”. ¿Cuál de esas fue para ti más especial? Es difícil acordarse exactamente porque he hecho muchas teleseries, pero en “Fácil de Amar” yo me enteré que estaba embarazada y hacía un personaje que era modelo y llevaba tres o cuatro meses grabando cuando me enteré. Recuerdo que teníamos que hacer una escena con Cristián Campos en donde yo era una niña que lo esperaba por mucho tiempo, entonces cuando él finalmente llega, yo le abro la puerta e… “impacto en el rostro”, fin del capítulo. Y entre medio yo bajo corriendo a llamar por teléfono para saber el resultado del examen de embarazo y me dicen que es positivo. Y ahí me cambió todo. Entonces en la primera escena del capítulo que seguía, yo ya era otra persona. Era un momento en mi vida demasiado importante y yo creo que se notó. Fue muy inmediato. Yo era modelo en esa teleserie y lo pude seguir haciendo ya cada vez me fueron haciendo planos más cerrados. Terminamos casi grabando solamente los ojos. Tuviste que vivir un momento muy duro grabando “Doble Juego”… Ahí se produjo un episodio que marcó mi vida. Cuando Antonia, mi hija, tenía cinco meses, se murió su papá, el productor Ricardo Larenas, entonces yo entré a trabajar con este duelo encima. Entonces creo que durante toda esa teleserie estuve como en modo automático, porque fue una pérdida muy grande y repentina. Yo tenía veintidos años, era viuda y con una guagua de cinco meses. Me dieron una semana como para que me repusiera y de ahí tenía que seguir grabando, porque era lo que había que hacer también. Había que salir adelante, sacar a mi hija de la manera más sana posible. Por supuesto que ahí estuve muy acompañada de mi mamá, con mis amigas que iban haciendo los relevos para cuidarla. En el último capítulo de “Amor a Domicilio” se muere tu marido interpretado por Guido Vecchiola. ¿Fue inevitable vincular esa escena con la muerte de Ricardo? Claro, fue heavy. Esa escena fue bien terrible, fuerte y duraba todo el día. La otra parte de los personajes eran como lo opuesto, porque se casaban, había flores, etc, mientras que yo estaba en la cama con mi marido que agonizaba y agonizaba. Yo recuerdo que al leer esa escena pensé que no la iba a poder hacer, porque al hacerla me iba a ir a la cresta, porque en el fondo era la despedida que yo no había podido tener en mi vida con mi pareja. Entonces ahí se confundía todo. Nosotros como actores estudiamos para recrear y representar situaciones, no vivirlas de verdad ni usarnos a nosotros mismos, porque si no, llegaríamos hechos pebre para la casa y duraríamos muy poco, nos volveríamos un poco locos. Pero yo recuerdo que esa escena estaba muy mezclada con lo que yo estaba sintiendo. Fue una sesión de grabación muy larga y recuerdo que después de eso estaba la fiesta de fin de teleserie porque ya era lo último que se grababa. Y yo no pude ir, me tuve que ir a mi casa porque me quedé seca. En el año ‘96 le hiciste la vida imposible a Catty Winter en “Adrenalina”. ¿Te acuerdas de Francisca Undurraga? Trataba de ser la pareja del personaje de Luciano Cruz Coke y sacar a la Cathy Winter del lado. Yo era más grande que ella, entonces trataba de quitárselo permanentemente. Esa teleserie fue muy entretenida y está dentro de las teleseries icónicas. Si tú vas a una disco y tocan el tema central, todo el mundo lo baila. Yo creo que ahí se hizo un trabajo bonito con los personajes. Recuerdo que siempre me daban personajes que eran fuertes de carácter, entonces generaban situaciones que eran quizás mucho mas entretenidas que en los protagónicos, que a veces eran mucho más víctimas de la situación. Siempre me dieron la mala, la histérica, la loca, la fuerte… entonces eso me parecía bien, me gustaba. Antes que hablemos de tu cambio a TVN, me gustaría que recordáramos a Mónica de “Soltero a la medida” … ¡Ése fue el primer sitcom que hicimos en Chile! Ese personaje yo me lo tuve que ganar, porque el personaje protagónico era esta niña que era fea con plata con un cabro bello y en la ruina “sin apellido”. Era como una cosa de apellidos versus plata. Una familia que tenia que juntarse por una cosa de conveniencia. Mi personaje tenía que ser una cabra muy fea. Yo en esa época era linda linda (ríe), entonces fui donde Ricardo Vicuña, a él le dije que yo podía hacer el personaje, que no me demoraba nada en ponerme fea. Además, pensé… si la fealdad no estaba en la cara, el personaje debe tener una cinética que sea distinta, que se moviera distinto. Que tuviera en la actuación algo indeseable, que terminara siendo chistoso al final. Ahí yo me recorte el pelo, me puse las orejas hacia afuera, me pinte las cejas y le dije: éste es el personaje. Y resultó súper gracioso porque era un personaje como sacado de un cómic. A mí me encantó hacer ese personaje. ¿Te reías mucho durante las jornadas de grabaciones? Sí, porque yo pasaba por arriba de los muebles, me sentaba, me acostaba, me paraba, era como un resorte. Entonces la cinética era muy distinta a la de los otros personajes. En el año ‘99 te cambias de canal y te vas al equipo de María Eugenia Rencoret para trabajar en “Aquelarre”… Lo que pasa es que ahí yo quedé embarazada, entonces tuve que cerrar mi contrato con Canal 13, me quedé en la casa durante ese periodo y descontinué. De ahí paso poquito tiempo y la Quena me llama y me contratan en TVN. Entonces fue maravilloso para mí tener la posibilidad de insertarme de inmediato, porque yo soy bien trabajólica y nunca he estado sin hacer teleseries o teatro. Nuevamente trabajaste muy de cerca con Lucy Salgado… Sí. Yo trataba bien mal a las floristas. Yo tenía además una relación bien especial con la Coca Guazzini. Yo era su capataz y se nos ocurrió tener una relación como rara. Yo le peinaba el pelo y le hacía masajes, por ejemplo. Eran como escenas pseudo lésbicas, entonces nos cagábamos de la risa. Cuando te ofrecen el personaje de Silvana y lo empiezas a leer, ¿te gustó? ¿Era un desafío hacerla? Era un personaje muy entretenido porque era súper ambicioso, era doble, tenía poder y usaba ese poder. Yo he hecho hartos tipos de personajes y he hecho mucho humor. Probablemente la mitad de las veces me llaman porque hay una veta humorística o algo divertido que yo sé que tengo, pero a mí me gusta mucho hacer personajes dramáticos también. Lo que pasa, es que yo me encanto mucho con las fragilidades de los seres humanos, entonces me gusta saber qué hay detrás del personaje que lo llevan a tener esa personalidad. He leído por ahí que no te gustó tu personaje en “Amores de Mercado”. ¿Es verdad? ¡Es el personaje más fome que he hecho en la vida! (ríe). ¡Que le pongo color! Lo que pasa es que partía repartiendo café y estuvo la mitad de la teleserie haciendo eso, entonces recuerdo haberle dicho a la Quena que me habían dicho que el personaje era otra cosa, que no era lo que habíamos hablado. No era que no me gustase, pero que si iba a servir café toda la teleserie, quería saberlo de antemano. Antonia era, finalmente, una secre que le servía café a todos, es algo que lo podía haber hecho cualquier persona. Entonces me aburrí un poco hasta que llegó el romance con Claudio Arredondo. Recuerdo que hubo una escena en que nos quedamos encerrados por días. Eso fue entretenido. Pero bueno, de la teleserie más vista, es el peor personaje que he tenido (ríe). Pero así es la pega. Te tocan buenos y malos papeles, buenos y malos compañeros, actores que son mejores que otros. Es casi como estar en la rueda de la fortuna. Pero al año siguiente tuviste tu revancha con Margot de “Purasangre”… ¡Oh, que me reí con ese personaje! Ahí lo pasamos muy bien. Yo me apropiaba totalmente de la casa de “los reyes del mote con huesillo”, llegaba incluso con mi yegua y la dejaba en el patio. Había un triángulo amoroso muy entretenido entre Edgardo Bruna y Coca Guazzini. Recuerdo también que la Coca tenía un problema para hablar y hablaba como “ashí” porque se le ocurrió que todas las “eses” iban a ser así. Era genial. La Ana Reeves tenía como un problema de apnea, que para sacarla de ese estado había que ponerle la canción de Elton John para Lady Di. Entonces eran ataques de risa porque era muy insólito cómo se resolvían esas escenas. Era un goce. En “Destinos Cruzados” hiciste a Maribel, una bailarina del Passapoga… Claro, era una bailarina que llevaba la plata para la casa, pero no me acostaba con los clientes. Uno de los clientes permanentes era Cruz-Coke. ¡Otra vez con Cruz-Coke! En hartas teleseries trabajaron muy de cerca… Así es. Y nunca tuvimos un romance en la vida real (ríe). ¿Un personaje muy exigente? Yo había estudiado danza, así que no fue tan difícil. Lo difícil era que todos los jueves teníamos que ir al Passapoga, bailábamos todo el día y lo tenía que hacer con un bikini nomás. La cámara tapaba las pechugas, pero yo tenía que quedar en pelota. Y todos los extras que estaban en las grabaciones eran extras de verdad, un montón de caballeros que yo no conocía. Pero era un nivel de exposición que lo hacía muy incómodo, estar tanto rato en eso. Yo recuerdo que le decía a la Quena que cuando me abriera la camisa, tratemos de que el plano quede bien a la primera. Porque era súper intimidante estar a teta pelada. Era súper fuerte. Yo recuerdo que me iba llorando para la casa, como violentada. Pero sumando y restando, el resultado final de Maribel fue muy bonito. Años más tarde tuviste que interpretar a “Perla”, en “Mujeres de Lujo”, la primera nocturna de Chilevisión… ¡Cómo olvidarlo! Bueno, ahí sí que tuvimos que entrenar. Si antes tuve que aprender a bailar, aquí la cosa era más terrible. Teníamos que ser mujeres de lujo. No nos podíamos ver “más o menos”, teníamos que vernos caras y no caer en algo vulgar y eso no era fácil. Entonces ahí tuvimos que tener clases de todo, de cómo andar en taco alto, clases de baile, de caño, había sesiones de como caminar y de tener la actitud perfecta. Conocimos a una mujer que es la que contrata a las escorts de Santiago, que es súper elegante, que nos daba tips de cómo son. Por ejemplo, no usan perfume, no tienen marcas de bikini, ellas eligen a los hombres con que quieren estar, en fin. Ya rodando la teleserie, era todo muy divertido, ya que teníamos extensiones de todo, de uñas, de pestañas, de pelo, etc. Al principio yo tuve una mala experiencia porque fui donde la peluquera que le hacía el look a todos y me quemó el pelo. De ahí me hicieron una cabeza que tenía como dos mil extensiones. Mi pelo costaba dos millones y medio de pesos. Ahí me iluminaban harto el pelo… En el 2008 con la teleserie “El Señor de la Querencia” se mostró por primera vez en el formato una mujer abiertamente lesbiana. En “Mujeres de Lujo”, “Zafiro” se enamora de “Perla”… Fue muy interesante trabajar con la Catalina Olcay, con la que tenía una relación lésbica. Yo recuerdo haber comentado con los guionistas que es mucho mas interesante que ella se enamore de la más vieja y no que ésta lleve “por mal camino” a la más joven, y así finalmente quedó. Las escenas que teníamos eran con besos, con tirarse a la cama, con todo. Y me acuerdo que la Cata tiritaba, era muy extraño. Bueno, ahí lo único que había que cambiar era el objeto de deseo. Pero hay que mirarlo con el mismo amor. Porque en la teleserie nosotras nos amábamos. Yo nunca había besado a una mujer. Ni en teatro ni en la vida. Los labios eran tan suaves. Fue bonito. ¿Algún susto antes de grabar? No, no me dio susto, era como el desafío de poder hacerlo bien. Yo tengo muchas amigas lesbianas y muchos amigos gay, por lo tanto, para mí no era un mundo tan extraño. Fue una provocación muy interesante que tenía que quedar fino, elegante, sensual, que tú vieras a estas dos mujeres y vieras un cuadro lindo. No tenía contemplado preguntarte por Bruna San Juan de “Primera Dama”… ¡Es uno de mis favoritos! ¿Qué era lo más atractivo del personaje? Hacer ese personaje fue uno de los desafíos más grandes que he tenido en teleseries. Yo te contaba que me gustaba trabajar en los personajes más dramáticos y en este caso esta era una mujer que vivió todo lo que una mujer puede vivir para irse a la cresta. Era una mujer absolutamente sometida, que quería desarrollarse como persona y como profesional. Era la mujer del presidente, después es humillada y desplazada por Sabina, que embauca a mi marido en mentiras. Ella queda atrapada en situaciones producidas por esta niña donde todo Chile se le va en contra porque se cree que ella tiene un amante. Además, era alcohólica y sola. Entonces para mí fue precioso hacer ese personaje. Tenía que hacer escenas en donde mi personaje estaba súper ebria, pero eran escenas largas y tenían tanto contenido que a mí se me tenía que entender todo lo que decía. Hacer de curado es lo más difícil que hay. Especialmente hay una escena que tuve que hacer con la Carolina Arregui y salió notable. Ahí me asusté, porque me creí. Yo generalmente soy súper autocrítica y siento que siempre podría hacer una escena mejor de lo que quedó. Así que Bruna San Juan está en mis top ten. Vamos a pasar a “Soltera Otra Vez”. Ahí interpretaste a esta jefa de Paz Bascuñán tan graciosa… ¡Jefa de patio! Sabes que ese personaje me encantaba porque podía hacer cualquier cosa. Yo tenía permiso para subirme arriba del escritorio, para entrar gateando, andar con los zapatos en la mano. Viste que uno generalmente tiene una continuista que te va diciendo como vienes de una escena, desde la ropa y peinado, hasta el estado anímico del personaje. Es una labor súper importante ya que las teleseries se graban “picoteando” de un capítulo a otro, se graban en desorden. Pero en este caso daba lo mismo, porque era tan bipolar, oscilante, que podía reaccionar de cualquier forma. Era sola, absolutamente sola. A ella le llegó esta inmobiliaria y no sabía trabajar, hacía como que trabajaba y tenía como una soledad infinita que la hacía proyectarse absolutamente en la Paz Bascuñán, que la trataba como si fuera su hija, la invitaba a hacer pijama party, la trataba pésimo, le decía que tenía el cerebro chiquitito. Había gente que me escribía para decirme que sus jefas eran iguales y que se metían en todo. ¿Qué fue lo mejor de “Amor a la Catalán, tu última teleserie? Lo más notable fue trabajar con Sabatini. Él tenía una rigurosidad que yo no había visto nunca. En el estudio no vuela una mosca. Te exige que llegues con todas tus líneas aprendidas. Nosotros estamos acostumbrados a ensayar con el texto en la mano, en cambio, Sabatini no te aguanta un sólo texto en el set, entonces tú tienes que aprenderte tus quince escenas en la casa y sabértelo todo de memoria. Y es un tipo que sí tu no haces la pausa, te corta. No pusiste la coma y te dice “Cata… no… corta… vamos de nuevo”, entonces yo estaba aterrada de trabajar con él. Bueno, del respeto uno pasa al susto, pero después le fui encontrando la mano y a coordinarnos. Una lleva treinta años trabajando en esto, pero una se sienta al lado de él como si fuera aún de escuela, entonces había un nivel de tensión en mí que yo me iba como con un ladrillo en los hombros. Bueno, en un momento ya dije que esto no me podía seguir pasando, porque tanto respeto me estaba apretando en vez de irme soltando. Tenía que estar relajada para que se me ocurrieran cosas o de jugar, porque tenía un papel en donde se podía jugar mucho. Yo creo que lo más notable fue eso, trabajar con un tremendo director como es él. Finalmente me tiré a la piscina y todo resultó muy bien. ¿Cuáles serían tus 3 personajes favoritos? Mónica de “Soltero a la medida”, Bruna San Juan de “Primera dama”, Milena de “Soltera otra vez”. Todas ellas salían de lo común. ¿Y el bonus track? ¡Toda mi pasada por “Mediomundo”! ¿Cuál es tu reflexión sobre la realidad de los artistas y de muchas otras personas que no lo están pasando bien en esta emergencia sanitaria? Hay muchos actores que tienen la posibilidad y han tenido súper buenos contactos para hacer teatro online y que tienen la creatividad y cachativa de hacer cosas así. Yo, con respecto a la tecnología, soy súper atrasada. Ellos han hecho grupos de trabajo súper interesantes que han buscado nuevas plataformas como “Zoom” para tratar de hacer algo parecido a una obra de teatro. Y está súper, ya que va a pasar mucho tiempo antes que volvamos a las salas de teatro. La mayoría de los actores estamos como “Impacto en el Rostro” todavía. Porque todas las producciones para las que servíamos son imposibles de hacerlas. Y por un largo tiempo. Entonces hay una pena muy grande, es como estar en tierra de nadie y hay una angustia muy potente. Hay muchos actores que sólo sabemos actuar.
  11. Coca Guazzini sobre la marihuana, presente en la próxima nocturna “La Torre de Mabel”: “¡Debe legalizarse ya!” Desde su parcela ubicada fuera de Santiago, Silvia Guazzini, “Coca”, realiza un recorrido en su carrera de teleseries junto a “Impacto en el Rostro”, podcast en Spotify. La actriz habla también sobre Mercedes Walker, su personaje en la próxima nocturna de AGTV, “La Torre de Mabel”. En la producción que actualmente se encuentra detenida debido a la emergencia sanitaria, su rol tendrá un vínculo muy cercano con la marihuana. Tuviste roles en la teleserie “La Madrastra”, “Alguien por quien vivir” y “Las Herederas”, todas de Canal en los años 80’s. ¿Cómo recuerdas esa televisión? La televisión era absolutamente distinta, incluso en algunas teleseries las escenas se hacían como en secuencia, donde tú pasabas de una escenografía a otra. Las escenas eran muy largas y si alguien se equivocaba, tenías que hacer todo el recorrido de nuevo. Eran escenas muchísimo más largas. Eran teleseries entretenidas donde todo el mundo se juntaba a verlas, en un espacio familiar. A partir de “La Madrastra”, el boom de las teleseries empieza a crecer. En el año ‘93 te cambias a TVN con la teleserie “Ámame”, el primer trabajo de Quena Rencoret como directora… “Ámame” es bien importante para mí porque fue la primera teleserie que yo hice en otro canal. Yo llevaba muchos años en Canal 13, todo el tiempo de dictadura. En ese tiempo en TVN había mucha más censura, en cambio en el 13 nosotros hacíamos programas de humor como “Chincol a Jote” con mayor libertad. Por supuesto que no podíamos hablar de todo, pero era más libre. Cuando me cambio de canal, de vuelta a la democracia, lo primero que hago es trabajar con la Quena Rencoret en “Ámame”. Entonces fue muy especial para mi porque con esta teleserie me dediqué a hacer teleseries. Las anteriores eran mas esporádicas, yo me dedicaba más a los programas de humor, que teníamos con un grupo de amigos como Cristián García-Huidobro, Malucha Pinto, Gonzalo Robles y yo. Entonces, partí conociendo a la Quena. Ella era muy joven y ya estaba empezando a dirigir. Fue una teleserie muy entretenida, que tuvo mucho éxito, en donde lo pasamos muy bien. En el año ‘94 entras al elenco de “Rompecorazón” con Vicente Sabatini, donde interpretas a Elena Montané, una mujer que debe cambiar su vida por problemas económicos… Trabajar con Vicente Sabatini fue fantástico porque es muy riguroso. Y era una teleserie muy entretenida en donde compartía escenas con Consuelo Holzapfel y Shlomit Baytelman. Fue un momento de harto trabajo, yo estaba haciendo muchas cosas en ese tiempo y no paraba, pero a pesar de eso, lo pasábamos muy bien. En general, en las teleseries lo pasábamos muy bien. Eran equipos grandes, de muchos actores, entonces teníamos la posibilidad de encontrarnos entre nosotros, de conversar mucho, de inventar cosas, de conocernos. El año ‘96 realizas “Sucupira” en donde interpretas a una de las hermanas Lineros. La teleserie es muy recordada, no solamente por las hermanas, sino que por varios de sus secundarios… “Sucupira” es una teleserie bien regalona para mí. Luisa era súper tontona. Bueno, en general, a mí me ha tocado muchas veces hacer de tonta o de mala (ríe). Ésos son como mis personajes en las teleseries. Lo pasábamos realmente bien. Estaba basada en una teleserie brasileña con muy buenos personajes que son inolvidables, como dices tú, aún la gente los está recordando. Y Luisa era parte de estas tres hermanas solteronas, que tenían un mismo amor secreto. También eran tan ingenuas, tan distintas en edad, personalidad… muy hermanas, muy aburridas de sí mismas, estaban siempre soñando con el amor. La Paty (Rivadeneira) la Anita (Klesky) y yo éramos muy amigas, así que imagínate. Era como un regalo. Teníamos el privilegio de trabajar jugando y en lo que a uno le encanta. La teleserie tenía mucho humor, pero también amor, que es un rasgo fundamental que tienen las teleseries que con el tiempo han tenido grandes éxitos y es que se combina todo, pero siempre teniendo al amor como historia central. A propósito del humor, en el año ‘97 vuelves al elenco del segundo semestre en “Tic Tac” en donde interpretaste a Ivana Gabor, un personaje bastante excéntrico… Sí, jugábamos mucho, había mucha improvisación. Es que en ese sentido la Quena es muy atrevida y osada, lo que es maravilloso en un director. En realidad, ella fue la que puso esta posibilidad de jugar a concho sin tener miedo. Si había algo que los actores querían proponer, estaba ese espacio para hacerlo. Los personajes, además, eran estilo cómics. Eran muy exagerados, estaban siempre como en el “borde”. Entonces era muy entretenido, porque si te daban ganas de improvisar, improvisábamos, de hecho, ahí fue la primera vez que le hablábamos a la cámara, desahogándonos, jugando con toda la locura en estos personajes desbordados. La Ivana era una loca desatada, niña, rara, entre mala y cómica y totalmente chalada. ¡Jugaba con barbies! Tenía un minigolf en el living en una alfombra como de pasto. Mi hija, la Mónica Godoy, era otra loca igual a su madre, un personaje precioso. Estaba la Leonor Varela que era como una heroína, la niña ingenua y enamorada que no entendía nada de esta madre loca que tenía un auto rosado. Ximena Rivas, Eva Félix en la teleserie, también tenía un gran personaje. La verdad es que ahí hubo un tremendo regalo para los actores de crear, inventar, ir más allá y que todo sea aceptado. En general, la creatividad venía de todos, de los que escribían, de la dirección de la Quena y de nosotros los actores. Lo único que querías era matar a tu tía, interpretada por Peggy Cordero… ¡Sí pues! (ríe) Lo único que quería era matarla. Una vez la llevé a Fantasilandia para que le diera un ataque al corazón… pero no le pasaba nada, pero a mi personaje, sí. El año ‘99 tu realizas “Aquelarre”, donde interpretas a Elena Vergara, la responsable que en el pueblo sólo nacieran mujeres. Ahí tuviste una historia de amor con Edgardo Bruna… “Aquelarre” es como otra de mis favoritas. ¡Es que estaba muy bien escrita! Ahí había personajes entrañables, estaba todo este grupo de mujeres que están basadas en La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. La historia de Elena Vergara es muy linda porque a raíz de su amargura y gran desilusión amorosa con Fernando Guerra, ella no quiere que nadie más sea feliz porque ella no lo logró. Es un personaje como de cuento, pero muy bien escrito. Ahí mi relación con Edgardo fue una de las historias lindas de amor que hicimos. Hicimos tantas parejas, pero ésta era muy linda. Había mucho odio, amor, venganza. Finalmente, es la historia de dos seres humanos que logran encontrarse y entenderse y quizás seguir cada uno el camino en el amor. Edgardo fue un gran compañero y amigo mío. Nos hicimos muy amigos. Tuvimos un recorrido juntos por muchos años. Nos encontrábamos, trabajábamos en teatro y hacíamos muy buena pareja de teleserie. Nos teníamos mucha confianza, nos reíamos mucho. Yo lo conocía muchísimos años atrás, cuando él hacía clases en la escuela de teatro. Era un tipo entrañable, inteligente, culto, entretenido. Sólo puedo tener hermosos recuerdos de Edgardo. En el año 2002 hiciste “Purasangre”, donde interpretaste a Josefina, la reina del mote con huesillos, una historia ambientada en el mundo de la hípica. ¿Te gusta hacer personajes populares? Me gusta, pero te diría que no soy tan buena para hacer estos personajes, me cuesta un poco más, pero cuando tienen humor y son más cercanos a la caricatura, ahí yo lo esbozo, me divierto mucho y tiro toda la carne a la parrilla. De hecho, en esa teleserie nos divertimos muchísimo. Éramos un trío con la Catalina Guerra, Edgardo Bruna y yo. Era un trío amoroso en donde yo era mujer de Edgardo y la Cata era la amante. Recuerdo que todo el día nos reíamos unos de otros, lo pasábamos realmente muy bien. Coca, en el año 2016 te vas de TVN… Claro, partí en “Ámame” y estuve veintitrés años en el canal… ¿Significó algo especial para ti partir de TVN? ¿O sólo fue cambiarte de edificio, ya que la mayoría de tus compañeros de trabajo, que te acompañaron todos estos años, estaban allá? La verdad fue como dices tú. Fue como volver a encontrarse con los afectos antiguos que ya se habían ido casi todos a Mega. Igual no era llegar y partir, porque había que ser leal a un canal donde yo había trabajado tanto tiempo. Pero la verdad, es que cada vez había menos gente a la que uno podía acceder, a las personas que uno conocía… Había personas desconocidas a cargo del área y nosotros no estábamos acostumbrados. Cuando me llamó la Quena, mi contrato ya se estaba terminando con TVN y yo fui encantada. Agradecí mucho que me haya llamado en ese momento porque, como dices tú, era como cambiarse de casa no más. Estabas grabando “La Torre de Mabel” para la productora de AGTV. Nuevamente te alejas de Quena Rencoret… Mira, en el camino uno va recorriendo distintas personas. Por supuesto que para mí trabajar con la Quena fue siempre un placer, nos entendíamos muy bien. Yo siempre me he sentido bien en sus producciones, la quiero mucho, pero también, en la medida que uno va creciendo y se va poniendo mayor, vas entendiendo que la vida también va teniendo cambios y sobre todo los tiempos en que vivimos son de cambios. Ya no se trabaja de la manera que se trabajaba antes. Entonces el separarme es como irme a dar una vuelta y tener la posibilidad de volver a encontrarse en cualquier minuto. No es para mí como si me fuera y no nos fuéramos a encontrar. Yo estoy segura de que más adelante volveremos a trabajar juntas. Hace un tiempo entrevistamos a Malucha Pinto y nos contó que Graciela, su personaje en “La Torre de Mabel” cultiva su propia marihuana con fines terapéuticos. ¿Qué opinas tú de la marihuana? A mí me parece estupendo que estos temas estén en la televisión, porque quiere decir que son parte de todos nosotros, están en la sociedad y en nuestro país. La marihuana a mí me parece una droga bastante poco dañina, por decirlo así. Creo que si tú estás preparado y usas la marihuana como medicina o si también la quieres usar de repente para relajarte, eres grande y responsable, bienvenida sea. ¡Me parece que tendría que legalizarse ya, absolutamente! Yo no tengo ningún rollo con ella. ¿Y cómo se relaciona Mercedes Walker, tu personaje, con la marihuana? Mercedes es muy amiga de Chela, el personaje de Malucha Pinto. En la teleserie, a pesar que fue mi nana y ya no trabaja en mi casa, somos cercanos, y finalmente ella me da a conocer esto que ella hace con la marihuana. Me encanta que esté este tema y, en realidad, deberían estar todos los temas en las teleseries. Ahora, evidentemente es una teleserie que tendría que estar en la noche. Está pensada para un horario nocturno, porque no puedes exponer este tipo de temas a las ocho de la noche porque en estos tiempos, estas teleseries son vistas por los niños. Entonces es una teleserie para gente con criterio formado, en donde si a alguien no le gusta, simplemente se puede cambiar de canal. Coca, las jornadas de grabación de esta teleserie se ha visto afectada por la contingencia sanitaria. Un proceso bastante inédito… Es súper complejo y duro para nosotros, pero no es más duro que lo que está viviendo la mayoría de la gente en el país. Por supuesto que nosotros no pensábamos que nos iba a pasar eso y que íbamos a poder seguir grabando una teleserie que estaba pensada para salir al aire luego, pero lo intentamos. Fue riesgoso volver a grabarla entre las cuarentenas, a pesar que la productora se preocupó y tuvo un protocolo de cuidados muy serio y riguroso. Lo intentamos todos, pero entramos en el peak de contagios del coronavirus y no podíamos ser irresponsables. Había que encerrarse y eso hicimos. Ya se verá cómo se retoma, aunque no está fácil. Hay muchas personas que te recuerdan por tus roles en comedia, un espacio muy importante para estos tiempos difíciles… Me encanta saber que he podido alegrar a mucha gente durante toda mi trayectoria como actriz, en espacios de humor en tiempos difíciles, como en tiempos de dictadura y los de hoy, por medio de plataformas digitales, aunque nosotros nunca perdemos las esperanzas de volver a estar en los teatros. Yo amo los teatros y quisiera volver a estar ahí y retomar las teleseries para estar con la gente con todo el amor del mundo. Espero que cuando salgamos de esto, seamos conscientes de que estamos un país con muchas desigualdades. Esto ya nos quedó claro con el estallido social y más ahora con esta pandemia. Espero que cuando salgamos y nos reencontremos todos de nuevo, seamos capaces de vivir de otra manera. Y que los próximos gobernantes sueñen un sueño con todos.
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