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CAP.4: "EL METALICO AROMA DE LA NIEVE POR CAER."


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#1
Accolon

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CAP.4: “ El metálico aroma de la nieve por caer.”



(“Sometimes” - My bloody Valentine)


Pasaje El Retiro. Invierno de 2001.


Es de noche. Teo mira por la ventana del baño hacia el patio trasero de la casa y abre mucho los ojos. El cielo está rosado y la nieve cae suave y lenta sobre el mundo. Él sabía que iba a nevar esa noche, había sentido el aroma durante todo el día. Ahora observa un rato el hermoso espectáculo. La luz rosada y anaranjada del cielo lo ilumina todo. La nieve cayendo sobre los árboles, sobre el humedal, a lo lejos, lo estremece.
Está desnudo y tiene frío.
Da media vuelta y camina. Sale del baño y salta sobre una de las camas, entusiasmado.

-¡Paulo! Despierta.

Paulo despierta y lo mira con extrañeza. Los ojos enrojecidos de sueño.

-¿Qué pasa?

Teo le sonríe.

-Quiero mostrarte algo, levántate.

-¿Ahora? Los gatos del tejado no me dejan dormir y justo cuando agarro sueño me despiertas...

-Levántate. Es algo que nunca antes has visto.

Paulo se sienta en la cama y de inmediato se levanta. Teo coge una manta, pues Paulo es friolento y también duerme desnudo. Teo le coloca la manta sobre los hombros y le toma la mano.

-¿Tú no tienes frío?- pregunta Paulo, bostezando y alisando un poco sus mechas tiesas.

-Yo soy magallánico- dice Teo, con suficiencia.

Caminan juntos y entran al baño. Paulo se sorprende de la claridad de la noche. Su ventana da a un amplio sitio eriazo que es parte del humedal de Tres Puentes, en el extremo norte de Punta Arenas. Más allá hay árboles, mucha hierba, un pantano, un cerco, y tras éste, la autopista. Unas horas atrás era un sitio feo y lleno de basura. Ahora está todo blanco y bajo una luz mágica, con copos grandes y pequeños cayendo en abundancia, como él había visto que sucedía en las películas.
Todo está cubriéndose de nieve y Paulo se despierta del todo y abre mucho los ojos.

-Es hermoso.

Teo mira la nieve caer y luego los maravillosos ojos de Paulo, asombrados y emocionados. Pues Paulo nunca ha visto nevar y lo espera desde su llegada. Teo siempre mira los ojos de Paulo y espera seguir viéndolos para siempre.

-Es realmente hermoso...

Teo mira la nieve. No dice nada, quiere absorber cada palabra y mirada de Paulo, cada segundo con él.

-Es increíble ese color en el cielo... Es como... púrpura.

Ambos se miran y Paulo pasa un brazo encima del hombro de Teo, lo cubre con la manta.

-Es púrpura- dice Teo, pensando en “nubes púrpura”, una frase habitual en su cartas a Paulo, cuando nevaba, cuando estaban tristes y separados, uno en el desierto de Atacama y el otro en las llanuras magallánicas. Paulo piensa en la misma frase y sonríe.

-Gracias- dice Paulo, mientras Teo se pierde en la maravilla de estar observando algo tan hermoso mientras siente el exquisito aroma de Paulo, y espera, realmente espera, que ese momento dure para siempre, que sigan los dos ahí, frente a esa ventana y mirando caer la nieve, incluso cuando no haya amor, cuando se hayan separado, cuando estén muertos... Que sus almas se detengan justo en ese momento. Teo siente ganas de llorar.

-Es hermoso...

Paulo se queda alerta un segundo. Ha sentido un frío extraño y una frase, con una voz femenina, le viene a la cabeza:

-Es hermoso. ¡Benito, ven a ver cómo sale el sol!

Pero la olvida de inmediato. El espectáculo y tener abrazado a Teo son cosas demasiado importantes como para distraerse. Ambos sonríen, extasiados. La nieve cae sobre el humedal.



Pasaje El Retiro. Noviembre de 2006.


Laura Palma está asomada en la ventana del baño, mirando cómo el sol de primavera hermosea levemente el humedal y Tres Puentes entero. El basural es una lástima, pero no arruina del todo el paisaje. Benito parece no haberla oído. Laura mira el sol, naranjo y rojo, dorado y leve, elevarse e iluminarlo todo.
Benito se levanta, desnudo, toma una manta, se cubre con ella y camina hacia el baño. Ve el cabello cobrizo de Laura convertido en una llamarada debido al sol. La abraza por atrás y ella ríe. Ambos están desnudos y con frío. Él la cubre con la manta.

-¿No es hermoso?- pregunta ella.

-Sí, pero ya lo he visto todas las mañanas mientras tú te levantas emputecida y maldiciendo a medio mundo por tener que ser mujer, por tener que trabajar, y por tener que estar conmigo, por tener que levantarte temprano, ducharte y cruzar media ciudad en colectivo para llegar a encerrarte en un sótano con Marina. Tú guerreas contra el mundo y, mientras, yo miro el amanecer y agradezco que la luz salga y lo embellezca todo a pesar de tu boca sucia.

Laura se ríe, pero no le hace mucha gracia el discurso. Se da vuelta y besa a Benito en la mejilla.

-A ducharse- dice, y sonríe al rozarle los genitales con la mano.

Ambos arrojan la manta al suelo, se estremecen de frío y abren la ducha. Esperan que caliente el agua, entran a la enorme tina antigua y cierran la cortina. Benito de inmediato la toma entre sus brazos. Ella lo besa largamente, acariciando su espalda y sus glúteos.

-Anoche los gatos estuvieron peleando en el techo toda la noche...-dice Laura, haciendo una pausa en su largo beso.

-¿Qué gatos? No sabía que teníamos gatos.

Laura sigue besando y acariciando. No concibe que haya sido un sueño. Allí estaban anoche los gatos, y sus maullidos, llenándolo todo.



Estacionamiento de Enap. Calle Chiloé. Noviembre de 2006.


Jueves, 4 días antes...


(“Roads” - Portishead)

“Una carta en el parabrisas, qué extraño.”
Marina apaga el motor y observa que otros conductores y conductoras salen de sus autos, la saludan con la mano y se aprestan a dar vuelta a la cuadra para ir al edificio. Son diez para las ocho. Marina espera ese día a su nuevo jefe y ruega porque Massiel llegue a tiempo esta vez. ¡La carta!
Ella se queda inmóvil un segundo. Luego toma la carta, la abre y trata de leer, pero sólo capta fragmentos, está demasiado confundida:

“Volver... Besarte... Hacer el amor contigo otra vez... Estúpido de Bogdam, que no sabe valorarte... Estúpido que te ha dejado sola con los niños... Olvídalo... Vuelve conmigo... Te extraño... Encontrémonos... Dame una oportunidad... Tú me amas, me lo dijiste mil veces... Yo te amo, te espero y te respeto”

Marina trata de sonreír pero su boca sólo se tuerce un poco. Se alisa el cabello suelto, se da una rápida mirada al espejo retrovisor, se acomoda la falda negra y toma su cartera. Deja la carta en su cartera y baja del auto...



PUNTA ARENAS. Lunes, Noviembre de 2006. 07:50 A.M


Marina baja de su auto, cierra y camina hacia la salida del estacionamiento. Lleva pantalones negros y el cabello amarrado en un moño. Está menos bella que de costumbre y luce ojerosa.
El día está hermoso, pero hay un poco de viento. Marina camina por calle Chiloé y se apesta al ver que un grupo de enapinos están cruzando la calle y tendrá que saludarlos. Así es que finge que algo sucede con la bastilla de su pantalón y se agacha. Cuando ellos y ellas pasan, Fagnano abajo como todos los días, ella se levanta, acomoda su cartera y sigue caminando, lentamente para no alcanzarlos.

Massiel Rodrigo abre la puerta de su oficinita subterránea, enciende la luz y abre la ventana.
Camina hacia su escritorio roñoso y deja encima la cartera. Se esconde tras la pared, como ese día de la muerte de Tobi, y coloca los codos sobre el pequeño librero, y el rostro en sus manos. Bosteza.

Massiel se maquilla frente a un pequeño espejo de mano. Nadie ha llegado a sacar copias. Se pinta los labios, se mira los ojos cansados. Sus mejillas hundidas, el cabello espeso.

Tres libros para fotocopiar. Y ella trabaja rápidamente, como una autómata. De sus compañeros pocos han ido a verla hasta ahora, pero ninguno se queda por mucho rato. Seguramente se sienten intimidados.

Massiel sube al primer piso por los veinticinco escalones, ignorando el ascensor, y va hacia la máquina para servirse un capuccino.

Marina llega a la fotocopiadora y encuentra la oficina vacía. Entra con lentitud, y se sienta en el puesto de Massiel. No está tensa. Luce triste y algo cansada, como Massiel quien, cuando llega, se acerca y la saluda con un beso.

-¿Estás bien?- pregunta Massiel, mirándola fijamente mientras deja su capuccino en el escritorio.

-Sí. Yo debería ser quien pregunta, en todo caso.

Massiel sonríe y se sienta en un banco alto y desvencijado que está cerca de las máquinas. Mira a Marina con simpatía.

-Tú te comportaste muy bien conmigo, llamando todos estos días para saber cómo estábamos y ayudándome en el velorio y en el funeral. Nunca podré agradecértelo del todo. Pero muchas gracias de todas formas.

Marina sonríe con fatiga y mira sus papeles. Se endereza y se levanta.

-De nada. Bueno, necesito fotocopias de todo esto. ¿Me las puedes llevar después? Vendría yo, pero estoy tan cansada...

-Yo voy, no te preocupes. Ahí hablamos.

-Gracias.

Marina se levanta, le deja los papeles sobre el escritorio y sale de la oficina. Massiel toma los papeles y empieza a trabajar, mirando de vez en cuando su capuccino.



Estacionamiento Enap. Calle Chiloé. 08:30 A.M


Blagomir para el motor del auto y mira a su hijo, que está a su lado, nervioso y algo saltón.

-Vamos, Víctor. Ya hace media hora entraron y tendrás que acostumbrarte a llegar aquí a las siete y media desde mañana. Eres el que entra primero para encender las máquinas y para subir las rejas. Bueno, ella te dirá. Vamos, hablaremos con Marina.

-Ya sé lo que tengo que hacer. No te preocupes, papá.

Víctor se mira al espejo, se arregla un poco el pelo y sale del auto. Blagomir hace exactamente lo mismo y se baja.

-¿Trajiste todos tus papeles?- pregunta, mientras salen del estacionamiento.

-Sí, sólo me falta la fotocopia del carnet. Pero Marina dijo que la sacara aquí.

-Sí. Donde Massiel.

Blagomir piensa repentinamente en Massiel con una calidez que lo sorprende un poco. Pero no sabe por qué. Seguramente porque ella le inspira simpatía. O lástima por los acontecimientos recientes. Lo cierto es que sonríe al verla en su mente. Y su sonrisa parece dilatar también su alma.



Pasaje Ricardo Palma. 09:00 A.M.


El auto de Ana Seyera se detiene frente a la casa de Marina. Ana toma del asiento del acompañante un dvd original y sale del auto llevando sus gafas de sol. Mira para todas partes.
Entra al jardín y toca la puerta. Cuando Rosita abre, Ana sonríe, entra con mucha confianza mientras dice:

-Aquí está la película que me pediste. ¿La vemos ahora?

-Ni por sueño, los niños están despiertos.

Ana luce repentinamente asustada y mira para todas partes.

-Ya se fue Logan, ¿no?- pregunta.

-Sí, hace un rato. Iba a dejar su currículum no sé dónde. Pasa a la cocina, los niños están mirando tele. Es lo bueno de ellos, siempre hacen lo mismo a la misma hora y uno sabe a qué atenerse.

Entran a la cocina y Rosita cierra la puerta. Cuando se voltea, Ana la toma bruscamente de los hombros y la besa en los labios, cálida, húmeda, y rápidamente, sin dejar de estar alerta a la otra puerta, que da al living.

-Besas como un hombre.

Ambas ríen, luego, Ana se sienta a la mesa y se arregla el pelo.

-No tengo nada de hombre, no seas tonta.

-No. Nada. Gracias al Cielo. Te daré un café.

Sus miradas se cruzan. La de Ana es un poco más tímida, pero brilla de placer y bienestar.
Rosita la mira levantando audazmente la cabeza y sonriendo. Luego va hacia el hervidor, lo enciende y mientras hierve el agua, saca un tazón del mueble y lo deja sobre la mesa. Se echa el cabello para atrás con la mano y luego desliza ésta por el cuello, mirando muy fijo a Ana, con seriedad.

-Sexy...- dice Ana, y ambas sonríen.



Edificio Central de ENAP. Calle Nogueira. 09:30 A.M.


Tristán Stela llega a Campamento, saluda a Laura y Rina y hace un gesto hacia la oficina de Marina.

-Está ocupada, pero ya saldrá de ahí su invitado- dice Rina -¿Te puedo ayudar en algo, Tristán?

-No, gracias, ella me mandó un mensaje al celu para que viniera al tiro.

-Está con el jefe ahora- dice Laura, sin levantar los ojos de su pantalla.- ¿Ya viste al chico nuevo?

-No. Supongo que le dijeron que igual tiene que ir a sacar la basura al mediodía al Libertador. Porque Gualepe jamás lo hace.

Rina mira a Tristán con una ceja levantada.

-Claro que sabe, pues caballero. Pero aún no lo llevo para que sepa dónde es.

-¿Es verdad que es hijo del jefe? ¿De Witto?

-Sí- dice Laura, dejando de escribir un rato. Mira a Tristán con indiferencia y luego a Rina. Luego dice:

-Hay fantasmas de gatos en mi casa.

Rina la mira como si Laura repentinamente hubiese enloquecido. Tristán sonríe.
Laura capta sus miradas y vuelve a su teclado:

-Sé que es raro, pero los escuché toda la noche jugando en el techo y que yo sepa no teníamos gatos.

-¿Y a qué jugaban?- pregunta Rina, con una sonrisa burlona. Laura la mira y rota los ojos, fastidiada.

-A hacer ruido de gatos pues.

Tristán ríe. La puerta de la oficina de Marina se abre y sale el jefe. Marina sale con él. Blagomir mira a Tristán y Marina se les acerca.

-Tristán, él es el nuevo administrador provincial. Se llama Blagomir Witto. Él es Tristán Stela, conserje del Edificio Libertador.

Los dos hombres se saludan cordialmente. Blagomir habla, mirándolos a todos por turno:

-No he tenido tiempo de saludar al personal, he estado tan ocupado. Pero espero que el sábado hagamos una pausa en el trabajo para presentarme. Podríamos organizar una pequeña convivencia, con bebidas y galletas. Una de ustedes puede encargarse de eso, ¿no?

Marina sonríe, asintiendo. Rina lo mira con suspicacia y Laura sonríe torcidamente.

-No estoy hablando por hablar, jovencitas- dice Blagomir, mirando a las tres mujeres, que sonríen más ampliamente. -El sábado tendremos una convivencia, lo juro.

Marina da media vuelta para entrar a su oficina. Rina la detiene:

-Tristán te quiere hablar de algo muuuuy misterioso.

-¡Verdad!- dice Marina, y mira a Tristán con complicidad.

Tristán se adelanta y Marina lo hace pasar a su oficina. Blagomir se sienta en el escritorio del conserje de correo exterior.

-Laura, ¿dónde están las carpetas con los antecedentes de los trabajadores que tenemos en Posesión?

-En la oficina de Marina. Cuando salga Tristán, si quiere, los voy a buscar. Igual son pocas personas. Como dos. Uno. Cuatro. Bueno, algo así.

-Bueno. ¿Han visto a mi hijo por ahí?

Rina levanta la ceja:

-Supongo que está trabajando. Justo iba a buscarlo para mostrarle lo que tiene que hacer a mediodía aquí, en el Servicio Médico y en el Libertador. En cuanto termine esta cuestión lo buscaré.

Blagomir se levanta.

-¿Saben qué? Aprovecharé de dar una vuelta por los pisos para conocer un poco al resto de los chicos.

Rina lo mira con desconcierto:

-¿No pasó a saludar por el correo y fotocopia cuando llegó? Los jefes de la empresa anterior acostumbraban a hacerlo cuando venían de visita.

-¿Sí? Entonces haré lo mismo.

Blagomir camina hacia la puerta y sale. Va en mitad de la escalera cuando recuerda y pregunta, en voz muy alta:

-¿La chica de la fotocopia ya llegó?

Rina se asoma a la puerta y le dice que sí.


Edificio Central de ENAP. 09:38 A.M


("No other love" - Heart)

Ella lo ve venir lentamente hacia su oficina y su corazón salta como el de un conejo atrapado. ¡El jefe! Pero se repone de inmediato y se atreve a regalarle una sonrisa. Pero la expresión de Witto es de una agonía tal, que Massiel se levanta rápidamente de su asiento y camina hacia la ventanilla.
Él sonríe, pero su sonrisa es más bien una mueca patética. Está nervioso, ella puede notarlo porque le tiemblan los labios cuando la saluda:

-Señorita Rodrigo... Buenos días.

-Hola.

Massiel entorna los ojos y vuelve a sonreír, cálidamente. Blagomir toma aire, sonríe de vuelta y retoma su aspecto de jefe habitual, aquel que desapareció cuando dobló hacia la oficina de Massiel, al recordar su sueño de la mujer flotando relajadamente en el agua.

-¿Cómo está usted? Verá... Siento mucho lo de su sobrino, y lamento mucho más no haber podido asistir ni al velorio ni al funeral.

Massiel aprieta los labios. No quiere que nadie le hable de eso.

-Estoy bien, gracias. Muchas gracias. También debo agradecerle a su señora, que ayer envió a casa de mi hermana una cena deliciosa.

-Lo sé. No supo qué más hacer.

-Fue un gesto muy hermoso y que no olvidaremos. Estaba muy rica.

Massiel baja la mirada, incómoda ante la mirada fija y azul del hombre, que repentinamente es conciente de haberla devorado con los ojos y baja también la mirada, asustado.

-¿Está mejor su hermana?

Massiel frunce un poco el ceño, preocupada.

-No. Y creo que nunca más volverá a estarlo. Pero le ruego que no hablemos más del tema. Creo que si mezclo los asuntos del trabajo con la desgracia ocurrida en mi familia me volveré loca. Prefiero separar las cosas y seguir adelante aquí, como si todo el resto fuese una pesadilla.

-¿Y eso funciona?- pregunta Blagomir, extrañado.

-Sí, antes ha funcionado.

-Bien, yo... Si usted lo dice.

Ninguno sabe qué más decir y se quedan en silencio, mirándose tímidamente, pero incapaces de dejar de hacerlo. Massiel tiene los ojos muy abiertos y Blagomir siente que le sudan las manos. Se horroriza cuando se encuentra diciendo:

-Usted pega bastante fuerte...

Massiel se llena de desconcierto y balbucea unas letras sueltas, pero él sonríe y entonces, ella también.

-Lo siento- dice ella, riendo bajito.

-Yo siento haber dicho eso. No sé por qué lo hice. Es que no sé qué más decir.

Massiel explica, después de un suspiro de arrepentimiento y algo de burla:

-La verdad no recuerdo mucho lo que sucedió. Sólo que pegué harto. Como Martín... ¿Rivas?

-¡Martín Vargas!- Blagomir ríe con fuerza y Massiel también, con algo de vergüenza.

-No recordaba el nombre. Ah, Martín Rivas es un personaje de... Uff. Qué ridícula.

-Tantos golpes me desconcertaron ese día- dice Blagomir, apoyando ambos codos en la ventanilla. Ella se queda de pie frente a él, sin alejarse.

-La verdad es que el choque me puso muy nerviosa, sin contar con que estaba atrasada y... -Massiel se detiene. Explicar lo del pobre chico suicida era algo demasiado íntimo. Explicar lo de su violento marido, las noches en vela, el miedo por sus hijos, la vida extraña de Roko...

-...Y ya tenía varias faltas. Marina iba a matarme.

-Bueno, los golpes ayudan a desahogar las tensiones, especialmente cuando tienen sentido, dentro de un contexto.

Él nota que la expresión de Massiel se tensa, seguramente recordando que ese día fue un muy mal día para ella y sus seres queridos, y opta por cambiar de tema. Pero no se le ocurre nada.
Ambos se quedan en silencio: Massiel porque ha pensado en Tobi y ha palidecido de un repentino dolor al recordar su rostro sonriente de placer mientras lee el Martín Rivas que ella le ha prestado, y Blagomir, porque más o menos ha captado de qué pensamiento proviene la palidez de la mujer y se siente un poco turbado por estar ante alguien que sufre.
Ella levanta la cabeza y le lanza una mirada desamparada, brillante y húmeda. Tiene los labios entreabiertos y la frente arrugada, como a punto de llorar. Él se endereza y le infunde valor con su mirada celeste e intensa. Adentra un poco más su cuerpo por la ventanilla, sin saber bien por qué, “Pero lo suficiente como para tocarnos,” piensa con inquietud. Ella relaja su expresión y espera...
Blagomir le toma la mano con dulzura y la aprieta. Massiel siente las palmas húmedas de sudor de Witto envolviendo su mano y se siente repentinamente protegida, y algo mejor de ánimo, más comprendida tal vez, aunque le parece también absurdo y raro. Él la está mirando con fijeza y sin temor, sonriéndole para infundirle valor y calidez:

-No se preocupe, las cosas van a ir mejorando con el tiempo. Ya lo verá.

-No lo creo, pero gracias....- susurra ella, sonriendo levemente, pero con los ojos muy grandes.

Él le suelta la mano con suavidad y ella aprieta el puño contra su cadera, estremecida por el reciente contacto. Baja la mirada, repentinamente tímida, y la mantiene en un punto fijo de la puerta hasta que él habla:

-Bueno, mañana parto por una semana a Posesión. Es lo que menos me gusta de este nuevo puesto. Alejarme de esta ciudad y de la gente que quiero, o que me gusta.

Massiel sonríe con cautela y pregunta:

-¿Y por qué debe ir allá?

-Supervisión de los contratos. Debo ir una semana cada mes.

-No conozco Posesión.

-No se pierde de gran cosa.

Massiel se siente algo incómoda, porque la conversación ha sido extraña, absurda y un poco dolorosa, pero por otra parte, la mirada tibia y acogedora de Witto la ha hecho sentirse por momentos optimista , amparada y hasta admirada. ¡Y sus manos rodeando la suya! Nunca nadie la ha tocado así.
Witto la mira mientras ella piensa, gratamente sorprendido de la dulzura de sus oscuros ojos grandes, y justo cuando va a alabar su mirada, escucha pasos tras de sí.
Massiel mira por sobre el hombro de su jefe. Tras él, Benito llega con un lote de papeles y se lo entrega. Benito saluda a Blagomir con una sonrisa. Luego se voltea hacia Massiel:

-Son ciento treinta y ocho originales. Aquí está el vale. Después las paso a buscar.

-Sí- dice ella, estudiando las hojas.

-Creo que la dejaré trabajar. Debo recorrer los pisos. Tal vez vuelva más rato.

-Bueno- contesta ella, distraídamente.

Blagomir se da media vuelta y se va hacia el correo, donde se queda conversando un rato con Luchita.
Massiel vuelve a su trabajo. De vez en cuando pestañea cuando la mirada azul de él se aparece en su memoria, y nerviosa, sigue sacando copias.


Blagomir ha decidido ir a ver a Massiel y en el camino, justo cuando está por llegar a su oficina, la imagen de ella flotando, bella y libre en una piscina, lo desconcierta y llena de miedo y confusión. Ahora, mientras sube al ascensor y apoya la espalda en el espejo, mirando hacia arriba, se siente como el mayor de los imbéciles. Aprieta el botón número 9 y siente un leve mareo cuando el ascensor comienza a subir.


Tristán Stela se sienta confianzudamente en la silla antes que Marina lo invite, pero ella parece no fijarse.

-Dime pues, qué vienes a reclamar ahora- dice ella, bromeando. Tristán se crispa, pero se ríe después:

-Tú me mandaste a llamar, supongo que por los cupos para reemplazo...

-¿Quién te dijo que era para eso?- interrumpe ella, acomodándose el pelo.

-Lo escuché en correo...

-Para variar. Esa Luchita es un informativo andante. Bueno, sí . Hay dos cupos, ¿para quién los querías?

Tristán vacila y luego dice:

-Mi hermana y un amigo. Ambos están buscando trabajo.

-¿Y crees que puedan adaptarse al tiro? Ser conserje no es como ser ministro, pero igual necesito gente despierta para que no nos tropecemos justo en el comienzo.

-Mi amigo ya trabajó aquí antes, de auxiliar y conserje, hace años, con la empresa anterior. Y trabajó con Rina, Luchita y don Benjo, ellos pueden decirte si es bueno o no. Él fue quien me consiguió este trabajo cuando lo llamaron para llenar mi cupo, antes que tú llegaras, cuando estaba la otra empresa.

-¿Y no pudo ocupar ese puesto aquella vez?

-No, estaba trabajando en otra parte.

-Bueno, hablaré con Rina y luego veremos ¿te parece?

-Sí.... ¿y en cuanto a mi hermana?

-Llámala. Llámala y dile que se presente hoy en la tarde, a las dos y media para una entrevista conmigo. Si tú me los recomiendas como gente responsable creo que pueden servirnos. La verdad no tengo ganas de hacer un casting para dos cagones puestos de reemplazo. Mientras antes encuentre a esas personas, mejor. Mmm, sabes, mejor llama a tu amigo también y dile que venga hoy a la misma hora. Yo hablaré con Rina al respecto.

-Está bien, los llamaré.

Marina se levanta, dando por terminada la entrevista. Tristán le da las gracias, sale y cierra la puerta.


El hombre está arrodillado en el suelo y Rigo ya le ha pateado el estómago cuando Massiel sale del auto, temblando de furia y nervios y ayuda a levantarse al hombre, gritándole a Rigo que pare con la paliza y su actitud matona. Cuando el hombre se levanta la mira, pasándose la manga por la boca ensangrentada y ambos quedan mirándose por un momento que parece un siglo. Ella, con el ceño fruncido y los ojos fijos como los de un águila sobre un ratón. Él, asustado y la mirada apagada y agónica.
Massiel apenas se da cuenta de lo que hace, pero repentinamente se encuentra abofeteando una y otra vez al hombre que estaba defendiendo, hasta que éste se apoya contra su recién chocado auto, cubriéndose el rostro con los antebrazos. Esta vez es Rigo quien toma a Massiel y la aleja casi a la fuerza, mientras el hombre culpable del choque la mira con asombro y dolor.

Blagomir siente que el ascensor se detiene en el noveno piso. Por el camino ha recogido a dos enapinos que se bajan junto con él. Blagomir se siente algo débil y cansado. Pero sale del ascensor y camina hacia el pasillo, buscando al conserje para empezar su ronda de saludos.

Marina, luego de pensarlo un día y medio, decide llamar a su marido. Toma su celular, sale de su oficina, cruza el Campamento, baja las escaleras, pasa frente a las calderas, y luego de subir otro trecho de escaleras sale a la rampa, donde hay señal. Busca el número de Bogdam y marca.

-Aló- dice una voz muy seria.

-Boggie, soy Marina.

Ella apenas soporta la pausa.

-Lo sé. Dime.

-Yo... Bien, Logan me dijo que estuviste en casa el sábado en la noche, y que estabas en nuestro dormitorio...

Oye un suspiro de... No sabe si de pesar o fastidio.

-Sí fui. No pude llegar a tiempo a la cena, pero fui a la casa y estaban todos durmiendo y se veían tan cansados que no los quise despertar.

-¿Por qué no te quedaste?

Un largo silencio impacienta a Marina y sus manos comienzan a tiritar. Es conciente de que en el lugar hay una excelente acústica y que cualquiera del sótano puede oírla, pero habla fuerte de todas formas, volteándose hacia la muralla:

-Te extraño... Las cosas están tan raras sin ti en la casa... Yo daría cualquier cosa porque regreses...

No hay respuesta por largo rato. Finalmente, Bogdam parece decidirse y habla muy claramente:

-Leí la carta de ese tipo, Marina. Leí la carta por casualidad y... Bien, esa noche pensé en que sí, había esperanzas. Cuando te vi durmiendo con los niños tan... Tiernamente me dije que sí, que podía resultar, que ésa era mi familia y nadie me la podría arrebatar, pero...

Marina está angustiada, a punto de perder el control. ¡Cómo tan estúpida de no haber roto esa carta debido a romanticismos tontos!

-Boggie, esa...

-No interrumpas. Yo bajé, vi esa carta y la leí. Y entonces recordé que para dormir tienes que drogarte y que seguramente los niños estaban contigo no porque tú quisieras, sino porque se sentían tan solos que se habían arrastrado hasta tu cama buscando algo de calor de su mamá. No era de pronto la imagen de una bonita familia, sino todo lo contrario. Quiero que...

-¡Bogdam, no seas injusto! No puedes hablar si no sabes la verdad de lo que pasó...

-No hay nada que saber. Esa carta lo dice todo.

La comunicación se corta y ella busca nuevamente el número. Su cuerpo entero tiembla como si estuviese afiebrado. Su celular no comunica con el de su marido. Lo ha apagado y la llamada pasa a buzón de voz. Marina levanta la mano y arroja con fuerza el móvil hacia la rampa, mientras grita:

-¡¡Maricón!!

El celular se despedaza contra el cemento y en ese instante, Marina descubre que Massiel y Benito la miran asombrados desde la puerta que lleva al correo y fotocopia. Massiel trae las copias que ella le ha pedido y Benito, seguramente, se acercaba a Campamento con cualquier pretexto para ver a Laura. Marina los mira con vergüenza y rabia por haber sido sorprendida en un momento tan íntimo, así es que frunce el ceño y adopta su actitud de mando.

-¡Ayúdenme a buscar los pedazos de esa porquería!

Massiel y Benito comienzan a buscar las partes, afanosamente, mientras el cuerpo de Marina tiembla como una hoja, tanto, que ella se da vuelta para que no la vean así.


Pasaje Juncalillo. Villa Las Nieves. 10:45 A.M


El celular retumba por todas partes sobre el velador hasta que Teo logra tomarlo y contesta.

-¿Qué pasa?- pregunta, adormilado y sin abrir mucho los ojos.

-¡Hueón, tenís que presentarte a las dos y media para hablar con Marina, hay dos cupos para reemplazo!

Teo bosteza y abre los ojos un poquito más.

-¿Con quién hablo?

-Conmigo, ridículo.

-¿Quién es Migo?

-¡Con Tristán, imbécil!

Teo se acomoda más en su cama y cierra los ojos.

-Aps, ¿y quién es Marina?

-Mi jefa pues, te he contado mil cosas de ella.

-Ah, la del amante.

-Shh. Sí, ésa. Levántate, dúchate, aféitate y preséntate a las dos y media.

-Bueno, ¿y de qué es el trabajo?

-Conserje. Reemplazo en correo, porque uno se va de vacaciones, y adivina qué.

-Qué.

-La Sara me reemplazará a mí mientras tomo mis vacaciones.

-Rico.

-Ya, levántate. Me llamas cuando terminen la entrevista.

-Vale.

Teo corta y se levanta. Mira a todas partes. Reconocemos al chico de la ventana en el invierno de 2001. Sólo que mayor y un poco más estropeado. Hay demasiado frío. Teo se acurruca entero bajo las mantas.

-Cinco minutos más- se dice Teo, y se duerme en menos de diez segundos.



Edificio Central de Enap. 14:30 P.M.


Sara Stela camina tranquila y segura, detrás de Rina, por el pasillo del Edificio Enap, en el primer piso. Bajan hacia el sótano, y luego de subir y bajar escaleras, cruzar varias puertas y mirar las horrendas paredes descascaradas, el feo color amarillo y sentir la humedad del suelo que se filtra, Sara se encuentra frente a Laura Palma, quien la saluda con una sonrisa y un ligero movimiento de cejas. A su lado está Benito, que de puro curioso está en Campamento esperando que llegue la hermana de Tristán para ver qué tal es y para molestar a Tristán después. Al ver a Sara se coloca colorado de placer, ya que ella es más bonita de lo que él pensaba. Laura lo mira burlona y los dos ven cómo Rina golpea la puerta de Marina mientras Sara mira a todos lados totalmente seria.
Marina abre su puerta y se asoma. Al ver a Benito otra vez perdiendo el tiempo para estar junto a su polola frunce el ceño, pero no dice nada para causar una buena impresión a la hermana de Tristán.

-Hola, soy Marina.

-Sara Stela.

Ambas intercambian un beso en la mejilla y Marina hace pasar a Sara y Rina. Antes, fulmina a Benito con una mirada. Benito se hace humo y Laura se queda sola, sonriendo al recordar la cara de Benito cuando entró la chica nueva.
Marina se asoma a la puerta y dice:

-Laura, ¿crees que puedas ir tú a sacar una copia a esas llaves que nos pidieron? Porque aún no vuelve Rodolfo, ¿no?

-No. Yo voy, no te preocupes. ¿Tú atiendes las llamadas?

-Sí, anda rápido- Marina le pasa las llaves y el dinero.

Laura se coloca su chaqueta y sale.



Calle Chiloé. 15:00 hrs.


El kiosco de las llaves acaba de abrir y Laura espera las copias pacientemente, apestada por el ruido de la máquina copiadora. En eso le tocan la espalda y ella se voltea. Es Rodolfo Rivas, con su maletín y su sonrisa torcida.

-¿Qué haces aquí?- le pregunta, parándose a su lado. Laura lo mira con una ceja levantada. El cabello rojo se mece suavemente con la brisa.

-Tu pega pues, maldito vago.

Rodolfo se ríe con descaro.

-Si no fueras tan flojo seguramente me caerías mejor.

-No tengo muchos motivos para ir a ese sótano asqueroso, prefiero andar afuera.

-¿Que no tienes motivos? ¿No es un buen motivo el hecho de que allí es donde trabajas?

-Bah.

Laura sonríe con picardía.

-Yo te tengo un buen motivo.

-Dime.

-Una chica nueva. Bastante bella, aunque no tanto como yo. Pero pasable.

-¿Chica nueva? No entiendo.

Laura se entusiasma y larga el chisme:

-La hermana de Tristán trabajará con nosotros. Reemplazará a su hermano mientras él sale de vacaciones.

-Mish. ¿Y es linda linda o se parece a él?

-Es linda. Si te apuras la verás.

Rodolfo de inmediato se pone en movimiento, justo cuando a Laura le entregan las llaves y la boleta. Ella paga y espera el vuelto. Cuando va a cruzar la calle, ve que Rodolfo la está esperando al otro lado.

-Apúrate pues, guatona.

-¡Cómo que guatona!

Laura cruza y le pega un palmazo, y ambos bajan por Fagnano.
De repente, una brisa fría desordena el cabello rojo de Laura y en el mismo momento a Rodolfo se le abre el maletín y se le desparraman algunos papeles, documentos bancarios y sobres, cuadernos y una revista.
Rodolfo empieza a recoger desesperadamente sus papeles bancarios, mientras Laura se agacha para recoger el resto de las cosas. Ambos ríen, aunque Rodolfo además de eso se sume en un largo monólogo de garabatos.

Laura está en cuclillas y de pronto, siente el olor del invierno y se queda paralizada, perdiendo un papel que vuela por los aires, perseguido por el desesperado Rodolfo. El metálico aroma invernal le trae un extraño bienestar. Sonríe y le viene a la cabeza un paisaje nevado del humedal tras su casa, bajo el cielo rosado y cargado de nubes púrpura, aunque ella jamás ha visto ese lugar en invierno. Arruga la frente, extrañada, y está a punto de recordar de dónde proviene esa imagen ajena cuando ve a Rodolfo tratando de atrapar el documento, sin lograrlo, y se pone a reír. El papel se va hacia la Catedral y se eleva y vuela hasta que lo pierden de vista. Laura olvida la imagen del humedal nevado, pero el aroma a nieve la persigue hasta que entra al edificio pasándole el brazo por los hombros al enfurecido y descorazonado Rodolfo, que se prepara mentalmente para un regaño de proporciones monumentales.

-Dios, no puedo creer que haya perdido ese documento. La vieja maraca me va a matar.

-Eso te pasa por guatón. Si fueras más ágil lo habrías cogido- dice Laura.

-Yo no soy guatón.

Laura saborea el momento con tanto placer que Rodolfo se ve obligado a sonreír.
A Laura se le iluminan los ojos cuando dice:

-Ah, cómo se van a reír todos cuando les cuente. Un guatón tratando de volar como hadita.

Cuando están por llegar a la puerta del sótano, ésta se abre y aparecen Sara y Rina, conversando. Rina mira el rostro demudado de Rodolfo, que cambia radicalmente a uno de satisfacción y seriedad cuando mira a Sara.
Rina sacude la cabeza, pero sonríe.

-Rodolfo, ella es Sara Stela, la nueva conserje que reemplazará a su hermano durante las vacaciones. Sara, él es Rodolfo Rivas, el conserje de correo exterior.

Ambos se saludan con un beso. Laura sonríe beatíficamente a Rina.

-¿Tienes las llaves?- pregunta Rina.

-Sí.

-Pásamelas, justo vamos al Libertador. Tengo que mostrarle su pega.

-¿Y cuándo empieza?- pregunta Rodolfo.

-El lunes pues. Ya, chiquita, vamos.

Rina toma del brazo a Sara y se la lleva. Rodolfo las mira hasta que desaparecen en la curva del pasillo.

-Está rica, no hay nada que decir- comenta Rodolfo, más para sí mismo que para Laura.

-Hay que decir que es casada.

Rodolfo sonríe y abre la puerta del sótano.

-Vamos, Rodi, a confesar tu crimen.

Ambos bajan los veinticinco escalones, comentando qué les pareció Sara.



Edificio Central de ENAP. 15:15 P.M


Tristán y Sara están en la entrada, fumando un cigarro, algo rígidos debido al viento helado, pero conversando animadamente.

-¿Entendiste todo?-pregunta Tristán.

-Obvio. Ni que fuera la gran cosa.

-¿Y él que dijo?

-No le gustó nada la idea, pero como ya lo habíamos hablado hace tiempo, no le queda otra que dejarme trabajar. Igual estoy nerviosa.

-¿Viste por ahí a Teo? Lo llamo y no contesta.

-No. Uff, estoy toda sudada, estaba más nerviosa. Nunca había tenido una entrevista de trabajo.

-¿Viste que Marina es simpática?

-Sí. Me cayó bien. Uuuh, es tarde, tengo que irme. Marcelo me dijo que lo llamara en cuanto supiera qué onda.

-Bueno, nos vemos el sábado. Ahí te explico más de tu pega, pa que no se te olvide.

-Ya pos. Nus vemos. Chao... Colega.

Ambos ríen y luego Sara sube por Fagnano. Tristán baja por Plaza de Armas hacia el Edificio Libertador.



En el Edificio Central, Marina y Rina conversan mientras se toman un capuccino en la oficina de la primera.

-Y ese chico que no vino, ¿trabajaste con él?- pregunta Marina, sorbiendo de su vaso.

-Sí. Creo que era el 2000, no recuerdo bien. Yo había entrado de auxiliar en la tarde y él trabajaba en el día, en el horario que ahora tiene Gualepe. Es bastante responsable y no es nada problemático. Es como tímido. Callado. Pero simpático. Y hace bien su pega.

-Pero no vino cuando lo citamos...

-Bueno, es cierto. Si quieres llamamos a otras personas.

-No. No vale la pena. Si tú y Tristán están seguros de que puede resultar, bien. No tengo intención de perder mucho tiempo. Llama a Tristán y que le diga a su amigo que venga mañana a las ocho y media. Si no viene, bueno, ahí nos veremos obligados a buscar a otro. Si viene, se queda.

-Bueno. Uff, este capuccino está bastante... mmm.... asqueroso.

-Sí, ¿cierto? Bueno, ese Rodolfo no sé dónde tiene la cabeza. Perdió un documento de la secretaria de gerencia, imagínate. Tremendo lío que armaron. Casi me hacen llorar. Menos mal que alguien encontró el documento todo embarrado en la calle y lo trajo. Ese Rodolfo tiene una cueva que ya la quisiera yo para mí.

-Sí que tiene cueva. Aunque eso no quita que igual es responsable de la dosificación de las máquinas y que este capuccino está vomitivo. Creo que su cueva debe llegar justo hasta aquí.

Marina toma el teléfono y aprieta un botón.

-Laura, ¿está ahí el Rodolfo?- una pausa. Marina sonríe- Cuando llegue dile que pase a mi oficina.

Marina cuelga. Rina ha tomado otro sorbo y tiene una cara de repugnancia tal, que Marina se ríe.

-Pero mujer, ¿para qué te torturas tomando esa porquería? Botemos esa güevá no más, si está malísimo.

-Iré a probar en los otros pisos, a ver si dosificó mal en todas las máquinas.

-Bueno, pero si después andas con diarrea ni sueñes con que te daré licencia.

-No me sorprende en absoluto que digas eso.

Rina sale y le hace un gesto a Gualepe, que todo sudado y oliendo vagamente a alcohol, recién llega de mover muebles de una oficina a otra.

-Vamos, Gualepe- ordena Rina, dirigiéndose a la puerta. Gualepe abre mucho los ojos y se seca el sudor de la frente con la manga del buzo mientras habla, con el ceño fruncido:

-No, shh, si ni he descansado en toda la tarde. Y no he visto al chico nuevo por ninguna parte. Debería haber ido a ayudarme.

-Pedro, calladito te ves mejor. Muévete. Te invito unos cafés.

Rina sale, seguida de un rezongante Gualepe. Marina se asoma y con aire de derrota sale de su oficina y se sienta en el puesto de Rina, que alguna vez fue suyo.

-No sé que hacer, Laurita. La vida me cayó encima como una tremenda montaña de caca.

Laura ríe, pero nerviosamente. Le incomoda esa capacidad que tiene Marina de contarle sus problemas a todo el mundo, sin hacer mucha distinción.

-Pues, a veces pasa.

Suena el teléfono y mientras Laura contesta, Marina alcanza a ver su expresión de alivio. Marina hace una mueca. A veces Laura no le cae nada de bien. Laura anota algo, cuelga y mira a su jefa con cierta expectación rígida. Marina suspira y recuerda a Massiel.

-Voy donde la Rodrigo un rato. Si me llaman diles que se jodan.

-Bueno.

Marina se levanta y sale de Campamento. Laura suspira de alivio, pero Marina la pilla porque ha vuelto para una última indicación. Entorna peligrosamente los ojos y está a punto de preguntarle a Laura si le cae mal, pero se limita a decir, muy fuerte:

-Pobre que encuentre a Benito aquí cuando regrese.

Laura sonríe, pero siente que su rostro se calienta de culpa.

-Vale- dice.


Benito se asoma apenas hacia el correo, pero Luchita lo ve y le hace grandes señas, que significan claramente: Marina está en fotocopia, ni te acerques. Pero Benito debe pedir permiso para algo y va a la oficina de fotocopia. Marina lo mira con cierta indiferencia cuando él le habla.

-Marina, el Kusic quiere que le vaya a comprar unos choripanes al kiosco. ¿Voy o espero a que llegue Rodolfo?

Marina levanta los hombros.

-No sé, si tienes mucha pega deja el recado en Campamento, si no, bueno, anda tú no más pues.

-Voy yo mejor, si no, se demorará mucho y el viejo se va a poner a reclamar.

-Anda entonces, pero no te quedes dando vueltas por ahí.

Benito se va y Marina y Massiel siguen conversando.

Benito sale del edificio y camina frente al Servicio Médico, pasa frente a la Municipalidad, a los bancos y espera en el semáforo, frente al Banco Estado. Entonces la ve: camina seductora y segura, subiendo por calle Roca. Teresa Lynch, su ex polola, despierta apetitos y miradas de admiración mientras camina, indiferente a todo el mundo. Su cabello muy rubio se azota por la brisa helada. Su nariz está algo enrojecida de frío, pero eso le da un toque de ternura. Benito siente que sufrirá un ataque cardíaco o de histeria. Siente ganas de llorar.
Ella, al otro lado de la calle, lo ve. Los separan las micros, automóviles y colectivos que pasan. Ella sonríe. Él no puede hacer nada, ni siquiera una mueca.
El semáforo cambia y él cruza. Teresa lo espera al otro lado. Benito siente que se demora una eternidad en llegar a ella y siente, también, aquel desespero que antes lo atormentaba, ése de que ella podía huir en cualquier momento y él no podría detenerla.

-Hola.

Teresa lo besa en la mejilla suavemente.

-¿Cómo estás, Tejita?

-Muerta de frío. Pero bien, pese a todo. ¿Y tú? ¡Oh, Dios, apenas lo creo, ha pasado tanto tiempo!

Teresa lo abraza impulsivamente y esta vez Benito está seguro que el ataque le da sí o sí.

-¿Ya te casaste? Tienes cara de casado- Ella se ríe, pero él no hace ningún gesto, entonces ella agrega, algo preocupada y observando su color: -O de enfermo. ¿Estás bien, Benito?

Benito tiene un destello de lucidez y vuelve a la realidad. Como si fuera a morir, pasan por su cabeza rápidamente todos sus momentos junto a Laura. Luego es capaz de hablar:

-Estoy bien. Y no, no me he casado, pero estoy a punto.

Ella abre la boca, asombrada y contenta y le pega en el brazo.

-¡Mentira! ¿Quién es la pobre criatura?

-Trabaja conmigo. Se llama Laura.

-Laura. Bueno, no sabe lo que le espera.

Benito se molesta un poco por el tono burlón, pero sonríe finalmente, para no pasar por grave.

-Bueno, espero que hayas cambiado. Antes eras taaaan celoso, Benito, taaaan celoso que llegabas a asustar. Realmente.

-Bah, eso es parte de mi oscuro pasado. Ahora ya no lo soy.

-Qué bien por ella. Y por ti. ¿Y sigues en Enap?

-Sí.

-Yo también. No más que ahora me enviaron a Posesión.

-¿Posesión?

-Sí. Posesión. Es lindo. Bueno, es corriente. La verdad es feo, pero se pasa bien. Uhhh, no puede ser cierto que sean las cuatro y cuarto. Tengo que ir a buscar a mi hija donde mi suegra.

Benito casi pierde la compostura. Por un momento, parece que le han pegado una puñalada en el corazón. En segundos, es el antiguo Benito, celoso e infantil.

-¡Tienes una hija! ¡Y una suegra!

Teresa ignora deliberadamente la expresión del rostro de Benito y sonríe. Una violenta ráfaga los empuja, pero ninguno pierde el equilibrio.

-Tengo una hija. Una suegra no. Más bien una ex suegra, pero cuida a su nieta cuando lo necesito. Acuérdate que mi mami trabaja. Oye, ¿adónde ibas?

-Al kiosco Roca por un encargo.

-Ah. Bueno, yo me voy. Estoy muerta de frío y este maldito viento me botará si sigo aquí parada. Malditas esquinas y sus ventoleras.

-Sí.

Benito está a punto de pedirle que lo acompañe, como habría hecho, suplicante, el antiguo Benito, pero no dice nada. El controlarse le cuesta un mundo, pero lo logra.

-Bueno, Tejita, que estés bien pues. Yo estoy apurado.

-Vale. Oye, mi número de teléfono fijo es el mismo de antes. Llama de repente, pues ingrato, en una de esas salimos los tres con tu polola a tomarnos algo por ahí.

Lo besa en la mejilla y antes que Benito se dé cuenta, Teresa ya se ha ido.
Benito respira entrecortadamente unos segundos. Otra ráfaga está a punto de botarlo. Se siente tan débil e inseguro por momentos, que cree que algo malo le va a pasar.
Pero se repone y camina casi por inercia bajando por calle Roca, hacia el kiosco, con todas las ganas del mundo de mirar hacia atrás. “Todos estos años he construido algo muy fuerte y en un segundo... En un segundo todo cae a pedazos”, piensa. Está a punto de deprimirse.
El hombre con el impermeable camina muy rápido hacia Benito, pero éste lo ve a tiempo para no chocarlo. Lo esquiva y siente un escalofrío en todo el cuerpo, pues cuando se voltea para ver si el hombre está bien, éste ha desaparecido. Siente que se le erizan los pelos de la nuca y su estómago se enfría y siente náuseas. De repente no sabe si chocó con el hombre del impermeable y se lo tragó, o si un virus se le ha metido adentro por culpa de esa maldita Teresa Lynch. Pero lo cierto es que se siente tan mal que debe acercarse al basurero para vomitar, ante el asco y la nula preocupación de los transeúntes.

-¿Vomitaste? Bu, pobrecito- dice Laura, acariciando la mano de Benito, que está sentado a su lado. Suena el teléfono y Laura contesta. Marina se asoma a la puerta de su oficina y ve el rostro muy pálido de Benito. Iba a retarlo cuando oyó su voz, claro, pero al verlo tan enfermo sale de su oficina, se planta frente al escritorio de Laura y lo mira detenidamente.

-¿Estás bien, Benito?

-No. Vomité en la calle.

Marina abre mucho los ojos.

-¡Qué asco! ¿Pero sigues mal?

-No tanto. No te preocupes, Marina, si mañana igual vendré.

-Benito, no seas pesado. Mira, si mañana te sientes mal, me llamas y no vienes. Y que tu mujercita te cuide bien esta noche.

Laura cuelga.

-Marina, necesitan que Rina vaya al quinto piso para que le expliquen un movimiento de muebles que quieren hacer para el viernes.

-Voy yo, estoy harta de papeleo por hoy. Benito, ya sabes.

-Gracias.

Marina sale y Laura le da un besito a Benito en los labios, pero hace un gesto de repugnancia y Benito se ríe.

-Qué asco, hueles a leche cortada.

-Tomé muchos capuccinos hoy. Capaz eso me hizo mal. Por lo menos después pude comprar los choripanes. Aunque más la vergüenza. Pasado a vómito.

Laura le toma la mano y sigue revisando la pantalla de su PC y mirando de vez en cuando a Benito, con ternura y risa.
Rina entra y los ve tomados de la mano, pensando en lo tiernos e inocentes que se ven.


Pasaje El Retiro. 21:50 P.M


Benito penetra brutalmente a Laura una y otra vez, mientras la muchacha gime y se agarra con uñas y dientes del cuerpo ardiente de Benito.
Habían comenzado muy bien, como siempre, hasta que de repente, Benito había mirado a Laura, pero visto a Teresa, desnuda y entregada, sensual y excitada bajo su cuerpo, y la pasión se había vuelto violencia.
Laura no está segura, pero había notado un cambio brusco en la temperatura del cuarto cuando Benito se había vuelto un tanto bruto y afiebrado. Frío, como cuando iba a nevar. Mantiene la idea fija de la nieve hasta que Benito llega a su orgasmo y se deja caer a su lado.

(“Sometimes” - My bloody Valentine)

Mientras ambos fuman, Laura finalmente habla:

-Creo que va a nevar. Hoy sentí varias veces ese aroma de la nieve cuando va a caer.

Benito no la mira, pero asiente.

-Yo también lo sentí. Espero que no nieve. Estamos en noviembre. Ni siquiera es verano todavía.

Laura fuma profundamente, exhala y dice:

-A veces pasa. Como un puto limbo donde se mezclan todas las estaciones. Maldito cambio climático.

-Sí, maldito.

-Una vez nevó en diciembre, cuando estábamos acampando en San Juan.

-Qué raro. Ojalá que no sea más que aguanieve.

Ambos quedan en silencio.

Laura despierta atontada, pensando vagamente en que debe ir a lavarse para evitar un embarazo, y se levanta con los ojos sólo a medio abrir. Hay un frío espantoso y de repente se despierta totalmente. Hay voces en el baño. Laura se da vuelta para despertar a Benito, pero sabe, no se explica cómo, que en ese mundo Benito no existe, y que no está acostado en la cama, ni ella realmente en esa casa, y que no hay nada pegajoso que quitarse de ninguna parte, y ni remotamente existen las ideas de un embarazo ni de trabajo ni de amor.
Tampoco es su cama. Con sorpresa, descubre que está soñando y que por primera vez ella sabe con certeza que está soñando.

-¡Cool!- exclama, con una voz extraña.

Oye los pasos apresurados de un gato en el techo y mira el cuarto casi en penumbras, fijándose en cada detalle: unas cortinas roñosas, mantas sobre dos camas, no una sola como en su realidad. Ve con satisfacción que es capaz de notar los dibujos de una de las mantas, ve sandalias y zapatos y zapatillas masculinos bajo ambas camas. Ve un televisor totalmente distinto al suyo y ropa de hombres desparramada en unas sillas. Casi llora de emoción al darse cuenta que está dentro de un sueño que, presiente, es de otra persona.
Luego vuelve a sentir las voces en el baño y sin miedo alguno camina hacia ese cuarto.
Lo primero que ve es una luz exterior rosada entrando por la ventana que hay sobre el lavamanos. Piensa: “Aquí es donde yo miro el amanecer de vez en cuando”.
Entonces ve que hay dos chicos en la ventana, mirando cómo cae la nieve. Van cubiertos con una manta. Ella no les ve los rostros, pero sabe que no le harán daño, porque jamás la sentirán. Y, sin embargo, el más alto se da vuelta ligeramente, pero luego sigue mirando caer la nieve sobre el humedal. Dos chicos abrazados, pero a ella eso no le da nada. Sabe, vagamente, que en la vida real le repugnan los homosexuales, pero esto es otra cosa. Aquí tiene la mente abierta. Aquí nada importa realmente.
Laura está emocionada. Es su primera vez como fantasma, piensa, entre asustada y divertida. “Tal vez estoy muerta y ahora caí en el futuro”. Sonríe y mira a la pareja abrazada. Siente que los adora, que los ama, que son parte de ella. Y de repente, todo comienza a desvanecerse.
Su último pensamiento, antes de despertar a un frío martes, es que esos dos chicos y ella misma, sin conocerse, estarán allí por toda la eternidad.





ACTOR INVITADO






Elijah Wood es MATEO MACHADO

Editado por Accolon, 05 mayo 2007 - 16:03 hrs..



#2
Daria

Daria

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Se ve buenoooo!!

Seguire leyendo y mañana posteare uy.png


Bye abrazo.gif

Editado por Daria, 10 mayo 2007 - 02:10 hrs..





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