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Capítulo 11 (capítulo de larga duración)


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#1
PERDIDO

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CAPÍTULO 11
érase el comienzo del fin

Laura cortó su celular y posó su cabeza sobre la almohada. Pensaba en todo lo que había dicho Tomás hace unos instantes, se cuestionaba si debía o no hacer lo que le decía su corazón. Finalmente marcó y decidió escuchar los latidos del amor.
- ¿Tomás? -preguntó aún sin saber muy bien lo que hacía.
- ¡Laura! -esperanzado.
- Está bien -aún no muy segura- juntémonos mañana, a las nueve, donde siempre. Yo también tengo muchas cosas que decirte -finalizó cortando.
Luego de eso ella durmió, salió al otro día muy temprano y se dirigió a donde siempre se habían juntado en aquel parque donde todo comenzó y terminó diez años después. Cuando Laura llegó, él ya estaba ahí.
- Pensé que ya no venías -dijo Tomás al verla llegar y levantándose de una banca- incluso pensé que nunca ibas a venir.
- Necesitaba verte Tomás, necesitaba saber si había que cerrar esto o simplemente reabrirlo como siempre debe haber sido.
- Te eché mucho de menos Laura -tomándole la mano- estos últimos meses han sido una agonía para mí.
- ¿Qué quieres lograr con todo esto Tomás? -apretándole las manos- no quiero que me confundas aún más.
- Quiero que volvamos a intentarlo, quiero que ahora sea más serio, que por fin podamos hacer lo que siempre pensamos para nosotros dos.
- Pero tienes un hijo -alejándose un poco- ya no es como antes.
- Pero no lo quiero Laura, no quiero un hijo -volviéndole a tomar las manos- sólo quiero a la mujer que amo y amé durante diez años.
- No quiero que dejes a tu hijo por mí Tomás, si vamos a entablar algo quiero que mantengas tus responsabilidades.
- Hago cualquier cosa por volver a estar contigo, pero por favor no me dejes sólo -abrazándola- dime que quieres recomenzar esto.
- Está bien Tomás -tomándolo de los hombros- pero empezaremos de cero, haremos como que estos meses pasados nunca ocurrieron.
- Bueno -finalizó antes de darle un beso que selló el nuevo pacto que los uniría al parecer por mucho tiempo. Finalmente ellos se fueron, ella volvió a su departamento, él a la empresa donde lo esperaba Cecilia. Había nuevas noticias de las que tenía que ser partícipe.
- He tomado una decisión Tomás.
- ¿Y de qué se trataría Cecilia?
- He decidido que Braulio no seguirá en esta empresa -levantándose de su escritorio- nunca más.
- ¿Y por qué la decisión?
- Me he dado cuenta que su persona ya no es imprescindible y que realmente no es un elemento positivo.
- Por mi lado Cecilia tienes todo mi apoyo.
- Entonces lo llamaremos, le diremos que está fuera y que puede retirarse ahora mismo.

La decisión ya estaba tomada, a partir de hoy Braulio estaba fuera. Mientras tanto en un café de la capital estaban Ignacia y Orell sentados poniéndose de acuerdo en la fecha del matrimonio.
- ¿Qué te parece un mes?
- ¡Un mes! -dijo exagerando.
- Qué pasa que es muy pronto.
- Obvio que es pronto Orell -pensando- ¿por qué no lo dejamos para seis meses más?
- Pero Ignacia -tomándole las manos- seis meses es demasiado.
- ¿Y que acaso hay algún apuro? -desinteresada- dime estás apurado para casarte.
- No pero…
- Pero qué -increpándolo- ¿con qué me vas a salir ahora?
- Es que te amo Ignacia y lo único que deseo más en la vida es formalizar este amor que siento por ti.
- Bueno Orell… bueno ya -dándole en el gusto- dejémoslo en tres meses ¿te parece?
- Me parece perfecto, eso sí -acariciándole las manos- tendremos que ponernos en campaña para ver la iglesia, el lugar donde será el evento y…
- Ya pero todo a su tiempo -interrumpiéndolo- pronto veremos todo eso.
- Esta bien Ignacia, lo que tú digas -finalizó acercándose hacia ella y besándola hasta el celular de ella sonó.
- ¡Aló!
- Ignacia, soy José necesito decirte algo urgente.
- Pero qué, dímelo por celular que no me puedo juntar contigo hoy.
- Lo que pasa es que Marco lo sabe todo -subiendo el tono de su voz- te ha escuchado un sin fin de veces hablando conmigo y sospecha de todos tus actos.
- ¿Cómo es eso José?
- Sí, él parece que sabe lo que queremos hacer con Laura.
- Escucha José -tratando de hacer como que no es tan grave lo que está hablando por teléfono- tú sigue haciendo lo que tienes que hacer y luego te llamo -cortó.
- ¿Qué quería? -preguntó Orell muy curioso de la conversación.
- Nada sólo problemas con mi hermana, pero nada grave -dándole un beso- no te preocupes.

Mientras Ignacia y Orell se levantaban de la mesa, en la empresa de Cecilia, Braulio ingresaba a la oficina de ésta sin saber el extraño motivo de su llamado.
- ¿A qué se debe tú…? -viendo a Tomás- hola ¿cómo estás?
Tomás ni siquiera le respondió él saludo, ahora le daba lo mismo cruzar palabras con él, sabía que quizás no lo volvería a ver nunca más.
- Te queremos dar una noticia que no será muy agradable Braulio.
- ¿Qué quieres decir Cecilia?
- Lo que pasa es que estás despedido.
- ¡Qué! -sorprendido y enojado.
- Creo que escuchaste bien -agregó Tomás- o al parecer entiendes sólo lo que quieres escuchar.
- ¡No es contigo Tomás! -gritándole.
- Si es con él Braulio -gritó Cecilia- es con él y todos -mirándolo- no eres un elemento que sirva a la empresa y…
- ¡Y ya no quiero seguir escuchando Cecilia! -tomando unos papeles- se van a arrepentir de los que acaban de hacer -apuntándolos- van a estar arrepentidos durante mucho tiempo por lo que me acaban de hacer -finalizó cerrando la puerta tras de él.
Realmente Cecilia y Tomás no entendían muy bien a qué se refería con que estarían arrepentidos por lo sucedido, jamás lo tomaron como algo personal, sino que aludieron que debía haber sido por la mala noticia recién escuchada y que estaba algo sentido.

Ya la hora de almorzar había llegado y Marco había invitado a Laura porque tenía cosas que decirle al igual que ella que quería decirle el gran notición.
- Sabes Laura que esta noche invité a Fernanda a cenar.
- En serio -contenta- que bueno pero qué dice ella ¿también quiere algo contigo?
- No sé, pero me dijo que no tenía problemas con salir conmigo.
- Entonces debe ser porque le interesas.
- No sé, pero quiero regalarle algo y no sé qué.
- Yo tampoco me imagino qué le puedes regalar, igual -pensando- es súper complicada la Fernanda, pero nada es imposible.
Pasaron unos segundos de silencio aludiendo que no iban a llegar a ninguna parte con la conversación del regalo, así que Laura decidió hablar de su relación.
- ¿Marco?
- Dime.
- Te tengo que contar algo que tiene relación con Tomás.
- ¡Qué! -sorprendido.
- Lo que pasa es que con Tomás decidimos recomenzar la relación, decidimos darnos una nueva oportunidad.
- ¿Pero Laura él no es casado?
- Sí, pero va a estar conmigo, porque ya no quiere nada con su esposa.
- Yo igual lo veo complicado, pero…
- Pero nada Marco -interrumpiéndolo- no me digas nada, yo sólo quería contarte, no me reproches nada de lo decidido, ¿esta bien?
- Bueno Laura, pero después no te quiero ver triste -finalizó tomando una cuchara y empezando a comer su postre.

Mientras Laura y Marco almorzaban en algún lugar de la capital, no muy lejos de ellos en un restaurante cercano se juntaban Braulio y José para idear un plan contra Tomás.
- ¿Y qué es lo que quieres hacer Braulio?
- Quiero que Tomás desaparezca de nuestras vidas.
- Pero por qué tanto odio ¿qué te hizo él para pensar así?
- Él me despidió José -apuntándolo- yo estoy seguro que él tuvo toda la culpa de que me hayan despedido.
- Pero no será que te estás cegando un poco con todo esto.
- ¡No José! -enojado- yo sé que él convenció a Cecilia para sacarme de su camino.
- Entonces -tomando una servilleta- ¿qué haremos?
- Vamos a hacer que Tomás tenga un accidente y a la vez una muerte fulminante.
- ¡Qué! -exclamó sorprendido- ¿cómo se te ocurre que mataremos a alguien?
- ¿Y quién te dijo que lo mataríamos nosotros?
- ¿Cómo? -preguntó intrigado.
- Escucha bien José… -él le explicaría muy bien cómo sucederían las cosas, en tanto al otro lado de la ciudad en la tienda de Victoria, Marco ingresaba con el propósito de comprar un pañuelo para Fernanda, pero no sabía que se encontraría con mucho más que una sorpresa.
- Hola -dijo Marco preguntándole a Victoria sin mirarla a la cara- ¿sabes que necesito un pañuelo? -mirándola.
- ¡Marco! -expresó Victoria muy sorprendida- ¿qué haces aquí?
Todo hacía entender que se conocían, nada quedaba claro entre ellos dos.
- ¡Victoria! -sorprendido de igual manera- ¿qué haces tú aquí?
- Yo soy la dueña de este local, pero cómo me encontraste, cómo…
- Yo solamente venía a comprar un pañuelo y te encontré.
- No te creo Marco -acercándosele- te dije que no me buscaras que todo había quedado ahí.
- Pero si sólo…
- ¡No Marco! -interrumpiéndolo- sal de aquí y por favor no vuelvas nunca más.
- Está bien -resignado- pero cuídate.
- Lo haré, no te preocupes -finalizó mientras él daba media vuelta y se alejaba entre la multitud.

Braulio decidido a vengarse de todos ellos cambió una gran cantidad de dinero a su cuenta, 50 millones de dólares ahora le pertenecían, 50 millones de dólares que antes eran de Cecilia junto con casi todo el ahorro de la empresa.
- Ahora sabrán quién es Braulio Aldunate, ahora sí.

Cecilia angustiada por haberse equivocado y no haber tomado la mejor decisión, decidió pasar la noche bebiendo en un bar, ahí bebió gin y conoció a un hombre, Pedro era el nombre de él, parecía serio, seguro y sin mayores problemas. Juntos fueron a un motel, pasaron la noche y pensaron que no se volverían a ver nunca más.

Por otro lado Fernanda llegaba al restaurante que Marco la había invitado, él ya estaba sentado esperándola, luego ella se sentó, pidieron algo para beber y comer y se dispusieron a hablar sobre lo que los había juntado esa noche.
- Sabes Fernanda -mirándola a los ojos- desde el primer momento que te vi que me pasaron cosas contigo y…
- ¿Qué pasa Marco? -interrumpiéndolo- qué es lo que me quieres decir.
- Lo que pasa -tomándole las manos- es que me gustas Fernanda, me gustas demasiado.
- Pero -pensativa- que difícil es todo esto que me dices.
- Pero por qué Fernanda, ¿por qué es tan complicado intentar algo nosotros dos?
- Porque yo no puedo estar contigo Marco.
- ¿Qué pasa Fernanda? -sacando sus manos de las de ellas- que acaso tienes otro.
- No es eso, pero…
- Pero qué Fernanda -interrumpiéndola algo angustiado- qué pasa.
- Nada, sólo déjame estar un tiempo sola, estoy muy confundida -ahora ella tomándole las manos- en Europa me pasaron muchas cosas y esas cosas dan y dan vueltas en mi cabeza.
- Muy bien Fernanda -comprensivo- te dejaré tranquila un tiempo, pero quiero que sepas que siempre te estaré esperando.
- Está bien Marco -todavía insegura- está bien.

Al otro día, en la mañana Laura y José se reunían en un salón de té, él le dijo que le tenía una gran sorpresa, ella ansiosa quería saber lo que le tenía su novio que cada vez sentía menos cariño por él.
- ¿Cuál es la sorpresa que me tienes José? ¿Con qué me vas a sorprender?
- Lo que pasa es que te quiero invitar a un viaje.
- ¿Un viaje? -sorprendida- y a dónde.
- A México -acercándosele- que te parece si nos vamos unas semanas a México.
- Sí -más sorprendida aún- pero cuándo nos iríamos.
- Acá están los pasajes Laura -pasándoselos- podemos irnos cuando queramos.
- ¡Ya! -tomándolos- nos iremos cuando ambos determinemos el momento adecuado.
Ella sabía muy bien que quizás ese viaje jamás se realizaría, ella lo único que quería era dedicar su tiempo a su nuevo romance con Tomás. Él en cambio, aún pensaba que el plan era perfecto, aún pensaba que él la dejaría en México para no verla nunca más.

Mientras tanto al otro lado de la ciudad en lugar baldío Braulio muy misterioso se reunía con Ignacia, ambos tenían muchas cosas que decirse.
- ¿Por qué nos juntamos acá Braulio? -le preguntó por la extraña razón que estaban en un lugar donde había nada.
- Estoy arrancando de alguien Ignacia.
- ¿Qué hiciste?
- Nada, pero sólo toma esto -pasándole un maletín.
- ¿Pero qué es esto?
- En este maletín hay 5 millones de dólares y son tuyos Ignacia.
- Pero…
- Pero nada Ignacia -interrumpiéndola poniéndole su mano en los labios de ella- no digas nada, ahora me tengo que ir, espero que nos veamos muy pronto -dijo dando media vuelta.
- ¡Braulio! -le gritó mientras él se alejaba.
- ¡Qué! -exclamó girando hacia ella.
- Me caso en tres meses ¿estarás aquí para ese momento?
- No lo creo Ignacia -acercándosele- pero no te olvides que volveré y recuerda nunca me viste, yo jamás te pasé ese dinero -luego de esas palabras se miraron durante largos segundos en silencio- te extrañaré -finalizó acercándose hacia ella, dándole un beso y girando para no volverlo a ver en un largo tiempo.
En el mismo instante que Braulio desaparecía de la faz de la tierra, Tomás se percataba que faltaba dinero de la cuenta de la empresa, para él todo hacía caer en Braulio, decidido fue a contarle a Cecilia.
- ¡Cecilia, Cecilia! -entró desesperado a la oficina de ésta.
- Qué pasa Tomás, por qué tan desesperado.
- Nos robaron Cecilia, nos robaron.
- ¡Qué! -sorprendida- qué es todo esto que me estás diciendo.
- Lo que pasa es que faltan 50 millones de dólares -mostrándole unos papeles- ayer sacaron dinero de nuestra cuenta.
- ¡Pero cómo! -tomándose la cabeza- quién pudo haber hecho eso.
- Cómo no te das cuenta Cecilia, está claro que Braulio fue el que sacó la plata.
- Pero tú crees que…
- Si pues Cecilia -haciéndole ver- él juró vengarse y qué mejor que dejarnos en la quiebra.
- ¿Y qué haremos? -aún sin entender muy bien las cosas.
- Lo denunciaremos, yo iré de inmediato -saliendo de la oficina- tú espérame aquí.
Tomás salió desesperado a denunciar a Braulio, sabía muy bien que él era el culpable y quería verlo en la cárcel pagando por su delito. Victoria en cambio, bajo las necesidades de aclarar las cosas, llamó a Marco, se juntarían en un café céntrico, aún nada estaba muy claro.
- ¿Para qué me llamaste Victoria?
- Necesitaba verte, creo que tenemos que hablar de lo que pasó hace unos meses atrás.
- Pero si eso ya estaba sellado Victoria -tomando su taza de café- estaba claro que luego de esa noche no nos volveríamos a ver nunca más.
- Es que las cosas se dieron diferentes Marco.
- ¿Cómo diferentes, a qué te refieres con que se dieron diferentes las cosas?
- Lo que pasa es que ya no estoy con mi esposo y…
- Y qué Victoria -interrumpiéndola- quieres que ahora yo cumpla el rol de tu marido.
- No es eso Marco, sólo quiero compañía, estoy pasando por momentos difíciles.
- Pero que te quede claro que sólo será compañía Victoria, yo estoy enamorado de otra mujer.
- Sí, lo entiendo -tomándole las manos- si sólo quiero un hombro para apoyarme mientras pasa todo esto.
- ¿Y qué es todo esto Victoria?
- Lo que pasa es que estoy embarazada de mi esposo, pero como ahora estamos distanciados necesito alguien que esté ahí, necesito un apoyo.
- ¿Estás embarazada?
- Sí Marco -como arrepentida.
- Pero eso es genial, míralo por el lado positivo.
- Es que igual, no tener al padre de tu hijo es…
- No te preocupes por eso, cualquier cosa tu nuevo amigo estará ahí Victoria.
Mientras seguían la conversación a lo lejos ingresaba José al mismo café donde estaban Marco y Victoria, al verlos sorprendido no lograba entender muy bien por qué estaban juntos y de dónde se conocían, sólo que la reunión de esa pareja era muy extraña.

Ya a la hora de almuerzo Laura y Tomás se juntaban para comer juntos.
- ¿Qué extraño es recomenzar todo esto?
- Pero puede ser la mejor elección de nuestras vidas Laura.
- Pero igual es extraño…
- Te conté que nos robaron.
- No, cómo pasó.
- Braulio se robo 50 millones de dólares de la empresa.
- Pero eso es mucha plata Tomás.
- Sí, pero ya lo denunciamos, ahora carabineros anda en busca de él.
Mientras hablaban del gran robo, el celular de Laura sonó, era José, decidido contestar.
- Hola -dijo ella como si el diera gusto contestarle.
- Laura ¿dónde estás?
- Estoy comprándome unas cosas ¿por qué?
- No, es que pensaba que podías estar en tu departamento, pero no importa nos vemos otro día.
- Bueno, pero igual está Ignacia en el departamento cualquier cosa, ¿está bien? Adiós -cortó mientras después siguieron hablando de cosas que sólo giraban entre ellos dos. José en cambio decidió entrar al departamento, necesitaba preguntarle si ya era la hora para dar a luz el plan.
- ¡José! -abriendo la puerta- ¿qué haces aquí?
- Sólo vine a verte y a ver cómo iba el plan.
- Bien, va todo de viento en popa -acercándose- pero ya te dije que esperaremos unas semanas y listo.
- Pero es que ya quiero que todo ocurra, además ya compré los pasajes, pero sólo hay uno con ida y vuelta.
- ¡Qué! -sorprendida.
- Sí, ya los compré -sentándose- incluso le pasé el suyo en sus manos.
- ¡Pero estás loco! -sentándose al lado de él- no ves que puede sospechar.
- Ella no va a sospechar, ella sólo cree que es un viaje de enamorados -cambiando el rostro- a mí el que me preocupa es Marco, él sospecha de muchas cosas Ignacia.
- De él no te preocupes, porque de él me encargaré yo.
- Pero es que siento que sabe demasiado.
- ¿Te dije que no te preocuparas cierto?
- Sí pero…
- ¡Shh! -interrumpiéndolo- no hay de qué preocuparse -finalizó para no volver a hablar del tema.

Esa noche Cecilia volvió a ir al mismo bar donde había ido la noche anterior, esta vez estaba decepcionada, no podía creer que Braulio hubiera sido capaz de hacer semejante acto, estaba decidida a emborracharse, no quería nada más que olvidarse de todo lo que la rodeaba. Esa noche nuevamente estaba el mismo hombre que la miraba deseosamente, aquel que se llamaba Pedro y que la hizo desconectarse de todo lo que por unos instantes quería dejar atrás. Por segunda vez fueron a un motel, ella recuerda que estaba muy borracha y que muy poco se acordaba de los acontecimientos. Al amanecer despertó en un barranco solitario al lado de la carretera, estaba toda ultrajada, le faltaban todos sus documentos y no sabía donde estaba ni en qué parte estaba su auto. Caminó hasta esos apartaros SOS, allí la fueron a buscar, terminó en Carabineros atestiguando sobre lo sucedido.

Orell ansioso con lo del Matrimonio, pasó a buscar a Ignacia para ir a ver la iglesia y el lugar donde sería la fiesta del casamiento. Ambos decidieron que sería en una iglesia sencilla y el evento sería en Arti, el mismo donde Fernanda meses atrás presentó su muestra fotográfica.

En la tarde Victoria tomó sus cosas y se dirigió al departamento de Marco, necesitaba verlo porque quería estar acompañada un rato para luego irse a su casa, pero lo que ella no sabía era que se iba encontrar con una sorpresa que no le agradaría del todo. Al llegar al departamento golpeó y le abrieron la puerta, era Laura, que sorprendida al verla quedó perpleja.
- ¿Qué haces aquí Laura Oviedo? -dijo furiosa.
- ¿Qué haces tú aquí Victoria? -le respondió sorprendida.
- Yo vine a ver a Marco -entrando al departamento- nosotros somos muy buenos amigos.
- ¿Amigos? -todavía sorprendida.
- Sí, amigos. Marco -mirándolo- ¿y qué hace ella aquí?
- No sabía que ustedes se conocían -dijo él sin entender nada.
- Nos conocemos desde hace mucho tiempo Marco -respondió Laura.
- Eso es lo de menos -expresó Victoria enojada- yo lo que quiero saber es qué lo que hace ella acá.
- Ella es mi hermana Victoria.
En ese momento Victoria no creía lo que pasaba a su alrededor, no podía creer que el mundo fuera tan pequeño como para encontrarse con el hermano de Laura y haber vivido lo que pasó hace un tiempo atrás.
- Yo me voy Marco -dijo Victoria resignada- los dejo solos, en familia.
Al salir y cerrar la puerta, Laura pedía una explicación para saber de dónde se conocían.
- Es una larga historia Laura.
- Necesito saber por qué Victoria y tú se conocen -gritando- por qué se visitan.
- Lo que pasa es que yo la conocí hace como un mes y medio o dos meses, no lo recuerdo muy bien.
- ¿Y?
- Y yo la traje para acá, tuvimos sexo, y quedamos en que nunca más nos volveríamos a ver, pero la volví a encontrar hace unos días en su tienda cuando iba a comprarle el regalo a Fernanda y…
- ¿Te acostaste con ella Marco? -interrumpió con cara de preocupación.
- Sí, por qué. Que acaso tú nunca te has acostado con un desconocido.
- Lo que pasa es que cometiste el peor error de tu vida.
- ¿Por qué, qué pasa?
- Es que Victoria es la esposa de Tomás.
- ¿Tomás? -sorprendido- el mismo Tomás que…
- Sí Marco, el mismo. El padre de la criatura que ella lleva en su vientre.

DOS SEMANAS DESPUÉS


José ansioso por dar a luz la noticia del gran plan fue donde Ignacia para ponerse de acuerdo cuándo le dirían a Laura. Ya había pasado el plazo, José había ido mil veces para convencer a Ignacia que le digan pero por alguna razón ella quería aplazar el momento.
- Yo creo Ignacia que ya es hora de contarle toda la verdad a Laura.
- ¡No José! -sollozando- ya todo se fue a la mierda.
- ¿A qué te refieres Ignacia? -sospechoso- ya no sirve que te eches para atrás en todo esto.
- No es eso José, pero ya no sirve de nada que sigamos con el plan.
- Pero Ignacia -tomándola de los hombros y zamarreándola- ya está todo listo, los pasajes están comprados. Ahora es el gran momento para hablar.
- ¡Es que no se puede José! -gritó despavorida.
- ¡Y qué mierda pasa ahora! -gritando- ¡qué mierda que por enésima vez no podemos decir lo que pasó!
Ignacia giró hacia una ventana y miró por ella hacia un punto fijo pero sin destino.
- Lo que pasa es que estoy embarazada -llorando- estoy esperando un hijo de Tomás.

OCHO MESES DESPUÉS


- Familia, amigos, conocidos -comenzaba hablando el cura en ese funeral del que nadie estar presente- es una verdadera lástima que el señor se haya llevado a otro ser de su gran rebaño, uno de sus seres más seguidores, pero cómo dicen algunos, nuestro señor siempre se lleva a la gente buena…
- Qué terrible todo esto que ha pasado -decía Laura a Tomás mientras el cura seguía hablando tras de ellos.
- Realmente ha sido muy difícil.
- Sobre todo a ti te ha tocado muy complicado -abrazándolo- imagínate primero lo de Cecilia y ahora lo de Victoria, a pesar de todos los problemas que tuvimos jamás le hubiera deseado la muerte.
Finalmente el cuerpo había sido enterrado y ya nadie quedaba en el cementerio. Tomás estaba sentado frente el sitio donde estaba su ex-mujer que lo acompañó por casi doce años, no podía entender por qué había pasado todo esto, él no quería que todo terminara así.

En un auto Orell e Ignacia se dirigían a su casa luego del funeral. Ambos ya llevaban un buen tiempo de casados, el bebé recién había nacido, había sido prematuro y tuvo leves complicaciones en su nacimiento.
- ¿Con quién está Sebastián, Ignacia?
- Lo dejé en la sala cuna ¿no creerás que lo traeré acá para que se exponga al frío?
- Sí, pero como es prematuro me preocupa y…
- Espérame un segundo que me llaman -al contestar se da cuenta que es una voz conocida- ¡Aló!
- Qué tal Ignacia, soy Braulio estoy de vuelta en Chile.
- ¡Aló! Sabes que no te oigo bien -haciendo como que no escuchaba.
- Sé muy bien que me estás oyendo -pasó un silencio de unos segundos- escucha bien vine a cumplirte una promesa, una promesa de hace mucho tiempo atrás…
- ¿A qué te refieres? -dándose cuenta que quizás hacerse la que no oye no serviría de mucho.
- Vine a matar a Orell, Ignacia, como habíamos quedado hace un tiempo atrás -cortó.

Mientras Tomás seguía sentado frente al ataúd de su ex-esposa, Laura llamaba a su hermano para saber por qué no había asistido al funeral de Victoria. En ese mismo instante Marco estaba en un galpón, estaba secuestrado por Micaela, todo era un mal entendido del corazón.
- Siempre pensaste que Fernanda iba a ser tuya ¿cierto? -le decía Micaela a lo apuntaba con un revólver.
- Aunque te duela Micaela, yo estoy enamorado de ella -mirándola a los ojos mientras seguía amarrado en esa silla- ella es la mujer de mi vida.
- Pues te equivocas Marco, esa relación nunca iba a llegar a buen destino…
Un sonido de celular interrumpió la conversación, era Laura, Micaela autorizó que contestara la llamada, sólo si él no decía nada de lo pasaba.
- Aló -dijo esperando que su hermana hablase.
- ¡Marco! -expectante- ¿qué te pasó que no viniste?
- Estoy secuestrado Laura, estoy en un galpón -gritaba- Micaela me tiene preso.
En eso Laura escucha leves ruidos por el auricular.
- ¡Te advertí que no dijeras nada! -gritó Micaela a lo lejos antes de escucharse un disparo que hizo que la llamada se cortara.

CONTINUARÁ…


últimos capítulos - últimos capítulos - últimos capítulos - últimos capítulos - últimos capítulos - últimos capítulos







#2
carolina quezada b

carolina quezada b

    Prendiendo la tele para postear

  • Usuari@ en Fiestas Patrias
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me gusta mucho tu teleserie, seria muy bkn si fuera real, al menos yo no.gif me la perderia nunca.





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