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Capítulo XXVII: "¡Al Abordaje, Muchachos!"


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2 respuestas a este tema

#1
Chrisfe

Chrisfe

    Forista Gold

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  • Ubicación:Osorno, haciendo clases: En el Colegio, en el Preu... donde sea
Camino a Iquique.
Los vehículos hicieron un alto en el trayecto.
- ¿Cómo se encuentran?-, preguntó Luciano (Shaskamaro en Fotech), acercándose donde Enrique (Pablo169 en Fotech) y sus acompañantes.
- Bien, estas mujeres han conversado de lo lindo-, respondió éste.
- Pero mejor. Así el viaje se hace más entretenido-, señaló Gianina.
- Y más corto-, añadió Eugenia (Isabel Ruiz)
- Eso es verdad. En todo caso, ya falta poco. En unas 3 horas más estaremos llegando. Mis papás nos esperan con ansias... ¿Y cómo va tu grupo?
- Todos duermen como unos bebés. Qué bueno porque no me gusta que me hablen mucho cuando voy manejando.
En eso se escuchó la voz de Andrés (Iñigo Urrutia):
- ¡Ahhhh!- ¡Por fin hicimos un alto!. Ya traía las patas acalambradas de tanto venir sentado!
- ¡Uh!. Me equivoqué: todos dormían. Hola-, se saludaron.
- Hola-, contestó Andrés-. ¿Falta mucho?
- No. En algunas horas haremos nuestra entrada triunfal-, dijo Enrique.
- Hola, ¿cómo están?-. Patricio (Néstor Cantillana) despertó, llegando junto a ellos.
- Un poco acalambrado no más. Fuera de eso, todo normal-, respondió Andrés.
- Yo igual tengo dormida cierta parte-, señaló Patricio.
- ¡Jajajaja!-, se rieron todos.
- Podríamos caminar un poco, para estirar las piernas-, sugirió Patricio.
- Me parece-, asintió Andrés.
- No se alejen mucho no más-, pidió Enrique.- Reanudamos la marcha dentro de una hora.
- Ok; no hay problema-, contestaron.
Cuando se alejaron, Enrique afirmó:
- Parece que ya no te llevas tan mal con Andrés.
- Si nunca tuvimos ningún problema. Puros rollos de él. Además, después de cierta ayuda que le di el otro día, me estará eternamente agradecido.
- ¡Huy, cuenta, cuenta!.
Luciano le relató lo ocurrido en el ascensor.
- O sea, ahora están unidos por un temblor. Ten cuidado no más.
- ¡Jajajaja!. ¡No te preocupes!.
- Es que con Luciano Tenorio nunca se sabe.
- Esta bien que tenga mis necesidades, pero nunca tanto.
- ¡Jajajaja!.
De esta forma se mantuvo la conversación, mientras avanzaba la hora.

En la Parroquia
- ¿Cómo irán los viajeros?-, se preguntaba David (Tiago Correa).
- Pasándolo del uno-, dijo José (Hugo Medina).- Y uno aquí, como obrero deslomándose.
- ¡Jajajaja!. Sí; hay algunos que se las llevan bien fácil en esta vida.
- O algunas...
- ¿Por qué lo dices?.
- ¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta?. Es que soy muy curioso.
- No se nota... Claro que sí; con toda confianza.
- ¿Qué tienes que ver tú con la señora que estaba botada en el suelo el otro día?
- Fue mi patrona.
- ¿Eso no más?
- Eres bien copuchento tú, ¿ah?
- Es que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y la discusión que Uds. tenían no era precisamente de simple ex empleado y patrona.
- Tienes razón. Esa mujer me hizo mucho daño. Te contaré la historia...-. David le narró todo lo que había sucedido entre él y Luisa (Ana M. Gazmuri) desde que llegó a esa casa, sin omitir ningún detalle. Al concluir, José expresó:
- ¡Caramba!. Tan bonita y tan perversa.
- Para que te vayas dando cuenta de que las apariencias engañan.
- ¿Pero cómo no te percataste a tiempo?. Te hubieras ahorrado un montón de problemas.
- Sí sabía en qué me estaba metiendo. Pero tú sabes..., uno como joven es arriesgado.
- Viviste algo bien fuerte. Gracias a Dios, te libraste.
- Por suerte. Pero ¿sabes?. Me sirvió para abrir los ojos y dejar de ser tan ingenuo: nunca más me dejaré pisotear por nadie.
- ¡Eso!. Acompáñame a hacer el aseo en la entrada-. Llegaron junto al altar y se pusieron a barrer y sacudir. De pronto, David se agachó:
- ¡Miren lo que me encontré!- dijo, recogiendo un pequeño aro de oro.
- A alguien se le debe haber caído. Porque no creo que lo donaran para la colecta. Aunque, de repente, hasta botones hemos encontrado con el Padre (Álvaro Rudolphy) en la canasta.
- Lo voy a guardar.
- No me digas que eres de esos coléricos que les gusta colocarse aros en cualquier parte.
- No... Pa la suerte.
- A lo mejor se le cayó a alguna feligresa cuando se acercó a comulgar. Esta persona debe haber estado muy necesitada de que le dieran la comunión.
- Y otros sacramentos-, añadió David.
- ¡Jajajaja!.

Cerca de Iquique.
- Natalia (Carolina Arregui), Natalia. Despierte. Estamos por llegar-. La voz de Ramón sonaba a lo lejos para ella.
- Mmm. ¿Tan rápido?.
- Salimos hace como 20 horas.
- ¡Uh!. Parece que me lo dormí todo.
- Sí. Yo igual. Y eso que no tengo costumbre de dormir en el viaje.
- Pero hace bien.
- De todas maneras. Tenemos que bajarnos cerca de la playa y esperar a los muchachos, como me indicó Enrique. Deben venir en camino todavía.
- ¡Son tan entretenidos los viajes en auto!. Podríamos habernos idos juntos.
- Ellos son jóvenes y necesitan divertirse a solas. Hubiéramos molestado.
- ¿Insinúa que soy vieja, Padre?- preguntó Natalia, con una sonrisa. No alcanzó a recibir respuesta, pues en eso divisaron la playa.
- Aquí...-, señaló Ramón. Se pusieron de pie y avanzaron hasta la bajada del bus.
- Muchas gracias-, expresaron al chofer y descendieron.
El sol brillaba, matizado por una suave brisa marina. Natalia, aspirando el aire, expresó:
- ¡Esto es el Paraíso!
- Verdaderamente..
A lo lejos , un grupo de bañistas se sumergía en las aguas realizando toda clase de piruetas natatorias, mientras unos niños corrían persiguiendo un perro. Más allá, unas señoras disfrutaban de un helado, abanicándose con una revista para resistir los embates del sol.
- ¡Muy lindo todo!-, dijo Natalia
- Sí. Dan ganas de quedarse aquí para siempre.
- Podríamos trasladar el colegio para acá.
- No sería mala idea. Caminemos; Enrique me dijo que los esperáramos en cierto sitio-. Se dirigieron hacia un sector solitario, cubierto por las rocas. Sin pensarlo mucho, Natalia empezó a besarlo.
- ¿Aquí?- ¡No!
- ¿Por qué?. Si nadie nos está viendo.
- Bueno, ya. Pero uno solo, ¿ok?-. El sacerdote respondió el beso.
- Supongo que pusiste tu traje de baño.
- No.
- ¡Uh, que eres fome!
- No tengo ningún problema en meterme al agua, pero hasta por ahí no más.
- Y yo que soñaba con tirarme unos piqueros contigo.
- No te olvides que no andamos solos.
- Sí sé. Era una broma.
- Ojalá no se demoren mucho.
- Déjalos que disfruten. Mientras tanto, gocemos nosotros.
- Eres muy pícara.
- Te amo.
- Yo igual.

Camino a Iquique, tras unos matorrales
- ¡Estamos viviendo nuestro 21 de Mayo!-, exclamaba Andrés.
- Claro. Yo soy el Huáscar y tú la Esmeralda.
- ¡Huy!. Entonces, me acribillarás.
- ¡Sí! ¡Tus buenos espolonazos!
- ¡Jajajaja!.
- ¿Ves que igual podemos pegarnos escapaditas?
- ¡Sí!. ¡Y me encanta!.
- Ojalá los días no pasen tan luego. No tengo ningún interés de regresar pronto a Santiago.
- Ni yo. Aunque igual extrañaré nuestro nidito.
- Sí. Es tan mágico.
- Especialmente por lo bien hecha que me queda la cama.
- ¡Jajajaja! ¡Pero nadie la desarma como tú!. ¡En eso la llevas!
- Es que “el que la lleva, yo soy el que la lleva, el que la lleva, yo soy el que la lleva”-, tarareó.
- ¡Jajajaja!. Por lo menos, a ti te sale 100000 veces mejor que a Nelson Mauri.
- ¡De todas maneras! Ese no se compara conmigo
- Desde ningún punto de vista.
- Creo que debemos regresar donde el resto. Está por cumplirse la hora.
- Sí. Vamos.

Cuando volvieron
- Qué bueno que regresaron-, manifestó Enrique.- Ya estaba por salir a buscarlos.
- Déjalos. Si son grandes como para que se pierdan-, intervino Luciano.
- Por supuesto. Sabemos cuidarnos perfectamente-, señaló Andrés.
- No; si lo decía solamente porque como no conocen por acá. Hay lugares maravillosos, pero, al igual que en todos lados, sectores en donde abunda el peligro.
- Bueno, bueno. ¿Qué les parece si reanudamos el viaje?-, se escuchó la voz de Ingrid.
- Es lo más acertado que te he oído últimamente-, dijo Luciano.
- ¡Pesado!. Espérate que estemos en la playa y te voy a enterrar en la arena. Capaz que te deje ahí y vuelva a sacarte dentro de 10 años.
- ¡Jajajaja!. Ya sabemos quién ronca aquí-, expresó Enrique.
- Pantalla, no más. Hay que dejarlas que tengan sus 15 minutos de felicidad.
- Hay algunos que viven dichosos 24 horas.
- Si para eso se hizo la vida. Pa gozarla, ¡azúcar!-, expresó Gianina.
- Pensé que no querías saber nada de salsa, después de lo del otro día-, afirmó Eugenia.
- No; si ahora le está gustando-, dijo Enrique.
- No me queda otra-, suspiró Gianina.
- Es que en esta vida hay que pasar por todo. Si no, uno no crece-, reflexionó Andrés.
- ¡Huy, que estás filósofo!-, señaló Ingrid.
- Es que seguramente, la vuelta matinal les hizo muy bien. ¿Cierto?-, preguntó Luciano.
- Claro. Meditamos hasta sobre el Combate Naval.
- ¡Jajajaja.!
- Mucha conversa; pero prosigamos: mis papás deben estar impacientes. Si no, vamos a quedar debajo de la mesa-. De esta forma, reemprendieron la marcha.

Casa de los Vidal
Miguel (Claudio González) se preparaba para salir, cuando notó que le faltaba algo.
- ¡Por la mierda!. ¿Dónde lo dejé?-. Buscó por toda su pieza, sin éxito. Bajó corriendo las escaleras y casi chocó con Luisa (Ana M. Gazmuiri):
- ¡Por Dios!. ¿Dónde vas tan apurado?.
- Disculpa. ¿Viste mi carné?.
- Para nada.
- ¡Puta la hueá!. ¡Lo perdí, entonces!.
- Con lo desordenado que eres...
- Ya, ¡chao!-. Se fue, dejando a Luisa con la palabra en la boca

Casa de los Valladares, Iquique
- Ya, esto es lo último. Ahora, a esperar que lleguen los chiquillos-, expresó Norma Martel (Solange Lackington). ¡Me muero de ganas por ver a nuestro hijo!.
- Que viene acompañado nada menos que por Gianina Ramos, entre otros-, acotó Darío, su esposo (Pedro Villagra).
- Sí. Tendremos puras visitas ilustres. Hasta un curita.
- ¡Chuta!. Y yo hace rato que no me confieso.
- Buena falta que te haría- dijo ella, sonriente.
El matrimonio vivía en una casa grande, ubicada cerca de la playa. Darío se desempeñaba como jefe en una importante empresa naviera. Norma, al igual que Enrique, abrazó la carrera de Pedagogía, claro que en Educación Básica: poseía una profunda sensibilidad y un profundo amor por los niños. Una complicación al dar a luz a Enrique la había imposibilitado de tener más hijos. Por eso, él representaba su máximo tesoro y suplía su ausencia abocándose por completo a sus clases y alumnos.
- ¡Ahí vienen!- dijo Darío, viendo por la ventana cómo se estacionaban los vehículos.- ¡Shhh!. ¡El medio autito que se gasta Enrique!.
- ¡Hola!-. Madre e hijo se fundieron en un estrecho abrazo. ¡Tanto tiempo!.
- Harto-, contestó Enrique. - ¿Cómo están?.
- ¡Contento de verte, poh!-, respondió Darío.- ¡Pucha que te ha ido bien!. Vas a tener que prestarme el autito pa salir a tirar pinta.
- Seguro... . Déjenme presentarle a mis amigos: bueno, a Gianina, Uds. la conocen.
- Claro. Somos fans suyos. Ahora me voy a cachiporrear que tengo a toda una artista en mi casa-, afirmó Darío.
- ¡Este Darío y sus cosas!. ¿No?-, dijo Norma.
- Mucho gusto-, saludó Gianina.
- Por aquí tenemos al Padre Ramón, mi jefe, y Natalia, una colega.
- Un placer-. ¿Cómo se porta mi cabro en la pega?-, preguntó Darío.
- Bien. Es muy responsable y profesional.
- Hijo de tigre no más, pues.
- Es que él, al igual que yo, ama la Pedagogía. Tiene un profundo sentido de la vocación. Somos capaces de entregarnos por completo-, expresó Norma.
- Y no es chiste- dijo, en voz baja, Luciano.
- Eugenia, una gran amiga.
- ¿Cómo está?-, saludó Darío.
- Bien; gracias por la invitación.
- A Ud: gracias por estar acá.
- Por aquí tenemos a Luciano e Ingrid, muy buenos amigos.
- Un gusto.
- Muchas gracias-, respondieron ambos.
- Y finalmente, ellos son Andrés y Patricio, compañeros de trabajo y excelentes personas.
- Sean muy bienvenidos-, señaló Darío.
- Muchas gracias.
- Bueno, me imagino que deben venir con mucha hambre. Pasemos al comedor; el desayuno está listo-, afirmó Norma.
Se dirigieron para allá, acomodándose cada uno en el lugar que se le indicó.
- ¿Alguien va a tomar leche?-, preguntó Norma. Sólo Gianina levantó la mano.
- Ahí hay té. Y café tenemos del común y en grano.
- ¡Ehhh! ¡Me encanta!-, manifestó Luciano.
Ingrid lo miró con cara de reproche.
- ¿Y qué?. ¿Acaso no puedo expresarme?.
- Por supuesto- confirmó Enrique, levantando el pulgar. Aquí no se censura a nadie.
- Sírvanse con toda confianza-, invitó Darío.
- ¡Oh, que bakán!- exclamó Andrés, viendo que Norma aparecía con una torta de chocolate.
- ¿Le gusta?. La preparé especialmente para Uds.
Todos pasaron sus platos para servirse. Andrés, que estaba más cerca, recibió el plato de Luciano. Cuando se lo iba a entregar, empezó a temblarle el pulso y se le dio vuelta en el pantalón de éste.
- ¡Oh, disculpa!. ¡No fue mi intención!.
- ¡Pero igual lo hiciste!-. Respiró.- Está bien; no importa.
- ¡Alegría, alegría!-, dijo Enrique.- Todo tiene solución.
- Sí, además ese pantalón necesitaba un toque. Andrés acaba de instaurar una nueva moda: la moda pastel-, señaló Ingrid.
Éste estaba sonrojado.
- Cuando vuelva a Rojo, le contaré a la Pía que le salió competencia al camino; claro que éstos serán los andresazos-, dijo Gianina.
- Que son mucho mejores-, añadió Patricio.

2 horas después.
El desayuno había concluido y todos se encontraban acomodando sus cosas en las piezas que les fueron asignadas: Ramón, Luciano y Andrés quedaron juntos en el mismo dormitorio. En otro, Enrique y Patricio. Un tercero fue ocupado por Natalia, Ingrid, Gianina y Eugenia.
- Listo; espero que estén muy a gusto-, señaló Norma.
- No lo dude-, contestó Patricio.
- ¿Te das cuenta, viejo, que es primera vez que tenemos tanta gente de visita?.
- Así es. Nos hacía falta.
- Bueno, tenemos que organizar el paseo; porque no vinimos a encerrarnos-, dijo Enrique.
- Podrían ir al Parque Temático: es muy bonito, con cientos de animales: delfines, llamas, lobos marinos, yacarés-, sugirió Norma.
- Sí. De todas maneras. Iremos para allá, en primer término; después, al Teatro Municipal...
- ¡Ehhh!-, exclamó Luciano.
- Y remataremos en la playa. Así que, todos a colocarse el traje de baño.
- ¡Uh!. Yo no tengo-, se excusó Ramón.
- No se preocupe, Padre. Nosotros le prestamos.
- ¡Enrique!-, reprochó Norma.
- No te preocupes, si el Padre es de confianza
- Y yo que casi vengo a lo gringo- le expresó Luciano a Ingrid, en el oído.
- ¡Uh!. Hubieras causado sensación.
- Demás.
- Mientras Uds. salen, nosotros prepararemos una rica albacora que acabo de comprar. Así que no se sirvan nada por ahí.
. No; después de tan abundante desayuno, no comeremos en unas buenas horas.
- Nos vemos- dijo Enrique.
- Pásenlo bien-, respondieron sus papás.
Cuando salían, Andrés le señaló a Patricio:
- No te olvides de llamar a tu abuelita.
- ¡Cierto!. Lo haré de inmediato.

Casa de Estela
- ¿Aló?- contestó Estela (Maite Fernández)
- ¡Hola!. ¿Cómo estás?.
- ¡Bien! ¿Cómo llegaron?.
- Perfectos y enteritos.
- Qué bueno. Me imagino el día precioso que ha de haber.
- Sí. Un sol radiante Ahora vamos saliendo a conocer la ciudad.
- Qué bien. Pásenlo de maravillas y disfruten harto. Saludos para todos.
- Gracias. Te cuidas.
- Uds. también.
- Chao.
- Chao.

Santiago, en la Comisaría
Fuenzalida (Payasso en Fotech) se paseaba con nerviosismo. Iba a llamar por teléfono, cuando se presentó Jiménez, su ayudante (Andy en Fotech):
- Permiso, mi Teniente.
- Jiménez, qué bueno que apareció. ¿Pudo averiguar algo?.
- No gran cosa. Estuve conversando con gente de los locales vecinos, pero nadie vio ni escuchó nada. Y a la joven se la tragó la tierra.
- Todo es muy extraño. Nadie me saca de la cabeza que ese incendio fue intencional.
- ¿Por qué lo dice?.
- No lo sé. Es una corazonada que tengo.
De pronto, Jiménez se dio una palmada en la frente, al recordar algo:
- ¡Casi lo olvido!. Al pasar frente a lo que era la cafetería, estuve haciendo una inspección como que no quiere la cosa y encontré esto botado. No me explico cómo sobrevivió a ese infierno- dijo, enseñándole el objeto.
Fuenzalida, al verlo, exclamó:
- ¡Alabado sea el cielo!. ¡Esto era lo que necesitábamos!.
- Pero ¿qué relación puede existir...?
- Toda.
- ¿De veras cree que...?.
- ¡No lo creo! ¡Estoy seguro!. En los años que llevo en esta profesión, he aprendido a ver bajo el agua. Mi intuición, una vez más, no me engañó. ¡Si yo debí haber sido cartomántico!.
- ¡Jajajaja!-. Jiménez no pudo evitar reírse.- Perdón...
- No se preocupe.
- ¿Qué hacemos, entonces?. ¿Actuamos?.
- No, por ahora. Dejaremos pasar un par de días, para ver el curso de los acontecimientos
y ahí sí.
- ¡Ud. es todo un maestro!.
- ¡Oh, muchas gracias!.

Iquique, Parque Temático
El Parque Temático Cavancha es un serpenteante camino junto al mar, donde se aprecian fuentes de agua, cactus altiplánicos, palmeras, llamas, alpacas, además del show que ofrecen los delfines, lobos marinos y yacarés.
- ¡Todo esto es muy lindo!-, decía Natalia.- ¿Y todo el año se mantiene igual?.
- Sí. Es uno de los grandes atractivos turísticos con los que cuenta la ciudad-, afirmó Enrique.
- Parece que aquí se tiene mayor conciencia ecológica que en la capital-, señaló Ramón.
- De todas maneras. Los iquiqueños somos súper conscientes y comprometidos en eso. Yo debería trabajar en Greenpeace-, sostuvo Enrique.
- Yo pensaba que nunca llegaría a conocer los delfines. Sólo los había visto a través de “Flipper”, la película-, señaló Eugenia.
- ¡Oh, sí!. ¡Me encantó!-, dijo Ingrid.
- ¡Muy, muy hermosa!-, añadió Gianina.
- Parece que empezó la hora de la cebolla picada y finita-, expresó Luciano.
- ¿Por qué?. A mí también me gustó. Y mucho-, afirmó Andrés.
- Bravo-, aplaudió Ingrid.- Andrés sí que sabe apreciar lo que es bueno.
- Es que a él le encantan los delfines, ¿cierto?-, señaló Patricio.
Éste lo quedó mirando y siguió el juego:
- Sí. Seguramente en algunas de mis 1000 y una reencarnaciones, debo haber sido un delfín.
- Eso explica tus cualidades: sensible e inteligente.
- Le voy a decir a Enrique que me preste el violín, para tocárselo- dijo Luciano a Ingrid, sin que lo escuchen.
- No seas pesado. Cada uno es feliz como quiere.
El grupo se acercó donde se encontraban estos mamífero acuáticos, quienes realizaban toda clase de acrobacias.
- Son como unos niños-, expresó Natalia.
- Cuando veo cosas como éstas me convenzo, una vez más, de la existencia de Dios.
- Es verdad.
- ¡Oh, cacha el medio salto!. ¡Qué increíble!-, señalaba Andrés.
- ¡Sí!. ¡Saltan más que nosotros!-, afirmó Patricio.
- ¡Jajajaja!-, se rió Andrés.
- Me recuerda cuando estuve en el Sea Acquarium-, dijo Luciano.
- Espero que me invites para allá algún día-, señaló Ingrid.
- Mmm... voy a pensarlo.
Ingrid lo miró con expresión apenada:
- ¡Es broma!. ¡Por supuesto que sí!.
- Y si no, voy igual. No faltará quién me lleve.
- ¡Jajajaja!.
- ¿En qué piensas?-, le preguntó Enrique a Gianina.
- Me imaginaba en Grecia, cantando en el Anfiteatro y a todos estos animalitos aplaudiéndome.
- Pues yo pensaba que iba montada en uno de ellos, recorriendo el mundo-, dijo Eugenia.
- ¡Qué tiernas!-, expresó Enrique.- Avancemos.
El grupo se dirigió hacia el sector donde se encontraban las llamas y alpacas.
- De repente quisiera ser como una de ellas. Míralas caminar: totalmente tranquilas, sin preocupaciones y sin nadie que las huevée-, afirmó Andrés.
- Sí, pero no podemos quejarnos. Lo estamos pasando muy bien-, manifestó Patricio.
- ¡Como nunca!.
Después llegaron hasta donde los lobos marinos:
- Si sigo comiendo mucho, pronto estaré como uno de ellos-, dijo Natalia.
- No, Ud. se ve bien así-, expresó Ramón.
- Gracias por el cumplido.
Siguieron recorriendo y se encontraron con los yacarés.
- ¡Uh, qué fuerte!- señaló Ingrid, recostando la cabeza en el hombro de Luciano, al ver cómo 2 de ellos se trenzaban en una pelea por una porción de alimento.
- Tranquila. Es lo mismo que hacemos los seres humanos: luchar por la vida. Sólo los más fuertes sobreviven.
- Si tú me proteges, estoy bien.
- No lo dudes-. La besó para confirmarlo.
De esta forma continuó el paseo, admirando la flora y fauna que embellecía el Parque. A cierta hora, Enrique señaló:
- ¿Les parece si vamos al Teatro Municipal?. Hablé por teléfono con el encargado, que es conocido mío, y me señaló que podemos visitarlo sin problemas.
- ¡Bieeen!-, exclamó Luciano.
- Parece que Luciano es el más feliz con la idea-, dijo Enrique.
- No, pero si todos quieren ir. ¿O no?.
El resto puso cara de duda. Luciano se preocupó.
-Vamos a ver... ¡Sí!. Te asustaste, ¿ah?-, manifestó Ingrid.- Quisimos jugar a ser Luciano por un ratito.
- ¡Jajajaja!. Te dieron de tu propia medicina-, afirmó Enrique.
- Así parece.
- Es que las mujeres la llevamos, ¿cierto?-, preguntó Ingrid.
- ¡Síii!-, respondieron en coro Natalia, Gianina y Eugenia.
- Muy bien. Si así lo desean, en marcha-, dijo Enrique.

Casa de Javier
Javier (Mauricio Inzunza) se levantó semidormido a abrir la puerta:
- ¿Quién osa hueviar?... Ah, eres tú-. Colocó cara de pocos amigos al ver a Miguel.- ¿Qué quieres?.
- Tengo que conversar contigo.
- ¡No te puedo atender ahora!- señaló, cerrando la puerta.
- Espera... . Creo que estamos en problemas.
- ¿Perdón?
- Sí. No encuentro mi carné.
- ¿Y qué tengo que ver yo?.
- Creo que se me perdió el día del incendio.
- ¿Y?.
- Que si alguien llega a encontrarlo, puede que se descubra todo.
- Tranquilo. Esa pocilga ardió como pollo rostizado. Nadie descubrirá nada.
- No sé. Lo único que no quiero son problemas con la policía.
- Todo depende de ti. Si no abres esa linda boquita que Dios te dio, no se producirá ningún atado.
- No lo haré.
- Qué bueno que lo tengas claro. Porque si no, me obligarás a hacerte unos pequeños cariñitos- amenazó, enseñando el cortaplumas.- Ahora, necesito descansar. Así que retírate; toma-. Le pasó unos papelillos de marihuana.
- Pero...
- ¿No oíste o hablo chino?. ¡Lárgate!-.Tomándolo bruscamente de un brazo, lo echó a la calle a empujones.- ¡Si vienes, que sea por algo realmente importante. ¿Ok?.
Miguel, del puro susto, era incapaz de responder.
- ¡Me gusta que me contesten cuando formulo una pregunta. ¿Entendiste?.
- S... sí- respondió Miguel, tartamudeando.
- Muy bien. Que tengas un buen día-. Se despidió dando un portazo. Miguel se alejó de ahí corriendo con todas sus fuerzas: sentía admiración por Javier; pero también un profundo terror ante su presencia, que lo anulaba completamente, quitándole la escasa capacidad de razonamiento que poseía. Para calmarse, aspiró uno de los papelillos y con paso firme avanzó, sin saber dónde iba.

Iquique, Teatro Municipal
Al llegar, el grupo quedó maravillado viendo el imponente edificio. Éste corresponde a un volumen rectangular, construido íntegramente en madera, principalmente pino oregón. Su fachada da al sector sur de la Plaza Prat y posee gran riqueza plástica y ornamental. Sigue un estilo clásico con fuerte acento neorrenacentista. Su cuerpo central se distingue por seis grandes vanos con arcos de medio punto. Los tres primeros corresponden al ingreso al Foyer y los otros tres a las ventanas del segundo nivel.
Al interior la ornamentación está realizada en base a elementos clásicos que decoran cielos, antepechos, palco y boca del escenario. Particular interés posee la parrilla y el subterráneo del escenario donde se conserva la maquinaria original elaborada enteramente en madera y que permite el movimiento del mismo..
- ¡Guau!. ¡Esto se parece al Olimpo!-, exclamó Andrés.
- ¿Verdad que sí?-, confirmó Enrique.
- Realmente conmovedor. Se me encoge el pecho-, expresó Ingrid.
- A mí me ocurre lo mismo-, señaló Natalia.- Realmente una belleza.
- Eso es porque somos sensibles. Cualquiera puede ver un espectáculo teatral, pero emocionarse como nosotros, no. Hay que mirar con los ojos del alma-, sentenció Luciano.
- Muy de acuerdo-, reafirmó Patricio.
- Esta vez, coincido con Luciano-, se sumó Andrés.
- ¡Qué belleza!-, manifestó Gianina.
- Parece que estuviéramos en otro mundo-, afirmó Eugenia
- Por algo dicen que la vida es un gran teatro. ¿Cierto?.
- Así es-, confirmó Natalia.
Mientras divagaban en torno a esto, Luciano se había dirigido al pie del escenario. Subió, casi en estado de trance y mirando a todos, expresó:
- El escenario inspira respeto, y eso todos lo saben. Estar sobre un escenario significa muchas cosas, ser profesional, ser buen compañero, ser buen artista y dejar el alma...que es lo más difícil. Cuando uno esta sobre el escenario, siente una adrenalina incomparable....ni siquiera se puede clasificar con palabras, es una adrenalina vertiginosa...es una incertidumbre excitante y total. Sobre el escenario puedes recibir grandes aplausos y sentirte el mejor, pero también echar a perder todo un trabajo. Sobre el escenario, tus 5 sentidos están trabajando...y también el sexto y el séptimo. El escenario inspira respeto, demasiado.
¿Cómo saber si eres merecedor de estar en el escenario y ganarte los aplausos?
Al terminar, un aplauso cerrado inundó el sitio.
- Hablas muy bonito- señaló Natalia, con lágrimas en los ojos.
- ¡Te las mandaste!. ¡Ídolo!- exclamó Ingrid, corriendo a su lado para darle un beso.
- Sabias palabras. Te felicito; no esperaba menos de ti-, le dijo Enrique.
De la misma forma lo saludó el resto. El último fue Andrés. Lo quedó mirando fijamente y le manifestó:
- Qué más puedo decirte que ya no te hayan dicho. ¡Felicitaciones!-. Le dio un fuerte apretón de manos.
- Gracias a todos. Disculpen si me salí de libreto, pero me nació del corazón.
- Y después te ríes cuando nos emocionamos por las cosas. Si tú eres más sensible que todos nosotros juntos-, señaló Ingrid.
- Debo reconocerlo-, admitió Luciano.
- Ya va siendo hora de que vayamos a almorzar. En la tarde seguimos el tour.-, pidió Enrique.
- Vamos-, dijeron los demás

En el colegio
- ¿La profesora Natalia se encuentra?-, preguntó Ernesto (Pancho Melo).
- No-, respondió José.
- ¿Y el Padre Ramón?
- Tampoco. Andan de viaje por Iquique.
- Ah... ¿Sabe?. Necesitaba hablar algo importante con ella. ¿Ud me podría dar algún número de teléfono donde ubicarla?.
José se quedó pensando un instante. Ernesto insistió:
- Si no fuera importante, no se lo estaría pidiendo.
- Acompáñeme a la oficina. Ahí está el número donde puede localizarla

En la Oficina de Ramón
José buscó sin encontrar nada. De pronto recordó:
- ¡Qué soy!. Lo tengo en mi pieza. ¿Me esperaría un momento?.
- Claro. Vaya no más.
Una vez que estuvo solo, Ernesto se puso a revisar el escritorio del sacerdote, que estaba sin llave. Sólo se veían papeles y documentos. Iba a cerrar, antes de que José volviera, cuando se topó con un libro. Leyó:
- “Vida de San Ignacio de Loyola”-. Sin saber por qué, empezó a hojearlo. De repente, una foto resbaló, cayendo al suelo. Se agachó a recogerla y quedó impactado:
- ¿Natalia?-. La estuvo mirando y se percató de que tenía algo escrito en el reverso. Girándola, pudo leer:
- Con todo cariño, para alguien que, desde hace mucho ocupa mi corazón y que me ama secretamente. Natalia.
Ernesto sintió que un nudo le oprimía el pecho: quiso gritar, llorar, pero logró contenerse. Guardó la foto en un bolsillo y se marchó rápidamente de ahí.

Al poco rato
- Aquí tengo el... . ¡Bah!. ¿Dónde se metería este caballero?-. José miró hacia todas partes.
- Qué raro. En fin; será...-. Regresó a sus labores.

En la playa.
Después de almuerzo, casi todo el grupo había bajado, excepto Natalia, quien decidió acompañar a Norma; y Ramón, el cual se encontraba descansando.
- ¡Esta sí que es vida!. Me recuerda cuando estuvimos en Cachagua-, expresaba Andrés.
- Y eso que no llevamos ni un día. Imagínate los restantes-, afirmó Patricio.
- ¡Síii!. ¡Del 1.!
- ¡Cacha el Luciano!. ¡Las mansas piruetas que hace!.
- ¡Jajajaja!. ¡Es muy loco!. Pensándolo bien, ya no me cae tan mal.
- Mmm... , voy a ponerme celoso.
- ¡Jajajaja!. El ladrón detrás del juez.
- Ya que te tocará compartir pieza con él, cuidadito con gatear a medianoche hasta su cama. Te estaré vigilando.
- ¡Shhh!. La misma advertencia te hago yo por Enrique.
- ¿Te imaginas jugando a las cambiaditas?.
- Nunca se sabe.
- ¡Jajajaja!-. Ambos se sumergieron completamente bajo el agua.

En otro sector
- ¡Afírmame bien!. ¡No me vayas a soltar!-, pidió Ingrid.
- No te preocupes. Yo estoy aquí-, dijo Luciano-. La tomó de la cintura y juntos fueron flotando lentamente.
- ¿Ves que no era tan terrible?.
- Siempre le he tenido mucho respeto al mar.
- Es cosa de acostumbrarse. No te olvides que, de alguna forma, estamos en contacto con agua durante 9 meses en el vientre materno.
- Te amo-, expresó Ingrid.
- Yo también-, contestó Luciano. Afirmándose mutuamente, se empezaron a besar; en tanto eran envueltos por las suaves olas.

En la arena.
- Tomen: de lúcuma y chirimoya- dijo Enrique, entregando los helados a Gianina y Eugenia..- Voy a bañarme; ¿no quieren venir?.
- Un ratito más. Nos quedaremos conversando.
- Bueno-. Se dirigió al agua
- Ese cuarteto la está pasando bkn: cada oveja con su pareja-, expresó Gianina.
- Sí. Me alegro sobre todo por Andrés. Ha madurado mucho: lo veo sólido, más estable, emocionalmente hablando.
- Posee una energía increíble. Es capaz de movilizar multitudes. Lo demostró en la toma del colegio y, para qué decir, en la Teletón.
- Sí lo vi. Fue muy emocionante.
- Es que cuando nos dejamos guiar por la fuerza maravillosa del amor, logramos cualquier cosa.
- En todo caso.

2 horas después.
Luego de salir del agua, se vestían para regresar.
- ¡El día se me pasó volando!- , exclamó Ingrid.
- Así es acá: todo se hace cortito-, confirmó Enrique-
- Pero lo pasamos la raja-, expresó Patricio.
- Qué bueno que les haya gustado. Ahora debemos volver a casa.
- Caeremos como piedra esta noche-, dijo Eugenia.
- Y no es chiste-, reafirmó Andrés.

De noche.
Luciano se levantó a buscar un vaso de agua. Ramón no estaba en la pieza y Andrés dormía profundamente.
Cuando iba por el pasillo, creyó oír voces. Se detuvo:
- Padre. ¿En pie a estas horas?.
El sacerdote miró a Patricio, sin saber qué decir.
- ¿Se siente bien?
- Sí. Disculpa; tenía la mente en otro lado.
Patricio se acercó:
- ¿Lo puedo ayudar?
- No te preocupes.
- Bueno-. Se marchaba a su pieza, cuando Ramón lo llamó:
- Pato-. Él se dio vuelta.-. La verdad es que sí me ocurre algo... y tiene que ver contigo.
- Dígame no más-.Volvió a aproximarse.
- No sé cómo decirte esto.
- Con la verdad.
- Me pasan cosas cuando estoy a tu lado. Siento algo especial por ti.
Patricio titubeó un instante por lo que acababa de oír. Tomándose de las manos, se miraron un largo instante: cada uno vio su cara en los ojos del otro.
Luciano regresó a la pieza. Andrés había despertado y se levantaba:
- Hola, ¿dónde vas?.
- Me desvelé. Necesito un vaso de agua.
- Toma el mío. Yo voy por otro.
- No es necesario.
- Sí. Quédate acá y no te muevas por nada.
- Pero...
- ¡Ya escuchaste!. ¡No te muevas!.
Andrés se sorprendió por la forma en que le habló Luciano; sin embargo, por una extraña razón que no lograba explicarse, entendió que debía obedecer y permaneció ahí.

3 días más tarde
Patricio y Andrés habían salido solos:
- Qué alivio poder andar sin el resto encima-, dijo Andrés.
- Pero no se puede negar que todos han sido súper buena onda.
- Eso sí.
Era de noche y llevaban caminado bastante, cuando Andrés se fijó:
- Mira esas luces que se ven allá.-. Se acercaron a ver: éstas provenían de un local cubierto por frondosos arbustos.
- ¿Qué dices?. ¿Te atreves?-, preguntó Patricio.
- Ya estamos... . Démosle no más.
Abriéndose paso entre los árboles, llegaron frente al local, en el que se leía:
Disco Gay “Cerebro”: Para perder la cabeza por placer”.
-¡Uhhh!. ¡Qué surrealista!. Me recuerda un cuento de José Donoso-, señaló Patricio.
Andrés lo miró:
- ¿Estamos pensando exactamente lo mismo?.
- ¡Síii!. ¡Entremos!.
Al interior podían distinguirse 2 Bares Internacionales, uno en el hall de ingreso, y otro en el segundo nivel, ambas con una calida infraestructura.
En el segundo nivel está la caseta de sonido e iluminación; comandada por 2 Dj's, que durante la noche prácticamente "tiran la discotheque por la ventana". En iluminación, cuenta con Luces Robotizadas y Efectos Dj., más 2 pantallas gigantes: una de 6 x 6 mts. y otra de 3 x 3 mts.
El dueño se acercó (DgCasto en Fotech):
- Buenas noches. Por aquí hay una mesa desocupada. ¿Qué se van a servir?: tenemos el trago americano, la especialidad de la casa, , el Memphis y el rock'n roll.
- ¿Tiene jugos?. La verdad es que no bebemos alcohol-, explicó Patricio.
- Sí: de todos los sabores.
- Yo quiero uno de naranja-, pidió Andrés.
- Y para mí, uno de frutilla.
- Muy bien.
Los muchachos miraban la pista repleta de bailarines, sedientos de pasión, disfrutando cada sonido de la música techno que excitaba los corazones.. De repente, Andrés se paró, acompañado de Patricio. Se dirigieron hacia la pista. Andrés, dejándose llevar por la música, empezó a ejecutar una serie de movimientos que derrochaban sensualidad y energía. Patricio lo siguió. La gente les hizo espacio y entre los 2 formaron una unidad perfecta y armónica, que sobresalía aún más gracias a las potentes luces.
- ¡Bravo! ¡Bravo!-, aplaudía la concurrencia.
En pleno baile, Andrés sintió que una mano se deslizaba por su trasero. Súbitamente se dio vuelta y descubrió a un tipo de aproximadamente 22 años:
-¡Estás muy rico!.
- ¡Nadie me toca sin mi consentimiento!-. Y le dio un puñetazo que lo hizo saltar lejos. Éste, humillado y maltrecho, se levantó como pudo y abandonó la discotheque.
El dueño se acercó
- Nos sacaste un gran peso de encima. Hace tiempo que ése nos estaba molestando; no sabíamos cómo deshacernos de él. ¡Felicitaciones!. Han brindado un bello espectáculo; todo lo que consuman es gratis: regalo de la casa-. La música subió su intensidad:
- ¿Te das cuenta?. ¡Todo el mundo te quiere!-, señaló Patricio.
- Con que me quieras tú me basta y me sobra. Por eso golpeé a ese estúpido.
- ¡Lindo!-. Se besaron, mientras la gente los aplaudió ensordecedoramente

Casa de los Valladares, 3 días después
Había llegado el momento de regresar a Santiago. Todo era un ir y venir , alistando bolsos y equipaje.
- Espero que no se me quede nada. Cada vez que viajo, me tengo que olvidar de alguna cosa-, afirmó Ingrid.
- No se preocupe. Si se le queda algo, se lo enviamos-, dijo Norma.
Luego que el grupo estaba listo:
- Bueno, muchas gracias por haber aceptado nuestra invitación. Perdonen lo poco-, señaló Darío.
- No; al contrario: gracias a Uds.-, expresó Ramón.- Fueron días inolvidables.
- Cuídate mucho. No dejes de llamarnos-, pidió Norma a Enrique.
- Lo haré.
Así se fueron despidiendo uno a uno .El matrimonio salió a la puerta; Luciano y Enrique subieron a sus autos. Ramón y Natalia se fueron con este último.
- ¡Vuelvan cuando quieran!- expresaron los Valladares, haciendo señas hasta que los vehículos se perdieron de vista.

Casa de los Vidal.
Miguel seguía buscando su cédula de identidad. Sonó el timbre:
- ¿Ud?. ¿Qué desea?- preguntó, sobresaltado al ver a Fuenzalida.
- Caramba. ¿Tanto susto te doy que reaccionas así?.
- Disculpe.
- Te presento a mi ayudante Jiménez.
- Mucho gusto.
- ¿Te pasa algo?-, preguntó Fuenzalida.
- Busco una cosa que se me perdió no sé dónde.
- ¿Por casualidad no será esto?-. Le enseñó el carné. Al verlo, Miguel retrocedió espantado y los colores desaparecieron de su rostro.

Con las Actuaciones Especiales De:


Pedro Villagra: Darío Valladares


Solange Lackington: Norma Martel



#2
DwAb85

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UMMM EL PADRECITO CONFUSED diogo.gif diogo.gif diogo.gif YO PENSE QUE PASARIA ALGO ENTRE LUCIANO Y ANDRES blink.gif awelo2.gif


#3
Chrisfe

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