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Capítulo XVI: "Un Resplandor en la Oscuridad"


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2 respuestas a este tema

#1
Chrisfe

Chrisfe

    Forista Gold

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En casa de Enrique
- ¿Enrique?. ¿Estás ahí?-. La voz de Gianina se oía preocupada.
Dentro de la pieza, Enrique (Pablo169 en Fotech) transpiraba helado. Luego de hacerle un gesto a Eugenia (Isabel Ruiz) para que permaneciera en silencio, contestó:
- Hola, mi amor. Voy al tiro.
- ¿Puedo entrar?.
- ¡No!. Es que no estoy presentable. Tú entiendes.
- Bueno, pero no te demores mucho. Mientras tanto, iré a la cocina a prepararme alguna cosa. Vengo muerta de hambre.
- ¿Por qué no salimos por ahí?. Yo invito.
- No tengo mucho ánimo, estoy bastante cansada.
- Pero en un restaurante estaremos mucho más cómodos, nos atenderán y no tendremos que preocuparnos de nada.
- Tú ganas, pero antes me ducharé.
- Yo voy a aprovechar de arreglarme.
Cuando Gianina entró al baño, Enrique le pidió a Eugenia:
- Tienes que irte de inmediato. Si no, ni te explico el lío que se arma.
- Ya, no te preocupes. Me encantó, en todo caso.
- Te acompaño a la puerta. Salgamos sin hacer mucho ruido.
Cuando Enrique se despedía y cerraba la puerta, Gianina salió del baño:
- ¿Con quién hablabas?.
- No, alguien que preguntaba por una dirección.
- Ah-. De repente, Gianina observo, apuntando con el dedo.
- ¿Qué pasa?.
- Tienes abierto el cierre de tu pantalón.
- ¡Oh, qué vergüenza!. Me vestí tan rápido. Como tocaban, vine a ver y ni me fijé.
- No te preocupes, si a cualquiera le pasa.
- ¿Sabes?. Creo que tienes razón.
- ¿En qué?.
- Mejor nos quedamos aquí. yo te preparo alguna cosa y luego pasamos una noche intensa.
- Qué bueno, porque no tenía deseos de salir. En “Rojo” participé en 2 musicales, además de preparar otro para mañana.
- Entonces, ponte muy cómoda, porque voy a cocinar la cena más exquisita que jamás hayas probado.
- Ya , voy a colocar un poco de música-. Acercándose al equipo, puso el CD de “Las 4 Estaciones” de Vivaldi y se sentó en uno de los sillones a esperar, mientras Enrique tenía todo listo.

En la esquina de la Parroquia
Luisa (Ana M. Gazmuri) y Patricio (Néstor Cantillana) seguían mirándose, hasta que éste rompió el hielo:
- ¿Se encuentra bien?.
- Sí, no te preocupes. Debo irme.
- Disculpe, ¿Ud. es la madre de Miguel (Claudio González)?.
- Sí. ¿Se conocen?.
- Por supuesto: trabajo en el colegio donde él estudia. Soy Patricio Ortega. Mucho gusto.
- Luisa Phillips.
- ¿No quiere que la acompañe hasta su casa?.
- No es necesario.
- Insisto. Ya es tarde y puede ser peligroso que ande sola.
- Sin explicarse por qué, Luisa aceptó: la mirada y la voz del joven le provocaron una sensación que no experimentaba desde hacía mucho.
- ¿Cómo está Miguel?.
- Bien...- En realidad, ni ella misma lo sabía.
- Fue lamentable todo lo que pasó.
- ¿Qué cosa?.
- Lo de Miguel, Ingrid (Nathalie Soublette) y Luciano (Shaskamaro en Fotech).
- ¿Sabes?. No me interesa seguir hablando del asunto; si deseas acompañarme, te voy a solicitar que guardes silencio- expresó, cortante.
Patricio obedeció y prosiguieron el resto del camino sin intercambiar palabras.

En la Parroquia
- ¿Andresito? (Iñigo Urrutia)-. José (Hugo Medina) abrió la puerta del dormitorio. Al no encontrar a nadie, exclamó:
- ¡Bah!.
En ese momento, apareció Ramón (Álvaro Rudolphy):
- ¿Qué sucede?.
- Juraría que vi llegar a Andrés, incluso escuché su voz. Pero vengo y no está.
- Te pareció, entonces.
- Tendré mis años, pero no estoy ni ciego ni sordo.
- A lo mejor, vino y volvió a salir.
- Está muy patiperro últimamente. Ya no se le ve ni la cara.
- Yo lo prefiero así, a como era hace un par de meses.
- En todo caso.
- No nos preocupemos, ya aparecerá.
- Tiene razón.

En la plaza
Eugenia se dirigía a su casa, cuando divisó a Andrés sentado en uno de los bancos. Fue donde estaba:
- Hola, ¿qué haces aquí?.
- ¡Déjame, no quiero hablar con nadie!.
- ¿Por qué?.
- ¡No me siento bien!. ¡Quiero estar solo!.
- ¿Y Pato?.
- ¡No me menciones a ese imbécil!-. Sin poder aguantarse, soltó el llanto.
- Oh, ¿qué paso?. ¿Pelearon?.
- Yo soy el estúpido que creyó en quien no debía.
- ¿Por qué dices eso?.
- ¡Te dije que no quiero hablar!. ¡Ándate y déjame solo!
- Te vienes conmigo. No voy a dejarte así-. Lo tomó de un brazo, haciendo que se levantara y caminaron hasta el paradero. Unos minutos después, apareció un colectivo y lo abordaron.

Una cuadra antes de la casa de los Vidal
- Puedes irte. Aquí quedo bien-, señaló Luisa.
- Bueno, no ande tan sola de noche-. Patricio se despidió.
Ya en la entrada de la casa, Luisa caminaba pausadamente, cuando fue cogida en forma brusca. Dándose vuelta, se encontró con David (Tiago Correa).
. ¿Qué significa esto?.
- ¡Las preguntas las hago yo!.
- ¡No le permito que me hable de ese modo!. Sólo andaba dando una vuelta. Además, no tengo por qué darle explicaciones.
- ¿Ah, no?. ¿Prefiere que don Ernesto (Pancho Melo) se entere de todo lo que ha sucedido entre nosotros?.
- ¡Cállese!. ¿Cómo se le ocurre?. Ud. sería el más perjudicado.
- No estoy tan seguro. En fin, si me voy de acá, podría arreglármelas de cualquier manera. ¿Pero qué hará la intachable señora Phillips? ¿O me dirá que cuenta con una profesión que le permita mantenerse sin tener que vivir a expensas de su marido?
- ¡Ud. es un...!.
No alcanzó a pronunciar nada más, ya que David la aprisionó entre sus brazos, besándola con suma intensidad.
En el punto cúlmine, Luisa se asustó:
- Sentí pasos.
- Tranquila: su esposo no está y a Miguel no lo he visto.
- Dejemos esto, puede aparecer alguien.
- Vaya, no creí que se asustara por tan poco.
- ¡Déjese de hablar tonteras! ¿Por qué mejor no revisa?; pueden andar ladrones o algo así.
- Está bien.
David regresó luego de 5 minutos:
- No hay nadie.
- Yo me entro a la casa.
- Espere... es Ud. una mujer muy especial.
Luisa ingresó, mientras David se fumaba un cigarro para calmar los nervios.

En casa de Eugenia
- Llegamos. ¿Quieres servirte alguna cosa?.
- ¡No!.
- No es necesario que me grites, sólo trato de ayudarte.
- Yo no necesito ayuda de nadie.
- ¿Qué pasó exactamente con Pato?. Porque de ahí se deriva tu problema.
- ¡Lo que él haga o deje de hacer me tiene sin cuidado!.
- No lo parece, por el modo como reaccionas.
- Si me sigues insistiendo con el tema, me voy.
- Sólo una última cosa: sea lo que sea que haya ocurrido, yo creo que Pato te aprecia mucho; eso se nota.
- Por favor, te dije...
- Está bien. ¿Tienes sueño?.
- Un poco.
- Ven-. Como Andrés se mostrara reacio, Eugenia lo tranquilizó:
- Tú dormirás en la pieza de alojados. En realidad, es primera vez que alguien se queda.
Andrés la siguió. La joven dijo:
- Llamaré a la Parroquia para avisar que estás aquí.
- No le cuentes nada de mi pena.
- No te preocupes. Déjame a mí no más.

En la Parroquia
Ramón terminaba de rezar cuando sonó el teléfono:
- ¿Aló?.
- ¿Con el Padre Ramón?.
- Sí, ¿con quién tengo el gusto?.
- Ud. habla con Eugenia, una amiga de Andrés. Lo llamo para avisarle que él se quedará en mi casa esta noche.
- ¿Qué pasó, se encuentra bien?.
- Sí. Como ya es tarde puede ser peligroso que ande a esta hora en la calle. Pero no se preocupe: está en buenas manos.
- Gracias por avisar.
- De nada. Buenas noches.
- Buenas noches.

En casa de Eugenia
Eugenia regresó donde Andrés, quien permanecía sentado en la cama con el semblante decaído.
- ¡Ánimo!. Te aseguro que mañana será otro día y te sentirás mucho mejor.
- Ojalá.
- En serio. ¿No quieres conversar?. Te haría bien.
Andrés movió negativamente la cabeza.
- Entonces, voy a acostarme. Tuve harto trabajo en la cafetería. Trata de dormir y no te aflijas.
Andrés se quitó los zapatos y se tendió en la cama. No conseguía calmarse ni dormir, pues cada vez que cerraba los ojos, venían las imágenes de los momentos vividos con Patricio. Esto lo apenó más, por lo que estuvo toda la noche llorando en silencio.

En casa de Luciano
Luciano notó que Ingrid lucía preocupada.
- ¿Qué te ocurre?.
- Nada. Cosas sin importancia.
- ¿No me vas a decir que sigues pensando en Miguel?.
- No. Me acordaba de Andrés, el que vomitó en Fantasilandia.
- ¡Jajajajaja!. Sí, fue muy divertido.
- No seas malo.
- ¿Qué?. ¿Acaso te gusta?.
- No, tú sabes quién llena mis pensamientos.
- Déjate de cursilerías y vamos a la acción-. Tomándola en brazos, se dirigieron al dormitorio. Al llegar, Luciano cerró la puerta.

Casa de los Vidal, a la mañana siguiente
Luisa bajó a abrir la puerta. Su rostro se descompuso cuando descubrió a Natalia (Carolina Arregui):
- ¿Qué haces aquí?.
Natalia la quedó mirando. Luisa continuó:
- ¡Hay que ser muy descarada para venir hasta acá!.
- Yo no vine a hablar contigo.
- No, si seguramente quieres ver a Ernesto. Las tipas como tú son insaciables. Pero no lo conseguirás.
- Quiero conversar con Miguel.
- Tú no tienes remedio. Ya no sabes qué inventar para importunarme- dijo, tratando de cerrar la puerta.
- ¡Te dije que venía a hablar con Miguel y lo voy a hacer!.
Justo apareció Ernesto:
- ¿Qué sucede?... Natalia, qué sorpresa.
- Quiero conversar con Miguel, pero tu señora tiene problemas.
- De ningún modo. Pasa.
- Pero-, balbuceó Luisa.
- Mira, aquí está-. Éste, al verla, quedó sorprendido:
- ¡Profe!. ¿Cómo está?.
- Bien. Necesito que conversemos. ¿Se puede?.
- Claro.
- ¡Qué bonito!. Toda la familia en mi contra. ¡Bravo!-, aplaudió Luisa.
- Mejor salgamos de acá, Profe. El aire está bastante denso.
- Tanto mejor.
- Oye, ¿cómo vas a salir con ella?. ¡Te lo prohíbo!
- Tú no eres quién para prohibirme nada. Menos después de...-. Se detuvo.
- Vamos, Profe.
- Chao-, se despidió Ernesto.
- Que tengas un buen día- le expresó Natalia a Luisa, con voz irónica, antes de retirarse con Miguel.
Luisa empezó a tiritar cuando Ernesto le preguntó:
- ¿A qué se refería Miguel con “Menos después de?.
- No tengo idea. Tú sabes que es el rey a la hora de decir estupideces-. Después de esto, cada cual se retiró a sus quehaceres.

En casa de Estela.
Patricio terminaba de vestirse cuando Estela (Maite Fernández) tocó la puerta de su dormitorio:
- Patito, te buscan.
- ¿Quién?.
- Una joven. Dice que es Eugenia.
- ¡Ah, sí!. Voy al tiro.
Patricio bajó 5 minutos después:
- Hola, ¿cómo estás?.
- Bien, ¿y tú?.
- Levantándome. ¿A qué debo el honor de tu visita?.
- Se trata de Andrés.
- ¿Qué le pasó?.
- No lo sé, pero está bastante mal.
- Lo voy a llamar de inmediato.
- Espera, él no está en la Parroquia. Pasó la noche en mi casa. Lo vi en la plaza y me lo llevé casi a la fuerza.
- Qué extraño. Lo acompañé a la Parroquia, nos despedimos y todo quedó bien.
- No me quiso contar nada. Ni siquiera durmió. Estuvo llorando toda la noche.
- ¿Podría ir a tu casa ahora?.
- Por supuesto, para eso vine. Creo que es súper importante que conversen.
- Vamos, entonces.
Cuando salían, Estela dijo desde adentro.
- Patito, ¿no desayunarás?.
- No puedo, debo resolver un asunto de suma urgencia.
- Bueno, cuídate.
- Chao.

En una heladería
Ud. dirá para qué soy bueno, Profe.
- ¿Cómo has estado?.
- Por aquí, más o menos. Después de mi último numerito, me asombra que quiera hablar conmigo.
- No soy quién para juzgarte. Sólo te quiero brindar mi ayuda y apoyo, como tu profesora. ¿Has visto a Ingrid?.
- No me atrevo. Yo creo que no querrá verme ni en pintura.
- Eso no lo sabrás si no te acercas a ella. Siempre es bueno reconocer cuando nos equivocamos y pedir disculpas.
- Prometo que lo haré.
- Me gustaría que retomaras tu participación en el grupo de teatro: te enriquecerás como persona. Por otro lado, percibo que tienes un gran talento.
- ¿De verdad?. Yo, feliz.
- Hecho, te integras nuevamente.
- Es Ud. tan buena preocupándose por mí.
- Cualquiera en mi lugar haría lo mismo.
- Ojalá mi mamá tuviera un poquito de tiempo para hablarme de esta forma. A propósito: nunca he entendido por qué ella la detesta tanto.
- No lo sé. Bueno, uno no es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo.
- Supongo que sí.
- ¿Vamos?. Tengo muchas cosas que hacer.
- Yo también. Gracias por la invitación.
- De nada.

En casa de Enrique
- Despierta, flojita- le susurraba Enrique a Gianina, acariciando su pelo.
- Mmm, ¿qué hora es?.
- Las 10:15. Levántate porque vamos a salir. Te tengo una sorpresa.
- ¿Ah, sí?. Entonces, me levanto al tiro.
Luego de tomar desayuno, abandonaron la casa para dirigirse a una empresa automotriz.
- Acá está la sorpresa, ya verás.
Se presentó el encargado (Spiderman en Fotech):
- ¡Señor Valladares!. ¿Cómo está?.
- Muy bien. Traje toda la documentación para la compra del vehículo.
- ¡Guau!. ¿Esa era la sorpresa?-, expresó Gianina.
- Sí.
Luego de que el encargado revisara los papeles, afirmó:
- Está todo en regla. Pasen por aquí.
Algunos metros más allá se encontraron con un Lada color blanco, último modelo.
- Este es. ¿Te gusta?.
- ¡Oh, es maravilloso!. ¿Cómo no me habías dicho?.
- Quise sorprenderte. El otro día llegaron unos folletos al colegio, ofreciendo la posibilidad de adquirir un vehículo, con facilidades de pago para profesores, y aquí estamos.
- No se arrepentirá, ha hecho Ud. un muy buen negocio. Esta es una auténtica joyita.
Luego de firmar el contrato de compra Enrique y Gianina, abrazados, empezaron a dar vueltas de contentos.
- Ahora te sacaré a pasear donde tú quieras.
Se subieron. Ambos no cabían en sí de gozo y empezaron a besarse. En lo mejor, a Enrique se le apareció la cara de Eugenia.
- ¿Qué pasa?-, preguntó Gianina.
- Estoy tan feliz, que me llego a poner nervioso.

En casa de Eugenia
Andrés salía del baño, cuando llegaron Eugenia y Patricio:
- ¿Qué hace él aquí?- dijo, alterado.
- Cálmate, yo le pedí que viniera.
- Hola, ¿qué te ocurre?-, saludó Patricio.
- Nada que a ti te interese. Y dirigiéndose a Eugenia:
- No tenías que haberte molestado trayéndolo; no vale la pena. Me voy, gracias por todo.
- Pero...
Andrés salió. Eugenia le señaló a Patricio:
- No entiendo nada.
- Yo menos. Disculpa que me vaya así, pero debo aclarar esta situación.
- No te preocupes. Suerte.
En la calle, Patricio corrió hasta alcanzar a Andrés.
- ¿Por qué no te vas?.
- Oye, por lo menos necesito una explicación. ¿Qué fue lo que te hice para que reacciones de esta forma?. Hasta ayer todo iba muy bien.
- ¡Me asombra que seas tan cínico!.
- Pero ¿por qué?.
- ¡Por favor, si te vi!.
- ¿Dónde, en qué?.
- Después de que me dejaste en la Parroquia, me acordé de algo que tenía que decirte. Salí a buscarte y te veo, mirando a esa mujer, y tomaditos de la mano. ¿Qué tal es en la cama, ya la probaste?.
- Jajajaja!. Era eso.
- ¿Y todavía te ríes?. Te debo parecer muy ridículo, seguramente.
- Esa mujer no significa nada. Iba pasando y chocamos por casualidad.
- ¡Y yo soy el Viejito Pascuero!.
- ¿Tan poco confías en mí, que no eres capaz de creer en lo que te digo?.
- ¡No des vueltas las cosas!. No quiero saber nada; por favor, ándate y no me busques más.
- No puedes decirme eso. Tú sabes lo mucho que significas para mí.
- ¡Sí, claro!. ¡Se nota!. ¡A la primera de cambio, te vas con cualquiera!.
- Pero...-. Patricio intentó aproximarse.
- ¡No te acerques, déjame en paz y olvídame!.
- Solamente me iré si reconoces que no sientes nada por mí.
- ¡Para de hueviar!.
- Tu actitud ya me está indicando la respuesta.
- ¡No siento nada por ti, no te amo. Te detesto profundamente!- le gritó, al tiempo que se alejaba rápidamente. Patricio se quedó inmóvil, con lágrimas en los ojos.

En casa de Luciano
- ¿Dónde vas?- le preguntó Ingrid al joven, viendo que éste se arreglaba.
- Por ahí. Debo realizar un trámite.
- ¿Te puedo acompañar?.
- No.
- Pero...
Luciano, acercándose, la besó.
- ¿Está bien con eso?. ¿Puedo irme ya?.
- Bueno, no te demores mucho, sí. A la vuelta, te tendré un rico almuerzo.
Luciano, realizándole un guiño, se despidió.

En casa de los Vidal
Miguel salía cuando Luisa lo detuvo:
- ¿Dónde crees que vas?.
- Voy saliendo.
- Un momento. Primero me dirás qué conversaron con tu profesorcita.
- ¡No tengo por qué contarte nada!.
- ¡No me hables en ese tonito!.
- ¡Muy bien!. ¡Empieza tú por decirme que hacías anoche, en la entrada de la casa, besándote con David!.

En Cachagua.
Andrés, tomando un bus llegó hasta la playa. Aprovechó de recorrer el lugar; la brisa marina logró aliviar, en parte, su angustia. La discusión con Patricio lo había dejado mal. Podía intuir que éste tenía razón, pero su orgullo era más fuerte.
Sumido en estos pensamientos, pasó el resto de la tarde. Cuando cayó la noche, viendo que ya no quedaba nadie, se desvistió para internarse en las aguas. Sumergiéndose, empezó a nadar dejando que las ondas lo envolvieran por completo.
Al emerger a la superficie, miró el cielo: una estrella fugaz pasó raudamente. Cerrando los ojos, pidió un deseo. Volvió a abrirlos, al sentir que unas manos acariciaban su cintura; dándose vuelta, se encontró con Patricio:
- ¿Aún sigues enojado?.
Andrés lo contempló y, abrazándose a él, comenzó a llorar:
- ¡Perdóname, una vez más he actuado como un idiota!.
- Tranquilo, ya está todo olvidado.
- Lo que te dije no es verdad.
- Lo sé.
- ¿Me quieres?.
- Si no te quisiera, no estaría acá.
- ¿Cómo supiste...?.
- Siempre vengo a este sitio cuando deseo calmarme. Y no te olvides que las almas gemelas se adivinan el pensamiento.
Ambos se besaron; luego de un minuto, Andrés dijo:
- No nos vaya a ver alguien.
- Conozco el sitio perfecto cerca de aquí para que estemos solitos, sin ser molestados.
Salieron del agua y, después de secarse un poco y recoger sus ropas, se fueron caminando hasta perderse en medio de la oscuridad nocturna, que empezaba a teñirse por un suave resplandor.




#2
DwAb85

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INSISTO, QUE PATRICIO Y ANDRES SE LLEVAN LA HISTORIA, SU ROMANTICISMO Y TODO Rochy.gif SON TAN OPUESTOS, ME GUSTAN LAS PAREJAS ASI toma.gif toma.gif AYYY LUISITA, A VER COMO LA HACES AHORA QUE TU HIJITO TE DESCUBRIO imbecil.gif imbecil.gif


#3
Chrisfe

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