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Capítulo I: "Danza de la Muerte" (2ª Parte)


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3 respuestas a este tema

#1
Chrisfe

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En la Parroquia
El Padre Ramón (Álvaro Rudolphy) había visto varias cosas en sus dos años de sacerdocio que le reafirmaban la presencia de Dios. Sin embargo, lo vivido esta noche escapaba a toda lógica. Sin imaginarlo, colaboró en traer una vida a este mundo y por ella, estaba enfrentándose a otra prueba divina. Siempre creyó que servir al prójimo era lo más importante. Amparado en esta premisa, le contestó a la moribunda (Carmen Disa Gutiérrez) casi como un autómata:
- Está bien, hija mía. Quédese tranquila. Le prometo, poniendo a Nuestro Señor por testigo, que el niño se quedará conmigo y nada ha de faltarle.
Al oír esto, la mujer sintió que un enorme peso se desprendía de sus hombros. Muy emocionada, balbuceó:
- ¡Gra... gracias Padre! Donde quiera que yo esté, he de velar por Andresito y por Ud.-. Ahora, quisiera despedirme de él.
José (Hugo Medina) le acercó al niño. Al verlo, ella lo cubrió de besos y entre sollozos le dijo:
-¡Mi ángel! Prometo que siempre cuidaré de ti y te bendeciré. Que la felicidad te acompañe en tu vida. No me olvides... nunca-. Con estas últimas palabras, entregó su espíritu.
Nadie dijo nada. José cargó al pequeño Andrés y lo depositó en una camita acondicionada especialmente. Mientras tanto, Ramón oraba... por el alma de aquella mujer y por sí mismo. Una lágrima cayó de sus ojos:
“Padre, si puedes aparta de mí este cáliz. Pero, no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

05 de agosto, 16:30 hrs.
Oficina de Ernesto (Pancho Melo)
Ernesto se encontraba sumido en sus recuerdos: el conocer a Natalia (Carolina Arregui) era lo mejor que podía haber pasado; ella llenaba toda su existencia, la amaba profundamente. Recordaba la primera vez que la vio en una comida en casa de los Estévez: cómo había quedado extasiado ante su belleza y ternura. No pasó mucho tiempo para que formalizaran la relación. Mañana estarían casados y la felicidad sería completa.
Absorto en estos pensamientos, Ernesto no sintió entrar a Luisa Phillips (Ana M. Gazmuri), una antigua amiga de la infancia. Ésta lo hizo volver al mundo concreto:
- ¡Vaya, vaya! Pensando otra vez. ¿En quién? ¡No! No me digas nada. Déjame que adivine. ¿A ver...? Apuesto que estás pensando en la insípida de tu noviecita-. Al decir esto, soltó una carcajada.
- ¡Ya basta, Luisa!- gritó Ernesto-. ¿A qué has venido? ¡No voy a aceptar tus impertinencias! Natalia será mi esposa y debes respetarla como tal.
- ¡Uh! Pero que susceptible te ha puesto tu matrimonio! Si sólo era una broma. ¡Cómo se te ocurre que voy a querer algo malo para Uds, si yo los quiero tanto... sobre todo a ti- dijo, acercando su boca hasta casi tocar la de Ernesto.
-¡Sal de aquí, Luisa! ¡Déjame tranquilo!
- Si ya me voy. No te preocupes. Sólo quiero desearte mi más sentido pésame- diciendo esto se retiró de la oficina, al tiempo que este le daba una mirada fulminante.
Cada vez que Ernesto se encontraba con Luisa. quedaba descolocado. Algo que no podía explicar, ocurría en él al ver a esta personalidad desinhibida, fogosa, que era el lado opuesto a Natalia. No era amor, pero lograba alterarlo. Se conocían desde niños. Ella siempre se sintió atraída por él; con el tiempo, este sentimiento fue derivando en una verdadera obsesión, pese a que Ernesto nunca la hizo albergar esperanzas. Sabía que éste se casaría con otra; se resignó, pero no perdía la fe en un posible cambio de planes. Era una mujer bella, pero fría y calculadora, que no dudaba en pasar por encima de todo y todos, con el fin de lograr sus propósitos. Ernesto lo sabía. Por eso, aunque lo disimulaba, sentía temor cuando se aproximaba.
Para ahuyentar sus miedos, llamó por teléfono a Natalia:
- ¿Aló, Natalia? ¿Cómo está, mi amor?
- Echándote mucho de menos-, su voz denotaba la alegría de quien escucha al ser amado.
- Yo igual, cariño. He pensado todo el día en ti.
- ¿Puedes venir hoy?- preguntó ella, ansiosa.
- Lamentablemente no. Tengo una cena con unos japoneses y no puedo postergarla.
- ¡Pucha! Yo quería regalonear contigo.
- Pero si Ud. sabe, mi princesa, que a partir de mañana, vamos a estar juntitos para siempre y podremos regalonear a nuestras anchas.
- Bueno, te perdono que no vengas solamente porque te amo mucho.
- Yo también a ti. Debo dejarte porque los japoneses me están esperando. Un beso. Sueña conmigo.
- Otro para ti. Te adoro.
Con esta llamada, Ernesto quedó mucho más tranquilo. Lo que sentía por Natalia era tan fuerte, tan puro, que el encuentro con Luisa se sumergió en el pozo del olvido. Tomando su maletín, salió de la oficina con rumbo a la reunión.

17:00 hrs. Cementerio.
El funeral de la hija de Estela se realizó en un ambiente de calma y paz. Sólo ella y el pequeño Patricio fueron los únicos asistentes. La resignación se había ido apoderando lentamente de la mujer. Entendía que ahora existía una nueva vida por quien luchar. La historia parecía repetirse nuevamente; estaba dispuesta a dar lo mejor de sí para que su nieto recibiera los principios y valores que inculcó en su hija. Valía la pena seguir viviendo entonces.
Caminando con el niño en brazos iba pensando en esto, cuando se le acerca una gitana (Teresita Reyes):
- Por una moneda, paisana, te puedo leer la buenaventura-. Estela, aunque no creía mucho en estas cosas, aceptó. Sacó una moneda de su bolsillo y extendió la mano.
- Eres una mujer que goza de muy buena salud y una larga vida, caritativa, capaz de cualquier sacrificio por quienes ama. Has sufrido una pérdida que tiene desgarrada tu alma. Sin embargo, acabas de ganar algo muy importante-, diciendo esto último dirigió su mirada a Patricio, quien la contemplaba como si la conociera y continuó:
- Este angelito será un ser muy especial. Dueño de una personalidad fuerte, envolvente y arrolladora, amará profundamente y será correspondido, debiendo luchar mucho por ello. Cautivará a todo el mundo.
De pronto, la mirada de la gitana mostró un pequeño sobresalto, como si hubiese observado algo que no quería ver:
- Debo irme, paisana. Mucha suerte y que las bendiciones del Todopoderoso caigan sobre ti y este niño.- Acto seguido, se alejó rápidamente. Estela quedó meditando unos instantes sobre lo que había dicho la mujer, pero pensó que eran charlatanerías y no le dio mayor importancia. Cogiendo al niño, que miraba a su alrededor escudriñando el lugar, prosiguió su marcha.

Casa de los Estévez, 22:30 hrs.
Natalia se disponía a dormir, cuando sus padres ingresaron al dormitorio:
- ¿Cómo está nuestro tesoro?- dijo Gregorio (Leonardo Perucci).
- Ansiosa y nerviosa porque llegue mañana y sea la hora.
- Sólo queremos desearte toda la dicha del mundo- recalcó Gladys (Delfina Guzmán).
- No olvides que somos tus padres y siempre puedes contar con nosotros- reafirmó Gregorio.
- Tú eres lo más grande que tenemos. Cuenta con todo nuestro apoyo- señaló Gladys, con lágrimas en los ojos producto de la emoción.
- Yo les doy gracias a Uds. por ser mis padres y por todo el cariño y amor que me han dado. Me siento tremendamente orgullosa y, además, quiero que sepan..-. No alcanzó a terminar la frase, pues de improviso se escuchó un fuerte ruido de vidrios quebrándose que provenían del living de la casa.
- ¿Qué fue eso?- Gladys empezó a asustarse. De súbito, recordó el sonido del cuervo graznando que la había asustado y el escalofrío que sintiera entonces, volvía a hacerse presente ahora.
- A lo mejor, son ladrones. Iré a ver- dijo resuelto, Gregorio.
- ¡ No vayas! Puede ser peligroso- suplicó Gladys.
- Tranquila. No me pasará nada.
- Entonces, déjame que te acompañe.
- Está bien. Tú, hija, no te muevas de aquí.
- Tengan cuidado- les suplicó Natalia.
Bajaron lentamente la escalera y se dirigieron al living. Al llegar, comprobaron que, efectivamente, el vidrio de una de las ventanas estaba roto, la mesa de centro completamente volteada, los floreros que la adornaban hechos trizas; se observaba un hilo de agua extendiéndose por el suelo. Una angustia tétrica recorría a Gladys, quien iba fuertemente aferrada al brazo de su esposo. De pronto, se oyó ruido de pasos en la cocina. Se encaminaron hasta allá. Don Gregorio alcanzó a entreabrir la puerta, pero recibió un violento golpe en la espalda propinado por un sujeto encapuchado (Claudio Arredondo). Gladys lanzó un grito de espanto; Gregorio cayó al suelo y el rufián se le echó encima, dando inicio a una cruenta escena de golpes. Gladys estaba impávida observando la escena. El malhechor tenía aprisionado a Gregorio, pero éste, sacando una fuerza sobrehumana, le propinó una patada en el estómago, lo que hizo que el individuo se estrellara contra el anaquel.
Debido a esto su furia aumentó en intensidad. Sacó un machete, tomó a Gregorio de la solapa y se disponía a acabar con él. Pero Gladys despertó de su letargo, cogió un uslero y le asestó un golpe en la cabeza, que le hizo soltar el arma. El tipo dio un fuerte grito:
- ¡Vieja e’mierda! Reza tus últimas oraciones, porque te despacharé directo al infierno junto con el hijo de perra de tu esposo- .Enfiló sus pasos hacia ella, la tomó por el cuello, arrastrándola hasta el lavaplatos. Ahí, la sumergió, junto con golpear su cabeza en las llaves de éste.
- ¿No te gustó dártelas de heroína? ¡Toma!. Con los golpes, el agua que corría empezó a teñirse de sangre.
Furioso como estaba, el sujeto no se percató de que Gregorio se había levantado y se encontraba detrás suyo. Había recogido el machete.
-¡Suéltala infeliz!- gritó. Sin embargo éste alcanzó a darse vuelta. Hubo un duro forcejeo durante dos minutos. Sin embargo, el villano era más fuerte y en una maniobra rápida, recuperó el arma, dándole una certera estocada en el corazón. Para asegurarse aún más, le dio tres patadas en la cabeza, que apagaron para siempre la vida de Gregorio Estévez.
Gladys se encontraba desmayada, producto del impacto de los golpes. Pasaron un par de minutos. Cuando logró abrir los ojos vio al tipo encima suyo. Clavarle el machete y dejar de respirar fue una sola cosa. No hubo quejidos; su alma hacia rato que ya no estaba en esta vida.
Natalia había abandonado su pieza al sentir el escándalo. Descalza, bajó hasta la cocina. Su corazón estaba oprimido. Más aterrada quedó cuando, al andar un par de pasos y mirar hacia el suelo, observó una delgada franja de sangre corriendo por el piso. Apuró sus pasos, abrió de golpe la puerta de la cocina y contempló el dantesco espectáculo:
- ¡Nooooooooooooo! El grito resonó en toda la casa e hizo saltar al malhechor, que se encontraba agachado registrando las ropas de sus víctimas. Ambas miradas se cruzaron, al tiempo que volvía a oírse el sonido de un cuervo rompiendo la quietud de la noche.

Actuaciones Especiales en este Capítulo

- Leonardo Perucci: Gregorio Estévez.
- Delfina Guzmán: Gladys Villalón de Estévez.
- Hugo Medina: José.
- Carmen Disa Gutiérrez: Madre de Andrés.
- Maite Fernández: Estela Oyarzún (abuela materna de Patricio).
- John Knuckey: Dr.
- Teresita Reyes: Gitana.



#2
DwAb85

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POBRE NATALIA...QUE ASESINEN A SUS PADRES UN DIA ANTES DE CASARSE, DEBE SER TRAUMANTE. huh.gif huh.gif YO CREO QUE ESTO ES OBRA DE LUISA.....


#3
Chrisfe

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(DwAb85 @ Sep 8 2006, 11:37 PM) Ver Post

POBRE NATALIA...QUE ASESINEN A SUS PADRES UN DIA ANTES DE CASARSE, DEBE SER TRAUMANTE. huh.gif huh.gif YO CREO QUE ESTO ES OBRA DE LUISA.....

Bastante traumante, efectivamente... desde aquí se opera un cambio raducal en su existencia... tongue.gif


#4
Chrisfe

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