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Fantasia Epica: La ciudad de todos los Dioses (universo de fantasia compartido)


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7 respuestas a este tema

#1
jmlagos

jmlagos
  • Sexo:Hombre

¡Hola! les presento este cuento, que esta situado en un mundo de fantasia que yo y otros escritores hemos estado creando de a poco, aqui tienen el blog de este proyecto por si les interesa y les llama la atencion: http://universocompa...mundo-ibhn.html

 

La ciudad de todos los dioses


En nuestro vasto mundo hay ciudades con un pasado asombroso, con un pasado glorioso, y otras con un pasado enigmático, ciudades cuya vida y muerte están ocultas en el misterio. Pero no hay una con historia tan extraña como Massuade, que se hundió en los más abyectos abismos de la corrupción antes de elevarse y alcanzar la santidad.

Situada en el archipiélago de Las Quebrantadas, los primeros habitantes de la isla fueron shariitas, pero hace ya miles de años que abandonaron estas tierras, dejando solo ruinas y extraños y oxidados artefactos de función desconocida. Los siguientes fueron los Tolfek, nadie sabe que hacia un grupo de estas criaturas aquí, tan lejos de sus tierras en Nirr. Pero ellos también abandonaron la isla, dejando solo extraños fardos que una vez abiertos revelan ser momias envueltas en capas y capas de telas multicolores, ocultas en recónditas cuevas.

Posteriormente llegaron hombres negros del Quirim, y fueron ellos los que fundaron la ciudad, a orillas de una amplia bahía protegida de los vientos. Pronto su privilegiada situación, a medio camino entre Quirim y los grandes reinos del norte, benefició enormemente a la pequeña colonia. El comercio fue la sangre que la alimentó, trirremes, naos, dromones, carabelas, dhows, catamaranes de los Belarios, toda clase de navíos llegaban a su puerto, y cargaban y descargaban mercancías: aves exóticas, pieles, hierro, cobre, estaño, platino, perfumes, aceites, maderas valiosas. Y de aquella incesante actividad la ciudad sacaba una moneda de oro, o más de una.

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Massuade en su epoca de mayor esplendor.

Pero la historia nos ha enseñado que la paz y la prosperidad no duran para siempre, y Massuade debió aprender esa lección muy pronto. Por un lado nuevos puertos fueron fundados y se convirtieron en rivales comerciales, pero la mayor amenaza eran los piratas de la Brecha Roja, quienes atacaban a los barcos y robaban sus mercaderías, arrojando a sus tripulantes al mar o llevándoselos como esclavos. Al tiempo que aumentaba la audacia de los piratas los barcos mercantes elegían rutas alejadas de Massuade y frente al riesgo de perder su fuente de riqueza, el consejo de ricos mercaderes que gobernaba la ciudad decidió defenderse y crear una pequeña flota de barcos de guerra para combatir a los piratas.

Contrataron marineros, mandaron a construir galeones a los astilleros de Kapparis, y como almirante de toda su flota eligieron a un joven pero ya experimentado capitán, “nacido a bordo” según sus propias palabras, quien ya había dado pruebas de su valor y habilidad estratégica al pelear en la guerra civil que devastaba a su nación, por desgracia para él combatiendo en el bando perdedor.

Sus órdenes eran simples: acabar con esa plaga que amenazaba el porvenir de Massuade, sin olvidar la prudencia, pero otras cosas como la compasión y el tomar prisioneros podían ser fácilmente ignoradas.

Y un día esa flota regresó a puerto con dos navíos y cien hombres menos, pero alegres y victoriosos, porque habían asestado una gran derrota a los piratas, una derrota quizás definitiva. Pero de aquel día de victoria surgió el fin de Massuade.

Uno de los piratas muertos, quien fue colgado como advertencia y alimento de buitres a la entrada del puerto, resulto ser el hijo del temido Sac´cak´re Rompecuellos (otros dicen que no era su hijo, sino su amante, y al menos una versión especialmente injuriosa asegura que era ambas cosas). El era uno de los jefes piratas más temidos y brutales, famoso por su audacia y ferocidad, y quien se haría famoso también por la crueldad de su venganza.

Y dos semanas después, cuando de su hijo solo quedaban los huesos moviéndose y tintineando con el viento, en una tarde de cielos despejados antes de que el disco solar tocara el borde del horizonte marino, barcos aparecieron frente a la isla. Seis galeras con la enseña de Sac´cak´re, la bandera del hombre destripado, barcos que esperaban allí, inmóviles, como provocando. Las campanas del puerto empezaron a tañer frenéticamente mientras sus habitantes miraban asombrados y temerosos semejante atrevimiento, porque ningún pirata antes intentó atacar directamente la ciudad. Pero el almirante de la flota encargada de su defensa no perdió el tiempo y sus navíos zarparon para perseguir a los bastardos de los mares.

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Sac´cak´re, apodado Rompecuellos.

Estos huyeron cobardemente, seguidos muy de cerca por los galeones de Massuade, cuyos tripulantes esperaban darles caza y acabar definitivamente con la amenaza de la piratería. Pero todo era una broma macabra, un fraude ideado por una mente sangrienta, porque las galeras estaban casi vacías, tripuladas solo por los esclavos remeros y sus capataces con látigos.

La gran mayoría de los piratas había desembarcado en el extremo opuesto de la isla, y aguardaron ocultos en la selva hasta la medianoche, la hora del cuervo. Y entonces cayeron sobre la ciudad en una orgía de sangre y violaciones, las casas fueron incendiadas, los almacenes saqueados y lo que no pudieron robar también fue quemado. La gente fue masacrada y el propio Sac´cak´re, haciendo honor a su nombre, estranguló personalmente a cada uno de los miembros del consejo. Aquella noche fue conocida como la Noche del Llanto, y solo se salvaron los barcos que lograron huir del puerto a alta mar, desde donde veían el resplandor de los incendios y los gritos, muy débiles, les llegaban con el viento.

El amanecer mostró una ciudad a medias en ruinas y con cadáveres en las calles, una ciudad que nunca se recuperaría. El consejo fue abolido y un gobernante asumió el poder, su nombre se ha perdido pero se le recuerda con el nombre de El Infame. Sus días como puerto comercial se habían acabado, pero El Infame hallo una nueva fuente de ingresos, para vergüenza y horror de los escasos supervivientes: convertir a Massuade en refugio de piratas.

Se convirtió en Puerto Ruinas, refugio y diversión para todo tipo de saqueadores del mar, norteños rubios y ojiazules con sus barcos-serpiente, acechadores de la Hermandad del Viento, piratas del Quirim en barcos de juncos, piratas de la Brecha Roja en sus pequeñas galeras, incluso los extraños Hijos del Abismo, de raro aspecto y olor, de quienes se dice que tienen estrechos y malvados vínculos con las criaturas abisales llamadas Nagashyr.

Massuade se convirtió en ciudad de tabernas, apuestas y putas, los piratas llegaban a curar sus heridas y gastar su deshonesto oro. Todo lo ilegal era permitido en Puerto Ruinas: prostitutas demasiado jóvenes, peleas entre bestias feroces o entre hombres y animales, venta de esclavos, venta de venenos, compra de asesinos. Había tabernas abiertas todo el día y toda la noche, y callejones oscuros donde conseguir una sopa mágica cuyos ingredientes principales eran un cuerno de Tolfek y carne humana. Las peleas, reyertas y asesinatos eran rutina, no importando cuanto recomendaran los capitanes a sus hombres que no se metieran en problemas. Era el lugar más impío en el mundo, y fue un acto de los dioses lo que acabó con tanta maldad.

Dicen los sabios que la culpa fue de los cimientos, que la ciudad estaba asentada sobre arena y no sobre roca solida. Pero eso es lo que dicen los sabios, los dioses en cambio dijeron otra cosa, ellos dijeron “desaparece”, y Puerto Ruinas desapareció.

El terremoto ocurrió en la hora más fría de la noche, el suelo se agitó, se sacudió y luego se alzó, y los edificios se derrumbaron. Hubo grietas que se abrieron y gente que cayó en ellas, para que después las grietas se cerraran, y se dice que días después de terminado todo aún se oían los gritos apagados de quienes fueron enterrados vivos.
Fuegos ardieron y empezaron a consumir las destruidas casas, pero antes de que el polvo se asentara vino otro desastre. El mar se recogió dejando al descubierto el fondo arenoso y lleno de desperdicios de la bahía, y vino una gran ola que arrastraba consigo toda clase de embarcaciones. Esa ola terminó de destruir lo que el terremoto dejó en pie, y esa noche Massuade tuvo una segunda muerte.

El amanecer reveló solo ruinas, escombros, restos humeantes, los barcos grotescamente varados tierra adentro y en la playa los cuerpos hinchados de los ahogados. Los sobrevivientes vagaban sin salir de su estupor, pero su sorpresa fue aún mayor al descubrir un prodigio, una señal divina: el único edificio en pie, sin daño alguno, resulto ser un pequeño templo dedicado al ángel Macabel, el mensajero de la paz.

Era apenas un salón de oraciones, estrecho y donde con suerte cabría una veintena de personas, un altar igualmente pequeño y una habitación diminuta para el hermano pacifico. Pero todo estaba intacto y los pocos que lograron refugiarse allí estaban vivos, ese edificio, el cual era un mal chiste en una ciudad tan corrompida como aquella, se transformo en un milagro. Aquel día el Ángel Macabel ganó muchos nuevos seguidores y volvió benevolentes muchos corazones.

Pero no fue el único, los sobrevivientes diseminaron por lejanas tierras el milagro de Puerto Ruinas, y con el tiempo no fueron piratas los que arribaban a su bahía, sino sacerdotes, monjes, predicadores, fieles y fanáticos de todos los tipos y de todos los dioses.

A cien años de aquella noche terrible y de un nuevo amanecer, Massuade es una ciudad nueva y extraña, con gran numero de pequeñas casas y granjas rodeadas de sembradíos. Pero no hay tabernas ni prostíbulos, no hay cuartel o casa del gobernador, ni edificio alguno vinculado a un poder civil o militar. En cambio, repartidos aquí y allá, pequeños y humildes o grandes y suntuosos, hay templos, altares, santuarios, monolitos o arboles sagrados dedicados a un sinfín de dioses. Y esos dioses y sus fieles se llevan bien unos con otros, en lo que quizás sea el mayor milagro de todos.

El culto a los ángeles es fuerte aquí, los seguidores de Ezequiel El Olvidado vagan de un lado a otro perdidos en su propia falta de individualidad, los de Macabel El Puro predican sobre la paz y la hermandad entre todos los seres vivos, mientras a unos pocos pasos una estatua de Joel El Sanguinario, el creador de la violencia, está cubierta hasta la cintura de todo tipo de armas, rotas y abolladas algunas, ensangrentadas la mayoría, dejadas por sus seguidores dedicados a la guerra.

Pero hay más dioses presentes, algunos insólitos y con pocos seguidores. Esta Kammu el No-nato, un reseco feto momificado guardado en una urna de jade con asas de plata, supuestamente el hijo de un dios y una mortal, abortado por las manipulaciones de un demonio. También hay un pequeño grupo de Tolfek que adoran al Gran Cornudo, un héroe legendario cuyo cráneo cuenta con doce cuernos, ellos creen que esta isla es el origen mítico de su raza y adoran también a las momias guardadas en cuevas, grandes protagonistas de epopeyas ya olvidadas.

También hay templos y altares dedicados a los Sesenta y seis dioses, a los Titanes, a los Antiguos, a Seehlum El Impaciente, el Antiguo que creó su propio mundo desobedeciendo órdenes, un paraíso al cual sus seguidores aspiran llegar una vez muertos. Hay un pequeño bosque dedicado a los espíritus de la naturaleza, un pilar de mármol moteado dedicado a la Doncella-Luna, santuarios pertenecientes a las Tres Hermanas, al Coronado de Estrellas, al Cachorro de la Noche, al Dios que es Diosa y a la Diosa que es Dios, cuyos sacerdotes son a la vez sacerdotisas y viceversa. Hay un pozo lleno de pirañas dedicado al Gran Devorador, y un libro enorme que es leído todo el día y toda la noche, conteniendo las aventuras de Salos de Jokk, héroe legendario cuya existencia real ningún erudito discute pero cuyas hazañas se han exagerado al punto de ser divinizado por muchos.

Incluso hay un árbol Tooash-iimo donde los cultistas del Árbol Rojo realizan pequeños sacrificios de sangre causándose heridas en las muñecas o en las palmas de la mano.

Uno de los cultos más extraños es el dedicado a Nehrkal Spire, aquel erudito que buscó desentrañar y dominar los secretos del poder síquico. Sus seguidores creen que el ascendió a un plano superior de la existencia, elevándose por encima de lo material y del pensamiento humano, a un nivel más cercano al de las mentes de los Titanes o incluso a las de los propios Antiguos. Sus rituales son extraños y para muchos ridículos, sus fieles usan mascaras de insectos para representar a los abejorros Kunclav e imitan su repelente zumbido, y a veces se arrojan al suelo en medio de espasmos y convulsiones, fingiendo los ataques sufridos por los síquicos. Pero todo esto es solo ritualismo superficial, porque a lo que ellos aspiran es a despojarse de su envoltorio terrenal y volverse uno con la mente de Nehrkal, y hay rumores de que bajo el suelo de la isla, en cavernas desconocidas, están construyendo una estructura de hierro arcano en imitación del artefacto con cual Nehrkal buscó revelar los misterios del poder síquico y abrir puertas en su propia mente…



¡Dejen criticas!

 




#2
Chrisfe

Chrisfe
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Osorno, haciendo clases: En el Colegio, en el Preu... donde sea

Me gustó. Hay un buen manejo del lenguaje. La descripción hace que el relato fluya bien. Dan ganas de seguir leyendo. :ok3:

 

:another:



#3
Pipe94

Pipe94
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Santiago
  • Intereses:Tv Period Dramas <3 y Lectura

Que interesante, me gusta el tema de la fantasía épica, me intereso, seguiré leyendo :soto:

Las ilustraciones son de ustedes mismos? :duda:



#4
jmlagos

jmlagos
  • Sexo:Hombre

Para nada, las saque de internet, la primera es sobre Mansa Musa y la segunda de los Pueblos del Mar.

 

Saludos.


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#5
jmlagos

jmlagos
  • Sexo:Hombre

Otro cuento de este universo de fantasia, de otro autor:

 

 

 

 
Los Nanwyn
 
Los Nanwyn son un pueblo, que según los cánones de los lugares más civilizados, se podría considerar bárbaro; sin apenas tecnología, urbanización ni avances en materia política. No obstante, ellos prefieren ser considerados como gente que ha decido mantener las costumbres de sus ancestros y vivir en la naturaleza de las tierras agrestes y de la dura tundra del noreste de Ibhn. No son nómadas, a pesar de que de cuando en cuando mueven sus campamentos y aldeas, nunca salen de sus amados valles, que consideran sagrados. 
 
Gente de pieles duras y cobrizas, tostadas por el sol y curtidas por el viento. Sus cabellos son oscuros, negros como las alas de los cuervos, lo que contrasta fieramente con sus predominantes ojos claros, casi grises. Son gente silenciosa y tranquila, a pesar de ser implacables guerreros, maestros en el manejo de la espada y de los largos arcos, característicos de su pueblo. Aman el acero de su espada tanto o más que a sus propias esposas o maridos y a pesar de no tener apenas tecnología, han perfeccionado el arte de fabricar espadas como casi ningún otro pueblo. Las mujeres nanwyn son tan buenas guerreras como los hombres y nunca hay distinciones entre ellos dentro de las tribus. No es raro que se alternen en el gobierno de su pueblo, al contrario que lo que sucede en la mayoría de pueblos conocidos como bárbaros.
 
Son cazadores y en menor medida, debido a la dureza de la zona, agricultores. Se organizan en un sistema político en el que su líder, que antiguamente era elegido en función a su valía, pero poco a poco, se ha convertido en una monarquía hereditaria. A pesar de ellos, los herederos deben pasar unas duras pruebas, para probar que son dignos de tal honor. A los elegidos se los denomina Tor.
 
tumblr_o724xsBGKH1qmr4eao1_500.jpg Una guerrera Nanwyn
 
 

 
 
La historia de Verthen
 
Verthen masticó lentamente el pedazo de carne humeante. El escuálido ratón que había conseguido cazar en el fondo del desfiladero no tenía apenas sustancia, pero era la primera vez que comía algo caliente en muchos días, y le pareció deliciosa. Había decidido encender una hoguera. Sabía que era un riesgo y que lo más probable era que atrajese a compañías indeseables, pero lo cierto era que estaba harto de esconderse y saltar de un agujero a otro. Rozó con el dorso de la mano la hoja de su espada que, desenvainada, reposaba a su lado. El largo arco, estaba clavado en el suelo, como si fuese un mástil sin bandera, y el carcaj lleno de flechas colgaba de él.
 
Recorrió las desnudas peñas del desfiladero con sus ojos grises. No percibió ningún movimiento ni signo de vida, como si todo estuviese muerto a su alrededor. Aún así, sabía que no podía bajar la guardia. Aún quedaban una noche hasta el cambio de Luna, y su prueba no había terminado. Estiró sus piernas dejando que el Sol acariciase sus miembros, para reconfortarlos después de la larga caminata y recostó su espalda en la roca que tenia detrás.

Desde lo alto del risco, unos ojos contemplaban al humano que parecía dormir junto al fuego. Iba armado, aunque se veía que era joven y probablemente poco experto… sería una presa fácil.
 
Había pasado una hora, cuando Verthen abrió ligeramente los ojos, apenas una rendija, para contemplar su entorno. Desde que encendió el fuego, incluso antes, sentía que lo observaban y sabía que estaban esperando a encontrarlo desprevenido para atacarle. Tras unas peñas lejanas, advirtió un fugaz movimiento. Mantuvo su posición, respirando acompasadamente mientras fijaba su vista en aquel lugar. Tras unos instantes una sombra surgió desde detrás de una roca y avanzó cautelosamente hacia él. Por su contorno, recortado a la luz del Sol, Verthen confirmó que se trataba de un minotauro. El bruto avanzaba con lentas zancadas, portando un grueso garrote claveteado, sin dejar de mirarle fijamente,  para asegurarse de que estaba dormido.
 
Cuando había recorrido la mitad de la distancia que los separaba, Verthen abrió los ojos súbitamente y saltó hacia adelante, rodando por el suelo y tomando su arco y una flecha en el mismo movimiento. El minotauro se detuvo, sobresaltado por el inesperado gesto de la presa que creía en reposo. Aquello le costó la vida. Antes de que pudiese darse cuenta de lo que ocurría, su garganta emitió un borboteo atroz cuando la flecha disparada por Verthen se clavó hasta las plumas en ella. La bestia soltó su garrote y se llevó las manos al cuello, mientras caía de rodillas. Bufó desesperada y trató de arrancarse el asta que sobresalía por su nuca. Miró a su alrededor, mientras las fuerzas le fallaban, y localizó a su enemigo, que se había plantado frente a él. El humano, apenas un muchacho, le miraba fijamente, sin mostrar un ápice de miedo. A pesar de estar postrado de rodillas, el minotauro era más alto que Verthen, pero esto no parecía amedrentar al nanwyn. En un acto desesperado, la bestia alargó su mano hacia el garrote, pero el humano fue más rápido y lo apartó de un puntapié. Después, sin quitar sus ojos de los del minotauro, atravesó su corazón con su espada.

Verthen se irguió, contemplando a la bestia caída. De pronto, a su espalda se escucharon varios mugidos iracundos. Se volvió para ver como cuatro minotauros mas, bajaban apresuradamente por el desfiladero para darle caza. El joven bárbaro envainó su espada y rápidamente se colgó el carcaj a la espalda. Tuvo tiempo de abatir a otra de las bestias con un certero flechazo justo en el pecho, antes de que se le echasen encima. Saltó a un lado para evitar el mortal abrazo del primero que había llegado hasta él, y que se había lanzado en plancha tratando de derribarlo.  El bruto cayó con fuerza al suelo, aunque se rehízo con facilidad y enseguida estaba en pie de nuevo.
 
Verthen detuvo con su espada el hachazo que le había lanzado uno de los minotauros, directo a su cabeza. La hoja reverberó con fuerza y el joven apretó los dientes, mientras la fuerza del impacto recorría su brazo. Sin tiempo para recuperarse, el minotauro lanzó una patada al pecho con su enorme pata, derribándole. Verthen tosió con fuerza, momentáneamente falto de aire, mientras trataba de esquivar el nuevo hachazo con el que la bestia trataba de partirle en dos. Afortunadamente no había soltado su espada a pesar del brutal impacto, y tras esquivar por poco el primer golpe, pudo contraatacar, golpeando con la afilada hoja en la pierna del minotauro, que aulló de dolor cuando la espada penetró limpiamente, hasta casi seccionar la extremidad. El bruto cayó al suelo, dándole tiempo a Verthen a levantarse y defenderse de las acometidas de los otros dos enemigos, que armados uno con un hacha, y otro con una tosca espada de hoja ancha, trataban de alcanzarle en una brutal tormenta de hierro. El joven jadeaba, agotado por la lucha que no tenía nada que ver con ninguna de las anteriores en las que había participado, ya que cada golpe que detenía a los minotauros tenía una fuerza diez veces superior a cualquiera de los que había experimentado.
 
Pasados unos instantes, se dio cuenta de que si seguía luchando así, no tendría ninguna oportunidad y acabarían por vencerle. Sin pensarlo más tiempo, Verthen profirió el grito de guerra de su tribu y se lanzó contra los dos minotauros, convertido en un remolino de furia y acero. Golpeó salvajemente a uno y a otro, sin cesar de gritar. Sus enemigos recularon, momentáneamente impresionados por la furia desmedida del joven al que creían vencido. Verthen aprovechó su zozobra para pasar entre ellos y alejarse corriendo. Los minotauros mugieron con ira y salieron tras él, pisándole los talones. El joven bárbaro notó como las bestias estaban muy cerca, tanto que casi podía sentir su aliento tras él. Siguió corriendo hasta la hoguera donde había estado sentado y se lanzó al suelo hecho un ovillo, justo a tiempo de evitar el hacha de uno de los minotauros, que volaba hacia su espalda.
Verthen chocó aparatosamente con las llamas, esparciendo las ascuas por doquier.
 
Aprovechó para tomar una de las gruesas ramas que había usado como leña, que aún ardía y golpeó en el morro al minotauro que había lanzado su hacha y que ahora se abalanzaba sobre él tratando de ensartarlo con sus cuernos. El bruto gritó de dolor cuando el extremo ardiente de la rama chocó contra su rostro, estallando en mil pedazos incandescentes, dejándolo temporalmente ciego. El joven nanwyn aprovechó que estaba fuera de combate para enfrentarse al otro minotauro, que ya le estaba lanzando un tajo circular con su espada. Verthen la detuvo, y lanzó varias fintas, tratando de despistar al bruto y abrir un hueco en su defensa. El minotauro no era un espadachín tan entrenado como Verthen y pronto cometió el error que el bárbaro esperaba. Creyendo que su adversario  le iba a golpear en el cuello, levantó su espada tratando de defenderse, momento que aprovechó Verthen para atravesar su vientre de lado a lado. El minotauro lanzó un gemido ahogado de dolor, que se convirtió en un sordo ronquido cuando Verthen extrajo la hoja con violencia, abriendo al bruto en canal.
 
El joven contempló el cuerpo de su enemigo que se retorcía sobre sí mismo, mientras a su alrededor se formaba un charco de oscura sangre. La distracción le costó cara, pues de pronto sintió un terrible golpe en su espalda y salió despedido varios metros, cuando el minotauro restante arremetió contra él. Verthen se estrelló contra el suelo con un tremendo golpe. Sintió como el aire escapaba de sus pulmones y notó la humedad de la sangre en su espalda, allí donde uno de los cuernos había herido su carne.
 
Antes de que pudiese reaccionar, el minotauro estaba sobre él, ensombreciendo el Sol. El bruto agarró su cuello con sus enormes manazas y comenzó a apretar. Verthen manoteó furiosamente, mientras sentía que se ahogaba y que su cuello estaba a punto de partirse. Buscó a tientas su espada, pero no encontró  más que arena y rocas. Finalmente su mano se cerró sobre una piedra plagada de aristas, que estrelló contra la ya maltrecha cara del minotauro. La bestia mugió y aflojó la presa brevemente, lo suficiente para que Verthen colocase sus pies en su pecho y lo empujase a un lado. El bárbaro se levantó a trompicones, mientras tosía con desesperación, tratando de llenar de aire sus exprimidos pulmones. Recorrió con la vista las inmediaciones buscando un arma, y la primera que vio fue la enorme hacha del minotauro al que había seccionado una pierna y que yacía inconsciente. Se abalanzó sobre ella justo cuando su enemigo le agarró del tobillo, haciéndole caer al suelo.

Mientras forcejeaba con el minotauro, la mano de Verthen se cerró sobre el mango del hacha, y gritando de furia y por el esfuerzo de mover la pesada arma, la levantó y la descargó sobre el minotauro. El bruto vio con horror como la ominosa hoja caía sin remedio sobre su brazo extendido, separándolo con violencia de su cuerpo. Lanzó un aullido de dolor y se retorció desesperado, agarrándose la herida. Verthen se incorporó con dificultad, lentamente, sin dejar de mirar a su enemigo. Como en un sueño, todavía aturdido por los golpes y la falta de aire, se acercó hasta él, arrastrando el hacha por el suelo. El minotauro le miró con horror, clavando sus ojos en los suyos y en el hacha alternativamente. El joven bárbaro gritó de nuevo y descargó el arma sobre él.

Al amanecer del primer día tras el cambio de Luna, el vigía dio la alarma. El valle se despertó con cientos de nanwyn acercándose hasta la entrada del poblado. Una figura caminaba hacia ellos lentamente, dejando atrás los desfiladeros. Al principio no lograron distinguir quién era, pero pronto el rostro familiar de Verthen, el hijo de Garead, el último Tor de los Nanwyn.

La gente ahogó una exclamación cuando vieron su rostro y su cuerpo cubiertos de sangre, contrastando con su decidida mirada, en la que brillaban sus ojos grises. Contemplaron con mudo asombro las cinco cabezas de minotauro que arrastraba tras él, atadas con una cuerda. Poco a poco, le fueron abriendo paso hasta que llegó a las puertas del poblado. Su prueba había terminado. Verthen, el nuevo Tor de los Nanwyn había llegado.
 
 
 Aporte de FJ Mérida, este es su blog: Relatos de Mondabar.


#6
jmlagos

jmlagos
  • Sexo:Hombre

El blog original me fue borrado junto con una de las cuenta de gmail que tenia, este es otro que he hecho para el mismo proyecto: http://universocompa...co.blogspot.cl/



#7
jmlagos

jmlagos
  • Sexo:Hombre

Un fragmento de una historia mas larga situada en este mundo:


Prologo: el circulo sagrado y la guerra del falso rey

“Hubo un tiempo en que los magos lo controlaron todo, cuando reemplazaron al guerrero más valiente o al anciano más sabio en lo alto de la jerarquía”

Esos tiempos han pasado, pero en el amplio mundo de Ihbn aun hay reinos o ciudades-estado que son regidos por una magocracia, y de entre todos los casos hablaremos de dos.

En el reino de Dolthea el Sagrado Circulo es la elite que lo gobierna, veintiún magos, un número de poder que es tres veces el número perfecto. Veinte son magos elementales, cinco de cada elemento y el último, el impar, es un practicante de un arte distinto, un alquimista, un síquico, un manipulador de sangre, un mago daonico, un lector de entrañas o de runas, incluso un simple brujo tralvico.

Sus símbolos de autoridad son la túnica blanco, negro y con la estrella multicolor de veintiún puntas en el pecho, junto con un cayado en cuyo extremo superior hay un cristal de agua, sacado del monte donde está enterrado el Faro de los fuegos fatuos, el titán de Dolthea. Ellos han controlado el destino de su reino por seiscientos años, su puesto en el sagrado circulo no es hereditario, no pasa a sus hijos cuando mueren, pero puede ser heredado por un discípulo si este demuestra una habilidad superior…”


—¿Has leído este libro? —Le pregunto Zisifhe a su amado.

Cesarius levantó la vista de los papeles y papiros que revisaba, ya era de noche pero en la habitación en la que estaban había suficientes velas para espantar la oscuridad. Zisifhe tenía en sus manos un grueso libro forrado en tela muy desgastada mientras que Cesarius revisaba unos aburridos informes sobre provisiones y el entrenamiento de nuevos reclutas.

—Breve historia del mundo, del erudito Kalion… ¿Tomo IV?

—Tomo III, el IV no lo tenemos.

—Sí, lo he leído, es… aburrido, su estilo es muy árido, apagado, además de que mucho de su material lo robó de Dagobertus Skallafade.

—Ojala que el escriba Matheus regrese pronto, me prometió que traería los tomos faltantes y más libros, ya he leído todos los que tenemos aquí —Hizo una mueca de aburrimiento con la boca. Ella era joven, esbelta y con la piel negra, su rostro era bonito, de facciones finas y con la boca grande y de labios gruesos y pulposos, y su cabellera era una abundante mata de rizos oscuros. Hojeó distraídamente el libro hasta que algo llamó su atención.

—Amor mío, aquí se habla de Kapparis: “El equivalente al Sagrado Circulo en el vecino reino era el Consejo de los Siete. Siete es el numero perfecto, siete los grandes monolitos llamados “vertebras” que marcan el lugar donde yace su titán, y siete los archimagos que gobernaron durante siglos a Kapparis, la hija mayor del norte y hermana díscola de Dolthea…”

—Conozco la historia, los siete, el falso rey, la guerra, todo eso, Kalion tiene la habilidad de convertir a sangrientas y gloriosas batallas en aburridas.

Sin embargo Zizifhe continuó leyendo.

“… Su símbolo de autoridad era la túnica azul oscuro con ribetes rojos y el pectoral de las siete estrellas, un disco de electrum con siete piedras preciosas dispuestas en círculo, recolectadas en el valle de la Aurora Eterna…”

Se salto un par de paginas hasta llegar a su parte favorita: "… El año 378 de la fundación del reino Kapparis sufrió una calamidad que no fue más que un pálido preludio de futuros desastres. Una puerta Ewliedana fue abierta en el valle de la Aurora Eterna, aprovechando la intensidad de las corrientes mágicas en aquella zona ardiente, y continuación vomitó a cientos de invasores shariitas.”

“La incursión fue rápida, al estilo de los post-humanos. Bosques enteros fueron talados, miles de cabezas de ganado robadas y varias aldeas fueron quemadas. Y los shariitas volvieron a sus abismos con su valiosa carga de recursos de la superficie, y la puerta se cerró. Pero algo distinto ocurrió esa vez, y es que dejaron atrás a uno de sus sirvientes fríos, aquellos autómatas de hierro y piedra negra que usaban para toda labor, pero en especial para la guerra”

Y aquella creatura fue hallada por Palatinus de la torre obsidiana, uno de los siete, y el estudió sus restos y buscó recrear el arte que permitía dar movimiento al hierro inanimado. Su labor consumió años de su vida, pero al final tuvo éxito, al descubrir una fórmula para animar a seres hechos de roca con una inteligencia limitada e instintos de animal, pero cuya voluntad estaba totalmente dominada por la de Palatinus.

El los llamo Hijos de la Obsidiana, pues tal era el material que los formaba, y tenían garras cortantes con filo de piedra, pero a la vez eran frágiles y quebradizos. Palatinus compensó esa debilidad creando gran número de ellos, y finalmente estuvo listo para revelar su más grande y secreta ambición: El poder total, o al menos la medida de poder que ostenta un rey.

Y atacó a los otros miembros del consejo, y atacó a sus discípulos, y a quienes les eran fieles. El tenia de su parte a magos corruptos y a capitanes ambiciosos que pusieron tropas a su disposición, y la guerra dominó a Kapparis. Fueron tiempos de sangre y horror, y también de valor y heroísmo. Fueron los tiempos del falso rey.


Las batallas y demás detalles serán tratados con mayor detalle en el tomo IV (¡Oh, rayos!—pensó Zisifhe) Pero finalmente, luego de años de ensangrentar al reino, la guerra del falso rey terminó cuando un héroe, Marius de la Casa Diome, logró entrar en la impenetrable fortaleza del Colmillo Amatista y llegar a las habitaciones del autoproclamado rey, y allí hundió su legendaria espada Lagrima en el negro corazón de Palatinus, acabando con sus podridas ambiciones y trayendo por fin la paz al reino…”

—¿Marius de Diome? ¿No era Marius de Kallis?

—Depende de a quien le preguntes —respondió Cesarius— Ambas familias se lo han disputado durante siglos, aunque al parecer tenia familiares de ambas Casas (…)


brand.jpg
Palatinus de la torra obsidiana, en su taller alquimico.



Espero que les guste, ah, y cualqueira puede colaborar si asi lo desea.



#8
jmlagos

jmlagos
  • Sexo:Hombre

Otro cuento de mi autoria situado en este universo:

 

(Borrador, revisar más tarde, mas objetividad y menos opiniones personales)

 

Estimados miembros de la Academia de Ciencias del distrito de Soknir, en el gran imperio de Fédregahl

 

Tengo el agrado… que digo, el placer, no, la felicidad de comunicarles que he logrado capturar un ejemplar VIVO de la escurridiza criatura conocida como “Ninfa nocturna”, nombre científico Nymphae Nocte Fallace Arius Montanknus, que acabo de otorgarle yo.

 

Como sabrán, la existencia de esta criatura ha estado durante siglos en una zona gris entre la realidad y los mitos. Precisamente dos mitos me ayudaron a capturar el ejemplar que describiré a continuación, y uno es el mito de que las ninfas nocturnas suelen bañarse en las noches de luna llena en las pozas donde crecen juncos de flores amarillas, y el otro es el mito de que el aceite de Sardalipanira roja las paraliza.

 

Largas y aburridas noches gaste acechando en las pozas de las colinas de Zmunzur, donde abundan los juncos de flores amarillas. Precisamente la noche recién pasada, mientras la Luna se elevaba por el cielo en su cuarto menguante, descubrí a una ninfa nocturna bañándose en una de las pozas, estaba sola y jugueteaba con las luciérnagas. Me quede observándola largo rato, con el fin de estudiar su conducta en su ambiente natural, aunque debo reconocer que su sola presencia era hechizante y que en todo ese tiempo no anoté un solo dato.

 

Logre finalmente capturarla gracias a una cerbatana y a un dardo impregnado de aceite de Sardalipanira roja, felizmente el mito sobre su efecto en las ninfas resultó ser verdad.

 

Otro mito que comprobé es la legendaria belleza física de las ninfas, ya que al verla bañarse en aquella fuente, desnuda, con la brisa nocturna agitando sus cabellos y con la luz de la Luna produciendo reflejos plateados en su piel, experimenté una reacción física como no me había ocurrido hacia años (revisar esto ultimo), vamos, que la tenia mas tiesa que la mano de un mercader khamurrita apretando su bolsa de monedas (revisar, no, ELIMINAR esto ultimo). Pero al fin logre librarme de su hechizo y dejar de contemplar aquel delicado y delicioso cuerpo de suaves carnes (revisar esto ultimo). Una cerbatana, un dardo impregnado de Sardalipanira, y el primer ejemplar de ninfa nocturna capturado en la historia.

 

De modo que estos instantes tengo a mi ejemplar de Nymphae Nocte Fallace sobre la mesa de disecciones, muerta y preparada para hacer una exploración en profundidad en todas sus cavidades internas (esto ultimo no sonó muy bien, revisar)

 

Tamaño: de la cabeza a la punta de los pies unas 7 palmas y media, algo mas baja que una mujer normal.

 

Proporciones: perfectas.

 

Color de piel: es difícil de definir, a veces azul, a veces purpura, según la luz que se refleja su piel cambia de color en matices que van del azul muy oscuro, casi negro, al celeste pálido.

 

Color de ojos: plateados, son muy brillantes y reflejan la luz de la Luna.

 

Cabello: muy largo, liso y perfumado, huele a arándanos y tiene el mismo color. Es adictivo.

 

Vestimenta: no lleva.

 

Descripción: adjunto un dibujo con la posición que tiene el cuerpo del ejemplar en este momento (Nota: hacer un dibujo mas detallado, que no sea solo palitos y un circulo para la cabeza). Al momento de dispararle el dardo la ninfa estaba saliendo del agua, es por eso que su brazo izquierdo se encuentra recto –es con el que se apoyaba en la orilla- el derecho levemente flexionado, al igual que las piernas, la izquierda doblada y la derecha casi… bueno, casi derecha al sostenerse con ella en el fondo de la poza. Por eso también su rostro, su adorable rostro (revisar) tiene una clara expresión de sorpresa, me pregunto si fue porque logro verme o por el pinchazo del dardo, y si se dio cuenta de lo que ocurría antes de que su cuerpo se transformara en una estatua de carne endurecida.

 

El efecto de la Sardalipanira roja es sorprendente, el cuerpo del ejemplar se halla totalmente rígido, si bien al presionar con un dedo su piel presenta la misma textura y consistencia que la carne, no es posible mover ninguno de sus miembros, no sin forzarlos y exponerse a romper alguno de ellos. Si el mito es cierto, la luz de la luna llena a medianoche o el aceite de Sardalipanira amarilla son lo único que puede curar esta petrificación.

 

La ninfa es claramente una hembra, al parecer todos los miembros de su especie lo son, y solo podemos teorizar sobre su medio de reproducción, aunque un examen a sus órganos internos aportara, espero, mas datos sobre este misterio (quizás estemos hablando de una especie hermafrodita, o tal vez se reproduzcan por esporas). Al llamarla “hembra” me baso en que todo su cuerpo, salvo pequeños detalles, es idéntico al de una mujer humana, aunque de una perfección inimaginable, el rostro es hermosísimo y delicado, la piel muy suave y de una consistencia casi liquida, los brazos redondeados, los pechos amplios, acariciables y se sienten tibios y dulces al tacto (revisar esto último), los muslos aún mas suaves, tentadores y al posar la mano sobre ellos esta se desliza de manera irresistible hacia su intimidad (definitivamente, revisar esto ultimo).

 

Lo mas asombroso en su anatomía son las alas que se nacen de su espalda, en medio de sus omoplatos, tan perfectamente integradas al resto del cuerpo que lo que realmente resulta extraño no es que una ninfa las tenga, sino que el resto de las mujeres no las posean. Estas son transparentes, frágiles, de libélula, y debemos suponer le permiten volar, no creo que estén solo de adorno.

 

Aquí se detuvo, dudaba en como contar lo siguiente, o derechamente en contarlo. En un informe científico e imparcial como este no tenia cabida la compasión y el arrepentimiento, ambos causados por los ojos de la ninfa, unos ojos aun vivos, temblorosos, ojos que expresaban sorpresa, y después miedo, ojos que causaban lastima. Todo ello mientras el la examinaba y tomaba notas sobre su fisiología. Esos ojos casi lo hicieron dudar en su determinación de destazarla y examinar sus órganos internos, pero solo casi. De allí que deslizar dos gotas del –poderoso, poderosísimo- veneno tyhjouun por su garganta era lo mas misericordioso que podía hacer. Ella ni siquiera llegaría a sentir su sabor.

 

Cuando tomo la pluma para continuar escribiendo escucho un ruido, algo que se rompía. Dio la vuelta, y al principio no vio nada extraño, la sala de disecciones seguía igual, con los muros cubiertos con repisas y estanterías con frascos con diversos ejemplares animales flotando en alcohol, mesas con balanzas y herramientas de cirugía, y en el centro una gran mesa donde se hallaba el cuerpo de la ninfa cubierto por una saba… un momento.

 

La mesa estaba vacía.

 

Encima solo se hallaba la sabana, y el ruido que sintió era el frasco con veneno tyhjouun que había dejado a los pies de la mesa, y del cuerpo de la ninfa nada se veía, no estaba por ningún lado. Tenso, sin mover un musculo, Arias Montank comenzó a pensar velozmente una explicación a este fenómeno, ¿seria que las ninfas al morir desaparecían, se evaporaban? Eso a el no le habría extrañado, pero no, esa no era la explicación, no cuando vio pasar una sombra de una esquina oscura de la habitación a otra esquina oscura, en menos tiempo que un latido.

 

De pronto, su mente recordó algo.

 

Ingredientes:

 

-Polvo de hongos de Yuggoth

 

-Agua pura destilada

 

- Aceite de Sardalipanira amarilla

 

Mantener fuera del alcance de los niños.

 

Esos eran los ingredientes del veneno tyhjouun, y para Arias Montank, naturalista de la Academia de Ciencias de Fédregahl, descubrir el misterio de la ninfa nocturna revivida le sirvió, durante el tiempo de dos latidos, de consuelo. Un segundo más tarde caía con la garganta cortada, casi separada la cabeza del tronco, por una de las herramientas quirúrgicas que usaba en sus disecciones. Las ninfas nocturnas son hermosisimas, pero dicen también que no soportan la crueldad, en especial si es contra ellas.






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