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[Capítulo 22] ¿Está tu corazón todavía latiendo?


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4 respuestas a este tema

#1
Muneh

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¿Está tu corazón todavía latiendo?
[Mi señal es vital, mis manos están frías]


Liza (Zoey Deschanel) bajó con cuidado por unos escombros, intentando buscar alguna salida. Las imágenes que estaban en las habitaciones contiguas eran recuerdos, no eran la imaginación. Significaba que estaba en el límite de ambos mundos, y que en caso de no querer ver más, podía tratar de volver al salón de las mil puertas.

La habitación a la que había llegado estaba en ruinas, por lo que le costó mucho ver que era su propia habitación.

¿Por qué estaba en ruinas?

Vio un montón de fotos tiradas en el suelo, llenas de polvo y rotas. Tomó una, en realidad no era una porque estaba solo la mitad. Era ella. Buscó en las demás fotos y encontró la otra parte. Era Nick. La foto era de una navidad, hace varios años. Los dos estaban abrazados, usando gorritos de Santa Claus.

Por la ventana podía escuchar las risas de sus hijos –en este caso más pequeños- que seguramente correspondían a la realidad. Miró por el vidrio y los vio correr, jugando alrededor del árbol más grande su jardín.

Decidió dejar de torturarse y salir de la habitación, por una puerta un poco floja y polvorienta.

Pero al otro lado de la puerta, un mundo completamente distinto encontró. Era una habitación grande, cálida, de colores fuertes. Era una habitación de bebé. Se vio a ella misma en una silla mecedora, cargando a un pequeño bebé que dormía entre sus cálidos brazos.

Ella (Lisa Edelstein) sonreía, hablándole al pequeño, dándole pequeños besitos en la frente.

Estaba en el futuro, era evidente. Como también era evidente que, o su esposo tenía unas ideas estúpidas e imposibles, o ese bebé definitivamente no era de ella.
Primero porque después de Tom se había operado para no volver a quedar embarazada, y segundo porque el bebé se veía muy chiquito y ella demasiado delgada como que el pequeño proviniera de su panza.

Comenzaba a preguntarse de que se trataba todo aquello cuando la puerta se abrió a sus espaldas, dejando entrar a Nick. El arquitecto se movía lentamente, tratando de no hacer ruido. Elizabeth lo vio entrar y no dijo nada, simplemente sonrió con cortesía.

-Mira quién te vino a ver mi pequeñito –Le dijo al bebé con voz maternal, sonriéndole- Te vino a ver tu abuelito, sí mi amor, tu abuelito Nick… -Se paró despacio de la silla y le pasó al bebé, cuidando su cabeza- Ten cuidado Nick, agárralo bien…

-Lizzie tengo tres hijos, sé como cuidarlos
–En realidad Nick (Patrick Dempsey) no lo dijo en un mal tono, por el contrario, sonrió, y Elizabeth le sonrió de vuelta.

Liza, mientras tanto, digería lo que estaba viendo.

-¿Cómo está mi campeón? Tú vas a dejar a tu mamá sin nutrientes, con toda esa leche que tomas. Estás cada vez más grande –Nick sonreía mientras mecía al pequeño en sus brazos, admirándolo. El arquitecto miró entonces a su ex mujer- ¿Cómo has estado, Lizzie?

-Bien, bastante entretenida con tu nieto
–Elizabeth evitaba mirarlo a él, desviando sus ojos al pequeño- Ahora está tranquilo, pero por lo general, es de no parar.

-También es tu nieto, aunque te duela oír la palabra ‘abuela’

-Tonto
–Los dos rieron- ¿Charles vino contigo?

-Sí, está abajo jugando Play con Tom.

-Se van a quedar a cenar, ¿Verdad?

-No lo sé, ¿Nos estás invitando?

-Qué va. Te avisaré cuando esté listo, entonces.

-Vale.


Liza no acaba de asimilar lo que vio hace unos instantes cuando la escena cambió, esta vez estaban todos en la sala cenando con el pequeño durmiendo en una mecedora junto a ellos.

En la mesa estaba ella en la cabecera, mientras Nick estaba en la de al frente. Charles (Daniel Radcliffe) estaba junto a él, y Tom (Freddie Highmore) –Que se veía bastante crecido, como un adolescente de quizás quince años- a su lado. Al otro lado estaba Marianne (Keira Knightley) con Brad (Jensen Ackles). Todos en la mesa reían, pero no muy alto, hablando en susurros para no despertar al bebé.

-Tener hijos es definitivamente el peor negocio de todos –Nick dijo, bebiendo un sorbo de su copa de vino tinto- Porque ahora no solo tengo que encontrar una casa con habitaciones para cada uno, ahora debemos agregar una cuarta para Nicky.

-Papá no tienes que hacer eso, usando la mía basta
–Marianne, que se veía un poco más gordita de cara luego del embarazado, sonrió y acarició con ternura la mano de Brad.

-Yo creo que todo ese rollo es innecesario, Marie ya está muy vieja como para que te preocupes si quiera de tenerle una habitación –Charles ahora dijo, riendo y ganándose un golpecito de su hermana. Su hijo se veía mucho más adulto, grande y musculoso, no el chico flacucho que era en la realidad.

-Da igual la cantidad de habitaciones, pero que sea cerca de la playa pa’ –Tom intervino, fingiendo seriedad- Y así acabas por convertirte definitivamente en el papá más cool de todos.

-Insisto, tener hijos definitivamente no es un buen negocio. Terminaré vendiendo mis órganos en el mercado negro para pagar una mansión como ésa cerca de la playa.

-Papá te estás complicando demasiado, de verdad. Me gusta tu apartamento, no entiendo por qué quieres cambiarlo.

-Demasiado pecado allí adentro, hermana
–Charlie soltó, largándose a reír con Tom mientras Nick sonreía incómodo, mirando de reojo a Elizabeth.

La arquitecta se mantenía en silencio, no se veía triste pero Liza se conocía demasiado como para saber que su otra yo estaba muy sentimental. Esos ojos ausentes los vio a través del espejo demasiadas veces.

-Hablando de pecado –Charles bajó el tono, usando una sonrisa un poco pícara, se dirigió a su madre- ¿Qué te traes entre manos, vieja?

-¿Q-qué?
–Elizabeth aterrizó, sintiéndose un poco perdida- ¿Qué traigo, de qué?

-¿Ya has vuelto a las ligas, o qué?

-¿Ligas?

-Oh no jodas, Charlie
–Tom se quejó, poniendo cara de asco- que no quiero escuchar la vida sexual de mi madre.

-Mejor será escuchar de su vida sexual que teniendo su vida sexual ¿Ah que sí, Marie?


Marie y Charlie se largaron a reír mientras Tom ponía cara de trauma. Elizabeth se bebió un largo trago de su vino tratando de procesar la conversación que estaba teniendo. Liza, al frente, deseó un poco de ese vino, teniéndose compasión.

-Por otro lado sí me parece una pregunta importante –Tom dijo- un novio chupándonos el culo, por lo bajo, un año. Eso me vendría bien, hay varios videojuegos que mamá no me ha querido comprar.

-Repito lo dicho: tener hijos es un pésimo negocio
–Nick intervino, al ver la cara descompuesta que tenía Elizabeth. La conversación siguió con normalidad, pero Elizabeth no volvió a decir palabra, en su mundo de nuevo.

La escena volvió a cambiar, llevando a Liza a una casa frente al mar. Estaba ella misma en una terraza fumando un cigarro, vestida de ejecutiva. Ya estaba atardeciendo. A Liza le sorprendió el hecho de que, para la imaginación de Nick, ella volvería a fumar en el futuro. Ese vicio lo había tenido por pocos años, durante los primeros años de su matrimonio y hasta que nació Marianne.

Para su sorpresa, a la terraza salió nadie más que Katherine (Kate Walsh). La mismísima Katherine. La pelirroja tenía dos vasos de jugo, dejando uno en la mesita de centro y quedándose el otro, sentándose en una silla.

Liza no comprendió la reacción de aquella Elizabeth: la arquitecta sonrió cortésmente, pero sin moverse del lugar. En sus ojos se veía tristeza.

-Siento que tengas que esperar, ¿Hay algo más que pueda ofrecerte? –Katherine dijo, también cortésmente, con una sonrisa. La pelirroja se veía incómoda.

-No, nada. Gracias –Elizabeth apagó el cigarro y se sentó enfrente, bebiendo un sorbo del jugo- Me gusta tu casa, me gusta la vista.

Katherine sonrió, asintiendo, pero viéndose tan incómoda como antes. Liza se fijó que la pelirroja usaba el cabello más largo y se veía mucho más feliz, a pesar de la situación. Ella misma, por otro lado, se veía cansada, paliducha y ojerosa, como si no estuviera durmiendo bien.

-Elizabeth, sé que las cosas nunca han estado bien entre nosotras. Pero quería agradecerte… eh…

-Katherine
–Elizabeth la interrumpió, con una voz calmada- Ser la perra ex esposa no es el papel que pretendo tener, tú no has hecho nada malo ni Nick tampoco.

-Yo también estoy divorciada, sé que me odias en estos momentos…

-Katherine, te dije que estaba bien, ¿A qué quieres llegar? ¿Hay algo que necesites decirme?

-No debería decírtelo yo, esto es algo que debería decir Nick…

-Si no es algo que deberías decirme, no lo hagas. A no ser que quieras tener problemas con Nicholas.

-Ése es el asunto, él jamás te lo dirá, es demasiado cobarde para hacerlo. Y creo que mereces saberlo.


Elizabeth se sentó derecha y la miró intrigada. Presentía que sería algo tan terrible como cuando escuchó que se irían a vivir juntos oficialmente. Katherine lucía muy complicada consigo misma, como debatiéndose si decirlo o no. Se apretó las manos.

-Esto probablemente me costará una fea pelea con él, ¿Sabes? Pero…

-Katherine lo que sea, ya dímelo. Soy una mujer adulta.

-Elizabeth, hace más de un mes… con Nick estamos comprometidos
–A pesar de que Elizabeth se lo presentía, escuchar aquellas palabras la destrozó por dentro, pensó Liza desde la esquina, observando todo. Ella, que apenas y asimilaba todo, lo adivinó desde el primer instante. No podía, sin embargo, imaginarse el calvario que estaba sintiendo su otra yo en aquella escena. Si ella estaba destrozada, y sabía que todo eso no era cierto, ¿Cómo podía sentirse viviendo en carne y hueso, algo así? SU Nick, comprometido, rehaciendo su vida con alguien que no era ella.

Elizabeth prendió otro cigarro sin decir palabra, muda. Liza pudo adivinar –porque ella se sentía igual- que su otro yo estaba en una feroz pelea interna consigo misma, sin saber qué posición ni sentimiento adoptar.

Estaba en eso, cuando Nick entró a la casa en compañía de Tom, que venía cubierto de lodo luego de su entrenamiento de Rugby. El arquitecto desconocía totalmente lo que acababa de ocurrir.

-Hola Lizzie –Nick dijo sonriendo, mientras le daba un beso en la frente a Katherine tal como hacía siempre. Liza supuso que incluso un niño como él, se daba cuenta que había límites en todo- ¿A qué hora llegaste?

-Hace un momento –Elizabeth estaba muda, se negaba a mirarlo y solo aspiraba de su cigarrillo.

-¿Te ocurre algo, Lizzie? ¿Estás bien?

Elizabeth iba a responder pero Tom salió a la terraza también, diciendo con una sonrisa:

-Hey mamá, ¿Me puedes esperar a que me bañe? Serán cinco minutos.

-En realidad tengo que irme Tom, tengo unas cosas que hacer
–Elizabeth se levantó de la mesa- Seguro tu papá no tendrá problemas en que te quedes con él, ¿Verdad?

-No, claro que no
–Nick comenzaba a dudar- Ve a bañarte tranquilo hijo, Katherine te dirá cuando esté lista la cena.

-Genial. Adiós mamá.

-Adiós mi amor.


Tom salió de la terraza y junto con él salió Elizabeth, en dirección opuesta. Nick la siguió, como así también Liza. Él la paró justo en la entrada de la casa, evitando que saliera:

-¿Qué te ocurre? ¡No me digas que nada! Te conozco.

-No te enojes con ella, no lo dijo de mala forma. Ella te conoce, sabe como eres; sabe que jamás te hubieras atrevido a decírmelo tú mismo.

-¿Qué…?

-Felicitaciones por tu compromiso. Les deseo, sinceramente, lo mejor.


Nick no dijo nada, impactado al oír aquello. Fue tanto su desconcierto que se quedó mudo, tiempo que Elizabeth usó para salir de ahí.

Liza la siguió, pero no por mucho, porque las luces del pasillo se apagaron y la escena cambió. Esta vez había una luz tenue, con música de fondo; estaba en un bar, no cualquiera sino su favorito.

Liza miró a la barra y se encontró usando vestido negro, escotado, tomándose lentamente un coctel y mirando hacia la nada, muy seria.

La chica no tuvo tiempo de analizar a su particular reflejo, cuando una voz masculina conocida le habló:

-Elizabeth Freeman –Él sonrió, sentándose a su lado. Elizabeth sonrió de vuelta, más por cortesía que por otra cosa- No puedo creer que te haya encontrado aquí.

-Sí, ha pasado un tiempo desde la última vez que hablamos.

-¿Cómo has estado? ¿Tus hijos están bien, que tal va tu empresa…?


Mientras el hombre hablaba, Liza se sentó a su lado para observarlo con detenimiento. Se trataba de un hombre en sus cuarenta, como ella; bien cuidado, atractivo, con picardía, cierto aire seductor. Era Patrick Rumsfeld (Doug Sabat), presidente de una constructora muy importante y que fue cliente de Elizabeth varios años atrás.

-Disculpa, ni siquiera te he preguntado Elizabeth, ¿Te estoy molestando, estás esperando a alguien?

-No, por el contrario Patrick, me hacía falta un poco de compañía
–A pesar de la situación, de que tenía la cabeza en otro lado, Elizabeth agradeció ese aire fresco que traía consigo el empresario, y esa simpleza de palabras y movimientos que no traía más que buenos chistes y anécdotas.

-¿Sería demasiado impertinente de mi parte preguntar por qué estás aquí sola? Algo te podría pasar.

-No, no es impertinente
–Elizabeth sonrió, triste, poniendo su mano izquierda sobre su rostro, como apoyándose en la mesa pero queriéndole mostrar algo más- Digamos que soy Elizabeth Lafferty otra vez.

En efecto, el galán notó como en el dedo anular de Elizabeth ya no había más que la marca del anillo que por veinticinco años cargó consigo, y que a pesar del tiempo desistía en irse.

Y Elizabeth, como espectadora, presenció ese silencio curioso pero que perfectamente podía ser verdad, en donde aquellos desconocidos se miraban sin decir nada, pero que transmitían más que cualquier cosa.

Sintió un escalofrío, y no fue solo por la temperatura que repentinamente comenzó a bajar en aquel lugar, sino algo en su interior. No podía explicarse por qué, pero se sintió comprendida por aquel hombre que no le hablaba a ella directamente, pero que lo hacía con una fiel representación de ella misma. Y eso le asustó.

Le asustó que, quizás no él, quizás no así, pero sin duda había alguien en el verdadero mundo capaz de comprenderla, de apoyarla, de saber qué decir y cuándo decirlo para no destrozarla, que sin ni una sola palabra podía darle una cátedra que terminaría enamorándola, como nunca pensó, de alguien que no fuese Nick.

La luz acabó de apagarse, le temperatura seguía bajando, y ahora estaba segura que se encontraba en otro lugar, porque esta vez una tímida luz de Luna se colaba por una ventana. Se acercó a mirar, sentía gente moverse pero no lo comprendía, como si aquel “futuro” no fuese claro ni siquiera para el propio Nick.

Entonces sus ojos se abrieron como platos, su boca se abrió tanto pero no fue capaz de emitir sonido alguno. Se veía a ella misma recostada en la cama, con el mismo Patrick del recuerdo, esta vez encima de ella, penetrándola bajo las sábanas, provocándole suspiros, grititos de goce, palabras sucias , respiraciones agitadas.

La habitación estaba cada vez más fría, con esa clase de frío que atraviesa cualquier prenda y toca tus huesos, quemándoles, queriéndose sumergir en una tina caliente y no salir en un buen tiempo.

Vio su propio rostro iluminado por la Luna, vio sus labios apretados, sus ojos desorbitados, su frente con sudor, sus piernas amarrando las caderas de su amante; se vio a sí misma disfrutando –y de verdad disfrutando- del sexo, y no solo del sexo, si no del sexo con alguien que no fuese el hombre que amó por veintisiete años. Se enojó consigo misma, con la del futuro, por permitírselo, por dejarse encantar por alguien que no fuese Nick. Se sintió infiel, y ni siquiera había pecado, se sintió sucia y ni siquiera había sentido los labios de aquel empresario.

Pero vio a esa Elizabeth hacerlo, y se sintió culpable. Culpable porque Nick la conocía, y en especial, ella se conocía, y sabía que aunque aquella escena no fuera real, sí era realista: se veía a sí misma haciéndolo, porque fue lo mismo que pensó muchas veces después de las feroces peleas con su esposo, y lo mismo que hizo una de esas borrosas noches de borrachera.

La habitación comenzó a moverse con cada vaivén de los amantes, como un temblor, como el peor terremoto que jamás había vivido, porque Liza no podía mantenerse en pie, mientras esos dos personajes nocturnos, ignorantes de todo, seguían dando rienda suelta a su pasión carnal. Las ventanas comenzaron a explotar, el techo a caer, la habitación a desmoronarse, y nada calmó el desenfreno de aquellos dos.

Liza tuvo que agacharse y cubrirse el rostro para que los escombros no le lastimaran de gravedad, y esperar aterrada por varios minutos a que la tormenta terminara.

Cuando todo acabó, la chica tuvo que levantarse de una nube de polvo y escombros, aparentemente ilesa. Pero entonces una punzada en el vientre comenzó a dolerle, y vio como un hilito de sangre corría por una herida desde el centro. Lo curioso era que la herida no era superficial. En realidad no se veía herida alguna, salvo el orificio
por donde se escapaba el hilito de sangre.

Decidió ignorarlo, quitarse el polvo del cuerpo y comenzar a caminar entre los trozos de basura en los que se había transformado esa habitación. Encontró una pared derrumbada que daba hacia un patio muy grande, y decidió bajar hasta llegar allí, cuidadosamente.

Estaban en un patio muy grande, quizás de dos kilómetros al cuadrado, cubierto de un pasto verdoso, una piscina cuadrada casi olímpica, una cancha de baby-football, juegos infantiles y árboles frutales con macas colgando entre ellos.

Liza no acababa de contar las cosas que había en tremendo lugar, cuando vio a Elizabeth caminar hasta donde estaba ella, con un bebé de tres años en los brazos. Era el pequeño Nick, su nieto.

El día estaba soleado, y abuela y nieto vestían trajes veraniegos.

Notó que Thomas emergía desde bajo del agua, así mismo lo hacían otros dos jóvenes más que nunca había visto, un par de años mayor que su hijo.

-Chicos salgan de la piscina, ya está casi listo el almuerzo –Ella le dijo a los tres adolescentes, dejando en el pasto a su nieto.

-No jodas, mamá –Thomas respondió, logrando que los dos chicos a su lado se largaran a reír y aplaudir, mientras Elizabeth con la boca abierta buscaba las palabras que decir.

-Hey, ya escucharon a Liz –El mismo Patrick del recuerdo anterior se acercó a Elizabeth, tocándole ligeramente la cadera. Los dos chicos junto a Thomas salieron de la piscina al instante.

-Y pensar que alguna vez, yo también tuve esa autoridad sobre un adolescente –La arquitecta suspiró, tomando de la mano del empresario y acercándose lo suficiente para besarlo, hasta que escuchó un quejido de su hijo.

-¡Ya, vale, me salgo, pero no se besuqueen en mi presencia!

Elizabeth rio al mismo tiempo que Patrick, mientras Thomas se salía de la piscina y corría hacia la casa, la que resultaba ser una mansión de tamaños estratosféricos.

Ambos comenzaban a darse un dulce beso en los labios, cuando Nick y Katherine llegaron hasta ese mismo lugar, cargando un gran paquete de regalo.

-¿Dónde está mi nieto favorito? –Nick dijo, buscando con la mirada al pequeño, casi sin mirar a Elizabeth y Patrick. Katherine por su lado de acercó a ambos a saludar.

-Sentimos mucho la tardanza, nos quedamos dormidos y se nos fue completamente la hora.

-No te preocupes, llegaron justo a tiempo. Patrick te mostrará donde dejar todas sus cosas –Elizabeth le dio una mirada a Patrick y él entendió, llevándose a Katherine hacia el interior. La arquitecta se acercó a Nick, que jugaba con su nieto cerca de un árbol frutal. La mujer estaba de brazos cruzados, con la ceja enarcada- ¿Necesitas ser así de maleducado?

-¿De qué hablas?

-Sabes de qué hablo.

-No, no lo sé.

-No sé por qué pierdo mi tiempo hablando contigo.

-Yo tampoco lo sé.

-¡Sé un adulto! ¿Quieres?

-No, no quiero. Por eso te divorciaste de mí, ¿Verdad?

-¡Tú te divorciaste de mí!

-No, yo me separé. Es distinto. Tú te acostaste con alguien más en primer lugar.
-
¿Enserio? ¿Vamos a discutirlo de nuevo?


Liza se alejó de ellos, cansada de escuchar una discusión más. Su estómago le seguía doliendo, y luego de levantarse la camiseta descubrió que la herida se había agrandado y ahora corría un poco más de sangre. Pero, al poco tiempo descubrió, que la sangre no solo salía de su cuerpo. En la piscina, un agua turbia y marrón aparecía lentamente en uno de los rincones. Se acercó más a ver, tratando de descubrir el origen de aquello. Puso sus rodillas sobre la orilla de la piscina, tocó el agua oscura pero nada pasó. Se acercó más, y más, sin darse cuenta cuándo ni cómo de ese líquido color marrón emergía una figura y la chupaba dentro de la piscina.
Lo siguiente no fue más que ahogo, pánico y confusión.

Continuará.

The Killers - Human



#2
Cúmulo

Cúmulo

    Vida? Me suena esa palabra...

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ira.gif

QUe buen capítulo! Hace rato que lo estaba esperando ridi.gif

Qué onda Nick, por qué tiene esos pensamientos de separación? Querrá con eso demostrarle a Liza que separados serán más felices? diosmio.gif
Y Liza se nota que lo ama, y mucho aún, es cosa de lo que sintió cuando Katherine le dijo que estaba junto a Nick...
No sé, en esto puede pasar de todo.
Más encima la herida, la piscina, todo es tan metafórico pordios.gif
Me encanta!

Saludos, Muneh. Espero el próximo con ansias... Por fa no te demores tanto huyo.gif jaja

CUidate!


#3
Muneh

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Gracias por comentar Cúmulo, como siempre fiel lector amor.gif

Perdón por demorarme tanto, esq no tengo tiempo pordios.gif :malditapsu:


#4
Zenit

Zenit

    Posteando con fundamentos

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Hace tanto que estaba esperando esto, cada vez está más cerca la respuesta a ¿qué pasará entre estos dos? siempre genial Muneh!


#5
Muneh

Muneh

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no te había respondido

 

gracias por leer y seguir fiel querido, un beso grande!!






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