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[Historia Original] Cuando lo que parece, no es


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2 respuestas a este tema

#1
Schizophrenie

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    Quiero una pantalla de plasma!!

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"Sucede que el diablo es muy astuto.
Sucede que no siempre es tan feo como dicen"
Jacques Cazotte

Alice, estudiaba medicina, siempre obtenía las notas más elevadas, era la mejor y más joven de su promoción; su inteligencia y aplicación en los estudios siempre la hicieron destacar de entre los demás; incluso le permitió ser la persona con menos edad en ser promovida a una clase a la que solo tenían acceso los prodigios; esos estudiantes que prometían ser grandes en el campo médico.

Amaba la medicina tanto que solía perderse por horas en los libros, le interesaban todas las ramas, pero sabía que tendría que elegir solo una.



Su mejor amigo era Michael, otro estudiante sobresaliente que llevaba alrededor de un mes en la clase especial, eran amigos de la infancia, y ambos tenían una habilidad asombrosa para aprender y la vocación por la medicina, a Michael siempre le contaba sus secretos, posiblemente era el único que sabía de toda su vida, de su incurable mal dormir y de esos sueños extraños que siempre vivía después en la realidad.
_____________________________________________________________________________
- Hola, soy Vanesa, bienvenida a la clase del mejor profesor de esta universidad, el profesor me pidió que te ayude a adaptarte esta primera semana; lo haré con mucho gusto. – Sentándose a su lado.
- Me llamo Alice, gracias.



En su primer día en la clase avanzada conoció a Vanesa, una chica sumamente atractiva y amable, era la ayudante del profesor, o al menos pretendía serlo, no parecía el tipo de personas que se dedica en cuerpo y alma a los estudios, lo entregaba todo; se la pasaba hablando del gran profesor que impartía la cátedra, cualquiera diría que lo amaba con locura aun cuando solo habría asistido a unas pocas clases con anterioridad, su devoción era tal que lo defendía de cualquiera, incluso de un alumno que murmurara no entender algo.

En la clase de los superdotados se trataba de todo un poco, pero se notaba que el profesor tenía cierta preferencia por la embriología, pasaba horas dando fascinantes explicaciones sobre la fecundación, un zigoto era la cosa más hermosa del mundo por la forma en la que hablaba, lo hacía sonar tan interesante que más de uno ya deseaba decidir como especialidad la medicina perinatal; Alice incluida; observaba absorta el maravilloso mundo embrionario expuesto por un gran maestro; el doctor Quentin, un hombre tan encantador a la vista, una voz melodiosa y el porte de todo un caballero, lograban que más de una chica se distrajera observándolo, seguramente alguno que otro hombre también.

Aun cuando el Doctor era tan bueno dando la clase, muchos fueron abandonando; sobre todo los hombres, un día simplemente no iban más; se rumoraba que habían decidido cambiar de carrera, otros que no soportaban tanta responsabilidad y habían dejado los estudios para dedicarse a cosas diferentes con menos estrés; todo se daba por un hecho y nadie contrariaba la información.

Después de un tiempo en el aula solo estaban, Alice, Vanesa, el resto de alumnas, Michael y el doctor Quentin; la profundidad de las definiciones que daba cada día se hacían más marcadas, ahora hablaba de la manipulación del genoma para producir las malformaciones genéticas, de la lucha contra el tiempo y el rejuvenecimiento, a cualquier religioso le hubiese chocado en extremo, el dulce doctor a veces tenía aires sádicos de un hombre que se creía Dios, cosa que cada vez se hacía más notoria.

Las clases continuaron haciéndose más extrañas, pero nadie decía nada, las exposiciones del doctor rayaban los límites de lo insólito. Un día Michael desapareció, lo que le dijeron a Alice en la universidad fue que había abandonado sus estudios por problemas familiares; pero ella conocía muy bien a su amigo, él no le habría ocultado algo así, no era posible, lo buscó en su casa pero no había nadie; comenzó a preocuparse en extremo, ¿cómo era posible que todos los hombres ya no estuviesen? ¿Qué tenía que ver la clase del profesor Quentin? definitivamente las casualidades no existen, en esa clase fue lo primero en lo que pensó, algo andaba definitivamente mal y necesitaba averiguar que era.

Se dirigió a la universidad y avanzó rápidamente por los pasillos, llegó a una oficina, llamó a la puerta y abrió, el doctor Quentin estaba acompañado por unas personas que no había visto antes.

- ¿Es ella? – y entonces todo se hizo confuso.







Despertó dentro de un autobús quemado y casi inservible, al menos eso suponía después de ver el techo sucio y viejo, los asientos daban la misma respuesta, recordaba que había forcejeado para evitar que la introdujeran en él, pero todos sus esfuerzos habían sido en vano. Perdió el conocimiento al ser golpeada con fuerza en la cabeza. Todo en su mente pasaba como una película de horror que le dolía ver, pero a medida que pasaba el tiempo concentrada en el movimiento del bus sobre la carretera, más lejanos se hacían las cosas que recordaba.

Sentía mucho calor y algo de migraña, secó las gotas de sudor que recorrían su frente y se acomodó en el asiento, estaba verdaderamente aturdida, sabía como se llamaba, que era estudiante de medicina y que su profesor más extraño era el doctor Quentin, pero nada más, no entendía hacia donde iba y a qué; un dolor punzante en su cabeza la hizo cerrar y abrir los ojos bruscamente y fue entonces que notó que no estaba sola.

Dentro del autobús había muchas niñas, aproximadamente de 10 años; todas muy emocionadas y expectantes, todas estaban ataviadas con vestidos negros con estampado floral que les cubría todo el cuerpo a excepción de la cabeza y las manos. Usaban zapatos escolares que apenas se notaban por lo largo de los vestidos, además de estar peinadas con sendas trenzas de cabello largo que colgaban atrás de las orejas. No había rastro de ningún adulto cerca. El compartimiento del chofer estaba cerrado, y la única visibilidad posible era en las ventanillas. Ahí pudo contemplar el paisaje semidesértico a cada lado de la carretera y en la lejanía se divisaban algunas montañas.

Alice se levantó del asiento en el que se encontraba y le preguntó a la niña que se encontraba más cerca, que era una de las más grandes.

- Hola, ¿sabes que hacemos aquí?¿C…cómo te llamas?-
-Jijiji- la niña rió por lo bajo. - ¡Alice! ¿No me recuerdas? Soy Vanesa.-
- ¿Vanesa? No puede ser, luces como alguien de menos de 15¿Qué está pasando? ¿A dónde nos llevan?- preguntó completamente desconcertada.
-¿En realidad no recuerdas nada? ¿Será igual para todas nosotras? No les digas nada a las niñas pequeñas, ellas están emocionadas por ser elegidas para visitar al gran Quentin.-
-¿Quentin, el doctor?¿Puedes explicarme que sucede? Te lo suplico, no le diré a nadie.-
-Está bien. – Dijo Vanesa. - ven, vamos al fondo del autobús.-

Alice estaba muy confundida, sin embargo siguió a Vanesa.

-Eres la primera elegida, la prueba de que Quentin quiere dejar su legado con nosotros en la Tierra.-

-¿A qué te refieres exactamente?- dijo mientras observaba los profundos ojos azules de Vanesa.

-Pertenecemos a la tribu de los Quentinitas, nuestra creencia principal es que Quentin ha llegado de muy lejos para salvarnos de los horrores de este mundo, tú fuiste la primera elegida para crear una nueva vida, el primer hijo de Quentin en este planeta. – Alice ahogó un grito, pero Vanesa continuó. - Nuestros padres nos han ofrecido como sacrificio a Quentin para conseguir la paz, mientras esperamos el nacimiento de tu hijo que traerá de nuevo la bondad a este mundo. –




Alice tocó su vientre y lo sintió hinchado, por primera vez tuvo conciencia de si misma. Se sorprendió de no estar vestida con un atuendo similar al de las niñas, parecía traer sus ropas normales, su piel era sumamente blanca y su complexión en extremo delgada. De repente se sintió asqueada y con ganas de vomitar. Corrió a la puerta de la cabina del conductor y golpeó fuerte.

-¡Abran la puerta, necesito bajar!-

El autobús se detuvo y la puerta se abrió. Un extraño hombre vestido completamente de negro les dijo:

-¡Bajen todas, hemos llegado a Sonora!

Las niñas formaron una fila detrás de Alice, que se apresuró a bajar y respirar aire fresco para mitigar las nauseas.
Estaba frente a un hotel mexicano de dos pisos, hecho de ladrillo rojo y teja, con balcones de madera. Habría sido bonito en otras circunstancias, pero no en ese momento.

Alice corrió al interior, en busca de un sanitario, el cual no tardó mucho en encontrar gracias a las señales que indicaban en donde se encontraba. Vanesa la siguió y entró también.

Al contemplarse en el espejo, Alice se horrorizó. Era una chica larguirucha, blanca en extremo y delgada, con un bulto a la altura del abdomen y dos trenzas situadas a cada lado de la cabeza. Parecía que no le había dado el sol en mucho tiempo.

-¿Qué me pasa? ¡Esta definitivamente no soy yo!- Gritó horrorizada.

-Cálmate, eso no es bueno para el bebé. - Dijo Vanesa.-

-¿Cuál bebé? Yo no quiero esto – dijo señalándose el vientre. Levantó la falda para contemplar en el espejo el bulto que tenía. El reflejo era algo horrible. Una masa amorfa de piel plegada que caía sobre las piernas de Alice.
La impresión que le causó ver eso, provocó que comenzara el trabajo de parto.



-Ya ves, te lo he dicho y no hiciste caso. Ahora si tendrás que guardar la calma. –

-¿Me vas a ayudar? – lloró Alice.

-Por supuesto, yo estoy a tu cargo. – Vanesa se lavó las manos y humedeció una toalla que estaba a un lado del lavabo.

-¿Cuántos años tienes? – preguntó Alice, aun dudando que en realidad se tratase de la Vanesa que ella conocía.

-Dentro de unos días cumpliré 13. Pero no te preocupes, he hecho esto muchas veces, mi mamá es la partera de la tribu y siempre le ayudo.-

Los dolores se hicieron presentes, cada vez más agudos, sentía que moriría, colapsaría y caería al suelo; se le nublaba la vista del sufrimiento; a su edad nunca conoció nada igual, era desgarrante, como si algo quisiera salir de su interior a la fuerza.

De repente salieron del cuerpo de Alice dos criaturas entre una sustancia gelatinosa de color oscuro. La primera era un pez negro muerto, la segunda era un feto cianótico de color casi morado sin cerebro. La sola visión era suficiente para querer morir en ese momento.

-¿Qué es eso? – Alice cayó sentada en el piso mientras contemplaba con asco las criaturas que se encontraban a su lado. No pudo contenerse y comenzó a vomitar.

-Ya casi termino, solo falta que saque lo más importante de tu interior. –
-¡Vanesa, sácalo todo! ¡No quiero tener nada en mi interior, hazlo por favor! – suplicó Alice entre arcadas. Un escalofrío recorrió su cuerpo, el dolor fue más intenso que la primera vez, gritó y lloró pero de ninguna forma pudo sentir alivio.

Vanesa tomó con ambas manos lo que parecía ser una serpiente, la cual forcejeaba con ella y mientras lo hacía, iba perdiendo las escamas. Cuando por fin la muchacha logró sacar el contenido de la cavidad de Alice, envolvió a la criatura en una toalla.

Vanesa estaba demasiado absorta con la criatura recién nacida que ni siquiera se percató de que la persona que estaba bajo su vigilancia se iba. Alice se incorporó y salió corriendo del baño, encontró una habitación abierta y se introdujo en ella. Lo único que quería era quitarse esa ropa y bañarse, no soportaba el líquido viscoso que la cubría, así que se encerró ahí antes de que alguien la viera y empezó a buscar algo con que cambiarse.

- Esto no está pasando, esto es un sueño, una pesadilla – repetía como intentando despertar de lo que parecía sacado de un libro de cuentos grotescos.



Encontró una maleta que contenía ropa elegante, como de una persona que trabaja en una oficina. Encontró trajes y camisas blancas. Por fin logró sacar un conjunto deportivo y lo llevó consigo, quería ducharse urgente o dejaría sus vísceras en la baldosa si volvía a vomitar.

En el cuarto de baño, Alice frotaba con mucho jabón todo rastro de aquella sustancia que anteriormente la cubría, dejando que el agua lavara todo su cuerpo y se llevara esa desagradable sensación que la atormentaba.

Salió de la ducha y se observó de nuevo en el espejo que estaba frente a ella. Seguía sin comprenderlo, el reflejo no correspondía a ella misma. Alice solía ser una chica de 22 años, cabello castaño y ojos verdes, alta, de complexión delgada, pero no esquelética. La imagen que contemplaba era de una niña, de no más de 12 años, blanca y de cabello rubio, muy delgada y con evidente falta de crecimiento.



Tocó su rostro mientras con la otra mano alcanzaba una toalla.

Comenzó a deambular por toda la habitación, con la mirada fija en ninguna parte; las decisiones rápidas no eran su fuerte, siempre hacía un estudio concienzudo de las cosas para saber que camino tomar; pero después de todo lo que había vivido, ya no quería continuar, no era la forma en la que pensó morir, pero igual, esa persona que veía en el espejo ya no era ella, buscó en todas partes hasta que consiguió algo pesado, lo envolvió en la toalla para no hacer tanto ruido, lo que menos quería ahora era que frustraran su suicidio, rompió el espejo calló hecho añicos a los lado, recogió una parte filosa del piso y se cortó las venas.

La sensación era terrible, dolía cada vez que pasaba sobre su piel el vidrio, como si una corriente atravesara su cuerpo y arrastrara de regreso todo, la sangre brotaba encharcando la blanca cerámica, por un momento se pudo mantener de pié, mirando hacia ninguna parte, se dejó caer débilmente, arrastrándose por la pared hasta que quedó completamente tendida, lentamente cerró los ojos, la húmeda viscosidad de su sangre le empapó el cabello, después de eso ya no se sintió más.

El ruido de una puerta la hizo despertar, su corazón estaba tan acelerado que podría sufrir un paro cardíaco, pero luego respiró aliviada, al final si había sido un sueño, uno que parecía real pero absurdamente irracional, comenzó a escuchar voces de personas que le eran familiares, sus ojos no estaban abiertos completamente, aun no se adaptaba a la luz, estaba en una camilla, pero podía mover sus manos, inspeccionó la sala una vez que pudo, y a su lado vio a Michael, estaba bien, y además con un estetoscopio en su cuello, no podría estar más feliz de verlo, se estremeció al mirar que también estaban el doctor Quentin y Vanesa, la adulta, la que conocía de la universidad, la miraban con lágrimas en los ojos y se abrazaban.

- Ya está reaccionando – acariciando suavemente su cabeza – es una niña muy fuerte, pudo salir del coma después de 6 años.
- Gracias doctor, gracias por todo lo que ha hecho por nuestra hija y por nosotros, gracias. –









FIN

Editado por Poneja, 05 octubre 2011 - 22:19.



#2
Elliot

Elliot

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Me gustó mucho la historia, sobre todo el final. Me gustó la perspectiva en que contabas el relato,
los sueños se pueden interpretar de varias formas y al estar en coma, nadie sabe si las personas que
lo están viven a través de sus sueños. Saludos Super02.gif


#3
neko DN

neko DN

    Descubriendo Fotech

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