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[Capítulo 3] "Juntos, con el enemigo"


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6 respuestas a este tema

#1
Cúmulo

Cúmulo
  • Sexo:Hombre




Daniel está nuevamente en su tierra natal, pero la tormenta causada por su arribo apenas acaba de comenzar. María Angélica angustiadamente no puede asumir la situación de esto, al igual que sus hijos, especialmente Fernando quién se entera de la verdad por medio de su hermano y no logra reponerse del impacto.
Jaime, el padre de Daniel, concurre a ver con sus propios ojos la verdad y se encuentra con lo que nunca imaginó, su hijo transformado en mujer, tal es el impacto que le causa la muerte. En medio del dolor y en pleno funeral Daniela aparece nuevamente frente a su familia causando la descontrolada furia de su hijo Fernando, quien a las afueras de la casa de Jaime, la increpa.

- ¡Tú ya no deberías estar acá!, deberías irte – Grita Fernando intimidando cada vez más a Daniela pero tomado del brazo por su hermano.
- Yo vengo a buscar lo mío, hijo – dice Daniela sin darle la cara.
- ¡Nunca más me digas hijo, tú no eres nada mío, tu para mi moriste! ¡Daniel Montepío para mi murió! – Dice Fernando dándole un sonoro golpe a Daniela en su rostro.

Daniela cae al suelo debido al golpe de Fernando, sangrando de su nariz y de su boca. Fernando queda en shock.

- ¡Qué hiciste, Fernando! – grita Max ayudando a levantar a Daniela.

Fernando no dice nada, solo mira fijamente a Daniela respirando fuertemente, al parecer ve la gravedad de lo que ha provocado bajo la mirada de muchos de los presentes en el funeral que salieron afuera producto del bullicio.


“JUNTOS, CON EL ENEMIGO”


Antejardín casa de Jaime / Tarde. 13.00 horas

Susanita, quién estaba en la puerta de entrada, sale rápidamente a ayudar a Daniela que trata de pararse del piso. Fernando no reacciona ante nada hasta que un hombre que estaba en el velorio le da unos pequeños golpes en la espalda.

- Eres un maricón, eso no hace con ninguna mujer – le dice mientras ayuda a Daniela a levantarse.

María Angélica, quién mira desde la puerta, no hace ni dice nada. Fernando reacciona y mira a su alrededor a unas cuantas que personas que no le sacan la vista de encima y sin saber que hacer sale por la reja hacia la calle y rápidamente se pierde su trayecto. Cecilia, quién aún seguía escondida mirando se agacha para no ser vista. Max, en tanto, intenta ayudar a Daniela.

- ¿Cómo te sientes? – pregunta Max a Daniela.
- Estoy bien, no fue mucho – responde Daniela limpiándose las lágrimas y la sangre. Se levanta.
- ¿Quiere que le traiga algo? ¿agüita? – pregunta Susanita.
- No te preocupes, Susanita. Mejor me voy.
- ¿Te acompaño? – pregunta Max.

Daniela queda sorprendida con las palabras de Max, por fin expresa una ligera sonrisa pero responde negativamente.

- No, Max. Te lo agradezco pero no quiero más problemas – mirándolo a sus castaños ojos.

Daniela se da media vuelta y sale por la reja hacia la luminosa calle bajo algunas miradas de las personas que seguían viendo el espectáculo. Max la mira y luego mira a Susanita, ambos se dan media vuelta y nuevamente vuelven a entrar a la casa pero consternados por la situación. María Angélica solo tiende a abrazar a su hijo Max.

- Vámonos mejor, me siento bastante incómoda acá – le dice María Angélica a su hijo mientras lo abraza.
- Pero mamá, estamos en el velorio del abuelo…- dice en voz baja.
- Quiero ir a ver a Fernando – interrumpe María Angélica. – Además, toda esta gente nos está mirando con cara de pregunta, van a descubrir pronto la verdad...
- ¿Y Tú crees que no saben? - ríe débilmente. - Ya sacaron todo el rollo...
- No tendrían porqué saberlo... vámonos por favor.
- Ya, vámonos entonces. Susanita nos vamos – exclama Max.

El trío sale rápidamente de la casa bajo la mirada de los presentes, se despiden de la empleada de Jaime quien queda a cargo del velorio. Susanita abre la reja del antejardín y los tres salen a la calle, se suben al auto y se van. Cecilia se vuelve a agachar para no ser vista.


Hotel / tarde. 14.00 horas.

Daniela llega nuevamente a su pequeña habitación en el hotel, al entrar nota que Ramón aún está acostado y sin polera, como es típico, y duerme plácidamente. Daniela trata de no hacer ruido para que él no la vea, por eso cierra la puerta muy despacio y entra sollozando a la pieza y luego al baño.

- ¿Qué te pasó? – pregunta Ramón con los ojos cerrados.
- Nada, nada. Sigue durmiendo – Entra rápidamente al baño tapándose la boca.
- ¿Qué te pasó en la boca?
- Nada.
- ¿Por qué vienes llorando?
- Se murió mi papá, ¿no crees que eso es suficiente? – se moja la cara y sale del baño.

Al salir del baño se da cuenta que Ramón está frente a la puerta esperádola. Daniela voltea su cara y se pone su mano para ocultar su hinchada mejilla. Ramón le quita la mano de encima y descubre el golpe.

- ¿Quién te hizo esto? – pregunta fríamente y no recibe respuesta. – Te pregunté que quién te hizo esto… - le toca la mejilla.
- ¡Ay! No me toques – se aleja de él.
- ¿Quién te golpeó? - no recibe respuesta. - ¡Dímelo!
- Fernando.

Ramón no dice nada, se queda largo rato mirándola mientras Daniela se nota algo angustiada. Ramón finalmente no hace nada, se da media vuelta y se vuelve a recostar sobre la cama.

- Te dije que no fueras – dice fríamente Ramón.
- Si lo sé, pero tenía que hacerlo...
- Tu sabes que no era necesario – responde Ramón mientras abre una lata de cerveza.

Daniela no sigue hablando del tema y se acuesta al lado de Ramón quién enciende nuevamente el televisor y se toma su helada cerveza.


Calle afuera de la casa de Jaime / tarde 14.00 horas.

Cecilia y Paty aún siguen afuera viendo lo que sucede en el velorio de Jaime. Ambos varias veces se ocultan con éxito para no ser vistos. Ya confirmada la verdad, Paty se desmaya y Cecilia no lo puede creer, ambos tras los autos que están frente a la casa del fallecido quedan con cierto impacto al ver al nuevo Daniel.

- Paty... – lo llama sin respuesta. - ¡Paty! – vuelve a despertarlo pegándole cachetadas.
- ¡Mamá! – exclama Paty tapándose la boca con una mano y tomándose el pecho con la otra.
- Todo era cierto... todo era verdad – da vuelta su cabeza y sonríe producto de la impresión.
- Ves madre, mi gran sueño lo realiza uno de mis peores enemigos.
- Todo se da vuelta, hijo. Pero acá hay una razón… - vuelve a mirar a Paty.
- ¿Cuál, mamá? – pregunta el afeminado joven.
- Nah, no me hagai caso – se levanta suavemente tratando de que no la vean. – Mejor vámonos – toma a Paty del brazo.
- ¿Cachaste lo top igual que se veía? Si era igualita a como era antes pero ahora con pelo largo… - dice Paty, se aleja con su madre por la vereda.

Cecilia y Paty caminan rápidamente y se pierden por la calle rumbo a su casa, mientras hacen esto discuten.

- Ya cállate mejor, vamos a ver a tu hermana… - dice Cecilia y apura el paso.
- Pero yo quiero algo así para mí...
- Ya, Paty, no quiero hablar más del tema…
- Pero mamá…
- Camina más rápido te dicen que nos pueden ver…


Casa de María Angélica / Tarde. 14.30 horas.

Max entra fuertemente a la habitación de Fernando, en medio de su desorden de ropa, aroma etílico y revistas dispersas lo encuentra sentado y dormido en su cama con un vaso de ron. Max se acerca y le quita el vaso.

- ¡Ándate! – grita Fernando al percatarse que su hermano le quita el vaso.
- ¿No te das cuenta lo que hiciste recién? – le dice exaltado. – Le pegaste a una mujer, cosa grave que nunca se debe hacer ni siquiera a la mas malvada de todas.
- Esa mina es hombre – responde un tanto borracho. – A los tipos de personas como esas hay que pegarles, eliminarlas, borrarlas. Y ahora ándate de mi pieza, desperdicio.
- Esa mina, aunque no lo quieras ahora es como cualquier mujer normal y deberías a tratarla como tal – se acerca aún más a su hermano. - No te pido que la aceptes, pero no tení que golpearla ni hacerle daño.
- ¿Y desde cuando tú que la defiendes tanto?
- Ella aunque no lo queramos sigue siendo nuestro padre, y ahora es mujer, y por eso merece respeto…
- Ah, ya entiendo, tú también quieres hacer lo mismo que hizo el papá – ríe a carcajadas.
- Contigo no se puede hablar – mueve su cabeza. – Ojalá que cuando no estés borracho recuerdes lo que te digo – se da media vuelta y se va.
- Ándate de acá, maricón, déjenme tranquilo, ándate con tu papito – exclama Fernando riendo y burlándose de su hermano y le lanza una almohada mientras este cierra la puerta.

Max sale de la habitación y Susanita lo espera afuera.

- ¿Qué le dijo? – ella pregunta nerviosa.
- Nada, está borracho nuevamente. Yo creo que deberíamos cortar el temita acá, cuando Fernando esté nuevamente sobrio yo creo que se dará cuenta solo…
- Ojalá asiente cabeza ese niñito por Dios – exclama Susanita.
- ¿Mi madre, Susanita?
- Nuevamente se encerró en su pieza a dormir.
- Mejor dejémosla que descanse, le hará bien.

En aquel momento suena el timbre de la puerta principal.

- Yo voy, no se preocupe Maxito – dice Susanita mientras avanza hacia las cercanas escaleras.

Max, tras ella, comienza a bajar igualmente las escaleras y llega al living.

- Una cartita – dice Susanita, se la pasa a Max.
- ¿Qué será? – se extraña y la comienza a abrir.

Luego de leer, Max cierra la carta y le comenta a Susanita.

- La herencia y el testamento – mira a la empleada a los ojos. – Acá sí que va a quedar la grande…

Susanita se toma sus mejillas con sus dos manos y luego da un aplauso con cara de preocupación.


Casa de Jaime / Mañana, 10.00 horas.

Pasan dos días luego de la llegada de la carta, mientras Jaime ya ha sido enterrado en el cementerio, las cosas siguen igual en la casa de María Angélica. En casa de Jaime ha llegado el gran día donde el abogado leerá el correspondiente testamento que ha dejado este hombre antes de morir. El living de la casa se llenado de unas cuantas sillas dónde están sentados los Montepío-Cárcamo y en el último asiento está Daniela, frente a ellos está el pódium donde el abogado comenzará a leer.

- Sin dar mas vueltas, procedo a leer el documento testificado por don Jaime Segundo Montepío Lazcano quién dice: “... Bueno, ustedes saben, querida Familia, que lo único que me queda en vida es mi hijo Daniel y la hermosa familia que ha formado, por lo tanto todos mis bienes quedarán en manos de mi hijo Daniel, quién estoy seguro sabrá manejarlos y también cuidarlos para mantener a su familia”
- ¿Qué está diciendo este viejo?, no puede ser… - dice Fernando con voz baja.
- Cállate y deja que siga leyendo – le dice Max sin mirarlo.
- “Cuando yo no esté, quiero que la casa dónde actualmente vive mi hijo con su familia, que yo se las cedí, sea entregada al banco, con todo el amoblado, en bono de las deudas que he tenido producto de la crisis del año 2008 y quiero que mi hijo con su familia se vengan a mi casa, así mi hijo y su esposa deberán vivir allí junto con mis nietos en un espacio más armonioso y especial, tal como mi hijo siempre lo soñó” dicho así, se cierra la sesión – fríamente el abogado se baja del improvisado pódium y arregla su maleta.
- ¡Qué! – Fernando se exalta. - Nica me vengo a vivir acá con este maricón – se para del asiento.

Daniela, en el asiento final, tristemente arregla su cartera y sin emitir palabra camina hacia la puerta, el abogado se percata de esto y le entrega un par de papeles, todo esto bajo la mirada de furia de Fernando. María Angélica se para del asiento y llama al abogado.

- ¡Sr. Abogado!
- ¿Qué sucede, señora María Angélica? – se detiene, se acerca y la mira a la cara.
- Usted no sé si conoce el reciente escándalo en el que estamos pasando pero…
- Señora María Angélica – interrumpe el abogado. – Conozco todo el escándalo y estoy al tanto de lo que ha sucedido en su familia, estuve en el velorio de Don Jaime – se saca los lentes. – No es de mi incumbencia meterme en su vida ni la de nadie, pero las cosas son así.
- ¿Pero ahora dónde me voy?, no creo que sea cierto lo del remate de mi casa... – dice Angustiadamente María Angélica.
- Lo siento, sólo me limito a leer la herencia y los problemas personales son de cada uno.
- Pero si Daniel Montepío ya no existe – exclama Fernando exaltado.
- A ver, Fernando, la señorita Daniela Montepío es un pseudónimo o nueva identidad comprobada de Daniel, aunque ahora haya cambiado de sexo sigue siendo, para la ley, Daniel Montepío e hijo por sangre de Jaime Montepío, por lo tanto nosotros no podemos hacer nada, dicho esto, quedamos hasta acá. – se coloca nuevamente sus lentes.

El Abogado arregla su maleta y sale rápidamente de la casa. María Angélica queda sorprendida y sin poder decir palabra alguna.

- Ahora que vamos a hacer – dice angustiadamente María Angélica.
- Venir a vivirse acá no mas – dice Max mientras abraza a su mamá.
- Ah, ¡no! No, no – dice Fernando. – Yo nica me vengo a vivir para acá – se vuelve a sentar. – Vámonos a vivir a otro lado, arrendemos esa casa de la esquina que está desocupada...
- Pero Fernando, ni siquiera tenemos dinero. Yo no tengo trabajo, tú no trabajas, tu hermano tampoco – comienza a llorar nuevamente. – Daniel es el que siempre nos mantuvo.
- Pero ¿Cómo, mamá? ¡yo no me vendré a vivir acá!, menos si estará el hijo de mi abuelo...
- Fernando, cálmate, no tenemos dónde ir, así que vamos a tener que vivir acá aunque sea por un tiempo hasta que encontremos trabajo - exclama Max.

María Angélica no sabe que decir ni hacer, se pone sus lentes negros y camina sin decir nada hasta la puerta de salida. Max hace lo mismo, se pone su visera azul y camina desde el desarmado living hasta la puerta detrás de su madre. Desde allí María Angélica le dice a Fernando.

- Vámonos. Vamos a buscar las cosas a la casa, no hay nada mas que hacer.
- Es lo mejor que podemos hacer – se entromete Max.

Fernando se levanta de la silla y camina rápidamente hacia la puerta donde está su madre y hermano, se coloca sus oscuros lentes, los mira a ambos y sale raudo hacia el antejardín y pasa por el lado de ellos diciéndoles:

- No puedo creer que puedan caer en el jueguito…


Casa de Cecilia / Mediodía 12.00 horas.

Cecilia, vestida con su típico y gastado delantal blanco floreado, se pasea con la escoba por fuera de la habitación de su hija Tamara, la puerta entreabierta hace que tome la decisión de entrar a hablar con su ella sin saber con el ánimo que tiene el día de hoy. Cecilia comienza a abrir poco a poco la ruidosa puerta de la habitación, esto hace que Tamara despierte y abra sus ojos resaltando sus abultadas ojeras.

- Permiso, chiquitita – deja la escoba apoyada en la pared.
- ¿Qué pasa, mamá? – se pasa la mano por los ojos. – no hagas tanto ruido para que no despierte el bebé – le murmura.
- Disculpa, pero quería hablar de hace días contigo – se sienta en la cama al lado de ella - ¿Qué te pasa? ¿Por qué andas tan deprimida, hija?
- ¿Te parece poco todo lo que ha pasado últimamente?
- ¿Te refieres a la llegada de Daniel? ¿Por qué te tendría deprimida a tí que él haya llegado así?
- No, no mamá, no es eso – se sienta en la cama y mueve la cuna de su hijo para que no despierte. – Sólo que son tantas cosas acumuladas…
- Pero, hija, tu sabes que cualquier cosa mala que te pase o que quieras yo estoy ahí para ayudarte, siempre – le sonríe.
- Tú sabes que no es así, tú no me puedes ayudar en todo y lo sabes…
- ¿Vas a empezar nuevamente con el temita de haber nacido en la familia equivocada? – pregunta Cecilia levantándose de la cama y mirándola de frente.
- Tú sabes que amo mi familia, sólo que a veces no se tiene todo lo que se quiere, eso me deprime a veces y lo sabes.
- Yo siempre te he entregado todo lo que he tenido y he querido, con mucho esfuerzo…
- Y eso lo valoro mucho, mamá, créeme – interrumpe Tamara.
- A ti y a tu hermano siempre les he dado todo lo que he querido. Si la familia de tu pololito no te quiere o no te acepta por tener menos que ellos, da igual. Míralos ahora a ellos, en la situación que están… tú nos tienes a nosotros, a tu familia real y yo creo que Max todavía te apoya ¿o no?
- Sí, mamá, Max me quiere, pero sabes, yo siento que él es tan bueno conmigo que no lo merezco.

Cecilia mira a su hija y se acerca a ella nuevamente.

- Tú te mereces todo lo que tienes, Max es lo mejorcito que hay en esa familia así que aprovéchalo y no te sientas culpable de nada y arriba el ánimo, hija – le da un cariñoso beso en su frente.
- Gracias mamá, tú sabes que a veces me baja la depre.
- Espero que se te pase luego, y por cierto, no retes al Paty - camina hacia la puerta de la habitación y desde allí mira a su hija. – Es que te gastó toda la crema para las manos… yo después te compro una, chiquitita.

Cecilia vuelve a tomar su escoba y cierra la puerta de la habitación de su hija. Tamara se vuelve a acostar lanzando su cabeza hacia la almohada violentamente gritando.

- ¡Paty!


Hotel / Tarde 12.00 horas.

Daniela llega sumamente cansada a su habitación donde, como siempre, está acostado Ramón comiendo una empanada. Daniela deja su cartera blanca en una silla y luego se tira a la cama de espaldas con las manos abiertas.

- ¿Cómo te fue?
- Me fue bien - dice agotadamente. - Aunque aún todos me miran una cara de desconcierto...
- Y no es para menos - ríe ténuemente. - ¿Te dieron los papeles?
- Amor, arregla tus cosas - exclama Daniela mientras se levanta de la cama.
- ¿Por qué? ¿Qué hice ahora?
- Nada, tonto. Pero nos vamos de acá.
- ¿Por qué? - dice Ramón con la boca llena de comida.
- La casa de mi padre ahora es mía

Ramón por fin mira a los ojos a Daniela y deja de comer la picante y aceitosa empanada, la deja a un lado y le pregunta a Daniela.

- ¿Te la cedió?
- Si, ahora es mía. O sea, es de Daniel... por eso hoy mismo nos vamos para allá.
- Es la primera noticia buena que recibo en días - Le da un fuerte abrazo a su novia.

Mientras Daniela entra al baño, Ramón se levanta de la cama y vuelve a actuar con sus típicos pasos calmados, se pone un pantalón y una polera musculosa y comienza a arreglar sus cosas para irse a su nuevo hogar.


Casa de María Angélica / 15.00 horas.

Max, María Angélica y Susanita ya tienen listas todas sus pertenencias, el cuarteto se encuentra a las afueras de la casa mirándola por última vez. María Angélica se encuentra muy angustiada y como siempre, sumamente nerviosa por la situación. María Angélica le hecha el último vistazo a su casa y a su jardín, luego abraza a Susanita.

- Mi cié María, no hay nada mas que hacer, fuerza no mas...
- Mamá - se entromete Max. - Es mejor que nos subamos al auto ya que mas tarde vendrán a sacar los muebles y todas esas cosas y no quiero que estés presente cuando eso suceda...
- Esperemos a Fernando que ya está por salir - dice María Angélica con sus oscuros lentes.

Fernando sale de la casa con una gran mochila en su espalda, cierra la puerta de la casa por última vez, se pone sus lentes negros y el capuchón de su blanco chaleco, al llegar donde su madre y los demás se detiene junto a ellos.

- Ya, ahora subámonos al auto y vámonos - ordena firmemente María Angélica.

Max y Susanita hacen caso de inmediato mientras que Fernando, en la vereda, le da un beso a su madre.

- Súbete al auto, Fernando

Fernando ríe, se aleja del auto y comienza a caminar por la vereda, luego se vuelve a dar vuelta.

- Chao Mamá, yo jamás viviré bajo el mismo techo que esa puta
- Pero, hijo... - exclama María Angélica sorprendida. - ¿A dónde vas?
- Mamá - dice Max sacándo la cabeza desde el auto. - Déjalo, en la noche estará con nosotros, tú sabes que este no puede vivir solo...
- Cállate, mamón ridículo - exclama Fernando.
- Ya ya... asociéguese Maxito, no haga mas bache - dice Susanita a Max en el auto.
- Hijo, por favor, piénsalo. ¿Te vas a ir dónde esa niñita, la Cristina?
- Yo sé dónde voy, mamá. Cualquier lugar es mejor que la casa dónde irán ustedes, y ustedes deberían hacer lo mismo que yo - se da media vuelta y comienza a caminar. - ¡Te llamo!

Mientras Fernando se aleja caminando, en sentido opuesto a María Angélica quien, ya casi si fuerzas de pedirle que se quede a Fernando, se sube al auto y parten rumbo a su nuevo hogar.


Casa de Jaime / 15.30 horas

Daniela y Ramón ya se encuentran instalados en su nuevo hogar, ambos están arreglando el living, haciéndolo mas luminoso y cambiando de posición los muebles. Daniela ha cambiado sus tradicionales vestidos por una teñida deportiva para limpiar el lugar mientras que Ramón se encuentra sentado en el sofá, como de costumbre, sólo en boxer, pero luego se levanta.

- Daniela, ¿A que hora llegan los demás?
- Si es que llegan - mira el reloj. - No lo sé, pero ya deberían estar por llegar.
- Ah, ok - se levanta del sofá. - Me iré a dar una ducha que el calor primaveral de esta ciudad es realmente insoportable.

Ramón camina al baño lentamente y se encierra dentro de él. Daniela sigue arreglando las alegres cortinas que ha comprado para poner en el living que contrastan con el apagado rojo con que están pintadas las paredes. En aquel momento suena el timbre de la casa, Daniela rápidamente corre a abrir la puerta, al hacerlo se da cuenta que su ex esposa e hijo han llegado.

- Hola, hola, ¿Cómo están? pasen, por favor... - dice Daniela amablemente.

María Angélica entra rápidamente con sus maletas sin responder al saludo de Daniela.

- No me digas nada - le dice al pasar por su lado.

Susanita y Max, que venían detrás de María Angélica, al contrario de su madre saludan a Daniela.

- Hola, ¿cómo ha estado usted? - le dice dulcemente Susanita mientras le da un beso.
- Yo acá, como ya sabes Susanita, pero mejor, pase por favor, adelante...

Max entra detrás de Susanita y qeda frente a frente con su "nuevo" padre que no sabe como reaccionar al mirarlo.

- Hola - dice Max

Daniela se sorprende gratamente y se acerca a darle un beso de saludo.

- ¿Cómo sigue tu mejilla? - le dice Max quién desprecia el beso pero le da su mano.
- Mucho mejor, gracias - exclama Daniela dándole también su mano.

María Angélica mira de reojo esta situación desde el living junto con Susanita. Max ingresa sus maletas y unas cajas con pertenencias. Daniela cierra la puerta y con una gran sonrisa de emoción se acerca nuevamente al living.

- Pueden dejar sus cosas allí, yo después las subo
- No te preocupes, podemos hacerlo nosotros mismos, ocuparé la cama matrimonial que está arriba - dice María Angélica mientras se da vuelta para subir las escaleras.
- Angie - Daniela la detiene. - Aunque vivamos bajo el mismo techo para mí nada será un problema, hagamos que las cosas sean lo mas normal posible...
- Primero que todo no me digas "Angie" sólo Daniel lo hacía. Y no te preocupes, me iré lo mas pronto que pueda de acá, no es de mi agrado vivir con gente como tú...

Mientras Daniela y María Angélica dialogan, desde el baño, Ramón sale completamente desnudo, sin inmutarse ni sorprenderse por las visitas comienza a caminar hacia el living. Max, María Angélica quedan sorprendidos por la situación mientras que Susanita se da media vuelta y se tapa los ojos.

- Mi cielo, ay por Dios - dice Susanita mientras se da media vuelta tapándose los ojos.
- ¿Quién es él? - pregunta Max mirando a Daniela y casi riéndose.

Daniela rápidamente toma una toalla que estaba sobre el sofá y se la tira a Ramón.

- Tápate, no estás solo.
- Lo sé, pero estoy en mi casa, así que hago lo que quiero - dice Ramón fríamente secándose frente a todos.
- Él es mi novio, Ramón - dice Daniela sin mirar a los ojos a nadie.
- Hola... - dice Ramón levantando su mano.

María Angélica queda sorprendida al saber que su ex esposo tiene un novio y viviendo ahora con ella en casa.

- Creo que esto ya me superó - exclama María Angélica dando un tremendo suspiro y comienza a subir las escaleras.
- Mi cié María - dice Susanita sacándose las manos de sus ojos y caminando tras su patrona.
- Déjala, Susanita - dice Max. - Es mejor que suba a descansar.

El living de la casa pasa por un minuto de silencio que lo rompe Max.

- Así que el cambio fue total - exclama mientras se da una vuelta y mira a Ramón.
- Si, Max. No se si te molestará, pero prefiero que lo hayan sabido ahora... - responde Daniela un poco avergonzada.
- No, no, después de todo lo que ha pasado pocas cosas me molestarían, e incluso ya comienzo a entrar un poco cómico todo esto - ríe.
- Nos vemos mas tarde - dice Ramón encerrándose en la única habitación que hay en el primer piso.
- Él es así - dice Daniela. - Acostumbra siempre a andar medio pilucho en su casa, pero hablaré con él para que a la otra sea un poco mas recatado. ¿Y a todo esto, dónde está Fernando?

Max y Susanita se miran, luego Max toma la palabra.

- Se fue, no quiso venirse para acá... Yo creo que le va a costar poder aceptar la situación, pero estoy seguro que en la noche estará golpeando esa puerta - apunta la puerta de entrada.

Daniela no se queda callada y le sonrie a Max. Susanita recoge su bolso y comienza a caminar.

- Voy a dejar mis cosas y luego me encargo de la cocina.
- Gracias, Susanita. - exclama Max. - Yo haré lo mismo, llevaré mis cosas a mi nueva habitación y luego llamaré a Tamara.
- ¿Quién es Tamara? - pregunta Daniela.
- ¿Cómo que quién es Tamara? - preguta Max sorprendido
- Ah, Tamara - Daniela ríe. - Tamara, tu polola, es que te escuché otro nombre... pensé que te habías encontrado otra polola.
- Ah - ríe. - No, yo amo a Tamara y a mi hijo.
- Quiero verlo - dice Daniela
- ¿A quién? ¿A mi hijo?
- Sí, a mi nieto - dice Daniela con un poco de miedo.

Max no sabe que decir en el momento y queda pensativo por unos segundos. Daniela teme por la reacción que pueda tomar su hijo y siente miedo con que él se lo tome a mal y que las relaciones empeoren aún mas entre ellos.

- Llamaré a Tamara y le diré que traiga al niño - dice Max mientras sube por las escaleras.
- Gracias...

Daniela queda sonriente luego de la reacción de su hijo y alegremente camina hasta la mesa dónde continúa arreglando unas cortinas.


Calle / Tarde, 15.30 horas

Fernando sigue caminando por la solitaria calle rumbo dónde Cristina bajo el abrasador sol primaveral de Santiago. Se detiene por un momento bajo la sombra de un árbol para descansar dejando en la vereda su pesada y gran mochila. Desde la esquina aparece alegremente saltando Cristina quien al ver a Fernando le grita.

- ¡Amor! - no recibe respuesta. - ¡Amor, estoy acá en la esquina!

Fernando quien buscaba la persona que gritaba da vuelta su cara y ve a Cristina.

- Ven para acá, por favor

Cristina se acerca corriendo dónde su pololo.

- Hola amor, justo te iba a ver - mueve su moño de palmera. - ¿A dónde ibas tú?
- Justo iba a verte - la abraza y le da un beso sacándose sus lentes
- A ver... a ver ¿Qué quieres tú?
- Te iba a pedir alojamiento, me fui de la casa.
- ¿Cómo? ¿Te fuiste?
- Si, o sea nos fuimos todos de la casa a vivir donde vivía mi abuelo. Ahora también vive allá... - no sabe que decir. - ¡Ah ya! no quiero hablar mas del tema... ¿Me vas a dejar o no vivir contigo?
- Pero... ¿y tú mamá se abuenó entonces con tu papá mujer? ¿Y las dos van a dormir juntas ahora? - dice sorprendida.
- No digas tonteras, ridícula. Ya, ¿me vas a dejar ir a vivir contigo?
- Pero tu sabes que...
- ¿Qué cosa? - interrumpe Fernando. - Tú me dijiste que tu casa era super grande, yo creo que es hora que me lleves a concerla... ¡y que tanto! si vives sola...
- Pero, es que, las cosas que pueden decir los vecinos - se saca sus chillones lentes verdes. - Tengo una imagen que cuidar, soy una chica top, pero...
- No, no te molestes - vuelve a tomar su pesada mochila. - Ya me quedó todo clarito. - Comienza a caminar nuevamente y se pone sus lentes oscuros.
- Pero, amorcito, ¿dónde irás?
- Dónde me lleve el viento...
- Pero si vas contra el viento - dice ingenuamente Cristina tomándolo del brazo.
- Chao, tonta - se suelta del brazo de Cristina.
- Pero...
- Chao, tonta - le dice mientras camina sin mirarla y levantandole un brazo.
- Igual... no soy tonta - no sabe que decir. - ¡Igual voy a ir mas tarde a tu casa y te acusaré con la tía! - no recibe respuesta y se desespera. - ¡Maldito chancho cochino! - exclama marcando la "ch" y lanzando su cartera a la calle.

Cristina ve como se aleja Fernando y nunca mas da media vuelta, ella muy enojada ve como se acerca un auto y se acuerda de su cartera, rápidamente corre a la calle a recogerla haciendo detener el auto y luego camina por la calle en dirección opuesta por dónde se fue su pololo.


Departamento de Javiera / 16.00 horas.

Javiera Gatica, la ex polola de Fernando, se encuentra en su tranquilo y pequeño departamento estudiando, ella está sentada en sofá frente al gran ventanal de cortinas blancas que son levantadas por una suave brisa fresca que ingresa desde el exterior. La tranquilidad es tremenda, pero el timbre rompe esta armonía... Javiera deja su libro de psicología en una mesa de centro y se levanta a abrir la puerta, al ver por el "ojo mágico" nota que es Fernando.

- ¿Qué quieres? - dice Javiera dando un suspiro.
- Javierita, amiga - dice Fernando amablemente dándole un abrazo.
- No tengo alojamiento, así que no te puedo ayudar - le cierra la puerta.

Fernando detiene con su mano la puerta y la vuelve a abrir.

- No, por favor, no vengo a pedirte alojamiento
- ¿Y entonces a que vienes con esa gran mochila? ¿Me vas a invitar a un viaje?
- No, no es eso... pero necesito tu ayuda, no creo que sepas, pero mi familia está...
- Se absolutamente todo lo que pasó en tu familia, Fernando, todo el barrio lo comenta y sabes, de verdad me alegro lo que pasó con tu papá, era tan insoportable ese caballero, por lo única que me da pena es por tu mamá que no se merece que está pasando... tú deberías hacer lo mismo que hizo tu papá - ríe. - Ahora déjame que estoy estudiando - vuelve a cerrar la puerta.
- Espera - detiene a Javiera. - No quiero que las cosas queden así entre nosotros, estás tan linda - le sonrie. - tenemos que pensar que Dios nos está dando una nueva oportunidad...
- Cállate, patético por mil. Ya, ¿En que te puedo ayudar?
- Javierita, por favor, ¿podría dormir hoy acá en tu casa?
- ¡¿Qué?! - ríe. - Te dije que no daba alojamiento, menos a gente como tú...
- Pero, no te vengo a pedir alojamiento, te vengo a pedir un favor.
- ¿Por qué mejor no le pides "el favor" a tu pololita nueva?... ¿O ya te lo ha dado tantas veces que te aburriste?
- Estoy hablando en serio, Javierita. Ya po, si no te cuesta nada, tú eres católica y tienes que ayudar al prójimo... - intenta entrar al departamento.
- Estúpido - ríe. - Mi casa no es albergue de nadie, menos de personas como tú - le cierra el paso. - Ojalá tus problemas familiares se arreglen, cuídate.
- Pero, ¡déjame entrar! - suplica Fernando.
- ¡Nica! - Javiera cierra la puerta definitivamente.

Fernando queda sin palabras luego de ser rechazado, y ahora no sabe que hacer y luego de dar varias vueltas fuera del departamento de su ex polola y con su pesada mochila en el hombro decide rendirse y se sube al ascensor.


Casa de Cecilia / tarde, 18.00 horas

Cecilia una vez mas está barriendo el polvo en el piso de cerámica amarilla, pero ahora bien vestida con un jeans ajustado y una blusa morada, bien peinada, pasa por fuera de la habitación de Paty quien se encuentra probando unos anillos. Cecilia lo mira y luego decide entrar.

- Hijo... de nuevo probándote mis joyas - dice Cecilia mientras entra al domitorio y le mira los pies a paty. - Y mis tacones - ríe.
- ¡Mamá! - se toma el pecho. - Me asustaste, siempre entras de sorpresa a mi pieza.
- Es verdad - rie un momento. - ¿Quieres mucho cumplir tu sueño?
- La verdad es que si po - deja las joyas y comienza a arreglar una ropa. - Tú sabes que así como soy no me siento bien.
- Lo sé, y te comprendo, está siempre demás que yo siempre te voy a apoyar en todo - lo abraza.
- Pero mamá, cuantas veces ya hemos tendio esta conversación, ya sabes que si - se aleja de ella y la mira. - ¿Y tú, a dónde vas tan empingorotada?
- Por ahí...
- A ver, señora Checha - Paty se pone las manos en su cintura. - Usted no me ha pedido permiso para pololear, así que...
- No, Paty - interrumpe. - Voy a comprar al centro no más...
- ¿Y no me vas a invitar?¿Cuando vamos a ir las dos a la tienda que abrió?
- Otro día, Paty - sale de la pieza rápidamente.
- ¿A dónde vas? - Paty se sorprende y sale detrás de su madre. - Espérame, ¡Espérame que ando con tacos!
- Ah, no sé yo, andas mal vestido. Así que otro día me acompañas - exclama Cecilia mientras corre y cierra la puerta de salida de la casa.

Paty se queda mirándo la puerta que acaba de cerrar su madre sin emitir palabras.


Casa de Daniela (Ex casa de Jaime) / 18.30 horas.

Las cosas parecen ya estar mas tranquilas en la nueva casa de Daniela, aunque nada se ha olvidado aún, hasta ahora todos andan en su propio mundo libres de roces. Daniela, quien se encuentra aún con su teñida deportiva y de limpieza, se encuentra sentada en el living leyendo una revista de modas y tendencias, mientras María Angélica, quié venía desde la cocina, pasa detrás de ella mirándola de reojo, sin emitir ninguna palabra, María Angélica rompe el silencio.

- ¿Por qué hiciste todo esto? - le dice detrás de ella con los brazos cruzados.
- ¿Me hablas a mí? - pregunta Daniela.
- ¿Y a quién mas? - se pasea por detrás de ella.
- Angie, ¿De verdad quieres saber? - se da vuelta y la mira a la cara. - Siéntate y converso todo lo que quieras.
- No gracias, desde aquí estoy muy bien - sigue paseádose.
- ¿Tú nunca lo notaste en mi? ¿Nunca encontraste nada raro en mi? - vuelve a tomar su revista y la mira.
- No seas ridícula - se ríe débilmente. - Tú no eres Daniel...

Daniela deja de mirar la revista y mira a María Angélica.

- ¿De verdad no crees que soy yo? - se levanta. - Mírame, mírame bien y vuelve a decir lo mismo - le muestra su herida bajo el mentón y sus brazos con manchas cafés de nacimiento.
- Tú no eres Daniel, yo lo sé. Yo no creo en eso de los papelitos que demuestran tu nuev identidad...Ni el ADN me va a hacer pensar lo contrario.
- Si quieres me hago el ADN, si eso te sirve para quedarte tranquila y segura que no tienes a una ladrona en tu casa, lo haré... no tengo nada que ocultar.

María Angélica no responde y queda mirando los azules ojos de Daniela buscando la verdad en ellos, en aquel momento suena el timbre de la casa. Daniela comienza a caminar hacia la puerta pero por arte de magia Susanita llega antes que ella.

- No se preocupe mi cié - dice Susanita a Daniela mientras se limpia las manos con un mantel caminando rápidamente hacia la puerta.

Daniela se vuelve a sentar mientras que María Angélica se queda mirando quien es la persona que toca el timbre. Susanita abre la puerta.

- No quiero saludos - dice Fernando mientras malhumorado entra a la casa.
- Fernando, ¿Qué te pasó? ¿Dónde fuiste? - dice María Angélica.
- Nada - responde sacándose la gran mochila y caminando hacia la habitación del primer piso.
- ¿A dónde vas? - pregunta María Angélica.
- A mi pieza, ¿a dónde mas?
- Es que esa pieza la ocupo yo - se entromete Daniela.
- Cállate, ridícula, no te he dicho nada a tí. Tú para mí no existes.
- Pero esa habitación la ocupa ella con su novio, Fernandito - le dice Susanita un tanto nerviosa.
- ¡Ah, no! - se sorprende. - ¿O sea que tendremos que vivir con otro maricón mas? nooo, esto no puede ser...
- Ramón no es ningún...
- ¡Cállate, ridícula! nadie te ha pedido tu opinión - mira a vuelve a tomar su mochila. - Me voy para arriba entonces, espero no estar mucho tiempo acá.

En aquel momento desde el segundo piso baja Max con un vaso de jugo en sus manos, y ve a Fernando.

- El que se iba a vivir solo afuera - ríe. - Sabía que iba a volver...
- Qué te importa, sarnoso.
- Eres muy cabro chico, Fernando. - ríe mientras le pasa el vaso a Susanita. - ¿Me puedes hacer uno mas dulce? - le dice a la empleada.

María Angélica siempre atenta a cada movimiento de Daniela deja de mirarla de reojo y se dirige a Fernando.

- Vamos a arriba, hijo.
- Vamos, madre.

Ambos suben las escaleras. Susanita se va a la cocina y Max con Daniela se quedan solos. Luego de un momento de silencio, Max habla.

- ¿Y tu novio?
- ¿Cómo? - pregunta Daniela sorprendida. - Ah, Ramón está viendo tele, él es así, no es muy sociable - le responde tímidamente.

Max se acerca a Daniela que está sentada en el sofá y se sienta frente a ella.

- Ahora que se calmaron las cosas en esta comedia, por lo menos para mí, ya las asumí.
- ¿Es en serio? ¿Lo dices en verdad? -pregunta Daniela sin mirar a los ojos a su hijo.
- Es cierto, me dolió mucho en un principio lo que hiciste, mucho mas al ver como reaccionó mi mamá y mi abuelo, es lamentable, pero rescato la valentía que tuviste para volver y enfrentar la situación - le sonríe.
- ¿De verdad lo crees? - sonríe. - De verdad no sabes cuanto me alegra que alguien de mi familia me de apoyo y me comprenda, me da mucho gusto - dice Daniela emocionada tratándole de dar un abrazo a su hijo.
- Sólo queria decirte esto - rechaza el abrazo pero le da la mano.
- Gracias, de verdad - le da la mano.
- Tú, aunque estés con este cuerpo sigues siendo mi padre, eso merece respeto, aunque de verdad me parece rarísimo que un hombre como tú lo haya hecho, es que jamás me lo imaginé, pero así es la vida, igual tienes un parecido al de antes...
- Es algo que siempre quise hacer - se pone la mano en su frente. - Pero no quiero seguir hablando del tema, me basta solo con que tú me hayas hablado - sonríe.

En ese momento aparece Susanita desde la cocina quién le trae el jugo a Max.

- Muchas gracias, Susanita - dice Max levanándose del sofá.
- De ná, Maxito. Se lo quemanté eso sí para que le haga mejor...
- Se lo calenté, Susanita - ríe. - Mejor subo a mi dormitorio a seguir ordenandolo.

Max camina rapídamente desde el living hacia las escaleras y sube con el vaso en sus manos. Daniela, quien sigue sentada en el sofá, mira a Susanita sin decir nada, Susanita la mira con su sonrisa permanente. En aquel momento nuevamente suena el timbre de la casa y Susanita parte rápidamente a abrir.

- Señora Cecilia - dice Susanita sorprendida al verla.
- Hola... ¿Está Daniel?

Daniela se levanta del sofá sorprendida y se acerca a la puerta tratando de mirar quién es, al llegar lo descubre.

- ¿¡Cecilia!? - dice Daniela sorprendida.
- Yo las dejo - exclama Susanita yéndose a la cocina.
- ¿No puedo pasar, cierto? - dice Cecilia imponentemente.
- Si quieres, entra...
- No, prefiero estar acá afuera para que el escándalo no se escuche - mira a Daniela de arriba a abajo. - Daniel Montepío... ¿Quién iba a pensarlo?
- ¿Te viniste a burlar de mí? - dice Daniela mientras sale al antejardín.
- Pero mira como son las cosas ahora - ríe. - Hace algunos meses erai el hombre mas homofóbico pero a la vez mas maricón del mundo... mírate ahora, todo se da vuelta.
- Sabes, no voy a aguantar que me vengas a decir estas cosas...
- Mira - interrumpe. - Si hasta la forma de hablar te cambió, estás mas sensible - se pone seria. - ¿Creíste que arrancándote te podías librar de todo? ¿Creíste que cambiándote el sexo te ibas a desligar de tus obligaciones que prometiste darme antes de irte, no te acuerdas?
- ¿De qué estás hablando, mujer? - pregunta confundida.
- ¿Crees que por esto, por este cambio no vas a ayudar a mi hijo Paty?
- No entiendo, explícame...
- No te hagas el hueón o la mosca muerta que no te queda... ¿O acaso la operación te cagó el cerebro también?. Tú sabes que el Patricio es tan hijo tuyo como Max o el otro que tienes - muestra un rostro lleno de impotencia. - Desde ahora tendrás que asumir a darme lo que prometiste tal como me prometiste antes de que te arrancaras.

Daniela queda sin hablas por algunos segundos, y mirándola a los ojos le responde.

- Paty, si lo sé, no tienes para qué recordármelo - se da media vuelta. - Mi otro hijo... - vuelve a mirar a Cecilia. - No fue por esa razón que hice lo que hice...
- Tú sabes que no me interesa que le des tu apellido ni tu herencia ni nada con esas cuestiones, pero si no me das lo que me prometiste yo esto se lo diré a todo el mundo - se da media vuelta violentamente y camina un par de metros.
- No me cabe la menor duda y créeme que lo haré, pero por favor baja la voz ¿Él lo sabe ya?

Cecilia se vuelve a dar media vuelta y mira a Daniela con rabia.

- No, ¿De qué le sirve?, no quiero que lo sepa jamás, pero tu sabís que lo que te pido es sólo para hacerlo feliz a él y no a mí. Yo creo que me comprendes - lo mira de pies a cabeza.
- Sí... - dice fríamente y tratando de cortar el tema.
- Estaré esperando lo prometido si no lo haces, ya sabes...

Cecilia sale caminando imponente, abre la reja y se pierde por la oscuridad de la sombra de los árboles y con la entrada de la noche. Cuando Daniela se dispone a entrar luego de esta discución se escucha un espantoso disparo que hace que Susanita grite desde la cocina.

- ¡Ay, por Dios, que fue eso!

Susanita aparece en la puerta y da un espantoso grito.

- ¡Está Muerta! por Dios, ¡Está Muerta, ayuda!

Susanita se acerca a Daniela para prestarle ayuda, quién está tirada en el piso con una gran cantidad de sangre. María Angélica y sus hijos aparecen desde el interior de la casa y salen hacia el Antejardín.

- Pero que pasó aquí - dice María Angélica angustiadamente.
- ¡Papá! - grita Max. - Traigan algo, ¡Llamen a la ambulancia!

Bajo la mirada atónita de sus familiares, Daniela sigue tirada en el piso sin mover sus ojos ni decir palabra alguna, al parecer una nueva tragedia ha sacudido a los Montepío.








#2
Elliot

Elliot
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Tōkyō
Quedó muy buena =(

Daniela nooooooooooo! 11vp6yq.gif

paty es hijo de Daniela confused68.gif !!!

Ramón es un chanta D:!



espero el 4!


#3
NiKoX

NiKoX
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Punta Arenas
Espérame que ando con tacos juajua.gif juajua.gif

Ramón me caaaaaaarga icon_o.gif es como el típico machote mantenido icon_o.gif
Daniela ira.gif ira.gif Quien le disparó ira.gif

Paty hijo de Daniela ira.gif

Quedó buenaa willy.gif

Espero el 4to grindance.gif


#4
Cúmulo

Cúmulo
  • Sexo:Hombre
CITA
Susanita se toma sus mejillas con sus dos manos y luego da un aplauso con cara de preocupación


diosmio.gif



fun.gif


#5
NiKoX

NiKoX
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Punta Arenas
fun.gif

Susanita se sienta, afligida, sin saber qué hacer
opra.gif


#6
Cúmulo

Cúmulo
  • Sexo:Hombre
fun.gif memeo.gif


#7
A.M.

A.M.
  • Sexo:Hombre
"- Ojalá asiente cabeza ese niñito por Dios – exclama Susanita."

chistoso.gif

" Una cartita – dice Susanita, se la pasa a Max.
- ¿Qué será? – se extraña y la comienza a abrir.

Luego de leer, Max cierra la carta y le comenta a Susanita.

- La herencia y el testamento – mira a la empleada a los ojos. – Acá sí que va a quedar la grande…

Susanita se toma sus mejillas con sus dos manos y luego da un aplauso con cara de preocupación."


memeo.gif

"Cecilia vuelve a tomar su escoba y cierra la puerta de la habitación de su hija. Tamara se vuelve a acostar lanzando su cabeza hacia la almohada violentamente gritando.

- ¡Paty!"


juajua.gif Menos mal que no quería despertar a la guagua!!

que.gif
¡¡Quién le disparó a Daniela!!

Me carga la actitud que tomó Max... es imposible que tome toda esta situación tan bien.

Ramón chao.gif

Buen capítulo!





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