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[Capítulo 1] "Regreso con aroma a cambios"


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9 respuestas a este tema

#1
Cúmulo

Cúmulo
  • Sexo:Hombre





"UN REGRESO CON AROMA A CAMBIOS"



Interior, Casa de Daniel y María Angélica / 12.00 horas. Mediodía

Hoy se cumple el día 365 de María Angélica durmiendo sola pero plácidamente en su cama matrimonial, en una pieza bastante desordenada aunque muy luminosa debido al fuerte resplandor del sol primaveral al mediodía. María Angélica se despierta de un sobresalto, se toma su cabeza y bruscamente se levanta de su cama y mira la hora.

- ¡Las 12! ¡No puede ser!, ¡noooo! me quedé dormida.
- Mamá, tanto escándalo, si siempre “te quedas dormida” ¿Por qué ahora haces tanto escándalo? – Grita Maximiliano desde su pieza.

María Angélica se pone la bata y busca sus pantuflas por toda la pieza.

- ¡Porque hoy llega tu papá! ¡¿Qué acaso no te acuerdas?!
- ¡Obvio que si mamá, pero llega en la noche pos!
- ¡Max!, ¡Max! ¡ven mejor para mi pieza que no quiero gritar!
- ¡Bueno! – ríe.

Maximiliano se levanta semidesnudo y se acerca a la habitación de su madre.

- ¿Porqué tanto escándalo mamá? – dice preocupado.
- ¡Max!, ponte ropa al tiro niño, después reclamas que andas enfermo y si tú te enfermas puedes resfriar al niño también – Dice María Angélica mientras le tira un chaleco continuando con su escándalo de nervios.
- Mamá, tu sabes que soy fuerte, nunca me enfermo – se pone el chaleco - ¡Ya! Mejor deja de retarme y también deja de dar tantas vueltas por la pieza, si mi papá recién llega a las 8 de la noche.
- Si, si lo sé, Max, pero tengo ganas de verlo, abrazarlo, ¡tocarlo!
- Yo sé lo que quieres mamá, se te nota, ojalá así se te pase lo pesada que andas algunos días – Dice Max mientras suelta una carcajada.
- No seas insolente conmigo, no te he dado toda la confianza aún.
- Ya, ya mamá, si era solo una broma oh, no seas tan ácida.
- Mejor déjate de bromas y llama a tu hermano que se levante que es muy tarde – Le ordena María Angélica mientras ordena sus ropas.

Maximiliano guarda silencio un minuto.

- Ya pues, Max, ¿qué estás esperando? – exclama María Angélica sentada en la esquina de la cama.
- Mamá, el Fernando de nuevo no llegó a dormir anoche.
- ¡Qué!... y ¿con quién salió? – preguntó sorprendida.
- No sé, tú sabes que el Ferna no cuenta nada. Ya, pero déjalo, en un rato mas seguro que va a llegar.
- ¡Y el tontón sabía que hoy día volvía su papá!... Pero no, él tenía que volver a beber, acaso ese niñito ¿Se acordará como será amanecer un día sin resaca? – pregunta molesta
- No lo sé, mamá, no creo que se acuerde – Max ríe y se va a su pieza.

En ese momento tocan el timbre de la casa y Susanita, la empleada de voz sureña y permanente sonrisa, abre la puerta.

- ¡Señora! ¡Llegó! – Grita la empleada

- ¡¿Quién?! ¿Daniel llegó? – Grita esperanzada María Angélica

- No po mi cié María, ¡Llegó el niño!

- ¿Fernando?, ya, espera que baje.

María Angélica baja rápidamente las escaleras y ve a Fernando en un extremo estado de ebriedad, despeinado, con fuerte aroma etílico y con su chaqueta negra puesta pese a los 26ºc de calor que hay afuera. Fernando desde la puerta le habla.

- Había que celebrar mamá, el regreso de mi padre – Dice Fernando muy borracho.
- ¡Fernando! Nuevamente dando el espectáculo del día a día, ¡Sube a acostarte, al tiro!
- Usted, siempre tan preocupada mamita, pero ¡ya! Qué le vamos a hacer, me voy, si, me voy a dormir que la Cristinita mas rato me va a venir a buscar.
- ¡Qué Cristinita!, esa niñita ni siquiera te cuida, mírate como llegas – Dice María Angélica mientras le pega palmadas en la espalda a Fernando.
- ¡Ya! Pero déjeme de pegar. ¡Me voy!
- Susanita, lléveselo mejor – Ordena María Angélica.
- Si mi cié María. Ya vamos Fernandito.

Susanita se lleva a Fernando a su pieza, lo acuesta y este se duerme de inmediato. Susanita lo queda mirando por largo rato y luego le cierra la puerta de su habitación y se va.

En el mismo Instante Jaime Montepío, su suegro, llega a la casa de María Angélica, toca el timbre.

- No te preocupes, Susanita, ¡yo abro la puerta! – Grita María Angélica.
- Espero que no sea otro show. – María Angélica pone sus manos en su cabeza.

María Angélica se arregla su bata y camina hacia la puerta y la abre.

- ¡Y usted!, que hace aquí – dice María Angélica con voz más tenue.
- Quiero hablar contigo – responde Jaime.
- Váyase de mi casa, por favor – replica María Angélica volteando su rostro y tapándose su pijama con la bata de dormir.

Jaime entra a la casa a la fuerza y cierra la puerta y se dirige a María Angélica.

- Veo que estás sola – dice Jaime
- ¡Max! ¡Max! ¡Baja por favor! – exclama María Angélica imperativamente.

Jaime se colca nervioso y se aleja de María Angélica; en ese momento desde la escalera aparece Max.

- ¿Qué pasa, Mamá?... ¡Abuelo! Hola, ¿Cómo está?
- ¡Max!, que gusto de verte. Oye, sabes venía a consultar por tu padre ¿Has tenido noticias de él? – pregunta Jaime.
- ¿Pero mi mamá no le dijo nada?

María Angélica sube la escalera nerviosa y con ligera angustia se encierra en su pieza.

- No, tu mamá parece que no se sentía muy bien – Dice Jaime mientras intenta ocultar su nerviosismo.
- Ah, ¿mi papá tampoco lo ha llamado? – Dice Max
- Pero si tú sabes que hace meses que el ingrato no se ha comunicado conmigo, como debe estar tan avanzado ahora culturalmente – dice irónicamente y ríe.
- Es verdad, ahora le dio con usar Internet como medio de comunicación, pero bueno, al fin y al cabo ahorra dinero en teléfono. Ayer me envió un Mail que regresaba hoy día a Chile, así que hoy por la noche lo tendremos por acá nuevamente.
- ¡Hoy! Oh, mira tú, por fin, ya era hora que se viniera ese ingrato, por fin, ahora que terminó sus estudios le podré dar la gran noticia.

Maximiliano se acerca a don Jaime y le pregunta con voz nerviosa.

- ¿Cuál Noticia, Abuelo?
- Una que lo dejará muy contento, y que te servirá mucho a ti también y a tu hermano y a tu madre… Le voy a entregar todos mis bienes, mis negocios y mi museo. ¿cómo lo hayas?
- ¡La raja, Abuelo! Pero eso será una verdadera noticia impacto para mi papá, estará muy contento.
- Si, así es, Max, es lo que menos se merece por haber sido tan constante y tan responsable en lo que lo envié hacer en España. Bueno, tú me avisas cuando lo vayan a buscar o yo vendré hacia acá para estar preparado para darle la noticia.
- Si, Abuelo, no se preocupe, nosotros como las 7 vamos a estar listos para traer al ingrato ese – Dice Max mientras ríe.
- Muy bien, dale saludos a tu madre y que se cuide.

Jaime, abre la puerta y se va. Pero antes de eso pregunta.

- Oye, y ¿Tú hermano?
- Emmm, Durmiendo – responde dudosamente Max.
- Ah ya entiendo, ya entiendo, déjale mis saludos también – Dice Jaime mientras cierra la puerta.

En su habitación, María Angélica se encuentra haciéndose peinados frente al espejo, pero luego tristemente se acuesta en su cama. Entra Susanita, la empleada, con su permanente sonrisa.

- ¿Qué le pasa mi cié María?

María Angélica no responde.

- ¿De nuevo con eso de don Jaime? – dice Susanita con voz suave
- Me da asco ese viejo, Susanita – responde angustiadamente.
- Pero eso ya pasó hace un tiempo y usted misma me ha dicho que no lo ha vuelto a hacer.
- Pero, ¿y si lo hace nuevamente en algún tiempo futuro?
- Pero usted me llama no mas pos, mi cié María. – Susanita intenta consolarla.
- Gracias, Susanita, pero no es fácil, todavía me acuerdo cuando ese viejo se aprovechó de mí, estoy segura ¡Segura! Que envió a Daniel al extranjero y no dejó que lo acompañáramos solo para que yo quedara sola, vulnerable y él pudiera atacar.
- ¿Y por qué mejor no lo acusa con sus hijos?
- No, no, Susanita, no quiero meter a los niños en esto – llora. - Estoy esperando con ansias la llegada de Daniel, para así acusarlo con él y que se dé cuenta la clase de padre que tiene.

En ese momento Max entra a la pieza de María Angélica.

- ¡Mamá!
- ¿Qué pasa, Max? – pregunta María Angélica tratando de ocultar su angustia.
- El Abuelo me dio una tremenda noticia, dijo que le iba a pasar todos sus negocios, inversiones y no sé que más a mi papá. ¿Cómo lo hayas?
- Ojalá sea así, Max – dice María angélica mas calmada.
- ¿Por qué dices eso, Mamá?
- Ver para creer, hijo.
- Ya, bueno yo te venía a avisar que la Tamara está abajo con el niño y que va a almorzar con nosotros. Bueno Susanita, para que pongas otro plato, ¿ya?
- ¿Y a que vino esa niñita, si se puede saber? – dice María Angélica ácidamente.
- Mamá, vino a verme. ¿Acaso no puede? – responde Max, casi exaltándose.
- Tú sabes lo que pienso de ella. – se lima las uñas. – tú sabes que no puedo ser cínica con la gente.
- Ya, si sé, pero por favor te voy a pedir que por esta vez te controles con tus palabras.
- Voy a tratar – responde María Angélica mientras deja su lima en el velador.

Max sale de la pieza y baja al solitario pero fresco living junto con Susanita. Allí se encuentra con su veinteañera novia Tamara, quien viste una corta falda casi veraniega, junto a ella viene su pequeño hijo de 6 meses de edad en un colorido coche.

- Buenas tardes, Tamarita – dice Susanita mientras le hace muecas al bebé.
- Buenos días, Susanita – responde Tamara mientras mira la escalera de la casa. – Oye, Max, ¿no creí que tu madre se puede enojar estando yo acá?
- No, no, si ella estará feliz. Ya, mejor pasemos al comedor y pásame a mi cosito chiquitito, (refiriéndose a su pequeño hijo). ¿El Niño no necesita nada, Tamara?
- No, no te preocupes si tú sabes que no necesito para darle lo mejor al niño – responde Tamara mientras lo toma en brazos y lo pasea.
- Ya, pero cualquier cosa que le falte me lo pides. Oye, además Hoy día llega mi papá. ¿Vamos a buscarlo? – dice Maximiliano mientras juega con su hijo.

Tamara queda perpleja ante la noticia, no sabe qué decir, pero casi sin aliento le dice a Max:

- ¿Hoy? ¿a qué hora?
- A las ocho más menos, ¿Qué te pasa?
- No, nada amor. Mejor me voy, sabes, me están esperando en mi casa. – Tamara dice convencida mientras le quita el niño de los brazos.
- Pero…
- No, Max, mejor más tarde nos vemos.
- ¿Pero vas a acompañarme a buscar a mi padre? – le pide Max persiguiendo a Tamara cuando sale de la casa.
- No lo sé, yo te llamo hoy – Le dice Tamara desde el antejardín con el niño en brazos.

Maximiliano queda desconcertado ante la corta visita de su pareja, desde la puerta ve como Tamara se aleja por la calle pero ya sin nada que hacer se devuelve y se dirige hacia el comedor.


Interior de Casa de Tamara / Tarde. 14.00 horas.

Cecilia, la madre de Tamara se encuentra cocinando con su típico delantal desgastado mientras escucha música; Patricio, su joven hijo menor la ayuda en los quehaceres del hogar y la ayuda en la cocina, pelando papas o haciendo la ensalada. En ese instante Tamara entra a la casa, cierra fuertemente la puerta y rápidamente llama a su hermano mientras sube las escaleras.

- ¡Paty!, sube por favor – Grita Tamara
- Pero Tamara por Dios, que son esas formas de entrar, ¿Cómo te fue en la casa de la bruja? – Pregunta Cecilia con su opaca voz mientras revuelve la cazuela.
- Mamá, después hablamos, quiero hablar con el Paty ahora, dile que suba por favor.

Paty deja la escoba a un lado y se saca el blanco delantal floreado y sube a la habitación de Tamara.

- Mi niña, ¿Qué pasa? – pregunta Paty mientras se acuesta en la cama
- Ya pues, Paty, siéntate – pide Tamara seriamente.
- ¡Qué querís` Tamara! Dime luego que tengo que seguir ayudándole a mi mami.
- Hoy día llega, Paty – dice Tamara con voz angustiada.
- ¿Quién?
- Daniel, hoy en la noche

Paty se tapa exageradamente la boca y le viene un fuerte ahogo, luego de al poco rato responde.

- ¿El Individuo? – pregunta Paty mascando las uñas de sus manos.
- Si, Paty, así es – responde Tamara tristemente.
- Va a tener que ser hoy, si o si – responde Paty con sus finas manos.
- Pero hermanita, yo se que te prometí, pero…
- ¡Nada de peros! Tú lo prometiste y deberás decir la verdad hoy cuando llegue ese tal individuo - mira a los ojos a su hermana.- ¿No te das cuenta que le estás haciendo daño a una persona que no se lo merece?, por ultimo fuera el otro que se lo merecería, pero el afectado real no se lo merece.
- Pero Paty, es que… - dice Tamara angustiadamente.

Paty se descontrola y le da una ligera bofetada a su hermana con sus livianas y femeninas manos.

- Pero Paty, siempre tan impulsiva – dice Tamara mientras se acaricia el rostro.
- ¡Tú, se lo dirás hoy! y si no lo haces tú, lo haré yo. – grita Paty con su suave voz mientras se deja de comer sus uñas.
- Ya, ya, comprendo, tranquilízate.
- Y no estoy jugando, escuchaste… ahora me voy, seguiré ayudando a mi mamita. Espero que cumplai´ tu palabra, niña.

Paty sale caminando rápidamente de la habitación de Tamara, cierra la puerta y se vuelve a poner el delantal de cocina. Tamara se acuesta en su cama sin hacer y cae una lágrima desde sus negros ojos, la angustia la invade a pesar de mostrarse como una mujer fuerte.


Interior Casa de María Angélica / Tarde. 15.00 horas

María Angélica se sienta en la mesa del amplio comedor, desde allí mira sus cultivos de hortalizas que la hacen darse un poco mas de ánimos, ya se ha quitado la pijama. Max hace lo mismo, se sienta la mesa casi sin hablar, se saca su visera color azul y mira a su madre de vez en cuando. Susanita se acerca a la mesa y consulta a María Angélica.

- ¿No le sirvo al joven Fernando, cierto?
- No, Susanita, no te preocupes, no gastes almuerzo en vano – suspira. - Ese niño ya no despierta hasta la noche y si es que lo hace. Ya, mejor sirve el almuerzo y siéntate a la mesa rápido. – ordena María Angélica a Susanita.
- ¿Y la niñita esta? ¿Qué no se iba a quedar a almorzar? – pregunta María Angélica a Max.
- Yo cacho que se fue porque notó el ambiente medio denso, las energías se transmiten. – responde Max.
- Claro – ríe irónicamente. - siempre te he dicho que no me gusta que esa niñita pase mucho en esta casa, ya te aguanté demasiado con que tú la vieras y con perdonarte tu condoro – dice agriamente María Angélica.
- Ya, sabes mamá si te vas a poner así mejor me voy a almorzar a otro lado. – amenaza Max levantándose de la mesa.
- No, ya discúlpame hijo que estoy nerviosa con la llegada de tu padre. Pero tú sabes lo que pienso de tu polola.
- Mamá… ya córtala oh – se vuelve a parar
- Está bien, está bien. – dice María Angélica
- Ok – responde Max y por fin se sienta.

Susanita trae la comida caliente, el olor a un buen bistec y papas duquesa inunda el comedor. Susanita, sacándose el delantal se sienta con sus patrones a la mesa.

- Mi cié María, a la final – dice con su acento sureño. - ¿va a preparar la cena bonita para la noche?
- Pero Obviamente obvio que la haré, así que prepara algo rico, la comida que más le gusta a Daniel, tú sabes cuál es. Nosotros llegaremos como - mira la hora - mm, las 9 de la noche.
- Muy bien mi cié María – responde Susanita y comienza a comer.
- Oye, Mamá, y acaso el papá ¿no se acuerda del camino del aeropuerto para la casa que no se puede venir solo? – ríe - ¿acaso ya se habrá olvidado de cómo es Santiago? - pregunta Max mientras masca la carne.
- Primero que nada, no hables con la boca llena, tienes 20 años, no 10. Y segundo, vamos a ir a buscar a tu papá porque yo lo quiero así, y san se acabó – toma su tenedor y vuelve a comer.


Interior casa de Tamara / Tarde. 18.00 horas

Cecilia, ya un tanto agotada, se encuentra cosiendo un calcetín negro en su pequeña pero acogedora habitación muy bien ordenada, cerca de la puerta pasa Paty con sus audífonos cantando y bailando con gran alegría. Cecilia deja de coser y llama a su hijo.

- Oye, Paty – llama sin tener respuesta - ¡Oye! – alza la voz.
- ¡Ay, Mamá! ¿Qué te pasa? – pregunta amaneradamente Paty, colocándose una mano sobre el pecho.
- Sácate esas cosas de las orejas y ven, siéntate al lado mío – le pide Cecilia mientras le muestra la cama con la mano.
- Ya, qué hice ahora… - mueve la cabeza de un lado a otro.
- No, nada. Ven y cuéntame que pasó con tu hermana.
- No te lo puedo contar, querida, secretos de hermanas son secretos – exclama Paty decididamente mientras se come sus uñas.
- Pero un poquitito no más. ¡Ya pos Paty, no seas así conmigo! – Cecilia la abraza y Paty se levanta de la cama.

Paty piensa un corto rato paseándose por la habitación y luego delicadamente se sienta nuevamente al lado de su madre.

- Ya, ya, lo que pasa es que el individuo innombrable, el papá del Max y del otro individuo - refiriéndose a Fernando - llega hoy en un rato mas, vuelve de España, eso era, copuchenta.

Cecilia queda helada ante la noticia, piensa un largo rato y luego con una ligera sonrisa pero con sentimientos de rabia vuelve a tomar el calcetín en sus manos y lo vuelve coser, queda sin habla por un rato.

- ¿Qué te pasó? – pregunta Paty, mirándola.
- Nada, niño, ándate mejor a tu pieza que tengo que seguir cosiendo tus calcetas – le pide Cecilia cambiando rotundamente su humor.
- Ya, pero ¡que pesada! – ríe.

Paty se vuelve a poner sus audífonos y al ritmo de música pop sale cantando y bailando felizmente de la habitación de su madre.


Pasan las horas y se acerca la llegada de Daniel. María Angélica ha vivido un día muy agitado quién espera ansiosamente a su marido aunque la angustia y pena también se han hecho presentes en ella. Max, en tanto, está más tranquilo y paciente. Tamara ya se ha enterado de la noticia, y por alguna razón no está muy contenta, es más, está muy angustiada y descompuesta (…)


Antejardín. Casa de María Angélica / Atardecer. 19.30 horas

En el antejardín, María Angélica muy nerviosa se arregla su cartera, aunque está oscureciendo se coloca sus negros lentes y saca las llaves del auto para ir al aeropuerto. Desde la calle se asoma Cristina, la alocada, vanidosa y singular polola de Fernando, quien trae una luminosa cartera color fucsia y grandes anteojos color lila. María Angélica la divisa inmediatamente e intenta esconderse tenuemente detrás de su auto.
- Hola, Tía. ¿Cómo está la tía mas top de la zona? – dice Cristina alegremente mientras se saca los lentes.
- Primero que nada, yo no soy tu tía. Y segundo, el Fernando está durmiendo arriba, tuvieron buena noche de jarana parece… - dice María Angélica sin ganas de hablar.
- No, tía, nada que ver. Estuvo piola, sabe, debería acompañarnos usted algún día, para que salga, a que siempre usted anda como tan desganada, no sé, como tan poco “cool”.
- Ya, ya niñita, no quiero hablar contigo, ahora voy a buscar a Daniel, así que mejor ándate a tu casita, ¿ya?, porque Fernando no creo que pueda atenderte, está muerto de borracho – María Angélica le da la espalda.

Cristina se vuelve a poner sus luminosos lentes y con cara de exclamación dice:

- ¡¿Tía, me está echando de acá?!
- No sé, Cristina. Tal vez, si – responde María Angélica mientras sube a su vehículo.
- No, no nada que ver, tía. Yo no vine a ver a Fernando, vine a buscar a mi tío, no ve que debe venir lleno de experiencias y cosas nuevas, no ve – exclama relajadamente.
- Cristina pero… – sorprendida - tú ni siquiera conoces a mi marido, ¿A qué lo vas a ir a buscar?

Cristina, pone oídos sordos a su suegra y se sube descaradamente al auto de María Angélica.

- Ya, tía, vámonos. ¿El Max va también con nosotras?
- Pero, pero…

Max con su visera azul y un luminoso chaleco verde sale de la casa, cierra la puerta y se sube al auto de su madre. En aquel instante se percata que Cristina está sentada dentro.

- ¿Y tú? – pregunta Max sorprendido.
- Hola, querido, aquí me ves, lista para ir a buscar mi tío. Mas ganas de conocerlo… - Dice Cristina mientras se arregla su ochentera chasquilla.
- Ya, bueno, vámonos – clama María Angélica mientras lanza un suspiro agotado.

María Angélica echa a andar el auto, pero este sorpresivamente no parte.

- ¿Qué pasa, madre? – pregunta Max sorprendido.
- Uh, parece que nos quedamos acá, haga algo tía, que estamos atrasados- dice Cristina mientras se maquilla.
- Nos quedamos me suena a mucha gente niñita – ríe irónicamente. - Pucha este auto justo ahora se tenía que poner malo – exclama María Angélica mientras le pega al auto.
- Mamá, sabes son las 19.45 horas, tenemos que tomar un taxi mejor – advierte Max.
- Buena idea, Max. Vamos – dice María Angélica mientras toma su cartera y cierra la puerta del vehículo.

Mientras Cristina recién sale de la puerta trasera del auto intentado guardar su maquillaje dentro de la luminosa cartera, en la calle, madre e hijo hacen parar un taxi. Se suben y parten al aeropuerto.

- Al aeropuerto, por favor, lo mas rápido que pueda. – ordena María Angélica al chofer del taxi sin importarle Cristina.

Más atrás, en la calle, se queda Cristina quién corriendo detrás del taxi grita.

- ¡Tía!, ¡Max!, ¡no me dejen!... ¡Taxi! – grita mientras hace parar otro taxi – ¡Taxi! – exclama mas fuerte con su chillona voz y se sube.
- Hola, lléveme al aeropuerto, amor, y si puede siga a ese auto, que parece que se olvidaron que yo iba con ellos.

El conductor del Taxi ríe minuciosamente y se va detrás del taxi en que van Max y María Angélica.


Interior del Aeropuerto de Santiago / Noche. 20.15 horas

Max y María Angélica corren rápidamente, el avión ha arribado hace poco y al más puro estilo “mi pobre angelito” corren por los pasillos del aglomerado aeropuerto.

- Mamá, no corras tanto, si el avión llegó recién – dice Max muy cansado y dejando de correr.
- No, hijo, no, no, hay que llegar primeros – responde María Angélica mientras sigue corriendo.
- Pero…
- Pero, ¡nada!, ya, apura el paso que estamos llegando atrasados.

Atrás de ellos viene corriendo también Cristina con sus fosforescentes lentes lilas, quién sin importarle toda la multitud que hay, grita fuertemente con su chillona voz.

- ¡Tía!... espérenme – corre - ¡que vengo atrás!
- Que hace esta niñita acá, Max – dice María Angélica con cara de desesperación.
- No lo sé, mamá, se vino atrás de nosotros – exclama Max ya caminando a paso normal.
- Ya, al menos los alcancé, este trote me hizo bajar 1 kilogramo, estoy segura, ¿no ven lo regia que estoy? – Cristina se toca sus caderas.
- Estás tan desnutrida como siempre no más – dice Max, riéndose.
- Ya, ya… paren de hablar y busquen a Daniel – enojadamente pide María Angélica.

Los tres se ponen a mirar entre la gran multitud la figura de Daniel, Cristina exageradamente saca de su colorida cartera un cartón piedra y con un Rush labial color rosado escribe “Daniel Montepío, acá estamos”.

- ¡Que eres exagerada, Cristina, por favor! – Dice Max mientras suelta una gran carcajada al ver el cartel.
- Es que para que nos ubique, y además no te rías de mi letra. Gasté una porción de mi labial más caro oye – exclama Cristina.
- ¿No lo ven?, es que ya debería haber llegado. ¿y si se arrepintió? – se preocupa - no, no, no creo, pero ¿es que igual puede ser? – dice nerviosamente María Angélica mientras se come sus uñas.
- Ya, mamá, no seas tan nerviosa, espera un momento y no te pases tantos rollos, ya debería estar por llegar. – dice Max convencido.

En ese momento, unas contorneadas y delgadas piernas de altos tacones color celeste se acercan al trío. Ayudada por el cartel de Cristina, esta mujer camina hacia ellos a paso firme. María Angélica y Max, miran sorprendidamente a esta mujer y los conocidos ojos azules profundos que cada vez se acercan más.

- Hola, ¿la ayudo en algo, señorita? – dice María Angélica cortésmente.
- Pero, como ¿no me reconoces, Angie? – dice la misteriosa mujer mirando a María Angélica a los ojos y dejando sus maletas en el suelo.
- Perdón, ¿Cómo me dijiste? – pregunta confundida.
- A ver, disculpa, pero tú, ¿quién eres? ¿Qué quieres? ¿Eres de acá? – pregunta Max interrumpiendo.
- Pero como, ya, dejemos el leseo mis píos, vengan a darme un gran abrazo. – dice la misteriosa mujer seriamente mientras extiende sus delgados brazos.
- ¿Qué? ¿dijiste píos? – pregunta nerviosa María Angélica.
- Ya, sin más rodeos – toma aire - yo soy Daniel, he vuelto familia y con una gran sorpresa – sonríe - Espero que me comprendan, pero no quiero que hayan cambios entre nosotros, mi cariño por ustedes sigue intacto – dice Daniel extremadamente como si fuera lo más normal del mundo.

María Angélica queda helada y sus anteojos negros caen al suelo, Max no sabe si creer pero de todas maneras ríe delicadamente ante la situación, Cristina queda con la boca abierta y mirando a Daniel de los pies a la cabeza.

- ¿Y que no era hombre tu papá, Max? – pregunta Cristina a Max desubicadamente.
- Cállate rubia tonta – dice Max, entre risas y enojo. – A ver, señorita puede explicarnos ¿dónde está la cámara para saludar?
- No, no hijo, Max, soy yo, tu padre, tienes que creerme por favor, yo se que iba a ser choqueante esta cosa para ustedes pero creí que la mejor forma era hacerlo así, sin anestesia. Por favor créanme. – pide Daniel
- Cómo te vamos a creer, estafadora, como se te ocurre hacer esto loca de patio – alzando la voz -. No toda la gente tiene un humor liviano – exclama exaltadamente María Angélica.
- No, no me malentiendas Angie, obviamente tenemos que conversar muchas cosas, aclarar otras y tendré que dar la cara ante toda una sociedad por esto - se mira su nuevo cuerpo - pero así soy feliz, es lo que siempre quise – dice Daniel.
- Cállate loca, mejor ándate que… ¡Ay! No sé qué pensar en realidad - mira a Max - ¿Cómo sabe tantas cosas de mi esposo? – pregunta María Angélica regresando su angustia.
- Oiga, igual tiene buen traste usted, tío – dice Cristina a Daniel.
- Bueno, cortemos esto y vamos a casa, ahí hablamos – dice Daniel decididamente y con una ligera voz ronca.
- ¡Córtala, loca! O voy a llamar a los guardias – grita María Angélica, mientras empieza a correr una lágrima por su mejilla.
- Por favor, créeme, por favor Angie – suplica Daniel con algo mas de pena.

Daniel comienza a hurgar en su cartera, mientras María Angélica abraza a Max, quién mira a su padre con rostro desconcertado. Cristina en tanto no deja de mirar a Daniel, con algo de risa recatadamente. Daniel saca documentos y varias cosas de su cartera y le comienza a mostrar uno por uno los objetos.

- Mira, las llaves de la casa – se las muestra - mis antiguos documentos, mi antiguo pasaporte, mi carnet de identidad. Mi Rut es 10.345.3xx.x, mi nombre antiguo nombre entero Daniel Fabián Montepío Verdejo, Maximiliano, hijo, por favor tienes que creerme y perdonarme, tú eres el mas sensato. María Angélica por favor…
- Para, detente, mujer. No sé quien serás, pero mi marido jamás haría una cosa así, no sé por qué tienes las cosas de él y conoces, no lo sé, pero… - dice María Angélica angustiada.

María Angélica en ese momento se desmaya causando la atención de algunas personas que están dentro del aeropuerto.

- No lo puedo creer, sea quién seas te mereces lo peor, y si es cierto lo que dices, no era la forma de hacerlo – dice Max enojado.
- Oiga y usted hizo esto en España, ¿Le salió muy caro? ¿cómo es allá? – pregunta Cristina una vez mas desubicadamente.
- Cállate tonta, ven ayuda a parar a mi mamá mejor – ordena Max.
- ¿Y tú, quién eres? Jamás te había visto – dice Daniel a Cristina.
- Tío Daniel, soy la polola de Fernando, su hijo – responde Cristina simpáticamente.
- Primero jovencita, ya no soy Daniel ahora soy “Daniela” y sobre usted ya me lo imaginaba, y Fernando, ¿Dónde está?
- Durmiendo, borracho y esperando orgullosamente a su padre, al igual que mucha gente – exclama Max. – Vamos mejor, iré a poner la denuncia correspondiente por este bochorno. – se da media vuelta.
- Es lo mejor hijo – dice María Angélica, quién ha despertado del desmayo, mirando los azules ojos de su esposo.
- Háganlo, ahí encontraran la verdad, os darán cuenta que soy Daniel, y que no es una broma, nos vemos mañana, mañana iré a la casa a ver qué tal les fue. Estaré esta noche en el hotel cerca de la cuadra triangular, para que le digan a la policía. ¡No tengo nada que ocultar!
- Chao, tío. O sea, tía, ¡ay! No sé. ¡Nos vemos! – grita Cristina mientras camina a un lado de Max.

María Angélica, Max y Cristina salen raudos del aeropuerto, sin hablar, pero pensando en lo sucedido, no saben que decir ni hacer. Afuera, cerca del estacionamiento y sentados María Angélica rompe el silencio con una tenue voz.

- Max, llama a tu papá, no sé, mándale un mail lo que sea, ve si está en el chat – suplica María Angélica mientras mira su celular.
- Pero, mamá eso lo tendría que hacer en la casa, y llamarlo, imposible, hace tiempo que no usa el teléfono ni el celular y lo va a usar ahora….
- Pero ¡cómo! ¡¿Cómo esa mujer podía saber tantas cosas?! – dice María Angélica con angustia
- Es que quizás de verdad es ella pues madre – dice Max
- ¡No lo vuelvas a repetir! Tu padre jamás haría una cosa así, creo. ¡no sé! No sé, que hacer. – agacha su cabeza.
- Pero, acaso no viste su herida bajo el mentón, esos azules ojos característicos, además nos dijo Píos, tal como mi papá… en realidad no sé qué pensar – dice Max mientras se toma su cabeza y se sienta.
- No sé, hijo, esto me dejó mal… - María Angélica llora.
- Ya, madre, mejor te iré a dejar a la casa – dice Max mientras se levanta del asiento.
- Sabe, Tía, yo creo que era él porque…
- ¡Cállate! Tú no me hables, descriteriada, ¡ni siquiera deberías estar aquí!.- interrumpe María Angélica furiosa.
- Ya, ya pero yo creo que es así porque… - vuelve a repetir Cristina.
- ¡Cállate! – remata María Angélica.

Max se aleja hacia una pequeña pileta y deja sola un instante a su madre, luego llama a Cristina.

- Cristina, sabes te voy a pedir que te vayas porque esta es una situación compleja, tu entiendes…
- Ya, si no te preocupes cuñadito, no siempre un papá llega convertido en una mamá, o viceversa – dice Cristina convencida.

Max, lanza una mirada de ira que al parecer hace que Cristina entienda que no debe seguir hablando y mejor se va del lugar, mientras la niña de los lentes lilas se aleja, Max se acerca nuevamente donde su angustiada madre.

- Ya Mamá, vamos, ahora.
- Que niñita más insoportable – suspira - tener que pasar estos bochornos y además tener que soportar a esa huasa, no, muy mal.

Max toma del brazo a su madre y ambos con sentimientos encontrados caminan por la oscura vereda de afuera del aeropuerto, toman un taxi y raudos, se dirigen a su hogar.


Interior casa de María Angélica / Noche. 21.30 horas

Fernando abre sus agrestes ojos y se toma la cabeza con las manos, se sienta en la cama y fuertemente mueve su cabeza, abre los ojos y ve su desordenada pieza llena de ropa tirada y cachureos, luego se mira a él mismo durmiendo con su ropa olor bohemia, con su largo brazo busca el reloj y se da cuenta de la hora al ver que son más de las 20.00 horas se levanta, se pone un pantalón y sale al pasillo.

- ¡Susana! – grita Fernando mientras baja las escaleras y se dirige al comedor.
- ¿Qué pasa, hijo? – responde Susanita con su sureña voz.
- ¿Mi papá todavía no llega?
- No, hijo, aún no, quizás pasaron a comer algo por ahí, quizás, no se – Susanita agacha la mirada al ver sin polera a Fernando - yo creo que más tarde van a llegar, si mal que mal el caballero con la señora hace meses que no se veían, pero la comida está que se enfría - mira la mesa casis servida.
- Bueno, es verdad, Susanita, si es que llegan dígale que fui a buscarlos.
- ¿Va a ir al aeropuerto? ¿y ya no tiene la mona acaso?
- No, Susanita, tu sabes que yo soy de fierro. Me bastó con dormir todas estas horas no mas – dice cómicamente Fernando mientras toma las llaves del auto y se coloca una polera.
- El auto está malo Fernandito. Su mamá tuvo que salir en taxi hace un rato – advierte Susanita con su permanente sonrisa.

Fernando sale rápidamente hacia el antejardín y comienza a revisar el vehículo, detrás lo sigue Susanita.

- ¡Ah!, pero es que las mujeres no saben nada de mecánica, y Max menos – ríe. - Ya, ¡está listo!, me voy a buscar a mi viejo. Chao Susanita, cuídese.

Fernando se despide afectuosamente y le da un beso en la mejilla a Susana, ella con la mano se acaricia en el lugar del beso. Fernando se sube al vehículo y sale rápidamente con la música electrónica a un alto volumen
.
Susanita justo antes de entrar a la casa ve llegar a María Angélica y Max en el taxi. Ambos se bajan.

- ¿Y el caballero Daniel? – pregunta Susanita mirando el taxi.
- Eso mismo nos preguntamos nosotros, Susanita – dice María Angélica con rostro de angustia.
- Pero, mamá, igual la mujer podría… - dice Max, pero es interrumpido.
- Es mejor no decir nada… aún. – mira a Max con rostro imperativo - No, hasta que pongamos la denuncia.
- Bueno, está bien, yo iré ahora mismo mamá – dice Max.

Max sale por la reja arreglándose su permanente visera azul y desde la puerta de la casa, confusamente, mira Susanita quién aún no entiende la situación. María Angélica cierra la puerta de la reja, se dirige a entrar en la casa, pero mira hacia el costado y se percata que el auto no está.

- Y ¿el auto? – pregunta María Angélica preocupada.
- Fernandito se lo llevó, no sé que le movió que se arregló.
- ¿Y salió de nuevo? – dice sorprendida.
- Fue a buscarlos a ustedes, creo.
- Ya, ya… no tengo cabeza para más cosas.
- ¿Qué pasó mi cié? … aún no entiendo nada. ¿Le pasó algo al caballero? – pregunta Susanita muy preocupada.

Afuera en su auto llega Jaime, el padre de Daniel, muy bien vestido se baja del auto y con una gran sonrisa, una carpeta y una champagne, se acerca hacia la casa. María Angélica da vuelta su cara.

- ¿Y cómo llegó mi gran hijo? ¡¿Dónde está para darle un gran abrazo?! – dice Felizmente Jaime, mientras levanta sus brazos.

María Angélica no habla y sigue sin mostrar su rostro. Susanita entiende que algo malo ha sucedido y literalmente toma las riendas del asunto.

- Ya, pasemos adentro, ahí podemos conversar, caballero.
- ¿Qué pasa? – pregunta Jaime mostrando ya signos de preocupación.
- Nada, caballero, adentro hablamos – responde Susanita muy cautelosa.

María Angélica entra tapándose la cara con su pelo y Jaime poco a poco comienza a sentir menos alegría y su cara refleja algo más y mas preocupación. Todos entran hacia la casa.


Afueras del Aeropuerto / Noche. 22.00 horas

Fernando camina a paso lento desde el aeropuerto, sin éxito, ya que no encontró a su padre, ni familiares, así que vuelve a su vehículo, se sienta y mientras intenta sacar un cigarro dice con su ronca voz.

- Ojalá que estén en la casa estos, medio gasto de bencina.

Mientras comienza a conducir en el camino ve a una solitaria mujer sentada, con una gran maleta, sus ojos se desvían completamente hacia aquella señorita. Es Daniela (o ex Daniel), su propio padre. Fernando la ve y no puede negarse a dejar pasar esta oportunidad y detiene el auto frente a ella.

- Oye, ¿y tú?, ¿Por qué tan solitaria por acá? – pregunta Fernando mientras se fuma el cigarro.

Daniela al bajar el vidrio se da cuenta que es su hijo Fernando, queda helada ante la situación. No sabe que decir ni hacer. Daniela se aleja del auto.

- Nada, joven.
- Pero ¿Dónde vas?... yo podría acercarte – insiste Fernando.
- Voy acá no mas, no te preocupes – replica Daniela quién sigue comienza a caminar y apura el paso
- Pero ¿cómo?, no puedo dejar a una mujer tan bonita sola a estas horas de la nocturna. Vamos, ven, súbete. – Fernando abre al auto.

Daniela, ante la insistencia de Fernando y al ver algunas personas medias extrañas en los alrededores del lugar decide subirse al auto de su propio hijo. Arregla sus maletas detrás y se sienta de copiloto. Fernando comienza a andar en su vehículo y cambia la música de la radio.

- Oye, y ¿Cómo te llamas? – pregunta Fernando mientras comienza a manejar
- Daniela – responde fríamente Daniela con su ligeramente opaca voz.
- Mira, que bonito nombre, siempre me han gustado las “Danielas” – ríe -. ¿Eres de aquí?
- No.
- Eres corta de palabras, pero me había dado cuenta, tienes un tonito medio extranjero – la mira -. ¿dónde te dejo?
- En la cuadra triangular, no sé si la conocéis
- Obvio que os la conozco tía, - dice Fernando, ríe y bota el cigarro por la ventana del auto. – queda muy cerca de mi casa. Bueno, ya estamos llegando, aquí te dejo.
- Muchas gracias, Fernando.
- ¿Te dije mi nombre alguna vez? – pregunta Fernando confuso.

Daniela se asusta, pero responde vagamente.

- Si, ya muchas gracias.

Daniela Toma sus maletas y se va rumbo al hotel.

- ¡Oye! – exclama Fernando. - Mi número de teléfono, para que no sigamos conociendo – le entrega un papel.
- No, gracias, yo creo que te conozco mucho más de lo que tú te imaginas – rompe el papel. - Y créeme que no necesito tu celular, pronto nos veremos igual.

Fernando queda pensativo ante esto, pero no razona los dichos de Daniela y la mira sonriente mientras se aleja. Desde la esquina Max, quien iba rumbo a la comisaría divisa a su hermano y corriendo se acerca, fuertemente le grita.

- ¡Fernando!
- Ah, Hola. Mira, Max, que mina más rica, un poco madurita, pero está muy buena, ¡mírale su caminar! – exclama Fernando mordiéndose el puño mientras ve a Daniela da la vuelta a la esquina.
- ¡Tonto!, no te puedes fijar en esa mina – grita Max muy exaltado.
- Pero, ¿por qué? Si está entera rica.
- No, tonto, porque esa mina…
- Esa mina ¡¿qué?! ¿tiene pololo? ¿es casada? – interrumpe Fernando mirando ahora a su hermano.
- Esa mina es nuestro padre, nuestro padre se cambió el sexo… - exclama Max.
Fernando, queda pasmado ante los dichos de su hermano, y su rostro cambia radicalmente, desde una sonrisa a una tremenda preocupación y confusión.

No te pierdas el siguiente capítulo







#2
A.M.

A.M.
  • Sexo:Hombre
Felicitaciones Cumulo!!! 98vo8.gif
Lola y Los Pells quedan chicos al lado de tu historia!!! La seguiré leyendo!! diva.gif


#3
Vixo

Vixo
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Santiago
cumulo nutty.gif

que chistosa la situación xD.gif me encantaron la Susanita que me la imaginé como la Rosa Luna de Los Pincheira y la Cristina fun.gif morí con sus intervenciones

buen primer capítulo... sigue así, la línea cómica te queda bien, yo pensaba que eras más dramático tongue.gif

nutty.gif leeré el segundo


#4
Aelita

Aelita
  • Sexo:Mujer
  • Ubicación:Maipú
  • Intereses:De todo un poco.
Wenìsimo el promeri capítulo!

Lo ùnico que recomendaría es que para las sorpresas agregues descripción para darle, justamente, el tiempo para comprender que es una "sorpresa" o darle el suspenso (como cuando Jaime le dice a Max que le dejará todo en herencia).

seeeh.gif


#5
Cúmulo

Cúmulo
  • Sexo:Hombre
CITA(Aelita @ Oct 26 2010, 20:51) <{POST_SNAPBACK}>
Wenìsimo el promeri capítulo!

Lo ùnico que recomendaría es que para las sorpresas agregues descripción para darle, justamente, el tiempo para comprender que es una "sorpresa" o darle el suspenso (como cuando Jaime le dice a Max que le dejará todo en herencia).

seeeh.gif


Muchas Gracias, Aelita tie3.gif gracias por tus consejos, los tomaré en cuenta tie3.gif


____

Gracias Vixo y NeilC, espero que les siga gustando despues another.gif


#6
Juamkar

Juamkar
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:New York
Me encanto 98vo8.gif


Cumulo diva.gif


La foronovela ganadora soyturey.gif


#7
Santi.

Santi.
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Montevideo,Uruguay.
Me encantó nutty.gif nutty.gif
Espero con ansias el próximo capítulo y me encantaron las partes de comedia! biggrin.gif


#8
NiKoX

NiKoX
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Punta Arenas
Buen primer capítulo Cumulo!!
Me encantaron Paty y Cristina fun.gif
Y es verdad, la comedia te queda bien!

Espero el segundo capítulo gaia.gif


#9
Elliot

Elliot
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Tōkyō
Angie es un amor, solo es una mujer golpeada por la vida y encontré que es el personaje más realista. Quedé super plop! cuando Daniel/a llega a Chile como si nada transformado en una mujer spektor.gif .

Los dos hermanos con personalidades opuestas, me tinca que hay muchas cosas en que se parecen yaveras.gif
El personaje de F Lewin me intriga...

Editado por ignacio21, 06 noviembre 2010 - 23:00 hrs..


#10
AndrésGuillermo

AndrésGuillermo
  • Sexo:Hombre
  • Ubicación:Valparaíso,Chile
memeo.gif





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