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«Oficial» Katty Kowaleczko: Es la cariñosa "Nancy" en Los 80. Fue "Atenea" y "Minerva Magallanes", dos gemelas muy distintas entre sí, en Infiltradas.


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71 respuestas a este tema

#61
Dinara

Dinara
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Los actores vieron el último capítulo de Los 80 en Canal 13.






#62
scoobert_pato

scoobert_pato
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CITA(Dinara @ Dec 20 2011, 10:51) <{POST_SNAPBACK}>
Ya



¿No hubo photoshop para el rostro?


#63
Pipe94

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CITA(scoobert_pato @ Dec 22 2011, 21:09) <{POST_SNAPBACK}>
¿No hubo photoshop para el rostro?


que mal se le ven las arrugaaaas ¡¡¡¡
Yo que ella demando a la revista icon_o.gif


#64
Fifiolo

Fifiolo

    Vida? Me suena esa palabra...

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CITA(Dinara @ Dec 21 2011, 06:49) <{POST_SNAPBACK}>
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Los actores vieron el último capítulo de Los 80 en Canal 13.




Parece que se tiño el pelo. Se ve mejor aqui


#65
Dinara

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Diseño de Miguel Ángel Guzmán

Katty Ko lucirá vestido de cobre que pesa 5 kilos

Fanny Mazuela

Según Katty Kowaleczko, el vestido de cobre que confeccionó Miguel Ángel Guzmán es tan cómodo que al ponérselo ni siquiera recuerda los cinco kilos que pesa. “Me siento bien, más bella, elegante, muy distinguida”, asegura. El modelito es parte de la última colección del diseñador: Colores y texturas, que mezcla telas colores tierra con metales como cobre, bronce, oro y plata, y que significó ocho meses de trabajo.

La actriz lucirá el vestido en el lanzamiento de la nueva línea del modisto, que se efectuará la noche del lunes en el Enjoy de Viña del Mar. Ahí, ella junto a modelos como María Paz Bañados, Renata Ruiz y Bianca Hassler, se convertirán en estatuas humanas que impactarán al público dentro de un cubo blanco. “Tendré que ejercitar la musculatura. Será un desafío y un debut… Tengo capacidad lúdica”, dice Katty, que jamás ha estado quieta en un evento.

Para Kowaleczko, el trajecito es “absolutamente llevable, no te cansas, pero va a depender de la personalidad de cada cual, porque es en sí mismo una gran joya”.

Miguel Ángel Guzmán va más allá y recomienda: “El top de cobre es desmontable y quedaría regio con unos jeans para ir a una fiesta, porque es anatómico, no molesta, es una escultura”. Su idea es presentar estas exclusivas prendas en el Fashion Week de Vancouver.




#66
Dinara

Dinara
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Gala Festival de Viña 2012








#67
Osval

Osval
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Ese pelo diosmio.gif esta bien caga la mina negra.gif



#68
Dinara

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#69
Cúmulo

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Que es linda amor.gif

El otro día vi unas escenas de Marrón Glacé y le salía muy bacán el personaje ira.gif Tenía como "Otra voz" xD.gif


#70
Dinara

Dinara
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Katty Kowaleczko, su vida, sus sueños y carencias:
"Hoy no puedes envejecer, porque te discriminan"



Con su nuevo estreno teatral, "La Duda", que protagoniza y dirige, revisa su carrera: "Tengo claro que llegué a la TV sólo porque era muy bonita. Comencé a actuar sin ninguna preparación: no hay que haber ido a Harvard para hacer una teleserie". Pero, dice, no haberse formado en el teatro académico le ha pesado siempre, y esa inseguridad la ha acompañado en sus treinta años como actriz.

Por María Cristina Jurado. Producción: Carolina Piña. Maquillaje y Pelo: Claudia Brunetti.

A sólo dos años de cumplir el medio siglo, Katarzyna Kowaleczko parece casi tan guapa como cuando Canal 13 la reclutó a los 15. Ni sus desteñidos jeans o el polerón deportivo que viste la desmerecen: conserva su piel resplandeciente, ojos que ríen y el mentón decidido. De voz suave, habla con propiedad y sabe escuchar. "Cuando llegué a la televisión era una niña. Para mí fue como sacarme el premio mayor de la lotería, literalmente. Mi papá polaco, que yo adoraba, tuvo seis infartos al hilo -el primero cuando yo tenía ocho años- y, adolescente, sentí que tenía que aportar a mi casa. Mi primer sueldo de 21 mil pesos fue una fortuna, ¡casi lo que mi padre recibía de jubilación! En mis primeros años en la televisión jamás me compré ni un pinche para el pelo, le pasaba toda mi plata a mi mamá, la práctica de la familia. Mi padre era un loco, un soñador, artista, diseñador teatral y, sobre todo, un juguetón. Marcó mi infancia y mi adolescencia con sus juegos, cantábamos, leíamos poemas. Hasta hoy miro la vida por sus ojos; yo creo que mi amor por el teatro viene de esos días".

Su padre no hubiera entendido si ella hubiese escogido Derecho o Medicina, dice. Teatro se ajustaba más a los sueños de ese polaco sobreviviente de una guerra mundial y, por eso, Katty nunca jugó a la oveja negra en el universo de los Kowaleczko. "Tuve una familia mágica. No teníamos plata, pero construíamos juguetes y hacíamos marionetas con papel de diario, engrudo y palos de maquetas. También con retazos de tela, porque mi madre nos cosía la ropa a todos. Había reglas: por ejemplo, me enamoré del violoncello, pero mi papá me negó el permiso porque para tocarlo "debía abrir mis piernas". Intenté con el violín, pero me cargó su estridencia. Estuve en coros polifónicos, sé leer una partitura musical y ensayarla al piano. Hasta hoy conservo mis dotes, pero no me pena no haberme dedicado a la música. Heredé ese don de la cultura polaca".

Se le tiñe la mirada de nostalgia. Su infancia, dice, fue marcadora y hoy, que comparte su casa de El Arrayán con su única hija de 15, Micaela, y su madre, siente que perpetúa el hilo de complicidad con su familia.

-Somos puras minas. Hasta tenemos dos cachorritas recogidas en la calle. Y así queremos seguir.

Por eso, acercándose a los 50 y, aunque rara vez ha estado sola en estos años porque privilegia estar en pareja, ya no acepta novios puertas adentro: con su pololo productor de eventos lleva tres de buena relación, con los márgenes muy claros, cada uno vive en su casa. Haciéndose cargo de su madurez, la actriz pone las cosas en su lugar. A estas alturas de su vida, y en un balance, está casi segura de que su gran amor ha sido su segundo marido, el empresario Rodolfo Pérez, con quien, después de diez años de matrimonio, hoy son sólo amigos. Madre dedicada, Katty subraya la devoción de Pérez hacia Micaela. "Ha sido su verdadero papá porque el biológico desapareció y nunca más hemos sabido de él. Rodolfo es un hombre maravilloso y es la única figura paterna que mi niña ha conocido".

Y con franqueza, agrega:

-¡Yo nunca quise ser madre! Nunca estuvo entre mis planes de juventud tener un hijo. Una guagua no entraba en mis planes de vida, ni antes ni entonces. También había un poco de egoísmo, que asumía. A los treinta y tantos, yo estaba enamorada de mi autonomía, de mi libertad, vivía sola y era feliz, me iba bien y adoraba mi trabajo. Pero le quise hacer un regalo de amor a este pololo que quería un niño conmigo y que después se esfumó. Me embaracé a los 32, mi guagua nació en 1997. Mirando hacia atrás, fue un golpe de suerte. Micaela me cambió la vida, se reordenaron los parámetros sin yo buscarlo.

A pesar de hablar poco de su intimidad, tampoco esquiva otros temas. Por ejemplo, sus implantes de mama.

-Me operé los pechos en 2004, pero ahora lo único que quiero es sacarme estos implantes de silicona. ¡Si no soy yo!, me habían dicho que uno terminaba por acostumbrarse a ellos, pero es mentira, no ha sido así. Los desconozco. Me miro al espejo y no soy yo, es otra. Me los controlo con mamografía anual y estoy esperando: en cuanto se venzan -los implantes mamarios no duran para siempre, me explicó mi médico- me los saco. Quiero volver a ser yo misma. Aferrarse a la belleza de los 20, 30 o 40 es absolutamente innecesario.

-¿Por qué implantes y no, por ejemplo, la cara o el estómago?

-Jamás me tocaría la cara, no me atrevo. Lo de los pechos tuvo una razón poderosa: en 2004 el área dramática del Canal 13 se había desmantelado, cerrado. Llevaba un buen tiempo cesante y me ofrecieron un rol en una serie, pero incluía varios desnudos. Entonces me paré frente a un espejo grande y ¡horror!, me di cuenta de que la maternidad me había dejado plana y con los pechos caídos. Con la ropa disimulaba pero, desnuda, ¡imposible! Así no podía aparecer en pantalla, era un tema de autoestima y de profesionalismo. Tomé la decisión obligada porque necesitaba trabajar con urgencia: justo Rodolfo también había quedado cesante. O sea, éramos dos cesantes con una casa y una niñita que mantener, una deuda hipotecaria, de todo. Si tenía que operarme para tener un sueldo, ¡entonces me operaba! Y es que el fantasma de la cesantía está siempre presente entre los actores, somos un gremio sin protección. Me operé casi al cumplir los 40.

-¿Y pasó a ser una cuarentona sexy?

-Eso pensaban en la televisión, por eso me llamaron. Yo, con mentalidad práctica, decidí que ese mismo día me convertía en bombón sexy. Si ese era el precio para poder pagar mis cuentas y mi dividendo, ¡lo pagaba feliz!

-¿Se desnudaría hoy?

-No creo. A mí no me ha gustado nunca empelotarme, soy pudorosa, me gustan las exclusivas para mí y mi gente. Mi hija hoy es un gran tema: está en una edad complicada y los ataques en el colegio pueden ser muy crueles. Todos sabemos que lo mío es un trabajo. Ser actor es un oficio, y los desnudos forman parte de ese oficio. Pero yo converso mucho con la Micaela y a ella no le gusta que me desnude. La desnudez es nuestro tema íntimo: tomar sol, bañarnos, andar en calzones por la casa, es nuestro espacio en solitario y forma parte del regaloneo madre e hija. Es nuestra complicidad, nuestro Club de Lulú. Además, ella sufre mucho con la parte pública de mi trabajo, por ejemplo, cuando estamos en un café conversando y se acerca gente. Pasa todo el tiempo. Yo siento fuertemente el cariño del público, tiene que ver con los años que llevo trabajando y lo agradezco infinitamente. Pero a la Micaela no le hace gracia.

-¿Le da susto envejecer en cámara?

-La televisión no perdona. Pero tengo la férrea intención de ser una vieja guapa. Me rebelo contra esta época: hoy no puedes envejecer, te discriminan, incluso porque, si tienes más trayectoria, tienen que pagarte más. ¡El colmo! ¡Si te has ganado tu trayectoria! Hay que recobrar la dignidad de aceptar los años guardando la experiencia y privilegiando el camino recorrido. Los estereotipos que se manejan en este país nada tienen que ver con nosotros los chilenos. Pero yo no tengo paciencia para tanta esclavitud, eso de estar todo el día repasándote las raíces, haciendo dieta. Me rebelo.

Un camino difícil

El balance profesional de Katty Kowaleczko, a los 48, es claro. Un largo y llamativo camino en televisión -ha sido modelo, conductora, animadora, actriz- ha opacado, sin querer, sus años de teatro, que, reconoce, ha sido y es su verdadera pasión. A pesar de haber incursionado en compañías teatrales jóvenes, en la memoria colectiva sólo se inscriben con éxito a gran nivel "Monólogos de la Vagina" y "Pequeños Crímenes Conyugales":

-Yo no me pierdo. Tengo claro que llegué a la televisión sólo porque era muy bonita, partí como modelo. Comencé a actuar sin ninguna preparación, se me fue dando: no hay que haber ido a Harvard para hacer una teleserie. Por suerte, supe crecer en el oficio y desarrollarme como actriz, que es lo que verdaderamente me apasiona. De otra forma, ya habría desaparecido. En este aprendizaje le debo mucho a grandes maestros y colegas como Violeta Vidaurre, Gabriela Medina, Gloria Münchmeyer, Miguel Ángel Bravo, Pedro Villagra, Silvia Santelices y muchos otros. Eso sí, no me fue nada fácil: partí sin ningún piso, me fui armando a pulso y esa carencia la he resentido y sufrido toda mi vida. No tener una profesión universitaria y no haberme formado en teatro académico me ha pesado siempre.

-¿Se arrepiente de no haber tenido más voluntad para estudiar?

-Mucho. Me arrepiento infinitamente de no haber hecho un alto en mi vida para ir a la escuela universitaria. A los 23 perdí a mi padre y, en vez de hacer un giro en mi trabajo, decidí que no lo dejaba por ningún motivo, me había acostumbrado a lo que la televisión da. Esa decisión la he resentido durante años. Pagué el precio.

-¿Y qué le ha dado la televisión?

-Lo más importante ha sido la facilidad para poder regalonear y proteger a mi familia: el sustento económico. Sin la tele, jamás hubiera podido. Y, por todos mis años en pantalla, que sea conocida hoy y el público me quiera. Pero el camino autodidacta que escogí ha sido muy árido y mucho más largo que el de una actriz universitaria. Por eso, siempre he enfrentado mis trabajos con mucha inseguridad y temor. La ruta más directa y más rápida en teatro es la que da una buena técnica, una profunda teoría, una escala completa de conocimientos. Yo no aprendí nada de eso, me fui formando en la práctica y eso se siente, se ve. Ha sido un camino arduo y difícil, que no recomiendo. Todavía, después de treinta años, siento fuertemente que estoy en desventaja frente a mis colegas. Es como tocar piano de oído: tú logras dos o tres octavas, pero quien fue al Conservatorio toca las siete u ocho que tiene el instrumento.

Con las octavas de que dispone -pero con la fuerza que da el carácter- es que Katty Kowaleczko se apasionó con "La Duda", la obra de teatro norteamericana que dirige y donde actúa, que recién estrena en la Sala La Comedia. Galardonado con el Pulitzer, el texto dramático escrito por John Patrick Shanley remeció a esta actriz en su primera lectura, hace ya más de seis años. La historia del conflicto entre maestros eclesiásticos de un colegio del Bronx por un posible caso de abuso sexual, impactó a Kowaleczko como creadora. Si ya hablaba de montarla en 2006, tuvo que esperar hasta este año para concretar su proyecto.

-La aparición de la película basada en la obra, protagonizada por Meryl Streep en 2008, echó la idea hacia atrás. Pero los lenguajes son tan distintos y los hechos relativos a la Iglesia Católica, en Chile y el mundo, son tan claros e impactantes, que decidí que había que montarla. No es una obra comercial, el texto tiene peso, elegancia, sutileza. No es liviana, te hace pensar, reflexionar. Sentí que era el momento. Será una obra que despertará un gran debate. Ya era hora.

-¿Este tema del abuso sexual se conecta con alguna experiencia de su propia vida?

-Para nada. Al contrario, crecí en una familia y en un entorno muy protegido. Mi colegio, el Santa Familia de Unión Latinoamericana, que era mi barrio, fue muy protector. Allí había una monja, la madre Maximiliana, que era igualita a mi rol de religiosa en "La Duda". Me inspiró como actriz y como directora.

-¿Usted cree que Chile está preparado para un teatro basado en una realidad cruda?

-Los chilenos estamos conmocionados por lo que ha pasado en la Iglesia Católica. Se habló mucho de Karadima, pero él no es el único culpable, hay muchos más. La sociedad, no sólo la chilena, se siente traicionada y ¿sabes por qué?, porque la Iglesia depende de la confianza de la gente y ella se quebró violentamente. Vivimos en una sociedad que ya no confía: hay crisis de confianza en el Poder Judicial, en el gobierno, en las isapres, en los parlamentarios, en los jefes y gerentes, en tu vecino. Esas rupturas duelen mucho. Yo pienso que esta obra pone el dedo en la llaga y nos hará pensar. Y debatir.

Mientras preparaban "La Duda", su directora y actriz principal decidió pedirle audiencia al obispo auxiliar de Santiago, monseñor Cristián Contreras. Quería, recuerda, sincerarse frente a las autoridades eclesiásticas sobre la finalidad de su proyecto teatral. Le pareció importante. El resultado de dos conversaciones con Monseñor Contreras tiene a Katty contenta.

-Se me atravesó la idea de intentar una alianza con la Iglesia Católica, porque ésta es una obra que la toca directamente. No podía montarla a sus espaldas. Fue una decisión personal y pensé que nadie nos iba a dar pelota. Pero tuvimos acogida en monseñor, quien, al principio, creyó que le íbamos a pedir recursos. Yo le hablé desde las tripas y él entendió, había visto la película. Nos dijo que esto había sido un terremoto para la Iglesia Católica, que era muy difícil para ellos y que seguían con asesores para intentar vislumbrar un camino por el cual enfrentar el tema. Fue muy sincero. Creo que, a estas alturas, ya la Iglesia no puede ni quiere seguir haciendo vista gorda frente a la desconfianza de la sociedad.

Por el obispo auxiliar de Santiago, Katty Kowaleczko se enteró de que hace poco se abrió una oficina en apoyo a las víctimas de abusos sexuales por parte de la Iglesia. "Quedamos impactados porque no esperábamos tanta sinceridad".

-¿Piensa organizar debates conectados con "La Duda"?

-Estamos más que abiertos y creo que sería muy saludable. Vivimos en una sociedad que no puede hacerse cargo de todos sus problemas, necesitamos a la Iglesia Católica. El gran desafío de la institución es recuperar la confianza, pero tienen que ser más audaces. Como tienen muchos jefes hacia arriba, deben llegar al Vaticano y no es una senda fácil. Van a tener que abrirse, remover el aire, tienen que pasar cosas para que la Iglesia se limpie. Yo haría feliz una función exclusiva para el clero.
-A usted le gusta el teatro como espejo.

-Sí. Que nos miremos en él, que la sociedad se reconozca en un diálogo, en una obra. El teatro va mutando de acuerdo a las necesidades, las carencias, los sueños de la sociedad. La demostración mayor fueron los años de dictadura, cuando nuestro oficio fue un gran canal de denuncia. ¡Acuérdate de la carpa que le quemaron a Jaime Vadell, de tantos actores amenazados de muerte, del exilio al que se fue gente maravillosa como Bélgica Castro! Se acabó la dictadura y el teatro se sintió perdido. "Y ahora, ¿qué hacemos?".

-¿Y cómo mira la televisión de hoy?

-Estoy convencida de que el éxito enorme de "Los 80" está en que es una serie que se dio el lujo de permitirse la emoción. El respeto de la emoción se había perdido en tele: la de hoy se hace en forma descarnada, rápida, con anécdotas veloces, crudas, violentas. Todo es rating, tiene que ser comercial, el ritmo es a mil; el timing, peor.

Con "Los 80" volvimos a ver una escena de varios minutos donde todo pasa en el rostro y en el interior de un actor, todo es silencio mientras él se debate entre sus sentimientos y pensamientos. La cámara lo enfoca y tú, desde tu living, sigues el proceso, lo palpas. Esa actuación, esa forma de desdoblamiento está al interior de la verdad. Y la verdad, después de todo, es la gran aspiración de todo actor. También es la mía.

"Me puse implantes en 2004, pero ahora lo único que quiero es sacármelos. Los desconozco. Me miro al espejo y no soy yo, es otra".

"Con mentalidad práctica, decidí que me convertiría en bombón sexy. Si ese era el precio para poder pagar mis cuentas y mi dividendo, ¡lo pagaba feliz!".

"Ha sido un camino arduo y difícil, que no recomiendo. Todavía, después de treinta años, siento que estoy en desventaja frente a mis colegas. Es como tocar piano de oído: tú logras dos o tres octavas, pero quien fue al Conservatorio toca las siete u ocho...".







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Dinara

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Gatoopazio

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Estaba pintada para ser mamá de alguno de los chicos de Wena Profe :viejaql:





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