Las bocinas adornaban el ambiente. Por sobre la ciudad se avistaban cientos de miles de autos, cada cuál contenía una particularidad. Todos los ocupantes gruñían cómo autómatas, con una prisa inusitada en llegar a destino. En medio de toda esa escena, una niña avanzaba en los autos, de manera tan pacífica y relajada, que generaba un contraste notorio con el resto. Con un vestido Lila, zapatillas blancas y algo sucias, y un peluche de un oso que se sujetaba de la mano de la pequeña, de inmediato muchos automovilistas se percataron de su presencia; estaba caminando por entre medio de los autos. Una que otra persona le gritó para que saliera del peligroso lugar, aparentemente no era conveniente por la prisa que ella estuviera allí.
-¿Que cresta hace allí? ¿Dónde están sus padres?
La llamaron de diferentes formas, hasta que una mujer se bajó de un furgón, y se encaminó a preguntarle a la chica el porqué de su trayectoria. Sin embargo, la chica aprovechó las tres hileras de autos que conformaban la pista, y se entrecruzó, no dándole oportunidad a la persona de percatarse dónde estaba.
De inmediato se distinguió un avance notorio de autos, por ende cada cual presionó el acelerador, dispuesto a continuar el recorrido, hasta que de improviso la tercera fila , en la cual estaba el furgón dónde apareció la muchacha que quería hablar con la infante, frenó bruscamente, habiendo varios ''topones'' en el sitio.
Muchos ocupantes de los vehículos bajaron de estos, a ver de dónde provenía el incidente. Al llegar al meollo del asunto, mayúscula fue su sorpresa al percatarse de que la misma niña se encontraba frente a un auto, que había frenado para evitar colisionar con la chica.
-¿Que te ocurre, niña? ¿porqué sigues en medio del camino?
Un par de personas preguntaron esto, ante lo que la pequeña sólo atinó a llorar, señalando hacia la parte de atrás del auto, acompañando esta gesticulación con una pequeña pero llamativa frase.
-Tata...
Acto seguido, caminó hacia dónde había apuntado, ante lo cual un par de personas la siguieron.
Siguió caminando hasta que muchos se percataron que las otras dos hileras estaban ya casi despejadas, y aún así a lo lejos se veía un auto de aquella tercera hilera, detenido en el camino, por lo cuál evidentemente la curiosidad aumentó. La niña gimoteó más aún, y con una evidente desesperación. Una persona se acercó de inmediato al automóvil, y la sorpresa invadió su rostro.
-¡Pidan ayuda! ¡Hay alguien mal aquí! ¡Rápido!
-que ocurre...
-Hay un infarto.
La niña fue elevada a los brazos de aquella mujer que se bajó del furgón. Su abuelo ahora yacía en el pavimento, siendo socorrido por la gente, mientras llamaban a una ambulancia. Cada persona que estaba en ese lugar se sentía ridícula, bastante arrepentida de su reacción inicial.
Y es que hay veces que lo más simple a los ojos, esconde algo más grande. La rutina nos absorbe, y no nos damos cuenta de los detalles de nuestro entorno. Eso, puede marcar una diferencia.
-¿Que cresta hace allí? ¿Dónde están sus padres?
La llamaron de diferentes formas, hasta que una mujer se bajó de un furgón, y se encaminó a preguntarle a la chica el porqué de su trayectoria. Sin embargo, la chica aprovechó las tres hileras de autos que conformaban la pista, y se entrecruzó, no dándole oportunidad a la persona de percatarse dónde estaba.
De inmediato se distinguió un avance notorio de autos, por ende cada cual presionó el acelerador, dispuesto a continuar el recorrido, hasta que de improviso la tercera fila , en la cual estaba el furgón dónde apareció la muchacha que quería hablar con la infante, frenó bruscamente, habiendo varios ''topones'' en el sitio.
Muchos ocupantes de los vehículos bajaron de estos, a ver de dónde provenía el incidente. Al llegar al meollo del asunto, mayúscula fue su sorpresa al percatarse de que la misma niña se encontraba frente a un auto, que había frenado para evitar colisionar con la chica.
-¿Que te ocurre, niña? ¿porqué sigues en medio del camino?
Un par de personas preguntaron esto, ante lo que la pequeña sólo atinó a llorar, señalando hacia la parte de atrás del auto, acompañando esta gesticulación con una pequeña pero llamativa frase.
-Tata...
Acto seguido, caminó hacia dónde había apuntado, ante lo cual un par de personas la siguieron.
Siguió caminando hasta que muchos se percataron que las otras dos hileras estaban ya casi despejadas, y aún así a lo lejos se veía un auto de aquella tercera hilera, detenido en el camino, por lo cuál evidentemente la curiosidad aumentó. La niña gimoteó más aún, y con una evidente desesperación. Una persona se acercó de inmediato al automóvil, y la sorpresa invadió su rostro.
-¡Pidan ayuda! ¡Hay alguien mal aquí! ¡Rápido!
-que ocurre...
-Hay un infarto.
La niña fue elevada a los brazos de aquella mujer que se bajó del furgón. Su abuelo ahora yacía en el pavimento, siendo socorrido por la gente, mientras llamaban a una ambulancia. Cada persona que estaba en ese lugar se sentía ridícula, bastante arrepentida de su reacción inicial.
Y es que hay veces que lo más simple a los ojos, esconde algo más grande. La rutina nos absorbe, y no nos damos cuenta de los detalles de nuestro entorno. Eso, puede marcar una diferencia.





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